Otro día nublado

Llueve sobre la ciudad. El sonido de las gotas resuena sobre la cacofonía común de las calles y las gotas tiñen el paisaje un poco de gris, como un velo que se come todos los otros colores. Aquel clima le hacía sentir como en un sueño, como si nada de lo que viese fuera real, y eso le sienta bastante mal.

Que lloviera de verdad estaba arruinando su semana. Un suceso simple, extraño y azaroso, perfecto para representar un corte de manga del universo en su cara. "Pero podría ser peor" se decía a sí misma, y justamente eso es lo que conseguía hacerla sentir miserable.

Si fuera peor no podría pensar en lo malo que era el momento, no habría tiempo de quejarse ni de añejar la rabia en la garganta hasta que fuera intragable. Debía incluso sentirse agradecida de que el universo eligiera molestarle con una tontería como arruinar su cabello o su ropa. Podía ser peor y lo sabía, por eso era lo justo de malo para sufrirlo.

Había demasiadas reglas hasta para hacer un berrinche.

No importaba. Ahí estaba la lluvia, perfecta para arruinarlo todo y no admitir queja alguna hacia nadie. Mejor maldecir al universo que a la soledad.

En realidad aquel día no había comenzado tan mal. Todo lo había ido bien antes de encontrar una cuerda reventada en su instrumento, descubrir que había olvidado su móvil en casa y arrepentirse de no llevar un paraguas al salir porque no había ningún motivo para pensar que llovería.

Descubrió repentinamente un charco bajo su zapatilla. La desagradable sensación de una media empapada al volver a alzar el pie mandó un escalofrió por su espalda. El escozor tras los parpados le obligó a torcer ligeramente sus labios. Era demasiado para ella, y aun así solo podía seguir caminando.

– ¡Oye tú!– Gritó una chica desde un coche. Tuvo que recomponer su gesto solamente para voltear a verla. La despreciaba, y eso solo por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado – ¿Quieres que te lleve?

–No gracias, no hace falta. Solo me quedan unas calles– Soltó una mentira tonta, caprichosa. Únicamente por las ganas de pudrirse sola en su enojo, de tener tiempo de odiarlo todo antes de arrojarse al sofá y esforzarse por no lloriquear.

–Vamos, está lloviendo bastante– Insistió, mirándola con más atención que con la que miraba el camino. Su cabello azul, maltratado y apunto de necesitar otra visita a la peluquería, parecía un poco húmedo también. Aquella chica sonreía con torpeza al hablar.

–Estoy empapada, no vale la pena machar la tapicería de tu auto– Forzó una sonrisa y apresuró el paso, apenas un poco, lo justo para que pudiera notarlo.

Podía reconocerla aunque no sabía su nombre. Estudiaban música en el mismo lugar y no le había dirigido más que saludos educados y desinteresados antes. No tenía ningún deseo de conocerla, ni le agradaba ni quería tener que seguir hablándole en una situación como esa.

Aun así la chica de cabellos azules seguía conduciendo lentamente junto a ella, mirándola de reojo y luego al semáforo que la pelinegra esperaba la detuviera. Sabía que su decisión era tonta, pero ya la había tomado. Tan solo no quería hablar con nadie, no quería estar cerca de nadie. Podía resultar demasiada grosera tal vez, pero no le importaba.

–Al menos podría prestarte ¡Un-! – Aceleró como por accidente, pudo verla por un segundo echarse hacia atrás, con las manos pegadas al volante y los ojos muy abiertos. No parecía ser buena conductora. El agua le cerró los ojos inmediatamente después.

Estaba fría, más fría de lo que podría haberme imaginado. Hacía que su abrigo se sintiera como las medias, se pegaba a su cuerpo y le obligaba a cubrirse aunque ya era demasiado tarde. Era mucho peor de lo que pudiera parecer.

Sintió su rostro repentinamente caliente, ardiendo por las lágrimas como si fueran un líquido completamente diferente a la lluvia o el charco que aquella chica de pelo azul y sonrisa tonta le acababa de echar encima.

No pudo decir nada, no pudo ni respirar. La boca de la chica en el auto se abrió y su ceño se frunció en la disculpa más sincera que pudiera pedirse sin palabras. Ella no quería oír nada. Tan solo se volvió y huyó en la dirección contraria.

Iría tan lejos como pudiera de la calle, de ella y de todo el mundo que le hacía llorar sin siquiera darse cuenta porque solo se trataba de su soledad en medio de la nada, deseando con desesperación que algo tenga un poco de sentido. Tuvo que preguntarse si se lo merecía por no haber querido compartir su miseria con ella, si acaso eso importaba.

Siguió andando guiada por su instinto, sin prestar atención a nada hasta que estuvo dentro de su apartamento, derrumbándose con la espalda contra la puerta. El primer esfuerzo consiente que pudo recordar. Un paso hacia delante, otro más, un tambaleo sin dirección y la fortuna de avanzar otro paso; luego repetirse hasta que logró caer sobre el sofá.

No se sentía con las fuerzas necesarias para quitarse la ropa. Todavía le ardían las lágrimas en el rostro como si se hubieran secado sobre la piel. Cerró los ojos y suspiro. Demasiado enojada, triste, demasiado frustrada con todo, frustrada consigo misma. Pensar se volvía más difícil y pudo reconocer sus propios gemido de pena vibrar en el aire.

Llaman a la puerta.


Hola, lectores y lectoras. Saben, hace mucho (quizá un par de años o menos) publicaba algunos textos por aquí, pero temí que el fandom muriera y… perdí la contraseña de mi cuenta. De todas formas, es agradable ver que todavía hay gente haciendo fanfics y me inspira a publicar algo, por cierto, algo que tengo desde el "14/06/21" pero pensé que no podría subir… Claro que le di un par de editadas y eso.

De todas formas, por favor no duden en dejar una review y díganme que piensan.