N/A: ¿Alguien más flipa con el hecho de que esté cumpliendo rigurosamente? PORQUE YO SI. En fin, pues no tengo más que añadir. Ahí tenéis el capítulo.
Disclaimer: Aún sigo buscando un disclaimer que sea bonito y original y que diga que todo esto es de Sarahjota.
Capítulo 7
Cuando llegó la carta de Maeve con nuevas órdenes para Gavriel, Lavinia por fin se relajó. Había estado tan nerviosa pensando cuándo llegarían noticias de la reina hada que no había podido disfrutar de esas semanas junto a Gavriel al cien por cien. Pero ahora que había llegado el momento, el nudo que tenía en el estómago se le deshizo. De hecho parecía que Gavriel era el más nervioso de los dos. Por fuera parecía sereno, pero por lo apretada que tenía la mandíbula, Lavinia sabía que estaba pensando en formas de seguir en contacto con ella. Y de ocultárselo a Maeve.
—No se lo ocultes—dijo ella finalmente.
Gavriel salió de su trance con esas palabras. Lavinia se acercó y le abrazó.
—No te estoy pidiendo que se lo cuentes con todo lujo de detalles en cuanto pongas un pie en Dornaelle, pero tampoco te pido que se lo ocultes. Si te pregunta, cuéntaselo. Será lo más sencillo.
—Pero entonces…
—No creo que Maeve se preocupe tanto por mi como para hablar con mis padres. Y si lo hiciera, ¿qué harían ellos? Pedir compensaciones a la reina hada que da más miedo de toda la historia.
—Tú te llevarías toda la culpa.
—Mejor una regañina por parte de mis padres que un castigo de Maeve.
Gavriel sonrió. Lavinia no dejaba de sorprenderle con esos arrebatos, lloraba por cosas insignificantes, pero cuando tenía razones de peso para llorar, simplemente respiraba hondo y decía las cosas como eran.
—Ambos sabíamos que no duraría mucho—dijo él, tanteando el terreno.
—Y no me arrepiento. Pero…tengo que pedirte un favor. Dos, de hecho.
—Lo que sea.
Sintió la risa de Lavinia contra su pecho.
—¿Qué clase de hada eres que aceptas así sin más?
—Lo que sea—repitió Gavriel. Esta vez mirándola a los ojos.
—Quiero que me des tu palabra de que si Maeve te pregunta, se lo contarás. No te hagas el héroe.
Gavriel estuvo tentado de no prometerle tal cosa, pero bajo la intensa mirada de Lavinia, finalmente sonrió. Al fin y al cabo, Maeve conocía muchas formas de sonsacar información. Y si se negaba a hablar y la noticia le llegaba a Lavinia, sabía que ésta sufriría.
—Te doy mi palabra.
Lavinia sonrió. Luego cogió aire, lo que iba a decir a continuación no iba a ser plato de buen gusto. Para ninguno de los dos.
—Prométeme que no me buscarás. Que no me escribirás. Que no pensarás en mí y que me olvidarás. Y que si encuentras a alguien adecuado para ti, y que Maeve apruebe, estarás con esa persona. Tu vida va a ser demasiado larga para pasarla solo. O pensando en una chica medio hada que morirá en algún momento mientras tu sigues en este mundo, peleando.
Gavriel abrió la boca para protestar. Pero Lavinia levantó la mano pidiendo silencio.
—Lo he meditado mucho tiempo. Y creo que es lo mejor. Si siguiéramos viéndonos…no sé cuándo ni cómo, pero no acabaría bien.
—Eso no lo sabes.
Lavinia sonrió.
—Claro que lo sé—dijo ella con ese tono que él había utilizado con ella varias veces.—Tenemos muchas cosas en contra. Nunca te pediría que dejaras la espada por mí y yo no podría seguir ese camino. Yo acabaré muriendo, mucho antes de que lo hagas tu. Tengo todo esto muy claro en la cabeza, pero si…si seguimos en contacto…no podría. Es superior a mí. Llámame infantil y estúpida, pero prefiero cortar toda relación contigo y saber que estarás bien a que nos veamos y no poder estar juntos. No soy tan fuerte. Lo sien-
Gavriel la abrazó.
—Nada de lo que has dicho me parece infantil o ridículo. Los dos sabemos que tienes razón y el que lo reconozcas tan abiertamente te hace más fuerte, no más débil.
Lavinia ocultó su cara en su pecho.
—Solo te lo prometeré con una condición—Lavinia levantó la cabeza.—Que no cambies.
Lavinia asintió con la cabeza.
—Lo prometo.
Gavriel sabía lo que venía ahora. Mirarla una última vez, recordándola con todo detalle. Darse la vuelta y marcharse. Pero sus pies estaban pegados al suelo, y por primera vez odio el vínculo que la unía hacia su reina. Sabía que si lo rompía no sería un acto noble. Los de su especie le rechazarían y no sería bienvenido en Dornaelle nunca más. Aunque tampoco tenía muy claro que fuera a ser bienvenido a Terrasen, Lavinia no pensaba vivir ahí de todas formas. ¿Qué haría a ese lado de continente? ¿Quién le consideraría un guerrero noble de nuevo? Además, no estaba seguro de que algunos miembros de su equipo no le cazarían hasta matarle. Con Lorcan a la cabeza. Había hecho el juramento de sangre porque creía en Maeve como reina para cambiar las cosas, nunca había flaqueado en su decisión. Hasta ahora. Ahora entendía un poco mejor cómo es que Rowan había pasado tanto tiempo en el abismo.
Lavinia agarró con algo de fuerza su túnica. Dejando un claro mensaje que ella tampoco deseaba que se fuera. Gavriel cubrió la mano con la suya propia. Su mano callosa raspaba los suaves dedos de la chica, pero a ella no parecía importarle. Como él, no dejaba de observarle. Por lo que lo sucedió después fue solo la continuación de lo que estaba haciendo. Tanteando, tocando el cuerpo del otro para recordar. Y poder beber de ese recuerdo que tarde o temprano se desvanecería.
Durmieron juntos, abrazados. Cuando llegó el amanecer, Gavriel llevaba despierto un rato. Lavinia dormía plácidamente a su lado. Le acarició con suavidad la mejilla, aunque al parecer no con tanta suavidad como pensaba ya que nada más tocarla Lavinia abrió los ojos y se abalanzó hacia él. Gavriel rió.
—Bueno días.
—Mmmm—fue la respuesta de Lavinia, medio dormida.
Gavriel le acarició el brazo, sus dedos callosos raspaban contra la piel suave de la chica, pero Lavinia no se quejó. Nunca se había quejado, le gustaba cómo la tocaba.
Lavinia estiró el brazo y empezó a pasar sus suaves dedos por las manos y la cara de Gavriel. La ropa no tardó en desaparecer, para ser sustituida por manos curiosas. Manos que recorrerían cicatrices y lunares de un extremo a otro y que dejarían durante horas sus huellas en el cuerpo del otro.
El sol había salido por completo y Lavinia fingía dormir a su lado. Su respiración era acompasada, pero tenía los ojos y los puños cerrados con tanta fuerza que Gavriel se preguntó si no se estaría haciendo daño. No obstante en tendió el mensaje. No quería verle marchar. De modo que nada de últimas caricias o miradas. Se vistió con el sigilo que le caracterizaba y abrió la puerta que daba a la ventana sin hacer ruido. La brisa de una corriente mañanera fue lo que le indicó a Lavinia que Gavriel se había marchado al fin. Eso y un gruñido de un gato montés a lo lejos. Solo entonces se permitió abrir los ojos. Se acercó a la almohada que seguía caliente y con el olor de guerrero hada y dejó salir las lágrimas que llevaba aguantando desde hacía un tiempo. No le importaba si su hermana o alguien la escuchaba. Por una vez, dejó que la tristeza se apoderara de ella.
Lo que nunca llegó a saber es que cierto gato montés, con un oído fuera de lo común, fue uno de los que escuchó su llanto. Y apretó el paso, clavando con fuerza las garras en el suelo, para alejarse de él. Por primera vez haciendo algo que iba en contra de sus deseos.
Como todos sabemos, esto tenía que pasar. Me dio mucha pena escribirlo (nah, en el fondo no tanta jajaja). Recordad que un fanfic con reviews es un fanfic feliz. Nos vemos (leemos) en el próximo capítulo. Que será el último, más el epílogo. ¡Ya casi estamos en la recta final!
