A la mañana siguiente tal como se temía Aizen estalló el caos.
Para empezar todos los dioses buscaban a Xiren pero el dios les dijo que se había ido (para gran decepción de ellos)
Y en otro lugar Hefesto se despertaba mirando somnolienta a su alrededor, tardo un rato en darse cuenta de que aquellas su eran sus habitaciones. luego comprobó que su armadura estaba en el suelo puesto de forma ordenada había vuelto mágicamente a ella y se dio cuenta de algo se miró en un espejo y descubrió que la poción de Aizen y Ama no uzume se había esfumado.
Se levantó agitada y empezó a ponerse frenética su armadura, no quería que nadie la viera.
—Hmmm—
Se detuvo, miró de donde procedía ese ruido deseando que sus terribles sospechas estuvieran equivocadas pero para su horror no fue así.
Acostado y desperezándose de una forma que cualquiera babearía estaba Afrodito completamente desnudo y aunque todavía tenía los ojos cerrados sonreía de forma relajada y no la sarcástica o coqueta que Hefi estaba acostumbrada sino una feliz.
Afrodito podía decir sin lugar a dudas de que había sido la mejor noche de su vida ninguno de sus amantes se podía comparar y para su gran satisfacción Xiren desde luego era pura y se alegraba de que él hubiera sido el primero. Lo que sintió, lo que ambos sintieron aquello si que fue amor y pasión además de alegría tres cosas que el dios del amor nunca experimento a la vez.
—Amor...¿porque te has levantado? Aun es temprano—pero al no recibir respuesta abrió los ojos parpadeó por la repentina luz del sol y miró a quien estaba de pie colocándose su casco y guantes, con creciente horror y asco fue comprendiendo poco a poco lo que pasó en verdad.
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Los dioses estaban desayunando cuando oyeron un grito espeluznante seguido de otros para dar paso una fuerte discusión, fueron haber que estaba ocurriendo, los gritos que provenían de las cámaras de Afrodito y Hefesto.
Claro que ellos no dormían juntos ni en la misma cama, Afrodito nunca lo consentiría y la diosa herrera pasaba la mayor parte del tiempo en la fragua o explorando las tierras, y las raras veces que compartían la habitación Hefi dormía en un rincón lo más alejada posible de él y una cortina que le daba intimidad.
El cuadro que vieron allí no sabían si encontrarlo cómico o perturbador.
Afrodito no paraba de lanzarle cosas a su esposa mientras ella tenía llamas a su alrededor con el martillo en alto lista para golpear a su esposo.
Atenea supo que debió ocurrir algo realmente grave, su medio hermana jamás se enfadaba con su esposo, ni cuando la humillaba, engañaba con otros o le hablaba mal esta vez Afrodito si que debió traspasar la línea.
—¡ME ENGAÑASTE! ¡TE HICISTE PASAR POR XIREN PARA PODER POR FIN DORMIR CONMINGO!—Gritó Afrodito.
—¡TE LO TIENES MUY CREÍDO AL CONTRARIO QUE TÚ NUNCA RECURRIRÍA A TRUCOS COMO TÚ CUANDO TE RECHAZAN!—
Amateratsu y Zeus ordenaron silencio.
—¡Suficiente! ¿Que ha ocurrido?—ambos dioses usaron sus poderes para separar a la pareja que parecía a punto de entrar en una batalla.
—Zeus tu hija se hay aprovechado de mí, en la oscuridad la confundí con Xiren y como jamás la toqué me engaño—dijo el dios pelirrojo.
Todos estaban en shock sobre todo Ares y Enyo que se habrían abalanzado sobre la herrera de no ser detenidos por unos cuantos.
—Padre es absurdo jamás haría algo así esa noche volví de la fragua y él me vería como Xiren pero lo rechace hasta que el me dio de un perfumo que alteró mis sentidos y no era consciente de lo que hacía lo juro por el Styx—técnicamente todo lo que dijo era cierto pero no iba a decirles que era Xiren nunca podría levantar cabeza de la vergüenza.
Amateratsu se adelantó.
—¿Puedes mostrarme ese perfume?—
Hefesto se le entregó, la diosa del sol lo destapó y formuló unas palabras muy antiguas en su idioma , el perfume brilló del rosa al azul claro Zeus se acercó y lo estudió también. Al instante sus ojos se oscurecieron y miró a Afrodito.
El dios del amor se dio cuenta de que se había metido en un buen lío y si lo que dijo su esposa era cierto...
¿Como pudo confundir a Xiren con alguien como Hefesto? Debió haber bebido demasiado.
Atenea se adelantó—Entonces el asunto está zanjado tú Afrodito le diste este perfume hechizado a Hefesto lo que no la hizo consciente mentalmente como eres su esposo lamentablemente no habrá consecuencias graves pero debes disculparte con ella—si Atenea pudiera atravesaría a ese maldito con su lanza por lo que le hizo a Hefi.
No era la única Artemisa se acercó al dios del amor con un brillo frío y acerado en sus ojos que recordaba a la luna plateada en una nevada.
—Es una pena sí porque si hubieras sido otro te habría castrado como le pasó a tu padre Urano con un cuchillo poco oxidado y habérselo dado de comer a mis lobos—le susurró de forma amenazante en el oído al dios.
Afrodito sintió un sudor frío de terror, se mantendría alejado de esas dos diosas todo lo posible. Y en cuanto a su esposa, el odio y la rabia lo llenaron si antes solo la despreciaba ahora la odiaba no le quedó más remedio que disculparse con ella en público lo que solo aumentó más su humillación.
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El tiempo pasó y los dioses griegos volvieron a casa, pero i lo que se pretendía era aligerar las cosas con este viaje solo lo agravó.
Afrodito era el objeto de cuchicheo de todo el Olimpo sus admiradores ahora se burlaban de él a sus espaldas, en una ocasión oyó a Apolo reírse.
—Mira que confundir a Xiren con Hefesto ¿como pudo ser tan tonto las dos se parecen como el agua y el aceite el dios del amor a caído mucho en gustos—el y las musas se rieron.
Pero no se rieron tanto cuando Afrodito en su rabia los hizo enamorarse de hombres y mujeres feos hasta que Zeus le ordenó que quitara el hechizo, entonces Apolo y sus musas se convirtieron en el hazmerreír.
En cuanto a Hefesto se aisló todavía más si antes se burlaban de ella ahora era peor Ares y Enyo en más de una ocasión tuvieron que ser detenidos para no ir a por ella, la diosa del fuego decidió pasar una temporada en el reino de su tío Hades.
Allí todo era mucho más tranquilo y los dioses ctonian era más comprensivos y agradables, su tío Hades entendía su situación y le dio la bienvenida.
Un día mientras trabajaba en la fragua notó a Hécate estudiándola muy detenidamente.
—¿Ocurre algo Hécate?—
La bruja con gesto serio se acercó a ella.
—Ven a mi cueva hay algo que quiero comprobar—
Extrañada la diosa del fuego acompañó a Hécate a su morada llena de frascos con líquidos extraños y cientos de libros de hechizos delante del fuego estaban los perros de la diosa de la encrucijada.
Mientras los rascaba Hécate se acercó con una aguja.
—Sólo un pinchazo no es nada—
Cuando pinzó el dedo de Hefesto salió una gota de icor en la aguja y rápidamente puso en un cuenco lleno de un líquido transparente.
—Hécate ¿me dices lo que ocurre? ¿me ocurre algo?—
Hecate suspiró y miró compasiva a la diosa, si sus sospechas eran ciertas los problemas de Hefesto sólo comenzaban.
—Hace un tiempo que detecto algo en tu aura y energía está cambiando y notó el de alguien más otra deidad que está creciendo en ti—
Hefi se tambaleó y con ayuda de la hechicera la puso en una silla.
—Yo...no es posible no estado con nadie excepto...—se aturdió ante la posibilidad.
—Sí lo que estoy haciendo es para asegurarme, si sale oscuro no estás embarazada y si sale rosa bueno sabes la respuesta—
Aún aturdida observó el cuenco que sostenía su futuro pero se quedó en blanco cuando se tornó rosa claro.
