El tiempo siguió pasando y las cosas seguían igual, Afrodito la trataba como si fuera una sirvienta y sólo interactuaba con ella cuando le pedía algo, crear una joya para él u otra cosa, aparte de eso seguía actuando frío con ella.

Lo cual le dolía, Hefesto intentaba cualquier cosa para agradarle, charlar con él, escuchar sus problemas hacerle la comida, obsequios y hasta toleraba sus infidelidades. Si Hefesto no era ninguna tonta como pensaban su marido y la mayoría de los dioses que creían que era una tonta deformada y despistada riéndose de ella a sus espaldas.

Pero ella lo toleraba pues sabía que este no fue un matrimonio precisamente voluntario y no podía reprocharle nada aunque no podía negar que duele y se sentía humillada, los dioses que estaban con Afrodito en especial las diosas la miraban con suficiencia y superioridad como si ella no fuera más que polvo que debía barrerse del suelo.

No sólo los amantes de su esposo los otros dioses no la insultaban abiertamente, al fin y al cabo era hija de los reyes y una Olímpica pero le daban comentarios hirientes y humillantes.

Oh señora Hefesto tu también tienes tus cualidades, cada vez que una de nosotras se siente mal consigo misma solo tiene que pensar en usted o verla y nos sentimos como su esposo, las más bellas del mundo. Le dijo en una ocasión Selene para después irse mientras se reía de ella con los demás.

La mayoría de sus hermanos también eran así, sus medio hermanas las nueve musas era muy desagradables con ella tratándola con frialdad y desprecio y cuando pasaba al lado de ellas cuchicheaban entre ellas para estallar en carcajadas a continuación.

Pero Apolo era el peor, el maestro de las musas y también su hermano, el dios era muy hermoso pero también vanidoso con los de su alrededor sobre todo con ella. A menudo el y las musas solían burlarse de ella o jugarle malas pasadas como esconderle sus herramientas o empujarla a uno de los lagos del Olimpo.

Hefesto sabía que ese desprecio por parte de todos no era sólo por su apariencia sino porque consiguió lo que todo el monte anhelaba, casarse con el dios más bello, aunque no había ningún motivo para que se sintieran celosos con ella, ellos conseguían con su esposo lo que ella todavía no había podido.

Pero los peores eran Ares y Enyo.

Esos dos desde el principio la odiaban y la tenían tomada con ella, supuso que nunca se recuperaron del todo de la humillación que sufrieron por ella ese día cuando les dio la paliza. Ambos eran muy crueles pero no se atrevían a atacarla no después de lo que pasó.

Pero a Hefesto no le importaban las burlas y desprecios de los demás, y la ventaja es que así sabía quienes la querían de verdad y no por su apariencia.

Y no todos eran así Hermes era un gran amigo suyo y su hermana Artemisa solía ir a visitarla a su fragua y ver sus proyectos, en varias ocasiones acompañaba su hermana cuando iba de caza, incluso hoy en día se asombraba de que su medio hermana fuera gemela de ese insufrible dios del sol.

Su tío Poseidón quería a su sobrina y la respetaba, lo mismo con su esposa Amfitrite siempre le tuvieron aprecio y desde que descubrió su parentesco ahora estaban más cerca.

También su tío Hades, no entendía porque todos le temían si era poderoso pero un dios amable y justo, se conocieron un día que Hefesto pidió permiso para entrar en su reino para conseguir materiales. El hombre sintió curiosidad, no muchos querían entrar en su reino y así conoció a la famosa hija de su hermano.

Su padre por otro lado...

Zeus no es que fuera cruel con ella de echo era de los pocos que no la trataban mal o la insultaba, el rey de los dioses estaba impresionado por las creaciones de su hija, su inteligencia y también su amabilidad y ella estaba feliz de tener un padre.

Pero todo cambió un día cuando Zeus tuvo un horrible dolor de cabeza.

Flashback

Zeus bramaba en su trono sujetándose la cabeza con fuerza, era insoportable. Palpitaba y sentía sus venas hinchadas pensaba que su cerebro explotaría dentro de su cabeza.

¡Mi amor!—Hera se precipitó hacia su marido, aunque exteriormente se odiaban en el fondo ambos se amaban el uno al otro y la reina de los dioses no podía soportar verlo así—¿¡Que te pasa!?—

Hefesto miró alarmada a su padre, jamás lo había visto así siempre se había mantenido como alguien fuerte y que no mostraba debilidades pero ahora gritaba y sufría como nunca antes. Poseidón opinaba igual miraba preocupado a su hermano.

¡Hefesto!—la llamó, ella se precipitó para estar delante suya.

¿Si padre?—

Golpéame la cabeza con tu pico y martillo—

Creyó haber oído mal y los demás también.

¿Cómo?—

¡Ábreme la cabeza con el pico! ¡ese dolor no puede ser peor que el que tengo ahora!—

La diosa miró a los demás pero ninguno sabía cómo actuar Apolo no sabía como tratar el dolor de cabeza de su padre y los demás tampoco.

Fue a su fragua y agarró las herramientas, iba corriendo muy rápido a pesar de su abrazadera en la pierna se plató ante el rey de los dioses quien tenía una mirada de urgencia ¡APRESÚRATE!

Hefesto lo hizo y le dio un fuerte golpe en la cabeza con el pico y el martillo, el rey de los dioses se quedó inmóvil y al principio no pasó nada pero luego una luz cegadora inundó la estancia seguida de un feroz grito de batalla. De la cabeza de Zeus surgió una mujer completamente armada con una armadura, escudo y lanza.

Todos estaban tan sorprendidos que por una vez el normalmente ruidoso salón del trono se quedó en completo silencio.

La mujer de pelo oscuro y ojos grises los miró de forma seria pero con una gran inteligencia y sabiduría en ellos.

Fin del flashback

Ese fue el nacimiento de su hermana Atenea hija Metis pero no era el resultado de una de las aventuras de su padre. Metis fue la primera esposa de Zeus y su primer amor, pero una profecía vaticinaba que engendraría un hijo destinado a derrocarlo y para evitarlo Zeus la hizo desaparecer.

Y aunque hoy en día tenía remordimientos todavía de lo que le pasó a la titánide, se quedó enseguida prendado de Atenea. Inteligente, hermosa, fuerte y una excelente estratega.

Atenea rápidamente se convirtió en la hija favorita de Zeus pero a Hefesto no le importaba, ella no era celosa como Ares que estaba furioso con su nueva hermana por tener ese favoritismo con su padre. De echo ambas se llevaban muy bien y tenían muchas cosas en común al ser ambas diosas artesanas e inteligentes, era normal que terminaran por hacerse amigas.

—Hefi—Atenea entró en la fragua con un brillo en los ojos que Hefesto conocía muy bien.

—¿Que has creado Atenea?—

La diosa de la sabiduría se congeló, su hermana era de los pocos que la cogían desprevenida.

—No sé como lo haces pero siempre adivinas cuando he creado algo—

La diosa herrera se rió, un sonido extraño que reverberaba en el casco pero a la vez hermoso y todo un logro, Hefi no solía reír.

—Por tu cara, cada vez que creas algo tienes ese brillo y emoción que sólo puede tener uno al concluir algo que le entusiasma—

Atenea sonrió por supuesto Hefesto la entendía bien y a pesar de que no le veia el rostro cuando creaba algo su voz se tornaba más entusiasta y alegre.

—Has acertado, lo admito y he creado el carro—

—¿Carro?—

Atenea le explicó como era su función y que se podían complementar con un caballo.

—Entonces en cierto sentido tu y Poseidón habéis colaborado—

—Um, si tal vez—

Hefesto suspiró era bien sabido de la rivalidad entre ambos sobre todo cuando Atenea ganó la ciudad de Atenas algo que su tío nunca olvidó.

—Bueno vamos a ver tu invento—las dos diosas fueron en camino a ver la última creación de Atenea.

Se aprecian comentarios. :D