Hera miraba el trono y el cetro, deseando tomarlos pero insegura, miró a Hefesto que no mostraba nada a través de los ojos de su casco.
Al final no pudo resistirlo se sentó en el trono y tomó el cetro, eran hermosos y por un instante se maravilló hasta que notó como unas cadenas invisibles salían y la sujetaban fuertemente al trono, el cetro que sostenía se pegó a su mano y no podía soltarlo.
—¡Socorro! ¡no puedo salir!—
Los dioses se alarmaron viendo a su reina atrapada, miraron a la diosa que se limitó a recoger su saco y marcharse tranquilamente.
—¿¡Que has echo!? ¡liberala!—
Hefesto se detuvo ante las puertas doradas y se volvió hacia Zeus.
—No lo haré padre—todos estaban sorprendidos por esa revelación sobre todo Zeus—Ella se lo merece, cuando nací resulté débil y malformada y ella me repudió arrojándome desde un barranco al mar. Thetis me encontró y cuidó de mí pero yo no he podido olvidar lo que esa mujer me hizo—dijo señalando a Hera—Tiene lo que se merece, adiós—
Se fue dejando a los dioses atónitos y procesando lo que les dijo, Zeus se volvió hacía su esposa.
—¿Es cierto Hera?—
La reina sintió todas las miradas en ella y se sintió humillada y avergonzada pero mantuvo la compostura.
—Sí—
Todos murmuraron.
—¡SILENCIO!—tronó el señor de los cielos haciendo callar a todos, Zeus miró a su esposa furioso por la situación sino también porque desconocía la existencia de una hija y lo que le hizo...
Hera a veces podía ser casi tan cruel como su padre.
—Ya hablaremos de esto más tarde Ares, Enyo id a buscar a Hefesto y haced que la libere—
Ambos dioses de la guerra aceptaron, a ninguno de los dos les gusto Hefesto desde el primer momento y al descubrir su parentesco solo aumentó.
Afrodito había observado todo el desenlace con diversión y curiosidad, tenía que reconocerlo esa diosa tenía agallas no muchos se presentarían allí a plantar cara.
Ares y su hermana Enyo encontraron a la diosa en un pueblo forjando tranquilamente, ambos dioses con sus armas desenfundadas la apuntaron amenazadoramente.
—¡Libera a Hera o sufrirás un tormento mayor que el Tártaro—dijo Ares
—¡Ya lo oíste perra!—rugió Enyo.
La herrera se volvió hacia ellos y en un tono casi aburrido dijo una sola palabra.
—No—
Eso los cogió por sorpresa.
—¿No?—
—Ya me habéis oído no pienso hacerlo a ver si así os entra en esos cerebros diminutos que tenéis—
Enyo furiosa se abalanzó sobre ella, pero para sorpresa de ambos dioses de la guerra Hefesto agarró la espada con sus pinzas y con su martillo la golpeó en su armadura creando una tremenda abolladura y rompiéndole varias costillas de golpe.
Ares estaba sorprendido, esa armadura estaba echa de metal divino incluso él apenas era capaz de abollarlo.
¿Como de fuerte era esta diosa?
Ahora Ares sin subestimar a la diosa le dio un mandoble pero Hefesto se lo devolvía sin problemas hasta que de un fuerte golpe con su martillo le rompió la espada en mil pedazos.
—Ahora ambos marchaos de mi fragua—
No hizo falta que lo repitieran dos veces los dos dioses con el rabo entre las piernas se fueron más rápido que uno de los rayos de Zeus.
Cuando Zeus se enteró del fracaso de los dioses tronó y el cielo se llenó de rayos, pero se calmó si la fuerza no funcionaba sería la diplomacia.
Muchos dioses fueron a verla ofreciéndole lo que quisiera oro, joyas poder, pero Hefesto se mantuvo firme y rechazó todo lo que le ofrecían.
Pero un día vino Dionisio el dios del vino, la diosa lo miro y volvió enseguida a su trabajo pero no se fiaba, había oído hablar de Dionisio y el dios de la locura podía ser más de lo que aparentaba.
—¿Puedo quedarme un rato aquí?—
—Mientras no me molestes—
Dionisio se sentó y estuvo un buen rato sin decir nada mientras veía a la diosa herrera trabajar—Tengo curiosidad ¿nunca te quitas el casco?—
—No delante de los demás—
—Perdona pero es sin ofender ¿pero es para ocultar tu deformidad y aspecto?—
La diosa no dijo nada pero Dionisio sintió que había acertado.
—En el Olimpo muchos son así de arrogantes pero les has demostrado que eres más que eso aprisionando a Hera y haciendo correr a esos dos dioses de la guerra fue lo mejor—se rió—¿Pero esa venganza te ha hecho sentir mejor?—
Hefesto lo miró—No—la verdad es que no le hizo sentir mejor.
—Mira lo que te hizo Hera fue horrible pero no puedes seguir atrapada en el pasado, ya le has dado su lección créeme no lo olvidará y se lo pensará antes de volver a ofenderte, has puesto ha todos esos dioses en su sitio—
Hefesto lo pensó por un momento y decidió liberar a Hera Dionisio tenía razón, no podía estar atrapada por viejos rencores como la mayoría de los dioses.
—De acuerdo—
