Nota: Son chavos, y pues, es divertido.


Le habían dicho que un Senpai quería hablar con él, no le dijeron que quién se trataba y si no fuera por la insistencia de Haibara de que fuera no habría ido al punto de encuentro: la azotea.

Y si le hubieran dicho quién iba a hacer y de qué iba a tratarse…

— Me gustas, sal conmigo Nanami Kento.

Simplemente no hubiera ido.

— Gracias, pero tú no me gustas, Senpai.

Nunca hubiese ido, en absoluto, ni en un millón de años.

— ¿Eh?

Nanami mantuvo su postura serena y su semblante indiferente ante el sorprendido y confundido de Satoru. Quien se acomodó los lentes oscuros y se aclaró la garganta, antes de preguntarle:

— ¿Escuchaste bien lo que dije?

— Sí.

— Pero ¿Entonces por qué?

— ¿Por qué, qué?

— ¿Por qué me rechazaste?

Kento arqueó una ceja, siendo él ahora el confundido —. Porque cuando alguien no te gusta y no correspondes a sus sentimientos, lo más lógico es rechazarlo.

— ¡Eso ya lo sé!

Kento se cruzó de brazos, mirándolo con obviedad —. ¿Entonces para qué me preguntas, Senpai?

— Me… Me… ¿Por qué me estás rechazando a mí! ¡El gran Satoru Gojō! — se llevó una mano al pecho, notoriamente contrariado. Haciendo suspirar a Nanami con exasperación mientras se apretaba el tabique para disipar el dolor de cabeza que comenzaba a surgir.

— Porque a mí no me gusta el "Gran Satoru Gojō", claramente — suspiró, retirando su mano de la cara para pasar a su lado e irse de ahí —. Si eso fue todo, me retiro Senpai.

Ingenuamente creyó que se había librado de una situación molesta, y sinceramente, subestimó a Satoru Gojō; porque nadie le dijo que él iba a tomar su muñeca y decirle (más bien gritarle) —: ¡Tú vas a querer ser mi mejor amigo, Nanami!

Y él, obviamente volteó para mirarlo con desagrado y decir —: No gracias.

(Si le hubiesen dicho que sus días de paz estaba terminados desde aquel día…)