Separadores que encontrarás en esta historia:

FFFFF - Cuando se narra un flashback o algo relacionado con el pasado de un personaje.

PPPPP - Cambio de escena. Ya sea que los mismos personajes estén en un ambiente diferente o que se relate una situación distinta, con otros personajes y en otro lugar.

SSSSS - Un personaje está soñando.


-¡NOOOOOOOOOOOOOOOO!

El desgarrador grito de su hermana menor la hizo despertar de golpe. Tomando su espada; colocada a un lado de la cama, salió con prisa de su cuarto, atravesando un pasillo angosto, para luego bajar por unas largas escaleras en forma de espiral. Llegando a la gran puerta de la iglesia, la cual, abrió de par en par, dio un paso al exterior y cruzó hacía el otro de la calle, terminando en los restos de un edificio que había sido calcinado hace bastantes años. Por el descuido del personal de la ciudad de Londres, la tierra continuaba cubierta en cenizas antiguas, charcos de agua y polvo de cemento. El paso se dificultaba más por las grandes vigas de madera tiradas en los alrededores.

-¡Susan! – exclamó la chica de largo cabello castaño.

Para su mala suerte, la oscuridad de la noche no le permitía ver con claridad. Sin embargo, cuando llegó a una parte del edificio, donde un gran agujero en la pared dejaba que la luz carmesí de la luna entrara por completo, los vio. El Conde del milenio sonreía complacido, frotándose las manos mientras observaba como su creación; un esqueleto negro sin manos, se introducía a una joven de 18 años con el largo cabello rojo, a través de su boca. Megumi, parada al otro lado de la escena, abrió los ojos como platos y se cubrió la boca con sus manos temblorosas. Fue descuidada y ahora su hermana estaba pagando las consecuencias con su vida.

-JEJEJE… - el Conde del milenio, percatándose de su presencia, reflejó su silueta en los cristales de sus anteojos oscuros. – Llegas tarde, guardiana. – dijo triunfante, poniendo sus manos sobre los hombros de la mujer pelirroja. – Ahora ella me pertenece.

-Bastardo… - susurró, enfureciendo al escuchar su risa. Desenfundó su espada de filo negro y dio un salto hacia él. Por desgracia, su hermana se interpuso en su camino, golpeándola con fuerza en el estómago y haciéndola volar hacia una pared de ladrillos calcinados.

-¿Qué sucede? – interrogó la entidad maligna con su gran sonrisa, al ver como se deslizaba hasta caer. - ¿No puedes matar a tu hermana? – Megumi apretó los dientes con impotencia, aguantando el dolor mientras se arrodillaba.

-¡Esa cosa ya no es mi hermana! – gritó enojada, con una lágrima escapando de su ojo izquierdo. - ¡Te aprovechaste de su tristeza y la convertiste en un Akuma!

-¿Será cierto? – cuestionó el Conde, más que divertido con la situación. - Después de todo, tú dejaste morir a su prometido. – la joven frunció el ceño, resignándose a escuchar una vez más su risa. Entonces, usando un paraguas rosado que llevaba consigo, el Conde abrió para su creación un portal circular de varios colores. - ¡Adelante mi hermoso Akuma! – exclamó, dándole ánimos para avanzar. - ¡Esparce el caos en esa dimensión!

-Maldición… - pensó la joven, recordando de pronto como su hermana menor guardaba un rosario blanco, en el interior de sus ropas de sacerdotisa. Gruñó y apretó más los dientes. Tomó con fuerza su espada y la movió de un lado a otro. - ¡Cadenas de sangre!

De la hoja de la espada, salieron disparadas un conjunto de cadenas. El Conde, creyendo que el ataque era para él, abrió su paraguas y saltó. Flotando en el aire, comprobó a la mala que las cadenas iban dirigidas a su nuevo Akuma, el cual, ya había atravesado gran parte del portal.

-¡Escúchame bien, Conde! – gritó Megumi, poniéndose de pie y caminando despacio hacia el portal. - ¡No sé cómo diablos saliste de tu prisión, pero cuando regrese, haré que te arrepientas por lo que hiciste esta noche! – y con aquella advertencia presente, desapareció junto al Akuma y el portal.

PPPPP

Esta luz… me está torturando. No lo entiendo. No lo comprendo.

Cuando está en mi mano…me quema. Es como si…

Ya no quisiera estar conmigo…

La luz del fragmento de Shikon lastimaba a Kagome con el paso de los días. Sentimientos dormidos en su corazón lograron despertar, a la vez que ya no sentía razón alguna para estar en la época antigua. Atravesó el pozo con algo de prisa, llegando a la época actual. Corrió por el patio, entró a su casa y se fue directamente a su cuarto, donde se acostó en su cama a pensar las cosas. Había sido una noche muy dolorosa para su corazón. No sabía cómo afrontar aquella extraña sensación, sin embargo, deseaba que todo se perdiera entre los silenciosos minutos que permanecía inerte. Sofocada y asfixiada por el deseo de que Kikyo desapareciera.

-No lo entiendo… - musitó cansada y confundida, sosteniendo en su mano el pequeño frasco donde estaban los dos fragmentos de Shikon. - La luz me quema… ¿Qué es lo que me quieres decir, pequeño fragmento? ¿Quieres regresar a dónde perteneces?

Esas preguntas las formuló sin muchos ánimos, mirando los trozos de la perla como si tuvieran un brillo especial. InuYasha y Kikyo habían sido los causantes, nuevamente, de aquellos sentimientos que no eran propios de sí misma. Después de todo, no quería pensar en lo que sentía por ello: odio, tristeza, confusión, lástima… lo que conllevaba a una fuerte melancolía que resonaba en su cabeza.

-La solución… - comentó, sentándose en la cama. - es que le regrese este fragmento a InuYasha. – volteó la mirada y vio por un momento un cielo cubierto por estrellas. – Así, el pozo dejará de funcionar y no volveré a verlo nunca más. - Su decisión estaba tomada. No había marcha atrás.

PPPPP

Al día siguiente, el amanecer se asomó a lo lejos entre dos altos edificios. Kagome se levantó desanimada. Se acercó al espejo que estaba colgado en una de las paredes de su cuarto y comenzó a cepillarse su cabello como de costumbre. Acto seguido, se puso su uniforme. Bajó al comedor y le comentó a su madre que iba a salir. Recibiendo una de sus cálidas sonrisas, asintió y se dirigió a la puerta principal de la casa, abriéndola y cerrándola tras de sí. Una vez dentro del templo, entró al pozo y atravesó la barrera del tiempo para llegar a la época antigua. Cuando subió al borde de la antigua construcción, se quedó sentada en él, mientras el viento hacia que su cabello se moviera.

-Ya no quiero sufrir… - pensó, recordando como InuYasha y Kikyo se abrazaban frente al árbol sagrado, rodeados por un conjunto de almas que los iluminaban esa noche. - No quiero que me vuelvas a lastimar… - llevó una de sus manos a su pecho y agachó la mirada para contener las lágrimas. - Me duelen estas punzadas llamadas "perdón".

-¿Kagome?

Al escuchar su nombre, se giró de golpe. InuYasha se encontraba parado a su lado izquierdo, contemplándola en silencio. No sabía decir qué era lo que le sorprendía más en ese instante. Que la joven de cabello negro volviera una vez más o las pequeñas lágrimas que salían de sus ojos. Apretó los puños. Lo que le diría a continuación no sería nada fácil de afrontar.

-Lo siento… Kagome. – susurró, incapaz de verla a los ojos.

-InuYasha…

Ambos se veían melancólicos. No se imaginaban un mundo sin el otro a su lado. Sin embargo, tomaron una difícil decisión por su cuenta y ahora sentían que debían cumplirla sin importar el precio, aunque eso les costara su relación. Sus recuerdos. Sus vidas.

-Yo… - InuYasha trataba de terminar su oración, pero no podía. Por ello…

-Ya no te veré más. – Kagome la culminó por él, sonriéndole sin dejar de llorar.

Fin del capítulo.


Debido al abrupto cierre de fanfic . es, decidí comenzar de nuevo con mi serie "Trayecto de la guardiana dimensional". Si te gustaría disfrutar esta historia con imágenes (y proximamente dibujos XD) también está disponible en wattpad :) Muchas gracias por leer, cuidate mucho, saludos!