Advertencia :Sebastian x Bard

Disclaimer :Los personajes son propiedad de Yana Toboso sin fines de lucro


Complementarios

By Maky_200

... —Esto es un verdadero desastre —sentenció el mayordomo azabache, con una voz de ultratumba que congeló a los criados—. Volviste a quemar todo.

El susodicho rubio se llevó una mano a la nuca, incapaz de mirar directamente a los ojos a su superior. Una vez más había quemado las cocinas cuando solo le habían pedido que asara un pollo en el horno, no obstante, el hombre pensó que era buena idea utilizar un lanzallamas para acelerar el proceso.

Mey Rin y Finnian se quedaron quietos en sus lugares, aterrados por el desmadre que había protagonizado Baldroy; hace tan solo cinco minutos él estaba muy seguro de lo que hacía.

—Creí que era buena idea usar gasolina para darle sabor al pollo —confesó el cocinero.

Michaelis se contuvo de poner los ojos en blanco ante lo que escuchaba. Si bien no dijo que esa era la mayor burrada que salió de la boca del norteamericano, lo pensó, y Bard sabía que eso estaba pasando por su mente.

—Una cosa, Baldroy —gruño fastidiado—. No supiste hacer bien unacosa —enfatizó con tal fastidio, tal cual una madre a un niño, que eso terminó por fastidiar al mayor.

—¡Ay, no es para tanto!—se puso a la defensiva—. Esta vez solo quemé la cuarta parte de la cocina.

—Bravo, te doy una aplauso por tu gran logro.

—¡No uses ese tono conmigo, Michaelis, me haces sentir como un inútil! —el chef se acercó más al moreno, apuntándolo con solo dedo. Finny y Mey no sabían en qué agujero meterse.

Solo esperaban que a Sebastian no se le ocurriera meter más leña al fuego.

—Te aseguro que esa no fue mi intención —dibujó una sonrisa tan elocuente como burlona.

Esas simples palabras fueron suficientes para que el rubio le dijera al pelinegro hasta de lo que se iba a morir, mientras que el agredido en cuestión solo fruncía el ceño con disgusto, asentía con desgana y se limitaba a girar los ojos.

—¡Vete a la gran...!

—No tengo tiempo para tus tonteras —le cortó el jefe del servicio Phantomhive—. Quiero este lugar impecable, y lo quiero ya —ordenó con condescendencia, dejando al cocinero americano con la palabra en la boca.

Este maldijo un par de veces más antes de hacer lo que le indicaron, refunfuñando palabras de fastidio contra Sebastian.

Por otro lado, la sirvienta y el jardinero de la mansión estaban suspirando con alivio, ya que en el fondo temían que ambos criados desataran una pelea en la cocina arruinada de la mansión.

—Faltó poco...—musitó la pelirroja.

—Sí —concordó Finnian—. Creí que pelearían —suspiró aliviado.

—Ellos son así, dice Wilde—se unión a la conversación Snake, quien parco como siempre no mostraba ni un ápice de temor por la discusión típica entre el mayordomo y el cheg Phantomhive—. Discuten porque son muy diferentes, pero en verdad combinan muy bien, dice Emily.

Ambos criados miraron por instantes a Snake, luego se observaron entre ellos y cayeron en cuenta que las palabras del albino—o bueno, de la reptil—estaban cargadas de verdad.

Era cierto que el 90% de las ocasiones Sebastian y Baldroy eran como la lija y el terciopelo, tan opuestos que uno se cuestionaba si podía existir una amistad entre tales personajes, siendo Michaelis tan pulcro y distinguido, mientras que el otro era brusco en sus formas, y con un vocabulario que haría sonrojar a un pirata si se lo proponía.

Básicamente el americano y el inglés existían para ser la antítesis uno del otro. Si Sebastian era refinado, Bard era tosco. Si el mayordomo era inflexible, el chef era comprensivo. Si uno mentía, el otro ponía la verdad por delante.

Y es que Bard, de todos los sirvientes, era quien más desafiaba la autoridad del azabache. Y sí, puede que tal vez Sebastian descartara cualquier opinión que tuviera el rubio, sin embargo eso no quitaba el hecho que Bard siempre iba a ser directo y jamás se quedaría callado ante algo que le pareciera injusto.

No obstante, sus personalidades contrarias eran lo que los convertía en buenos aliados.

Sebastian confiaba en el instinto agudo de Bard, en su experiencia como soldado veterano, en su capacidad de estratega y ese don suyo de convertir cualquier utensilio en una posible arma mortal. Asimismo, Baldroy confiaba en la habilidad omnisciente del mayordomo para resolver los conflictos en lo que respecta al joven conde, ya que si se trata de Michaelis, puede estar tranquilo que las cosas se solucionan siempre.

Al rubio le costaba admitir que su colega era casi un superman y que no haya nada que no pudiera ser. Por otro lado, al demonio le costaba admitir—un poco—que Baldroy tenía una autoridad admirable y características de un buen líder, a quien podía encargarle el cuido de la mansión en su ausencia.

Es una verdad entre voces, mas sigue siendo una verdad.

Cuando los invasores suelen entrar a la finca Phantomhive para matar—otra vez—a Ciel, el mayordomo puede estar seguro que Baldroy ya ha planeado una estrategia en cuestión de segundos, ordenando a Mey subir a la azotea y a Finnian vigilar los alrededores. El rubio combate cuerpo a cuerpo, o con armas de fuego del arsenal de la casa, o incluso usar ingredientes de la cocina para preparar bombas caseras igualmente letales—Sebastian está seguro que ese es su preferido— y aniquila a quien tenga que aniquilar, con una frescura que parece digna de una bestia. A veces Michaelis solo se limita a observarlo con interés, dejándole al ex soldado el trabajo sucio. Incluso Ciel notaba que su mayordomo se fiaba bastante de las habilidades del chef lo suficiente para dejarlo lucirse.

Una vez terminada la "limpieza"y los sirvientes se reunían en el salón principal, el azabache y el norteamericano cruzaban miradas entre ellos y luego con el único desdichado que dejaron vivir para interrogarlo. Solo bastaba una mirada de "hazte cargo" para que Baldroy asintiera de manera queda y se llevara al superviviente al sótano, con el objetivo de averiguar para quien trabaja. Nadie lo sabía, pero hasta el momento los métodos para interrogar del americano eran muy objetivos. Y de no ser así, solo bastaba que Michaelis fuera parte del interrogatorio para resolver el problema.

Por más extremas que sean sus personalidades, los dos eran un equipo efectivo.

Bard era el segundo al mando en el servicio Phantomhive, y Sebastian no lo iba a dejar morir bajo ninguna circunstancia. Al menos no ahora.

—¿A eso le llamas limpiar? Mira los restos de cenizas que hay aquí.

Vale, los roces domésticos entre ellos eran uno de los contras.

—Ugh, ya casi ni se ve —gruño el chef, volviendo a la crisis de la cocina.

—Yo lo veo.

—Tú eres tú —escupe desdeñoso.

—Haz lo que te digo.

—¿O qué? —retó el rubio.

Una nueva discusión se armó entre los dos personajes mejor complementados de la mansión Phatomhive.


Notas de autora:

Quedarme viendo el anime doblado y luego leer el manga por curiosidad no fue mi mejor idea, ahora retome mi vena KuroFan y amante de las ilustraciones de Yana. Y más ahora que es el arco de Baldroy en el manga y solo diré que estoy muriendo, amo a ese señor

Y sí, shippeao SeBard, es mi segunda OTP. Me recuerdan demasiado a otra ship y,dios, se re complementan. No los veo como un bromance, yo pienso que son más del Enemies to lovers, sobre todo como empezó su relación.

Bueno, bueno, ¡gracias por llegar hasta aquí!

Nos leemos!