Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.


1. Buenas noticias.


Julián estaba a mitad de una reunión cuando comenzó a recibir mensajes de sus abogados personales. No solía atender el teléfono en una junta, su padre le había enseñado lo importante que era darle a cada uno de sus aliados su tiempo, por separado, además de siempre mirarlos a los ojos y tenerles paciencia; pero sentir que su teléfono no dejaba de vibrar fue suficiente para indicarle que algo había sucedido. Nunca recibía mensajes de esos dos, al menos que fuera importante según Aiacos, o alguien se estuviera desangrando, según la percepción de Minos.

Así que con esa premisa asintió distraído y sacó con discreción su celular, encontrándose con diez mensajes del pelinegro y dos del peliblanco. Sólo bastó leer los mensajes de Minos para salir corriendo de la sala de juntas, gritando que alguien se desangraba y necesitaban que él estuviera presente.

Los abogados estaban afura del lugar y al verlo salir lo sostuvieron de los brazos y lo llevaron al elevador. Nadie dijo nada, Julián sólo les preguntó con la mirada si lo que le habían escrito era verdad y ellos sólo asintieron una vez para confirmar. Desde que sus amigos habían regresado a su vida las cosas ya no eran tan grises, aún necesitaba de sus pastillas mágicas para dormir y todavía sentía que estaba frente a un precipicio al que en cualquier momento podría caer y a nadie le importaría, pero existía algo del viejo él que se negaba a irse, una pequeña chispa que se negaba a apagarse y él esperaba que esas noticias le dieran más vida a esa chispa.

El trío fue directo al comedor y no se detuvieron hasta que estuvieron en el comedor, dónde ocuparon una mesa antes de que Julián le dijera a un chico que se le acercó para preguntarle si se le ofrecía algo que no quería ser molestado.

— ¿Es verdad ? — inició el heredero, impaciente — ¿ya están adentro?

— Los abogados de Kido y de su madre nos dieron la copia del contrato original — Minos puso una gran carpeta en la mesa, para mostrársela al peliazul — y nos dejarán estar en la firma y negociaciones del nuevo, también nos dieron una copia de cómo van las cosas hasta ahora.

— Es un gran avance — Aiacos miró al cielo, después al mar, cualquier cosa que no fuera el suelo — pero no es lo más importante.

— Cierto, hay más, estuvimos en el piso de su madre, y junto a varios documentos y cosas más vimos algo muy llamativo…

— ¿Sobre?

— Aiacos le tomó una foto.

El pelinegro asintió y sacó su celular para mostrarle a su jefe la fotografía. Julián miró la imagen primero con el ceño fruncido, pero después su expresión cambió a una de sorpresa; la imagen mostraba varios papeles y en medio de todos ellos, casi escondido, había lo que parecía una carta, sellada con cera roja que tenía un llamativo escudo.

— Es… — dijo, temblando sólo con pensar en lo que esa carta representaba.

— Le envié la foto a Shijima — explicó Aiacos, fuera de lo que la carta representaba, le asombraba que le contestaran tan rápido — él lo confirmó, es la titánide Astrea cargando los rayos de Zeus.

— El escudo de la casa Jenkins — continuó Minos, nunca había visto un escudo con esas características.

La vista de Julián se nubló, dejó con cuidado el teléfono sobre la mesa y se levantó para recargarse en el barandal y mirar el lejano océano. Los abogados intercambiaron una mirada y se mantuvieron en silencio hasta que el heredero se dio la vuelta para mirarlos; lloraba, pero también tenía una gran sonrisa que rivalizaba con el Sol en cuanto a brillosidad.

— Buen trabajo chicos — dijo — pueden tomarse el resto del día, toda la semana si quieren, pero sigan esforzándose.

Minos y Aiacos se levantaron para agradecerle, uno a distancia, pero ambos mostraron sus respetos a su jefe.

— Cuiden esos moretones — les dijo mientras ellos se despedían.

Julián se sentó en el suelo cuando estuvo solo, cubrió su rostro con las manos y dejó que sus emociones dominaran; quería saltar, gritar, cantar y bailar, todo al mismo tiempo, pero no era el momento. Su madre siempre le había enseñado a mantenerse estoico, no mostrar cómo se sentía cuando se trataba de negociaciones y después del fallecimiento de su padre las cosas con ella siempre fueron negociaciones; si mostraba una pequeña pizca de felicidad ella se daría cuenta de que él sabía algo, no podía dejar que eso sucediera.

Más calmado, Julián salió del lugar rumbo a la oficina de su madre; podía sentir que los dedos le hormigueaban y a su mente la imagen del sobre llegaba una y otra vez. Estaba en su mundo cuando sintió un ligero golpe en el hombro, al mirar a su derecha se encontró frente a frente con Thetis, que lo miraba ofuscada.

— ¿Estás drogado?

Julián alzó la mano hacia su mejilla, Minos y Aiacos no eran los únicos con golpes, él mismo se había llevado una enorme bofetada de parte de la rubia, era por eso que no debía de hacerla enojar, ahora lo sabía a la perfección, recordarlo sólo le provocaba dolor en la zona golpeada.

— ¿Qué? ¡No! ¿Por qué piensas eso?

— Estás sonriendo como si estuvieras desquiciado.

Él tocó su boca y lo comprobó, estaba sonriendo, tal vez por eso le dolía el rostro, no por el recuerdo del golpe, sino por la gran sonrisa que traía consigo, tenía tiempo que no sonreía así.

— Estoy feliz Thetis, deberías de felicitarme en lugar de hacerte ideas locas — dijo, borrando su sonrisa.

— Felicidades señor Solo — la rubia dio una ligera inclinación — aún estoy algo molesta contigo proque nos apartaste, pero tengo modales.

Julián inclinó la cabeza, era cierto, se anotó mentalmente avisarle a los demás las buenas noticias. Fuera de eso, concentrándose en el presente, se acercó a Thetis y la abrazó fuerte; no importaba el tiempo, estar cerca de ella siempre le provocaba una mezcla de emociones.

— Es parte de mi felicitación — explicó cuando sintió que ella se tensaba un poco — ¿Puedes abrazarme Thetis? ¿Por favor?

Ella pasó los brazos por su espalda, respondiendo el abrazo y se mantuvieron así un par de segundo más hasta que el elevador se detuvo en el piso donde él debía de bajar; Julián la soltó rápidamente para evitarse los problemas y le dijo que llamara a los demás, debían de celebrar.

Caminó con ritmo hacia la oficina de su madre, respirando lentamente y se tocó la cara para asegurarse de que su expresión era seria antes de anunciarse con el secretario de su madre, quien lo anunció con ella. Cuando las puertas se abrieron la mujer miraba hacia su dirección, sentada en su escritorio, derecha, imponiéndose en el lugar sin ni siquiera moverse.

— Estaba por llamarte — comenzó mientras él cerraba la puerta y entraba — debes de cambiar tu estilo Julián, es hora de actualizarse.

— Entiendo madre — Julián se sentó frente a ella, servicial, sólo separados por el gran escritorio perfectamente ordenado — las negociaciones con los empresarios de Singapur se atrasaron un poco, me reuniré con ellos de nuevo la próxima semana, les mostraré nuestros barcos.

— Ahora no me interesa Singapur — la mujer juntó los dedos y miró a su hijo — mis abogados me informaron que los tuyos ya están adentro de la firma de tu contrato con Saori Kido.

— Tú tienes tus intereses, yo los míos, y también están los de la señorita Kido.

— Creí que ella no te importaba, dijiste que nadie te obligaría a casarte con ella.

— He cambiado de opinión, todos lo hacemos.

La mujer se levantó de su lugar lentamente, Julián aprovechó eso para mirar el escritorio, buscando el sobre con la carta.

— Es bueno saber que al fin estás siendo congruente con nuestros intereses, no olvides que todo lo que hago sobre ti es por tu bien.

Julián asintió distraído, no le creía pero no dejaría que ella lo supera. Su madre se paró detrás de él y puso frente a Julián el sobre, abierto.

— Me llegó algo interesante.

— ¿Es relevante para mi?

— Creo que resulta llamativo que preguntaras por esa familia y ahora me llegara una carta del puño y letra del patriarca.

Julián la miró, pero ella ya le estaba dando la espalda, regresando a su lugar. Nervioso, abrió el sobre y sacó la hoja de papel que tenía hasta la parte de arriba el escudo más detallado, además de que de inmediato miró la parte baja, para comprobar el nombre.

— Jenkins es un hombre hecho a la antigua — dijo la mujer viendo a su hijo comenzar a leer — enviar una carta en lugar de un correo electrónico… anticuado, pero sin duda capturó toda mi atención, recordé que dijiste que Jenkins no tiene un socio transportista para América, y ciertamente nuestra presencia ahí todavía no es fuerte.

Julián volvió a doblar la carta y la metió en su sobre, suspiró por lo bajo, estaba hecho.

— Hemos estado haciendo las cosas bien si nos reconoce — dijo, tanteando a su madre.

— Sólo habla de ti, no seas humilde Julián, alaba tu ingenio… y señala tu estado civil — Julián asintió ante las palabras de su madre, era cierto, se mencionaba en varias líneas, casi en tono casual, que era agradable ver a un joven empresario soltero, que priorizaba su empresa por sobre las relaciones sociales, en un tono tan frívolo que el joven sabía agradó a su madre — tiene un punto que no había visto Julián, y ha abierto un pequeño contacto con Jenkins que no podemos darnos el lujo de perder.

— ¿Qué quieres hacer?

— Los ingleses son mejores que los Kido — la mujer miró a su hijo directo a los ojos, con una decisión tomada — pero no perderemos a ambos, alarguemos las negociaciones, dile a tus abogados que se reúnan con los míos, crearemos un frente unido, no rompamos el acuerdo.

— Saori todavía tiene quince años, ¿Cuánto tiempo además de los tres que debemos esperar a su mayoría de edad quieres agregar?

— Los que sean necesarios, que ella tenga quince eternamente si con eso no perdemos a ninguno de los dos.

Julián asintió y se levantó de su silla argumentando que hablaría con sus hombres; mantuvo su mascara de seriedad hasta que estuvo en su oficina. Lo había conseguido, tenía más tiempo, ese trozo de papel le había traído paz a su vida, podía sentir que ya respiraba tranquilo, sólo faltaba afinar algunos detalles, y sabía con exactitud que sus amigos ya estaban en eso.


Comentarios:

¡Gracias por leer!

He estado pensando, divagando en realidad, sobre una manera un poco más eficiente de controlar el tiempo en el que avanzan todas las historias. En conjunto todo esto es una historia general lineal que va a nuestro ritmo, pero hay cosas que pasan el mismo día; así que decidí juntar estas historias que pasan en un día en una sola publicación, para llamarlo de algún modo. Será algo así como tres historias conjuntas que pueden o no tener relación entre sí más allá del tiempo, creo que podría ser más eficiente y ustedes podrían leer un poco más.

En el conjunto del día de hoy, faltan dos historias más que tratan las aristas de este asunto, los afectados de manera directa.

Antes de despedirme, según lo que he encontrado en Internet, la representación de la constelación de virgo ha cambiado a lo largo del tiempo, lo más común es el mito de la titánide Astrea, pero también han identificado a la constelación con la diosa de la fertilidad del panteón babilonio, Ishtar, o la diosa Deméter (Ceres para los romanos).

De nuevo, y cómo siempre, gracias por leer.