—¿Que en el nombre del Caos ha sucedido?—

Zeus se encontraba en la sala de curación, Paean atendía a Apolo, las musas tenían inclinada la cabeza de forma respetuosa ante el señor de los cielos. Polimnia una de las musas dio un paso al frente. La hermosa diosa llevaba un vestido blanco.

—Padre una intrusa vino al Olimpo, decía que sólo quería verlo y cuando la reina Hera y el señor Apolo la encararon no sé lo que vieron en sus ojos que los alteró completamente. La reina se fue corriendo y nuestro señor Apolo estaba como...aturdido se enredó con el arpa y se golpeó la cabeza contra un banco—

Zeus estaba entre incrédulo y furioso, no era posible que alguien intimidara de esa forma a uno de sus hijos más poderosos sobre todo a Hera, pero viendo la verdad en los ojos de todas sus hijas y las aclaraciones de los demás supo que era cierto.

—¿Que ocurrió después?—

Otra de las hermanas, Erato que llevaba una corona de rosas consiguió coger valor suficiente para decirle el resto. Así como que dos de sus hermanas Clío y Urania también miraron a esa misteriosa niña a los ojos y también se pusieron histéricas, Clío incluso se desmayó.

Después de despedir a las musas vio a su hijo inconsciente con un vendaje en su cabeza se movía incómodo probablemente no estaba teniendo sueños tranquilos.

El rey de los dioses buscó a su esposa, físicamente estaba bien pero por otro lado la reina no dijo mucho desde lo ocurrido, su esposa estaba en su jardín siempre que estaba alterada se iba allí a tener un descanso.

Se sentó a su lado cogió suavemente la barbilla de Hera y la miró a los ojos, normalmente la mujer le habría dado un manotazo y lo miraría con frialdad pero ahora parecía mirar un punto lejano, como si su mente estuviera ocupada en otra cosa.

—Hera ¿que pasó? ¿que es lo que viste? Sea lo que sea a afectado a Apolo y a dos de las musas de forma abrumadora—

La mujer se apartó suavemente de su esposo y miró una fuente.

—¿Crees que soy horrible Zeus? ¿Malvada? Dime la verdad y esta vez sin mentiras—

Sorprendido por esa pregunta el hombre cogió sus manos, en el fondo Zeus amaba a su esposa pero tenía esa debilidad por la carne que le hacía a veces perder la cabeza por una cara bonita y su esposa también lo amaba pero años de infidelidad habían ocultado ese amor bajo una capa de resentimiento y odio.

—Te seré franco esposa mía, eres una mujer bastante complicada, con mal genio, celosa y orgullosa a veces, demasiado para tu propio bien—sonrió—Pero sé que también eres una mujer fuerte, valiente, inteligente y amorosa además de bastante terca—se rió—Pero eso es algo que me encanta de ti—

Hera bajó la cabeza y se miró los pies.

—Cuando mire... a esa niña a los ojos me vi a mi misma Zeus—

El dios la miró extrañado—¿Que?—

—La chica era ciega, sus ojos eran nublados propios de un ciego pero también eran extraños parecían unos espejos y cuando la vi me vi a mi misma tal y como soy de verdad en mi interior—

Zeus estaba sin palabras ¿por eso Apolo y las musas estaban tan perturbados? Sea lo que sea lo que vieron en sí mismos a través de los ojos de esa desconocida tampoco debió de gustarles.

—Buscaremos a esa diosa esposa y averiguaremos lo que ocurre ella pagará por lo que os ha echo a vosotros—

—Zeus si vais a buscarla no la miréis a los ojos créeme a veces se es mejor estar en la ignorancia hasta de uno mismo—

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Pocas veces Hefesto se alteraba pero en esta ocasión estaba en shock y muy, muy enfadada.

—¿En qué pensabas Kyoko? ¡podrían haberte echo algo! ¡y con lo ocurrido te buscarán!—

La niña se paró ante su madre culpable a su lado Koga tenía la cabeza y las orejas agachadas como si también estuviera siendo regañado.

—Lo siento madre sólo quería conocerlo sentía mucha curiosidad ahora...ahora te entiendo—

Hefesto no podía enfurecerse con su hija porque en su día estuvo en su posición cuando creció con Thetis siempre se preguntó sobre el Olimpo y sus raíces y por eso se aventuró no solo para vengarse de su madre sino también porque quería ver a su familia.

Pero tenía que castigarla para que no hiciera algo así de imprudente de nuevo.

—No saldrás del inframundo salvo para tus funciones, lo siento Kyoko pero hasta que todo esto se calme lo mejor es que te mantengas oculta todo el tiempo y tienes que ser castigada—

La niña asintió.

Pero no tuvieron que preocuparse mucho de eso pues los dioses pronto tuvieron preocupaciones más urgentes y graves.

Algo raro estaba ocurriendo la gente cuando le llegaba la hora no moría, ya fuera por enfermedad, causas naturales o en guerras. Cosa que frustró a Ares y Enyo quienes no podían disfrutar de la matanza si no había muerte.

En el campo de batalla Ares frustrado clavó su espada en el suelo mientras a su alrededor los que deberían haber muerto se levantaban tan confundidos como ellos.

—¿¡Que demonios está ocurriendo aquí!?—El dios de la guerra estaba furioso y su ojos casi llameaban.

—No lo sé pero no ocurre solo en los campos de batalla, también en todos los lugares—Enio estaba igual de molesta por no poder causar derramamiento de sangre.

El Olimpo

La sala del trono estaba en un caos todos los tronos a excepción del de Hefesto estaban ocupados por sus dueños, incluso Hades que casi nunca suele venir al Olimpo estaba allí.

—¿Dices que Thanatos el dios de la muerte esta desaparecido?—Zeus no quería ni imaginar el desastre en el equilibrio de la vida y la muerte que esto suponía y ahora estaban empezando a vivirla.

—Es la verdad mi subordinado siempre cumple con su deber algo le ha debido ocurrir—El dios de los muertos estaba igual de furioso o más uno de sus lugartenientes más leales estaba desaparecido y para colmo la gente no moría cuando debía.

—Eso explica porqué no están muriendo—Atenea veía los informes pensativa—Pero los infantes no regresan, ellos mueren—

Hades mantuvo el rostro neutro.

—Si, tengo a un subordinado que se encarga de recoger las almas de los niños para llevarlos al Elíseo o renazcan—

Artemisa se enderezó en su trono.

—Como diosa de los niños y partos lo he notado es una diosa la que los recoge—

—Sí hace unos años que empezó, se le da bien y así agilizaba el trabajo de Thanatos—El rey del inframundo quería desviar el tema cuanto antes de Kyoko—Pero el caso es que mis otros hombres hacen lo que pueden al recoger las almas pero no son dioses de la muerte no es tan eficaz—

—Dado que es uno de los habitantes de tu maldito reino ¿no deberías ser tú quien lo resolviera?—dijo Demeter con amargura, mirando con odio a su hermano.

Desde que Hades se enamoró perdidamente de Perséfone la hija de la diosa de la cosecha su relación empeoró, Hades secuestró a la diosa de la primavera pero con el tiempo se enamoró del rey del inframundo y tomó unas semillas de granadas para estar un periodo de tiempo con él.

—Esto no sólo afecta al inframundo sino también al mundo de los vivos Démeter—

—Hades tiene razón tenemos que encontrar a Thanatos—Ares estaba resuelto a ayudar algo sorprendente debido a que no solía ayudar a menos que se lo ordenaran o tuviera algún beneficio pero sin la muerte la guerra no tenía sentido.

—¿Donde fue la última vez Thanatos?—Artemisa sabía que si descubrían hacia donde fue el dios ctonian tendrían algo por lo que empezar a buscar.

—Fue a recoger el alma de Sisifo—

—¿Sisifo? ¿el rey de corinto?—Hermes lo dijo con veneno.

—Si, Thanatos se lo debía llevar como castigo—

—Oh si ya lo recuerdo fue porque le dijo al dios del río Asopo que fue mi marido quien raptó a su hija Egina ¿no?—Hera decía esto mientras fulminaba con la mirada a Zeus quien se movió incómodo en su trono.

—Emmm, bueno fue porque cometió crímenes horribles—intentó desviar el tema.

—¿Lo dices porque ese desgraciado es un avaro y mentiroso? ¿que usó medios ilícitos, entre los que se contaba el asesinato de viajeros y caminantes, para incrementar su riqueza?—Hermes odiaba a ese rey como dios de los comerciantes y viajeros lo que hizo Sisifo era aborrecible.