—¡Te encontré! —Keiji jugaba a las escondidas con sus sobrinos, mientras que Tenma recordaba lo sencillo que fue asesinar a Demie.
A este punto le parecía divertido todo el espectáculo que montaron en línea sobre su muerte. Keiji había hecho un buen trabajo fingiendo ser la afligida viuda al redactar la noticia de su muerte y postearla en su blog. No le sorprendió la gran cantidad de seguidores que expresaron sus condolencias y le dieron sus lágrimas a un escritor sin rostro que les había brindado relatos que les privaban del sueño. Demie había muerto a causa de una puñalada en el corazón.
Si se hubiese tratado de una persona real no estaría tan tranquilo durante sus vacaciones, pero ya que se trataba de alguien ficticio, podía reír cuanto quisiera sobre la tumba falsa. A fin de cuentas, era sólo un nombre que el mismo Tenma usaba para mostrarle al mundo todos los escritos e historias que su retrógrada editorial le habría prohibido, con el pretexto de no manchar su imagen de autor de fantasía juvenil. Un producto más, encasillado en un solo uso y limitada creatividad.
Demie no tenía las mismas limitaciones, el internet lo recibió muy bien, ya que un día podría publicar un relato entrañable sobre voleibol y al otro las narraciones de un asesino en serie, y sus seguidores aplaudirían su versatilidad. Bajo aquella pantalla podía inclinarse hacia el erotismo, lo gore, y poder conversar con su público abiertamente sobre su sexualidad y la poco profesional relación que llevaba con su editor.
Las críticas que podían llegarle a Demie jamás le afectaron, porque él estaba a salvo bajo el escudo del seudónimo.
Demie nació luego de dos quiebres en su carrera: el primero, la cancelación de su segunda serie de mangas, una fantasía oscura la cual apenas alcanzó los tres tomos y que sus fieles seguidores criticaron fuertemente por alejarse de la serie que lo lanzó a la fama y que seguía en emisión, Zombie Knight Zom'bish. Tenma en sus adentros consideraba que su segunda serie sería el trabajo más importante de su vida, pero tanto su editorial como el público parecían encaprichados con extender la narrativa de la primera. La cancelación le hizo darse cuenta de que lo veían como un autor de una sola nota.
El segundo quiebre fue la polémica que levantó luego de la muerte del personaje favorito de su fandom, Ryoma, al cual su editorial le había obligado a darle más reflector en la historia a pesar de no ser el protagonista. Tenma odiaba a Ryoma, le había puesto la personalidad más taciturna y aburrida que pudo habérsele ocurrido, y un pasado ligeramente traumático que al parecer conmovió demasiado a su público. Peleó demasiado con la editorial para que aceptaran el guión de su muerte, incluso Akaashi le advirtió que no sería bien recibido, a pesar de que matar a Ryoma era necesario para el avance de la trama y el desarrollo del protagonista.
Pero jamás imaginó que sus llamados "fans" respondieran tan agresivamente.
Fotos de ellos quemando los tomos de su manga, despidiéndose de su fandom, las severas críticas que se postearon online, sin contar las amenazas de muerte que llegaron a su casa y a la editorial. Todo por un imbécil que solo existía en el papel.
Jamás perdonaría a su editorial por forzarlo a escribir una forma de traerlo a la vida de la forma más convincente posible en los siguientes capítulos del manga, solo por mero capricho. Tras haber publicado la resurrección de Ryoma, Tenma sintió como su integridad como escritor había sido pisada. Todos parecían estar felices con aquella publicación, todos menos él.
Keiji pudo notarlo y, a pesar de los problemas en los que pudiera meterse, le sugirió una alternativa a espaldas de la editorial que lo tenía atado por contrato: Create una identidad nueva y escribe cualquier cosa que tu mente desee, sin que ellos ni yo te pongamos algún filtro.
Y así, Demie nació, dándole la libertad creativa que desde hace tiempo parecía haber perdido. Gracias a él pudo continuar su segunda serie, claro haciendo varios cambios de la narrativa que ya había visto el público y desarrollarla a su gusto. Pronto se hizo de una considerable cantidad de seguidores a quienes les atrajo su forma de narrar y aquel nuevo mundo que había construido. Lo único que tenía en contra es que jamás podría postear ilustraciones suyas como Demie, ya que sería fácilmente descubierto.
De cualquier forma, no le molestaba plasmar sus historias completamente con palabras, podía profundizar en detalles que a veces el dibujo no lograba plasmar por completo. Además de aquella serie dejaba espacio para otro tipo de relatos y hablar de su vida con aquellos curiosos internautas. Algo que jamás pudo hacer siendo un mangaka sujeto a una editorial y que tenía que cuidar su imagen pública.
Keiji le ayudaba administrar su blog, corrigiendo algunos de sus escritos antes de postearlos y notificándole de cualquier actividad desagradable entre sus seguidores. Por primera vez en años, sintió que tenía el control de su propia carrera, con el pasar de los meses Demie tuvo una base de seguidores casi tal lea como la que tenía el mangaka Tenma Udai, aunque aún le superara en números. Algunas editoriales e ilustradores lo contactaron ofreciéndole distribuir sus historias y que estas alcanzaran un público mayor, pero Tenma rechazó cada una de esas ofertas, en parte para mantener su anonimato y también para proteger la integridad de Demie y su deseo de tener control total de cada una de sus creaciones.
Pasó agradables años junto a Damie, balanceando su trabajo como mangaka y las actualizaciones de su blog. Su productividad había subido y Keiji le hizo notar que se veía más feliz. Era agotador llevar dos vidas, pero al mismo tiempo eso hacía que volviera a sentirse como el dueño de sí mismo y de su propia creatividad.
Perder aquella libertad fue lo que más le dolió de la muerte de Damie, pero era inevitable deshacerse de él. La curiosidad alrededor de su persona creció hasta que fue riesgoso para Tenma, empezó con comparaciones en el estilo de escritura e incluso comparando obras de ambos que podían servir de espejo la una con la otra. Keiji pudo desviar la atención de los directores de la editorial para que ignoraran el asunto el tiempo suficiente. Pero era sólo cuestión de tiempo para que la verdad saliera a la luz.
Y tenía que admitir que una parte de él tenía miedo de Demie, de la influencia que él pudiera tener en su cabeza. Que tanto se había convertido en él.
Se llenó de una peligrosa ansiedad que lo hizo desear jamás salir de casa. Empezaron a salir artículos en internet hablando sobre el tema y los incontables mensajes en el blog lo volvían loco, las constantes preguntas sobre su identidad.
¿Eres Tenma Udai?
¡Admite que eres Tenma Udai!
Tenma Udai… Tenma Udai…
Demie es Tenma Udai
—No serán lo suficientemente intensos como para rastrear el origen del blog —Keiji intentaba reconfortarlo. Le sujetó del hombro, jalandolo con todo y silla lejos de la computadora de escritorio.
—Lo descubrirán de una forma y otra, voy a estar arruinado; —se frotó el entrecejo— ¿qué han dicho en la editorial?
—No quieren indagar, al menos por ahora. ¿Estarías de acuerdo en contarles todo?
Tenma lo meditó un segundo y asintió —Omitiré algunos detalles, pero sí, se los diré…
—En cualquier caso —expresó Keiji— mantener a Demie será un problema para tu carrera.
—Lo sé, pensaré en una solución —se esforzó por mostrarle una sonrisa a su editor.
—Tengo que volver a la editorial, te llamaré por cualquier novedad.
—Gracias… por cubrirme y estar a mi lado durante este problema.
Akaashi lo abrazó antes de marcharse de su departamento. Para Tenma tener esa complicidad con él era tranquilizador; lo vio salir y estando solo, Demie volvió a su mente.
—No te puedes deshacer de mí —expresó involuntariamente. Sintiendo un escalofrío recorrer su columna. Aquel tema lo empezaba a enloquecer y desconcentrar de su verdadero trabajo, de su propia vida.
Todo ello lo llevó a la drástica decisión de asesinarlo.
Nunca sintió pena por Demie, a pesar de que la vida que le construyó como el hijo de un ex yakuza —quien creció en un ambiente problemático en el campo y había pasado por varias adicciones en su juventud—era una página oscura de la propia historia de Tenma, la cual había tirado a la basura mucho antes de comenzar a escribir como profesión.
La violencia de Damie y su personalidad cambiante quedaron inmortalizadas en su obra. Una parte de sí mismo que debió ser enterrada.
Tras su muerte vino la paz, un par de meses donde Tenma pudo dar entrevistas sobre el anime de su manga y dedicarse a sus dibujos. Recibía constantes visitas de Keiji como su editor y amigo, ambos libres del peso incómodo de una tercera persona en su relación.
Mantuvo el blog abierto, permitiendo que los fans siguieran dejando en comentarios sus condolencias, halagos hacia sus trabajos y otros más se ofrecían a continuar las obras inconclusas. Keiji se encargó de filtrar y eliminar los comentarios que aún insistían con el tema de su identidad. Pero aquel espacio virtual se mantuvo tranquilo, hasta que se quedó en silencio.
Demie estaba quedando en el olvido. Tenma podía vivir libremente.
Sin embargo, los problemas llegaron a cómo una tormenta cuando un stand suyo en la librería principal de la ciudad fue vandalizado durante la noche, un grafiti sobre sus libros mostró una palabra que le heló la sangre: «Asesino».
El suceso causó conmoción entre los lectores de Tenma, mientras que él y las autoridades consideraron aquel atraco como una amenaza directa hacia el escritor y un caso severo de acoso.
La editorial se pronunciaría en su nombre frente al público por un tiempo, al menos hasta que el asunto se enfriara. Le aseguraron protección, pero las cosas empeoraron a partir de ese punto.
Las amenazas de muerte aparecían bajo su puerta cada mañana y las cámaras del pasillo nunca captaron al responsable. Quizá lo más alarmante del asunto era que algunas de ellas estaban manchadas de rojo, del inconfundible color de la sangre. No detectaron ninguna actividad rara en su edificio, ni visitantes extraños.
Tenma apiló decenas de hojas blancas en su mesa y leyó cada mensaje con una inexplicable cantidad de heridas en las manos y una fuerte presión en el pecho: «Iré por ti», «Morirás tú también», «No intentes huir. Te encontraré», «Me reiré en tu tumba», «¿Qué tanto puede fluir de una cortada de papel?». Frases que se repetían una y otra vez, escritas como rayones en una tonalidad de rojo que le era más que reconocible: sangre.
—Hay alguien ahí afuera que me odia demasiado —pronunció Tenma. Sus dedos le ardían, de tanto tomar aquellas cartas sus manos se llenaron de finas cortadas. Eso creía— Ha puesto demasiado empeño en asustarme.
Akaashi estaba igualmente consternado. La policía no había encontrado pista alguna, ni había sospechosos. Él incluso había indagado en el blog de Demie por pistas, pero aquel sitio estaba tan inmaculado como lo había dejado meses atrás.
—Mientras estés aquí corres peligro —dijo antes de arrugar una de las cartas y lanzarla a un basurero— Vete a Miyagi un tiempo, no le avises a nadie que no sea tu familia.
—¿Crees que eso calmará a mi acosador?
—No lo sé, pero al menos estarás lejos de sus amenazas hasta que haya algún avance en el caso.
—Si no hay otra opción —murmuró Tenma. Sus párpados le pesaban, estaba más cansado que de costumbre, a pesar de estar durmiendo más tiempo durante las noches. Mientras dormía su mente estaba en blanco, en paz, como si su conciencia abandonara su cuerpo por aquellas horas.
Pero había momentos en los que aquel pesado estado de sueño lograba percibir algo, una risa entre dientes y extrañamente familiar.
—Mientras más pronto lo hagas, mejor —Akaashi recogió todos los papeles y los echó en una bolsa— se lo llevaré a la policía y hablaré con los directivos de la editorial para que te den un descanso.
—¿Qué hay de ti?
—Iré contigo una vez que todo esté arreglado, por favor sal de aquí más tardar mañana al amanecer.
Huir era un impulso al que no se pudo resistir, así que puso eso en marcha tras pedir vacaciones y una prórroga para entregar sus trabajos, empacó poca ropa y dejó atrás su celular junto con cualquier dispositivo con el que pudieran rastrearlo.
Udai regresó a la casa de su familia en Miyagi, transitando en sus pequeñas carreteras, muy lejos del sofocante ambiente de la ciudad y más que seguro de que nadie podía localizarlo ahí, a menos que estuviera al tanto de su origen y eso era algo que sólo se lo había compartido a Keiji y plasmado en la biografía del difunto Damie sin mucho detalle de la ubicación.
Tal como prometió, su editor llegó ahí días después. Acompañando en aquel apaciguante ambiente, sin ninguna amenaza cerca; disfrutó de su compañía y de como Akaashi se ganó tan rápidamente la amistad con su familia.
Los niños seguían divirtiéndose dentro de la casa, porque un aguacero y la llegada de la noche les arruinó los planes de acampar en el jardín; Tenma prometió jugar con ellos apenas terminara de hacer unos bocetos.
Tenma sentía que había dejado por fin una enorme carga atrás. Podía respirar tranquilo, recuperar cierta paz, estar ahí era como caer dormido luego de largos días de insomnio. Descansaba en el sofá de la sala, limpiando las cortadas de sus dedos mientras que su madre y hermana preparaban una cena de bienvenida.
El teléfono comenzó a sonar.
—Yo contesto —Tenma se levantó de su cómodo asiento y antes de levantar el aparato notó que la contestadora había reconocido el contacto. Fue una sensación extraña ver su propio nombre resplandecer en el tablero. Pero, a pesar del temor, atendió la llamada— ¿Hola?
—Asómate por la ventana.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo, ¿cómo era posible que estuviera escuchando su propia voz?, ¿eso en verdad estaba pasando?, ¿o se estaba volviendo loco?... la ansiedad y la duda lo obligaron a avanzar hacia la ventana y correr la cortina.
Como en un mal sueño, Demie estaba de pie al otro lado de la calle cubierto de lluvia, con sus mismos ojos lo observaba y su mismo rostro dibujaba una sonrisa llena de satisfacción, sostenía su celular con una mano lastimada.
Al sentirse conectados en cuerpo y mente, Demie exclamó:
—¡Te encontré!
Demie: significa mitad o pequeño.
