Había bebido el total de tres botellas de whisky desde que abrió los ojos esa noche, y si bien su resistencia en buen estado era envidiable, llevaba una semana sin probar un bocado, por lo que se encontraba mareado, su cerebro era la playa donde las olas rompían o quizás la roca contra la que descargaban su furia, olvidar resultaba imposible y se encontraba tan cansando que incluso le importaba alguna otra cosa que no fuera a conseguir otra dosis de alcohol, sin tener en cuenta que su cuerpo necesitaba un alimento más sustancioso, nada le resultó apetitoso y el sabor de la sangre cambio para ser tanto agrio como ácido. Nauseabundo, sin control de sus facultades motoras y con los pensamientos turbios, se levantó del lugar en el suelo donde se había dispuesto a beber o dormir desde el ultimo amanecer, con ojeras negras, ojos inyectados en sangre, más pálido de lo que se podría considerar saludable para alguien de su especie, con el cabello maltratado y cayéndose paulatinamente, no parecía más que un cadáver andante y eso es lo que era, un cadáver sin nada más que hacer excepto seguir andando. Por lo que, tambaleándose, salió del departamento en el que se había estado quedando desde hacía un par de meses atrás, el anterior dueño había sido el último alimento que había tenido de manera consciente sin dejar que el demonio lo poseyera por completo, estuvo aterrado ante esa resolución, sabiendo que aun si no tenía el valor para mirar directamente al sol podía dejarse fallar sin la ingestión adecuada de alimentos y si eso llegaba a ocurrir su demonio tomaría su control para impedírselo. Era en cierto reconfortante el saber que al menos no estaba solo en este sinsentido y si pudiera quejarse de algo serio de los lapsos de tiempo perdidos, su demonio era primitivo hambriento, no le importaba los resabios de terror a su paso, pero preferiría no llamar la atención, con el estómago saciado despertaba una mañana al azar en la cama del departamento, siempre regresaba al mismo lugar ya diferencia de él al demonio le gustaba la comodidad. Comprendió los hechos por lo que eran, a pesar de haber amado a Dru con cada parte de si, su demonio no quería ser polvo y él quien no encontró motivación para continuar en el mundo, se conformó con eso, sintiéndose culpable por hacerlo ya que de alguna manera el no sentirse abatido totalmente por su partida lo sospecharon traición, el debería haberla seguido sin importar las voces de su cabeza. Negándose a usar el ascensor, ya que las luces demasiado deslumbrantes de este solo agravarían su creciente dolor de cabeza, se encontró chocando contra las paredes de las escaleras, a la vez que apenas podía mantener el control de sus pies para descender los escalones de manera apresurada, con la gracia de un ebrio queriendo caminar sobre una cuerda floja se encontró en el lobby, luego de cinco tortuosos pisos. Las luces de la calle lo abrazaron, tocando su piel marchita, se apresuró a dejar el edificio, alejarse hasta el próximo bar o una licorería cercana, lo que primero se cruzara con él, un lugar donde pudiese comprar o robar su próximo trago, requería alcohol aun si no lo necesita. Sus necesidades, en cambio, golpearon contra sus instintos por lo que su nariz comenzó a escocer, captando el aroma de un hombre, que caminaba con un ramo de rosas y la cabeza gacha, un rechazado del amor. El aura de este, tan apagada como la propia capto su atención, olía a desesperación, tristeza y un deseo de muerte que totalmente lo llamo a su lado, dejo salir a su demonio, tomo al hombre por las espaldas e hinco sus filosos colmillos en su cuello, bebió de él, saciando su hambre, para luego dejarlo y acomodarlo en el suelo, conscientemente era incapaz de matar luego de saciarse, deteniéndose en el momento justo que su corazón comenzaba a colapsar. Sospechaba que su demonio tampoco podía hacerlo tan apagada como la propia capto su atención, olía a desesperación, tristeza y un deseo de muerte que totalmente lo llamo a su lado, dejo salir a su demonio, tomo al hombre por las espaldas e hinco sus filosos colmillos en su cuello, bebió de él, saciando su hambre, para luego dejarlo y acomodarlo en el suelo, conscientemente era incapaz de matar luego de saciarse, deteniéndose en el momento justo que su corazón comenzaba a colapsar. Sospechaba que su demonio tampoco podía hacerlo tan apagada como la propia capto su atención, olía a desesperación, tristeza y un deseo de muerte que totalmente lo llamo a su lado, dejo salir a su demonio, tomo al hombre por las espaldas e hinco sus filosos colmillos en su cuello, bebió de él, saciando su hambre, para luego dejarlo y acomodarlo en el suelo, conscientemente era incapaz de matar luego de saciarse, deteniéndose en el momento justo que su corazón comenzaba a colapsar. Sospechaba que su demonio tampoco podía hacerlo deteniéndose en el momento justo que su corazón comenzaba a colapsar. Sospechaba que su demonio tampoco podía hacerlo deteniéndose en el momento justo que su corazón comenzaba a colapsar. Sospechaba que su demonio tampoco podía hacerlo ¿Qué demonios le había hecho Drusilla antes de marcharse? No podía entender como o porque se vio incapaz de disponer de una vida, sin embargo, tenía la certeza de que esta incapacidad se debía a ella, a su padre y en menor medida sospechaba que tenía algo que ver con el destino del que hablaba su amada antes de dejarlo ¿Acaso en sus palabras había más de lo que dejaba ver? O ¿ Para que la muerte mirase a otro lado debe dejar de hacer su trabajo? Sea como fuera abandono al hombre, aun respirando, aunque con algo de dificultad, recostando su espalda contra un contenedor, sabiendo que al no estar en el lado más luminoso de la cuidad el encontrarlo así no sería una sorpresa, ni algo mal visto. Dispuso de todo el dinero que llevaba en la billetera el infeliz del que acababa de beber, sin ponerse excusas, aunque con el conocimiento de que tenía cuentas que pagar, aunque aquello no quería decir que había dejado de ser malvado. Sus colmillos funcionaban, la violencia siempre había sido una constante y la muerte o la falta de ella no sería una imposibilidad para el ser que había sido durante más de un siglo y medio.
Trono su cuello sintiéndose dentro de sus cabales, acomodo sus ropas antes sintiéndose al menos decente, y caminando a paso pesado hacia los sitios que sabían podían proveerle lo que necesitaba, se topó con un grupo variopinto de humanos, la mayoría eran jóvenes algo bebidos, mujeres trabajadoras de la noche, y algún hombre mirando sospechosamente a los lados, como si ocultase algo. Francamente ninguno de ellos le importaba siquiera un ápice, decidiendo que necesitaba algo de compañía para no ser un patético ebrio tomo su camino hacia el bar. Se encontraba a un par de pasos cuando un fuerte y punzante dolor en sus sienes lo detuvo; —No, no, no ¡Suéltame! ¡Quiero a mi papá! —Proclamaba una voz que no conocía, pero parecía de alguien pequeño por su tono chillón. La misma resonó en sus oídos, como si se dirigiera a él particularmente—. ¡Suéltame! ¡Mi mama me estará buscando! —Sobó sus sienes sin discernir lo que sucedia, apoyándose en una de las paredes del edificio tras él—. ¡Te dije que me dejes! —Murmuro la vocecita con un tinte de desesperación y suplica—. ¡Por favor! — Imploro suprimiendo un sollozo. Este tono alerto a Spike quien sintió la necesidad buscar el origen de aquella voz—.
Decidido se irguió en sus propios pies emprendiendo su camino en la dirección contraria al lugar donde originalmente se dirigía. Miro hoscamente a su alrededor, despreciando cualquier tipo de mirada lanzada en su dirección, deteniéndose en una esquina como si buscase orientarse, cuando en realidad se encontraba rememorando las palabras de Drusilla, la sentencia de vida que coloco sobre sus hombros: "La oirás antes de verla, la verás antes de saber de qué se trata y cuando ya no puedas escapar notaras que le perteneces"
Trago en seco, apresurándose sin entender su destino, olfateo el aire siguiendo sus instintos; —¿Quién eres? —Inquirió la pequeña voz femenina con dudas y temor—. ¡MAMÁ! ¡Me portare bien! ¡No dejes que me lleven! —Grito la pequeña con desesperación mientras deducía que comenzaba a perder sus esperanzas—. ¡MAMÁ! —Exclamó en un último intento de llamar la atención de su madre. Spike se encontró esperando que la niña hubiese sido separada de sus padres y no que ellos la hubiesen entregado—. ¡PAPÁ! Por favor... no dejes que me lleven.
—¡MALDITO INFIERNO SANGRIENTO! —Se quejó Spike comenzando a correr, esquivando a ciertos imbéciles que se toparon en su camino—. ¿Dónde estás? ¡MALDITA SEA! —Inquirio a la nada—.
—AYUDAME —Le respondió la voz, sonando menos como la niña a la que le pertenecía y más parecida a un gruñido—. ¡TE NECESITO! —Siguió llamándolo—. VEN A MÍ —Ordenó finalmente, un rugido atronador broto desde su pecho, su rostro cambio al del demonio y gruño como nunca antes lo había hecho—.
Los perros del vecindario aullaron con temor ante el depredador, los transeúntes cercanos lo miraron con horror, por primera vez no le importaba estar dando un espectáculo, con sus fosas nasales sobrenaturales necesito solamente de una honda inhalación para captar un aroma que nunca había olido, pero sabiendo que pertenecía a quien buscaba, sonrió ante su descubrimiento. La voz tanto demandante como gutural seguía alentándolo a su encuentro en tanto murmuraba repitiéndose "VEN A MÍ" variando constantemente desde la voz de una niña a un gutural gruñido, sintiendo el llamado en su interior, despertando su ser primitivo como nunca antes. Abrió los ojos inhalando con fuerza, sintiendo al aire cambiar, sintiendo a ese aroma, mismo que era más cautivante que cualquier cercano, se detuvo mirando a sus alrededores, manteniéndose tan quieto como la mismísima muerte. Cerro los ojos centrándose en sus otros sentidos; oyendo a las ratas corriendo y chillando en un callejón cercano, la desbordante risa fingida de una mujer, los pesados pasos de un hombre que no podía mantenerse en pie, las ruedas de una bicicleta desplazándose por el agua acumulada a los lados de la calle, los autos que pasaban en una de las más concurridas calles de la cuidad sintiéndose lejanos y finalmente la oyó tan clara como nunca antes; —¡Nooo, suéltame! —Lloro la voz de la pequeña niña en tanto podía oír los sonidos defensivos de la misma—. ¡Papá! ¡Mamá! —Grito con toda la fuerza que le permitían sus pulmones—. ¡Papá! —Llamo una vez más sintiendo su garganta rasposa—.
Spike encontró su destino en un callejón desolado y poco iluminado, la imagen de la espalda de un hombre cargando a una niña en su hombro mientras está con sus pequeñas manitos golpeaba su espalda con desesperación fue lo primero que percibió. Entonces la sorpresa lo dejo clavado al piso, un par de luminosos ojos esmeraldas se centraron en él, una sonrisa ilumino los rasgos del rostro de la pequeña. La niña era aún un bebe a los ojos de cualquiera, retuvo las ansias de gruñir que comenzaban a acumularse en su garganta; —Creo que la damita no quiere tu compañía, amigo —Murmuro volviendo a su apacible rostro humano, expresándose con socarroneria—.
El captor volteó hacia el sonido de la voz de Spike, mientras él ajeno a su mirada encendía un cigarrillo; —Tal vez deberías meterte en tus propios asuntos —Mascullo con rabia—. Amigo —Musito de manera despectiva antes de voltear se en la dirección contraria—.
Spike avanzo hacia él oyendo a la vocesita desgastada implorarle por ayuda; — No lo creo, solo deja al bocadillo ¿Que podría hacer ella por ti? Eres un tipo grande de seguro tendrás hambre media hora después —Intento razonar con el otro vampiro, quien siguió caminando ajeno a su voz—.
La niña lo sorprendió, peleando con su captor, oyó tanto como pudo sentir a sus pequeños piecitos golpear el estómago del imbécil, la vio escalar por su cuerpo; —¡Me encontraste! —Murmuro en la voz gutural que oyó con anterioridad—. ¡Sabía que lo harías! —Exclamo felizmente, parándose sobre el hombro en el que se encontraba apoyada. Ante su mirada sus ojos dejaron de brillar y ella salto en su dirección—. ¡ATRAPAME! —Lo alentó la voz de la niña—.
El vampiro nunca antes se había movido tan rápido, corrió hacia ella tomándola en sus brazos, para abrazarla contra su cuerpo, tomándose un momento para apreciar su agradable aroma; —Eso es peligroso bocadillo —Susurro en su oído con una sonrisa, en tanto la apretaba contra su cuerpo un instante más. Ella no respondió, sino que sonrió con tal luminosidad que lo dejo atontado, negó volviendo en sí— ¿Porque no tomaste al tipo que se encontraba con ella en su lugar? —Inquirió acercándose con la niña firmemente en sus brazos—. ¿Estaba famélico acaso? No lo creo, no necesitas a una niña, solo déjala libre y yo haré lo mismo por ti —Ofreció en un intento de evitar una confrontación, no por temerle al tipo, sino por esa punzada clavándose en su pecho advirtiendole que ella no debía ser lastimada. Tenía la fuerte necesidad de sacar a la niña del lugar—.
—¡Métete en tus propios asuntos! —Exigio el vampiro gruñendo en su rostro de demonio, preparándose para atacar—. ¡Ella es mía! —Reclamó aquel enfadado ser. Haciendo que Spike soltara una carcajada—. ¿Que es tan gracioso? —Mascullo mostrando sus afilados dientes—.
—Bueno... —Enuncio acercándose unos pasos más, apretando el agarre sobre le pequeño cuerpo, en tanto inhalaba su aroma—. Ella huele muy humana y libre de algún reclamo para ser llamada tuya —Declaro a un par de pasos de distancia—.
—Pague por ella, lo que la hace mía, mi propiedad ¡Vampiro estúpido! Ahora vete y suéltala antes de que decida que lo que me hace falta es polvo de un novato en mis botas —Amenazo, causando que Spike exhalara otra, en apariencia, incontrolable risa—. ¿Acaso quieres pelear conmigo?
Spike sonrió de manera lobuna, preparado cuando el vampiro en rostro de demonio saltó para volver a tomar a la niña, giro veloz mente con ella en sus brazos, esquivando el ataque; —Allí —Señaló el espacio entre dos contenedores dejándola en el suelo—. Espera allí y no salgas hasta que vaya por ti —La niña asintió y él giro listo para recibir otro ataque del vampiro—.
Ambos se centraron en un duelo sin precedentes, tirándose golpes el uno al otro, derribando todo a su alrededor por lo que alertaron a un par de mirones que se quedaron a ver cómo se desarrollaba la situación, finalmente Spike tomo al vampiro más alto y robusto del cuello, giro el mismo en una dirección de la que era imposible que saliera con vida y tiro de este sin detenerse hasta arrancarle la cabeza del cuello. Viendo el último vestigio de la vida del insulso desaparecer ante sus ojos, convirtiéndose en polvo ante sus ojos, así como también ante los sorprendidos curiosos, les dirigió una mirada cargada de odio para apartarlos, lo cual funciono. Miro hacia el frente del callejón ahora vacío, sacudiéndose el polvo de su ropa y cabello antes de acercarse a la niña que lo seguía con la mirada; —Hola, cariño —Saludo con una amena sonrisa—. ¿Quieres que te lleve a casa? —Preguntó ofreciéndole la mano, la cual ella tomó con confianza, Spike sintió una corriente eléctrica recorriéndolo desde el encuentro de su fría piel con la calidez de la pequeña—. Está bien, bebé ¿Sabes dónde vives?
Ella retiro su mano, de manera apresurada alejándose, recordando las palabras de su padre, miro en los ojos amarillos que le devolvían la mirada, parte de ella le aseguraba que él era uno de esos monstruos que la perseguían en sus amargos sueños. Observo los surcos de su rostro inhumano, se fijó en los largos colmillos que asomaban entre sus labios, él aun sonreía y ella no quería correr al verlo; —¡No soy un bebé! —Se quejó ella en su voz infantil, queriendo encontrar excusas para seguir alejándose—.
Él alcanzó su mano mirándola de manera ladeada, intentado demostrar que no era una amenaza, porque, aunque no sentía miedo en ella, algo la estaba alejando y eso lo molestaba ¿No había demostrado que ella no era su objetivo? O ¿Acaso la niña había pensado en que, luego de derrotar a el vampiro con demasiada confianza en sí mismo vendría por ella? Frunció el ceño tocando su frente, notando de manera tardía que aun mostraba sus rasgos más duros, remitió los mismos volviendo a su rostro; —Mi error, princesa —Susurro en un intento de mostrarse más dócil—. Sin embargo, es tarde y estás calles no son seguras para las niñas bonitas —Ella asintió deteniéndose, girando para enfrentarse al vampiro que se encontraba inclinado para encontrar sus ojos con los de ella—. Entonces ¿Dónde vives, amor? —Pregunto, intentando obtener información sobre lo que sucedía. La niña frunció los labios apretando los con fuerza—. Hey! —Llamo la atención de la niña—. Pensé que habíamos superado todo el asunto de "hablar con extraños" desde que te lanzaste a mis brazos —Musito Spike, la niña se cruzó de brazos frunciendo el ceño—.
—Yo no fui, fue ella —Respondió con simpleza, en un tono enojado. Como si lo que dijo no fuera una extrañeza—.
Spike asintió, sin comprender en su totalidad lo que aquello significaba, suspiro soltando su muñeca, deslizando sus dedos lentamente de su piel, como si no quisiera apartarse de ella; —De acuerdo —Asintió en tanto levantaba las manos al aire, poniendo un paso de distancia entre ellos y de alguna manera aquello parecía un abismo. Se sentía inquieto en su presencia y aun asi quería seguir aparentando que no lo afectaba su presencia ¿Qué diría su familia ahora? Una niña que no debía tener más de cinco años, lo doblegaba a su antojo sin ningún tipo de esfuerzo—. Comencemos de nuevo. Si no puedes hablar con extraños ¿Cómo haces para hacer amigos nuevos? Supongo que tienes amigos —La niña asintió—.
Ella volvió su vista hacia él, mirándolo directo a sus ojos azules, captando su atención al escrutarlo con grandes ojos de cierva, dejándolo completamente cautivado. Spike pensó en los problemas que tendrían sus padres si esta niña se veía la mitad de hermosa que en este momento al llegar a la adultez. Ella frunció los labios, sobando su barbilla, pensando en una respuesta, mientras le era imposible el mantener sus labios quietos; —Saludamos y nos presentamos —Respondió luego de lo que al vampiro le pareció una eternidad, sin embargo, debieron haber sido apenas segundos—. Así dijo la Miss Emma.
Spike asintió, tomando asiento de piernas cruzadas sobre el pavimento, luego habría tiempo de preocuparse por sus prendas, ahora necesitaba en cambio ganarse la confianza plena de la niña. Por lo que sonrió de manera amable y volviendo a ofrecerle su mano; —Hola cariño, mi nombre es Spike. Y juro que no te haré daño.
Ella le ofreció una dulce sonrisa ladeada al tomar su mano y apretarla con más fuerza de la que debería tener una niña de su edad; —Spike es un nombre gracioso —Dijo ella ocultando una risita que el nombrado encontró totalmente tierna—.
El vampiro asintió; —Lo es ¿Cierto? —Ella asintió rápidamente sin dejar de sonreírle—. Es tu turno, amor.
Spike aún no lograba entender que impulso era el que lo llevo a ese lugar, pero en cuanto vio sus ojos supo que estaba en dónde debía estar. Otra descarga eléctrica lo animó en cuanto la niña tomo su mano, intento ignorar aquella sensación cuando todas las palabras y premoniciones de Drusilla se agolparon en su cabeza. Como si su amada, desde donde el polvo se asienta cuando los vampiros dejan de existir le confirmara sus sospechas, esta pequeña frente a él de cabello resplandeciente como el mismo sol, con enormes ojos avellana y mejillas regordetas era su destino, no seguir a su amada princesa oscura, llegar aquí, hoy para encontrarla. Se preguntó brevemente ¿Que haría con una niña tan pequeña? Sin embargo, mientras ella le sonreía mirándolo con cariño y admiración supo que su única opción era protegerla hasta que su cuerpo se transforme en cenizas. Ensimismado en sus pensamientos no escuchó a la vocecita que se dirigía a él, prestando atención solamente en cuanto su pequeña mano se posó en su mejilla; —¡Spike! —Se quejó ella, golpeando su rostro a modo de escarmiento, sin imponer fuerza alguna en su golpe como si se tratase de una caricia dura—.
—Perdón, princesa. Dime, ahora soy todo oídos —La instó a hablar tocando la nariz de botón que adornaba los rasgos de su rostro con su largo dedo índice—. ¿Qué decías cariño?
Ella lo vio con un resabio de enojo en lo profundo de su mirada, sin poder ocultar esa sonrisa que se escondía en la comisura de sus labios; —Dije "Hola Spike" —Quitando la mano de su mejilla para menearla frente a sus ojos a modo de saludo—. Y mi nombre es Buffy —Expresó ofuscada, soltando su mano para cruzar sus bracitos sobre su torso—.
Spike se puso en pie con sobrenatural gracia; —Buffy también es un nombre gracioso —Aseguro el vampiro viéndola sonreír, por lo que se inclinó a su altura ofreciéndole sus brazos para confirmar que la cargaría si a ella la parecía, Buffy en respuesta corrió los tres pasos que los separaban y el vampiro la tomó en brazos con total facilidad; —Entonces vamos a casa bebé —Proclamó acomodando a la niña para tener un mayor control de su agarre—.
Buffy lo miró un momento viéndose afligida; —No sé dónde esta casa —Murmuro encogiéndose de hombros—.
Spike le sonrió en un intento de brindarle calma, inhaló el aire para captar el camino marcado por su aroma; —No te preocupes nena, yo me encargó. Tu descansa, es tarde para que las princesas estén despiertas.
Ella asintió y como si esas palabras hubiesen sido todo lo que necesitaba acomodó la cabeza contra su hombro, cerrando los ojos, a la par que el andar apresurado del vampiro la mecía adormeciéndola. Spike la observo descansar, su corazón latiendo en total calma, la respiración acompasada y su rostro relajado, la pequeña era un ángel y él se sentía sumamente afortunado solo con estar en su presencia tanto que creyó no necesitar nada más que este momento para considerarse realizado por toda su no-vida. Ella suspiro hundiendo la nariz en su cuello, inhalo entre sueños y sonrió como si su aroma significase algo para una criatura tan hermosa e inocente, para alguien que no debería asociarse con él, sin embargo, sabía que le era imposible alejarse de ella ahora.
Te vi un punto y, flotando ante mis ojos,
la imagen de tus ojos se quedó,
como la mancha oscura orlada en fuego
que flota y ciega si se mira al sol.
Adondequiera que la vista clavo,
torno a ver las pupilas llamear;
mas no te encuentro a ti, que es tu mirada,
unos ojos, los tuyos, nada más.
De mi alcoba en el ángulo los miro
desasidos fantásticos lucir;
cuando duermo los siento que se ciernen,
de par en par abiertos sobre mí.
Yo sé que hay fuegos fatuos que en la noche
llevan al caminante a perecer;
yo me siento arrastrado por tus ojos,
pero adónde me arrastran, no lo sé.
"RimaXIV"Gustavo Adolfo Bécquer
