N/A: Nuevo capítulo en el horizonte. Bueno, horizonte, horizonte, lo que se dice horizonte no mucho porque está aquí JAJAJA. El caso, es viernes y hay capítulo. No tengo más que añadir.

Disclaimer: Aún sigo buscando una forma original y divertida de decir que todo esto es de Sarahjota.


Capítulo 4


Las siguientes semanas pasaron a toda velocidad para Lavinia.

No porque lo pasara bien, sino porque no paraba quieta. Se levantaba pronto por la mañana e iba a la cocina a preparar un desayuno horroroso para compartir con su hermana y a veces con su cuñado.

La primera vez que lo hizo, Rhoe hizo caso omiso de las señales de su esposa y le pegó un gran bocado a un cuenco de lo que parecían frutas y cereales. Solo cuando se metió la cuchara en la boca, descubrió que también había manteca, chocolate, golosinas y miel. Tuvo la decencia de ir al baño a vomitarlo, desde entonces, Rhoe inventaba toda clase de excusas para no estar presente cuando Lavinia llegaba con el desayuno.

Evalin reía y comía lo que podía, el médico la tenía con una dieta muy estricta, de modo que era la propia Lavinia quien se comía sus comidas creativas. El resto del día lo pasaba con Evalin, iba a la biblioteca a por libros y le leía en voz alta. Practicaba cómo andar como una dama con un libro en la cabeza, le contaba los últimos chismes conocidos en casa, y alguno que otro que había descubierto en su corte.

También la dejaba descansar. Y eran esos momentos en los que Lavinia pasaba tiempo con Rhoe. Le animaba, le pedía que le enseñara a montar a caballo a horcajadas, a disparar flechas (algo que Rhoe hizo una vez y no más, ya que Lavinia tenía una puntería horrorosa). También se ponía muy, pero que muy pesada. Le daba la tabarra con los temas más absurdos que podía encontrar.

Las tardes las pasaba con Evalin de nuevo, esta vez bordando o consiguiendo que algún bardo fuera a la habitación de su hermana y las entretuviera con música e historia de grandes guerreros o tradiciones de Terrasen.

Por las noches cenaba con Rhoe y su tío, el rey Orlon, y algunos miembros de su corte, o bien con Evalin, dependiendo de lo cansada que estuviera su hermana.

Cuando llegaba la hora de dormir tanto Rhoe como Evalin dormían como troncos. La energía de Lavinia les dejaba exhaustos. Pero de esa forma, ninguno de los dos se preocupaba por el bebé. No tenían tiempo para ello, de hecho ni la propia Lavinia se preocupaba, tan ocupada que estaba todo el día en idear planes para llenarles las horas de cosas tanto a Rhoe como Evalin.

El rey Orlon se había dado cuenta de ello y en muchas comidas que compartía con la muchacha, le daba conversación e incluso le ayudaba con algunas ideas para que la joven pareja no pensara en el futuro que se les presentaba.

Porque el futuro era muy negro. Evalin había recuperado algo de peso y tenía mejor cara, pero no había manera de que se le fueran esas ojeras. Y Rhoe iba camino de parecer un oso panda de lo pálido que estaba y lo marcadas que tenía las ojeras. Aun así los médicos no parecían muy satisfechos en cuanto a la salud del bebé.

Por si pasaba lo peor, Lavinia ya estaba trazando algunos planes para animar a su hermana. Aunque no tenía del todo claro cómo se anima a una madre que pierde a su bebé sin si quiera haber nacido.

Cuando llegó a su habitación el fuego estaba encendido, el frío se estaba instalando poco a poco y agradeció el calor. Los ojos se le cerraban, pero aún tenía cosas que hacer, se sentó a los pies de la cama y cerró los ojos unos segundos.

Si cerraba los ojos a lo mejor el cansancio se le iba un poco.

Cuando se sobresaltó por unos suaves golpes en la puerta, se dio cuenta de que se había dormido. No debía de haber pasado mucho tiempo, ya que el cielo aún tenía unos tonos anaranjados.

–Adelante.

La puerta se abrió y Gavriel entró.

Ese día tenía su reunión semanal con Gavriel para informarle de los avances de su hermana. Hacía un par de días que había aceptado probar el brebaje de Maeve.

–Hola.

–Tienes una pinta espantosa–dijo el guerrero hada sin delicadeza alguna.

–Estoy bien, un poco cansada. Pero nada de lo que preocuparse.

–No olvides descansar tú también. Te estás volcando mucho en el cuidado de tu hermana, pero no debes olvidarte de cuidarte un poco.

–Con suerte lo que sea que trajiste funcionará. Y pronto podremos dormir con tranquilidad, antes de que estas paredes se llenen de gritos de bebés.

Gavriel sonrió.

Estaba claro lo mucho que Lavinia deseaba ser tía. La había escuchado discutir con su hermana y su cuñado por separado de los pocos límites que ella pondría a su sobrino o sobrina. Se encargaría de malcriarle y hacer lo contario de lo que ellos le pidieran.

–¿No hay mejoría?

Lavinia negó con la cabeza.

Gavriel no dijo nada. Desde aquella primera noche en la que Evalin le llamó, no había tenido muchas esperanzas de que la situación fuera a mejorar. Había visto al príncipe muerto de miedo, ocultándolo a la vista de todos y tragándose su dolor. Había visto los esfuerzos de Lavinia por animarle, y cómo ella se iba agotando más y más en el proceso.

Pero no había informado de todo ello a Maeve. A ella le había dicho que Evalin no le había dejado verla, que tenía a mano el brebaje pero que por lo que sabía no lo había probado. Los médicos humanos estaba experimentando con él. También le contaba los informes de los médicos, pero en ningún momento le dio su opinión personal. Sabía que eso no le gustaría.

Lavinia suspiró.

Era increíble lo mucho que se había esforzado. Sus damas seguían con la creencia de que era una princesa mimada necesitada de atención, sin embargo, las damas de la corte de Terrasen veían sus esfuerzos. Muchas la ayudaban de forma disimulada, otras como Marion Lochan la ayudaban con todo lo que podían de forma activa. El esposo de Lady Marion, Lord Cal Lochan (hermano mayor de Vernon, con quién Lavinia había tenido aquel encontronazo la primera noche que llegaron), también ayudaba a Lavinia cuando se trataba de animar a Rhoe. Eran un matrimonio sólido a pesar de los humildes orígenes de Lady Marion.

Hasta los guardias le habían tomado cariño a Lavinia. Ésta, hacía todo lo posible por destacar, llamar la atención y meterse en líos para que su hermana no tuviera tiempo de pensar en sí misma.

Pero después de dos semanas era normal que le pasara factura. Por mucha sangre de hada que tuviera, era también humana. Estaba adelgazando con rapidez, sus pómulos estaban más marcados y su piel había adquirido un tono rojizo, como febril.

Gavriel le puso la mano en la frente. Lavinia cerró los ojos, tenía la mano fría y el contacto le alivió.

–Me parece que tienes un poco de fiebre.

–Tonterías. Cenaré bien, dormiré muchas horas y mañana estaré lista para volver a la carga.

Pero no haría falta que lo hiciera. Porque esa noche, lo que todos habían estado temiendo sucedería.

Fue Gavriel el primero que escuchó los pasos apresurados. Se enderezó, y el movimiento no pasó desapercibido por Lavinia.

–¿Qué pasa?

Tan solo unos segundos después, ella también escuchó los pasos. Le miró a los ojos, pidiendo en silencio que la persona pasara de largo y tuviera que correr para hacer sus necesidades o cualquier otra urgencia. No podía ser esa noche, no cuando su hermana estaba aún de siete meses.

Pero Gavriel no hizo nada parecido. Él conocía esa forma de andar, y por la mirada cada vez más asustada de Lavinia, supo que ella también. Rhoe ni se molestó en llamar antes de entrar en la habitación.

–Se ha puesto de parto.

Lavinia se levantó como un resorte. Ella y Rhoe salieron a la carrera, olvidándose de Gavriel.


La habitación olía a sangre.

Evalin estaba en la cama empapada en sudor, Lady Marion estaba a su lado, sujetándole la mano. Cuando Lavinia entró se lavó las manos y acercó un cuenco con agua, le puso un pañuelo húmedo a su hermana.

–Rhoe–dijo Evalin.

Marion le cedió su sitio al príncipe.

–Estoy aquí. Tranquila. No te preocupes por nada, tu ocúpate de lo que te toca y déjame las decisiones difíciles a mí.

Lavinia le miro son comprender.

–Pero Rhoe, es mi deber…

–¡A la mierda con el deber! Vivo y viviré por y para el reino, siempre. Pero no pienso poner al reino por encima de ti, esta vez no.

Evalin empezó a llorar.

–Alteza debéis empezar a empujar.

Las siguientes horas fueron las peores en la vida de Lavinia. Evalin se desmayaba cada pocos minutos, y aunque siempre acababa por recuperar la consciencia, el tiempo que tardaba en hacerlo le parecían eternos. Pensó que la perdían en más de una ocasión.

Pero el médico tenía órdenes estrictas. De Rhoe, del rey Orlan y hasta de la propia Evalin antes de empezar con los delirios, si había que elegir, tenía que salvar a Evalin. Eran jóvenes y podrían tener más hijos en el futuro. Se habían apresurado por tener descendencia, pero no tenían por qué tenerla. El trono estaba asegurado. Orlan todavía tenía fuerzas para reinar varios años más y después llegarían Rhoe y Evalin. Podían permitirse el lujo de esperar unos años más.

Evalin volvió a desmallarse, pero Lavinia no tuvo tiempo para pensar en su hermana, porque un sonido que llevaba esperando desde hacía horas le llegó a los oídos.

Su sobrino acababa de nacer. Pero la cara del médico no auguraba nada bueno.

–Ha perdido mucha sangre.

–¡Evalin!

–¡Qué alguien coja al bebé!

Lavinia se adelantó y cogió un trapo, envolvió al bebé con él y se acercó al fuego para darle calor. Los llantos del bebé cesaron, Lavinia bajó la mirada, el bebé se estaba poniendo morado. No le llegaba el oxígeno.

–¡Doctor!–exclamó Lavinia.

–¡Tengo que salvar a la princesa! ¡Lady Marion!

Marion se acercó a ella y empezó a hacer un masaje cardíaco al bebé. Hablaba un idioma extraño que Lavinia no llegaba a comprender, no sabía si eran cantos, una plegaria o una maldición por la situación.

Dio igual porque al final no sirvió de nada. El bebé abrió los ojos unos instantes, miró a Lavinia y los volvió a cerrar. Cuando comprendió que había muerto, Lavinia le abrazó y lloró con fuerza. Acunándole. Dejó que Marion la abrazara.

Una respiración fuerte y una exclamación ahogada le indicaron que su hermana acababa de despertar.

–¡Evalin!

–¿Dónde está el bebé?–preguntó ella.

A Marion se le cortó el llanto. Lavinia puso a su sobrino en sus brazos y le acarició la frente antes de ir junto a su hermana. Cuando Evalin vio su semblante supo lo que había pasado.

–Nació muerto Evalin, no había nada que hacer–dijo con una voz calmada.

Rhoe, tan ocupado como estaba intentando reanimar a Evalin, no se había dado cuenta del llanto de su hijo al nacer. Lavinia miró al médico de la corte y éste asintió. Lavinia se acercó a su hermana desconsolada y la abrazó.

La tuvieron que limpiar, cambiarle el camisón y las sábanas de la cama. Después de enseñarles brevemente a su hijo (por petición de Evalin, aunque Lavinia se cuidó de que no le cogiera en brazos en ningún momento), dejaron a la pareja a solas en la habitación.

–Me ocuparé del bebé–dijo el médico. Le puso una mano en el hombro a Lavinia.–Lo habéis hecho bien, alteza.

–Gracias.

Marion seguía a su lado cuando el médico se marchó.

–¿Necesitas algo?

Lavinia negó con la cabeza.

–Lo mejor será descansar un poco. Mañana pensaremos en lo que hay que hacer. Y Marion, no les digas nada a Rhoe y Evalin.

–Por supuesto. Creo que ha sido la decisión más acertada. Buenas noches, Lavinia.

–Buenas noches, Marion.

Lavinia caminó con calma por los pasillos. No se cruzó con nadie, pero aun así no cambió el semblante en ningún momento. Cuando llegó a su habitación cerró con llave y entonces y solo entonces empezó a llorar sin parar. No le importaba que la escucharan, solo quería desahogarse por completo antes de tener que presentarse ante su hermana y ser la fuerte. Acabó en el suelo, la espalda aún apoyada en la puerta. Moqueando, con los ojos hinchados, sin ver nada por culpa de las lágrimas y con un nudo en la garganta que le impedía respirar. Por eso sintió más que vio la presencia del guerrero hada.

Ahí en la ventana, mirándola con el semblante serio, estaba uno de los guerreros de Maeve. Conocido por ser letal, un asesino perfecto y peligroso. Pero todo lo que Lavinia vio fue un hombro en el que llorar, alguien en quien poder apoyarse para tener fuerzas para los días venideros.

Se levantó y corrió a sus brazos. Y el llanto volvió. No supo muy bien cuánto tiempo estuvieron así, él la abrazo en el instante que ella llegó a sus brazos y no la soltó en toda la noche. Ni siquiera cuando ella se durmió por fin.


¿Y bien? Si os soy sincera me costó un poco escribir la escena del parto. Era algo que tenía bastante claro en la cabeza, porque claro Aelin no tiene hermanos, pero cuando llegó la hora. Uff. lo hice lo más rápido que pude. ¿Os esperabais que algo así fuera a pasar? Ya sabéis que un fanfic con reviews es un fanfic feliz.

¡Y estoy actualizando dos veces por semana! ¡Lo nunca visto por aquí! :3