N/A: En este capítulo el punto de vista es principalmente el de Vi, por lo que me voy a referir a Jinx como Powder. No obstante, en siguientes capítulos en los que haya varios puntos de vista, Jinx volverá a ser llamada Jinx. ¡Qué confuso todo!
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Después de que Ekko volviese para decirle que no le habían dejado elección y que tenía que hacer aquello y le clavase a traición una aguja en el brazo, Vi cayó de nuevo inconsciente. No supo cuánto tiempo estuvo así, pero sí guardó algunos recuerdos fugaces y borrosos: la habían subido a un coche en el asiento del copiloto, y unas manos pequeñas le habían ajustado el cinturón. Luego la tumbaron en un sitio oscuro mientras una voz conocida trataba de hablarle, pero ella estaba demasiado drogada como para poder responder o siquiera entender algo.
Había un ruido de fondo, y buscando con la mirada vio un viejo televisor situado en el suelo que no dejaba de emitir programas aleatorios en ningún momento. Su luz blanca hería sus ojos en la oscuridad del cuarto, y Vi tuvo por un momento la sensación de que aquello era desquiciante, pero enseguida obvió eso cuando se dio cuenta de que había alguien más en el cuarto, alguien que se movía por todo aquel espacio tarareando canciones y hablando sola. Alguien que la miraba todo el tiempo. A veces se arrodillaba a su lado y parecía hablar con ella, solo que Vi no podía seguir la conversación. No obstante, ese detalle no parecía desalentar a la pequeña y nerviosa figura que reinaba en el lugar.
Al menos una vez le dieron de beber agua de una pajita, aunque más tarde ella no estaba segura de si aquello había ocurrido o solo lo había soñado. También le habían curado las heridas.
Por supuesto, era ella, pero ya no parecía enfadada, sino algo arrepentida, como una niña que ha cometido una travesura que se le ha ido de las manos y ahora teme las consecuencias.
Pero Vi volvía a caer en la inconsciencia una y otra vez antes de poder ordenar todos estos datos en su mente.
Cuando por fin despertó del todo, Vi recorrió aquel lugar con la mirada. Aquel sitio era bastante extraño. Las paredes estaban pintadas de un oscuro color morado, salvo justo la que tenía enfrente, que era negra, y no había ventanas. Todo estaba pintarrajeado con los dibujos de su hermana, en pintura fosforescente de brillantes colores. No había nada parecido a una lámpara en el alto techo, y todo lo que colgaba de las tuberías que recorrían el cielorraso eran algunos objetos brillantes y muñecos viejos y rotos.
La escasa iluminación provenía del televisor, que emitía un programa infantil, de un tubo de neón morado, y de una lámpara de lava de un feo color verde, justo en el extremo opuesto de la habitación. En la otra pared había un vinilo reflectante bastante grande pegado a la pared. El plástico servía de espejo, pero devolvía un reflejo distorsionado de la habitación. Justo delante había velas apagadas a medio consumir, en tonos violáceos, verdes, y negros. Al lado había dos puertas y una mochila morada bastante llena. Vi Estaba tirada sobre dos colchones en el suelo de cemento, y le habían quitado las botas, los calcetines, y otros objetos personales. También estaba esposada.
Se sintió muy vulnerable, mucho más de lo que se había sentido en la cárcel, y tuvo la súbita sensación de que en ese momento iba a empezar a pagar por todos sus pecados, pero apartó aquel pensamiento de su mente: los errores que había cometido en su vida ya estaban más que expiados con todo el dolor que arrastraba a sus espaldas.
—Creí que ibas a dormir para siempre —escuchó una voz que venía de algún lugar elevado.
Se volvió sobresaltada. Allí estaba Powder, encajada entre el techo y una tubería y casi oculta entre las sombras del cuarto. Dio un salto y sin ningún esfuerzo aterrizó a su lado. Su hermana pequeña le dirigió una sonrisa inocente, pero ella no supo cómo interpretar su mirada. Se arrodilló a su lado para ofrecerle agua de un vaso con una pajita, pero Vi lo rechazó. No quería agua, quería que su hermana terminase con aquella broma pesada y la soltase.
De niña Vi había podido leer todas las emociones de su Powder en su rostro, pero ahora descubrió que también eso había cambiado. En ese momento no parecía conocerla.
—¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy esposada? —preguntó Vi revolviéndose, pero las manos de su hermana la volvieron a acostar en la cama.
—Shhh tranquila, no armes jaleo. Tómate con calma lo de levantarte, has dormido un ratito, ¿sabes? No quiero que te vayas a marear.
—¿Dónde estoy? —repitió Vi.
—¡Eso no importa! Estás conmigo. A buen recaudo. Aquí nadie nos podrá hacer daño: este sitio no lo conoce nadie, nadie más que yo.
—¿Y Caitlyn? ¿Dónde esté ella? ¿Está aquí también?
La sonrisa desapareció de golpe de los labios de la otra chica. Sintió su dura mirada clavándose en ella, y pudo ver como su pecho subía y bajaba, como si quisiera armarse de paciencia. Dejó el vaso en un rincón y se apoyó en la pared, mirándola con los brazos cruzados.
—Ah. Entonces esa se llama Caitlyn. Ella no nos importa. Ella no es nadie.
—¿Qué le has hecho a Caitlyn? —preguntó Vi.
—Yo no le he hecho nada. La tienen los Firelights. Supongo que la soltarán por ahí. Aunque ¿quién sabe? Es una poli, ¿verdad?
Vi no dijo nada y miró a su hermana a los ojos con una súplica muda. Ella parecía en calma, pero sus ojos entrecerrados tenían un brillo extraño.
—Has tenido el santo coño de venir a Zaun con una poli. Eres increíble, hermanita —canturreó Powder volviéndose de espaldas para esquivar su mirada, para de pronto girarse y señalarla con el dedo —¡pues lo que le pase será por tu culpa! ¡Tú no has nacido en Piltover! ¡Tú ya sabes cómo va esto!
—¡Déjame ir a buscarla! ¡No puedes retenerme aquí! —exigió Vi.
—Ni lo sueñes. Te vas a quedar conmigo mucho, mucho, mucho tiempo. Ella es adulta y tiene un arma, así que puede arreglárselas sola. ¡Y si no que se lo hubiese pensado dos veces antes de venir a meter sus narices en nuestros asuntos!
Se sostuvieron la mirada por unos segundos que parecieron mucho más largos.
—No creo que Ekko le haga nada, Vi. Si fuese a mí, sí, pero ella no ha matado a ninguno de los gilipollas de su pandilla —concedió Powder a regañadientes—. Pero no quiero hablar ahora de ella. Y tampoco quiero discutir contigo, Vi. He estado muy preocupada por ti. Llevo un día y medio cuidándote. Casi sin dormir y sin comer. ¡Algo del tipo "Ey, Jinx, gracias por salvarme de esos mamones" estaría genial!
—Gracias. Supongo —dijo Vi no muy convencida.
Al momento Powder se tiró a su lado en el colchón y la abrazó. Sus pequeñas manos de largas uñas apartaron su pelo de la cara. Vi se preguntó cómo había acabado tan drogada que había tardado más de un día en despertar, y la cercanía de su hermana ahora convertida en alguien muy distinto de la niña que había conocido la incomodó.
—De nada, Vi—dijo la chica—. Ha estado bien cuidarte. Fue como tener un perrito bebé.
—No soy un perrito bebé, y tampoco soy tu juguete —dijo Vi retirándose de forma brusca.
Powder no dijo nada, solo se la quedó mirando con los ojos muy abiertos. Vi se incorporó como pudo quedando sentada y apoyada en la pared, y su hermana la imitó quedando a su lado con las piernas cruzadas.
—¿Cómo he acabado durmiendo durante más de un día?
—Ekko es un inútil. Le dije que te drogara para que no armases escándalo cuando te metiera en el coche, y ese capullo te dio una sobredosis. ¡Es un puto aficionado! ¿Sabes? Te senté a mi lado en el coche: ¡me parecía degradante meterte en el maletero! —añadió Powder, sonriendo como si esperase una felicitación.
—Ya veo. Me podríais haber matado entre los dos ¿te das cuenta?
—Yo sabía que no te iba a pasar nada malo, siempre fuiste más fuerte que yo. Además, he estado aquí contigo cuidándote, ¡no es como si me hubiese ido durante años sin importarme lo que te ocurra!
Vi la miró y sacudió la cabeza. Aquél era un golpe bajo.
—Quítame las esposas —exigió Vi.
—No. No en este momento, tal vez en un futuro.
—¿Cómo que no en este momento? ¡Ya estoy encerrada, no quiero estar esposada también!
—Quizá más adelante, si veo que no intentas hacer nada raro. Por cierto, eso me recuerda una cosa —dijo Powder sacando de un bolsillo el teléfono de su hermana—. Quiero la contraseña. Ahora. ¡Puedes empezar ahora mismo a ganar puntos si quieres que yo haga cosas por ti!
Antes de que Vi tuviese tiempo para reaccionar por el robo de su teléfono Powder dio un saltó atrás poniéndose fuera del alcance de su hermana. Esposada como estaba, Vi poco podía hacer, así que se dedicó a mirarla con resentimiento. Powder no se dejó intimidar y le devolvió una amplia sonrisa.
—No te voy a dar la puta contraseña de mi móvil —dijo Vi finalmente, sacudiendo la cabeza con incredulidad. ¿Para qué la quieres?
—¿Para qué la voy a querer, tonta? ¡Obviamente quiero ver tus fotos, leer tus mensajes y tus emails, hacerme con tu lista de contactos… en fin, todo eso!
—¡No me puedo creer que tengas tan poca vergüenza de decirme eso a la cara!
—¡Qué le vamos a hacer, me ha tocado ser la mala de esta historia! ¿Me das la contraseña ya? Esta conversación me está empezando a aburrir.
—Oblígame —dijo Vi, mirándola fríamente a los ojos.
—Mira, no vayamos por ahí. ¿Ves esa mochila morada? ¿A que es bonita? ¡Pues te aseguro que está llena de juguetitos que no quieres que use en tu cuerpo! —dijo Powder, haciendo énfasis al pronunciar las palabras "no quieres".
—Un momento: ¿estás amenazando con torturarme? —preguntó Vi poniéndose de pie. Se sentía capaz de golpear a su hermana incluso estando esposada.
—No me provoques —dijo Powder golpeando su nariz con el dedo índice y esquivando el empujón con el hombro que su hermana intentó darle.
—¡No te conozco! ¿Qué te ha pasado? ¿Qué le ha pasado a mi hermana Powder?
—Powder se cayó en un pozo: ¡ahora soy Jinx!
—No puedo aceptar eso: para mí siempre vas a ser Powder, incluso si tú misma te olvidas de tu nombre.
—¡Qué bonito y qué fácil lo que acabas de decir! ¡Vienes aquí, a perdonarme la vida, después de tantos años! ¡Y te atreves a juzgarme! ¡Pero se te olvida que durante todo ese tiempo yo he estado sola! ¡Y que si he sobrevivido ha sido porque enterré a Powder! —gritó la chica, que ahora parecía al borde de las lágrimas.
—Estuve en la cárcel, Powder. Bueno, era un centro de menores de hecho, era peor que la cárcel, lo comprobé cuando luego me enviaron allí ¡pero ahora estoy aquí!
—¡Mentirosa! ¡No intentes mentirme a la cara! Conociste a esa poli antes de venir aquí, me di cuenta de eso. ¿Cuándo te soltaron, Vi?
—Hace año y medio —dijo Vi, apartando la cabeza como si le hubiesen golpeado.
—Entiendo. ¿Y ni se te ocurrió venir a hacerme una visita?
—¡Tuve mis motivos para no hacerlo!
—¡Desde luego que los tuviste! Y ahora, ¡déjame averiguar un poco acerca de "los motivos" y cómo de grandes tenían las tetas! ¡Dame la puta contraseña ya, antes de que me enfade!
—Haz lo que veas conveniente, pero no te voy a dar la contraseña. Y no la vas a adivinar, te lo aseguro.
—¿No? ¿Quieres que juguemos a esto? Veamos, solo tengo tres oportunidades antes de que tu pinche móvil se bloquee. Si la averiguo antes, ¿qué me das?
—Si la averiguas antes vas a saquear toda mi información privada ¿y encima quieres que te dé algo más?
—Mmmm buen punto. Digamos que si la averiguo por mí misma no harás un drama porque me ponga un poco al día sobre todo lo que me he perdido de tu vida en este tiempo que debías haber pasado conmigo ¿trato hecho?
—Desde luego que no. ¡Tienes una cara muy dura!
Powder se encogió de hombros murmurando que tenía que intentarlo. Miró el móvil de su hermana con atención, sacándolo de su funda y examinando también esta, como si eso le fuese a ayudar a deducir la contraseña.
—Una opción es la fecha de tu cumpleaños. Es una mala idea, pero algunas personas suelen ponerla para recordarla siempre. Como Sevika, por ejemplo. ¡Veamos si eres más lista que Sevika! —dijo Powder mirando por un momento a su hermana para ver si su rostro le daba alguna pista adicional, pero Vi la miraba con cara de póker.
La hermana mayor no pudo evitar reírse con la cara de frustración de Powder, que acababa de desperdiciar la primera de sus tres oportunidades. Powder estuvo a punto de estrellar el teléfono contra la pared, pero se contuvo en el último momento.
—Vale, en el fondo me alegra ver que sí que eres más lista que Sevika. A ver a ver, ¿qué podría poner mi hermanita de contraseña? ¿Me das una pista? ¿Una pista pequeñita?
—Vete a la mierda un rato, anda —contestó Vi.
—No hay pistas. Entendido. ¿Qué podría poner alguien como tú? Algo que no vayas a olvidar. No creo que sea una palabra inventada o una combinación de números y letras, no te pega eso. Tiene que ser algo que tenga sentido para ti. ¿Podría algo relacionado con el día de… la explosión? No lo creo: no te va el rollo fúnebre. Creo que debe ser algo que te alegre, algo bueno. ¿Voy bien?
—Ya te he dicho que no te voy a decir nada —resopló Vi.
Powder la miró por un momento con los ojos entrecerrados, y luego probó suerte otra vez. De nuevo falló, y su disgusto fue aún más evidente que la vez anterior.
—¿Se te están acabando las ideas, pequeña mierda?
—Qué mala lengua tiene mi hermanita, se la voy a tener que lavar con jabón. Probemos por última vez antes de que me digas tu PUK. ¡La verdad es que me estoy divirtiendo y estamos compartiendo tiempo de calidad juntas! Así que si fallo ahora te preguntaré el PUK ¡y así tendré tres oportunidades más! ¡Podemos estar así hasta que lo averigüe, esto va a ser muy divertido!
—¿Tiempo de calidad? ¿En serio? ¡Y no te pienso dar mi PUK! ¡Si fallas ahora, olvídate!
—Eso ya lo veremos. ¡Tengo mucho tiempo y muchos recursos para hacer que cambies de opinión! Pero venga, vamos a intentarlo una vez más. ¡Necesito silencio, todo el mundo a callar! —dijo apagando la televisión y mirando amenazadoramente a alguien invisible a su lado.
—¿A quién le hablas? —preguntó Vi.
—Es Mylo. Está con su actitud de mierda de siempre, intentando boicotearme.
—¡Powder, Mylo está muerto! ¡Está muerto!
—¡Por supuesto que está muerto! Pero eso no le impide seguir dándome su opinión sobre todo ¿verdad Mylo? Bueno, en serio, necesito que os calléis todos, tú también, Vi.
Vi la miró de forma sombría. Toda la rabia que sentía hacia ella estaba cambiando muy rápidamente a una amarga sensación de culpa. De pronto vio como los ojos de su hermana se iluminaban, llenos de genuina alegría. Después las miradas de ambas se encontraron, y Vi pudo apreciar que los ojos de Powder están brillantes por las lágrimas. Le enseñó la pantalla desbloqueada en la que había una fotografía de dos adolescentes juntas, abrazadas y sonriendo para la cámara.
—La contraseña era "Powder". Eso quiere decir que… ¿has pensado en mí todo este tiempo?
—He pensado en ti todos los días. Todos los malditos días.
—Entonces… ¿qué me encontraré si miro aquí dentro? No sé si quiero mirar justo ahora. ¡Creo que sería estropear este momento!
—No deberías hacerlo, Powder. No lo hagas —dijo en voz baja Vi.
Powder la fulminó con la mirada. Estaba claro que no la iba a hacer más feliz curiosear en el teléfono de su hermana. Se dio la vuelta, cogió la mochila morada con la que la había amenazado antes y el teléfono, y se fue de la habitación cerrando con llave la puerta tras ella. Vi escuchó pasos como si su hermana subiese una escalera, y después el abrir y cerrarse de otras puertas. Al cabo de un breve rato ella estaba de vuelta, guardando las llaves en un bolsillo.
—¿Qué has hecho con mi teléfono?
—Está guardado. Ahora no lo voy a mirar, tal vez cuando estés dormida lo haga. No me enfadaré por lo que vea, te lo prometo —dijo Powder ensayando una sonrisa con su mejor voluntad.
—¡No me importa si te enfadas o no! ¡Se trata de que estás violando mi privacidad! ¿Por qué te cuesta tanto entender eso?
—¿Tienes hambre, Vi? ¡Yo me muero de hambre! Pero solo tenemos ramen, y solo un paquete. Y yogures de chocolate, que puede que estén caducados. Este plan de traerte aquí fue un poco improvisado ¿sabes?
—"Traerme aquí" significa en realidad "secuestrarme". Solo te lo menciono por si se te ha pasado ese punto.
—Tú lo llamas secuestro y yo lo llamo reunión familiar. ¡Son solo diferentes nombres! Mira, ya sé lo que vamos a hacer: te voy a dar el ramen ahora, y luego voy a ir a hacer la compra. ¿Qué te apetece comer luego después, en la cena? Pide lo que quieras ¡me siento generosa!
—No tengo hambre —dijo una enfurruñada Vi.
—¡Pero tienes que comer! Si no comes te quedarás muy débil, como un perrito bebé, y entonces tendré que darte de comer en la boca.
—Quiero ir al baño —dijo Vi decidida a cambiar de conversación. Cada vez que su hermana hablaba de perritos ella sentía un escalofrío.
—Claro, está allí. En esa puerta. No intentes nada raro ¿vale?
Aquel baño constaba solo de un lavabo sin espejo y un inodoro. Por lo menos había papel, y eso ya era mucho mejor que otros baños que Vi había conocido. Usarlo fue difícil pero no imposible, y de todas formas tampoco era la primera vez que Vi tenía que hacerlo estando esposada. Mientras se estaba lavando las manos escuchó como el teléfono de su hermana sonaba, y sin cerrar el grifo pegó la oreja a la puerta. Ya que la mocosa estaba decidida a violar cada centímetro de su intimidad y privacidad, ella se sentía autorizada a hacerle lo mismo.
"Hola papi, me pillas un poquito liada, no, no te preocupes, sí, sigo bien, como ayer, que también estaba bien. Sí, sí, justo eso, estoy haciendo lo que me pediste, estoy con eso. Ah, lo de Sevika. Te podría decir que lo siento, pero verás, es que no lo siento en realidad. De todas formas, tampoco ha sido para tanto, quiero decir, que no es que la haya matado ni nada (en ese momento Powder dejó escapar una carcajada). ¡No le pienso pedir disculpas! ¿Qué está enfadada? ¡Me da igual! ¡Papá, es una asquerosa y me odia, no le voy a decir que lo siento, que la jodan! ¡Vale, no diré "que la jodan", diré que ojalá que se le caigan los ojos y se resbale con ellos! No, no tengo ni idea de dónde está Vi, pero es verdad que sobre eso tenemos que hablar. No, ya te comenté ayer cuando me llamaste que no sé nada de eso. ¡No sé qué te habrán contado, pero es todo mentira! Ya sabes que la gente dice muchas tonterías.
No, de momento no tengo pensado volver. Ya, pues lo siento, que lo haga Sevika. ¿En serio? ¿Me vas a hacer venir para esa chorrada? Sí, por supuesto. Claro, claro que entiendo que es importante. Vale, lo que tú digas, tienes razón. Bueno, está bien, ahora te veo. Sí, chao, sí, yo también te he echado de menos. Yo también te quiero. ¡Adiós!"
—¿Ahora le llamas papá? —preguntó Vi saliendo del baño. No sabía qué le molestaba más, si que le hubiese dicho que lo quería o que se mostrase tan sumisa con él.
—¿Ahora me espías?
—No soy yo la que ha empezado con lo de espiar a la otra.
—Pues sí, le llamo papá. Él es mi padre, me adoptó. ¿Cómo quieres que le llame?
—Tu padre se llamaba Vander. ¡Parece que se te ha olvidado todo lo que Silco le hizo a nuestro padre!
—Se portaron mal el uno con el otro. Las cosas no son como tú crees, Vi.
—¿Ah no? ¿Y cómo son? ¿Como él te haya contado? ¿Te das cuenta de que te está manipulando, Powder? ¡Si no fuese por él, papá seguiría vivo, y parece que te da igual!
—Oye, yo soy tan hija de Vander como tú. Pero puedo aceptar que no era perfecto. Puedo aceptar que no siempre tenía razón. Lo mismo que Silco no siempre hace bien las cosas. Y lo mismo que yo, que también la cago de vez en cuando. Puedo vivir con eso.
—¡No te compares con Silco! Tú solo… estás confundida. Y él se aprovecha de eso. Tú no eres así. ¡Mi hermana no es así!
—¿No soy así? ¿Así cómo? ¿Crees que no sé quién soy? ¿Crees que estoy loca y por eso no sé lo que quiero?
—Yo no he dicho eso, Powder.
—¡Y tú tampoco eres perfecta! ¡Me dijiste cosas horribles! ¡Me pegaste! ¡Me dejaste sola cuando más te necesitaba! ¡Te sueltan de la cárcel y tardas más de un año en venir a ver si sigo viva! ¡Y te presentas con una tía que se parece a mí, que podría ser yo, si yo fuese de Piltover y además poli! ¿Te das cuenta de todo lo que me has hecho? ¡Lo único que quiero es que me quieras, pero tú sigues empeñada en machacarme!
Powder estaba llorando de rabia, con su pequeño cuerpo temblando de ira. A Vi no le importaba lo que le dijese, solo sentía verla así. Pero un impulso estaba naciendo dentro de ella y a pesar de que sabía que no era buena idea hacer esa pregunta, no pudo evitar que saliese de su boca.
—¿Te acuestas con él?
—¿Qué? ¿Con quién? —preguntó una desconcertada Powder, que se limpiaba las lágrimas con la palma de la mano y no se esperaba ese brusco giro de la conversación.
—¿Con quién va a ser? ¡Con Silco!
—¿Qué? ¿Quién te ha dicho eso?
—¡Da igual quién me lo haya dicho! Fue Sevika, pero ¿te acuestas con él o no?
—¿Esa cerda nos ha estado espiando? ¡La próxima vez que la vea le voy a volver a decorar la cara, pero con un soplete!
—¿Entonces es verdad? —preguntó Vi sintiendo por un momento que le faltaba el aire. Un puñetazo en el estómago hubiese dolido menos.
—¿Cómo va a ser verdad? Nos debe haber visto durmiendo juntos. Pero no… ¡obviamente no hemos hecho eso! ¡Es mi padre!
—¡Eso no importa! ¡No me venga a mí con "es mi padre"! Yo soy más hermana tuya de lo que él jamás será tu padre, y todavía… —empezó a decir Vi, pero se interrumpió.
—¡Pero termina la frase! ¡Atrévete! ¡De todas formas da igual, aquí estamos solas tú y yo, no está tu poli de Piltover para mirarte con cara de asco!
—Todavía me acuerdo de… nuestros juegos.
—Ah. Ahora lo llamas así: "nuestros juegos" —dijo con frialdad Powder.
—Nunca llegamos a… nunca llegamos a nada serio. ¡Éramos solo dos niñas experimentando, Powder!
—¡Eres una cobarde, primero tiras la piedra y luego escondes la mano!
—¡Powder, por favor…!
—¿Por eso tardaste más de un año en volver al barrio?
—Powder, volví porque recibí un anónimo diciendo que estabas en peligro. Volví para salvarte, si no sé si hubiese sido capaz. No sabía si podía verte de nuevo. Volver y que todo empezase otra vez…
—¿Tan malo sería eso?
—¡Powder, las hermanas no hacen eso!
—¿Y eso quién lo dice? ¿Tu poli de Piltover?
—¿Puedes dejarla a ella al margen, por favor?
—¡Tú tendrías que haberla dejado a ella al margen y no traerla aquí, a restregármela por la cara!
—¿Es por eso por lo que me has traído aquí? ¿Por celos?
—¡Callaos todos! ¡Callaos de una vez! —gritó Powder llevándose las manos a la cabeza como si le fuese a estallar.
—Powder…
—¡Te he dicho que no me llames así! ¡Yo ya no soy Powder, soy Jinx!
—Entonces ¿no te acuestas con él? ¿Todo era mentira?
—¡Y qué más te da! ¡Ni que yo te importara! ¡Si no me quieres, ¿qué más te da entonces que me acueste con él o con medio barrio?
—¿Es verdad o no?
—¡No es verdad! ¿Cómo te tengo que decir que no es verdad? Me metí en su cama porque no podía dormir, porque llevaba, llevo varios días sin dormir. Y cuando estoy con él sí duermo. Siempre me ha pasado desde que me adoptó —dijo Powder bajando la cabeza un momento, como avergonzada de parecer una niña, de mostrar debilidad.
—¿No puedes dormir? —preguntó Vi. Se sintió estúpida por repetir lo que Powder acababa de decir, pero igualmente lo hizo. Por una parte quería mostrar interés por ella, quería demostrarle que la seguía amando, a su manera, a la única manera aceptable entre dos hermanas, y por la otra, estaba tan feliz de saber que Sevika le había mentido… que solo quería desviar la atención de ese hecho.
—¡No, no puedo dormir! ¡Tengo pesadillas! ¡Y adivina de quién es la culpa!
—Lo siento mucho, Powder. De verdad que lo siento. Todo lo malo que te haya podido hacer, y todas las veces que te haya decepcionado. Lo siento todo.
—Ya, sí. Claro. En fin, me tengo que ir, pero te daré el ramen antes —dijo Powder con apatía. Ella no quería sus disculpas, ella no quería palabras vacías. Todo eso era basura.
—¿Dónde vas? ¿Me vas a dejar aquí sola? ¿Para irte con él? —dijo Vi, sorprendiéndose de lo indignada que sonaba su propia voz. Solo de pensar en Powder junto a aquel hombre, diciéndole que lo quería, durmiendo en su cama… solo de imaginarlo se le revolvía el estómago.
—Duele, ¿verdad? ¡Pues acostúmbrate! Lo bueno es que yo no voy a tardar ocho años en volver. Despacharé lo más rápido que pueda el asunto y estaré aquí de nuevo enseguida. Así podremos seguir discutiendo —dijo Powder con amargura.
Volvió a irse de la habitación cerrando la puerta y en cinco minutos ya estaba de vuelta con un cuenco humeante de ramen y un tenedor de plástico. Lo dejó delante de su hermana y se fue sin decir palabra. Vi pudo escuchar el sonido de las llaves una vez más. Luego más puertas, y el ruido que un coche que arrancaba y se perdía en la lejanía.
Estaba sola en el escondite secreto de Jinx. Y si ella tenía un accidente o por lo que fuese no volvía, se quedaría allí sola para siempre. No, para siempre no: solo hasta que muriera de hambre.
