Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.


Animemos a Touma.


Shun fue el primero en notar que algo estaba mal con su cuidador. Touma había decaído miserablemente en menos de veinticuatro horas, Shun lo sabía, era demasiado obvio notar que no había dormido bien, no comió nada en toda la mañana y sobre todo, trabajaba como si hubiera sido reemplazado por una versión robotizada de él.

Primero se lo había señalado a Ikki, quien sólo le había dicho a Touma que se recuperara porque estaba preocupando a Shun y eso no le gustaba; después habló con Hyoga y Shiryu, quienes lo discutieron entre ellos y llegaron a la conclusión de que tal vez las cosas no estaban tan mal.

— Tal vez tiene problemas de adultos Shun, no podemos hacer nada con los problemas de adultos — dijo Shiryu antes de regresar a la televisión.

Sin embargo, la poca relevancia que ellos le dieron no detuvo a Shun para buscar ayuda y como era natural, la encontró en el siempre justo Seiya, quien se lo contó a Seika. Los chicos no podían saberlo, pero las chicas y Marín sabían que la joven de diecisiete años estaba platónicamente enamorada del distraído y a veces descuidado Touma; la castaña se preocupó cuando su hermano le avisó del estado decaído del mayor, sorprendiéndose al ver que el cambio había sido de un día a otro.

— ¡Debemos ayudarlo! — dijo de manera tajante, no había espacio para protestas.

— ¡Sí!

A pesar de sus buenas intenciones, los adolescentes se encontraron con la encrucijada de no saber qué hacer, excepto por la clara idea de no involucrar a Marín, si la pelirroja se enteraba ella pondría a Touma a trabajar para olvidar aquello que lo aquejaba. El trío se propuso intentar lo fácil, quitaron a Shiryu de la televisión e invitaron a Touma a sentarse para que viera su programa de detectives favorito.

— Gracias chicos, pero tengo que espantar la araña en la habitación de Jabu y Ban — les dijo él, en tono neutro, sus ojos estaban rojos y su voz sonaba agotada.

— Esto es peor de lo que pensé Shun — dijo Seiya, llevándose la mano a la barbilla — y no sabía que Jabu y Ban le temían a las arañas, esa es información importante que guardaré para después.

— ¿Qué haremos ahora? — preguntó el peliverde preocupado.

— Tal vez sean los trabajos — trató de razonar Seika — tiene mucho trabajo en el orfanato, si lo ayudamos hoy con la mitad tal vez se desocupe más rápido y pueda descansar mejor.

El cambio de planes los llevó a ponerse la ropa más vieja que tenían y prepararse para el aseo. Seiya le robó a Touma su lista de tareas, que incluía lavar la ropa de los chicos y preparar la comida, además de hacer las compras para la semana. Se dividieron, Seika se encargaría de la cena, Seiya lavaría la ropa y Shun visitaría el centro.

La mayor miró el refrigerador casi vacío y la alacena llena de latas de fruta en almíbar y frijoles, ahora sabía por qué lo primero en la lista de Touma era ir a comprar comida. Sin embargo, no se daría por vencida, ella trataría de ayudar en todo lo que pudiera, y para su suerte justo frente a la cocina estaban pasando Ichi y Nachi.

— ¡Chicos! — les llamó, provocando que ellos se detuvieran — ¿Cómo les parecería ganar un par de euros por ayudarme en la cocina?

— Eso depende — dijo Nachi — ¿de cuánto hablamos?

Afuera, en el patio, Seiya repasaba mentalmente las instrucciones que le había dado su hermana sobre cómo debía de lavar su ropa y la de sus compañeros, debía de separar los blancos de los colores, encender las dos lavadoras, llenarlas de agua… era demasiado trabajo para una sola persona si se lo preguntaban y eso provocó en él un poco de respeto hacia el pelirrojo. Touma no era más que un par de años mayor, al igual que Marín, pero aún así esos dos se esforzaban por mantener el orfanato en un relativo orden, orden que Seiya admitía había desequilibrado más que un par de veces.

Cuando puso a trabajar las lavadoras se sentó frente a ellas, esperando a que estas hicieran su magia, le alegraba saber que no lavaría a mano, eso le habría llevado siglos. Comenzaba a aburrirse cuando Shiryu y Hyoga llegaron junto con Ikki, el mayor los había levantado de sus lugares frente al sofá cuando notó que Shun no estaba.

— ¿Has visto a Shun? — le preguntó Ikki a Seiya cuando este estaba acostado en el suelo, esperando obtener un buen bronceado.

— No desde que fue al centro — explicó levantándose.

— ¿Salió? — Hyoga miró la puerta trasera del orfanato sorprendido, como si su amigo hubiera salido por ahí — pero no podemos hacerlo si Marín no está, a menos que le pidiera permiso a Touma, pero con su aura depresiva, es imposible.

— ¿Que no Shun dijo algo sobre eso? — Shiryu trató de recordar, pero a su mente sólo le llegó una voz suave que hablaba por debajo de la función de luchas que veía.

Ikki se acercó a Seiya y lo miró desafiante; él podía hacer que cualquiera saliera corriendo, grandes o pequeños no importaba, pero Seiya no era un cualquiera, Ikki aún no sabía si el castaño era un completo descerebrado o tenía un intelecto elevado que no lo dejaba tener un sentido de peligro.

— Déjame ver si entendí, ¿dejaste que Shun saliera del orfanato, solo, a hacer quien sabe que cosas?

— Debíamos de repartirnos las tareas — Seiya se alejó del grupo para verificar que las lavadoras continuaran funcionando — él eligió ir al centro comercial, no podía acompañarlo, ¿Quién lavaría entonces?

— ¿Estás lavando? ¿Por qué? — preguntó Hyoga.

— Hoy es el día de lavado…

Ikki rodó los ojos y les dio la espalda, caminando a la salida, no podía dejar que Shun estuviera en el peligroso exterior solo, haciendo quién sabe qué cosas. El trío restante se quedó en silencio cuando Ikki se fue, todos sabiendo a dónde iría y que debían de cubrir a los hermanos en caso de que Marín regresara de sus tareas administrativas.

— Pero que grosero, se fue sin despedirse — dijo Hyoga — en fin, ¿quieres hacer algo divertido Seiya?

— Eso me suena a peligro, ¿no dijiste que tenías que completar tu tarea Seiya? — intervino Shiryu — puedo ayudarte si quieres.

El castaño entrecerró los ojos, evaluando su situación, si era honesto ambas propuestas sonaban bien.

— Sí — le dijo a Shiryu — y sí — también le respondió a Hyoga.

Shiryu suspiró al escuchar que Hyoga planeaba meter a su amigo a la lavadora, por diversión, mientras él debía asegurarse de que el ciclo de lavado fuera cumplido a la perfección.

Tomando el autobús, y cediéndole su asiento a una señora mayor, Shun viajaba hacia uno de los centros comerciales de la ciudad, con el dinero que Seika había agarrado del escondite secreto de Marín (una lata de avena en el cajón de las verduras dentro del refrigerador) y la lista de Touma segura en sus bolsillos, lo único que le preocupaba era que temía que el dinero no le alcanzara. Si era analítico, en los últimos meses el dinero al orfanato era cada vez menos, Marín tenía todo altamente contabilizado y ya no permitía los pequeños lujos como un shampoo diferente para todos o helado en la cena.

El adolescente dejó de lado los problemas monetarios cuando llegó a su destino. Rápidamente se puso manos a la obra y comprobó que sus sospechas eran ciertas, no le alcanzaba ni para la mitad de las cosas en la lista. Decepcionado, salió del lugar para encontrarse frente a frente con Ikki, que tenía los brazos cruzados.

— ¿Hermano?

— ¡Shun! ¿Qué estás haciendo aquí? ¿No te dijeron que deberías de quedarte en el orfanato? ¿Y cuántas veces te he dicho yo que no sigas las ideas de Seiya?

— Esto no es por Seiya — aseguró el adolescente, sosteniendo en lo alto la lista — es Touma, algo le sucedió, creímos que si hacíamos la mitad de sus tareas podría estar mejor, no me siento cómodo sabiendo que Touma está destrozado, ni siquiera quiso hablar con nosotros.

Ikki suspiró, no podía esperar menos del buen corazón de Shun. Sabiendo que no ganaría esa guerra extendió la mano esperando que Shun le entregara la hoja para revisar qué era lo que debían de comprar.

— Ya hice cuentas, no nos alcanza — explicó el peliverde complacido al ver que su hermano decidiera apoyarlo.

— No nos alcanzará si no eres inteligente.

— ¡Ikki! ¡No! — Shun agarró a su hermano del brazo y bajó la voz — no nos robaremos nada.

— Se dice pedir prestado sin permiso, después lo compensaremos.

— No, dijiste que no harías cosas chuecas, y todavía no me explicas por qué la policía te estaba buscando.

— La policía tiene un problema con las personas que usan cuero — Ikki rodó los ojos y suspiró — bien, lo haremos a tu manera.

El adolescente sólo tenía a dos personas en mente que lo ayudarían, pero una de ellas no tardó en ser descartada; si le decían a Shaka el rubio haría preguntas y terminaría por averiguarlo todo, así que decidió confiar en su segunda opción. Sabía que Hades pasaba todos los días sin falta frente a la antigua escuela en la que iba, así que sin perder el tiempo se apresuró a regresar a los autobuses, dispuesto a encontrarse con Hades y pedirle un gran, gran favor.

— … mmmm, no lo sé, eres un buen chico Shun, si te presto dinero lo usarás para hacer algo generoso, ¿Dónde está el engaño? No comprarás alcohol o algo así…

— ¿Preferirías que lo hiciera? — preguntó el joven escandalizado.

— Preferiría que fueras un chico normal, todos los adolescentes tiene curiosidad por esas cosas, malas palabras, alcohol, cigarros, sexo…

— ¡No digas esas cosas frente a Shun! — Ikki, aún más escandalizado, cubrió los oídos de su hermano con sus manos — ¡Él es un ser inocente y puro! ¡¿Cómo osas hablar tan bajo frente al epítome de la candidez y castidad?!

— Vaya, y yo que creí que los jóvenes ya no usaban palabras rimbombantes — Hades se acomodó su casco — si eso es todo chicos…

— No, espera Hades — Shun se separó de hermano para pararse frente a la moto — por favor, eres una buena persona, no pierdes nada con ayudarme.

— Hay al menos dos grandes mentiras en esa oración — susurró Ikki — escucha Heinstein, necesitamos dinero porque vivimos en un orfanato al que le están quitando los fondos, podemos hacer esto por las buenas o por las malas, tu decides.

— No escuches a mi hermano — intervino Shun — no haremos nada por las malas… sólo, Hades, tienes el nombre del dios del inframundo, el dios del inframundo también es benevolente.

— Sé lo que haces Shun, inflas mi ego... y está funcionando.

— Podremos pagarte en el futuro — agregó el peliverde, saboreando la victoria — te lo pagaremos todo.

Hades entrecerró los ojos, pronto dejaría la pizzería, pero no podía dejar atrás su plan de conquista mientras trabajaba con Julián; confiaba en Valentine, pero Valentine no confiaba en si mismo así que necesitaba a alguien más.

— Trabajos forzados — dijo — los ayudaré si comienzan a trabajar en donde yo les indique.

— ¡Sí! — afirmó Shun con determinación.

— ¡Claro que no! — negó Ikki.

Los hermanos se miraron entre sí, pero ante cualquier palabra el mayor se adelantó.

— Shun tiene quince, no va a trabajar para ti haciendo quien sabe que cosas... yo lo haré, así que aprovecha porque es oferta única.

— Bien, lo tomo, preséntate el lunes próximo apenas salgas de la escuela.

Touma nunca supo que le robaron su lista de tareas, de hecho olvidó que tenía una. Para cuando estaba anocheciendo él se encontraba en el techo del orfanato, acostado, mirando el cielo sin estrellas sobre él. En su tiempo libre solía hacerlo con Artemisa, a veces ella lo llevaba al observatorio y se ponía a hablar de cada constelación con la que se encontraban, otras veces el cielo estrellado era testigo de sus apasionados besos y caricias tiernas. Ahora, sin estrellas, todo lo que había era un triste hombre solitario, con el corazón hecho polvo.

Marín apareció cuando la noche ya había entrado en curso, pero todavía no era tarde, Touma lo sabía debido a que alcanzaba a escuchar las voces de los chicos.

— Vamos Touma, no me acostaré en el suelo — le dijo la pelirroja, en sus hombros cargaba una pesada y cálida manta que esperaba compartir con su hermano, que no tardó en hacerle caso y sentarse.

Los hermanos estuvieron en silencio un par de minutos, ella no sabía qué decir o cómo hacerlo. Estaba feliz de que algunos de los chicos quisieran encargarse del orfanato en lo que ella estaba afuera y Touma apenas y reaccionaba a su alrededor; Seika, Ichi y Nachi prepararon una extraña cena que consistía en sopa de frijoles con frutas de postre; Seiya, Shiryu y Hyoga se encargaron de su ropa, a pesar de que esta quedó con algunas manchas de jabón y ellos terminaron por completo mojados, ni siquiera Shiryu había resistido la tonta e infantil idea de entrar a la lavadora; finalmente Shun e Ikki se habían encargado de las compras, Marín decidió ignorar el hecho de que salieron del orfanato sin autorización, al final del día ellos le habían llevado varias cosas, omitiendo el que casi no tenían mucho dinero.

— ¿Y cómo estuvo tu día hoy? — preguntó la pelirroja.

— Bien, me siento en un oscuro pozo negro, con un dolor grande en el pecho y la sensación de que perdí una de las cosas más valiosas que he tenido en mi pobre vida.

— Touma… ¿q-qué sucedió?

— ...el abuelo de Artemisa hizo algo horrible — susurró el pelirrojo, abrazando sus piernas — comprometió a Saori con Julián Solo.

— ¿Qué? — Marín miró a su hermano asombrada, sabía quién era Julián Solo, joven heredero de Empresas Solo, los mayores comerciantes de Europa.

— Artemisa quiso evitarlo, trató de todas las maneras posibles Marín… pero él no lo permitió, así que estuvimos pensando…

— Oh, Touma — susurró la chica, abrazando a su hermano, intuyendo lo que le diría.

— Está bien, fue mi idea después de todo, no podía soportar ver a Artemisa desesperada por la situación de su hermana, y Saori, es una niña, no debería de estar planeando una boda y esas cosas… así que… entonces — Touma tragó saliva y se quitó las lágrimas de los ojos — terminamos Marín, ella va a casarse y no quiero hablar más del tema.

Marín asintió y abrazó más fuerte al menor, estaba molesta y dolida, nadie lastimaba a su hermano y se salía con la suya. La chica acarició con suavidad la espalda de Touma cuando este comenzó a llorar más fuerte, destrozado, mientras anotaba en su lista negra a todas esas personas, el señor Kido que financiaba el propio orfanato y Julián Solo, las cosas no se quedarían así.