Era cierto que desde hacía algún tiempo nada salía de la manera en la que Spike lo quería, habían huido de Praga sí, pero aun alto costo ya que Drusilla cargaba con las consecuencias de sus actos, él se culpaba todas las noches por no haber previsto los movimientos de los humanos, no haber llegado a tiempo para salvarla de la enfurecida turba, y mentiría si no dijera que lloraba en silencio mientras las pesadillas perseguían a su amor, mientras los temblores a causa de la fiebre la sacudían y sus palabras se volvían menos legibles. Buscaba con convicción una cura que la restaurara a su estado habitual, aunque Los Ángeles no contaba con el poder que podría utilizar en una boca del infierno, tenía que hallar una solución, no cabía en él la idea de perderla. Spike dedico cada minuto de su tiempo a su cuidado por lo que dejo de dormir, cazaba para ambos e incluso en ocasiones debía obligarla a comer, recluto a un par de lacayos para no dejarla sola mientras hacia sus investigaciones, eran fieles idiotas a los que quera desempolvar cada vez que abrían la boca, sin embargo aguanto sus impulsos, la falta de contacto con ella, la castidad autoimpuesta y el resto de violencia contenida amenazando con estallar a cada momento, estaba agotado ya ni siquiera podía discernir la realidad, sin embargo, allí estaba convencido de que podía aguantarlo todo por ella, aun si cada día que sentía que estaba más cerca del punto de no retorno. Su piel casi traslucida se vio dolorosa, sus venas negras y tensas no hicieron nada por su buen semblante, así como tampoco los hematomas que aparecieron inesperadamente para marcar su piel, o estas eternas ojeras que acompañaban a un par de ojos llorosos, de pupilas inalcanzablemente lejanas. Los silencios entre ellos eran tan prolongados como las noches de las que si fueron totalmente sinceros perdieron la cuenta, o tan efímeros como un parpadeo, mismos que escucharon como una tortura cada vez que correspondía a los ojos de su amada.
Ella mejoró luego de semanas de angustia, se encontró sonriéndole de esa manera tan única y característica de suya, se acercaron. Recostó la cabeza sobre su pecho, trazando distraídamente patrones aleatorios en su abdomen, susurrando a los duendes en su cabeza como si quisiera calmarlos, arrullo el espacio manteniéndose en silencio, tan quieta y calmada que Spike sospecho se había quedado dormida hasta que su mano se profundamente para encontrarse con su rostro, acunando su mejilla con delicadeza; —Mi Spike —Susurro su nombre con la reverencia que no mostro nunca por él—. No lo sabes, pero pronto lo verás claro, la vida y la muerte son efímeras, mi amado.
Spike la miro, divisando en sus ojos ese brillo místico e hipnótico que no había podido observar desde su tiempo pre Praga, repaso la mano por su cabello y beso su frente con ternura, calmándose al sentir su temperatura ambiente habitual, por suerte la había fiebre remitido, al menos por un tiempo; —¿De qué hablas, mascota? —Inquirió, viéndola a los ojos, esta noche en especial parecía tan serena—.
Ella rio de manera estrepitosa, moviéndose con la facilidad y la gracia que no la había visto ejecutar en meses, arrodillándose a su lado en la cama para luego sentarse a horcajadas sobre su cintura; —Esta aquí, esperando a su caballero, sin importar su armadura. Ella espera, ella grita ella llama... Uhhh —Mustio sobando sus sienes, emitiendo un fuerte quejido—. Es fuerte, muñeca, demonio... niña —Ella soltó una repentina carcajada—. Te golpeara como un rayo —Cerrando los ojos con fuerza al mismo tiempo que hundía las uñas en sus hombros. Spike poso sus manos en la cintura de la fémina—. Te atrapara indefenso... mi pobre, pobre cachorro, la verás caminar bajo las brasas del fuego —Moviendo sus caderas de manera circular sobre él, haciéndolo jadear por el necesitado contacto—. Esta dentro de ti —Mascullo con enojo. Rasgando en largas líneas la piel de su pecho haciéndolo sisear—.
—No hay nadie dentro de mí, amor —Respondió Spike tomando sus manos para apartarlas de su piel. Ella lo miro con enojo, forcejeo con él, gruñendo en su rostro de demonio, intentando soltarse. Al notar que no tenía la fuerza suficiente para hacerlo aproximo sus fauces al hombro del vampiro y mordió con fuerza—. Auch ¡Dru! —Se quejó Spike—.
Soltó gimiendo con arrepentimiento, girándose hacia la cama, encogiéndose sobre sí misma, sollozando levemente; —¡Ya no me quieres! —Lo acuso, sentándose en la cama mientras se cruzaba de brazos ofuscada—.
Él giro en la cama siguiéndola, la abrazo por la cintura atrayéndola hacia sí, ella exhalo un chillido sorprendido y feliz; —Te amo Dru, soy tuyo, siempre seré tuyo.
Ella giro dejando un beso en sus cabellos, riendo levemente; —No. Le perteneces, pero aún no lo sabes —Susurro mordisqueando la corva de su oreja—. Ella grita, ella grita y te llama —Cubriendo sus oídos en un intento de callar los sonidos que resonaban dentro de su cabeza. Spike se alejó para poder sentarse a su lado, ubicarla en su regazo y calmarla cantándole suavemente—. Te llevara lejos, donde no habrá cenizas, donde la muerte no te vera.
—Ven aquí, amor. Te mostrare a quien pertenezco y lo mucho que te amo —Murmuro calmándola en sus brazos—.
Beso su frente y su cabello, acaricio su suave y delicada piel, despertando un deseo mutuo, ella capturo sus labios, la acuno sobre su cuerpo para proceder a depositarla en la cama con suavidad, beso sus labios y cualquier resabio de piel a su alcance, Drusilla por una vez lo dejo salirse con la suya, amándola suavemente, poseyendo su cuerpo con ternura, disfrutando del suave roce de la piel del otro. Se besaron con parsimonia, alejado de la pasión y el enfado que compartían en cada uno de sus encuentros. Antes de llegar al clímax, ella poso sus manos sobre los fuertes pómulos masculinos, lo miro directamente a los ojos, captando su atención de manera hipnótica; —Debo dejarte, debes alejarte de mi recuerdo y mi última voluntad es darte dos regalos —Beso sus labios—. Las palabras que te llevaran a tu verdadero destino y el don de ver los secretos de quien quieras. Tranquilo, amor, recordaras mis palabras cuando lo necesites. Mi querido William, mi amado Spike, es tu maldición seguir con tu vida. No me sigas, el polvo nunca fue tu destino.
Se bajó de su cuerpo sintiendo la fría semilla desbordarse de su interior, sonrió con nostalgia sabiendo que esta sería su ultima vez, sentándose a su lado lo observó dormir, el pobre vampiro cargo con todas las preocupaciones por su estado por demasiado tiempo, beso su mejilla, dejando una caricia suave como una pluma en el pómulo contrario, inhalo su olor para exhalar uno de sus últimos suspiros. Una especie de humo en tonos azules neón abandono el cuerpo de la maltrecha vampiresa, deseando haber podido haberle dado más al vampiro que le brindó un siglo y medio de plena devoción. William fue su mejor decisión, a pesar de lo que podría protestar su padre ¿Qué sabia él? ¿Qué podría saber Ángelus mientras solo veía su propio ombligo? La claridad resultaba ser asombrosa para quienes como Drusilla se encontraban a las puertas del olvido, suspiró con dolor al recordar las tantas veces que lo había lastimado, ocasiones en las que seguía lo que los deseos que su carne estipulaba, momentos en los que quería borrar el brillo amoroso en la mirada de su chidle. Él nunca se había rendido a pesar de su crueldad, por lo que le gustaría haberse despedido de una mejor manera, disculparse por ser la causa de sus lágrimas, por haberlo desgastado tanto, sin embargo era de su conocimiento que él no la dejaría partir y su dolor no era algo que quisiera seguir tolerando, su tiempo se agotaba por lo que con un último beso sobre sus labios susurro su bendición; "La oirás antes de verla, la verás antes de saber de qué se trata y cuando ya no puedas escapar notaras que le perteneces". Sonrió, sintiendo a lo poco que quedaba de sus fuerzas agotarse, por lo que respiro innecesariamente, revolviendo los cabellos de su amante, vio a sus dedos desaparecer entre los rizos blanqueados, lentamente la muerte recorrió sus brazos, cerró los ojos, incapaz de guardarse una imagen que no sea la de la paz con la que descansaba quien fue su amor sabiendo como ocurrencia tardía que de alguna manera también lo había amado.
Y se hará tarde
En los últimos minutos
Como el engaño,
Para que pese poco
Y se evapore.
Y dejare tras de mi
Olor a naftalina en cada armario
Y morirán las polillas en los libros
Y guardare sus alas cuando vuelva.
"Preparativos para un viaje", Ana Merino (Fragmento)
Spike despertó con las sensaciones de que su entorno había cambiado, no reconoció lo que sucedida ya que su cerebro se encontraba lo suficientemente atontado para sentirse como si estuviese atravesando la peor de las resacas, entrecerró los ojos como si la escasa luz que iluminaba la habitación del abandonado hotel lo molestase, dormitando aun toco la helada sabana a su lado, abriendo los ojos con sorpresivo terror al notar lo que había ocurrido, lo que cambio en su no vida, confirmado por la ceniza manchando sus manos, su pecho se contrajo y miles de emociones que no se permitió sentir en más de un siglo, lo golpearon, cayendo sobre el como una lluvia de yunques, no existía un solo motivo por el que las cosas no estuviesen mal, aun así con un dejo de esperanza la llamo; —Dru... —Pronuncio su nombre como una oración en un pedido silencioso a dioses en los que nunca había creído—. ¿Drusilla? —Inquirió hacia el vacío de la habitación—. Amor, por favor, este juego se acabó —Espero oír su risa, o su llanto o el sonido de su voz cualquier cosa que cortara este tajante silencio—.
No podía aceptarlo, por lo que se levantó, desnudo tal como había venido al mundo la primera vez, y recorrió la habitación como un animal enjaulado, aspiro con la esperanza de sentir su aroma, rebuscó en los armarios encontrando cada uno de sus atuendos, lo cual fue una bofetada en el rostro, por su obviedad. No quedaban dudas de lo que sucedió mientras dormía, ella se había ido, demasiado débil para recuperarse, demasiado herida para luchar, ella se había convertido en polvo, corrió de regreso a la cama en la que compartieron su último encuentro, desesperanzado y con la certeza de que si hubiese sabido que su tiempo se acababa habría hecho las cosas de manera diferente. Se recostó en el mismo lugar en el que descanso durante las horas en las que el sol gobernaba el cielo, repaso el aire sobre sus cenizas, con temor a perturbar lo que le quedaba de su amada, se dijo a su mismo que debía ser fuerte, lo intento con ansias, con las fuerzas que lo habían abandonado en tanto intentaba convencerse que no lloraría, y su resolución duro menos que el doloroso suspiro que abandono sus labios. Con la desolada certeza de que ella abandono el mundo de los no-vivos.
Se derrumbó, dejo de alimentarse, ahogo sus penas en alcohol y desempolvo a cada uno de sus lacayos. Uso un cambio de ropa porque no quería que nadie volviera a verlo como ella lo hizo esa última noche y borracho como nunca había estado abandono el solitario hotel, adentrándose en la cuidad, mareándose con las luces, mientras sentía al amanecer acercarse; —Espérame Dru, voy contigo —Murmuro hipando en tanto brindaba con su botella de Brandy invitando al cielo a unirse a su dolor—.
Mi querido William, mi amado Spike, es tu maldicion seguir con tu vida.
La voz de Drusilla resonó en el aire, acariciando su piel como si fuese un beso de su amante; —¿Dru? —Inquirió a la soledad del entorno, como si esperaba que le contestase—. ¡No sé qué hacer, amor! ¡Vuelve! —Pidió a la luna en tanto de un largo trago se apresuraba a beber el contenido restante de su botella—.
Debo dejarte, debes alejarte de mi recuerdo.
Spike rio de manera oscura, limpiando sus labios con la manga de su abrigo; —¡Claro! Por qué crees que es sencillo ¿Cierto? —Llamo arrojando contra una pared la botella, sonriendo al verla hacerse añicos—. Esperare el sol, amor y seré cenizas contigo —Prometió arrodillándose en medio de la calle—.
No me sigas, el polvo nunca fue tu destino.
—Sabes mucho ¿Cierto? —Gruño con furia con la intención de hundir sus garras en el hormigón que se clavaba dolorosamente en sus rodillas—. ¿Qué te dijeron los duendes esa noche? ¿Qué sangrientos motivos te alejaron de mí?—Murmuro mirando a la nada, como si esperara que su figura emergiera de las sombras—.
Ella grita, ella grita y te llama.
—¡Sandeces! —Se quejó él al aire—.
Te llevara lejos, donde no habrá cenizas, donde la muerte no te vera.
—¿Se supone que ese debe ser mi motivo para seguir? —Pregunto con sorna—. ¿Todavía no lo entiendes? ¡Maldita mujer! ¿No logras comprender que no amare a nadie más que a ti?
...mi última voluntad es darte dos regalos. Las palabras que te llevaran a tu verdadero destino y el don de ver los secretos de quien quieras.
Se quejó, angustiosamente; —¡Estas ignorándome! —Murmuro él, posando las manos en sus rodillas para arrugar la tela de sus jeans en los férreos puños en los que convirtió sus manos—. ¡Mi destino eras tú! ¡Pequeña estupida! —Bramo en su rostro demoniaco—.
"La oirás antes de verla, la verás antes de saber de qué se trata y cuando ya no puedas escapar notaras que le perteneces"
Él gruño, abatido poniéndose en pie tambaleante; —¿Es lo que quieres? ¡Maldita mujer! ¿Quieres que me retuerza en este mundo sin ti? ¿Quieres que busque alguien que posiblemente no existe? Y ¿Para qué? —Mascullo con dolor, llevando una mano a su inerte corazón—. ¿Solo para que tus jodidos duendes sean felices? ¡De acuerdo! Si es lo que quieres ¡Me veras arrastrándome en el fango!
Las cosas seriamente no habían salido de la manera que quería, Drusilla se había ido prohibiéndole terminantemente seguirla y él como un idiota le había hecho caso ¿Porque? Aún no lo entendía, amaba a Drusilla y convertirse en cenizas después de que ella fue polvo había sido una salida lógica, en cambio ella supo plantar la semilla de curiosidad necesaria para obligarlo a existir. Espero por meses, en intermitente estado de ebriedad, perdiendo la noción de lo que se encontraba esperando, probablemente no fue la mejor opción buscar aquello en el fondo de una botella de whisky, carecía de la capacidad de tomar decisiones por lo que prefería mantenerse ebrio, el mundo seguía cambiando a su alrededor y él que no era paciente se estaba cansando de este estado de inactividad. Trago el último sorbo de la botella y rebusco en sus provisiones por alguna otra, había bebido sus reservas del mes en esa semana, lo que empeoraba el panorama en general era lo mismo que ignoro durante el tiempo suficiente para sentir debilidad, él estaba hambriento. Se obligo a levantarse del suelo, tomar algún tipo de alimento que no sea difícil de cazar ya que no estaba al cien por ciento y luego buscaría más alcohol. La tristeza lo abrumaba, sus extremidades dolían encontrándose agarrotadas y recargándose en una de las paredes supo que no era más que un despojo de lo que fue.
Así que vivo entre dos cadáveres cómodos
, holgados:
quien fui,
quien no llegaré a ser.
Somos uña y carne los tres.
Como los dos me miran
tengo que sonreir.
"Ese sordo acezar (2)" Jorge Riechmann
