Eros volvía de enamorar a una pareja mientras Anteros estaba todavía ocupado, el resto de sus hermanos estaban fuera así que fue a ver a su padre.

Volando de forma silenciosa, algo que había perfeccionado para que los mortales no lo percibieran, fue a los aposentos de Afrodito entró pero para su sorpresa no encontró a nadie pero entonces vio algo que nunca había reparado. Una puerta oculta tras un gran espejo, curioso fue a ver la habitación no tenía anda de especial era austera excepto por un retrato a tamaño natural de la mujer más impresionante que el dios del amor jamás había visto.

La mujer en el retrato tenía una figura de reloj de arena perfecta ni demasiado ostentoso o poco su cabello era de múltiples colores de oro, plateado, castaño etc.

Su cara era increíble, los ojos eran extraños y muy hermosos de un oro rojizo con el brillo de unas estrellas. La misteriosa mujer llevaba un atuendo propio de Asia blanco con adornos de plata y flores y un elaborado y elegante tocado.

En resumen el dios del amor jamás había visto semejante hermosura y si pudiera intentaría cortejarla pero el y los otros dioses apostaría eso, pero viendo que su padre tenía un retrato de ella debía ser muy especial para él.

—Eros ¿que haces aquí?—

Se volvió hacía su padre en la puerta con las manos en las caderas y una ceja alzada pero no se le veía enfadado sino como cuando en una ocasión lo atrapó cogiendo galletas.

—Lo siento padre es que no sabía de esta habitación—

Afrodito suspiró, los jóvenes y su curiosidad, Pero condujo a su hijo delante del retrato con una mano en su hombro.

—Si es mi habitación privada aquí vengo cuando las tensiones son demasiado para mí y necesito desconectar del mundo y vengo a verla—dijo mirando con nostalgia el retrato.

—No es por entrometerme pero ¿quién es ella?—

—Se llama Xiren—

Eros abrió los ojos como platos así que esta era la famosa Xiren hubo muchos rumores y escándalos pero sobre todo fue que su padre Afrodito confundió a su esposa con ella y se acostó con ella dando lugar a Kyoko.

Incluso hoy en día Afrodito con solo recordarlo se le llenaban los ojos de odio por eso pero siempre se suavizaban cuando recordaba a Xiren.

Xiren una encarnación de la belleza y la inteligencia, la inventora de la armónica quien Apolo atesoraba tanto como su lira, y que cuya belleza había traído a todos los dioses de rodillas algunos incluso afirmaban que era la diosa más bella del mundo. Eros siempre pensó que eran exageraciones pero después de ver este retrato ahora no estaba tan seguro.

—Incluso después de todos estos años no he podido olvidarla este retrato no hace justicia a ella en vivo—continuó Afrodito como si hablara para sí mismo—Esa noche que la conocí, las pocas horas que pasé con ella fueron las mejores de mi vida aunque eso de que dormí con ella no fuera cierto y fue con tu madrastra—eso último lo dijo con veneno.

Pero volvió a suavizarse.

—Por lo que sé Xiren se fue y Hefesto se puso el perfume pero las horas que hable con Xiren fueron reales y he de decir que jamás me sentí más conectado con alguien y eso que no me acosté con ella pero lo que sentí por ella jamás lo he sentido por nadie—

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Harmonía reía mientras la niña jugaba en el estanque con su hermana Kyoko sentada cerca de ellas estaba Hefesto que reía con ellas y participaba de vez en cuando.

La pobre niña llegó en una ocasión con heridas (sospechaba Hefesto que fueron obra de Enyo) y la diosa la curó y la cobijó en su hogar donde la recibieron Kyoko y Hermafrodito desde entonces la niña siempre venía y Hefesto empleó un papel maternal llenando un vacío en la joven diosa.

Hefesto sabía que no tenía por qué pero ella lo entendía después de sufrir la crueldad de su madre y ser acogida por Tetis no pudo quedarse sin hacer nada como Hermafrodito y Harmonía.

Pero un día las cosas fueron a mal cuando una joven increíblemente hermosa vino a su templo y le hizo una extraña petición.

—Mi señora Hefesto diosa de los artesanos os suplico ayuda hacedme fea por favor quiero que mi rostro sea horrible para cualquier ser—

La diosa se presentó ante la mujer sorprendida quien al saber quien era se arrodillo con la cara hacia el suelo en señal de respeto.

—¿Por qué querías eso? Tienes una belleza increíble—no lo entendía su falta de belleza le había ocasionado problemas desde que nació.

—No es por ofender mi señora pero para mi ha sido una maldición, mis hermanas me odian y me hacen la vida imposible no puedo salir a la calle sin que me acosen o ataquen incluso dicen que soy más hermosa que el dios del amor—dijo consternada.

Eso preocupó a la herrera, conocía bien el carácter vano y celoso de su esposo si encontraba a alguien que fuera más hermoso que él no se detendría ante nada para destruirlo, aunque si se encontraba con alguien muy feo lo trataba como basura como ha ella así de contradictorio era Afrodito.

—Mas hermosa que mi esposo hmmm, si es cierto el puede ser muy vengativo y eso provocará su ira pero te prometo que si llegara el caso te ayudaré pero será un gran sacrificio y con dolor—

La hermosa chica alzó sus ojos de medianoche llenos de lágrimas hacia la diosa.

—No me importa si con ello me libro de este tormento nunca pedí ser hermosa ni la atención solo a sido mi ruina, si con esto me dejan en paz por favor hazlo—

Hefesto entonces alzó un Poker ardiendo a rojo vivo la joven entendiendo solo se limitó a estar arrodillada y con los ojos cerrados, la diosa herrera tenía que admirar sus fuerza.

—Esto te dejará una cicatriz procuraré que no te duela pero una cosa esta marca se irá cuando encuentres a una persona que te ame por ser como eres no por tu aspecto y podrás ser feliz librándote de tu maldición—

Las palabras de su bendición salieron fluidas por si solas formando parte del tejido de las Moiras.

—Por ultimo joven ¿cual es tu nombre?—

—Psique—

Aquí decidí cambiar un poco la historia de Eros y Psique, aquí antes de que la princesa fuera llevada ante Eros, harta de la miseria que llevaba por su belleza le pide ayuda a la diosa herrera para que le conceda la fealdad, tanto Afrodito como Eros se llevarán una sorpresa.