Caminando en medio de un espacio lleno de oscuridad, se encontraba Menomaru, el guardián de la otra vida. A lo lejos, vislumbró un gran castillo hecho de madera, al puro estilo japonés. El resplandor que lo rodeaba era de otro mundo. Dando la impresión de que pertenecía al interior de un sueño.
Sonrió. Siguió caminando una larga distancia hasta que, finalmente, consiguió deslizar la puerta principal de madera, llamando la atención de una mujer de largo cabello negro, ojos verdes y piel blanca. Llevando un moño purpura en la cabeza, vestía un conjunto de kimonos que le hacían juego.
-¡Hermano! – exclamó con una sonrisa, levantándose del piso para recibirlo con un abrazo. - Acabo de preparar té negro, ¿Quieres un poco?
-Menomaru asintió. Se sentó en el piso junto a la doncella, teniendo frente a ellos una pequeña mesa redonda de madera.
-¿Cómo te fue con el encargo que te hizo el Conde del milenio? – cuestionó con interés, pasándole su bebida.
-Fue algo sencillo. – respondió. - Con la habilidad de cambio de forma que tiene Ruri y las ilusiones de Hari, le hicimos creer a Kagome Higurashi que su amado se había reunido con su antiguo amor. Gracias a eso, conseguí contaminar sus fragmentos de Shikon con energía del inframundo. Así que, si todo sale como lo planeamos, InuYasha y Kagome se separarán y ya no podrán tener al engendro que echará a perder nuestros planes. – dio un sorbo a su té y prosiguió. - Pero esa no es la mejor parte. – de su armadura, sacó un objeto que deslizó sobre la mesa. - Este rosario blanco le pertenecía a la hermana menor de Megumi. Quiero que lo guardes. Y de ser necesario, úsalo para lo que más nos convenga.
-Así lo haré. – asintió, poniendo el rosario en el cajón de un pequeño mueble que tenía detrás de ella.
-Por cierto. El Conde me preguntó por ti. – al escuchar aquello, volteó anonadada. - Conoce tu historia y está interesado en la técnica que usaste con una aldea, antes de que nuestro padre te desterrara aquí. – tomó más de su bebida. - Quiere que liberes la luna de demonios sobre la orden oscura. De esa forma, evitaremos que esos estúpidos Exorcistas continúen con la búsqueda de la inocencia y activen el corazón. – la mujer sonrió.
-Querido hermano, haría cualquier cosa por conocer ese maravilloso mundo que el Conde y tú están planeando.
PPPPP
Unas horas después de lo ocurrido con Susan y el Conde del milenio, Megumi volvió a su habitación en la orden oscura. Su mente no estaba en el presente, ya que no podía dejar de pensar en la desaparición del rosario blanco.
Darle vueltas a ese asunto la volvía tan loca como para creer lo peor de Menomaru, ya que, aun siendo uno de los guardianes que protege el universo; junto con ella y sus compañeros, tuvo el descaro de unir fuerzas con el Conde del milenio, hasta llegar al punto en el que le había ordenado a su propia hermana asesinarla a sangre fría.
Además, también estaba el asunto de los fragmentos de Shikon custodiados por Kagome. ¿Por qué rayos los contaminó con energía del inframundo? De pronto, escuchó a alguien golpeando un par de veces su puerta.
-¡Adelante! – exclamó. Unos segundos después, apareció Kikyo.
-¿Estás ocupada? – preguntó con una sonrisa. La menor negó. – Quería decirte que partiré a una nueva misión con InuYasha.
-¿Cómo? ¿Ahora? – la sacerdotisa asintió.
Megumi dio un salto para levantarse de la cama y la acompañó hasta la entrada principal de la orden. Apoyando la espalda en una pared y con los brazos guardados en su abrigo negro, se encontraba InuYasha.
-¿Ya estás lista? – le preguntó a la joven, una vez que se reunieron con él.
-¿Cuánto tiempo tardarán? – quiso saber Megumi.
-¡JA! ¡¿Todavía no nos vamos y ya nos extrañas?! – habló InuYasha, revolviendo sus cabellos castaños. - ¡Qué ternurita!
-¡Oye, deja de tratarme como una niña! – exclamó enojada. - ¡¿Ya se te olvidó que tengo la misma edad que ustedes o qué?!
-¡Lo siento pero no puedo tomarte en serio con esa apariencia!
Al decir aquello, la menor le gruñó, con una cortina de fuego detrás de ella. En eso, Kikyo se le acercó y la abrazó, prolongando su despedida por unos segundos más en silencio.
-Volveremos en una semana. – le contestó al oído, antes de apartarse. - Y... lamento lo de Susan.
-No lo hagas. – replicó enseguida, sorprendiéndola. - Era parte de su destino. Tarde o temprano era algo que debía pasar. – sonrió con tristeza. - Yo era la necia que no quería aceptarlo.
Kikyo la miró preocupada. Aun así, tuvo la suficiente fuerza de voluntad como para soltarla y marcharse junto a InuYasha, al interior de una densa neblina que rodeaba a la orden oscura.
-Por favor... - pensó, mientras los veía caminar. - regresen con vida.
PPPPP
Tres días después, sin que nadie lo notara, Menomaru se presentó en la cima de la orden oscura. En sus pálidas manos, cargaba un espejo con marco dorado, el cual, mientras el viento movía su largo cabello azulado, levantó en dirección al sol. Al instante, el día se convirtió en noche y la luz blanca se transformó en luz roja.
PPPPP
Megumi, concluyendo que no resolvería nada si solo se quedaba sentada en su cuarto, abrió un portal con colmillo sangriento para ir a la central de los guardianes.
Con inmensas paredes blancas, pasillos que parecían infinitos y una espectacular vista hacia el espacio exterior; por largas ventanas verticales, aquel lugar era el encargado de reunir a todos aquellos que se ocupaban de proteger el universo, bajo el mando de su líder, Elsa.
Mientras caminaba por el impecable piso blanco, la joven de cabello castaño devolvía varios saludos con una sonrisa.
Cuando finalmente llegó a un ascensor, desapareció de la vista de los curiosos, terminando en un piso subterráneo, iluminado como si tuviera acceso al exterior. Caminó hasta el fondo del pasillo principal y se detuvo frente a una gran puerta de madera.
Las palabras secretas las conocía gracias a los conocimientos que Neah le transfirió. Por ello, pudo entrar con facilidad, terminando en el interior de un cuarto con relojes de arena que volaban en todas partes. Dio un par de pasos más y se detuvo en medio de un círculo blanco.
FFFFF
-La habitación de los relojes de arena puede mostrarte lo que quieras, sobre la dimensión que quieras, en la época que quieras. Lo único que debes hacer, es pronunciar la frase correcta.
FFFFF
-Gracias, papá. – pensó, cerrando los ojos y doblando los dedos meñique, anular y pulgar, en su mano derecha, para levantarla a la altura de sus labios. - On Abata Ura Masarakato On-Gataru.
Abrió los ojos. Los relojes de arena que flotaban dejaron de moverse y se convirtieron en imágenes que le mostraban varias dimensiones. Megumi estaba impresionada con la cantidad de personas y lugares que veía. Pero cuando encontró las que necesitaba, movió sus dedos, como si estuviera tocando un piano, y las colocó frente a ella, haciéndolas más grandes.
En la proyección, veía como una y otra vez Kagome Higurashi iba y venía de la época actual, a la época feudal, combatiendo monstruos con sus habilidades recién descubiertas de sacerdotisa... hasta quedar accidentalmente flechada por InuYasha, de quien se había enamorado sin querer.
Ver esos momentos la conmovió, recordándole su infancia a lado de Alan y su disparatada personalidad. Sin borrar la sonrisa de su rostro, adelantó aquellos momentos con un movimiento de su dedo índice en el aire. Pasados unos segundos, encontró algo que le interesó, regresando la proyección.
Ruri y Hari, las discípulas y subordinadas de Menomaru, habían trabajado en conjunto para hacerle creer a Kagome que InuYasha ya no quería estar con ella. Y viceversa.
Indignada y sorprendida, Megumi tomó otras imágenes de la misma dimensión, utilizando la magia de los relojes para adelantarse al futuro y conocer los motivos que orillaron a Menomaru a planear esa farsa.
Claro, además de su alianza con el Conde. Entonces, ahí estaba. Una mujer de largo cabello plateado que peleaba ferozmente con colmillo sangriento, técnicas ninja y un espejo.
-Ya veo... - musitó, sonriendo. – se enteraron de que tú eres mi heredera y quisieron evitar tu nacimiento.
-¡Megumi!
De pronto, escuchó la voz de su espíritu protector. Saliendo disparado de su hombro izquierdo; en medio de una llama azul, se presentó ante ella un niño pequeño de cabello naranja, piel blanca y grandes ojos verdes. Usaba un moño azul para amarrarse el cabello y el resto de sus ropas, consistían en un atuendo similar al de los Exorcistas. Su camisa, sus pequeños pantalones holgados y su chaleco eran de color negro.
-¿Qué sucede, Shippo? – preguntó anonadada, sosteniéndolo en sus brazos.
-¡La generala Nine me envió un mensaje de emergencia! – contestó, mostrándole un pergamino. - ¡Pasó algo terrible en la orden oscura!
PPPPP
Al atravesar el portal creado con colmillo sangriento, Megumi y Shippo abrieron desmesuradamente sus ojos. No importaba a qué dirección voltearan. El territorio que rodeaba la orden oscura; incluyendo el bosque, se encontraba inundado en un mar de cadáveres. Tanto de demonios, como de Exorcistas. Estupefacta por los restos de la batalla, la joven dio un par de pasos en la tierra rojiza.
No podía creerlo. Había estado ahí hace una hora y todo se hallaba en calma y en paz. Sus compañeros Exorcistas la recibieron con una sonrisa en el comedor. La chef de la cocina le preparó un platillo especial... incluso los generales, el supervisor y otras personas que trabajaban con esfuerzo en el sector científico le deseaban que tuviera un bonito día.
-¡AAAAAAAAAAAAAAHHHHHH! – gritó llena de ira, cayendo de rodillas al suelo y con un intenso dolor en su pecho. Shippo, al verla así, se apartó de su hombro y la miró con tristeza. - ¿Por qué? – se preguntó a sí misma, cubriendo su rostro con sus manos y derramando un par de lágrimas de sus ojos castaños. - ¡¿POR QUEEEEEEEEEEEEEEEE?!
-Megumi...
De pronto, la voz de uno de sus compañeros la devolvió a la realidad. A unos metros de ellos, se encontraba agonizando un Exorcista, haciendo presión sobre un agujero que tenía en su costado izquierdo.
Secándose las lágrimas, corrió hacia su compañero caído y se agachó a su altura, sosteniéndolo en sus brazos. El pequeño zorro Youkai revisó su herida, dándose cuenta de que ya era demasiado tarde para sanarlo.
-¿Qué está pasando? – lo interrogó la joven, tratando de disimular el pánico que la invadía por dentro.
-Apareció de repente... - respondió, tartamudeando. - ...no es de... - levantó su brazo derecho y señaló la luna carmesí. - este mundo... - al pronunciar la última palabra, su brazo cayó en seco, anunciando su muerte.
Megumi, llorando de nuevo, agachó la cabeza en su pecho, arrepentida por no haber estado con sus compañeros, al momento de aquella masacre. Entonces, sin dejar de sollozar y temblar, dejó el cuerpo del hombre en el suelo y volteó hacia el cielo.
Era la primera vez que veía una luna roja como esa. Había aprendido por parte de Neah que ese fenómeno ocurría cada cierto tiempo. Pero ese no era el momento ni la hora adecuada para que se manifestara. Todavía era de día. El sol debería estar iluminando la zona.
De pronto, el sonido de un fuerte golpe la hizo dar un salto, obligándola a girar hacia atrás. La entrada. Le pidió a Shippo que subiera a su hombro izquierdo y corrió lo más rápido que pudo, hacia el puente que separaba a la orden oscura del mundo exterior.
Para su gran sorpresa, Kikyo era la que estaba peleando, desapareciendo a varios demonios con la energía espiritual que impregnaba en sus flechas, antes de lanzarlas. Tal y como se lo había enseñado el fallecido general Yeagar.
-¡¿K-Kikyo?! – la llamó confundida, ya que se supone que aún le faltaban algunos días para completar su misión.
Sin embargo, sus pensamientos cambiaron de golpe al ver la gran herida que tenía en su hombro derecho, la cual, se la mostró al voltear hacia ella.
-¡Megumi! ¡Tienes que reforzar el sello del eterno anochecer! – exclamó, tomando otra flecha y disparándola contra un demonio que volaba por ahí. - ¡Si el Conde se libera en medio de este caos, estamos perdidos!
-¿El sello...?
-¡Megumi! – gritó Shippo, señalando el cielo.
Entre las nubes oscuras, se podía apreciar con claridad la inflada silueta del Conde del milenio. Al verla, frunció el ceño y apretó la mandíbula. ¡De ninguna manera iba a permitir que ese malnacido saliera de la prisión creada por su padre!
-¡Shippo, necesito que te transformes! – exclamó decidida.
El mencionado obedeció, poniendo una hoja en su frente para convertirse en una gigantesca bola rosa, con ojos enormes. La joven se subió sobre su cabeza y juntos, volaron hacia las nubes oscuras. Los truenos los asustaban con su ruido atroz.
Pero, por fin, consiguieron encontrar el sello del eterno anochecer. Teniendo la forma de un hermoso árbol blanco, su tronco se agrietaba, corrompiéndose por la energía maligna del Conde del milenio. Al ver aquello, Megumi le pidió a su pequeño amigo que se acercara más.
La ventisca que juntaba las energías del sello y del Conde, los obligaban a entrecerrar los ojos. Luchando para quedarse en ese sitio, la guardiana levantó los brazos, emanando de sus palmas una energía mágica que estaba arreglando el sello.
Sin embargo, unos segundos después, sin importar lo que hiciera, el árbol continuaba agrietándose, para luego, expulsar a la mala a la joven y al zorro Youkai, apartándolos unos metros dentro de las nubes.
-¡El conjuro que el general Cross me enseñó no funcionó! – pensó agobiada. - ¡¿Qué hago?! ¡¿Qué puedo hacer?! – cerró los ojos con fuerza y agachó la cabeza, tomándosela con las manos.
FFFFF
-¡N-No me dejes sola, Neah!
-Descuida, no lo haré. Siempre estaré contigo.
FFFFF
Abrió los ojos. Levantó la mirada y observó el árbol blanco en silencio. Lo que necesitaba, era que alguien lo arreglara por dentro. Tragó saliva. Y aunque dudó si lo que estaba haciendo era lo correcto... tampoco podría permitir que el Conde del milenio volviera a su forma física. Ya que, con ello, los días en que los humanos se transformaban en Akumas con regularidad, comenzarían de nuevo.
-¡Shippo, acércate de nuevo! – gritó. La bola rosa flotó de nuevo hacia el árbol, una vez más, esforzándose por quedarse inerte entre la ráfaga de energías. - ¡Shippo...! – lo llamó de nuevo, levantando su mano derecha y metiendo los dedos en la grieta negra del árbol blanco. - ¡Quiero que te vayas y salves a Kikyo! – percatándose de sus intenciones, el pequeño volvió a su forma original, colocándose en el hombro izquierdo de la joven.
-¡No, Megumi, no voy a dejarte! – exclamó, sorprendiéndola. - ¡Los compañeros siempre se apoyan en las buenas y en las malas!
La joven quedó conmovida con sus palabras. Y con más determinación, entró al interior del sello del eterno anochecer, deteniendo por completo su ruptura y devolviendo el oscurecido cielo a la calma absoluta.
Kikyo, destruyendo al último demonio que quedaba con una flecha, levantó la vista, tranquilizándose al notar que las energías del Conde y del sello ya no estaban en conflicto.
-Lo consiguió... - murmuró, antes de que su cuerpo colapsara.
Sin embargo, antes de tocar el suelo, fue atrapada por los brazos de un hombre. Anonadada, abrió los ojos como platos, encontrándose con un individuo de piel oscura, ojos color ámbar y largo cabello rizado a la altura de su cintura. En la frente, llevaba una inconfundible corona de 7 estigmas.
-¿Un descendiente de Noé? – preguntó molesta, creyendo que él había sido el culpable de la masacre hacia sus compañeros. - Acepto mi derrota. No suplicaré por mi vida, así que máteme ya.
Mana Walker sonrió. Y en lugar de cumplir con su petición, la acostó con cuidado sobre la hierba.
-Jamás me mancharía las manos con la sangre de una joven tan hermosa. – aseguró, arrodillándose a su lado y dejándola más atónita que antes. ¿Por qué un descendiente de Noé le perdonaría la vida? - ¿Qué fue lo que pasó aquí?
-No estoy segura. Tuve que forzar mi regreso a la orden oscura... - volteó sus ojos castaños hacia su hombro derecho. - después de recibir esta herida.
-¿Quién te la hizo?
-Mi prometido, pero no quiero hablar de eso... - de sus ropas negras, sacó un objeto, el cual, le mostró en la palma de su mano izquierda. - cuando mi compañera regrese, por favor, entréguele este cubo negro. – pidió. - El general Cross me contó una vez... que es lo único que necesita... para despertar los verdaderos poderes que le dio su padre... - el hombre tomó el cubo, volteando sus ojos de él hacia la joven, cuya vida se estaba extinguiendo. - no permita... que la guardiana dimensional... desaparezca... - perdiendo el brillo en sus ojos, falleció.
Apenado por ver a una mujer con su belleza morir de esa forma, acercó su mano derecha a su rostro y cerró sus ojos castaños.
-¡Maldición! – detrás de él, apareció Koga, el guardián de las montañas, quejándose de lo lindo a los gritos. - ¡Sabía que unirse a esta guerra estúpida era una pésima idea! ¡¿Pero Neah me hizo caso?! ¡No! ¡Tenía que unirse a la orden oscura, rebelarse contra sus hermanos y sellar al Conde! ¡Ay, pero, ¿Quién lo mandó a ser tan idiota?! – en eso, su acompañante se puso de pie, guardando el cubo negro en sus ropas y dando un par de pasos hacia la orilla del acantilado. - ¿Mana? ¿A dónde te diriges? – preguntó intrigado.
-El sello... - murmuró atónito, con sus ojos ámbar reflejando las nubes oscuras. – ya no siento su presencia...
PPPPP
-35 años después-.
Llevando a un bebé en sus brazos, una mujer, con una larga capa negra y una capucha que protegía su identidad, caminaba por las oscuras y desiertas calles de Londres. A esa hora, todos los habitantes dormían cómodamente en sus casas. Después de pasar por una esquina, y esquivar hábilmente la carreta de la policía, la mujer llegó al orfanato de la ciudad.
El mismo lugar donde habían ingresado a Megumi y a Susan Hoshino. Bufó. Tomó una piedra del jardín delantero del establecimiento y la arrojó a una ventana, rompiéndola. En cuanto las luces se encendieron, dejó al bebé en la entrada y se marchó.
Fin.
Serie: Trayecto de la guardiana dimensional.
Parte 1: Fragmento de mi corazón.
COMPLETA.
Parte 2: Luna de demonios.
Hola a todos! :) Muchísimas gracias por haber completado esta historia, la primera parte de Trayecto de la guardiana dimensional TwT!
Esta misma semana voy a tratar de traer la parte 2: Luna de demonios, así que, no se la pierdan por nada del mundo. Saludos enormes a todos y cuídense mucho!
