N/A: Pues aquí llego con un nuevo fic de un nuevo fandom *nervios, nervios, nervios* Da igual los años que pasen, siempre me pondré nerviosa a la hora de publicar con un nuevo fandom.

A principios del año pasado descubrí la saga de Trono de Cristal y me gustó mucho. He tardado un poco en terminarla porque...Torre del Alba me pareció un muermo, ale, ya lo he dicho. Sin embargo, la historia de Gavriel y la madre de Aedion es algo que me interesó desde el principio. No hay ningún fic que hable mucho de ello y ninguno en español. Así que me siento muy contenta de ser la primera (y nerviosa, todo hay que decirlo). Ya me callo, lo prometo.

Aclaración: La madre de Aedion no tiene nombre, así que me lo he sacado de la manga. También se supone que es una prima lejana de Evalin y Glaston Ashryver, pero me he tomado una (pequeña licencia), he hecho que la madre de Aedion sea su hermana pequeña.

Disclaimer: aún sigo buscando una forma original y divertida de decir que todo esto es de Sarah J Maas, o como yo la llamo cariñosamente SarahJota.


Capítulo 1


El día que llegó la noticia de que Evalin Ashryver Galathynius estaba embarazada, fue su nuevo día favorito. Lavinia siempre había querido ser tía, mimar y consentir a sus sobrinos. Odiaba el protocolo real, había crecido con miedo a sus familiares y se iba a encargar de no ser como ellos. Ella sería la tía divertida a la que sus sobrinos acudirían en caso de necesitar consejo sobre temas importantes o cómo esquivar el castigo por la trastada de turno.

Lavinia tenía 17 años, 3 menos que su hermana. Y aunque sabía que pronto sus padres buscarían una alianza a través de un matrimonio con ella y a lo mejor los sueños de ser la tía divertida se iban al traste, por el momento fantaseaba con ello día y noche.

Hasta que le llegó la carta de Rhoe, en la que su cuñado le explicaba que la salud de su hermana era muy delicada. El médico le había ordenado reposo absoluto y se temía por la salud del bebé.

Evalin y ella eran medio hadas, por lo que concebir un hijo y que éste naciera no era fácil. Ambas se habían criado sabiendo eso, pero una cosa era saberlo y otra muy diferente era vivirlo.

Le habían prohibido terminantemente visitar a su hermana. No había fiestas, ni prometidos y nada lo suficientemente importante para que sus padres desplegaran toda una corte que la acompañara hasta Terrasen. Pero cuando Lavinia recibió la carta, supo que su hermana mayor la necesitaba.

Fingiendo que las dolencias de su hermana eran mayores y que hasta ella misma corría peligro, Lavinia explicó las razones por las que su presencia era necesaria en Terrasen. Si Evalin moría sin descendencia, su matrimonio no habría servido para nada y la alianza que habían construido se rompería. Por lo que ella estaría ahí para reforzar la alianza.

Se cuidó mucho de decir "Me casaré con el marido de mi hermana si ésta la palma". Era mejor ser sutil y hablar con sinónimos, así nadie podría citar textualmente los horrores que no dejaba de insinuar.

Aun así sus padres no estaban del todo convencidos. Hicieron falta semanas en las que Lavinia no cejó en su empeño. A la vez que mantenía correspondencia con su cuñado, Rhoe se reía cada vez que leía sus cartas y le decía que hasta le sacaba sonrisas a Evalin.

Lavinia estaba segura de que su llegada haría que su hermana estuviera menos preocupada, y por ende que eso no afectaría a su salud. Solo tenía que conseguir convencer a sus padres.

Al final estos cedieron.

Pero no de la forma que Lavinia había esperado. Maeve, la cruel reina de las hadas se había enterado del estado de Evalin y quería mandar a alguien de confianza con unas medicinas que le ayudarían. Con la carta llegó Gavriel, uno de los guerreros más conocidos que tenía. Quien no se iba a volver a casa con un no por respuesta.

Maeve ponía los pelos de punta a Lavinia. Y a Evalin. Pero si con eso conseguía llegar a Terrasen, Lavinia no desperdiciaría la oportunidad. Escribiría a Rhoe alertándole del asunto y dejaría que él se lo contara a Evalin de la forma que él considerara mejor. Por su parte Lavinia aprovecharía las semanas de trayecto para aleccionar al guerrero.

Por mucho guerrero hada juramentado de sangre que fuera, iba para que su hermana se recuperara. Y si le pasaba algo a ella o al bebé por su culpa, a Lavinia poco le importaba que el hombre le sacara más de 100 años. Volcaría toda su ira en él aunque le costara la vida.

Aunque las semanas en barco no fueron lo que ella había imaginado. El guerrero pasaba la mayor parte del tiempo en forma de gato montés, sin hablar con ella o la tripulación. Lavinia intentó de todo para acercarse a él; desde ser amable, entablando una conversación trivial sobre el tiempo o las costumbres de la tierra a la que viajaban, hasta amenazas de tirarle por la borda, pasando por sabotearle. Como por ejemplo la vez aquella en la que le quitó de las manos la comida al sirviente que se la llevaba todas las noches, justo cuando éste iba a entrar en la habitación de Gavriel. Lavinia sabía que él la podía escuchar, de modo que no se molestó en ser silenciosa, y le esperó en su camarote. Pero el guerrero no se presentó.

La noche antes de desembarcar, sin embargo, Lavinia se decantó por una estrategia directa y sincera.

Empezó llamando con los nudillos a su puerta. Y solo cuando escuchó un rugido (y puso los ojos en blanco al escucharlo), cogió el pomo, abrió la puerta y entró en el camarote.

No era tan grande como el suyo, pero era cómodo. Claro que en su forma de gato montés, seguro que el guerrero estaba más cómodo, ya que tenía más espacio.

–Tengo que hablar con vos– dijo mirándole a los ojos.

El gato montés de devolvió la mirada.

–Deseo que esto sea una conversación, por lo que sería mucho más fácil si ambos hablásemos el mismo idioma. No estoy de todo segura de haber dominado el idioma de los gruñidos.

El gato montés hizo un sonido, como de un bufido. Hubo un estallido de luz y cuando pasó tenía delante al guerrero que no había visto desde que se presentó en la corte.

Era alto, rubio y estaba armado hasta los dientes. También era guapo, como lo eran muchos guerreros hada, y Lavinia había aprendido a no dejarse llevar por la belleza de un hombre. Menos si ese hombre le triplicaba la edad, como mínimo.

–Mi hermana le tiene miedo a Maeve. No voy a entrar en los detalles, pero es un hecho que tanto a ella como a mí, vuestra reina nos desagrada.

Gavriel gruñó, pero Lavinia levantó la mano pidiendo silencio.

–No vengo a discutir. Solo os estoy señalando un hecho. Mi hermana se encuentra mal de salud, no tan mal como he estado haciendo ver estas semanas, pero los sobresaltos no son buenos para ella. Y vuestra llegada la pondrá nerviosa. No sé si Rhoe se lo habrá contado o espera a que lo haga yo cuando llegue. Pero sí que os voy a pedir una cosa.

Se despegó de la seguridad de la puerta y se acercó unos pasos. Gavriel era bastante más alto que ella, por lo que tuvo que levantar la mirada para mirarle a los ojos. No titubeó en ningún momento.

–No alteréis la salud de Evalin. Si no quiere veros, no la visitéis. Si queréis saber cómo está para reportarle a vuestra reina, yo os lo contaré. Pero no quiero que vuestra presencia la perjudique.

Gavriel no dijo nada. Lavinia cogió aire, se había preparado para escenarios mucho peores. Pero aun así, decidió tentar a su suerte un poco más.

–Necesito que me lo prometáis, por vuestro honor, no perturbaréis la paz de mi hermana. De lo contrario yo misma escribiré a Maeve y le contaré lo que habéis hecho. Imagino que no le gustará saber que ha perdido…lo que sea que busca de nuestros descendientes por vuestra culpa.

–Las amenazas no son necesarias, alteza.

–Sigo necesitando vuestra promesa.

–Os prometo que vuestra hermana no sufrirá daño alguno por mis palabras, acciones o presencia.

Lavinia soltó el aire que no sabía muy bien cuándo había empezado a contener.

–Gracias.

Se dio la vuelta y se marchó del camarote sin mirar. Nada más salir, corrió a su propio camarote para procesar lo que acababa de vivir. Se había atrevido a amenazar a alguien como Gavriel. Su corazón iba demasiado deprisa para su gusto y temblaba como un flan. Esperaba que en cualquier momento se presentara él en su camarote para decirle cuatro cosas a la cría de 17 años que se habría atrevido a amenazarle.

Pero no sucedió.

Con el paso de los minutos Lavinia se relajó. Con eso y mirándose al espejo y repitiéndose que lo había conseguido y que no había nada de lo que preocuparse, que no la iban a encontrar al día siguiente descuartizada en su cama. Se relajó tanto, que olvidó que las hadas tenían un sentido del oído mucho más desarrollado que el humano, y que el guerrero hada podía escuchar perfectamente todo el diálogo que se estaba repitiendo delante del espejo.

Pero no hizo nada, simplemente volvió a su forma de gato montés y se tumbó en la cama, cerrando los ojos y escuchando cómo la "cría de 17 años que le había amenazado" de forma tan segura hacía unos minutos, estaba muerta de miedo intentando recuperarse de sus palabras.


Pues hasta aquí el primer capítulo. Lo bueno es que como soy un año más vieja, soy más sabia y he aprendido. Lo que se traduce en que ya tengo todos los capítulos escritos (bueno, casi todos) y los iré publicando semanalmente.

Recordad que un fanfic con reviews es un fanfic feliz :3 Me ayudaría mucho que me dierais vuestra opinión. ¡Nos leemos en el siguiente capítulo!