N/A: Segundo martes, tercer día de publicación y tercer capítulo subido. De momento las cosas van bien. ¡Espero que lo disfrutéis!

Disclaimer: Aún sigo buscando una forma original y divertida de decir que todo esto es de Sarahjota.


Capítulo 3


Lavinia solo se mordía las uñas cuando estaba realmente nerviosa. Y en esos momentos estaba al borde de la histeria.

Evalin había estado muy rara con el tema de los vestidos, no le dio mayor importancia ya que cuando vivían juntas siempre peleaban por la ropa de la otra y pensó que lo de hoy había sido una variante más suave de aquellas veces.

Pero se equivocaba. Justo antes de llegar al salón de baile, Rhoe se aclaró la garganta y dijo abruptamente:

–Hay algunas personas que tus padres quieren que conozcas. Puede que alguno de ellos acabe siendo tu prometido.

–¿Qué?

Y justo en ese momento las puertas se abrieron, la música y el olor a buena comida y bebida llenó sus sentidos. La noticia la había dejado estupefacta, ¡ahora todo tenía sentido! Por suerte, Rhoe estaba cerca para conducirla por el salón e ir presentándole a gente.

Algunos eran de su edad, otros mayores y otros más jóvenes. Algunos eran hombres, otros mujeres. Lavinia prestó atención, saludó y sonrió. Aceptaba bebidas cuando se las ofrecían y declinaba algunas comidas que no le gustaban. Todo con la elegancia y las formas que su madre le había inculcado desde pequeña. Y en todo momento del brazo de Rhoe. Brazo que se estaba encargando ella de apretar, clavándole las uñas a conciencia, para que aprendiera a no decirle semejantes cosas en un momento tan inoportuno.

Después de los saludos y los bailes de rigor. Lavinia por fin se vio libre para alejarse un poco del tumulto. Las puertas que daban al jardín estaba abiertas, por ellas entraba una corriente refrescante que Lavinia agradeció. Maldita Evalin, tenía razón con lo del vestido. ¡Se estaba muriendo de calor!

Pero no podía desaparecer de la fiesta así como así. Rhoe se enfadaría, aunque…ya había pasado otra hora y Rhoe, fiel a su promesa, había vuelto a salir para ver a Evalin. De modo que no tenía a nadie que la vigilara como un halcón por la sala.

Lentamente, sin despegar la espalda de la pared, Lavinia se fue deslizando hacia la puerta más cercana. Cuando llegó no se lo pensó dos veces antes de salir y respirar aire fresco.

Los jardines estaban iluminados y la música se oía perfectamente. No pretendía estar más tiempo del necesario. Solo quería recuperar fuerzas, bailar un poco más y tal vez, con suerte, en una hora podría marcharse y hablar con su hermana, si no estaba dormida. De lo contrario se iría a la cama y dormiría a pierna suelta toda la noche.

Al fin y al cabo, había llegado esa misma mañana después de dos semanas en alta mar y otras dos montando a caballo. ¡Necesitaba descansar!

–¿Cómo es que estáis aquí tan sola?–preguntó una voz desde las sombras.

Lavinia se giró, asustada. De las sombras salió un hombre alto, mayor y trajeado con un conjunto horrible. Lord Vernon Lochan.

–Lord Vernon, me habéis asustado. ¿Qué hacíais en las sombras?

Escuchó los sonidos de unos pasos, y vio como una criada salía corriendo, desnuda y con la ropa en los brazos. Lavinia miró a lord Vernon con amonestación.

–¿Reprocháis el que satisfaga mis necesidades?

–Reprocho que lo hagáis en la oscuridad del jardín, cuando al lado hay una fiesta. Si tan necesitado estáis, deberíais buscaros una esposa.

–Es una excelente idea.

Lord Vernon se acercó y puso su gran mano sobre el hombro de Lavinia. Luego bajó lentamente la mano hasta llegar a su muñeca y con una gracia que Lavinia no sabía de dónde había sacado, le cogió la mano y la besó. Lavinia se aguantó las ganas de vomitar.

–Los rumores dicen que buscáis esposo.

–Soy mujer en edad casadera. Y soy de la realeza. Claro que busco esposo, pero no puede ser cualquiera. Tiene que ser de una moral intachable.

Lavinia liberó su mano de la de Lord Vernon.

–¿Y yo no lo soy?

–Tenéis un título señor. Pero el título por sí solo no vale, si de verdad queréis tener la mínima oportunidad de desposaros conmigo. Deberéis demostrarlo.

–¿Qué tengo que demostrarte niña?

–A mí no. Pero a mi hermana, vuestra futura reina, sí. Poco conseguiréis si ella no está satisfecha.

–Tal vez podamos llegar a un acuerdo. Los matrimonios de conveniencia suelen ser poco convenientes para la pareja en sí. El hombre busca placer en otra parte, ¿por qué no habría de hacer la mujer lo mismo? Y os confieso que una mujer experimentada, nunca sería abandonada en el lecho por su esposo.

–Os agradezco la oferta, milord. Pero aún no sé quién será mi esposo, tal vez tenga suerte y sea como el matrimonio de mi hermana. El tiempo lo dirá.

–¿Y mientras qué haréis? Aquí el invierno es muy frío.

Lavinia se enderezó. Si había podido amenazar a uno de los guerreros de Maeve, un lord de pacotilla medio salido y con ganas de acostarse con ella, no debería ser para tanto. En teoría.

–Milord, creo que no os ha quedado clara mi postura. No tenéis nada que ofrecerme y no estoy interesada. Si tanto necesitáis satisfacer vuestras necesidades, id a buscar una esposa en otra parte.

Con lo que Lavinia no había contado es que Lord Vernon carecía del sentido del honor (y la decencia) que poseía Gavriel. Por lo que cuando el hombre frunció el ceño, Lavinia supo que tenía que correr de vuelta a la fiesta. Ya.

Pero lord Vernon fue más rápido.

–Eres una niña consentida y mimada. Deberías tener respeto por tus mayores.

–El respeto va en ambos sentidos.

No supo de donde salieron esas palabras, ni el escozor de la bofetada que vino después y que la tiró al suelo. Lord Vernon se acercó a ella, Lavinia era práctica y sabía que tenía que morderse la lengua antes de decir algo que enfureciera aún más al lord de pacotilla. Necesitaba algo que le sorprendiera para poder escapar, ¿pero qué?

No podía gritar pidiendo ayuda, sería todo un escándalo. Y si el incidente llegaba a oídos de su padre, habría consecuencias. Una ofensa como esa no la perdonaría fácilmente. Y el matrimonio de Evalin y Rhoe no estaba del todo consolidado como para que las cosas no fueran a peor. No. Fuera lo que fuera, tenía que pensar en algo y tenía que resolverlo ella por sus propios medios.

Supo que Vernon había llegado cuando las botas hicieron saltar la gravilla del suelo.

¡La gravilla!

Lavinia cogió un puñado de las pequeñas piedras que había por el suelo y se las lanzó a la cara a Vernon. No tenía muy buena puntería, pero había conseguido coger las suficientes como para que algunas acertaran. Cuando Vernon cerró los ojos, Lavinia aprovechó para ponerle la zancadilla y hacer que cayera al suelo.

Cuando lo hizo, Lavinia no perdió tiempo y salió corriendo.

No hacia el baile, tenía tan mal aspecto que se sabría enseguida lo que habría pasado, sino que dio un rodeo para entrar por una de las puertas que daban al pasillo. Iría a su cuarto a refrescarse y mandaría a una de sus damas a decir que estaba muy cansada.

Con el plan el mente, Lavinia aceleró el paso. También porque había escuchado maldecir a Vernon y no estaba segura de sí la seguiría o no. Y no estaba dispuesta a quedarse para averiguarlo.

Cuando llegó a la esquina rebotó contra algo que la tiró al suelo de culo.

–¿Estáis bien?–preguntó una voz.

Lavinia tardó en reconocerla, habían hablado tan poco que en un principio no supo quién era. Pero cuando levantó y vio como Gavriel le tendía la mano, Lavinia se relajó. Aceptó la mano y él la ayudó a levantarse.

Gavriel había hecho acto de presencia en la fiesta. Había comido, bebido y hablado con las pocas personas que se habían atrevido a dirigirle la palabra. Y en menos de media hora, había salido a pasear por los jardines.

Estaba volviendo sobre sus pasos para ir a la habitación que le habían designado cuando escuchó unos gritos y unos pasos apresurados. Cuando se giró para saber el origen de esos sonidos, Lavinia chocó contra él y cayó al suelo.

La muchacha se relajó visiblemente al reconocerle y le apretó la mano inconscientemente cuando la ayudó a levantarse.

A Gavriel le bastó con un simple vistazo para saber que no estaba bien. La mejilla se le estaba hinchando por un golpe, y el peinado que tenía tan elegantemente recogido y que no se había deshecho a pesar de las muchas veces que había bailado, estaba medio suelto.

Unos pasos más fuertes le hicieron volverse y Lavinia se tensó en el acto.

A Gavriel le bastó con eso.

Una mirada amenazante suya y el hombre estaría haciéndose pis en los pantalones. Pero no fue así, el hombre, lejos de asustarse, sonrió.

–Vaya, vaya. Así que la princesa no cree que yo sea bueno para ella y corre a los brazos del primer guerrero hada que se le presenta.

Lavinia le soltó la mano en el acto. Gavriel se adelantó unos pasos.

–¿Qué vais a hacerme?

Enseñarte modales para empezar, se dijo Gavriel. No sabía por qué el hombre estaba tan contento, pero no podía ser nada bueno.

–Los tres aquí juntitos en mitad de la noche. La princesa Lavinia con la mejilla roja y el peinado deshecho. ¡Qué desgraciado incidente!

Gavriel no entendía nada. Pero antes de que pudiera reaccionar, Lavinia le tocó el hombro y se puso delante.

–Será mejor que os vayáis por donde habéis venido, señor. No quería muy bien para vuestra reputación que la gente supiera lo que ha pasado ahí detrás.

–¿Y qué ha pasado si puede saberse princesa?

–Os he tirado al suelo en dos movimientos, sin despeinarme. Eso lo habéis hecho vos con la bofetada. ¿Seguro que queréis que la noticia salga a la luz?

Vernon se colocó las solapas de la chaqueta y se dio media vuelta.

Solo cuando dejaron de escucharse sus pasos, Gavriel se giró hacia Lavinia. Ahora que estaban solos no disimuló los temblores y las lágrimas no tardaron en aparecer. Por cómo Lavinia se estaba esforzando en que él no las notara, supo que eran lágrimas de rabia. Gavriel miró a ambos lados, cuando se cercioró que estaban solos, la cogió de los hombros y la condujo al interior del castillo.

Caminaron sorteando a sirvientes e invitados a partes iguales, y Gavriel la condujo hasta su propia habitación.

La sentó en la mesa que había en su escritorio y llenó un vaso con alcohol.

–Bebe.

Lavinia obedeció sin pensarlo. Y se atragantó con la bebida.

–Está asqueroso. ¿No tienes otra cosa?

–Calmará tus nervios. Déjame ver la mejilla.

Lavinia giró la cara hacia la derecha, dejando su roja mejilla visible.

–Se está hinchando.

–¿Tienes hielo?–preguntó la chica.

Gavriel abrió la ventana y cogió un cubo. El agua no estaba helada, pero sí fría. Metió un paño y lo escurrió antes de ponerlo por encima de la mejilla.

Lavinia hizo un gesto de dolor y algunas mejillas rebeldes se le escaparon.

–Ya ha pasado.

–Lo sé. Es solo que…me da rabia. No haber podido hacer nada más. Me hubiera gustado poder hacer algo más.

–Ya le has dado una buena paliza verbal. Quédate con eso.

–Para ti es fácil. Das miedo con solo mirarte, si yo fuera tan intimidatoria, ni se me habría acercado, ni me hubiera hecho esas insinuaciones.

Gavriel levantó las cejas en una muda pregunta. Y Lavinia se lo contó.

–Le voy a…

–No vas a hacer nada–le interrumpió la chica, poniéndose de pie.–Si esto se hace público, mi padre pedirá compensaciones. Vernon Lochan no es muy querido, pero tiene influencias, y el matrimonio de mi hermana y Rhoe no pasa por su mejor momento. Se han desatado guerras por afrentas menores.

–¿No crees que exageras un poco?

–Prefiero no arriesgarme.

Gavriel asintió con la cabeza.

–Sino, te habría dejado patearle, morderle o lo que sea que hagas para asustar a alguien. Y lo habría disfrutado.

Gavriel sonrió. Se dio cuenta de que llevaban tuteándose un rato, y que les había salido de forma tan natural, que no le importó. Y por las miradas de Lavinia, ella también se había dado cuenta.

–Gracias.

–No he hecho nada.

–Estabas ahí. Eso me ha dado fuerzas para amenazarle.

–A mí también me amenazaste y no necesitaste que nadie te diera fuerzas.

–Estuve practicando horas delante de espejo. Quería tener la cara lo más seria posible. Y después me estuve diciendo que no vendrías a descuartizarme por hablarte de esa manera.

–Lo sé. Lo escuché.

Los ojos de Lavinia se agrandaron y un sonrojo no tardó en hacer aparición en su rostro.

–Pero…pero…pero…si mi camarote estaba en la otra punta del barco.

–Tengo buen oído.

Lavinia se llevó las manos a la cara. No paraba de murmurar «¡Qué horror! ¡Qué vergüenza!»

–Lo hecho, hecho está. Al final no te descuarticé, ¿no?

Lavinia separó un par de dedos para poder ver algo entre ellos. Negó con la cabeza.

–¿Cuál es tu alcance de oído?

–Nunca lo he medido, pero ya que preguntas, también escuché tu conversación con el príncipe Rhoe en el mercado.

Lavinia volvió a esconder la cara entre las manos. Repasando mentalmente qué había dicho sobre el guerrero hada y si recordara que él estuviera por los alrededores para escuchar. Aunque descartó esa idea al instante, ya que el guerrero hada podía estar perfectamente sin ella notarlo.

Cuando bajó las manos, dicho guerrero la miraba. No de malas maneras, ni con burla. La estudiaba. No habían tenido un muy buen comienzo. Lavinia le había colgado la etiqueta de "siervo de Maeve" sin pensárselo dos veces. Aunque sabía que se regía por un código de honor por el que otros guerreros, como Lorcan, no lo hacían. Tampoco se había molestado en intentar descubrir al verdadero Gavriel. Al hombre (o hada) que había detrás de la fachada de guerrero letal.

Así que le tendió la mano.

–Me llamo Lavinia.

Gavriel miró la mano y luego a ella. Seguramente pensaba que era una cría y que los humanos eran raros. Pero le estrechó las manos de todas maneras.

–Gavriel.


¿Y bien? ¿Lechugas? ¿Tomates? ¿Os esperabais la llegada de Vernon? Que a gusto me he quedado haciendo que Lavinia le tirara al suelo (¬u¬).

¿Y la historia de Gavriel y Lavinia? ¿Alguna teoría de lo que va a pasar en el próximo capítulo? Ya os digo yo que NO LO ADIVINÁIS. Pero bueno, solo tenéis que aguantar tres días. Y si alguien lo adivina, subo un capítulo extra el domingo e.e