Sísifo fue devuelto al inframundo y condenado a cargar una roca por una colina empinada hasta la cima pero siempre que estaba a punto la roca se le resbalaba y rodaba abajo y así comenzando de nuevo.

Ares fue enviado al Olimpo y los dioses no tuvieron que deducir mucho quien fue el responsable de su estado.

Afrodito estaba furioso le daba igual que esa mocosa atacara a la reina o a Apolo pero a Ares el dios del amor quería venganza sobre esa diosa y Enyo igual.

Ares se recuperó si es que se le podía llamar recuperación a su estado actual se le veía conmocionado por su encuentro con esa diosa, verla fue como mirarse así mismo sabía que era sanguinario y cruel por naturaleza pero también descubrió cosas de sí mismo que no esperaba o si lo sospechaba la ignoró.

Se sentía inseguro y amenazado por los hijos de su padre sobre todo por los que el favorecía Atenea, Apolo, Artemisa y Hefesto.

Siempre la odió aunque a diferencio de los demás ella era su hermana completa pero la despreciaba por ser fea y lisiada para él los que eran así no tenían cabida, pero ella lo derrotó humillándolo, y siendo una olímpica.

Era celoso, inseguro y patético.

Afrodito intentó animarlo con poco éxito, furioso envió a sus palomas en busca de esta diosa pero sin éxito.

Hasta que un día por fin dio con ella pero fue en unas circunstancias inesperadas y horribles en las que apareció también su esposa Hefesto.

Fue debido a Heracles el héroe griego un hijo semidiós de Zeus que se había ganado particularmente el odio de Hera y se había dedicado a hacerle la vida imposible. En esta ocasión ordenó a Hipnos dios del sueño que durmiera a Zeus mientras ella convocaba una tempestad en el barco donde viajaba el semidiós.

Cabe decir que cuando Zeus se despertó y descubrió lo que había pasado no estaba precisamente contento.

Furioso y rodeado de rayos y tormentas fue a por los responsables si había algo que el rey de los dioses no toleraba es que alguien hiciera algo contra sus órdenes y lo engañaran sobre todo con lo que le paso a su hijo.

El rey de los dioses persiguió furioso al aterrado dios del sueño nadie que provocaba su ira escapaba. Excepto que en esta ocasión tubo que dar un paso atrás ante la deidad que se encontraba ante él.

No muchos podrían intimidar al rey de los dioses pero Nix la diosa de la noche fue una de ellas, el cobarde de Hipnos se había refugiado tras las faldas de su madre y ella lo fulminaba con la mirada.

—No culpes a mi hijo de lo sucedido Zeus tu esposa le ordenó que lo hiciera y el no tubo opción así que déjalo—su tono era calmado y diplomático pero por la forma en que lo miraba le dejó muy claro a Zeus que si intentaba algo con su hijo sentiría toda su ira y descubriría porque la diosa primordial era tan temida.

Zeus no tubo opción que retroceder.

—Bien pero Hipnos no vuelvas a hacer algo así—

El dios sabía que la diosa tenía razón Hipnos solo había sido un peón de su juego iría al que lo había orquestado todo.

Cuando se presentó en el Olimpo con los ojos brillantes de un azul etéreo y los rayos a su alrededor los demás supieron que nos e había calmado en absoluto.

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Hera tenía una apariencia regia y seria aunque por dentro intentaba ocultar el terror que sentía mientras veía a Zeus con una helada calma viniendo hacía ella, las tormentas que antes lo acompañaban habían cesado. Pero Hera no se iba a engañar sabiendo que eso era la calma antes de la tormenta.

Si debo recibir mi castigo pero no me acobardaré.

Así la encontró Zeus una pequeña parte de él no pudo evitar admirarla a pesar de su furia Hera no se dejó amedrentar lo miró a los ojos como un igual, pero ella le había desobedecido y atacado a su hijo no pudo castigar a Hipnos pero castigaría a la verdadera culpable.

—Te dije que no fueras a por mi hijo Hera—

—¿Y esperas que me quede de brazos cruzados mientras soy humillada? Ya es bastante duro que me traiciones como para ver las pruebas de tu infidelidad por hay—

—¿Pero tienes que hacer algo así? ¿que te han echo salvo existir?—Zeus alzaba la voz como un trueno—¡No tenías ningún derecho!—

Pero Zeus le recordaría a su esposa lo que pasaba cuando se desobedecía las órdenes y este sería un castigo peor que cuando se rebelaron contra él.

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El castigo que Zeus le infligió a su esposa fue incluso peor de lo que esperaba la reina.

Al igual que la primera vez fue atada por las muñecas con cadenas de oro y sus tobillos a unos yunques pero esta vez la colgó sobre el aterrador vacío del caos el origen del universo y también el final, si un dios caía desaparecería para siempre.

No contento con eso Zeus la visitaba cada día y la amenazaba y atormentaba, todos estaban horrorizados con semejante castigo incluso los hijastros que la odiaban sentían lástima por ella.

Démeter, Hestia y Atenea intentaban razonar con el monarca pero fue en vano, era demasiado terco y no se dejaría convencer y amenazó que si alguien la liberaba sin su permiso sufriría su ira y no tendría misericordia.

Hera gritaba tan fuerte hasta que se le desgarraba la garganta y se la podía oír tanto en el Olimpo como en el inframundo y Hades precisamente en su trono intentaba hacer inútilmente oídos sordos.

—¡Esto es demasiado! Puede que mi hermana sea a una arpía la mayoría de las veces pero Zeus se ha pasado—incluso las Furias no tenían este nivel de crueldad con castigos, tendrían que tomar lecciones de su hermano menor.

Perséfone se encontraba en la actualidad en el mundo superior con su madre lo cual no ayudaba a mejorar su humor, la reina siempre lo calmaba pero ahora él y todos estaban de muy mal humor.

Sobre todo Hefesto y Kyoko.

La diosa más joven estaba pálida y en cualquier momento sentía que devolvería el desayuno, Hera era una mujer intrigante, rencorosa y cruel pero era su abuela y este castigo era demasiado, sobre todo teniendo en cuenta todo lo que Zeus le hizo.

En cuanto a Hefesto, aunque no mostraba emociones por dentro estaba hirviendo de ira, entendía que su padre reaccionara mal por lo que Hera le hizo a Heracles pero esto era demasiado. No era la primera vez que la castigaba de este modo pero desde luego era con diferencia peor.

Para distraerse trabajaba golpeando con fuerza el martillo contra el metal, pero ni siquiera el ruido de la forja amortiguaba los gritos y lamentos de su madre, se dio cuenta que el escudo en el que trabajaba lo hizo mal, furiosa y frustrada lo lanzó con fuerza al otro lado de la habitación.

—Se acabó esto no puede seguir así—

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Hera gritaba a pleno pulmón, al principio se mantuvo firme pero esta vez Zeus la dejó mucho más tiempo que la vez anterior además que estar sobre el Caos haría que hasta el más firme y duro acabara gritando.

Los dioses no podían hacer nada y observaban desde el borde a la reina sin poder hacer nada, Ares mismo intento mediar por su madre a Zeus pero el dios le dijo que si intentaba algo lo arrojaría al Caos.

Tanto él como como su gemela Enyo no se atrevieron a ir contra las órdenes de su padre y se acobardaron, de echo la propia diosa de la carnicería lo encontraba entretenido.

—Lo siento madre me encantaría ayudarte pero sabes bien lo que padre nos haría—dijo la diosa alada de alas negras—Me encanta lo que le haces a los bastardos pero utilizar al hijo de la señora Nix para tus planes y usarlo de chivo expiatorio fue imprudente ni siquiera padre puede ir contra la noche—

Hera miraba incrédula lo que decía su hija con tanta tranquilidad mientras ella sufría esta horrible tortura.

—¡Maldita desagradecida! ¡te crié, te ayudé a ti y a tu gemelo! ¡tu padre quería desterraros por vuestra naturaleza pero yo le convencí que no lo hiciera!—

Enyo la miró con frialdad.

—Y te lo agradezco madre pero tú misma dijiste que a los vulnerables y débiles hay que dejarlos atrás ¿o es que lo has olvidado?—

Flashback

Ares y Enyo discutían hasta que llegaron a los golpes Hera los detuvo.

—Madre ese cuchillo es mío lo cogí primero—Enyo fulminaba a su hermano.

—Te he derrotado así que es mío así son las leyes de la guerra—Ares le sonrió con suficiencia a su hermana quien le sacó la lengua.

—¡Suficiente niños! ¿Así es como queréis que os tomen en serio? ¿¡Que los bastardos de vuestro padre se burlen de vosotros!?—con cada palabra alzaba más la voz.

Ares y Enyo estaban de repente interesados en sus sandalias.

—¡Miradme a los ojos cuando os hablo! ¿¡veis!? Con esa actitud os tomaran como bufones—Hera se arrodilló hasta estar a la altura de sus hijos—Escuchadme no tengáis piedad con nadie porque ellos no la tendrán con vosotros. A los vulnerables y débiles hay que dejarlos ¿me entendéis?—

Ambos niños con resolución asintieron.

—Sí madre—

Fin del flashback

Hestia vio como los gemelos se iban y Hera se veía atormentada y derrotada, sacudió la cabeza jamás estuvo de acuerdo con los modos de crianza de su hermana demasiado estricto y frío, al final había venido para morder a Hera.

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—¡Que fastidio!—Afrodito ordeno a sus sirvientes que cerraran las ventanas pero aún así podía seguir oyendo a Hera.

—Tsk, esa bruja siempre tuvo buenos pulmones para gritar y amenazar pero no hasta este punto—irritado cogió una uva que le ofreció Thalia una de las Gracias.

Cerca de ellos estaba Euphrosyneque cantaba una canción alegre y amortiguando los gritos de la reina y animando el lugar.

Tanto Thalia como Euphrosyne eran indudablemente hermosas Thalia tenía ojos cambiantes entre el océano y el coral, piel de alabastro y pelo negro lustroso, sabía cómo organizar una fiesta y hacer reír.

Su hermana en cambio tenía el cabello color caoba piel morena y ojos celestes llamativos, una voz hermosa y siempre estaba llena de alegría y siempre alegraba a los de a su alrededor.

A su lado vio a Pasithea y Afrodito no pudo evitar soltar una risita, la pobre gracia ayudaba en colocar las flores que le había ordenado su hermana Antheia, la gracia de las flores y las coronas florales, la pobre apenas podía disimular su cansancio y los bostezos. Normal representaba el descanso, la relajación y las alucinaciones o alucinógenos.

De vez en cuando le pedía a la Gracia que lo durmiera o le pusiera en estado alucinógeno para quitarse el estrés cuando el placer de acostarse con sus amantes no era suficiente como en esos momentos.

—Señor el baño está listo con los aceites y perfumes—dijo una voz masculina.

Afrodito se volvió hacía el único miembro masculino de las Gracias, Aglaius el dios del esplendor, la gloria, la magnificencia y el adorno. El hombre ciertamente era extremadamente atractivo sólo superado por él, por supuesto, pero ciertamente guapo curtido del trabajo pero a la vez elegante y varonil. Sus ojos eran de un hermoso marrón avellana con motas doradas y el pelo castaño pero dorado también según se veía. Musculoso pero no en exceso, vestía una elegante toga de color azul .

Las gracias eran los hijos de Zeus y la oceánide Eurynome se convirtieron en sus sirvientes nada más pisar por primera vez el Olimpo, eran sus compañeros inseparables, sus amigos y compartían sus gustos.

Afrodito sonrió con cariño a su séquito y asintió a Aglaius.

—Gracias puedes descansar por el resto de la mañana—

¡Y aquí esta! Por fin esta Aglaius, es la versión masculina de Aglaia. Ya sabéis a quien me refiero gracias por el apoyo a esta historia.