Separadores que encontrarás en esta historia:
FFFFF - Cuando se narra un flashback o algo relacionado con el pasado de un personaje.
PPPPP - Cambio de escena. Ya sea que los mismos personajes estén en un ambiente diferente o que se relate una situación distinta, con otros personajes y en otro lugar.
SSSSS - Un personaje está soñando.
-¡Anciana Kaede! – la llamó Miroku, corriendo junto a InuYasha y Sango, entre las cabañas de la aldea.
-¿Lo siente, su excelencia? – le preguntó la anciana, volteando la mirada del joven monje hacia los árboles a lo lejos. - Hay una terrible presencia en el bosque.
-Tal vez deberíamos echarle un vistazo. – dijo el Hanyou, con la intención de comenzar a correr por los campos de cultivo de la aldea. Sin embargo…
-¡InuYasha! – Kagome llegó repentinamente desde el otro lado, abrazándolo y sorprendiéndolo, tanto a él como a sus amigos.
-¿K-Kagome? – pronunció su nombre, incrédulo. - ¿Pero cómo…?
-¡No hay tiempo para explicaciones! – gritó preocupada, sujetando con fuerza sus ropas. - ¡Una amiga mía está en peligro, tenemos que ayudarla!
PPPPP
FFFFF
-La espada en tus manos puede destruir todo tipo de maldad. Lo único que debes hacer, es encontrar la técnica correcta.
FFFFF
-Las cadenas de sangre no funcionarán de nuevo. – concluyó Megumi, volteando la vista de la joven pelirroja hacia el asidero de su espada. – Así que, tal y como me lo dijo el general Cross, necesito intentar otra cosa.
-Es inútil, Megumi. – insistió la máquina, transformando sus brazos en un par de guadañas rojas. - ¡Mientras sigas viéndome como Susan, jamás podrás destruirme! – con una sonrisa desquiciada en sus labios, se abalanzó hacia la guardiana, quien, parándose firmemente en la hierba, le hizo frente a sus armas con colmillo sangriento.
-Akuma tonto… - susurró con una sonrisa, soportando el peso de su oponente con el filo de su espada. - ¿Quién te dijo que te seguía viendo como mí…? – de pronto, la habilidad en sus ojos se activó, viendo uno de los pocos recuerdos que albergaba en su consciencia.
PPPPP
SSSSS
-Quiero que mates a Megumi. – ordenó un hombre de piel pálida y largo cabello azul, vestido con una armadura China. - Así no podrá detener el escenario que el Conde del milenio tiene preparado.
SSSSS
-No es cierto… - pensó desconcertada, frunciendo el ceño y empujando a la máquina para apartarse de ella. - ¡¿Por qué Menomaru está colaborando con el Conde?! ¡Él es guardián de la otra vida!
-¿Qué te pasa? – cuestionó, cambiando sus guadañas por dos tubos negros. - ¡Parece como si hubieras visto a un fantasma!
En cuanto comenzó a disparar sus balas venenosas, la guardiana retrocedió, usando su espada para rechazar algunas de las que trataban de clavarse en su cabeza o brazos. Desafortunadamente, los árboles a su alrededor salieron perjudicados, quedando marcados con los pentagramas negros y marchitándose de golpe. Alan desapareció y reapareció detrás de Megumi, levantando su guadaña roja derecha para lastimarla. Sin embargo, la joven se percató a tiempo y detuvo el arma con el filo de colmillo sangriento. Mientras iban saltando de un lado a otro, la guadaña y la espada chocaban varias veces. Hasta que, en cierto momento, las hojas de las armas se quedaron juntas.
-No tengo otra opción. – pensó la chica de cabello castaño, moviendo la espada hacia su derecha y separándose de la máquina. Con los pies a unos centímetros del suelo y el Akuma acercándose peligrosamente hacia ella, deslizó la punta de la hoja por el suelo, haciéndola brillar como si un río de sangre se desbordara desde la empuñadura. - ¡Cadenas de sangre! ¡Sello! – un conjunto de cadenas rojas emergió del suelo y se ataron automáticamente hacia Alan, obligándolo a arrodillarse en la tierra y con los brazos oprimidos junto a su torso. Megumi jadeó agotada. Tragó saliva y se acercó a la joven pelirroja, levantando su espada por encima de su cabeza. El asidero temblaba por los nervios que le transmitía a sus manos.
FFFFF
-Es mi destino morir a manos del Conde del milenio. – comentó Susan, sacando un objeto de su camisa blanca de mangas largas. - Cuando eso suceda, busca a la nieta de Inu no Taisho, tal y como te lo dijo el general Cross, y entrégale este rosario blanco. – Megumi apretó los dientes.
-¡No lo permitiré! – gritó enojada, tomándola de los hombros y mirándola directamente a los ojos. - ¡Tú misma le entregarás el rosario a la nieta del comandante bestia, porque ese día vas a estar conmigo! ¡Te lo aseguro!
PPPPP
-¡Alan! – cruzando las grandes puertas de la iglesia, Megumi vio horrorizada como su hermana; usando un hermoso vestido blanco, llamaba a su prometido muerto, hundido en un charco de sangre frente al altar. Junto a ellos, el sacerdote que iba a casarlos se había suicidado, dejando caer un cuchillo cubierto con sangre. - ¡Amor, levántate! – gritaba la pelirroja, inundada en lágrimas y desesperación. - ¡Por favor, no me dejes! ¡NO ME DEJES SOLA!
FFFFF
-Perdóname, Susan… - pidió la guardiana, sollozando, levantando su espada otro poco. - perdóname, perdóname…
-¡Hermana, no lo hagas! – de pronto, sus ojos se abrieron como platos. - ¡Por favor, no me mates! – la dulce mirada que la joven pelirroja le dedicó la hizo entrar en estado de shock. Por ello, el Akuma sonrió, invocando el tubo negro de una pistola en su frente y disparando una bala venenosa en su hombro izquierdo. El dolor era tan fuerte que la menor se arrodilló, soltando a colmillo sangriento para tomarse la herida. - Caíste. – Haciendo un poco de presión en sus extremidades, deshizo con facilidad las cadenas de sangre. Una vez libre, se levantó y tomó a la guardiana del cuello, estampándola contra el tronco de un árbol muerto. - Te tardaste, Megumi. – sonrió, con más descaro que antes, transformando su brazo derecho en una guadaña roja. - Y ahora, al igual que Susan, pagarás tu error con tu vida.
FFFFF
-Querida hermana. ¿Sabes porque no tengo miedo de que el Conde del milenio se apodere de mi cuerpo y mi alma? Porque, sin importar lo que pase, confío en que podrás salvarme.
FFFFF
-¡No! – exclamó enfurecida, aferrándose al brazo que usaba para sujetarla de su cuello. - ¡No puedo morir todavía! ¡Susan y Neah cuentan conmigo y no pienso defraudarlos! – la máquina, cansada de sus palabras, estuvo a punto de clavarle su guadaña en el corazón. Sin embargo…
-¡Lanzas de diamantes! – InuYasha fue el primero en llegar al sitio, apartándola unos metros de la guardiana con la técnica de colmillo de acero.
-¡COF, COF! – cayendo al suelo de rodillas, tosió por la falta de aire. Al levantar la cabeza, vio anonadada la cabellera plateada de su salvador. - ¿InuYasha? – lo llamó con dudas. - Se ve muy diferente. – entonces, Kagome, Sango y Miroku se reunieron con el Hanyou, parándose frente a Megumi y mirando con desaprobación a la chica pelirroja.
-¿Cuál es tu problema con esta jovencita? – cuestionó el monje. - ¿Por qué quieres matarla?
-Que su apariencia no los engañe. – sugirió Megumi, llamando su atención. - En mi mundo, existe una entidad maligna que fusiona a los humanos y a las almas de sus seres queridos en máquinas sin sentimientos. La chica que está frente a nosotros es una de esas máquinas. Un Akuma.
-¿"Akuma"? – preguntó InuYasha.
Fin del capítulo.
Con este capítulo, ya llegamos a la mitad de la historia! :D Muchas gracias por leer, saludos a todos!
