Hola a todos! Muchas gracias por continuar leyendo esta historia nwn Posiblemente termine esta misma semana, aunque... la verdad me gustaría prolongarla un poquito más de tiempo para ver como voy a hacer la portada de este fic, y el de la segunda parte XD Mientras tanto...! Los dejo con este capi, el cual, será completamente un flashback :) Cuídense mucho, saludos a todos!


FFFFF

Neah y Mana Walker eran dos chicos con asombrosas habilidades en las artes místicas de la hechicería y la magia. Por este motivo, el Conde del milenio asesinó a sus padres y, cuando ambos cumplieron 13 años, los eligió para que fueran los líderes, de lo que, años más adelante, muchos conocerían como el clan Noé. Con el paso de los años, se fueron uniendo a esta extraña familia, otros niños que terminaron huérfanos, gracias a los ataques planeados de los Akuma. Skin Boric con su habilidad para proteger su cuerpo con una armadura indestructible y controlar los rayos propinados por esta misma. Lulubell y sus transformaciones físicas.

Tyki Mikk con su asombrosa capacidad para atravesar los objetos o personas que él quisiera. Los gemelos Debito y Jasdero materializaban cualquier cosa que pensaran al mismo tiempo. Además, podían fusionarse para crear una nueva entidad: Jasdevi, cuya fuerza y poder eran superiores a las de cualquier criatura sobrenatural. Demonios incluidos. Por último, Road Kamelot y su mundo de sueños y pesadillas. Si entraba a la mente de un ser vivo, podía modificarla a su gusto. O crear ilusiones en la realidad, ambientadas con el estilo tan característico de su mente.

PPPPP

-20 años después-

Dentro del arca de Noé, con una expresión bastante desolada, Neah Walker caminaba por un largo pasillo, decorado con una larga alfombra de rombos rojos y negros. Cuadros de payasos en las paredes y varias mesas con jarrones y flores marchitas en su interior. Llegando a su cuarto; donde también descansaba su hermano menor, abrió y cerró la puerta de golpe, para luego tirar la primera mesa de madera que estuviera frente a él… junto con todas las cosas que tenía encima. Un florero, un par de libros y una bandeja plateada con un juego de té.

-¡Diablos!

Mana, despertó con el repentino ruido, tirando por accidente un libro que tenía sobre su rostro. Inclinándose hacia adelante y soltando un bostezo, vio extrañado a Neah, cuya mirada era tapada por su mano derecha, mientras se encontraba sentado en una silla de madera, al otro lado de la habitación.

-¿Ahora qué? – preguntó, frunciendo el ceño. Ya tenía una pequeña idea de lo que le pasaba, pero quería que su hermano se lo comentara en voz alta.

-El Conde va a hacerlo de nuevo… - dijo abrumado, sin quitar la mano de su rostro. – asesinará a los padres de dos niñas y las obligará a formar parte de la familia de Noé. – Mana abrió desmesuradamente sus ojos color ámbar. Levantándose de un salto de la cama, caminó hacia su hermano mayor y colocó su mano sobre su hombro izquierdo, consiguiendo, por fin, que volteara a verlo.

-¿Quieres salvarlas? – lo cuestionó, con una sonrisa en sus labios. – Si quieres cambiar su destino, yo te ayudaré. – los ojos de Neah se iluminaron con esperanza. Puso su mano sobre la de su hermano y derramó una lágrima de su ojo izquierdo.

-Ya estoy cansado de esta farsa.

PPPPP

-Megumi y Susan Hoshino. 5 y 4 años. - revisando unas hojas en sus manos, el general Cross Marian estudió con detenimiento el caso de las dos niñas rescatadas por los hermanos Walker, con quienes conversaba en una solitaria habitación, dentro de la orden oscura. - ¿Por qué el Conde quería que formaran parte del clan Noé?

-Megumi posee la habilidad de proyectar los recuerdos de una persona en su mente, al verla directamente a los ojos. – respondió Neah, apoyando su espalda en una pared. – Y su hermana Susan tiene un gran poder espiritual.

-Ya veo. – Marian sonrió. Sacó un cigarrillo de su bolsillo y lo puso en sus labios, encendiéndolo. - Si se une a la orden oscura, podría unirse fácilmente a la escuadra del general Kevin Yeagar.

-¿Junto a Kikyo y Rin, las niñas sacerdotisas? – preguntó Mana. El general asintió, expulsando humo de su boca.

-Si no les resulta un inconveniente, yo podría hacerme cargo de Megumi. – volteó hacia su fotografía, pegada en los papeles. – Por lo poco que pude leer, tengo entendido que también tiene dotes para la magia. - ante aquella posibilidad, Neah y Mana intercambiaron una mirada. ¿Cross Marian, su amigo y compañero de hechicería de la infancia, con una niña indefensa como Megumi siendo su discípula?

-D-Deberíamos esperar a que crezcan un poco. – concluyó el mayor de los Walker, nervioso. – Y si están de acuerdo en unirse a la orden oscura, respetaremos su decisión y las ayudaremos. - Marian parpadeó atónito, ya que no esperaba escuchar esa respuesta. Pero no se rendiría. Tarde o temprano, esa niña sería su discípula… ¡Y le daría la importante misión de conseguirle todo el alcohol que quisiera!

PPPPP

-¡Bueno, ya llegamos! – anunció Neah, poniendo una llave en el picaporte de una puerta de madera color café y abriéndola con gran esfuerzo, ya que a veces se atoraba por la temperatura del piso.

Pasados 2 meses desde que sus padres fueron asesinados por un Akuma, Megumi había sido adoptada por un curioso hombre de piel blanca, ojos y cabello negro. Vestido con un elegante traje blanco. Durante su encuentro de esa mañana, siempre procuraba sonreírle, cosa que a ella no le hacía mucha gracia… porque iba a separarla de su hermana menor. Su repentina despedida, en las grandes puertas del orfanato de Londres, le creó un hueco en su pequeño corazón, por lo que había perdido el habla durante el camino a la residencia. Neah le sonrió con comprensión. Si a él lo hubieran separado de Mana, también sería como una tumba en el cementerio.

PPPPP

-Cielos, qué difícil… - habló Mana, jugando con su plato de desayuno, mientras charlaba con su hermano mayor en la cocina de la casa. Al igual que él, había adoptado su forma blanca, con la cual, en lugar de verse como un miembro de la familia de Noé, lucía como un humano, teniendo una piel tan pálida como la nieve.

-Si… - concordó Neah, sirviéndose su plato y sentándose junto a él. – con esa actitud, me será imposible llevarla a la escuela.

-¿Y porque no la educas en casa? Así la mantendrás a salvo de los sucios trucos del Conde y del resto de nuestros hermanos. – al escucharlo, Neah suspiró preocupado.

-Puede que tengas razón… - Mana volteó a verlo, soltando una risita. - ¿Qué?

-Nada. – afirmó, aclarándose la garganta sin dejar de sonreír. - Es que, con esa actitud me recordaste a papá. – Neah relajó su expresión, volteando sus ojos negros de su hermano mayor hacia su desayuno.

-Lo extraño. – se sinceró. - Tanto a él como a mamá. Y aunque quisimos evitar que el Conde se llevara las vidas de los padres de Megumi y Susan…

-Oye, no te atormentes con eso. – dijo Mana, poniendo sus manos sobre sus hombros para devolverlo a la realidad. - Solo tuvimos la mala suerte de llegar tarde, es todo. – el mayor asintió. - A propósito… - se apartó de Neah y apoyó su cadera en el borde de la mesa donde desayunaban, cruzándose de brazos. - ¿No has notado que la actividad del Conde ha disminuido últimamente? – su hermano lo miró directamente a los ojos, como si le hubiera confesado algo en medio de aquel silencio sepulcral. - Neah… - lo llamó con temor. - ¿Acaso tú…? – el mencionado dejó el tenedor que usaba sobre su plato y se recargó en el respaldo de la silla blanca de madera.

-Antes de adoptar a Megumi, lo encerré en un conjuro llamado "sello del eterno anochecer". – explicó seriamente, entrelazando sus manos con fuerza sobre sus piernas. - No quería arriesgarme a perder a las niñas, ya que, desde el momento en el que las rescatamos, las considero parte de nuestra familia.

-Pero, ¿Tú solo?

-Soy tu hermano mayor. – replicó, volteando hacia él. - Cuando Road y los demás se enteren, me cazarán como a un animal. Por eso no te dije… - al girar sus ojos un momento hacia la entrada de la cocina, vio anonadado a la niña de ojos y cabello castaño oscuro. Vestía una larga camisa blanca de mangas cortas como piyama y llevaba en su mano derecha un osito de peluche. - ¡B-Buenos días, querida Megumi! – exclamó con una gran sonrisa, levantándose de la mesa y dando saltitos hacia ella. - ¡¿Te gustaría un pan con mermelada o unos huevos con…?! – sin permitirle continuar, la niña soltó al oso de peluche y lo abrazó. Desde el lugar donde se hallaba, Mana podía escuchar sus sollozos.

-¡N-No me dejes sola, Neah! – exclamó Megumi, derramando dos hilos de lágrimas, desde sus ojos cerrados con fuerza. El mencionado se mordió el labio inferior. Le dolía verla entristecida y más, después de haber fracasado en su misión para salvar a sus padres. Haciendo a un lado su dolor; por el bien de ambos, se agachó a su altura y la tomó en sus brazos.

-Descuida, no lo haré. – le confirmó con una sonrisa, secándole sus lágrimas con el pulgar de su mano izquierda. - Siempre estaré contigo.

PPPPP

-¡Wow! – exclamó una Megumi de 8 años, observando atónita la gran torre que se encontraba frente a ella y su padre.

-¿Te agrada? – preguntó Neah, sosteniendo su sombrero blanco y quedando encantado con la expresión de la pequeña.

-¡Si! – bramó emocionada. - ¡Es como los edificios que están en tus libros!

-Se llama la orden oscura. – explicó. - Es una organización que se dedica a exorcizar demonios… - hurgó en el interior de sus ropas y se agachó a su altura para mostrarle algo. - con esto. – la niña, asombrada, tomó el pequeño objeto que su padre sostenía. - Dentro de ese cubo negro, se encuentra un fragmento de una joya conocida como la perla de Shikon. Hace 200 años, una sacerdotisa la rompió en miles de fragmentos, esparciéndolos por todo el mundo. Esto llegó a oídos de Hevlaska, la guardiana de la orden, quien recolectó cada fragmento para dárselos a los humanos y así, poder ayudarla en su labor para reunir los 108 pedazos perdidos de la inocencia.

-Parece algo muy importante. – dijo con ilusión. Él asintió.

-Con todos los pedazos reunidos, Hevlaska podrá invocar "el corazón", la única arma legendaria que acabará con la oscuridad y la maldad en el mundo. – la niña le entregó el cubo negro y luego, lo guardó de nuevo dentro de su saco blanco. - ¿Te gustaría ver como entrenan los Exorcistas?

PPPPP

-¡Ay! – se quejó un niño de 8 años; de piel blanca, cabello negro y ojos azules, mientras caía al suelo.

-¡Alan eres un debilucho! – afirmó el muchacho que lo golpeó. Tanto él, como los otros dos chicos que lo rodeaban a cada lado, tenían alrededor de 13 años.

-¡No me digas así o te romperé los huesos! – exclamó enojado, levantándose de golpe y tirando al joven para atacarlo con sus puños.

-¡Suficiente! - gritó una mujer desde un balcón, consiguiendo que los menores se formaran en una fila horizontal, uno al lado del otro, y se quedaran bien quietos. - ¡Si tienen tanto tiempo para pelearse, mejor inviértanlo en seguir entrenando!

-¡S-Si, generala Klaud! – contestaron al unísono.

Luego de hacer una reverencia, se separaron a una distancia considerable para evitar pelear. La mujer; de piel blanca, largo cabello rubio y ojos purpura, vestida con las ropas negras, con bordes dorados, usados solamente por los generales de la orden oscura, volteó un momento hacia su lado izquierdo, observando con seriedad al misterioso amigo de Cross Marian, junto a la niña que lo acompañaba. La pequeña se veía demasiado satisfecha por ver a sus estudiantes, entrenando con las máquinas de madera de las que disponía la organización.

PPPPP

-Ya veo. – habló el supervisor de la orden oscura, Mao Lee, sentado detrás del escritorio de su oficina. - Así que Neah Walker quiere que su hija entre a la orden oscura. – el anciano, acomodándose sus gafas, volteó la vista de unos papeles hacia su acompañante, sentado al otro lado del escritorio. - ¿Y tú estarás a cargo de instruirla, Marian? – el mencionado sacó una bocanada de humo, sonriendo.

-Por supuesto.

-¡PATRAÑAS! – exclamó Mao, levantándose de su silla, con una vena punzante en la cabeza. - ¡Primero muerto antes de permitir que esa niña se quede contigo! – el general bufó. - Veamos… - volviendo a sentarse, leyó los papeles una vez más. - Según estos informes que hizo el equipo del general Yeagar… - encontrando algo interesante, azotó una mano en su escritorio, llamando a uno de sus subordinados. Segundos después, apareció con el padre adoptivo de Megumi, quien solo volteaba confundido por todo el lugar. - Neah Walker. – lo llamó seriamente, con las manos entrelazadas. - Estoy dispuesto a concederle el permiso a su hija para que colabore con nosotros. – al escuchar aquello, el hombre sonrió. - Pero tengo una condición. – levantó uno de los papeles y señaló la foto de Susan. - Quiero que me traiga a esta niña.

Fin del capítulo.