N/A: Segundo capítulo. Y diréis "¿Ya? ¿Tan pronto? ¿Quién eres tu y qué has hecho con Miky?" Bueno pues lo cierto es que no sé muy bien qué me ha pasado. Nah, realidad sí. El otro día hablaba con Diana y me dijo que quería saber la continuación después de leer el primer capítulo. Y teniéndolo todo escrito (salvo una escena, pero es el capítulo 6), me parece absurdo estar subiendo un capítulo a la semana. Así que serán dos.

Disclaimer: aún sigo buscando una forma divertida y original de decir que todo esto es de Sarahjota.


Capítulo 2


El camino a caballo hasta Terrasen fue tedioso, cansado y aburrido. Tras una semana, Lavinia tenía tantas agujetas que no sabía de qué manera sentarse. Sin embargo rechazó todas y cada una de las veces en las que le propusieron ir en carreta.

La carreta les retrasaría más, y por mucho que sus damas de compañía le fueran a hacer vudú cuando llegaran, Lavinia no dejó que nada ni nadie les retrasara.

Gavriel había pasado la mayor parte del trayecto en su forma de gato montés, manteniendo el ritmo de forma impecable. Sin embargo, los últimos dos días había ido montado a caballo. No quedaba mucho para llegar y a Lavinia se le pasó por la cabeza que el hada estaba manteniendo su promesa de no alterar a su hermana. Si iba montando a caballo, nadie reportaría que Lavinia viajaba junto a un gato montés.

Una pequeña comitiva les esperaba unos kilómetros antes de llegar a la ciudad. Rhoe y sus hombres. Cuando Lavinia les vio, se olvidó del dolor y las incomodidades y espoleó a su caballo para llegar antes a su encuentro.

–¿Cómo está?–fue lo primero que preguntó.

–Está bien. Hoy incluso le han permitido levantarse, tu llegada le ilusiona. Yo también estoy bien, gracias por preguntar. No nos vemos desde mi boda y las últimas cartas han sido un tanto tétricas y lúgubres…

–Lo siento Rhoe.

El hombre le restó importancia con un gesto. Luego se acercó al Capitán de la guardia de Lavinia, que estaba bastante descontento con la muchacha, y le dio la bienvenida a Terrasen. También saludó a Gavriel, ambos hombres se miraron durante un corto intervalo de tiempo, hasta que Rhoe llevó a su caballo a la altura del de Lavinia.

Se pusieron en marcha de nuevo. Cuando llevaban poco más de una hora, Lavinia vio el castillo que hacía tanto que no veía. El mercado estaba en su apogeo y las gentes salían a saludar y ofrecerles comida.

Gavriel se había puesto una capucha para esconder sus orejas. No porque se avergonzara o pretendiera pasar desapercibido, sino porque no quería tener que lidiar con miradas indiscretas. Como las del príncipe Rhoe.

Rhoe esperó a estar en medio del bullicio del mercado para hablar con ella, con la esperanza de que el barullo del mercado amortiguara su conversación. Pero aun así Gavriel no tuvo muchos problemas para escucharla.

–Confiesa, ¿qué le has dicho?

–¿A quién?

–A cierto guerrero hada que no te quitaba la mirada de encima cuando me he presentado.

–No sé de qué me hablas.

–No seas así, Lav. Venga, cuéntamelo.

–No te lo voy a decir.

–Ajá, así que algo hay–Lavinia maldijo por lo bajo.–Vamos, Lav, solo quiero saber si he ganado o no la apuesta.

–¿Qué apuesta?

–Evalin está mal y viene un guerrero hada de Maeve contigo cuando tú no la soportas y no quieres que le pase nada a tu hermana. ¿De verdad crees que no apostaríamos sobre si le decías algo cuando tuvieras la oportunidad?

–¿Evalin sabe que viene?–Rhoe asintió con la cabeza.–¿Y cómo se lo tomó?

–Te estoy diciendo que hicimos una apuesta al respecto. Para quitarle hierro al asunto, sí, pero una apuesta al fin y al cabo. Y me gustaría saber si le debo dinero a mi esposa, o ella me lo debe a mí.

–Está bien, está bien. Intenté hablar con él varias veces, pero es un sieso. Así que el día antes de desembarcar fui a su camarote y…le dije que como Evalin se pusiera mal por su culpa, yo misma escribiría a Maeve para decirle que era un incompetente en su trabajo.

–¿En serio? ¿Le llamaste incompetente? ¿A Gavriel?

–Puede que incompetente no fuera la palabra. Pero que le amenacé con escribir a Maeve sí.

Rhoe lanzó una carcajada al aire.

–¡Esta es mi cuñada!

–¿Qué apostasteis?

–Evalin dijo que le acorralarías y le pondrías los puntos sobre las ies. Yo que le volverías loco antes de desembarcar y le amenazarías de forma directa.

–¿Entonces quién ha ganado?

–Diría que Evalin, por el acorralamiento. Pero yo sabía que no te limitarías a decirle cuatro cosas…

Gavriel ocultó una sonrisa.

Poco había oído sobre Lavinia Ashryver. Sabía que era una princesa, bella y algo rebelde. Un poco alocada que traía a sus damas de compañía de cabeza. Sin embargo, Gavriel empezaba a sospechar que eso era una mera fachada. Que la verdadera Lavinia se parecía más a la mujer que le había acorralado en su camarote y le había amenazado sin pestañear.

Si bien se había muerto de miedo, había conseguido superarlo por una causa que ella creía justa. Puede que, sin la presencia de sus padres y con un cuñado que la apoyaba en todas sus locuras, Gavriel consiguiera saber más acerca de la princesa.

Maeve estaría interesada en esa clase de reporte, se dijo.


–Este.

–Por encima de mi cadáver–dijo Evalin.

Lavinia guardó el vestido en el armario. Y sacó otro, uno verde y largo, con bordados en oro. Las mangas eran largas también, aún no había llegado el invierno, pero las noches empezaban a ser frías, por lo que no importaba demasiado.

–Te vas a achicharrar con eso puesto.

–¡Así no vamos a terminar nunca Evalin! ¿De qué sirve que me digas que me dejas uno de tus vestidos si a todos les pones pegas?

–Pero es que no puedes llevar esa clase de vestido esta noche Lavinia.

–¿Porqué? Tu misma has dicho que mi llegada os ha dado la excusa para hacer un baile, pero que no es gran cosa. Sinceramente, preferiría quedarme aquí contigo. Pero si mamá se entera de que no he ido…

–…te despellejará viva. Lo sé, y por eso tienes que ir. Pero eres mi hermana, representas a nuestra familia y no puedes ir con cualquier cosa.

–Eres la futura reina de Terrasen, en tu armario no tienes precisamente "cualquier cosa". Tienes ropas de reina. Así que dime, ¿Por qué no puedo ponerme el verde?

Evalin se dejó caer en la cama con cuidado. Normalmente se habría tirado de forma teatral, pero por el embarazo debía tener cuidado.

Llamaron a la puerta. Las dos hermanas miraron a la vez, Rhoe abrió la puerta y entró, vestido ya para la fiesta.

–¿Aún no te has decidido? ¡Venía a escoltarte!

Lavinia y Evalin se miraron. Lavinia con superioridad, Evalin preguntado en silencio si se atrevería. Lavinia cogió el vestido verde y desapareció por una de las puertas. Regresó al cabo de quince minutos exactos. El vestido verde le quedaba como un guante, el pelo se lo habría recogido en un complicado moño que en realidad era sencillo de hacer, pero le despejaba la cara y hacía que sus ojos azules resaltaran.

Cuando llegó frente a la cama de su hermana dio una vuelta sobre sí misma.

–A mí me gusta.

Evalin amonestó a su esposo con la mirada.

–Pero yo no sé nada de vestidos. Así que me despediré de mi esposa, le tenderé a mi cuñada el brazo y partiré a la fiesta. Vendré cada hora a visitarte.

Rhoe le dio un beso en la frente a su esposa y le tendió el brazo a Lavinia. Evalin les despidió con la mano y se tumbó de nuevo en la cama. Era tan aburrido estar ahí tirada cuando había un baile.

Lavinia y ella no habían tenido tiempo para ponerse al día, pero habían hablado de varias cosas. Sobre todo de cierto guerrero hada que estaba en el castillo por orden de Maeve. Cuando Rhoe se lo contó, Evalin empezó a temblar tanto que se le cayó el vaso de agua. Rhoe la consoló con palabras de cariño hasta que se calmó lo suficiente como para que pudieran tener una conversación decente.

–Si no quieres que entre, le prohibiré la entrada en el momento en que pise tierra.

–Rhoe, no es un guerrero cualquiera al que puedas dar órdenes. Es uno de los hombres de Maeve, si quiere entrar en el castillo, lo hará tanto si se lo impides como si no. Lo mejor será esperar y ver qué hace. Tal vez la medicina que traiga me sirva.

–Antes haré que los médicos la examinen. Quiero saber qué lleva exactamente eso tan milagroso que trae.

Evalin rio y poco después apostaron sobre él y Lavinia. No había visto a nadie de su antigua corte, solo a Lavinia. Le dijo que muchas de sus antiguas damas le mandaban recuerdos y rezaban por ella, pero las de Lavinia no hacían más que quejarse y les había ordenado reposar. También le contó que había perdido parte de la apuesta y que Gavriel había prometido no aparecer ante ella a menos que ella lo deseara. Y que Lavinia haría de intermediaria.

La pequeña Lavinia, que no pesaba mucho y al quien el guerrero hada sacaba varios palmos limpios, se había atrevido a plantarle cara. Por ella. Pero Evalin era la mayor, y era capaz de librar sus batallas sola.

Lo que se le pasó por la cabeza fue una estupidez, se dijo que no iba a funcionar, pero aun así lo intentó. Cogió aire y, sin alzar demasiado la voz, dijo:

–Gavriel, soy Evalin, me gustaría hablar con vos.

La fiesta acababa de empezar. La música sonaba desde hacía un rato, pero Evalin seguía con la corazonada que el guerrero hada no andaba muy lejos. Y en efecto, al cabo de unos minutos escuchó unos pasos, por la ventana entró un gato montés, grande. Un fogonazo de luz y el gato montés se convirtió en uno de los guerreros hada más conocidos.

Conocido por su fiereza en la batalla, pero también por guiarse por un código de honor que nadie era capaz de poner en duda. Le intimidaba, lo admitía, pero no le daba miedo. No como Maeve.

–Algo me decía que habrías conseguido burlar las exigencias de mi hermana–dijo con una sonrisa.

Hizo un amago por levantarse, pero Gavriel llegó a su lado en seguida.

–Será mejor que reposéis.

Evalin asintió con la cabeza y se apoyó en el cabecero para estar más cómoda.

–¿Y bien? ¿Cuál ha sido la laguna?

Gavriel sonrió.

–Vuestra hermana me dijo que no me presentara ante vos sin su consentimiento. Pero no dijo nada de que velara por vos sin que lo supierais.

–¿Eso es lo que estabais haciendo? ¿Velar por mí?

–Puedo prometeros que no sufriréis daño alguno por mi parte.

–No es a vos a quien temo.

Gavriel asintió. Mucha gente cuando admitía que tenía miedo de algo, lo hacía entre temblores y con lágrimas en los ojos. Más aún si la persona en cuestión era alguien intimidante como lo era el propio Gavriel. Sin embargo, Evalin Ashryver estaba serena y tranquila. Y Gavriel no pudo sino admirarla por ello.

–La Reina Maeve os manda unos brebajes para vuestra pronta recuperación. Sin embargo, tal y como le prometí a vuestra hermana, no os proporcionaré nada sin vuestro consentimiento. Y sin que ella haga de intermediaria.

Evalin sonrió, agradecida por la salida que le facilitaba el guerrero.

–Os agradezco el que no la hayáis tirado por la borda como pensaba mi esposo.

–No le haría eso a alguien que protege a los suyos.

–¿Cuánto tiempo estaréis aquí?

–Hasta que os hayáis recuperado o hasta que mi reina me solicite.

Evalin asintió con la cabeza. Iba a ser una larga temporada entonces.

–Os agradezco las molestias de venir hasta aquí. Imagino que no habría muchos voluntarios, no imagino a Rowan o Lorcan viajando con mi hermana.

Gavriel sonrió. Era cierto que ninguno se había ofrecido voluntario, pero a Gavriel no le había importado la misión. Las cosas estaban tranquilas en Dornaelle y un viaje a conocer la tierra de los humanos no le importaba. Se lo tomó como unas vacaciones.

–No os preocupéis por mi bienestar alteza. Seguro que tenéis cosas más importantes en las que pensar.

Desvió su mirada a su barriga hinchada.

–Tonterías. Estoy todo el día en la cama tumbada y aburrida. La imaginación es lo que ha conseguido que no me vuelva loca entre estas cuatro paredes. Además, sois nuestro invitado, si vais a estar aquí un tiempo quiero que estéis lo más cómodo posible.

–Os lo agradezco.

–Deberíais ir al baile. Seguro que nuestras costumbres os resultan interesantes, yo he aprendido mucho desde que vine aquí. Terrasen en un buen lugar y cada día aprendo cosas nuevas.

Evalin no le estaba echando y Gavriel no se lo tomó como tal. Criada en las buenas maneras y como futura reina, era lógico que Evalin se sintiera en la obligación de hacer que sus invitados se sintieran bienvenidos. Así que decidió seguir su consejo y presentarse en el baile. Durante unos breves instantes, solo para observar. Luego iría a pasear por los jardines o a conocer el terreno, puede que incluso a cazar.

–Descansad.

Evalin le sonrió en respuesta. Gavriel salió por donde había venido, sin molestarse en cambiar de forma. Luego siguió el sonido de la música.


¿Y bien? ¿Lechugas? ¿Tomates? ¡Nada de lanzar espadas de acero valyrio que eso es de otro fandom! Me puedo comprometer a subir 3 capítulos a la semana si hacéis como Diana y me dais vuestra opinión. En forma de review, señal de humo, robando una lechuza de Hogwarts...