Hefesto trabajaba en un collar de oro con unos zafiros que había cortado y pulido, suspiró le había tomado toda la noche y la mañana hacerlo y asegurarse de que no hubiera ningún fallo o imperfección.
Igual que su futuro dueño, quien físicamente era perfecto y lo mismo quería de todo a su alrededor ya fueran objetos y seres vivos.
—HolaHefi—
La diosa se volvió hacia Hermes, el dios mensajero con una cómoda túnica blanca hasta las rodillas, unas alitas en su cabeza y en sus sandalias y su caduceo de oro. Sus ojos eran de un vivo color azul moreno y de pelo rizado oscuro.
El dios ciertamente era muy hermoso como todos allí.
Excepto yo.
Hermes la abrazó y ella se lo devolvió, Hermes a diferencia de los demás dioses era muy amable y no le importaba en absoluto su apariencia o su cojera y ambos medio hermanos se llevaban muy bien.
—He venido por un mensaje, es un pedido de Eos. Quiere que le hagas un carro de oro rosáceo con rubíes y diamantes rosas—
—Está bien—Observó el pedido y lo puso en la mesa.
—Oye Hefi luego voy a ir al mundo mortal con el tío Poseidón y Amfitrite ¿te apuntas?—
Hefesto lo pensó un momento la verdad es que no se tomaba un descanso desde hacía días y le vendría bien.
—Está bien—
Hermes se despidió y continuó su trabajo aún le quedaban muchos mensajes que entregar.
Hefesto continuó su trabajo hasta que lo terminó, una vez que el collar estaba listo lo guardo en una elaborada caja de madera que tenía tallados delfines, el sol y animales. Estaba pintado de forma delicada y magistral con oro y plata.
Cogiendo su bastón salió de su taller caminando con un poco de dificultad, el palacio era hermoso de mármol blanco, oro y numerosos retratos. Hefesto caminó hasta llegar a una puerta de oro y llamó, esperó hasta que oyó un pasa.
Al entrar se encontró a su esposo tumbado dando de comer a una de sus amadas palomas mientras una ninfa tocaba la lira entreteniendo a su maestro.
Afrodito se volvió hacia la recién llegada.
—Oh, ¿ya terminaste lo que te pedí?—
—Si—sacó la caja y se lo tendió, el dios del amor rápidamente lo agarró admirando la caja y se quedó embelesado cuando la abrió y vio el hermoso collar.
—Un magnifico trabajo como siempre ya puedes irte—agitó una mano como si no fuera más que una sirvienta.
Hefi asintió, ni siquiera le había dado una palabra de gratitud pero era algo de lo que estaba acostumbrada. Sin embargo cuando estaba por irse se volvió hacia Afrodito que estaba ocupado admirándose en el espejo con su nuevo collar.
—Una cosa Afrodito—preguntó vacilante.
—¿Si?—le contesto sin siquiera mirarla, solo centrado en el espejo.
—Me preguntaba si podríamos tú y yo salir mañana a pasear, conozco un sitio muy hermoso que te encantaría—había encontrado en un rincón perdido un hermoso valle que daba al mar en uno de sus muchos paseos que daba para alejarse del ajetreo del Olimpo.
El dios del amor le dirigió una sonrisa que ocultaban sus ganas de reírse.
—Lo siento querida pero tengo asuntos importantes, debo ir a Chipre a ver a mis seguidores que me dan mi ofrendas y después ayudar a una pareja—
—Ah lo entiendo—no era la primera vez que rechazaba una invitación suya para que salieran o una cita de echo ya había perdido la cuenta—Bien espero que lo pases bien y por cierto te he echo la comida, ve a comerla pronto ahora que está recién hecha—
—Descuida lo haré—y siguió con lo suyo.
Dándose por despedida Hefesto se fue y decidió hacer el encargo de Eos y después salir con sus tíos y su hermano Hermes.
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Cuando Hefesto se fue Afrodito rápidamente fue a una de las habitaciones que tenían la puerta cerrada.
—Ya se ha ido puedes salir—
Un dios muy alto de pelo oscuro y crueles ojos rojos salió estaba desnudo excepto por una sábana que le rodeaba las caderas y mostraba su cuerpo bien trabajado y musculoso cubierto de cicatrices de guerra.
—Menos mal pensé que esa tonta lisiada no se iría jamás ¿podemos continuar por donde lo dejamos?—dijo mientras tomaba de la cintura posesivamente a su amante que reía, a su lado la ninfa que había tocado la lira antes sonrió mientras empezaba a desnudarse.
—Lo lamento pero mi esposa venía a entregarme lo que le pedí—le mostró el increíble collar mientras Ares con avidez pasaba sus manos por en torso de Afrodito y su cuello por donde pasaba el collar—Además quería que saliera con ella a pasear ¿te imaginas?—lo dijo en un tono que parecía que la sola idea era más halla de lo absurdo sino también ridículo—¿Salir con esa adefesio? ¿que diría la gente si me vieran con esa criatura lamentable y horrible—
Los tres se rieron de la diosa herrera, burlándose a sus espaldas. No era ningún secreto que Afrodito tenía amantes y le era infiel a sus esposa pero de sus favoritos eran Ares y Enyo ambos hermanos no solo eran hermosos sino salvajes que lo atraían como un imán. Ni una sola vez había tocado a su llamada esposa ni la beso, le había pedido esperar y ella accedió.
Flashback
Ambos estaban en su habitación nupcial ninguno sabiendo como proceder en ese momento.
Finalmente Hefesto decidió empezar—Yo...lamento todo esto, sólo quería vengarme de mi madre. Nunca esperé todo esto, sé que no es lo que esperabas pero te prometo que haré de nuestro matrimonio lo más confortable para ti—
Afrodito la miró, a pesar de las palabras de la diosa el hombre todavía estaba profundamente resentido no sólo con su padre sino con ella, la rabia y la humillación lo cegaron. Podría haberse negado pero permitió todo esto no se ablandaría por las palabras de una lisiada con la que ahora se había visto obligado a atarse.
Al ver la muda respuesta de su ahora esposo Hefesto no sabía que hacer hasta que decidió empezar a quitarse su casco.
—¡Espera!—
La diosa se detuvo.
—Mira debe de haber un motivo por el que no quieras mostrarte y respeto tu privacidad—
—No me importa si tú me ves ahora eres mi esposo ¿como vas a besarme...?—
—¡No! No hace falta yo...aún no me siento preparado y seguro que con todo esto tan rápido tampoco lo estás—la verdad es que vomitaría si veía su rostro cubierto de cicatrices y sus deformaciones debajo de su armadura, se estremeció.
Hefi bajó la cabeza, la verdad es que aún no se sentía preparada aunque deseaba besar a Afrodito pero no iba a presionar debido este matrimonio forzado.
—No te preocupes esperaré lo que haga falta—
Fin del flashback
Ella podía esperar sentada por toda la eternidad jamás estaría con ella si algún día sucedía Afrodito en broma decía que antes de que eso sucediera él perdería su título de dios del amor.
—Vamos a comer la comida que preparó mi esposa, su cocina y sus creaciones son de las pocas cosas que me agradan de ella—dijo riéndose con los demás.
Comieron y después volvieron a lo que hacían antes de que Hefesto los interrumpiera.
Si sólo Afrodito se diera cuenta de la suerte que tenía de tener a una esposa que de verdad lo amaba y se preocupaba por él pero eso algún día el destino se lo cobraría muy caro.
