Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.
2. Sacrificios.
Saori estaba encerrada en su habitación revisando sus apuntes de inglés, quería trabajar en su tarea de química pero Mii se había llevado su cuaderno para estudiar, le djo que se lo había pedido a Isaac, pero resultaba que el chico no tenía tales apuntes, sólo una libreta llena de dibujos. La joven entrecerró los ojos, se preguntaba en qué momento esos dos se habían convertido en buenos amigos cuando Tatsumi la llamó a la cena.
Fue una cena silenciosa, con Artemisa. Su hermana mayor que se había negado a hablar con su abuelo estaba ahí, olvidando su huelga de hambre para comer con modales y mantenerse pasiva, sorprendiendo a la adolescente. Desde que Mitsumasa Kido había anunciado el compromiso de Saori las cosas estaban patas arriba en la mansión, Artemisa se había levantado en huelga, incluso había anunciado que llevaría el caso a la prensa para que la imagen pública de la familia se viera manchada por el escándalo de comprometer a una adoelscente con un adulto de veintidos, pero nada de eso funcionó, las cosas siguieron su curso natural y Saori continuó tan comprometida como a inicios de ese año.
Hasta ese día, fue sospechoso para ella que su hermana pidiera una audiencia privada con Mitsumasa, tanto que cedió a la tentación y olvidó el postre para seguir a los adultos a la oficina del hombre. Saori abrió la puerta lentamente, no veía nada, pero lo escuchaba todo.
— ¿Y bien Artemisa? ¿Ya terminaste de hacer tu berrinche? — escuchó que decía su abuelo.
— Me disculpo por mi comportamiento anterior, no fue digno de una heredera Kido tales actitudes infantiles.
— Por supuesto, ni Saori se comportó de esa manera, deberías aprender de tu hermana menor, ella aceptó su destino — a pesar de no ver nada, Saori sabía que su hermana estaba molestándose — no me mires así, yo decido su destino, ella lleva mi apellido, estoy a cargo de ella, después su marido se encargará de eso.
— Yo sólo quería… yo quería… — dijo con dificultad la rubia, debido a la ira que burbujeaba en ella — cancele el contrato matrimonial de Saori.
— No, es un asunto cerrado...
— No me dejó terminar — Saori sintió que los vellos de su nuca se erizaron cuando Artemisa interrumpió a su abuelo, nadie interrumpía a Mitsumasa Kido — saque a Saori del contrato y póngame a mi.
La habitación se quedó en silencio, la joven detrás de la puerta se llevó las manos a la boca, no podía salir de su estupor al escuchar las palabras de su hermana.
— ¿Y por qué haría eso?
— Solo es mayor, no esperará a que Saori cumpla la mayoría de edad, son tres años, cualquier cosa puede pasar en ese tiempo.
Dentro de la habitación, Mitsumasa se reclinó en su silla de caoba y miró a Artemisa. Era un punto que estaba comenzando a considerar, en los últimos días había estado escuchando a la futura élite griega, Baian y Kaza hablaban abiertamente de lo pesado que sería casarse tan jóvenes con una menor, el joven Krishna había dicho abiertamente que aunque la moral no aplicaba en ellos, siendo jóvenes millonarios, le daba cierta repulsión escuchar esos casos, y Sorrento, hijo de una pareja prominente del norte de Europa, también había hecho lo suyo al mencionar que su viejo amigo Julián Solo no era lo que se podía catalogar como fiel a sus promesas, en especial si se trataba de cortejar a las chicas; incluso el patriarca de los Benethol habló sobre eso diciendo que él nunca obligaría a alguna de sus hijas a comprometerse, en especial a la menor, Alicia, que era amiga de Saori.
La imagen pública era importante, gracias a esto Mitsumasa Kido controlaba el mercado tecnológico, no podía arriesgarse a mancharse con un pequeño detalle como ese, después de todo esas personas no eran unos donnadies, la prueba estaba en que con sus palabras todo el circulo élite de Grecia ya hablaba del tema, claro, reprobaba en el exterior, muchos de esos hombres tenían esposas diez años menores; y todas las mujeres querían ser la próxima señora Solo.
¿Qué en realidad aseguraba su lugar en esa cadena alimenticia? ¿Qué le aseguraba de que Julián Solo esperaría por tres años a que Saori fuera mayor de edad para hacerlo todo público?
— ¿Qué hay de tu "novio"? El pordiosero del orfanato, ¿todavía sigues desafiandome con ese mendigo?
Artemisa mordió el interior de su mejilla izquierda, sus manos estaban cerradas en dos puños tan apretados que podía sentir sus uñas dañando sus palmas, pero eso no le importaba. Touma era el amor de su vida, se conocieron jóvenes pero no necesitaban mucho para saber que eran el uno para el otro, pero ella no abandonaría a Saori a su suerte.
— Como dije, aprendí mi lección, fue un descaro relacionarme con esa gente — dijo, tratando de controlar el tono de su voz para no gritarle al hombre.
— Aún no te has disculpado por eso Artemisa.
La rubia exhaló por la nariz y lentamente se arrodilló frente al escritorio, poniendo las manos en el suelo, en ese momento notó que estaba sangrando levemente debido a los rasguños que se provocó.
— Me disculpo por mi descaro, soy una tonta y no volveré a faltarle al respeto — dijo, mirando el suelo, sintiendo cómo la furia se manifestaba en lágrimas, grandes y calientes que caían al suelo — le ruego que reconsidere el contrato con Julián Solo, ¿por qué esperar tres años cuando yo puedo casarme con él mañana? No lo avergonzaré, seré una esposa ejemplar, Saori todavía no aprende a usar todas las cucharas, yo levantaré el apellido Kido frente a todos.
— ¿Tanto quieres ser la futura señora Solo? — preguntó Mitsumasa, que no se había movido de su lugar, complacido al ver que al fin el carácter férreo de Artemisa se había doblegado.
— Sí, no soy digna, pero le ruego que me de una oportunidad — Artemisa agachó aún más la cabeza, sus manos sostenían fuerte la alfombra y sentía el sabor metálico de su sangre en la boca, pero eso no se comparaba a la humillación que vivía — no defraudaré a los Kido, y así usted asegurará a los Solo, ganará, se lo aseguro.
Mitsumasa miró a Artemisa un momento más antes de asentir.
— Levantate Artemisa, a partir de hoy la única persona frente a la que te inclinarás será tu prometido, llamaré a la señora Solo para informarle el cambio de planes.
Cuando Artemisa salió le sorprendió ver a Saori al lado de la puerta. La joven tenía una mano en la boca y no dejaba de llorar; la mayor no necesitó ver nada más para saber que la joven lo había escuchado todo. Habría sido fácil empacar sus cosas y huir con Touma, lejos de Atenas, en algún pueblito de Grecia, lejos del mar, sólo ellos dos y después sus pequeños pelirrojos y rubios, pero no podía hacerlo; tampoco podía llevarse a Saori, Mitsumasa la había amenazado, si la adolescente desaparecía él las buscaría hasta el lugar más recóndito de la Tierra, y Mitsumasa Kido era un hombre de palabra.
— ... prometió que lo arreglaría — susurró entre sollozos Saori, las dos estaban en el suelo, abrazadas — Julián me prometió que no habría boda… lo prometió…
Artemisa abrazó más fuerte a su hermana, un poco confundida con sus palabras, pero deseando que Julián Solo también fuera un hombre de palabra y que esas palabras fueran ciertas y no balbuceos de una adolescente en un momento complicado.
