Separadores que encontrarás en esta historia:
FFFFF - Cuando se narra un flashback o algo relacionado con el pasado de un personaje.
PPPPP - Cambio de escena. Ya sea que los mismos personajes estén en un ambiente diferente o que se relate una situación distinta, con otros personajes y en otro lugar.
SSSSS - Un personaje está soñando.
FFFFF
-Susan, ¿Qué le pasó exactamente a tu hermana? – interrogó Rin, preocupada. Ellas eran las únicas que se encontraban paradas en el grisáceo pasillo, dentro de la orden oscura. - ¿Por qué se ve como si tuviera 14 años? – la joven pelirroja apretó los puños.
-Para salvarle la vida, su padre adoptivo se vio forzado a transferirle sus poderes como guardián dimensional. – explicó entristecida. - El peso de estos fue tanto, que la obligó a permanecer en coma durante estos 7 años. La verdad es que yo tampoco sé muy bien porque tiene esa apariencia, ya que tiene la misma edad que InuYasha, Kikyo y Alan. Pero estoy segura que está relacionado con esos misteriosos poderes que su padre le transfirió.
FFFFF
PPPPP
El atardecer iluminaba gran parte de los edificios de Tokio. A las afueras de la ciudad, un hombre pálido de largo cabello azul, vestido con una armadura China, esperaba detrás de un árbol a la joven de largo cabello rojo. A su parecer, su aspecto lucía bastante sucio y descuidado. Pero, considerando que apenas había sido convertida en un juguete del Conde del milenio, decidió no darle tanta importancia. En especial, porque su objetivo no era la máquina. Sino lo que llevaba en el interior de sus ropas. Sabiendo esto, la joven sacó de su camisa blanca de mangas largas un rosario blanco y se lo entregó al hombre sin quejarse. Este, al tener el objeto en sus manos, sonrió de lado y la miró con arrogancia.
-Tengo una nueva misión para ti.
PPPPP
Al final, Megumi decidió quedarse con la familia Higurashi por el resto del día, ayudando un poco con las labores del hogar y con la tarea de inglés de Sota, quien se llevó un gran regaño por parte de su hermana mayor, al no saber distribuir bien su tiempo para estudiar. Ver a Kagome con tanta energía, le recordó a una de sus compañeras, quien era tenaz y valiente. Y, cada vez que tenía la oportunidad, guiaba de una manera más amable a su hermana menor, cuya capacidad para exorcizar demonios, había sido igual de asombrosa que la de la mujer de largo cabello negro. Sonrió. Si frustraba con éxito los planes del Conde del milenio, pronto volvería a ver a Kikyo.
-¡Listo! – anunció Kagome; vestida con una piyama rosa de 2 piezas, terminando de preparar el futon en el piso de su habitación. Al verlo junto a la cama, Megumi sonrió. Habiéndose cambiado previamente para dormir; poniéndose también un piyama de dos piezas, pero de color azul claro, extendió los brazos a los lados, se giró sobre sus talones y se dejó caer sobre el futon.
-Hace mucho que no veía uno de estos. – se sinceró, con sus ojos cerrados. - Me trae mucha nostalgia. – la joven de cabello negro sonrió. Era como ver a una niña de primaria emocionarse por la primera nevada del año.
-Descansa. – le pidió, acercándose al apagador de luz y presionando el botón. Al escuchar cómo se acostaba en su cama, poniéndose sus colchas rosas encima, Megumi abrió los ojos, encontrándose con la oscuridad.
-Kagome. – la llamó unos segundos después. - Hay algo que debo decirte. – intrigada, la mencionada se inclinó hacia adelante para levantarse y encendió la lámpara que tenía en su mesita de noche. - Mis ojos no son como los de cualquier otra persona. Con ellos, puedo ver los recuerdos de alguien a quien tenga en frente. – movió la cabeza hacia su izquierda y la vio avergonzada. - Perdóname. Sin querer, vi los tuyos por accidente y… me percaté de que tienes un grave un problema. – al escuchar aquello, la joven abrió los ojos como platos.
-Entonces… - murmuró. - ¿Sabes lo del pozo devorador de huesos, lo de los fragmentos de Shikon y…?
-Lo que sentiste al ver a tu amado abrazando a otra mujer. – completó, asombrándola más. De un impulso, se sentó sobre el futon, cruzando las piernas y tomando sus talones con sus manos. – Yo tuve que rendirme con el chico al que amaba, porque quería a otra chica. – confesó con una sonrisa triste. - Así que, puedo entender un poco como te sientes. – Kagome frunció el ceño.
-InuYasha es un tonto. – comentó enojada, arrugando las cobijas que sostenía en sus manos. - Aunque está consciente de que Kikyo quiere matarlo, sigue buscándola y protegiéndola.
-Parece que su relación en este mundo es bastante complicada. – pensó, anonadada con su expresión. Respiró y sonrió. - Kagome, ¿No te gustaría regresar a la época antigua y darle su merecido?
-Ya tomé mi decisión. – comentó, recordando con melancolía lo sucedido esa mañana. - Jamás volveré. Además, no puedo hacerlo sin los fragmentos.
-Y es aquí donde entro yo. – anunció, poniéndose de pie y llamando su atención. - Creo que no me presenté apropiadamente. Mi nombre es Megumi Walker, pero muchos me conocen como la guardiana dimensional. – tomó su arma, apoyada sobre el escritorio de madera. - Con esta espada que recibí de mi padre adoptivo, puedo viajar a diferentes mundos. Así que, si tú me lo pides, puedo llevarte con InuYasha. – aunque sus ojos se inundaron en lágrimas, simplemente se negaba a regresar.
-Después de lo que le dije… me avergonzaría verlo a la cara.
Megumi suspiró. Por ver sus recuerdos sin querer, era capaz de comprenderla. De haber estado en su lugar y vivido algo similar junto a Alan, tampoco querría tenerlo frente a frente. Pero era imposible. Porque se había enamorado de su hermana menor… y ahora estaba muerto. De pronto, ambas escucharon un fuerte ruido afuera de la casa. Temiendo lo peor, Megumi apretó con fuerza la funda de colmillo sangriento y se asomó por la ventana.
-¡Hay que salir! – exclamó, tomando la mano de Kagome y ayudándola a levantarse. Una vez que atravesaron la puerta corrediza, se encontraron con Susan, flotando unos metros por encima de ellas.
-¿Una mujer pelirroja? – pensó Kagome, volteando confundida hacia Megumi, cuyos ojos derramaron un par de lágrimas. - ¿La conoce?
Mientras intentaba explicarse el rompecabezas frente a sus ojos, la mujer hizo su primer movimiento, extendiendo su brazo derecho para convertirlo en un tubo negro, con el cual, les disparó balas venenosas. Al verlas, Kagome gritó. Megumi, actuando rápidamente, se posicionó frente a ella y creó con su espada; levantándola en forma horizontal, un campo de fuerza carmesí. El Akuma no se inmutó. Pero concluyó que debía cambiar de estrategia. De lo contrario, sus amos estarían muy decepcionados. Sobre todo, Menomaru. Cambiando el tubo negro por una brillante guadaña roja, se abalanzó hacia la joven de cabello castaño, quien deshizo el campo y desenfundó a colmillo sangriento de su funda. Encontrándose en el aire, los filos de sus armas chocaban una y otra vez, sacando chispas.
-¡Kagome, entra al templo! – pidió la guardiana, sin quitarle los ojos de encima al monstruo con la piel de su hermana menor.
-¡Pero…!
-¡Yo estaré bien, confía en mí! – replicó, moviendo su espada de arriba hacia abajo. - ¡Cadenas de sangre! – del filo negro, salieron varias cadenas rojas que se ataron sin compasión a la máquina, haciéndola gruñir de coraje.
Aprovechando su inmovilización, la chica de cabello negro corrió hacia el templo. Sin embargo, antes de poder cruzar por la vieja puerta corrediza, Susan se deshizo de las cadenas y voló hacia ella, agarrándola con fuerza de su brazo derecho, para cruzar un portal creado con su mano derecha. Megumi corrió hacia ellas, pero no fue capaz de alcanzarlas, cayendo de rodillas al piso y quedando con dos agujeros en los pantalones de su piyama azul.
-¡Demonios! – exclamó enojada. Se puso de pie y trazó un círculo en el aire, para luego apuñalar el centro. De esa forma, creó un portal idéntico al de la máquina, atravesándolo de un solo salto para desaparecer de ahí.
Fin del capítulo.
