DESTIEMPO

DISCLAIMER: SHAMAN KING no me pertenece, esta es una obra de Hiroyuki Takei; yo solo lo uso para fines sin lucro.

Summary:La fina barrera se agrieta entonces sucumbí ante los momentos que se paseaban ante mí, del pasado y el presente; una colección de momentos de una historia de una amistad destinada a un final trágico.
Un relato acerca de Horo Horo y su amistad con Damuko, hija de la persona encargada de construir una presa que destruirá la comunidad donde habita el pueblo de Horo.


Estaba en aquel sendero esperando

Su voz era como el preludio de la primavera

La canción comienza sin darnos cuenta

Era una tonada melancólica que no lleva prisa

III

Horo Horo

Eran las vísperas del mediodía esperaba esa hora con ansia, el recorrer el camino después de la escuela. Entre aquella solitaria a menudo yo llegaba primero, ella, un rato después con sus pasos alegres y llenos de vida que siempre la delataban.

Las montañas que se encontraban a nuestras espaldas en aquella época resplandecían verdes con el contraste de ese cielo azul sin rastro de nubes dejando al sol inundar al pueblo en una corta vida.

—Horo Horo— Su voz, sí, aún en este momento la recuerdo tan nítida al llamarme con ese apodo que ella me dio.

No tengo que hacer memoria para saber que mi cara tendría una mueca de fastidio, no sorprende de un niño con poca interacción social.

—¡Ya te he dicho que no me llames así!— Poco faltó para tirarme al suelo y patalear. No parecía herida o frustrada de que sus intentos amables fueran cortados de manera tan abrupta, al contrario, siempre tenía una respuesta que me incomodaba.

—Es que Horokeu me parece un nombre difícil de pronunciar— Parecía muy sincera en lo que decía, — Creo que Horo Horo es más amable y fácil de pronunciar —dijo absolutamente convencida de su discurso — Además tú puedes decirme Dam Dam ó Damuko.

Aquellos apodos no eran amables, los compañeros del salón le llamaban así producto de escuchar platicas nada cordiales de sus padres.

"La chica de la presa". Era una forma sutil para recordar que ella era una forastera y que no era bien recibida porque su padre era el encargado de destruir el pueblo, nuestro pueblo.

"La naturaleza es divina y como seres humanos les debemos un respeto, no estamos debajo o arriba, nos encontramos a su merced, pero a diferencia de muchos credos, la naturaleza no conocía de piedad, sino de balance". Esas eran las lecciones de mi abuelo, como una especie de mantra en repetición taladraban en mi mente sus palabras así como el comienzo de nuestra historia, somos la descendencia de los dioses o esa es la leyenda que nos repetían hasta el cansancio porque era importante no olvidarlo.

Al principio tuvimos la protección de las montañas que nos bendecían hasta que esa paz se rompió, ahí iniciaban las luchas…el primer logro fue el cambio del nombre de salvaje a nativo; aunque el uso del primero jamás desapareció.

No ahondó en nuestra historia pues casi siempre se repite en muchas partes del mundo y el resultado siempre va de lo agridulce a lo trágico.

Se establecieron los límites y no debían cruzarse; aquellos que vinieron después, intentaron atraernos a sus costumbres, a su forma de pensar; de nuevo la resistencia de mis antepasados lograban que se respetara nuestra voluntad.

Conservamos la autonomía, se toleró la convivencia me repetían, mientras ellos continuaran en ese desbalance era una ilusión de conquista, pero la naturaleza siempre salía vencedora de un modo u otro.

Lo exclamaban con tanta seguridad que me lo creía, existía esa diferencia entre ellos y nosotros esa línea invisible que no cruzamos hasta que los límites se volvieron ambiguos.

Me decían que era una victoria el resistir; que, sí me preguntan me parece un poco vacía y aunque eso no fuera suficiente recordatorio estaba el hecho de mi nombre, una manera directa de recordar que tenía la responsabilidad de continuar aquel ciclo.

La realidad era que nos íbamos quedando atrás, el primer paso para la extinción, destinados al olvido. Además cambiaron la forma en que nos agreden, claro, formaba parte de la escuela pero todos pasaban de mí.

Era invisible, iban y venían sin mirarme siquiera a veces era un alivio pero también una muy cruel forma de violencia de la cual las marcas no se veían.

Cuando la conocí nadie reparó en ella, al parecer era universal el rechazar al forastero.

Como yo también sufría de aquel trato de primera mano me dio un poco de pena al principio pero el desgano fue superior a mí, me acomodé en mi banca y me perdí entre mis sueños, muchas veces me quedé encerrado en el salón porque todos se iban dejándome solo.

Escuché su voz intentando despertarme, me encontré con esa mirada curiosa estaba desorientado por la tremenda siesta, hasta que por fin pude aterrizar a la realidad de manera atropellada y torpe.

— Babeas mucho cuando duermes— Me lo afirmaba y quería responder de manera tajante que se alejara de mí pero mis nulas experiencias sociales me delataron.

— Nos dejaron solos, pero al menos dejaron la puerta abierta— Esa tonada positiva desentonaba con toda la situación, apenas podía procesar pero su charla continuaba y asentía a falta de palabras.

La soledad llevaba a entablar amistades improbables.

Al principio me esforzaba para que no se notará que pasábamos tiempo juntos, a veces me comportaba arisco con ella que me salía tan natural por la tendencia a desconfiar de los extraños, eso no fue suficiente, todos mis intentos se veían frustrados por sus actitudes tan extrañas, su efusividad, y la manera en que sorteaba mis rechazos.

— ¿Entonces puedo llamarte Horo Horo? — Estaba tan cerca de mi, expectante y no podía evitar sentirme tímido.

— Puedes — volví a centrarme en el momento me alejé sonrojado apenas teniendo el control suficiente para contestarle.

Le di la espalda para continuar caminando ya que en primavera solíamos ir a jugar al río que se encontraba alejado del pueblo, algunas veces intente enseñarle a pescar; corríamos sin un rumbo por la colina hasta que llegábamos al pequeño santuario, mi lugar favorito, intentaba describir cada uno de los animales que a veces solían verse y que ella no conocía.

Los recuerdos son así; un desfile de imágenes que al mirarlos de reojo se extienden en coloridos tonos de amarillos, una tira fotográfica que en los extremos más remotos se van desgastando, lo que queda al final son las emociones aquellas que pretendieron desaparecer.

Por que salta a mí ese recuerdo escondido en la parte más recóndita de mi cerebro en los lugares más inusuales e inconvenientes haciendo el acto de sortearlos en un lugar concurrido difícil, por fortuna este no era el caso, me encontraba solo frente a el refrigerador de la tienda viendo mi reflejo un tanto distorsionado.

Sentía recelo de mis memorias, era tan volátiles, se activaban a veces con el movimiento de las hojas de los árboles, cuando miraba distraído por la ventana del autobús, al escuchar una canción tocada al azar en las bocinas del supermercado o en este caso, el mirar distraído como una mujer se alejaba y su cabello se movía al son del aire levantando mis recuerdos del suelo siendo el detonante de aquel caudal de memorias.

Así que la supuesta coraza que diseñé como indestructible resultaba abollada por el golpe contundente de mi propia debilidad, tomé fuerza y cerré los ojos para romper aquel fotograma y esconder ese sentimiento que surgía. A veces sentía como si me ahogará, vacile un momento antes de abrir la puerta y tomar lo que tenía intención de beber aquella noche.

Al salir de la tienda me recibió la calle con el habitual ritmo de vida, el paso de las personas no era tan acelerado y se acompañaba de los diferentes ruidos y luces que se esparcen en un desorden armónico, solo el frío era con lo cual me sentía familiarizado. Al principio fue difícil adaptarme, era un chico pueblerino con nulo conocimiento del mundo así que usé mis habilidades y vendía artesanías por la ciudad en un afán de no morir de hambre, ahora con un trabajo de medio tiempo puedo permitirme ciertas libertades aunque no término de acostumbrarme a este ritmo ajetreado, miraba a mi alrededor con una desenterrada nostalgia consecuencia de lo ocurrido hace unos instantes.

Envuelto en aquella atmósfera me dedique a esperar el autobús intentando distraerme mirando en cualquier dirección tuve la suerte que no tardó en llegar mi transporte para cuando subí pude sentarme junto a la ventana con toda la intención de dormir, quizás todo este malestar emocional se debía a eso, pensé, me acomode para dejar que el cansancio se adueñara de mí, lo último que vi fue a la ciudad transitar de un claro a una oscuridad azulada atenuada por las luces artificiales.

Nos quedamos en silencio contemplando

A que terminará incluso sin comenzar

Las palabras se estancaron en aquel cómplice paisaje

Y el silencio llegó para quedarse con el invierno


II

Horo Horo

Era una bruma melancólica con la cual inició el día como un manto de tristeza envolviendo todo el pueblo; apenas había atisbos cálidos de una primavera que viene sin ninguna prisa, se veían montículos de nieve adornando el rincón de los caminos esperando a que el sol se asomará de nuevo para borrarlos con suavidad.

Hacía tanto que el canto de los pájaros no sonaba energético ni en sincronía quizá estaban esperando con ansia un poco de calor. En otros tiempos esos sonidos acompasados ayudaban a un despertar gradual casi indoloro, si tal cosa existía.

Algunos rayos furtivos que se asomaban iban reanudando la rutina, adormecida permanecía la comarca que apenas despierta con expectación de alguna novedad para salir de la monotonía. El ajetreo que surgió hace tiempo atrás había perdido todo rastro de novedad, los murmullos se estaban apagando.

Lo primero que percibí fue olor de la mañana fría, esa combinación del rocío que humedece suavemente la tierra y las plantas solo lo suficiente para que su fragancia fuera ligera, amigable tanto que ayudaba a disfrazar el frío que se intentaba colar por los recovecos, me removí un poco esperando no dejar al calor escapar, la dicha no duró mucho, el vaivén de los pasos se escucharon a lo lejos y demás sonidos que se volvieron más fuertes, era la señal para dejar de tejer aquella imagen mental del amanecer que me relajaba en los días de insomnio con el fin de hacer que mis latidos bajarán su intensidad y tener una mínima de compostura para llevar el día.

Sentado en el filo de mi cama espero a que el mundo tenga una forma cuando por fin he conseguido trazar algunas líneas de la realidad, tocó el suelo frío con la planta de mis pies y cada paso es un intento que me acercaba a despertarme, con mucho cuidado avanzo hasta llegar a aquella vieja silla y al sentarme cruje, este sonido se vuelve más fuerte conforme pasa el tiempo, es una forma de saber que estoy creciendo, pierdo mi mirada en aquella mesa de madera con algunas manchas, buscaba evadirme para no fijarme en aquel plato que despide un aroma tan denso…como si fuera un efecto domino, mi mente viaja hasta encontrar esos recuerdos.

La noticia de su desaparición fue impactante, un susurro que escaló rápidamente en una sucesión ruidosa de muestras de lamentaciones exageradas, faltos de preocupación incluso podría usar el término hipócrita.

El clima fue implacable detuvo las búsquedas, la naturaleza no es piadosa y la realidad se hizo tan pesada que nadie se atrevió a contrariarla se detuvieron las murmuraciones, las noches se convirtieron en una sucesión de pesadillas, el rumiar todas las posibilidades horribles con el desfile de las emociones que esperaban su turno para hacerse notar.

Esta fue una colección de días interminables hasta que una mañana en el desayuno, en un intento para aliviar el ambiente nos reunimos en familia y me encontré frente a un plato de sopa, el humo que emanaba llamó mi atención, era la puerta a un bálsamo, verter la cuchara era como una danza, tome mi tiempo para llevármelo a mi boca para después sentir la calidez bajar por la garganta y con suavidad caía en mi estómago, ahí comprendí que el vacío que sentía en realidad no existía como tal.

Era un platillo que mecía, apaciguaba, la primera opción en tiempos turbulentos.

Fue una lástima que el efecto fuera cortado tan abruptamente, unos ruidos del exterior cortaron la calma, no era extraño escuchar los ruidos provenientes del pueblo, eran parte de la rutina sin embargo aquellos sonidos no eran alentadores, de pronto el barullo se fue acercando y fue como un estallido.

La curiosidad nos movió pero apenas podíamos entender, la noticia estaba en el aire pero no aterriza, sabía que llegaría el golpe pero medir la fuerza es algo que nunca puedes asegurar.

Apenas captaba palabras y un rincón de mi cerebro hizo la labor de conectarlas, fue un impacto que llegó primero a mi estómago haciendo el vacío más grande, si aquello fuera posible, el zumbido en mis oídos se hizo presente de manera inmediata esto me mantenía alerta, llevando los latidos de mi corazón a la máxima potencia y el proceso se repetía cuando volvía aquellas palabras.

"Ella, encontraron el cadáver.

La escena era devastadora, mi única amiga en un intento por hacerse escuchar por mí, se perdió en los caminos que llevaban a la montaña, quedándose a merced del frío, lo que provocó su muerte cuando la nieve se fue derritiendo y se pudo encontrar su cuerpo.

Viaje a otro momento, delante del féretro con la mirada perdida y desencajada, la culpa se hacía presente como un espectro que traía pegado a mí.

Por un breve momento el shock impregnó a todo el pueblo, seguido de un mutismo de compresión que duró tan poco porque los rumores se empezaron a propagar, uno peor que el anterior, tan desagradables que me hice sordo, intentaba proteger la última imagen que tenía de ella.

Al volver del funeral en un silencio incómodo que se extendió hasta la hora de la comida donde llegó la plática de lo sucedido; cada palabra de mis familiares era una porción menos de comida que podía entrar en mi boca, me llenaba de sus comentarios desagradables, fueran a conciencia o no.

Ahora mismo se repetía la escena.

Por favor no me mires, Por favor no me miren, formulaba la oración con tal fuerza que me sorprendía que no saliera de mi boca.

La comida enfrente de mí, un plato enorme y humeante, con el aroma elevándose para llegar a mis fosas nasales intentando tentarme porque el aroma estaba impregnando todos los rincones, tomé la cuchara y la moví por instinto de aquí allá recreando unas pequeñas olas, era una distracción que no podía durar mucho, en algún momento sería el objeto de miradas llena de interrogantes y reproches.

El primer trago de comida bajaba por mi garganta como si fuera ceniza, el sabor que se pegaba en mis papilas gustativas mientras intentaba no respirar para procesar esos alimentos en un afán de no morir de inanición.

Era una batalla entre mi estado de ánimo y la supervivencia de mi cuerpo.

Andaba sin rumbo con la firme determinación de mantenerme lo más estable posible, no era una tarea fácil, cada comida se me antojaba menos que la anterior aunque me obligaba a pasar los alimentos hasta donde era mi límite en aquella disputa iba ganando mi cuerpo por muy poco, mi apatía ganaba terreno al reducir las porciones que consumía; a veces intentaba obligarme solo un poco, una probada más.

El sutil recordatorio era el crujir del estómago. Esa sucesión de ruidos que apremiaba a consumir alimento; me volví sordos a esos sonidos, no lograba captarlos, a veces me sentaba a mirar el horizonte, incluso en clase perdía mi mirada en aquel desteñido pizarrón.

Caminando de regreso a casa me entretenía en observar la pequeña senda, las plantas, piedras que se atravesaban a mi vista siendo una salpicadura de color, una distracción para aquel camino gris; me acercaba a nuestra área y dejaba de lado el silencio se hacían presentes esos cuchicheos que se esforzaban por mantenerse ocultos sin lograrlo, entre toda la actividad se desplegaban un desfile de aromas.

Captaba solamente lo que era comida y mi mente comenzaba a dibujarla se veían tan apetecible y por un breve instante surgía en mí ese deseo de saborear un poco de aquellos platillos imaginarios con el apetito que tenía rezagado de varios días, pero el efecto era el mismo, una vez vertido en el plato, danzaba un poco con la cuchara y al tener contacto con mis papilas se rompía aquel encanto, el sabor disminuye con cada bocado hasta que me parecía incluso repulsivo pero de nuevo no tenía muchas opciones ahí era cuando se activaba el instinto de supervivencia, una pelea entre lo que deseaba contra lo que decía mi cuerpo.

Pronto se notaron los resultados de la disputa, con mi cuerpo un poco más delgado. Deje de comer por completo ya no tenía la fuerza para fingir siquiera. Iba y venía como una hoja que lleva el aire a la deriva y con cada ráfaga se desprendía un pedazo hacia la nada.

Ya no prestaba atención a lo que sucedía a mi alrededor tenía un pozo de tristeza profunda, solo tenía la urgencia de huir con ese deseo solo obedecí a mis pasos, deje el pueblo atrás, de a poco veía aquella silueta que me era tan familiar, una pequeña colina, con esfuerzo fui escalando a sabiendas que ya no estaría lo que tanto anhelaba ver sin embargo una vez que estuve ahí, observando con plenitud el panorama, cerré los ojos, trayendo a mí las imágenes que guardaba como si se tratara de postales, ahí estaban las copas de los árboles que se balanceaban en una especie de bienvenida y mientras te adentras veías los tallos uno tras otro mientras escuchabas a la fauna y pensaba que eso era la sinfonía de la vida.

Y ella delante mio, sonriendo… dirigiendo ese gesto a mi.

Ahora no había nada de lo que mi mente recordaba ya no estaba abandonado, en su lugar ya había cientos de vigas de metal y otros materiales necesarios para la presa, se cambió el sonido de los animales por las conversaciones de trabajadores, volver fue un shock, pero no podía ni quería evitarlo.

Iba aquel lugar a pensar tirando de la melancolía a la depresión, un camino que solo estaba a dos pasos, me las ingenié para sentarme en el lugar más alto de aquella construcción a medias, divisé el horizonte, miraba las nubes esponjosas y blancas moviéndose con lentitud mientras pequeños retazos de otras nubes grises se intentaban sobreponer sobre las blancas, apenas y se rozaban, pero si me quedaba el suficiente tiempo podría observar cuando pasase por completo pero no importaba que tan densas y voluminosas fueran, siempre parecían insuficientes para cubrir el firmamento.

Era imposible no compararlos como una manifestación de lo que sucedía en mi mente.

Cientos de pensamientos amontonándose entre sí, los prejuicios, el rechazo, la traición, el dolor y las tradiciones se resbalaban de mi porque el entendimiento de que aquello no era lo importante llegó tarde. De pronto ese cúmulo de sentimientos se apoderó de mí en una ráfaga descontrolada.

Solo quería parar el dolor, solo quería volver a verla.

Deje de tener el control sobre mi cuerpo, como una presa conteniéndose y esperando, hasta que se desbordara, lo último que recuerdo fue el vaivén entre el vacío y la superficie del metal, después la completa oscuridad.

Tus pisadas se vuelven más lentas y pesadas

Las ilusiones son enterradas por los copos de nieve

El camino se ha perdido entre el velo de la tempestad

El tiempo pasa y aún no se derrite la nieve.


I

Damuko

Mi mirada se fija en aquel rastro de cielo que las copas de los árboles me dejan ver, el color azul se ha deslavado por completo dejando una manta de tonalidades grises, mis párpados se sienten pesados con el pasar del tiempo, los latidos de mi corazón son tan rápidos que me mantienen despierta.

Intento armar el rompecabezas de los hechos porque hace unos cuantos segundos no me encontraba tiraba sobre la nieve, pequeños pedazos de recuerdos inconexos caen sobre mi amontonándose sin lograr establecer un orden, abrumada siento que el oxígeno no es suficiente ahora como una especie de salvación siento como unos cuantos copos de nieve tocan mi rostro.

La vista resulta tan bella como hipnótica, muevo mis manos protegidas por los guantes, el acto de mover mis dedos es una sensación esperanzadora, siento como el calor se extiende un poco por mi brazo, dejó que esa sensación me haga salir del estado adormecido que hasta ahora mantenía junto al contraste de los copos de nieve que dejaron de ser una sensación sutil de frialdad a sentirse como gotas cálidas que se esparcen por todo mi rostro.

Esa sensación trae consigo la conciencia que se comenzaba a escapar mientras tomaba su lugar el sueño, el tren de los recuerdos se mueve con lentitud, vuelve la imagen de tu rostro cabizbajo a la distancia cuando me estaba acercando, fue tan fugaz el verte y encontrar en tu mirada un resentimiento que se unía a la melancolía ya arraigada en esos cristalinos ojos azules.

Cerré con fuerza mis ojos ya no me quedaban lágrimas solo el agudo dolor del arrepentimiento acumulado en mi pecho.

Aún cuando yo sabía el rumbo de los acontecimientos, corrí detrás de ti, ¿Para qué? ¿Una explicación? ¿Pedir perdón? Ahora miro el cielo que de a poco va tornándose oscuro ya no logro ver las copas de los árboles moverse.

La oscuridad me arrulla y yo dejo que me lleve consigo, su tacto es tan suave, el acompasado movimiento de mis dedos se ha detenido y la armonía de mi respiración apenas la puedo sentir, quizá cuando despierte pueda alcanzarte, lo que quería decirte se ha perdido en la profundidad de mis pensamientos.

Me quedaré en este filo del sendero

Me iré alejando, buscando lo perdido

Mientras las estaciones pasan, yo me mantengo inmutable.

Se va escondiendo el sol, el invierno parece durar una eternidad


III

Horo Horo

Llegué a mi departamento a toda prisa, la desesperación se había apoderado de mi, dormir fue una de las peores ideas que se me han ocurrido y en ese campo existe un largo historial.

No era una pesadilla lo que tuve sino algo peor, un recuerdo.

No fue un despertar tranquilo, abrí mis ojos de golpe y traté de tomar aire, con la mano en mi pecho intenté contener esa sensación sofocante que impedía llegar ese vital elemento a mis pulmones, el miedo no me abandonaba, intenté serenarme, respirando pausadamente, tocando diferentes superficies para evitar el descontrol.

Baje unas cuadras antes para caminar, eso podría ayudarme a tranquilizarme pero no estaría seguro hasta que hubiera cerrado la puerta de mi apartamento, de nuevo procuré que mis pasos fueran más rápidos y trataba de concentrarme; imaginando que estaba cerrando la puerta tras de mí, dejando las bolsas caer descuidadamente y sin ese peso, soltaba un suspiro relajando mis músculos apoyándome tras esa superficie de aluminio sintiendo el cosquilleo frío trepar por mi espalda mientras intentaba alejar toda esa maraña de pensamientos que solo me estaban atormentando causando reacciones tangibles en mi cuerpo.

Un terror me recorría como si estuviera siendo perseguido por un ente invisible, lo cierto era que aquel terror no se encontraba en el exterior, estaba emergiendo desde las plantas de mis pies subiendo, enredando como una áspera cuerda mis piernas, mientras que apretaba mi pecho haciendo que fuera un esfuerzo sobrehumano el andar.

De nuevo volví a pensar que cada vez estaba más cerca, una especie de calma llegó cuando la imagen mental se convirtió en una realidad, la sensación de estar en un lugar seguro para calmar ese malestar físico, con las palmas de mis manos toque ese piso frío y alcé la vista un momento para cerciorarme que todo se encontraba igual a como lo deje en la mañana, solté un suspiro aliviado, con cuidado me levante para dejar mi mochila sobre la silla del comedor, después aventar las llaves por ahí sin ponerle mucho cuidado, atravieso una corta distancia para dejar las compras de hoy para preparar mi cena.

No podía dejar de lado mi rutina a pesar de que algunas veces las consideraba tediosa, era una forma de no perder la cordura, como en este preciso instante, el acto de guardar, preparar la cena, comer, responder mensajes, lavar los platos, volver al refrigerador tomar otra cerveza, caminar dos pasos para sentarme en el sillón, encender el televisor y buscar algún tipo de entretenimiento eran indispensables.

La sensación iba menguando solo quedaba el vacío en el estómago que poco a poco se diluía a cada trago, era esperanzador pensar que era parte del último acto de mi día, el alcohol actúa como somnífero.

Esta era mi vida ahora, una serie de acciones sedentarias que contribuyen a mantenerme aferrado a mi melancólica existencia.

En algún momento el sueño me estaba venciendo estaba en aquel lapso donde los sonidos del televisor sonaban distantes, pero mi mente aun no soltaba aquel episodio, seguían los remanentes amenazadores vagando con un aire distraído alrededor de mi.

Y esa fina barrera de distracción comenzaba agrietarse, incluso parecía un tanto distorsionado, entonces en aquel estado sucumbí ante los momentos que se distribuían ante mi del pasado y el presente pero ninguno parecía tangible, quería acercarme a esa masa fragmentada de recuerdos, estaba en una especie de bucle donde las emociones me ganaban, la culpa que no me ha dejado emerge desde mi interior, es un ente que jala de esa hebra fina para llegar al pasado.

Se había abierto una puerta a la nostalgia; se vuelve más fuerte y puedo sentir como si despertara de un letargo.

La senda no tiene nieve, la primavera llegó como una brisa cálida y suave que recorría las montañas, verdes son los prados que brillaban moviéndose al ritmo delicado del viento; el verano se instala sin demora, impetuoso es el sol en su dominio, en la lejanía, están los insectos celebrando la cúspide de la vida que solo dura un segundo.

Como un atardecer es el cambio de los tonos vibrantes del verano a un marrón rojizo sutil de un otoño que se abre camino coloreando los días desde las copas de los árboles que caen adornando el suelo, en un parpadeo el panorama cambia completamente, el cielo que transporta las nubes rebosantes dejan caer una manta blanca que apaga ese ritmo de vida, es la parte acogedora que recuerdo.

Esa película se ha rasgado para arrancar esa sensación de paz, vuelve a mi esa última parte de mi sueño, tan vivido, escalando en mi interior un torrente de emociones.

"Yo podía con esto" me repetí a mi mismo, recargue mi cabeza en el sillón, siento ese vacío en el estómago, inhalo un poco de oxígeno, buscando un poco de serenidad, la dualidad aun sigue ahí no puedo negar esa parte de mí, es complicado el juego de las culpas y arrepentimientos, en días como estos donde vuelvo a mi momento más bajo en ese revoltijo de emociones, en el fondo se encuentra lo que siento por ella, envuelto en una capa delicada para protegerla, pues es el sentimiento mas puro y ahí las respuestas van en todas las direcciones posibles.

No puedo detener esa imagen, la última vez que fui a la presa; y como si algo se quebrara esas imágenes nítidas se presentan, yo llorando, roto, lleno de determinación al momento que intenté aventarme al vacío.

Cuando la conciencia volvió a mi, el primer instinto fue de correr, dejar atrás esa aquel lugar que tanto amaba y que me hacía recordar, pensé con ingenuidad que el no verle podría ayudar y con el tiempo podría volver cuando tuviera más control sobre mí aunque en días como hoy, ese plan se vuelve lejano.

Las estaciones pasan, se mantienen inmutables lo más cercano a la eternidad, la sensación de viajar entre los recuerdos era un doloroso bálsamo, un intento donde buscaba descansar un poco las culpas, aquel ejercicio era agotador pero me sentía listo a esperar la inconsciencia y la oscuridad en una esperanza de, quizá, verla de nuevo que era lo que más anhelo.

Sigo esperando hasta que llegue a mi.

Las promesas las sostengo entre mis manos

Aun tengo guardado aquel recuerdo

La suave caricia accidental al rozar tu mano

Dejo esta oración al aire para que los dioses la escuchen

Una por mi alma, dos por la compasión y … por encontrarnos de nuevo.

Porque al cerrar los ojos la canción no termina.


NOTAS DE LA AUTORA:

Hola estoy vuelvo a aqui a FF con un fic de mi amado Horo Horo relacionado con otro personaje que casi no he tenido la oportunidad de leer ademas tenia ganas de escribir este ship, el HoroDamu, una pareja que me rompe el corazón y que tengo varias ideas de historias de ellos dos, entre esas esta una especie de AU sin poderes siguiendo un poco el canon después de esto prometo que haré historias con un final feliz y bonito pero por mientras dejo esta historia un tanto triste ya que inspire escuchando una canción llamada Yours de (Jin de bts) y Winter Flower de ( Younha) y pues con eso en mente deje que la historia fluyera, me siento muy nerviosa espero que les guste y espero sus comentarios...
Nos vemos.