Un grupo de niños se encontraban reunidos en las calles, varios trozos de tela entrelazados formaban un balón y entre los dos más populares elegían a los miembros del equipo, un pequeño corpulento que se encontraba sentado en la banqueta con los pies encogidos mirando el barro que se había formado con las lluvias de días anteriores en el suelo empedrado; mientras tanto uno a uno era designado para un equipo en particular, hasta que quedó uno solo.
— Si tomo a George tu equipo quedará incompleto Kowalski— señaló un niño vestido con pantaloncillos con tirantes.
Uno de los niños en el equipo contrario, señalaron al que estaba sentado cerca del barro.
— Te equivocas, el capitán del equipo aún puede elegir a su hermano— dijo el chiquillo mirándolo.
El muchacho con unos catorce años de edad miró hacia donde se encontraba su hermano menor. Este había alzado la vista con cierta emoción, esperando a ser llamado, pero bajó la mirada en seguida con cierta tristeza cuando vio que éste torcía su boca y meneaba la cabeza.
— Ahora mismo te llevo ya suficiente ventaja, no necesito de un equipo completo para darte una paliza— indicó presuntuoso.
El otro líder de los equipos lo miró molesto.
— ¡Eso lo veremos! — exclamó mientras se alejaban ambos.
El niño que se quedó solo suspiró pateando el barro en sus pies y se encogió en hombros. Un aleteo llamó su atención y alzó la vista para ver como una parvada de palomas desplegaba vuelo en el cielo desde el edificio de enfrente, giraban con majestuosidad en "U" y aterrizaban de nuevo en el edificio. Un anciano de una larga barba se asomaba para extender su mano y la última de ellas se posará en ella. Mirando a hacia la calle lo saludaba.
— Hola Jacob
— Hola abuelo, eso que haces es asombroso. — respondía el niño poniéndose de pie.
— ¿No deberías de estar jugando con los otros niños? — preguntaba el anciano gritando desde el edificio.
— Yo...pues...
El anciano miró a lo lejos y conectó miradas con el hermano mayor de Jacob, negó la cabeza en señal de desaprobación, pero el adolescente fingió no verlo.
— ¿Qué te parecería ayudar a la abuela en la cocina amiguito?
Jacob sonrió de oreja a oreja y salió corriendo hacia la casa, tocó apresuradamente y atravesó el umbral con rápidez una vez que pudo entrar.
El aire en la cocina era caliente, del horno de leña ya se expedía ese brillo incandecente particular, la abuela, una mujer pequeña de rostro gentil lo recibía como si no lo viese en mucho tiempo estrechándolo en sus brazos, Jacob le devolvía el abrazo y curioso asomaba sus ojillos por encima de la mesa intentando alcanzar a ver que es lo que había en ella, su abuela lo ayudaba a trepar un pequeño banco donde quedaba a la altura conveniente
Sus ojos observaron los ingredientes en esta y se aproximó a oler la masa que ya fermentaba en un recipiente cubierta con un paño.
— Harina, azúcar, mantequilla, leche, huevos, vainilla, levadura...¡haremos paczkis! —exclamó emocionado Jacob.
— Así es pequeño y te estaba esperando para que me ayudes a darle ese toque especial. — dijo la anciana mientras señalaba los pétalos en un recipiente.
— ¡La mermelada! — señaló el niño.
Alzando los brazos para que su abuela le pusiera un mandil hecho a su medida y con una mirada de decisión aproximara a él los ingredientes necesarios.
— Necesitamos limón, los pétalos limpios, azúcar y agua— señaló tomando cada una de las cosas mencionadas y aproximándose ahora a la estufa de leña frente a él.
El mismo recorrió el banquillo, escogió una olla y la aproximó al fuego, vertió la azúcar, los pétalos limpios y exprimió con esfuerzo el limón. Comenzó a mover con determinación la mezcla mientras esta alcanzaba espesura, deleitándose del perfume que expedía la preparación.
— ¿No habías salido a jugar con tu hermano? — preguntó su abuela.
La boca de Kowalski formó una línea y suspiró de nuevo.
— No quise jugar con ellos, sería mucha ventaja— respondió sin creer en sus palabras.
— ¿No te dejaron jugar con ellos? — preguntó la abuela mientras acariciaba su cabello.
Los ojos de Jacob se cristalizaron y no respondió. La anciana decidió que era más conveniente dejar el tema de lado.
— Creo que ya esta alcanzando el punto perfecto.
— Yo no puedo saltar como ellos, correr tan rápido, caber en los sitios donde se esconden, no me gusta mucho jugar futbol...creo que no soy como ellos. — dijo con su voz quebradiza.
—Claro que no pequeño, tu eres especial, se rompió el molde contigo. — le dijo mientras lo abrazaba. Años después, en la maleta fantástica de aquel magizoologo, dos amigos de dos mundos distintos comparten un tranquilo momento, se encuentran descansando en las arenas de un desierto que parece inmenso mientras que a lo lejos se le ve volar a un ave magnífica e imperial entre las nubes de tormenta que provoca.
Jacob se deleita mientras el humo del chocolate llega a sus fosas nasales y no puede evitar que este le evoque un sentimiento a hogar que casi creía olvidado.
— Es para no creerse ¿verdad? — preguntó Newt sin despegar su vista del firmamento.
Kowalski con las mejillas entumidas por sonreir tanto y expresar tanto asombro observaba el sitio a su alrededor sintiéndose no menos que bendecido. Aquella rubia de rostro tan gentil, lo miraba a lo lejos rodeada de Mooncalf mientras los alimentaba, le dedicó la sonrisa más dulce del universo y él quedó embobado.
— Es...totalmente increíble...—indicó Kowalski.
Scamander giró su vista mirando a su compañero de aventuras saludando a una de las hermanas Goldstein, él miró de reojo a Tina y sonrió.
— ¿Sabe señor Kowalski?...
— Ella es la primera mujer que le parece divertida y acertada, aquella frase que me decía mi abuela—agregó Kowalski suspirando mientras veía el firmamento.
— ...en este nuestro mundo hay muchos tipos de magia, creo que en usted tiene influencia una de las más poderosas.