Te busco siempre esperando ver tu figura en algún lugar. En el andén del tren, o en cualquier ventana. Aún sabiendo que juntos no podremos estar. Si mis sueños se hicieran realidad, ahora mismo iría a donde tú estás, y no habría nada que no pudiera hacer.
Lo dejaría todo tan solo por abrazarte.
En aquellos tiempos, podría haber dicho que conocía en detalle la vista desde aquella banca ubicada en la entrada de Konoha, e incluso podría describir los distintos colores que pintaban el paisaje florido de aquella zona de la aldea, según la forma en la que la luna iluminaba la vegetación a medida que avanzaban las noches. Durante semanas fue constante en asistir a aquella banca, con el anhelo de ser parte de un encuentro no concertado entre Sasuke y ella que podría ocurrir en cualquier momento que él desistiera de su deserción a la aldea, lo que había ocurrido algunas noches atrás.
Las constantes visitas de Sakura a la entrada de la aldea dieron pasos a semanas, las semanas a meses, y Sasuke nunca llegó.
Hacía mucho tiempo que había dejado de ir noche tras noches a esa banca, pues ya se había hecho la idea de que no sería tan fácil de convencer a su compañero de equipo de volver a Konoha, al lado de quienes ella consideraba su otra familia. Sin embargo, aquella noche en particular, sintió la nostalgia tan conocida y su insomnio guió sus pasos a aquel lugar que resultaba tristemente familiar. Si bien su cuerpo estaba agotado por la última jornada de entrenamiento con la Quinta Hokage, su corazón sentía desasosiego, pues Naruto también había partido de la aldea a entrenar con el ermitaño Jiraiya por un tiempo indefinido que fácilmente podría convertirse en años, por lo que era consciente de que ya no existía un equipo 7.
Presionó sus puños con fuerza mientras tragaba sus lágrimas, pues no quería repetir la misma escena de hace un año atrás. Ella se había prometido ser fuerte.
Ese día se había convertido en chunnin, y ninguno de sus compañeros de equipo estaban en la aldea para compartir esos momentos junto a ella. Las terribles implicancias detrás de aquella idea la mortificaban, pues el tiempo pasaba dejando el rastro cruel del vacío de la espera, y por aquellos días esa sensación consumía sus emociones. Por un lado, desconocía el paradero de Naruto, y por el otro, era consciente de que Sasuke había escogido seguir un camino que lo empujaba a las garras de Orochimaru.
Sintió las lágrimas correr mientras un sollozo escapaba de sus labios, al momento en que dejaba su cuerpo caer en la conocida dureza de aquella banca. Era una noche bellamente iluminada, y no podía dejar de sentirse hundida por la visión tan familiar.
- Por favor - susurró dirigiendo su vista a la luna - que regresen a salvo.
Deslizó su dedo con suavidad, por encima de su ropa, dibujando la cicatriz que recientemente marcaba su costado izquierdo. Hacía poco había ocurrido su enfrentamiento contra Sasori, lo que le había provocado una inmensa sensación de vulnerabilidad al haber sido testigo de primera mano del poder de uno de los miembros de Akatsuki. De no haber sido por la ayuda de la anciana Chiyo, un combate tan desigual hubiese terminado con ella muerta, pues su contrincante no era sino el hombre que había destruido al Tercer Kazekage, y quien había ayudado a secuestrar y torturar a Gaara hasta extraer al Shukaku que poseía en su interior. Sentada en aquella banca, con el corazón abrumado de temor, repasó los eventos que experimentó ese mismo día, pues por primera vez había sido realmente consciente de la carga que le significaba a Naruto ser portador del kyubi, al verlo perder el control cuando liberó una cuarta cola del zorro sellado en él. Por primera vez en menos de una semana había estado a punto de ser asesinada, pues Naruto, fuera de sí, le dirigió un ataque que podría haber sido mortal, si no fuera porque Yamato, el nuevo capitán del equipo 7, logró detenerlo antes de asestar el golpe.
Con los puños presionados y la frente sostenida en sus rodillas, sintió la angustia recorrer toda la extensión de su cuerpo mientras rememoraba una y otra vez las imágenes en su mente de lo que había experimentado en los últimos días. Naruto estaba en peligro, Kakashi estaba en el hospital y Sasuke llevaba tiempo unido a la Serpiente.
- Sasuke-kun - susurró - cuando te encontremos en la guarida de Orochimaru… ¿te alegrarás de vernos?
La actitud de Sasuke era todo lo contrario a lo que ella hubiese esperado. Definitivamente no era la persona que había conocido cuando fueron compañeros de equipo, y a todas luces parecía demostrar que sus sentimientos hacia Naruto y ella eran diferentes a los del pasado.
Pero ella sabía que, en el fondo, Sasuke seguía siendo el mismo dentro de su corazón.
Ella confiaba en él.
La vista de la banca era cada vez más tortuosa.
- ¿Qué fue lo que pasó, Sasuke-kun? - murmuró Sakura, con la vista dirigida hacia aquella banca, como si fuese una especie de dispositivo que lograba comunicar sus sentimientos hacia el Uchiha - ahora que lograste tu venganza… ¿volverás con nosotros?
Esa noche fue la primera desde que Konoha fue completamente destruida. Sakura se había dirigido, saltando entre los escombros, hacia el lugar donde solía estar la banca donde pasó tantas noches de desvelo, pero no quedaba rastro del lugar. Se sintió perdida.
Por primera vez en horas abrió su boca esperando que un grito saliera de su garganta, pero en lugar de eso, un sollozo emergió con desespero. Ese día, Pain atacó la aldea de Konoha reduciéndola a cenizas, logrando acabar con la vida de Kakashi-sensei y Shizune-san, dejando a Tsunade-shishō en coma y a Hinata con una herida casi mortal. Asimismo, capturó a Naruto para hacer la extracción del kyūbi, situación que se resolvió poniendo en riesgo la vida de su mejor amigo al liberar las nueve colas del zorro que lleva en su interior. Afortunadamente, luego de ser derrotado, Pain decidió volver a la vida a todos los muertos de la aldea utilizando el poder del Rinnegan, lo que alivió en parte el dolor de la destrucción.
Entre los tumultuosos pensamientos que cruzaban el caos de su mente, una pregunta sobresaltaba entre todas las demás: ¿por qué Sasuke aún no había vuelto a la aldea?
Con Tsunade-shishō en coma, en Konoha se nombró a Danzō como el nuevo hokage, lo que trajo una inmensa inquietud en Sakura, pues no solo le quitaba el poder a su maestra, sino que también había ordenado que Sasuke fuera ejecutado como un ninja renegado. Sin embargo, eso no era lo único que la atormentaba, pues ese mismo día supieron por unos ninjas de Kumogakure que Sasuke era un criminal para su aldea, lo que aumentaba las posibilidades de que fuera capturado y puesto en manos de la justicia.
Mirando hacia el lugar donde solía estar la banca, Sakura esperaba el amanecer. Ese día Naruto, Kakashi y Yamato partirían al encuentro del Raikage para conseguir el perdón para Sasuke.
- Sasuke-kun, vuelve por favor - susurró con el corazón agitado - ¿por qué no confías en nosotros?
Todo había pasado muy rápido. El ataque a otras aldeas, el encuentro entre los kages, la decisión de sus compañeros de matar a Sasuke, darse cuenta del peso que le había impuesto a Naruto con esa promesa…
Su plan había sido simple, tanto como para llevarlo a cabo si no hubiesen surgido dudas en el último momento. Tan solo debía atacar con el kunai envenenado para luego usarlo en sí misma. Había decidido que su última misión sería asesinar al hombre de quien estaba enamorada, porque era la única forma de sacarlo de su oscuridad sin hacerle sufrir todo el daño que le querían infringir el mundo ninja, y también era el único medio para poder liberar a Naruto de la carga que implicaba intentar, cada vez más infructuosamente, que Sasuke volviera a Konoha.
Se dio cuenta en la frialdad del chakra de Sasuke que él no era el mismo de antes, y el crepitar del Chidori a sus espaldas lo había terminado de confirmar.
Se sentía vacía, a pesar de que su estúpido corazón quería seguir manteniendo la esperanza de que tal vez, algún día, Sasuke se podría volver a preocupar por ellos.
Estos últimos meses se había estado haciendo la idea de lo que implicaba el anuncio de Madara Uchiha, quien declaró ante los kages que estaba vivo y que comenzaría una guerra contra los shinobi del mundo para capturar a Naruto y a Killer-B. Su propósito era revivir al zorro de diez colas, de modo que tuviera el poder suficiente para lanzar un genjutsu en la luna que afectaría a todos los seres vivos del planeta, lo que traería una falsa paz para todos los habitantes. El plan era horrible, y ella no se quedaría con los brazos cruzados, pues debía proteger a Naruto a toda costa de cualquier daño, por lo que entrenó arduamente durante todo ese tiempo para tener las herramientas suficientes para salvar la vida de su mejor amigo.
Si algún genio en una botella le cumpliera un deseo, solo pediría que Sasuke estuviera allí para proteger a Naruto junto con ella.
La guerra estaba por comenzar, lo que significaba una enorme posibilidad de perecer en el campo de batalla, sin embargo, ella ya estaba lista para morir. Desafortunadamente, lamentaba tener tantos arrepentimientos en su corazón, la mayoría relacionados con Naruto y Sasuke, por lo que sabía que si moría durante estos días, probablemente su alma nunca lograría encontrar la paz de la que tanto hablaban los líderes espirituales de la aldea.
Esa noche se estaba despidiendo de aquel lugar donde había pasado tantas noches de insomnio.
Tal vez nunca podría volver al sitio donde solía estar la banca en la que Sasuke alguna vez la dejó.
Después de los eventos de la guerra, Sakura sentía una presión constante en la boca de su estómago. Había luchado codo a codo con Naruto y con Sasuke, y finalmente pudieron vencer todas las amenazas que ponían en riesgo la vida de sus amigos. Si bien no todos los shinobis de la Alianza pudieron sobrevivir, quienes sí lo hicieron sabían la enorme responsabilidad que implicaba el periodo de postguerra, pues se esperaba que la paz y los compromisos adquiridos se mantuvieran en todas las naciones del mundo ninja. Ella lo sabía, pues había sangrado por conseguir esa paz.
Naruto al fin estaba a salvo y Sasuke estaba en el hospital de Konoha, ya que después de todos los eventos que ocurrieron, decidió volver a su lugar de origen junto a ellos. Sasuke estaba de vuelta, y le había pedido perdón por todo lo que había pasado entre ellos a lo largo de estos años. Cada vez que Sakura recordaba la mirada de arrepentimiento que él le dio cuando pronunciaba esas palabras, las lágrimas se juntaban en los bordes de sus ojos con pesar, pues ella sabía que bastaba un par de palabras suyas para que ella olvidara todo.
Sasuke estaba de vuelta, y era todo lo que importaba.
Sakura se ubicó en el lugar donde solía estar la banca, dirigiendo su mirada hacia la luna que brillaba en aquella noche despejada.
- Está de vuelta - sonrió para sí misma - Sasuke al fin volvió.
