Separadores que encontrarás en esta historia:
FFFFF - Cuando se narra un flashback o algo relacionado con el pasado de un personaje.
PPPPP - Cambio de escena. Ya sea que los mismos personajes estén en un ambiente diferente o que se relate una situación distinta, con otros personajes y en otro lugar.
SSSSS - Un personaje está soñando.
-Vine a devolverte esto. – Kagome se levantó y tomó las manos de InuYasha, para entregarle los fragmentos de Shikon. - Si tú los tienes, el pozo dejará de funcionar en mi época y ya no te veré nunca más.
-Espera… - pidió, confundido. - ¿Por qué…?
-Estoy cansada, InuYasha. – se sinceró, secándose las lágrimas con su mano derecha. - Es obvio que quieres estar con Kikyo. Y yo lo único que hago es estorbarte, al obligarte que estés a mi lado.
-¡Oye, eso no…!
-Ya tomé mi decisión. – dijo seriamente, interrumpiéndolo en seco. Sin voltear a verlo, se encaminó a la orilla del pozo, apoyando sus manos y su rodilla derecha. - Adiós. – susurró, arrojándose al interior y marchándose definitivamente de la época antigua.
-¡Kagome!
PPPPP
-Tenía que terminar así. – pensó, mientras salía del templo y se limpiaba algunas lágrimas más. - Aunque me rompa el corazón ya no poder estar con InuYasha… sé que esto es lo mejor para ambos. – levantó la vista, abriendo los ojos como platos.
A unos pasos del árbol sagrado, se encontraba una joven de 14 años de edad, piel blanca, ojos y largo cabello castaño. Como la gabardina que la cubría era de color negro, apenas y se podía distinguir la grave herida que tenía en el costado derecho, la cual, se sostenía con fuerza con su mano izquierda, mientras que, con su mano derecha, agarraba su espada de filo negro. En cuanto sus ojos se encontraron, ya no pudo más, por lo que cayó al suelo, desmayada. Kagome, preocupada, corrió hacia ella y la sostuvo en sus brazos. Eso no era normal. Era como si, al haber cerrado la barrera del tiempo, hubiera abierto la puerta a otro mundo mucho más peligroso.
-¡Mamá, abuelo, Sota!
PPPPP
SSSSS
-Querida hermana. – la voz de Susan hacía eco en lo más profundo de sus pensamientos. En un espacio blanco, rodeadas de mucha luz, la sacerdotisa le sonreía. - ¿Sabes porque no tengo miedo de que el Conde del milenio se apodere de mi cuerpo y mi alma? – su sonrisa la hizo temer. - Porque, sin importar lo que pase, confío en que podrás salvarme. – de pronto, la luz desapareció, convirtiéndose en aquel edificio abandonado y quemado.
-Llegas tarde, guardiana. – al girarse, se encontró con el Conde del milenio y con aquella horripilante imagen de su hermana menor, siendo profanada por un esqueleto negro. - Ahora ella me pertenece.
SSSSS
-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOO! – gritó Megumi, despertando de su pesadilla e inclinándose hacia adelante.
-¡¿Qué sucede?! – cuestionó Kagome, entrando a su habitación junto a su madre.
-¡Fue mi culpa, yo debía protegerla y no pude hacerlo! – bramó aterrada, cerrando fuertemente los ojos y sosteniéndose la cabeza con sus manos.
-¡Por favor, tranquilízate! – le pidió la joven cabello negro, sentándose en la orilla izquierda de la cama y sosteniéndola de los hombros. - ¡Todo está bien! – Megumi abrió los ojos.
-Es cierto. – pensó, atónita. - El Conde del milenio abrió un portal a este mundo. Até a Susan a las cadenas de colmillo sangriento. Pero, cuando se dio cuenta de que la seguía, me hirió con una cuchilla y terminé cayendo cerca de aquí. – jadeando por lo bajo, volteó la vista hacia madre e hija. Ambas la observaban con preocupación. - L-Lamento haberlas asustado. – dijo apenada.
Se apartó de las manos de Kagome y se puso de pie. Su espada enfundada se encontraba apoyada en la pared; a un lado de un escritorio, por lo que solo la tomó y la amarró a su cintura.
-Gracias por haber curado mi herida. Tengo que irme. – dio unos pasos a la puerta para marcharse, sin embargo…
-¡Espera, por favor!
Kagome la detuvo, tomándola de la mano izquierda y obligándola a girarse hacia ella. En ese instante, sus memorias se revelaron ante sus ojos castaños, conociendo profundamente su historia con InuYasha, y cómo fue que le devolvió los dos fragmentos de Shikon de los que disponían.
-Pequeña, ¿No tienes hambre? – la madre de la joven la devolvió a la realidad. - No creo que debas irte con el estómago vacío. Podría hacerte daño. – le dijo con una dulce sonrisa, evocándole un sentimiento de nostalgia que no pudo disimular en su expresión.
PPPPP
El platillo que le había preparado la señora Higurashi a Megumi, era un arroz frito con fideos y camarones. Sin decidirse por dónde debería comenzar, la menor analizaba su plato de un lado a otro. Había visto antes a dos de sus compañeras degustar algo parecido… pero no sabía si sería su tipo de platillo.
-Oye, abuelo, ¿No crees que sus ropas son muy extrañas? – le preguntó Sota en voz baja, sentado a su lado izquierdo, sin apartar sus ojos de la joven de ojos castaños. El mayor asintió un par de veces.
-¡Oigan, no sean irrespetuosos! – los regañó Kagome, acercándose a la mesa. En cuanto volteó hacia Megumi, su ceño fruncido se convirtió en una sonrisa. - ¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda para comer? – la interrogó, al darse cuenta de que su plato seguía exactamente igual a cuando se lo había servido.
-Si… yo… - habló avergonzada, llevándose una mano a su largo cabello castaño. - sucede que no estoy acostumbrada a este tipo de comida.
-¿Ah, no? – preguntó la madre de Kagome, sentándose a un lado de Sota. - ¿De dónde eres?
-Nací en Japón. Pero cuando mi madre quedó embarazada de mi hermana, ella y mi padre se mudaron a Inglaterra.
-Ahora entiendo. – dijo la señora Higurashi. - Debes extrañar mucho la comida de tu mamá, ¿Cierto?
-La verdad es que ya no la recuerdo. – su semblante cambió, tornándose melancólico. - Unos meses después de que cumplí 5 años, tanto ella como mi padre fueron asesinados.
-Qué horror… - dijo Sota, sorprendido. El abuelo tragó grueso un pedazo de pescado.
-Pero unos meses después, fui adoptada por un hombre muy bueno y amable. – comentó con una sonrisa. – La cocina quedaba hecha un desastre cuando él entraba, pero preparaba platillos deliciosos.
-¿Y tu hermana? – preguntó Kagome.
-Fue adoptada por otro hombre. Pero no pude verla hasta unos años después…
FFFFF
Megumi abrió despacio sus ojos castaños. La habitación en la que se encontraba era fría y oscura. A su lado izquierdo, sonaba una máquina que le medía el pulso. Cuando quiso voltear hacia ella, para apreciarla mejor, no lo consiguió. De hecho, no podía moverse. Jadeando rápidamente por el pánico, se forzó a moverse hacia la derecha, cayendo por accidente de la cama y desconectándose sin querer de las máquinas a su alrededor. Sintiendo de golpe la baja temperatura del piso, soltó un alarido. Su garganta estaba seca y era incapaz de levantarse. De pronto, las luces del cuarto se encendieron.
-¡Megumi! – su hermana Susan, con 15 años, la llamó entre lágrimas, arrodillándose a su lado y tomándola con cariño entre sus brazos. - ¡Qué bueno! ¡Estás despierta!
La mencionada no entendía lo que estaba pasando. Quería hacerle mil preguntas, pero, en sus condiciones actuales, era más que imposible. Mientras la joven pelirroja la continuaba abrazando, apareció detrás de ella un hombre mayor. Usando un uniforme negro; con una rosa plateada en el lado izquierdo de su pecho, la saludó con una reverencia y le sonrió.
PPPPP
-General Yeagar, ¿Cuál es su diagnóstico? – preguntó Susan.
Una vez que recostaron a Megumi nuevamente en la cama de la enfermería, Kevin Yeagar; uno de los 6 generales dentro de la orden oscura, quien era doctor, le hizo una serie de pequeños exámenes haciendo anotaciones sobre su respiración, movilidad y su pulso. Este último, le había llamado significativamente la atención. Dándole el presentimiento de que alguien más estuviera en el interior de su corazón, ayudándola a estar despierta.
-Todo parece estar en orden. – concluyó el anciano, haciendo sonreír con alivio a la pelirroja. – Sin embargo, es necesario empezar con su tratamiento lo más pronto posible. – Megumi volteó la mirada del mayor hacia su hermana, quien, notando su inquietud, tomó su mano izquierda y le sonrió.
-Tranquila. – le dijo con dulzura. – Yo voy a asegurarme de que todo salga bien. – la joven de cabello castaño asintió en silencio.
-¡Susan! – de pronto, la voz de una mujer resonó en el pasillo. Segundos después, apareció en la puerta de la enfermería, acompañada por una chica de cabello castaño y un muchacho de ojos y largo cabello negro. Megumi no lo reconoció. - Estás despierta. – comentó Kikyo, derramando un par de lágrimas antes de sonreír. Sin embargo, al ver a Rin, notó que ella no la miraba con la misma alegría que su hermana mayor. En sus ojos, se reflejaba un miedo incomprensible.
-Susan… - la llamó, disimulando sus inquietudes con una sonrisa. - ¿Podemos hablar a solas? – la mencionada le sonrió una última vez a Megumi y salió con Rin al pasillo. Mientras tanto, Kikyo se acercó a su compañera, tomando en todo momento el brazo de su acompañante.
-Megumi. Me gustaría presentarte a alguien.
-Mi nombre es InuYasha. – dijo el joven de cabello negro, haciendo una reverencia. - Mucho gusto. – la menor de cabello castaño sonrió. Anhelaba poder levantar su brazo derecho y estrechar la mano del chico, pero su extremidad simplemente se negaba a moverse, frustrándola profundamente. Kikyo, al percatarse de su mirada triste, tomó sus manos; encerrándolas entre las suyas y le sonrió.
FFFFF
Fin del capítulo.
