N/A: advertencia de una escena violenta. Se recomienda discreción.

Capítulo final.

El lugar al que pertenecemos.

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"Sólo cierren sus ojos"

"El sol se está ocultando ya…"

"Estarán bien"

"Nada los puede dañar ya"

"Ven luz de la mañana"

"Ustedes y yo estaremos sanos y a salvo"

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Astrid… puedo escucharte…sentirte…

El edificio que correspondía a la residencia Haddock tembló ligeramente, haciendo que la corriente de energía eléctrica fuera en un vaivén mientras el edificio se mecía tal cual una cuna. Las alarmas de emergencia comenzaron a sonar y los residentes y también trabajadores del lugar se alertaron por breves minutos hasta que el temblor dejó de sentirse.

—Dioses, Toothless… ¿pudiste sentir eso? —preguntó Alúmini preocupada.

—Sí. —respondió el pequeño dragón, viendo a través del conducto de donde estaban escondidos como la gente se iba tranquilizando después de que se detuvo la alarma sísmica. —Tenemos que intentar despertar a Hiccup a como dé lugar.

Ambos dragones asintieron y reanudaron su marcha con apuro a través de los ductos. El temblor que habían sentido había traído consigo también una carga de egni que reconocieron a la perfección y que les dio a entender solo una cosa: Astrid estaba en serios problemas.

Alertados y preocupados de que la situación empeorara con cada minuto que pasara, recorrieron los ductos desde el piso inferior hasta la mitad del edificio, pues ahí era donde se encontraban las habitaciones de la familia principal, y en donde Hiccup se encontraba convaleciente.

Como habían ideado junto con Stormfly, el plan era principalmente intentar despertar a Hiccup, y en dado caso de que no se pudiera, irían a buscar a la madre de este para pedir ayuda, esperando que esta comprendiera por segunda vez la situación y dejara sus rencores y resentimientos de lado.

Sin embargo, entre el deseo y lo que era real había mucha lejanía, pues al llegar al ducto que daba salida a la habitación de su amo, ambos dragones se encontraron con que ahí estaba Valka y hablando nada más ni nada menos que con Stoick Haddock.

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—¿Cómo está? ¿No le pasó nada? —preguntó Stoick preocupado, entrando presuroso a la habitación.

—No, afortunadamente no fue un temblor muy fuerte. —respondió Valka, al pendiente de la capsula donde aguardaba su hijo en recuperación. En su hombro, el dragón Brinca nube también veía con preocupación al hijo de su ama.

—Ya me pasaron el informe, las noticias en este mundo viajan rápido, dicen que el epicentro del temblor fue en ese lugar de mala muerte de los Hofferson, al parecer provocado por la chiquilla esa hija de Axel Hofferson.

—¿Astrid Hofferson? —cuestionó Valka sin apartar la mirada de su hijo. —Otra vez ella…

—Sí, por su culpa nuestro hijo está así… —se acercó Stoick para observarlo también.

Sin embargo, Valka con su cercanía se alejó de él y pretendió limpiar unas cuantas cosas "desordenadas" que había en la habitación, entre estas el saco que llevaba puesto Hiccup el día de los acontecimientos que lo dejaron así.

Antes de echarlo a la lavandería, se cercioró de que no tuviera nada en los bolsillos, que en efecto tenía, pues sacó la cartera de su hijo, así como una bolsita negra que tenía guardadas un montón de monedas de oro. No se preguntó por qué su hijo cargaba con tanto dinero, sólo la dejó sobre el escritorio y enseguida mandó el saco por el ducto en donde ponían la ropa sucia, aunque por la brusquedad de sus movimientos se notaba lo molesta que estaba.

—Esa muchacha no hace más que causar molestias. —habló finalmente, dejando salir su frustración. —Por su culpa Hiccup ha pasado malos momentos. Primero su pierna, ahora esto…

—Así es. —dijo Stoick preocupado. —Esperemos que la encierren o, sino que ya se case para que su marido se la lleve lejos, o me temo que seguirá metiendo a nuestro hijo en problemas.

—¿Por qué lo dices?

Stoick resopló.

—Los Hofferson pretenden acusar a nuestro hijo por supuestamente "hechizar" a la loca esa, sólo porque esta empezó a hablar incoherencias sobre Hiccup y ella.

—¿Incoherencias? ¿Qué clase de incoherencias?

—Cosas como que ella estaba casada con nuestro Hiccup. —rio. — y que tenían hijos y un hogar en saber dónde… ¿Puedes creerlo?

Valka abrió sus ojos con sorpresa.

—No cabe duda de que esa pobre chica perdió la cabeza, Hiccup de ninguna manera se fijaría en una chiquilla tan violenta como ella, aunque tampoco me agrada que ande tras la desvergonzada esa de la que me contaste la otra vez.

—Descuida Valka, esa vulgar mujer también está por contraer nupcias. Ya casada, Hiccup se la tendrá que sacar de la cabeza y así buscar una mujer decente que de verdad lo quiera.

—Eso espero, y por el bien de él, que tú padre no meta sus narices en el asunto, Stoick.

—¡Yo sólo me interpondré si a mi nieto se le ocurre escoger a una mujer de baja categoría como tú! —se escuchó de repente en el umbral de la puerta.

Eero, para molestia de Valka, había llegado, y las miradas asesinas entre ellos no se hizo esperar.

—¿Cuántas veces te he dicho que no eres bienvenida?

—Padre… —habló Stoick, anteponiéndose enfrente de su ex. —Es la madre de Hiccup y mientras él viva aquí tiene derechos y mi autorización.

Eero rio por lo bajo.

—Ay, hijo mío… no importa cuánto te esfuerces y el lugar que le des, esa mujer no te va a querer como supuestamente lo hizo en el pasado.

—Mejor me voy, que aquí también se están empezando a escuchar estupideces. —dijo Valka tomando su bolso. —Stoick, cualquier cosa con Hiccup avísame ya sea con su salud o si se requiere algo que hacer contra los Hofferson. Mientras tanto seguiré buscando a sus dragones.

—Claro… adiós… —susurró el hombre, pues Valka salió rápidamente de la habitación sin darle oportunidad de responder.

—Ay hijo, ya olvídala y consíguete otra mujer, mira que no nos hacemos más jóvenes y necesito otro nieto en caso de que… —miró con lástima a Hiccup.

—Ay, padre… ya vas a empezar con tus cosas… Hiccup se pondrá bien. Sólo dale más tiempo. —bufó Stoick, saliendo de la habitación seguido de su padre.

En el ducto, los dos dragones habían escuchado todo.

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—Creo que no podremos contar con la Sra. Valka después de todo. —concluyó Toothless con tristeza, empujando las rejillas del ducto para poder salir.

—Así parece, que triste que en el pasado de antes tanto los Haddock como los Hofferson tuvieron que perder a Hiccup y Astrid para que los valoraran. —reflexionó Alúmini en el mismo estado volando a la par de él. —Toothless, si nosotros hubiéramos podido… es decir, nuestros hijos…

—Sí, lo sé…

Toothless juntó su ala con la de ella, pensando que su Alúmini hubiera sido una buena mamá, mientras que Alúmini, correspondiéndole, pensaba en el excelente padre que hubiera sido Toothless.

Y con el pensamiento de que ese pasado que ahora venía siendo un futuro era todavía posible, ambos dragones se posicionaron frente a la capsula de contención en donde se encontraba su amo y su única esperanza.

—Esperemos que despierte.

Tanto Toothless como Alúmini se transformaron en humanos creando una atmosfera luminosa por toda la habitación, cuando esta finalmente se apagó la albina bajó su mirada a la capsula, dejando escapar de inmediato un grito ahogado y lleno de sorpresa.

—¡Mira Toothless!

El recién transformado dragón humano observó lo que su pareja señalaba y también contuvo la respiración pues sin hacer prácticamente nada, veían como Hiccup fruncía el entrecejo en un intento por abrir los ojos.

—¡Amigo! ¡Estás despierto! —Exclamó Toothless abriendo la capsula por uno de sus extremos. —¿Te encuentras bien?

Pero Hiccup no respondió, con debilidad se llevó una mano al rostro, donde sintió una cicatrices que le quedaron, producto de la magia de cadenas (con picos) de su abuelo, siendo la que más destacaba y dolía la que atravesaba por en medio de su ojo derecho.

Pero nada de ese dolor físico que sentía se podía comparar al dolor que había sentido y escuchado de su amada. Intentó ponerse de pie, pero sintió todo el cuerpo entumido.

—Tranquilo amigo. Recién despiertas. —le dijo Toothless, ayudándole a incorporarse. —Aunque parece como si llevaras un rato despierto.

Hiccup asintió sin decir nada.

—¿Por qué no dijiste nada? —preguntó Alúmini.

—Escuché… a mis padres…—musitó Hiccup ensombrecido. —Si… no… van a aceptar… a…Astrid… no los necesito.

—No digas eso. —pidió Toothless, conociendo el arrepentimiento que podían conllevar esas palabras.

Pero Hiccup negó furioso con la cabeza y rechinando dientes, intentó levantarse haciendo un gran esfuerzo.

—Por favor, con cuidado.

—Tengo… que… ir… por Astrid…

—Lo sabemos, amigo… pero en tus condiciones…—musitó Toothless, viendo lo mucho que le costaba a Hiccup moverse.

Lo ayudó a salir de la capsula y de ahí a llevarlo a la silla del escritorio, ya que no tenía la prótesis puesta.

—Está sufriendo. —chilló él, dejando notar en su voz un profundo coraje.

—Lo sabemos, y sabemos que está en muchos problemas también amigo. Y no te preocupes, te ayudaremos a rescatarla y también los ayudaremos a salir de este mundo, pero necesitamos hacer las cosas en orden, analizar la situación y por supuesto, primero sacarte de aquí. ¿Estás de acuerdo?

Hiccup asintió a medias, pero dándole al fin y al cabo la razón a su amigo. Así que en los próximos minutos se dejó ayudar por estos. Alúmini se encargó de buscarle la prótesis, mientras que Toothless lo ayudó a cambiarse de ropa y también a empacar en una bolsa mágica unas cuantas cosas que pensó que podrían ser de utilidad, para antes de que fuera otra de las enfermeras especializadas a revisarlo, los tres escaparon por la ventana.

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En lo que había sido un bar exclusivo para la élite, ahora sólo había un gran hoyo, en cuyo centro se encontraba una mujer que después de dejar salir todo lo que había tenido guardado dentro de ella, incluido sus lágrimas, se dejó caer agotada y sin ánimos de seguir despierta o estar viviendo.

Los gritos no se hicieron esperar, y estos fueron de Camicazi y Fare, quienes se salvaron gracias a la magia del segundo y también de Eret que había ido con ellos a protegerlos al momento que todo explotó.

Mientras que las demás personas que habían estado presentes también sobrevivieron gracias a sus respectivos poderes ya fuera protegiéndose a sí mismos o tratando de contener la explosión; sin embargo, estos no habían sido suficientes para salvar el establecimiento, así como las estructuras que había alrededor de unas cuantas manzanas, más sí lograron evitar que hubiera sido un catástrofe de proporciones mayores.

—Pero ¡QUÉ DESASTRE! ¿QUIÉN FUE EL RESPONSABLE DE TODA ESTA DESTRUCCIÓN? —exigió Drago al llegar al lugar, escoltado por su ejército personal.

—Mi rey… déjeme explicarle. —pidió Axel temeroso por su entristecida hija.

Al rey le bastó ver lo que había a varios metros detrás de su subordinado para obtener una respuesta.

—¡Por eso les había prohibido hacer este tipo de espectáculos/rituales! —advirtió furioso. —Les dije que esas mujeres no podían contener tanta energía negativa, y este problema viene advertido desde Brianda con su respectiva familia antes de que se casara contigo. Ella y su gente podían volver la energía negativa en ataques muy poderosos.

—Con todo respeto, mi rey, esto no es consecuencia de la habilidad heredada de la difunta esposa de mi hijo. —habló el patriarca. —Esa pseuda energía negativa es como basura dentro de nuestras cantantes con sangre Hofferson, lo que pasó es que Astrid expulsó toda su magia intensificada, por alguna extraña razón, y fue lo que provocó esto.

—¡No te burles de mi Hofferson! Sé muy bien de lo que hablo, ya bastante has osado desafiarme y también me has causado muchos problemas, así como tu familia. —advirtió este, señalándolo.

—Lo siento mi rey. —dijo el abuelo Hofferson, con dientes apretados. —Con gusto le dejo a mi inútil nieta a su disposición para que la castigue como crea conveniente.

—Padre…—susurró Axel temeroso.

Drago soltó una risita.

—Desquitarme con una chiquilla inmadura no me es suficiente y siendo que me han reportado que no ha habido pérdidas humanas, Hofferson, lo único que pediré es que tomen la responsabilidad de todos los gastos ocasionados.

—¡¿Qué?! Arreglar todo esto podría llevar a mi familia a la quiebra.

—No es mi nieta, no es mi problema… — se burló el rey, dándole la espalda a su inferior.

— "Maldito desgraciado, si no fueras rey y tuvieras todo el respaldo…"—pensó el patriarca dando gruñidos.

—No se preocupe, Sr. Hofferson… yo asumiré los gastos. —se escuchó otra voz que hizo al rey y al patriarca girarse.

—Neils… —nombró Axel sorprendido. —¿Tú…

—Por supuesto, dado que mi futura esposa fue la responsable, creo que es mi responsabilidad arreglar el desastre que ocasionó.

—No esperaba menos de mi futuro "yerno" —expresó Hofferson abuelo con malicia.

—Vaya Hofferson, hasta que hiciste un buen negocio. —expresó Drago con arrogancia. —Mira que comprometer a una de tus mercancías con uno de los sujetos más ricos del mundo oculto, claro que en cuestión de poder y más riquezas se quedan cortos. Como quiera me tengo que cuidar de ti. —pensó para sus adentros. —No me importa quien sea el que pague este desastre, mientras que cumpla con mis exigencias.

—Claro, no hay problema mi rey. —dijo Neils respetuosamente. — solamente pido que este incidente no traiga como consecuencias más atrasos en mi boda. Bastante he esperado ya.

—No te preocupes, chico. No pensaba cambiar eso para nada. —consideró el patriarca. —En dos días mi querida nieta te pertenecerá…

—Pero padre…—siguió susurrando Axel, viendo como sus otros hijos seguían tratando de reanimar a Astrid.

—No importa hijo, que la "dulce" Astrid descanse, pero eso sí, la quiero bien despierta en dos días porque no hay marcha atrás, este fin de semana SE CASA. ¡¿ENTENDIDO?!

—Sí, como tu digas… padre…

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Dos días después…

El desastre ocurrido en el bar/teatro de los Hofferson quedó en segundo plano, cuando los informadores de noticias se dedicaron a darle más publicidad a la futura boda de Neils Lundgren con Astrid Hofferson, y todo esto debido a que varios de los medios pertenecían a la familia del futuro esposo de la hechicera. Era tanta la publicidad que estaban haciendo que hasta también dejaron de lado la nota que informaba sobre la desaparición de Hiccup Haddock en su propia habitación.

—Esto es basura… ¡BASURA! — bramó un encapuchado y furioso Hiccup al ver la noticia desde un proyector de una tienda que vendía dichos aparatos. —Astrid no se puede casar con ese ¡imbécil!

—Tranquilo amigo, sé que es difícil, pero trata de pensar en que todo estará bien.

—Debimos ir por ella desde ayer.

—Muy apenas te podías levantar y seguir despierto, Hiccup, hoy agradece que puedes andar sin caerte.

—Maldita la hora en que me dejé atrapar por la magia de mi abuelo y el de Astrid. —siguió quejándose este, dándose un masaje en la cabeza la cual sentía estaba por reventarle. —Si tan sólo hubiera tenido a Inferno.

—Pero no la tienes ya, así que concéntrate. —regañó Toothless, cuando de repente recordó algo importante. —… aunque, pensando en eso… ¿Has intentado con Inferno 2?

—No digas tonterías, Toothless… sabes que en esta época no la tengo y sinceramente no tengo cabeza para ponerme a hacer una arma nueva estoy… me quiero… estoy a punto de…

—Calma, calma… —consoló Toothless, dándole todo su apoyo.

Desde que habían sacado a Hiccup de la residencia Haddock, este era un manojo de reproches y melancolía, tal como Astrid aun no podía superar la pérdida de sus hijos y tampoco había aceptado del todo que las cosas habían cambiado.

—Hiccup, tienes que concentrarte… por Astrid, y por lo que te pidieron Zephyr y Nuffink.

El hechicero soltó un gimoteo doloroso al recordar a sus hijos.

—Me pidieron que siguiera cuidando de ella. —expresó con dolor.

—Así es, así que limpia esas lágrimas y trata de concentrarte, trata de visualizar que esta noche tanto tú como Astrid estarán nuevamente juntos.

Hiccup inhaló y exhaló profundamente en repetidas ocasiones tratando de visualizar dicho momento, pensar que pronto estarían juntos trajo tranquilidad de nuevo a su corazón.

—Tienes razón, tengo que hacer todo lo posible…

—¡Ese es el Hiccup que conozco! así que, andando, llevemos comida a Alúmini y Stormfly y repasemos de nuevo lo que haremos.

Hiccup asintió, tratando de ser lo más paciente posible, y siguiendo a su amigo se encaminaron a una tienda para conseguir comida, todo esto mientras que un par de sombras le seguían de cerca.

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Por otro lado, en la casa Hofferson.

Para ser un día de fiesta la residencia estaba en completa calma, así como sus habitantes que en ese momento desayunaban en el comedor, a excepción de uno de sus miembros.

—¿Astrid ya despertó? —preguntó Axel Hofferson sin dirigirse a nadie en específico, sin embargo, dicha pregunta iba destinada a cierta persona.

—Sí, padre… desde ayer en la noche…Mmm… no quiere comer. —informó Camicazi, viéndose un tanto preocupada.

Axel gruñó.

—Ve a decirle que se deje de tonterías, y que baje a desayunar, hoy se casa y es el último día que estaremos como "familia".

Una risita sarcástica se hizo escuchar.

—¿Tienes algo que decir Fare? Ya sabes que me choca esos soniditos que haces.

—Es que me parece inconcebible padre, ¿En serio obligarás a Astrid a casarse con ese estúpido? ¡¿Qué no fuiste consciente de todo su dolor?!

El patriarca dejó de comer, y emitió un gruñido discretamente. Camicazi bajó la cabeza, había pensado lo mismo que su hermano, solamente que no había tenido el valor para decirlo. Mientras que Eret, cuidando del bebé, veía nuevamente como la familia de su esposa hacía con sus mujeres lo que les daba la gana.

—Por supuesto que sí. —admitió Axel. —¡pero un trato es un trato y ella debe cumplir!

—¡ELLA NO HIZO ESE TRATO!¡ FUE NUESTRO TONTO ABUELO! —replicó Fare, golpeando la mesa.

—¡HIJO!

—¡NO! No lo entiendo padre, ¿cuándo será el día en que de verdad cuides a tus hijos? ¿En serio quieres esto para nosotros? ¡mamá no lo hubiera permitido de seguro! ¡No la conocí, pero estoy segura de que no obligaría a Astrid a casarse, incluso se hubiera negado a casar a Camicazi,

—¡HIJO, ya basta! ¡Cállate!

—A mí ni me cuidas, me tienes a cargo del imbécil ese de Grimmel que quien sabe que mañas tendrá…—siguió reclamando Fare, aún pendiente de las palabras de su hermana, sobre ese traidor.

—Parece que no se puede desayunar tranquilamente en esta ¡CASA! —gritó Axel, poniéndose de pie. —Se me quitó el apetito, me marcho, por lo pronto vean que su hermana coma algo, lo menos que quiero es que se vaya a desmayar en plena ceremonia.

Sin decir más se retiró de la mesa, dejando a los hermanos y al Eretson solos.

—Fare, ¡Andando! vayamos con Astrid para intentar que coma algo. —dispuso Camicazi después de unos minutos de silencio.

—¿Es todo lo que dirás, hermanita? —reclamó Fare lloroso.

—Dije… "Andando" —repitió la rubia, remarcando con seriedad la palabra.

Fare captó como una especie de mensaje y asintió obediente para después ir por un plato el cual llenó de comida que había en una mesa anexa, ese día, como era de fiesta, no tenían a ningún miembro de la servidumbre atendiéndolos, incluido Grimmel.

—Eret… por favor. —pidió Camicazi titubeante cuando estuvo a punto de retirarse.

—Anda… ve con tu hermana —concedió Eret, aun con el bebé en brazos, la verdad es que no podía negarse pues él también había sido testigo del dolor de su cuñada.

Camicazi sólo asintió y se retiró con su hermano menor.

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En la habitación de Astrid, esta no se encontraba mejor que en días anteriores, y tirada boca abajo en la cama, no hacía más que llorar por su fatídico destino, ahora que había expulsado todas esas emociones guardadas en ella ya no tenía problemas en demostrar su tristeza a través del agua que generaban sus ojos.

Se sentía vacía sin su esposo e hijos, y se sentía débil sin su arma y guía.

—Astrid… ¿podemos pasar?

La aludida soltó un bufido y se reincorporó en la cama, no importaba si respondía o no, sabía que Camicazi y Fare de cualquier modo entrarían, y dicho y hecho los hermanos entraron, el más pequeño llevando un plato de comida y la segunda antes de entrar por completo, cerciorándose de que nadie estuviera cerca.

—No quiero comer. —rechazó Astrid a su hermano antes de que este pudiera decir algo. —No quiero nada de ustedes.

—Déjate de tonterías, Astrid. —regañó Camicazi, acercándose. —más vale que comas, necesitarás fuerzas para poder salir de aquí. —susurró discretamente.

—¡¿Qué?! —exclamó el menor sin creerlo.

—Cami… —musitó Astrid. —Entonces… tú… y Fare

La mayor se mordió los labios, viéndose entre molesta y abochornada.

—Te creemos, Astrid. —terminó por decir Fare convencido. —bueno, al menos ciertas partes… —admitió con una risita.

—¿Siguen sin creer que Hiccup Haddock y yo…? —preguntó ella, esbozando una pequeña sonrisa para sorpresa de los hermanos.

Ni Camicazi ni Fare pudieron responder, les costaba mucho aceptar esa locura de su hermana.

—Pero es cierto. —continuó Astrid, llevando su mejilla a la mano de su hermano. —Hiccup es mi esposo, o fue mi esposo…

—Digamos que te creemos, Astrid…—interrumpió Camicazi. —Sí fue así, ¿cómo es qué…

—Fueron mis hijos. —sintetizó la hechicera. —Camicazi y Fare tal vez se les haga increíble lo que les voy a decir, pero en un punto del tiempo que la verdad ya no se si fue en mi pasado o será en el futuro, mis hijos, que tuve con Hiccup Haddock. —aclaró. — eran hechiceros del tiempo.

Los hermanos ahogaron un grito.

—No puedo darles muchos detalles porque no creo conveniente que sepan cosas que puedan llegar a pasar o que tal vez ya no pasarán, pero algo les puedo asegurar… ustedes conocieron a mis hijos y los quisieron y mis hijos a ustedes.

—Te creemos, Astrid. —sujetó Fare su mano.

—Hermanito… ¿Y ese "te creemos Astrid" incluye que aceptas que Astrid está casada con ese tipo? —cuestionó Camicazi con sarcasmo.

El menor puso una mueca de asco.

—¡Dioses, que horror! ¡No! Astrid… —chilló, haciendo un drama.

—Lo siento, pero… es la verdad… me enamoré de él.

Fare se asqueó más y Camicazi abrió sus ojos con sorpresa, pues nunca había escuchado hablar a su hermana así, menos de amor.

—Vaya, entonces ¿es verdad? —se acercó a la cama, para sentarse a un lado de ella. —pero… ¿qué le viste a ese tonto? Es raro y nada atractivo… y sobre todo ¿Se te olvidó lo que te hizo?

Astrid sólo rio.

—¿Qué le vi? Es la persona más gentil, compresiva y sensible que haya conocido, exceptuando nuestro pasado, pero te lo juro Camicazi, lo amo y claro que no se me olvidó lo que "me hizo" pero no fue su culpa, sólo… fue un accidente y yo también le hice daño.

—Ay, no te creo… de seguro te maldijo o hechizó con algo. —opinó Fare asqueado.

—Sí, fue como una maldición lo que nos unió, así como un hechizo lo que hizo que nos enamoráramos, pero cuando estas se rompieron… pudimos ser quienes realmente éramos y… nos volvimos a enamorar.

—Ok, creo que esa parte de la historia ya no me interesa conocerla, ya me harté de cursilerías… mejor vayamos a la parte en dónde Camicazi nos explica qué es lo que pretende. —interrumpió Fare, tratando de no vomitar.

—Cierto, tenemos el tiempo contado, más yo esperaba que Astrid me dijera que era lo que planeaba hacer si la ayudábamos.

—¿Yo? —musitó esta, pensándolo y sintiendo nuevamente tristeza. —Yo… ¡no sé! Esperaba… que Hiccup viniera por mí, o yo ir a buscarlo, pero… no sé qué ha pasado con él.

Fare gruñó, haciendo otra mueca.

—¿Qué pasa hermanito? —preguntó Camicazi. —¿Acaso tú sabes algo?

—Digamos que sí. —dijo con fastidio.

—¿Qué cosa, Fare? —pidió Astrid esperanzada.

—Pues no sé exactamente, sólo vi en las noticias que se escapó de su casa hace dos noches y que estaba en tratamiento médico o algo así.

Astrid sonrió aliviada.

—Eso significa que está bien y sigue vivo.

—Mmm… pues sí.

—Sí, eso creo… cuando papá, el abuelo y tú volvieron por ese agujero negro que, ahora es custodiado, también estaban los Haddock, recuerdo que a ese tipo se lo llevaron de emergencia, pero como me valía un cabeza de carnero la verdad no le tomé importancia. —contó Camicazi.

—Ya veo. —musitó la otra rubia, comenzando a preocuparse por la gravedad de las heridas de su marido.

—En fin, Astrid… ahora que sabes esto… ¿qué se te ocurre? ¿cómo podemos ayudarte?

—Creo que… seguiremos por lo pronto con esta farsa. —se levantó Astrid con pesadez de la cama, mostrando una nueva determinación. — aprovecharemos el alboroto que hay por la ceremonia y la fiesta para que me pueda escapar, supongo que habrá un momento en que tenga que estar sola antes de la ceremonia.

Camicazi lo meditó.

—Sí, de hecho, sí, como te casarás en uno de los templos de la familia Bludvist, tendrás que aguardar unos minutos en el cuarto de música hasta que se te avise que hagas acto de presencia en el templo.

—Podemos aprovechar ese momento, Camicazi y yo podemos distraer a papá, al abuelo y a ese imbécil. Cami… el gorila de tu marido puede ayudar.

—¡No le digas gorila! —gruñó la mayor molesta. —Pero, sí, Fare tiene razón, entre más seamos mejor, pero después de escapar… ¿a dónde planeas ir? No sabes dónde está ese tonto.

—O si quiere volver contigo. —opinó Fare, colocando sus manos detrás de la cabeza.

—Claro que Hiccup vendrá por mí. —dijo Astrid con seguridad y sin tomarse siquiera la molestia de enojarse. —Y si no, yo tengo que ir a buscarlo, no soy una damisela en peligro ni nada por el estilo. También tengo que moverme y hacer algo.

—Bueno, eso sí…—concordó el menor.

—Pero, de cualquier forma, se me hace peligroso Astrid, no dudo que puedas escaparte unos cuantos kilómetros, pero sabes bien el poder que tiene Neils, hablando de influencias, no sé qué nivel de poder mágico tenga, y tú ya no cuentas con Sky.

—Lo sé, y sabes… estoy pensando en algo, pero no sé si vayan a estar de acuerdo.

—Sólo dilo y ya te decimos.

—Camicazi, Fare… —habló Astrid con seriedad. —Necesito que me den a Cielo, porque supongo que sigue en la bodega de reliquias de la familia ¿no es así?

—¿Cie-lo? ¿El ar-ma de mamá? —preguntó la mayor inquieta.

—Sé que es mucho lo que pido, pero necesito de esta, sólo así podré potenciar mi magia, esa es la habilidad de esa arma.

—O… no sabía eso. —dijo Fare impresionado.

—¡Pero es tabú usar el arma de otra persona! —replicó Camicazi, poniéndose de pie. —¡Y en especial si esa persona ya no se encuentra entre los vivos!

—Lo sé, pero como te dije en mi pasado o bueno cuando estaba con mis hijos y Hiccup, yo la absorbí dentro de mí, y mi magia se potenció.

—Hermana, pero si por ti sola ya eres una hechicera poderosa… —opinó el menor. —sólo ve cómo dejaste el bar.

—Creo que eso fue más por la carga de emociones. —disintió Astrid cabizbaja. —Y, de cualquier manera, necesito un arma en el cual canalizar mi magia, así que, por favor.

—Pues… por mí no hay problema. —Fare se volvió hacia su hermana mayor. —Pero…

Astrid también la miró, Camicazi tenía un aspecto enojado, de brazos cruzados y tamboreando con insistencia los dedos.

—Por favor, Camicazi…— insistió la rubia, agachando más la cabeza. —Sé que es un recuerdo muy valioso de mamá y que….

—¡Ya no digas más! si la necesitas y dices que antes la usaste…—bufó. —supongo que no me queda de otra más que aceptar que Cielo te escogió como una especie de sucesor. —aceptó finalmente Camicazi.

Astrid quería añadir que no era que Cielo la había escogido, si no que más bien la ayudaba porque su madre así lo quería y así lo haría por cualquiera de sus hijos; sin embargo, se ahorró el discurso, pues la mayor de los hermanos ya no quiso perder el tiempo, la obligó a comer y después planearon minuciosamente cada detalle de lo que harían.

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Por otro lado, en lo más recóndito de un estacionamiento subterráneo, Hiccup y Toothless llevaron las provisiones para ganar algo de energía que necesitarían para llevar a cabo algo que Hiccup denominó el plan más estúpido que se le hubiera ocurrido.

—Toothless y yo averiguamos por medio de las noticias que la ceremonia será a las 5 de la tarde, al parecer en el templo mayor de la familia Bludvist. —informó Hiccup.

—Vaya… que elegancia. —mencionó Stormfly con sarcasmo. —Ese maldito no escatimó en gastos.

—Habrá mucha gente, ese lugar es enorme. —opinó Alúmini.

—Es lo que temo; sin embargo, Toothless y yo creemos que, como en toda ceremonia, a la novia siempre se le deja esperando en un sitio hasta que llegue la mayor parte de invitados.

—Ese el momento que nosotros debemos de aprovechar para sacar a Astrid de ahí, una vez que la tengamos, volaremos lo más lejos que podamos para evitar que vean el portal que abriremos hacia el otro mundo.

—Suena sencillo. —dijo Stormfly. —pero…. supongo que hay un "pero"

—Así es, es que antes de ir a la ceremonia, tenemos que cerrar el agujero negro que está siendo custodiado, de manera de que nadie pueda seguirnos después de cruzar.

—¿Y que hay del agujero que está en el nido de dragones? —preguntó Alúmini.

Hiccup resopló.

—Ese… lo dejaremos tal y como está, por el momento ese agujero negro sigue siendo un secreto de la familia del rey, se los podemos dejar, pero si en determinado momento llega a pasar que nos quieren fastidiar en el otro mundo, lo cerraremos sin contemplación.

—Entendido.

—pero enfocándonos en el otro agujero, sabemos que se encuentra fuertemente custodiado, por lo que tendremos que hacerlo lo más rápido posible. Toothless, tú serás el encargado de cerrarlo, por lo que hemos visto y también practicado, el arma ha estado reaccionando bien a tu esencia de dragón-humano.

—Extraño, pero divertido.

Asintió el furia, recordando como la noche anterior habían practicado con la vara y esta reaccionaba más rápido con el dragón que con el hechicero. Todo parecía indicar que los dragones también tenían un tipo de magia oculto.

—Bien, entonces ya está, al punto de las 3 de la tarde nos marcharemos, cerraremos ese agujero negro y luego volaremos directo al templo de los Bludvist. ¿Alguna pregunta?

—Eh… sí, ¿qué pasaría si un viejo amigo te encuentra primero?

Hiccup y los dragones se paralizaron al escuchar una voz a sus espaldas, girándose nerviosamente, el grupito vio que entre las sombras surgía un hechicero y otro dragón que pensaron ya nunca más verían.

—¿Vi-ggo? —sudó Hiccup en frío.

—Cuántos días sin verte, mi querido Hiccup.

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Eran las 3 de la tarde, en la residencia de los Hofferson varias mucamas salieron de la habitación de la segunda hija de Axel Hofferson. Dentro de esta una silenciosa Astrid, contemplaba de pie su reflejo en el espejo. Se veía horrible, no podía dejar de pensar mientras miraba con coraje su reflejo. Le habían obligado a usar un hermoso vestido blanco (feo para ella) que tenía mangas largas de encaje de flores y una falda con cola larga, el corte en su pecho era en forma de corazón y resaltaba muy bien en conjunto con la pedrería que tenía en la cintura. En sus muñecas, llevaba unos brazaletes de oro con diamantes que más bien le parecían cadenas y grilletes. Igualmente, de sus pies se sentía encadenada pues a su abuelo o prometido (ya no sabía quién controlaba a quien) habían decidido que usara unos zapatos de tacón muy altos. En el cabello la habían hecho una diadema de flores blancas y rosas que a la vez estaban unidas a un largo velo semitransparente color blanco. En su rostro le habían puesto un leve maquillaje donde habían resaltado de más sus mejillas con un tono rosa, así como sus labios con un tono rojizo.

El vestido le pesaba de los mil demonios, pero se hizo a la idea de que tendría que correr lo más rápido que pudiera con este puesto, pues no quería perder ningún valioso minuto de tiempo cambiándose en el cuarto de música en donde la dejarían esperando, en cuanto se viera sola en ese lugar se escaparía.

—¿Se puede? —se escuchó que tocaron a su puerta.

Astrid se extrañó, pues era su padre quien hablaba y como todo Hofferson entró por la puerta sin esperar una respuesta por parte de ella, notando rápidamente como este pareció sorprendido con su nuevo aspecto. Se veía como un padre orgulloso que se alegraba por el casamiento de su hija, pero lo triste es que ella no se sentía del mismo modo que él.

—Astrid… estás… bellísima.

La hechicera sonrió levemente, siguiendo con la farsa, aunque adolorida por dentro al no tener la comprensión de su padre.

—¿Estás feliz?

Ella se encogió de hombros sin saber qué decir. Axel tampoco supo que responder ante semejante gesto, él sabía muy bien cuál era la respuesta.

—Espero que algún día comprendas que todo esto es por tu bien, tendrás una familia que te respaldará y protegerá, así como paso con tu hermana Camicazi y Eret. ¿Puedes comprenderlo?

—Eso creo… papá… y sí… yo me hubiera enamorado de una persona que me diera todo eso que dices, ¿lo hubieras aceptado en lugar de a Neils?

Axel se sorprendió por el cuestionamiento.

—Sabes que sí. —dijo con sinceridad.

Astrid sintió una presión en el pecho, sintiendo que una parte de su padre era aún salvable.

—Pero sabes que las cosas en nuestra familia no se manejan así.

Pero como había pensado, era sólo una parte de su padre la que pensó era rescatable, lo demás estaba forjado por las ideas del patriarca de la familia y las antiguas generaciones.

—Espero de todo corazón que tu matrimonio sea exitoso, hija.

—Y yo espero ya no decepcionarte, papá. —complementó Astrid con tristeza. —Y si lo hago, perdóname, créeme que no sería intencional.

—Entiendo…—suspiró el hombre sin saber qué más decir. —El auto espera, tenemos que irnos.

—Bien… entonces vámonos.

—Por cierto, ¿sabes dónde están tus hermanos?

—Ni idea. —respondió Astrid, haciéndose la ingenua pues mientras ella se marchaba con su padre, su hermana mayor estaba saqueando la reliquia de su madre, y su hermano pequeño, saboteando la boda desde el templo.

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—Jijiiiji… a ver qué te parece eso, bastardo. —rio Fare con malicia ante lo que acababa de hacer junto a su no tan estimado cuñado no. 1.

—¿Crees que funcione? —preguntó un agotado Eret pues en la última media hora habían estado cambiando sigilosamente los arreglos florares de un templo a otro, y desechando por otro lado los que correspondía a la boda de Neils.

—Nos dará tiempo. —rio el menor, viendo que tan bien le había quedado el itinerario modificado, así como el cartel de bienvenida de la otra pareja que se casaría también ese día.

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4:30 de la tarde

—Ya falta poco Astrid, sólo resiste un poco más. —pensaba un apurado Hiccup, mientras volaba encima de Toothless, en compañía de las otras dos guías e inesperadamente por otro hechicero y su compañero.

—¡Wow! ¡Esto es mejor que la levitación! —exclamó Viggo impresionado, desde el lomo de Stormfly. —Sparky, tienes que esforzarte para que tú también crezcas así. — le dijo a su pequeño guía eléctrico.

Hiccup no pudo evitar sonreír un poco, al ver que al menos en ese mundo tenía un aliado y amigo que de cierto modo le recordaba a Dagur. Aunque el principio pensó que le traería problemas.

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Minutos atrás.

Vi-ggo…

Cuántos días sin verte, mi querido Hiccup. —saludó este con cortesía.

¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó el castaño a la defensiva.

Vine a buscarte… ¿qué parece? Te escapaste de tu casa aun convaleciente, tu padre y madre te están buscando como un par de locos.

Pues de una vez te advierto que no planeo volver, así que ¡vete! y más vale que no digas nada

Hiccup… pero ¿por qué me tratas así? De haber querido delatarte lo hubiera hecho, desde que vi en la cámara de vigilancia como tus dos guías entraban en la habitación.

¿Qué? —bajó el hechicero su guardia.

Tal como lo escuchas, me asignaron para cuidarte desde los monitores y créeme que me sorprendió ver a Toothless y a Alúmini entrando como si nada a la habitación, cuando tu madre ha estado buscándolos, pero lo que más me sorprendió es ver cómo se transformaban en humanos. ¿No es así? —se asomó para ver al par de dragones humanos que también estaban a la defensiva. —Y antes de que lo preguntes he estado el tiempo suficiente aquí, para notar que esa otra chica también es una dragona.

Stormfly rugió ante el señalamiento.

¿Y qué con eso? ¿Por qué no le contaste a papá o al abuelo?

Hiccup, porque somos amigos, y entiendo que lo que menos quieres al despertar es ser sermoneado por tu padre o abuelo.

En eso tienes razón.

Así que, no reporté lo que veía, pero si me sorprendiste cuando te levantaste, pero quedé aún más sorprendido cuando huiste, montando en tu enorme guía dragón. Lo que a mí me interesa más que nada es saber cómo le hiciste para que tus dragones tengan esas habilidades y, en segundo lugar, por supuesto, saber el motivo por el cual estás huyendo.

Es una larga historia.

Tengo tiempo.

Pero ¡yo no! Tengo que rescatar a alguien.

Ah, ¿sí? ... oh… no me digas, ¿esa mujer?

Si estás pensando en Raizel, Viggo… quiero decir que estás muy equivocado.

Entonces…

¡A mi esposa! ¡ASTRID HOFFERSON!

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Una risita brotó de él al recordar la expresión de Viggo cuando le contó aquello y más quiso reír cuando este escuchó parte de la historia que tenía con Astrid, así como la historia de sus hijos; claro que lo que omitió en ese relato fue la parte en donde él moría a manos del hechicero del titiritero Skip, así como su dragón, pero por lo demás, le reveló casi todo, incluyendo las habilidades de sus hijos.

Y al final, cuando le pidió ayuda Viggo, este se mostró divertido por toda su "loca" historia, pero aceptó ayudar a un amigo, aunque claro con una serie de condiciones, al fin y al cabo, él era un negociante; pero hasta eso fueron condiciones bastante sencillas, la primera condición era revelarle el secreto para que Sparky creciera y la segunda que un día lo tendría que invitar a ir a ese otro mundo.

Hiccup aceptó y teniendo un aliado (y amigo también) más de su lado, fueron a cerrar el agujero negro que quedó abierto.

Con la ayuda de Viggo fue más fácil, pues este apresó a los custodios con su magia y los noqueo, para que Toothless pudiera hacer lo suyo; sin embargo, cuando el dragón terminó de cerrar el portal más custodios llegaron y no pudieron ocultar más su identidad, pero si escapar de ellos.

Así que ahora el tiempo para el plan de rescate se había reducido ya que si el rey Drago o alguno de sus comandantes los mandaban a buscar, tendrían a una pila de hechiceros persiguiéndolos para al punto de las 5 de la tarde.

—Oye Hiccup… ¿Y qué planeas hacer? ¿Esperar a que el sacerdote diga la famosa frase "el que se oponga que hable ahora o calle para siempre" para que tú luego entres al templo y grites como demente "Yo me opongo"? —preguntó Viggo divertido

—Claro que no. Sacaré a Astrid antes de que empiece la ceremonia.

—Claro!, me parece lo más prudente en tus actuales condiciones, ya que mi estimado Hiccup, no te ofendas, pero en lugar de parecer un hechicero poderoso pareces más una triste y delgada bolsa de entrenamiento para golpear.

Hiccup gruñó molesto, aunque su amigo tenía razón, muy apenas podía mantenerse en pie, si una batalla empezaba no sabía si podría soportarla.

—Calma amigo, sólo bromeaba. —dijo el otro hechicero al verlo ofuscado. —Creo que ahora me agradas más.

—¿Qué? ¿En serio? —preguntó este con cierto tono sarcástico.

—Sí, me parece extraño que hace unos días te daba un consejo para que te alejaras de una mujer y dejaras de pelear con Astrid Hofferson, y ahora, te has olvidado por completo de esa mujer y buscas rescatar a quien fue alguna vez tu enemiga. Has madurado en pocos días, mi amigo.

—Gracias… eso creo, pero no fueron días… fueron años. —corrigió Hiccup, volviendo su vista hacia al frente, donde claramente vio que se encontraba su destino. —¡Atentos! Hemos llegado.

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—¡Vaya! Qué bonito se ve todo. —dijo el rey Drago, vestido de gala para el gran evento de los Hofferson y Lundgren al que había sido cordialmente invitado. —Pero me pregunto. ¿Por qué no hemos podido entrar al templo todavía?

—No lo sé, no sé qué está pasando con esta maldita coordinación. —gruñó Hofferson abuelo.

Habían llegado al templo hacía unos cuantos minutos, pero les dijeron que no podían entrar al templo contratado debido a que estaba siendo ocupado por otra ceremonia que había empezado minutos antes.

Neils se puso como loco y comenzó a mover a su gente para averiguar lo que había pasado con la reservación, mientras que, a lo lejos, Fare se reía de su travesura, aunque pronto dejó de hacerlo cuando el auto en donde venía Astrid y su padre llegó al sitio.

Fue el turno de Eret para moverse, debido a que Camicazi aun no llegaba, y antes de que papá Hofferson bajara del auto, lo interceptó.

—Suegro, por favor retire a la novia al cuarto de música del quinto templo, al parecer la ceremonia se llevará en ese lugar.

—Oh… pero… tenía entendido ¿qué? —señaló el hombre el templo mayor.

—Parece que hubo una confusión y otra boda se está efectuando en ese lugar.

"Gracias" susurró Astrid a su cuñado, y este discretamente aceptó su agradecimiento con un asentimiento de cabeza.

—Ya veo, entonces… vamos, Astrid.

—Ah… papá, parece que hay mucha gente confundida… ¿Por qué no te bajas y yo mientras voy al cuarto ese que dijeron?

—No, te acompañaré hasta allá.

—Yo puedo hacerlo si quiere, o allá está Fare, él puede acompañarla mientras se resuelve esta confusión. —dijo Eret.

—No, yo la acompañaré, ya dije… gracias Eret. Mejor busca a Camicazi no tengo idea de donde se metió.

Y sin decir más, Axel ordenó al chofer conducir a donde le había dicho su yerno. Eret de inmediato fue a informar a Fare.

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—Papá… no tienes por qué acompañarme, estaré bien. —insistió Astrid, tratando de buscar una excusa.

—No, no digas tonterías… este prácticamente es el último día que estarás conmigo, antes de que te mudes a tu nuevo hogar con tu marido.

Astrid sintió melancolía al escucharlo, pero a la vez enojo, pues ciertamente su papá había escogido un mal momento para ser buen padre.

—Entiendo.

Ya no dijo nada y dejó que su padre la acompañara al otro sitio, esperando que pronto, Fare, Camicazi y Eret aparecieran para alejarlo de algún modo.

Al llegar al sitio, se encontraron frente al otro templo a varias personas que parecían no tener la menor idea de a dónde ir, invitados que también habían sido movidos de lugar debido a la "confusión" con los templos; pretendió usar eso como excusa, pero su padre al parecer no tenía tampoco las intenciones de atender invitados, puesto que cuando llegaron la ayudó a salir del auto y prácticamente la llevó hasta el interior de la habitación anexa en donde se guardaban algunos instrumentos musicales, así como demás utensilios para las ceremonias y como área de espera sólo había un par de sofá dobles que rodeaban una pequeña mesa.

El tiempo se le hizo eterno a Astrid, conforme esperaba y su padre no se iba de la habitación, hasta que unos golpeteos en la puerta captaron la atención de ambos y aceleró de nuevo el corazón de la hechicera.

Que sea alguien conocido, por favor, que sea alguien conocido. —rezó para sus adentros.

Y sus plegarias parecieron haber sido escuchadas pues quien había llamado a la puerta era su cuñado Eret que estaba fingiendo apuro.

—¡Suegro!

—¡Eret! ¿Qué pasa? Ya pasan de las 5… ¿ya va a empezar la ceremonia?

Cuando Astrid escuchó decir aquello, no pudo evitar buscar un reloj con la mirada, viendo que en efecto pasaba ya 3 minutos de las 5 de la tarde, se supone que debería estar entrando al templo; sin embargo…

—No, señor… no sabemos que pasa… ahora al parecer dicen que la ceremonia se hará en el templo # 3.

—¡¿Qué?! ¡no puede ser! ¿Dónde está Neils y papá?

Y el momento que había esperado Astrid finalmente llegó, pues su padre salió junto con Eret a revisar las supuestas confusiones. Así que en cuanto se cercioró de que se habían ido, lo único que hizo fue quitarse la estorbosa crinolina del vestido para después apresurarse hacia la puerta, sin embargo, cuando la abrió, un ser parado frente a esta, la hizo retroceder nuevamente.

—Neils…—nombró con cierto temor, pues el rostro de su prometido no se veía como el de un estúpido, como lo tenía catalogado, al contrario, se notaba que estaba furioso.

—Ya me tienes harto ASTRID y te haré pagar lo que ¡TÚ Y TUS HERMANOS HAN HECHO! —le reclamó furioso, lanzándose hacia ella.

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Las campanas del templo mayor sonaron al punto de las 5 de la tarde y eso alarmó más a Hiccup, que apenas dejando que Toothless aterrizara, se apresuró a tientas a ir a la ceremonia que al parecer había empezado desde antes y era a puerta cerrada.

—Qué demonios… ¿se adelantaron? —se preguntó el presuroso Hiccup escuchando por una de las bocinas exteriores el ritual de casamiento que se estaba dando en el interior.

—Eso… parece. —comenzó Viggo a indagar en las hojas que había pegadas en el itinerario del templo.

Alúmini, Stormfly y Sparky por su lado, trataban de ver en sus formas de dragones por las ventanillas de la parte alta.

"Si hay alguien que se oponga a este matrimonio, que hable ahora o que calle para siempre"

Santa cachucha… ¡ya dijo la frase! (*) —exclamó el dragón Toothless con su luminosidad, recordando las previas palabras de Viggo.

Hiccup gruñó al escuchar la famosa frase y pese a lo que le había dicho, parecía que no quedaba de otra más que irrumpir como todo un demente.

En ese momento, dejó de importarle todo y se apresuró a empujar con fuerza la puerta que lo separaba de su amada.

—¡No espera, Hiccup! —trató de advertir Viggo, pero fue demasiado tarde.

—¡YO ME OPONGO! —gritó Hiccup con todas sus fuerzas.

Todos los invitados, el novio y el sacerdote se silenciaron ante su interrupción. Solamente la novia fue la única que pudo reaccionar.

—¿Hiccup?

Esa voz.

—¿Raizel? —distinguió el hechicero.

—¡¿Quién te crees?! —gritó Olaf, el novio de su ex. —¡¿Quién eres?! ¡¿Cómo te atreves?!

—Ah… yo…

Hiccup estaba avergonzado, y más por ver la cara de Raizel que al parecer creía que había ido a rescatarla o algo por el estilo, ya que de cierta forma lo veía con esperanza; sin embargo, ciertamente él no estaba interesado en ella.

—Lo siento, boda equivocada. —explicó con simpleza, retrocediendo un paso.

Al hacer eso, vio que Raizel parecía ponerse triste y Hiccup no pudo evitar recordar lo que ella le había contado acerca de su ex.

—Ah… si es así, entonces ¡LARGO! ¡ANDA, VETE DE AQUÍ! —ordenó el otro hechicero, haciéndole una seña para que se esfumara.

Viggo y los dragones, por detrás de Hiccup se mostraron preocupados, pues había muchos hombres que comenzaron a poner mala cara.

—Sí, claro… pero antes…—balbuceó Hiccup, y tomando aire, agarró valor para expresar su sentir. —Raizel… no te cases con ese tipo. Sólo te hará sufrir. —advirtió con seriedad.

—¿Qué…? Tú, maldito…—comenzó a vociferar el novio, y su sequito comenzó a ponerse de pie de forma amenazadora.

Pero Hiccup no se inmutó y siguió.

—Debes encontrar a quien te haga sentir plena y feliz, y no, no lo digo por mí, yo ya no estoy enamorado de ti.

Raizel se extrañó con sus palabras.

—Y lo encontrarás Raizel, yo sé que lo harás. —le sonrió Hiccup. —Y no es este tipo. —señaló al hechicero que había matado en otro tiempo. — Tu futuro esposo es un hombre bueno y gentil y que te trata con devoción y amor, y puede ser que tardes en encontrarlo de nuevo, pero una vez lo hiciste y confío en que lo volverás a hacer.

—Hiccup…—musitó la hechicera, sintiendo una extraña melancolía en el pecho.

—Eso es todo lo que tenía que decir, ahora debo irme, porque debo impedir que alguien se lleve a la mujer que de verdad amo.

Dicho aquello, el hechicero se retiró con la cabeza en alto, mientras que los presentes no entendieron absolutamente nada de lo que había ocurrido, sólo Raizel fue la única que fue capaz de reaccionar y tomar una nueva decisión.

—Raizel… —llamó Olaf al ver como esta se quitaba el estorboso velo del cabello. —¡¿qué haces?!

—¿Qué parece que hago, estúpido? Se cancela esta boda arreglada… no me casaré contigo, desgraciado machista abusivo.

Y arrojándole el velo a la cara y dejando a todo el mundo plantado en el templo, incluyendo a su familia, la hechicera Raizel salió del templo y fue libre de buscar a quien de verdad amara y quien la amaría como había dicho su amigo.

"Yo… te encontraré…"

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—¡¿Qué te pasa, estúpido?! —gritó Astrid, al momento que fue empujada contra la pared por su prometido.

—¡Fueron ustedes, ¿verdad?! ¡El maldito chiquillo ese! —la apretó este del cuello. —Te lo juro, Astrid… no importa lo que hagas, no evitarás que me case contigo…por más que lo intentes.

—¡SUÉL-TA-ME! —gritó esta, sintiéndose sofocada.

—Y para demostrártelo… en este mismo momento, te haré mía…

Con su mano libre, comenzó a desabrochar desesperadamente su pantalón. Astrid al ver lo que pretendía agarró más fuerzas para darle un pisotón, justo con la punta del tacón, lo que provocó que Neils retrocediera adolorido.

—No permitiré que me toques, cerdo infeliz… además… para tu información, no soy tan pura y virginal como tú crees. —reveló finalmente. —Por tal de librarme de ti, fui capaz de darle mi virginidad a un extraño, así que… ¿aun así quieres continuar con esta farsa?

Pero Neils, sólo rio y no pareció en nada afectado con su revelación.

—¿De qué te ríes estúpido?

—Que aquí la única estúpida eres tú, querida… mi Astrid, tú me perteneces ya desde hace un mes si no mal recuerdo.

—¿Qué?

—¿Qué parte de "no importa lo que hagas, no evitarás que me case contigo" no captaste?

Astrid empezó a negar con la cabeza al pensar en algo que no quería creer.

—Oh, sí… pequeña zorra…

Invocó Neils su arma, la cual parecía una esfera de composición gelatinosa y la cual ante su carga de egni, se transformó en un par de cuerdas que la sujetaron por las manos con fuerza y la arrastraron posteriormente contra la pared, para atarla con manos alzadas.

—Te tenía vigilada, había alguien que me informaba de cada uno de tus movimientos y quien me dijo lo que pretendías hacer para librarte del compromiso.

—Déjame adivinar… Grimmel. —gruñó Astrid furiosa.

—Bingo, querida… y como sabrás, a mí me gusta disfrutar la mercancía nueva, así que sí, yo fui quien se metió en la cama contigo en ese día y probé la sensación de tu virginal cuerpo. —recordó, comenzando a besarla en el cuello y a manosearla por el pecho descendiendo su mano poco a poco hacia abajo.

Astrid sólo cerró los ojos, sintiéndose asqueada.

—Tenía que hacerlo, porque luego se supone que te tendría que dejar ir…

—¿Eh?

—Sí, para que la bruja Adara cumpliera con su cometido. —reveló, acariciando su mejilla contra la de ella.

—Tú… maldito, ¡¿Trabajabas con esa MALDITA BRUJA?! —gruñó la hechicera furiosa.

—por supuesto, ¿quién crees que la ayudó a sacar su arma de las reliquias de los tesoros de los Bludvist? —se señaló con burla, haciendo alusión de que él había sido el responsable. —Ella te quería a ti, porque eras una buena fuente de energía para ella, pero supongo que algo vio en ti cuando tú y ese Haddock pelearon juntos, ¿eh?

Astrid se silenció. Por nada del mundo podía saberse que la bruja había descubierto que ella y Hiccup eran los progenitores de los hechiceros del tiempo; sin embargo…

—Hechiceros del tiempo ¿Eh?

El corazón de Astrid se sobresaltó.

—¿Cómo?

—Porque los vimos, Grimmel y yo… ese día que la derrotaron…

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¡Nooooo, nooooo! ¡piedad! ¡Ayúdenme! —gritaba la anciana a todo pulmón, al mismo tiempo que sus extremidades inferiores comenzaban a desaparecer en miles de partículas, dejando sólo un espacio entre el fuego el cual estaba consumiendo su alma.

Ahora sí pides ayuda, maldita… —gruñó Hiccup, para nada compadecido.

¡Ya muérete de una maldita vez! —bramó Astrid furiosa.

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Astrid se espantó, proyectando en su mente aquel recuerdo, cuando la bruja parecía rogarles para que no la mataran, cuando la realidad era que estaba pidiendo ayuda a sus subordinados los cuales habían optado por dejarla morir.

—La muy estúpida, antes de desvanecerse se comunicó telepáticamente con nosotros y me temo que con todos los que la seguían, dejándonos ver lo que tú y ese Haddock habían hecho realmente junto con esos niños, pero dejando fuera a Haddock del juego, Astrid, querida… tú eres la valiosa aquí… pues tú eres la que eres capaz de traer al mundo a los hechiceros del tiempo. Se han comprobado de investigaciones que el hombre determina el sexo de un bebé pero que la madre es la dominante para otorgar los poderes, así que, creo que no se necesita de Haddock para que vuelvas a hacer unos niños con el poder del tiempo.

Dando un chasquido, liberó a Astrid de su magia, sin embargo, rápidamente la volvió a someter con esta, amarrándola boca abajo contra una mesa.

—¡¿Qué haces?! —gritó esta, sintiendo como Neils comenzaba a pelearse con los pliegos del vestido.

—¿Qué parece, cariño?! Repetiremos lo que interrumpiste hace un mes, pretendo hacerte mía y terminar ahora sí dentro de ti.

—¡NO! ¡NO! ¡NO ME TOQUES MALDITO! ¡PAPÁÁAAAA, CAMICAZIIIIII, FAREEEEEE!

—Grita todo lo que quieras, cariño, pero me aseguré de que nadie vaya a escuchar lo que pasará entre nosotros, porque, así como te lo dije antes, pretendo hacerte gritar como nunca nadie lo ha hecho.

La llorosa Astrid, sintió como Neils, había terminado de empujar todo los pliegos del vestido, para finalmente dar con su ropa interior, la cual no era más que una lencería sencilla.

Se la comenzó a bajar y sintió más asco y furia, pero a la vez tristeza e indignación al saber que sería profanada de una forma patética.

—No… por favor... —chilló, y a la mente le vino el recuerdo de Hiccup, quien siempre la trató con dulzura a diferencia de ese maldito depravado.

No podía permitirlo, pensó, comenzando a llenarse más de ira, pues si lo hacía no tendría el valor de verse así misma ni a los demás, en especial a Hiccup.

—No te muevas querida o te dolerá más de lo que pretendo que te duela… —advirtió Neils, ya con su miembro expuesto y al cual tuvo que estimular con su propia mano antes de proseguir. —Qué tal si empiezo con los dedos. —sugirió, comenzando a excitarse más.

—¡NO TE ATREVAS A TOCARME MÁS MALDITO! —amenazó Astrid, invocando a una luz que se formó cerca de su oreja izquierda y que repeló con una onda explosiva a la magia que la tenía sometida, así como al mismo hechicero.

La magia los tumbó a ambos, pero Astrid se reincorporó rápidamente para subirse las pantaletas, pero tan pronto como quiso huir, una pequeña pelotita la golpeo con fuerza, tirándola violentamente hacia donde había unos instrumentos musicales.

—Me vas a obligar a ser más rudo de lo que estoy acostumbrado, Astrid. —amenazó Neils, formando con su arma una especie de látigo.

Astrid, aun adolorida, se vio entre panderos y guitarras, pero lo que llamó su atención fue un violín y arco que cayó a su costado y que le trajo nuevamente otros recuerdos.

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Y ¿por qué Melody si es un reloj?

Zephyr rio apenada.

Es un nombre que había pensado porque había creído que mi arma sería un instrumento musical, pero como no lo fue… jeje, igual creo que es bonito y como quiera el reloj emite una pequeña nota cuando oprimo el botón.

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—Zephyr…—musitó con tristeza.

—¡Vas a ver maldita perra, acostúmbrate a que te vaya a tratar así de ahora en adelante!

Pero antes de que pudiera golpearla, Astrid se levantó con todo y violín; y sin darse cuenta del ornamento que adornaba su oreja izquierda, tocó el violín y al hacerlo tanto el artefacto como el violín brillaron haciendo que del instrumento saliera un haz de luz que empujó con violencia al hechicero, tan fuerte que este salió expulsado fuera de la habitación a la cual le quedó un enorme agujero.

Los invitados que estaban en los alrededores se sorprendieron por el despliegue de magia y por la posterior pelea que se comenzó a dar entre la Hofferson y el Lundgren.

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—¿Qué está pasando? —se preguntó Axel, quien aún seguía siendo engañado por Eret y la recién llegada Camicazi que había quedado varada debido a un retén, por el supuesto previo ataque de Haddock contra los hombres del rey.

—¡Es Astrid! —advirtió Camicazi, corriendo presurosa a donde se estaba dando la batalla.

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Por otro lado, Fare estaba en su propia dificultad, pues había sido atrapado por Grimmel, haciendo los cambios en los templos y lo estaba reteniendo, supuestamente hasta que Axel llegara a regañarlo, aunque para Fare era lo contrario, estaba reteniendo a Grimmel para que no metiera su narizota en el asunto.

Sin embargo, cuando las explosiones comenzaron, el chiquillo dejó de supuestamente obedecer a su mayor para correr a auxiliar a quien presentía que era su hermana en problemas.

Mientras que Grimmel se ofuscó, pues estaba esperando a que el Lundgren se hiciera de la Hofferson, para después traicionarlo cuando los nuevos magos del tiempo nacieran.

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Hiccup, en otro lado, estuvo buscando templo por templo sin resultado cuando de pronto comenzaron a escucharse las explosiones.

—¡Es Astrid! —advirtió a todos.

Pretendieron ir a donde estaba la zona del conflicto, cuando de pronto.

—¡Hiccup Haddock!

—¡Hiccup!

—¡hijo!

El hechicero se giró con molestia, viendo que se trataban de los hombres de Drago, pero no sólo ellos estaban, su padre, su madre y abuelo también estaban con ellos pues habían sido informados de la previa "emboscada" en el sitio en donde había estado el agujero negro.

—Las cosas se complican Hiccup… ¿qué hacemos? —canturreó Viggo, levemente alarmado.

—¡Seguir con el plan! —Gritó él, e ignorando a todos los que los amenazaban, se montó en Toothless para ir a rescatar a Astrid.

Alúmini le siguió y Stormfly, montando forzosamente a Viggo sobre su lomo también se lo llevó.

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Cerca del otro templo, Astrid y Neils seguían dándose de golpes con su magia, la habilidad de Neils con esa goma es que podía crear cualquier objeto que él quisiera, de todos los tamaños, así que no escatimó en lanzarle desde objetos pequeños como una roca, hasta autos.

Astrid, con lo que parecía ser su nueva arma, repeló cada uno de sus ataques tocando diferentes notas en el violín el cual potencializado con el arma Cielo (la cual notó después de su segundo ataque) era efectivo para destruir cualquier cosa que le lanzara más no la naturaleza del verdadero objeto, su nueva arma, no tenía el mismo poder de Sky, pero se dio cuenta que con cada nota podía hacer una cosa diferente, desde destruir, hasta manipular las plantas a su alrededor, y haciendo uso de esta nueva habilidad, hizo que las raíces de un árbol cercano atraparan el pie y brazo de su casi violador.

—¡Astrid, ¿qué crees que estás haciendo?! —gritó el abuelo Hofferson, al ver todo lo que su nieta había destruido.

—¡No te metas, viejo estúpido! —le gritó esta, tocando ferozmente más notas en el violín para que el árbol apretara más y más a Neils, quien inútilmente trataba de zafarse con magia.

—¡Mocosa! ¡¿Cómo te atreves?! —gruñó este, amenazándola con su arma.

Pero antes de que pudiera disparar, más personas llegaron al sitio.

—¡Papá, Astrid! ¿Qué están haciendo?! —cuestionó Axel confundido.

—Esa es… ¿Cielo? —musitó Camicazi desconcertada, viendo el objeto que tenía su hermana en la oreja izquierda, y se le hizo extraño pues al buscar en su bolso, sacó al arma Cielo que ella había tomado de las bóveda familiar. —No es posible…

—¿Dos Cielos? —susurró Eret sorprendido.

—Ella decía la verdad…

—¡Astrid, ya para todo esto! —exigió Axel. —¿Por qué haces esto?

—¡PORQUE LO ODIO, PAPÁ! ¡Y PORQUE CASI ME VIOLA! —reveló esta furiosa sin dejar de tocar.

Axel ahogó un grito.

—¡MENTIRA, tú ya te habías entregado voluntariamente a mí! —escupió Neils, librándose de su ataque y esquivando todos los posteriores. —¡ATÁQUENLA TODOS! PERO NO LA MATEN ¡LA NECESITO VIVA PARA QUE ME ENGENDRE A LOS FUTUROS HECHICEROS DEL TIEMPO!

Dada su orden, los miembros de su familia invocaron sus armas y en conjunto se aceleraron hacia ella para someterla.

Astrid se vio atrapada, entre los diversos tipos de magia, pero antes de que cualquiera de estas pudiera alcanzarla, un escudo apareció frente a ella y los demás magos fueron lanzados lejos de su alcance gracias a una ventisca poderosa.

Al reparar en lo que había pasado, Astrid se vio con sus hermanos a un lado, Fare con su escudo y Camicazi con Sora y también usando el arma Cielo para potencializar su ataque.

—¿Camicazi esa es…? Pero…

—Parece que es un efecto del uso de la magia del tiempo, creo que le llaman "Paradoja" —explicó Camicazi con una sonrisita.

Astrid soltó una risita y no pudo evitar recordar a su querido Nuffink.

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No. Nuffink… no se debe tomar la magia del tiempo a la ligera, más si se trata de alterar el pasado.

¡Llamaré a mi arma "Paradoja"! —ignoró el niño, dando puñetazos al aire con reloj en mano.

Aiñ… ahora ya veo porque se le da las armas a partir de los 12 años. — se quejó Hiccup sudando en frío.

Hiccup, creo que debiste preparar mejor una clase antes de abrir tu bocota. —reprendió Astrid de brazos cruzados.

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—Malditos, ¿qué se han creído? ¡SIN MI NO SERÁN NADA! ¡LOS DESTRUIRÉ UNO A UNO SI NO ME ENTREGAN A ESA MALDITA ZORRA!

Toda la familia correspondiente a los Lundgren se puso en formación a un lado de él, para darle su respectivo apoyo, y para su no tan grata sorpresa, el abuelo Hofferson también se unió a ellos, pues había escuchado claramente que su nieta podía engendrar a los hechiceros del tiempo, si era así, con ese poder podría obtener todo lo que quisiera. Y otro que no pudo faltar fue Grimmel que quitándose la careta de lealtad a la familia Hofferson, se mostró como el traidor que era.

—Padre…

—Escoge un bando Axel, porque tus desobedientes hijas e hijo, al parecer han escogido el suyo, no dejaré que me lleven a la ruina.

—Anda papá, vete de su lado… al fin y al cabo siempre le das al viejo por su lado. —espetó Fare, poniéndose al frente de sus hermanas, dando entender de que él era el hombre de esa familia.

Pronto Eret también se lo unió, poniéndose en la misma posición del menor. Si querían tocar a las mujeres Hofferson, tendrían que pasar por ellos primero.

Axel miró a ambos bandos sin saber que hacer, por un lado, estaba el honor y prestigio de su familia y por otro el fruto que había salido del amor que él y su esposa tuvieron. ¿Prestigio o amor? Porque se le dificultaba elegir cuando la opción parecía ser sencilla.

—¡Hofferson! ¿Qué creen que están haciendo con mis propiedades?! —llegó Drago a la zona. —¡YA BASTA TODOS! ¡SI SE QUIEREN MATAR HÁGANLO FUERA DE MI PROPIEDAD! —reclamó, importándole solamente sus propiedades. —¡ES UNA ORDEN DE SU…!

—¡YA DEJENME EN PAZ! —se escuchó otro grito a lo lejos, enseguida de una llamarada que pareció quemar uno de los templos.

Drago se espantó más y corrió para ver que sucedía del otro extremo. Todo se le estaba saliendo de control.

Mientras que Astrid, reconoció claramente a quien pertenecía esa voz; sin embargo…

—¡CUIDADO!

Antes de que pudiera reaccionar, vio como la magia de Neils atravesaba el escudo de Fare y lo atrapaba del cuello para arrastrarlo de su lado

—¡FAREEEEE!

—Regla principal en una batalla, querida Astrid, nunca te distraigas. —amenazó Neils, dándole a su arma la forma de una soga con la cual comenzó a ahorcar al menor de los Hofferson, todo esto ante la indiferente mirada del abuelo, a quien poco le importó su único nieto varón.

—¡DEJA A MI HIJO EN PAZ, DESGRACIADO! —exigió el furioso Axel, eligiendo con ese grito finalmente un bando.

—¿Lo quieres suegrito? —amenazó Neils, escupiendo al suelo. —Ya sabe lo que quiero… se lo daré a cambio de la zorra de su hija.

—Ni uno ni el otro… SUÉLTALO O TE ARREPENTIRÁS. —amenazó el hombre con su sortija mágica.

—¡NO TE METAS AXEL! —amenazó el patriarca también con su respectiva arma. —Aunque seas mi hijo, no dudaré en lastimarte si sigues con esta estupidez.

—¡¿Por qué padre?! ¡¿Tanta es tu ambición de poder?!

—Por supuesto, es lo que más importa en esta vida: poder y riquezas y con ello puedes obtener todo lo que quieras.

—¿Qué hay del amor y la familia?

—Que cursi eres, hijo… esa tal Brianda te ablandó el corazón, así no me sirves… y si te vas a interponer para que obtengamos a los hechiceros del tiempo, me temo que tendré que deshacerme de ti.

—Mátelo de una vez Hofferson, y le daré todas las riquezas que quiera, y por supuesto compartiremos a los hechiceros del tiempo cuando finalmente los engendre con su nieta. —negoció Neils, asfixiando cada vez más a Fare.

—Con gusto. —aceptó el abuelo Hofferson, comenzando a acumular energía en su arma.

—¿Ves, Astrid? Yo siempre me salgo con la mía y si no vienes, también me desharé de este enclenque y cuando te atrapé te juro te violaré una y otra vez hasta que ¡me des lo que quiero!¡HASTA QUE ENGENDRES A LOS HECHICEROS DEL TIEMPO!

—Gran plan, estúpido… pero sólo hay un pequeño detalle.

Se escuchó por detrás de Neils, así como el sonido de una especie de gancho que se movía.

La familia de Neils, y este mismo, paralizado, no se percató de la llegada del otro individuo que, en ese momento, apuntaba directamente a su cabeza con una extraña arma.

En eso, los dragones en sus formas titanes también aparecieron junto con Viggo Grimborn, así como el resto de los Haddock y Valka. También quien hizo acto de presencia fue el agotado Drago quien había tenido que lidiar con una falsa alarma de incendio y que ahora contemplaba como el único hijo de los Haddock, amenazaba al heredero de los Lundgren, que a su vez amenazaba la vida del heredero Hofferson.

—Hi-Hi-Hiccup… Haddock. —Gruñó Neils sin soltar a Fare.

—Así es… y como te decía, sólo hay un detalle en tu magnifico plan de violar a mi esposa, y este es que, para tener a los hechiceros del tiempo, necesitan también de mi poder. Así que más vale que liberes a Fare Hofferson o te pesará.

Neils resopló furioso, pero sin poderse mover demasiado, podía percibir la intensidad del arma mágica de su enemigo.

—Hijo… ¡¿Qué haces?! —preguntó Valka preocupada.

—¡Hijo! ¡Esta no es tu pelea! —advirtió Stoick sin entender nada.

—¡¿Qué haces con esos tipos Hiccup? —regañó Eero.

Mientras que Drago ya no se interpuso, pues claramente había escuchado algo sobre ¿Hechiceros del tiempo? Sonrió maliciosamente.

—¡QUE LO SUELTES O TE DESTROZARÉ LA MALDITA CABEZA! —amenazó Hiccup, empujando a su recién encontrada Inferno 2 contra la cabeza de Lundgren.

—Hiccup…—susurró Astrid, preocupada tanto por su marido como por su hermanito, a la vez viendo como él también contaba con un objeto que no debería existir en su actual época.

Camicazi, Eret y Axel seguían a la expectativa de que cualquier cosa podría ocurrir en cualquier momento, y no erraron al ver como la familia de Neils se ponía en posición para atacar al hijo de los Haddock, aunque esto fue brevemente, porque pronto comenzaron a saltar graciosamente y a quejarse de una extraña picazón dentro de su piel. Incluyendo al abuelo Hofferson que comenzó a sentir ardor por todo su ser.

—¿Qué les pasa imbéciles? —gruñó Neils, al ver como su gente comenzaba a moverse de forma extraña.

—Sólo son pequeñas quemazones, estoy quemando sus almas. —le respondió Hiccup. —A ti no te haré eso… pero escúchame bien imbécil, más vale que sueltes a Fare o te dispararé directamente en la cabeza y consumiré cada porción de tu estúpida alma.

El hechicero, apretó la mandíbula y en un rápido movimiento soltó a Fare para moverse contra Hiccup, creando una arma similar a la suya.

—¡MUERE MALDITO!

—¡INFERNO 2!

—¡CIELO!

Todo pasó en ese momento demasiado rápido, Neils había disparado primero, y Hiccup un micro segundo después, pero su arma se vio fortalecida por la intervención de una tercera que ayudó a que su bala destruyera lo que había salido de la falsificación hecha por Lundgren y no sólo eso, que traspasó más allá, haciendo polvo al arma original para finalmente estancarse en la cabeza del hechicero que, atónito, no pudo siquiera experimentar el dolor cuando cayó muerto ante la presencia de todos sus familiares.

Los Haddock estaban pasmados.

Los Hofferson aliviados.

Los Lundgren furiosos.

Y el Rey Drago complacido de que hubieran acabado con una de las tantas escorias que amenazaban su poderío.

Hiccup y Astrid sintieron la hostilidad de la familia de Neils; sin embargo, cuando Hiccup los amenazó con su respectiva arma y siguió consumiendo su alma a picotones optaron por huir lejos del sitio, dejando el cadavérico cuerpo de su heredero. Grimmel también pretendió huir, pero antes de que pudiera alejarse fue interceptado por Grimborn y su dragón.

Mientras que el abuelo Hofferson, se vio amenazado por el propio Drago que al parecer ya tenía una justificación para mandarlo a encerrar por atentados contra su reino y su propia familia.

Con todos los villanos aplacados, Hiccup se dejó caer agotado en el suelo, junto con, el todavía agitado, Fare.

—Gracias. —susurró el chiquillo con dificultad, pese a que no quería admitirlo sabía que sin la intervención de ese tipo (aparentemente novio de su hermana) probablemente hubiera terminado muerto.

—Tú una vez me salvaste la vida. —le confió Hiccup con una leve sonrisa. —Sólo te estaba devolviendo el favor.

Fare frunció el entrecejo sin saber de qué demonios hablaba.

—¡Hiccup, Fare! —llegó Astrid con ellos. —¿Están bien?

Fare asintió como no queriendo y apenado desvió su mirada para no presenciar una escena de lo más cursi, pues Hiccup al ver a Astrid sonrió embelesado y como todo un tonto enamorado, a diferencia de Astrid, que vio con pena como había quedado marcado el hermoso rostro de su marido debido a los ataques de sus respectivos abuelos.

—Perdóname…—se lanzó a sus brazos.

—¿Por qué?

—Por esto…—señaló las cicatrices. —Y por todo lo demás…

—No hay nada que perdonar…— le correspondió Hiccup, aguantándose el llorar. —Te extrañé.

—Yo también…—rio Astrid, para no verse tonta llorando. —¿Por qué tardaste tanto?

—Pasaron algunas cosas… luego te cuento.

La hechicera sólo asintió feliz de estar nuevamente junto a él.

—¡Hiccup, Astrid! —llamó un presuroso Toothless, recién convertido en humano.

—¡Eh! ¿tú eres ese hechicero ladrón?! —gritó Drago, reconociéndolo.

—Eh… sí, ¿Ya ven lo que trato de decir? —señaló Toothless con la mirada, nada discreto.

—Tenemos que irnos, Astrid—dijo Hiccup, levantándose a tientas del suelo.

—Sí, lo sé…

—¡¿Qué?!

—¡¿Cómo?!

—¿Qué dijeron?!

—¡por supuesto que no!

—¡Te lo prohíbo, Hiccup

—¿Qué crees que estás haciendo?

—No se irán si mi autorización.

Las múltiples voces y reclamos de los mayores se hicieron notar, pero a los hechiceros sólo les importaba un par de opiniones, por lo que, para no escuchar dichas voces negativas, Hiccup invocó un muro de fuego, potenciado por Astrid, que dejó afuera de este a las personas a las que no les interesaba escuchar.

—¡Déjenme entrar, es una orden! —exigió Drago.

—¡¿Hiccup, ¡¿qué crees que estás haciendo?! ¡niño tonto! —reclamó Eero, siendo el único de los Haddock quien se había quedado fuera.

Mientras que, en el interior del muro, solamente quedaron las respectivas y verdaderas familias Haddock y Hofferson.

—Hiccup… ¿qué crees que…

—Yo la amo, mamá. —interrumpió el hechicero a su madre, tomando con fuerza la mano de Astrid. —Y me voy a ir con ella.

—¡¿Qué clase de hechizo le lanzaron a mi hijo?! —reclamó inmediatamente Stoick.

—¡Lo mismo debería preguntar! —replicó Axel, poniéndose a la defensiva.

—¡NO HAY HECHIZO! —gritó Astrid para calmar a ambos hombres. —¿Qué no lo ven? Hiccup me ama y yo a él. ¿Es tan difícil de creer?

—¡él intentó matarte Astrid! ¿Ya se te olvidó?

—Y él me salvó el día de hoy y a tu hijo… ¡¿No lo viste?!

Axel se silenció.

—¡Ustedes no se llevan bien y nunca lo harán!

—Ya pasamos por esa etapa, papá. —dijo Hiccup, enfrentándose ahora a su padre. —Y créanme que pudo más el amor que sentimos, que su rencor infundado por sus estúpidas rencillas.

—Hiccup… ella no es…

—¿Ella no es qué, mamá? —interrumpió este ofuscado. —Astrid es lo mejor que me pudo haber pasado en la vida, y es hija de tu amiga… ¿cómo no puedes ver eso?

Valka ahogó un grito, recordando a su vieja amiga.

—Pues no lo acepto… yo sé lo que te digo, hijo… esa mujer sólo te hará sufrir. —dijo Stoick,

—No la conoces papá, y no estoy pidiendo permiso, sólo quería que supieran…TODOS…que yo la amo y que me voy a ir con ella.

—Lo mismo. —dijo Astrid. —¿No pueden sólo aceptarlo y sentirse felices por nosotros?

Pero ninguno de los padres pudo responder, al contrario, los evadieron, dándole a entender de que no estaban de acuerdo con esa absurda relación.

—¡Yo sí lo acepto! —se escuchó finalmente una feliz voz.

Para sorpresa de Axel Hofferson, quien había hablado era Camicazi, la hija que se suponía era la más fiel a las tradiciones.

—Y te deseo todo el bien, hermanita.

—¡Igual yo! —se levantó Fare del piso. —Aunque el idiota este no me agrade.

Hiccup sonrió, conocía muy bien ese lado de Fare. Mientras que Astrid, se acercó a su hermana para abrazarla.

—Gracias.

—No tienes porque… sólo sé feliz con quien tu quieres. Si te tienes que ir, sólo vete… tal vez algún día él lo entienda. —dijo mirando de reojo a su molesto padre.

Astrid sólo asintió y se separó de ella.

—Lo mismo te pido, Cami… olvídate de las tonterías de los Hofferson y dedícate a tu familia, y al gorila de tu marido.

Eret carraspeó pues estaba justo a un lado de ellas.

—Gracias cuñada por el consejo, que te vaya bien y seas feliz… cofcof… no te voy a extrañar cof—balbuceó.

—Ni yo, no te preocupes…— se burló Astrid de él y luego se dirigió nuevamente a su hermana. —Sean muy felices. —le deseó acariciando la longitud de un mechón de su cabello antes de separarse por completo.

La mayor de los Hofferson sólo asintió, aguantándose las ganas de llorar.

Mientras que Astrid, acudió a donde estaba su pequeño hermano y aunque le molestara a este, lo abrazó con fuerza.

—¡Astrid, nooo! —se quejó este apenado.

—No seas gruñón, en unos años serás mucho más alto que yo.

Fare sintió un golpeteó en el pecho al escucharla, y ya dejando su histeria dramática de lado, abrazó también con fuerza a su hermana.

—Cuida bien de todos, pero también piensa en ti, busca tu propia felicidad… no dejes de cantar.

—Lo… lo haré. —respondió este, comenzando a llorar.

—Y si algún día vas junto con Camicazi al sitio en donde me encontraré, me harás muy feliz, y más si aceptas participar en una competencia.

—No sé de que diablos hablas, pero créeme que lo haré.

Astrid sonrió y se separó de él para sacudirle el cabello, aprovechando el que todavía ella fuera más alta que él.

—Nunca cambies hermanito, te quiero mucho.

—Y yo a ti.

Finalmente, con pasos lentos, se acercó a su padre…

—Papá…

—Haz lo que quieras. — le dio este la espalda y así quedó su despedida.

Astrid comprendió que había algunas cosas que tal vez no se podían cambiar en un instante, pero realmente esperaba que toda esa disputa se resolviera en el futuro, por lo pronto, se volvió hacia su marido, quien a pesar de todos sus argumentos parecía que no había convencido a su familia, por lo que optó retirarse por lo sano.

—¿Estás listo? —se acercó a él, siendo rechazada por sus respectivos suegros que desviaron su mirada cuando llegó con ellos.

—Sí. —respondió Hiccup, tomando a su esposa de la mano, para ir a donde Toothless, Stormfly y Alúmini esperaban, así como Viggo Grimborn.

—Así que… ¿supongo que aquí nos despedimos? —dijo el hombre con una sonrisita burlona.

—Sí, muchas gracias, amigo. —extendió Hiccup su mano para estrecharla. —Te echaré de menos.

—Y yo a ti, mi amigo… buena suerte con tu chica.

Hiccup rio, y antes de proceder a montar a sus dragones se volvió a él.

—Viggo… ¿te puedo pedir algo?

—Sí, claro…

—Busca a un chico, se hace llamar Skip, es un mago del tipo titiritero, es muy habilidoso… hazlo tu aprendiz para que no tome decisiones equivocadas, por favor.

—Eh… claro… yo lo haré. —respondió el hombre sin comprender nada.

Mas supuso que para su amigo, ese chico había significado algo de su anterior vida en aquel tiempo que ya no existía por lo que no indagó al respecto y sólo aceptó hacerle dicho favor a su amigo.

Astrid y Hiccup, montando a Stormfly y Toothless respectivamente alzaron un poco el vuelo antes de deshacer el muro de fuego.

Solamente Camicazi, Eret, Fare y Viggo se despidieron de ellos con gran felicidad, mientras que los padres hasta el último instante no les vieron de nuevo las caras a sus hijos, lo que provocó un sentimiento de arrepentimiento cuando estos finalmente se fueron y el muro de fuego se apagó, dejándoles una triste realidad donde quedaba un rey remilgoso así como un viejo obstinado.

.

.

A sabiendas de que el rey en cualquier momento podría mandar por ellos, los dragones volaron con avidez en dirección al océano del mundo oculto, donde después de recorrer varios kilómetros se detuvieron en un punto que se podría decir estaba en medio de la nada.

—Hasta aquí llegamos nosotros.

Y la sangre se secará,

Debajo de mis uñas

—¿Qué pasa Toothless? —preguntó Hiccup, comenzando a sentir algo extraño en el pecho.

—Que aquí bajan ustedes…—respondió el dragón con una sonrisa dragoniana.

Y el viento se levantará

Para llenar mis velas.

Hiccup y Astrid se miraron confundidos, pero hicieron caso y usando su magia, levitaron para quedar frente al trio de dragones.

Toothless, entonces se transformó en humano y quedó levitando igual que ellos, en medio de ambas dragonas.

Entonces puedes dudar,

Incluso puedes odiar

Pero yo sé

Que sin importar lo que cueste…

—Es hora de que vuelvan solos a casa.

A Hiccup de inmediato se le formó un nudo en la garganta.

—¿Qué dices?… ¿No piensan acompañarnos?

—Nosotros tenemos aun cosas que hacer aquí, parece que la información sobre los hechiceros del tiempo fue propagada por los aliados de esa bruja y queremos analizar la situación.

—¿Y no sería mejor si nos acompañaran? —replicó Hiccup.

Pero Toothless negó con su cabeza.

—No lo haremos, lo siento, nos quedaremos… ustedes váyanse y hagan su vida de nuevo, disfrutando ahora sí cada momento y omitiendo cada error que cometieron antes, sólo… dedíquense a vivir su vida sin ningún apresuramiento.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Astrid entristecida.

—Sabemos que perder a sus hijos fue lo más doloroso que les pudo haber pasado, y supongo que no pueden esperar para intentar procrearlos de nuevo, pero quisiera que estuvieran conscientes de que muchas cosas en esta nueva línea de tiempo pueden ser muy diferentes a la que ya vivieron antes.

—¿Te refieres a que, si tenemos hijos, nadie nos puede asegurar que sean los mismos Zephyr y Nuffink que tuvimos antes? —preguntó Hiccup lloroso.

—Me temo que así es amigo, es uno de los riesgos con la magia del tiempo, pero… —sonrió. —Confío en que parte de lo que ya todos vivimos vuelva a repetirse y de mejor forma, pero por eso les pedimos que no traten de forzar nada, sólo… dedíquense a vivir en el presente.

—Eso haremos amigos. —respondió Hiccup lloroso, viendo con una sonrisa al trio de dragones.

—Cuenten con ello. — acató Astrid en el mismo estado. —Pero… ¿seguros que no quieren acompañarnos?

Las dragonas y Toothless volvieron a negar con sus cabezas.

—Otra de las razones por las que creemos que todo esto lo deben de hacer ustedes solos es porque así fue la primera vez, no teman, ya lo hicieron muy bien una vez y sé que lo volverán a hacer.

—Ya veo… Toothless, Alúmini, Stormfly… muchas gracias. —agradeció Astrid, inclinándose ante ellos con respeto.

Hiccup hizo lo mismo, pues no encontraba otra forma de honrar a sus dragones, sus guías y mejores amigos.

Toothless, conmovido con su acción, no pudo evitar que una lagrimilla traviesa se le escapara, así como una enorme sonrisa.

—Aunque…—dijo divertido, para evitar el llanto. — no por eso crean que no nos volveremos a ver, por supuesto que lo haremos con el tiempo. —aclaró. —Y también… —esculcó algo que había guardado dentro de la bolsita mágica que llevaban con ellos. —Ten Hiccup… un poco de ayuda no hace mal. —Le arrojó otra bolsita que pesaba.

Hiccup la tomó y la abrió, encontrándose rápidamente con un montón de monedas de oro.

—No creo que al viejo le importe, por segunda ocasión. —se burló el dragón. —Y bien… creo que es todo lo que teníamos que decir y hacer.

Hiccup se lanzó abrazarlo, y Astrid fue tanto con Stormfly como con Alúmini.

—Las voy a extrañar… —se despidió la hechicera de ambas dragonas. —Alúmini haz feliz a Toothless, no pierdas ningún momento con él.

La albina asintió llorosa, dándole a entender que así lo haría pues ella ya tenía muy claro lo que quería para su nueva línea de tiempo.

Stormfly…—continuó Astrid, juntándose a su dragona. —Tú… busca lo que te hace falta y si no lo encuentras aquí, ya sabes dónde está.

—Lo sé. —lloró la dragona. —Se muy feliz, Astrid.

—Igual… te quiero. —deseó la hechicera, acariciando por última vez sus escamas.

Mientras que del otro lado, los varones también se despedían.

—Ay, Toothless… ¿desde cuándo te volviste un dragón tan sabio? —se burló Hiccup sin soltar a su amigo.

—Desde que me tocó lidiar con el hechicero más terco del mundo oculto y su familia. —respondió Toothless con una sonrisita. —Y desde que fui padre.

Hiccup lo apretó más al escucharlo.

—Calma, Hiccup… yo realmente confío en que volveremos a verlos y… a vernos.

—Eso espero…—se separó el hechicero de él. —Pero hasta entonces…

—Es la despedida. —terminó Toothless. —¿Están listos?

Los hechiceros asintieron.

Entonces, Toothless sacó la vara de la sombras de la bolsita e impulsado por su magia de dragón abrió un agujero negro. Hiccup y Astrid, despidiéndose por última vez de sus amigos, se tomaron de la mano y se introdujeron dentro del hueco ya sin ninguna duda, ni lamentación.

—Que les vaya bien. —suspiró el lloroso Toothless antes de cerrar el portal.

"Estoy llegando a casa"

"Llegando a casa"

"Dile al mundo, que estoy volviendo a casa"

Hiccup y Astrid se vieron sumergidos en una oscuridad que los arrastró a gran velocidad hacia otro extremo como si se tratara de un túnel invisible. Para no perderse en esa oscuridad, ambos se abrazaron con fuerza y así estuvieron hasta que finalmente lograron ver una luz al final de aquel túnel.

Deja que la lluvia

Lave todo el dolor del ayer.

El portal que conectaba al otro mundo se abrió entre un espacio entre la nada y la tierra y los dejó caer sobre un montón de pastizales. El ambiente en ese lugar era húmedo y del cielo caía una suave llovizna, el aire era tan puro que tanto Hiccup como Astrid se permitieron respirar lenta y profundamente, percibiendo extrañamente aromas que llevaban mucho tiempo sin oler.

Sé que mi reino espera

Y han perdonado todos mis errores.

"Estoy llegando a casa"

"Llegando a casa"

"Dile al mundo, que estoy volviendo a… casa"

—Este lugar es…—musitó Hiccup, reconociendo el aroma campirano.

—Sí…

Asintió Astrid, reincorporándose y esbozando una tierna sonrisa al ver la estructura que estaba a unos cuantos metros de ellos.

Una pequeña y abandonada cabañita de madera.

Estamos en casa.

Fin.

I'm coming home
I'm coming home
Tell the world I'm coming… home

Notas de autora: Canción i´m coming home (versión Jackie Evancho)

Gracias a todos por leer, y aun falta el epilogo.

30 de mayo de 2022