Esta es una historia basada en los personajes del anime y manga Naruto y Naruto Shippuden. El resto es producto de mi imaginación. Espero les guste!

El Sol y La Luna (Oneshot)

Por Sofía Morrison

-Ya no llores, Sakura. – dijo Hinata, mientras abrazaba a la chica, acariciando su rosado cabello.

-No quiero, es que… - Sakura intentaba hablar, pero su voz se cortaba con el llanto. Sus ojos color jade estaban irritados y sentía que ya no tenia más lágrimas por derramar. – Nunca pensé que esto pasaría. No lo entiendo. – dijo y se abrazó más a Hinata.

Hinata la entendía, más de lo que quisiera. Ellas dos eran las más afectadas.

Un tiempo después de la guerra, el héroe rubio anunció a todo Konoha que daría un aviso muy importante para él. La especulación fue que probablemente sería nombrado el siguiente hokage, ya que todos en Konoha sabían de sus deseos de serlo desde que era un niño problemático.

Toda la aldea estaba reunida, incluido el actual Hokage con su traje típico. Hinata apenas podía contener su emoción, ella nunca jugó juegos de azar, pero en ese momento hubiera apostado a que Naruto se convertiría ese día en el siguiente Hokage. Su corazón latía y las manos le sudaban de ver a su eterno amor cumplir su más grande sueño.

Por otro lado, Sakura también se alegraba mucho por su amigo. Ella compartía el presentimiento de la Hyuga; Naruto todo el día anterior había buscado a la Haruno en el hospital, pero ella estaba tan apurada con sus labores diarias, que simplemente no pudo hablar con él.

Naruto al fin apareció, sonriendo con su nuevo brazo vendado. Empezó a hablar con voz fuerte, pero sonrojado y titubeando un poco. De pronto, Salió Sasuke, con su otro brazo vendado también, sin sonreír pero mirando a Naruto, asintiendo con la cabeza como mostrando su apoyo.

-La verdad es que… - dijo sonriendo fuertemente. – Sasuke y yo somos pareja, dattebayo.– anunció, después de sacudirse la cabeza riendo. Sasuke sonrió ligeramente, sin dejar de observar todas las reacciones con el Rinnegan.

Las palabras "pareja" sonaron con eco en la cabeza de Hinata y se desmayó en los brazos de un distraído Kiba.

Sakura, por otro lado, se cubrió la boca con las manos y miró a Ino, que estaba a su lado, tan sorprendida como ella. Luego volvió a mirar a Naruto y Sasuke y supo que no era broma. Aquello estaba realmente sucediendo. En el transcurso de dos minutos pasó por un sinnúmero de emociones, desde la ira, la tristeza, decepción, alegría y una enorme confusión. Empezó a sentir que se nublaba su vista y dejaba de oír, cuando sintió el brazo de Ino evitando que cayera al piso.

Las reacciones fueron polarizantes, ya que mucha gente dijo que era obvio mientras que para gente como Sakura y Hinata, el anuncio fue un balde de agua fría, cuando salieron el shock inicial. Los ancianos más conservadores se escandalizaron, pero aquellas quejas no llegaron a nada al darse cuenta que ni todos los líderes de los clanes juntos podrían enfrentarse a aquella pareja única. Si hubiera sido cualquier otro, no hubieran dudado ni un segundo en echarlos de la aldea, es por eso que nadie se había atrevido a salir tan libremente en una relación así. Pero Naruto y Sasuke no eran cualquier persona ni cualquier pareja.

Shino, Kiba y Akamaru llevaron a la Hyuga a su distrito, no sin antes hablar con el padre de Hinata, para que él entendiera la situación.

-Hinata lleva muchos años enamorada de él.

-Por eso creemos que será bueno asegurarse de que poco a poco supere la noticia.

-Entiendo. – dijo Hiashi. – Gracias por traerla y por informarme. Son buenos compañeros. – dijo dándoles una palmada en los hombros. Hanabi también estaba ahí y había escuchado todo. – Hanabi, ella te necesitará.

Cuando recobró la consciencia y supo que todo había sido real, Hinata suspiró un par de veces y lloró, con confusión y melancolía. Ella había aprendido a vivir pensando que Naruto jamás le correspondería y, ahora que entendía el motivo, se sentía un poco mejor. Aun así, lloró muchas noches más sintiéndose egoísta por querer estar a su lado. Pensó en Sakura. Ella lo estaba pasando peor.

Desde la noticia, mucha gente se había acercado a la ninja médico buscando conocer la historia de ese amor. En la aldea de la hoja, los habitantes habían pasado de la impresión inicial a una curiosidad invadiendo la privacidad de cualquiera que los hubiera visto de cerca. Sakura había dicho hasta el cansancio que ella no tenia idea, que quizás el estar tan enamorada de Sasuke la había cegado. Se dio cuenta que en realidad no lo conocía y eso le dolía mucho. Intentó hacer memoria una y otra vez, buscando entre sus recuerdos algún momento que denotara ese amor, pero todo parecía y no una señal. Ya no sabía qué había sido camaradería y qué amor.

Cuando el chisme se calmó un poco, Sakura se aisló más y más. Se enfocó en su trabajo en el hospital y el tener amistades fue algo secundario. Ino seguía visitándola, pero las misiones de la rubia evitaban que Sakura lograra abrirse, y Sakura difícilmente hablaba con alguien más. Agradecía que Naruto y Sasuke se fueran después de anunciar su secreto, ya que no hubiera sabido cómo comportarse con ellos. Escribió muchos y muchos borradores de cartas para Sasuke que siempre terminaron en el fuego. Claro que quería alegrarse por él, y por Naruto, pero todavía no llegaba a esa etapa. Seguía con un duelo agobiante.

Hinata, por otro lado, lloró a escondidas, sin que mucha gente le prestara atención más allá de sus compañeros de equipo y su familia. Se sentía mal por ver a Sakura sufrir lo mismo que ella, pero con mucha más gente alrededor, no para apoyarla, sino para sacarle información. Así como Sakura se enfocó en su trabajo, Hinata se enfocó en sus misiones, en ayudar a Hanabi y en vigilar a Sakura a la distancia, entre misión y misión. La pelirrosa siempre había sido la fuerte y ahora le tocaba a ella serlo. Decidió seguir el ejemplo de Naruto y esforzarse por ser feliz de saber que él era feliz.

Poco a poco, Hinata fue aprendiendo la rutina de Sakura, de su casa al hospital, del hospital a su casa, con alguna visita de Ino de vez en cuando. Siempre que no estaba de misión, comprobaba que Sakura estuviera bien. Empezó a hacer parte de su propia rutina esperar ciertos actos de Sakura, como alegrarse cuando la escuchaba tararear de camino al hospital cuando tenía un buen desayuno o tararear de vuelta a casa cuando había tenido una cirugía exitosa. Se sentía como una intrusa en su vida, como una acosadora, pero sentía una enorme necesidad de vigilar que todo estuviera bien con la Haruno. Además, cuando Sakura tenía un buen día, Hinata se sentía motivada a seguir ella también con su vida; no podía negar que la sonrisa de Sakura poco a poco le comenzó a alegrar el día. Un tiempo después, Hinata vio que Sakura empezaba a descuidar su alimentación, primero ya no cenaba y después, con Byakugan, veía que tampoco desayunaba. Un día, antes de una misión, fue al hospital y descubrió que casi no comía tampoco. Así que decidió ir a su hogar, con una canasta de comida preparada por ella.

-Tranquila, te entiendo. Tienes razón, llora todo lo que quieras. – le dijo Hinata. Le dolía ver a su amiga en tal estado y sobretodo sabiendo que no podía consolarla. ¿Cómo se consuela si uno sufre lo mismo que el otro?

-Gracias, Hinata. Yo sé… lo que tú sientes por Naruto… Solo contigo puedo desahogarme, porque sé que sufrimos lo mismo.

-Para nuestra mala fortuna.

-Me siento tan tonta. Tú te ves muy fresca y tranquila, y yo me desmoroné en cuanto te vi. – dijo Sakura, intentando secar su rostro.

-Yo… he llorado ya lo mío. Pero creí que necesitabas una amiga. La gente sobrelleva estas cosas de forma diferente.

-Tienes razón. Lo sé. Sé que debería estar tranquila, y superar esto. Sé que debería estar feliz por ellos, es solo que…

-Lo sé. No tienes que decírmelo.

-Aun recuerdo ese día. Naruto dijo que quería decirme algo antes, pero lo ignoré todo el día. Ahora sé que quería que yo lo supiera antes que todos. No sé si hubiera sido mejor o peor.

-Supongo que no tiene importancia ya.

-Cuando los vi juntos… cuando escuché el decir "pareja"… sentí que iba a desmayarme. – dijo Sakura, con una pequeña risa. – Fue tan surreal. Algo que solo pasaría en mis pesadillas.

-Yo me desmayé. Mi hermana me contó lo que sucedió después porque cuando reaccioné, Naruto y Sasuke ya se habían ido. – dijo Hinata. Sonrió como Sakura, no sabia si de amargura o de la ironía.

-Qué bueno que se fueron.

-A mí también me da gusto. No sé si verlos juntos me hubiera hecho sentir peor.

-Pero… no creo que tarden en volver. Ya van a ser casi tres meses. Me pregunto dónde estarán.

-No se fueron realmente. Los he visto con el Byakugan… apenas imperceptible, pero sí. Han estado viajando, pero sin alejarse mucho, supongo por si alguna amenaza llegara a la aldea.

-Sí, eso imaginé.

-¿No has… hablado con ellos desde eso? – preguntó Hinata. Ella había evitado a propósito todos los chismes referentes a ellos.

-No… he querido escribirle a Sasuke… pero nunca envío nada. A Naruto no sabría qué decirle, quisiera decirle que estoy feliz por él, pero… - su voz se cortó ligeramente, ya no quería seguir llorando.

Sakura suspiró. Agradecía que Hinata se hubiera enamorado de su amigo, porque el sentirse acompañada en su dolor, le daba un poco de consuelo. Empezó a comer los platillos preparados por Hinata, entre ellos unos Onigiris con la cara de Sakura.

-¡Soy yo! ¡Qué increíble! – dijo Sakura, sonriendo. - ¡Estoy idéntica! – dijo dando un bocado. – Y además, delicioso.

Hinata sonrió sonrojada.

-Me alegra que te gustaran. Debes comer si quieres estar mejor. – la regañó un poco Hinata.

-¿Cómo sabes que no he comido bien? – preguntó Sakura, sospechosa.

-No te enfades. – pidió Hinata, sonrojada. – Es que… me imaginé que estarías inquieta y… a veces te he vigilado. Lo siento mucho, Sakura Chan. – se disculpó. Su cara estaba mucho más sonrojada, pero agachó la cabeza.

-Rayos, debo ser una kunoichi terrible por no darme cuenta. – dijo con una mueca. – Gracias por preocuparte tanto por mí, Hinata. – dijo Sakura, tomando la mano de la Hyuga y sonriendo. Sentía una gran ternura al saber todas las molestias por las que había pasado Hinata para asegurarse de que ella estaba bien.

-No es nada. – dijo Hinata, sonriendo. - Oh, ya es tarde. Creo que debería irme, mañana tienes trabajo.

-Es cierto, te acompaño a tu casa.

-No, no te preocupes, Sakura Chan. Yo puedo ir sola. – dijo Hinata, tomando la canasta con las cosas.

-Nada de peros. Iré contigo, no me quedaría tranquila de otra forma. – dijo Sakura, arreglando su banda ninja y acomodando la comida en su habitación.

-Hace mucho no caminaba con alguien así. – dijo Sakura, mientras paseaban por Konoha.

-Supongo que es tu trabajo. Yo sigo teniendo misiones, aunque ya son mucho más tranquilas.

-Las extraño, pero el hospital me distrae mucho más. Aunque no estaría mal seguir entrenando. Podríamos entrar juntas… si quieres.

-Oh no, sé que tienes mucho trabajo. – dijo Hinata, apenada.

-Sí, pero me hará bien. Me gustaría, creo que seríamos una buena pareja. – dijo Sakura sonriendo y alzando su brazo mostrando su puño. De pronto, pensando en que Naruto y Sasuke ahora eran pareja, se sonrojó. – Vaya, no me refería a eso. – se rió, más sonrojada cada momento.

-Mmmh sí. – dijo Hinata, cubriendo su sonrojo con su largo cabello. Observó a Sakura de reojo, no recordaba que fuera tan alta o tan… atractiva. Se sonrojó más. Cómo podía pensar esas cosas de su compañera.

Sakura se aclaró la garganta, buscando olvidar lo recién sucedido.

-Entonces, ¿puedes mañana? Acabo mi turno a eso de las 7. Si no tienes misión o algo así.

-Claro. Llevaré más bocados para ambas. Podemos entrenar en el distrito Hyuga, si quieres. – propuso Hinata.

-De acuerdo. Entonces… supongo que te veré mañana. – dijo Sakura, sacudiéndose la cabeza con su mano, mientras se despedía en la puerta de la casa de los Hyuga.

-Hasta mañana, Sakura Chan. – se despidió Hinata, con una de sus sonrisas características.

Sakura se quedó inmóvil ahí hasta que se cerró la puerta, preguntándose por qué se había sentido nerviosa con Hinata. Ella era una compañera como cualquier otra, como Ino, sin embargo nunca se había sentido así. Se sacudió la cabeza de nuevo y empezó a caminar a su casa, pateando un par de piedras y pensando en que la joven Hyuga le había alegrado la noche. ¿Cuándo había sido la ultima vez que alguien se había preocupado tanto por ella?

-Regresaste temprano. – dijo la matriarca de los Haruno al ver llegar a Sakura.

-Solo fui a acompañarla. Buenas noches.

-Es una muchacha muy guapa. – dijo su padre. Sakura sonrió.

-Sí… Un momento, no porque Naruto y Sasuke estén juntos significa que yo… - empezó pero su madre la interrumpió.

-Solo queremos que seas feliz. No me importaría emparentar con los Hyuga. – le dijo con un guiño. Sakura giró los ojos y se fue a su habitación.

Siguió comiendo sus onigiris, pensando en que Naruto era un tonto por haber dejado ir a alguien como Hinata.

Hinata se encontraba con su hermana Hanabi, cepillándole el cabello.

-¿Cómo esta Sakura san? – dijo Hanabi.

-¿Cómo sabes que fui con ella?

-Te observé al llegar sin querer. Se veían bien… juntas. – Hinata se sonrojó y le dio un pequeño golpe en la cabeza con el cepillo.

-¿De qué hablas? Somos amigas solamente. Ella necesitaba apoyo.

-Tú también lo necesitas. Me tienes a mí, no lo olvides. – dijo Hanabi, abrazando a su hermana.

-Gracias. – dijo Hinata. Su hermana sabía bien qué decir para encontentarla.

-Descanso, descanso. – pidió Sakura. Definitivamente necesitaba más tiempo para volver a entrenar intenso.

-Toma, te sentirás mejor si comes esto. – Hinata le ofreció una pastilla de comida. Ella también estaba cansada, pero comía un poco más que la pelirrosa.

-Ahora veo que no estoy comiendo como debería.

-Vaya, me da gusto que lo aceptes. Come y seguiremos entrenando. – dijo Hinata. Se sentía muy contenta de entrenar con alguien ahí, recordando a Neji.

-¿Cómo puedes mantenerte en tan buena forma? – preguntó Sakura, mientras se sentaban juntas a comer una pastilla.

-Me alagas. – dijo Hinata, sonrojada. – Pero no lo estoy. Ahora que no esta Nejinissan, entreno con Hanabi o con mi equipo.

-Lo siento, Hinata. Neji era…. Bueno, tú lo sabes mejor que nadie. Lamento mucho su muerte. – dijo Sakura, tomándole la mano a Hinata.

-No te preocupes. Solo quiero que Nejinissan esté orgulloso de mí. – dijo, mirando al cielo. Sakura no pudo dejar de mirarla y sonreír. Sus grandes ojos lilas miraban al cielo y Sakura pensó de pronto en que era en verdad muy bonita. Sabía que Hinata siempre había sido una buena persona, pero se preguntó cómo podía existir una kunoichi con un corazón como el de ella. Sin duda ya no era la chica que lloraba y se avergonzaba por todo.

-Estoy segura que lo está. – le aseguró Sakura.

Las jóvenes siguieron entrenando los días siguientes que, poco a poco, se volvieron semanas. A veces, Sakura esperaba a Hinata en la entrada cuando volvía de una misión y Hinata frecuentaba el hospital solo para ver a Sakura, llevándole comida.

Un día, Hinata volvía de una misión, cuando Sakura se encontraba en la puerta, esperándola, vio que Hinata venía encima de Akamaru, desmayada. Sakura se alarmó y corrió hacia ella.

-¡¿Qué sucedió?! – preguntó, mientras bajaba a Hinata del perro gigante y la ponía en el suelo.

-En la misión, nos enfrentamos a ninjas que le lastimaron el pecho con un golpe en su red de chakra. – dijo Shino.

-Nos apresuramos para que un médico la viera, pero no ha recobrado la consciencia desde el golpe. – dijo Kiba.

Sakura quería llorar, pero decidió que no podía perder el tiempo. Con su ninjutsu médico, revisó a Hinata y se dio cuenta que necesitaba atención urgente.

-Debo llevarla al hospital. – dijo, tomando a Hinata entre sus brazos y corriendo a la aldea, antes de que Shino y Kiba pudieran hablar.

Una vez en el hospital, Sakura corrió a empezar a atender a Hinata. Estuvo casi una hora, revisando y arreglando la red de chakra de la Hyuga, quien se había quedado casi sin chakra. Estaba triste, preocupada y furiosa con Kakashi por haber mandado a Hinata a una misión donde había terminado tan herida. Ni por un segundo se le cruzó la posibilidad de Hinata no viviera. Simplemente no podía imaginar su vida sin ella, no quería, se negaba a que algo así sucediera. En ese momento, supo que daría su vida por protegerla y, sin detenerse a examinar la intensidad de sus emociones, siguió.

Shino, Kiba y la familia de Hinata ya estaban en el hospital, esperando saber el estado de la chica.

-Vamos, Hinata, no me puedes dejar. – dijo Sakura, esperando al fin una reacción de la joven.

Hinata suspiró. Seguía débil pero comenzaba a recobrar la consciencia. Abrió sus enormes ojos lilas y al ver a Sakura, lloró. Sakura lloró y la abrazó.

-Hinata… - decía entre gimoteos. – Pensé que te perdería. No vuelvas a asustarme así. – dijo, abrazándola tan fuerte que temió lastimarla. Hinata lloró al ver a la joven tan preocupada.

-Sakura… perdón. – dijo, avergonzada.

Sakura dejó que Hinata descansara, mientras les pedía a las enfermeras informar del estado de la joven. Ella necesitaba descansar por la cantidad de chakra que había invertido.

Más tarde, Shino y Kiba visitaron a la Hyuga.

-Hubieras visto a Sakura. Estaba tan pálida, te bajó de Akamaru y te llevó como si no pesaras nada. – dijo Kiba. Hinata se sonrojó.

-No recuerdo haberla visto así de alterada. – dijo Shino.

-Le debo mi vida. – dijo Hinata, pensando en la Haruno.

-Bueno, la paciente debe descansar y mañana podrá irse. – dijo Sakura, entrando a la habitación. Shino y Kiba se fueron, prometiendo regresar mañana para acompañarla a su casa.

-Sakura chan… no sé… no sé cómo agradecerte… - dijo Hinata.

-No vuelvas a hacerlo. Yo… no sé qué haría sin ti. – dijo Sakura, tomando su mano. – Debemos entrenar más para que esto no pase nunca. ¿Me lo prometes?

-Lo prometo. – dijo Hinata, limpiando un par de lágrimas.

Hinata salió a su casa al día siguiente, con un montón de recomendaciones de Sakura. Poco a poco, retomaron sus entrenamientos, con Sakura siempre al pendiente del estado de Hinata y la Hyuga esforzándose al máximo para mejorar.

Las familias de ambas se acostumbraron a ver a la otra en sus hogares casi diario y se alegraban de ver a las chicas salir poco a poco de la depresión en la que estaban.

Hanabi estaba muy feliz de ver a su hermana mayor contenta, entrenando con más ánimo y energía. Hiashi le agradecía mentalmente a la joven Haruno porque Hinata había mejorado bastante en sus ataques y en el control de chakra desde que entrenaban juntas, además de los esfuerzos que había hecho en el hospital. Incluso había invitado a Sakura a cenar con ellos, sobretodo para conocer mejor a Sakura.

-Mmmh estas… son para ti. – dijo Sakura, ofreciéndole unos girasoles a Hinata, tratando de desviar la mirada y quitarle importancia al asunto. Hinata se sonrojó y se quedó sin palabras un segundo. – Yo… siempre que vamos a visitar a Neji, llevas esas flores. Así que… pensé que te gustarían. – dijo Sakura. Por un momento dudó de su acción.

-Gr gr gracias, Sakura Chan. – dijo, tomando el ramo y ocultando su cara entre su cabello. – Son… mis favoritas. – confesó, abrazando las flores a su pecho.

-Oh ¡qué bien! Solo es un pequeño detalle para la cena de hoy.

-Gr gracias. – dijo Hinata. Habían acordado verse en la florería y llegar juntas a la cena en el distrito Hyuga.

-Me pregunto si le agradaré a tu padre. – dijo Sakura, arreglando su vestido camino al distrito Hyuga. Se había puesto el vestido más nuevo que tenía, con el símbolo de los Haruno en la espalda.

-Por supuesto. Ya le caes bien, solo quiere agradecerte por mi mejora en los entrenamientos. El vestido se ve bien, no te pongas nerviosa. – dijo Hinata, riendo un poco.

Sakura suspiró. Hacía mucho tiempo que no le importaba lo que otra gente pensara de ella, pero se sintió tan insegura como cuando era niña y le hacían burla por su enorme frente. Recordando eso ultimo, intentó cubrir su frente, dejando la pequeña gema lucir, ya que ese era uno de sus mayores logros y quería que los Hyuga lo supieran. Se preguntó por qué le importaba, pero miró a Hinata. Le importaba porque ellos eran importantes para Hinata. Y… ¿por qué le importaba tanto Hinata? Alisó por décima vez su vestido.

-Primero que nada… - empezó Hiashi, a la cabecera en el comedor, cuando ya todas estuvieron sentadas. Habían preparado un modesto pero elegante banquete para Sakura. – Quiero hacer un brindis por Sakura Haruno. – dijo, alzando su copa. Sakura se sonrojó completamente, mirando a Hinata, quien le sonreía con emoción. Hanabi alzó su copa. – Gracias por todo lo que has hecho por mi hija. Salud. – dijo.

Las tres jóvenes brindaron, tomando de sus respectivas copas.

-Al contrario. Hinata ha sido la que me ha ayudado, yo estoy muy agradecida. – dijo Sakura. Ahora fue el turno de Hinata de sonrojarse.

La cena transcurrió con normalidad, poco a poco Sakura fue perdiendo la pena y contando anécdotas del hospital y sus pacientes. Hinata la miraba con admiración, sentía un gran orgullo de escuchar lo excelente médico que era Sakura. Hiashi Hyuga reconoció el gran valor y fuerza de la joven que venía de un clan común y corriente, y ahora había conseguido un sello que pocas tenían y había sido entrenada por una Sannin. Sabía que una amistad así sería muy benéfica para su hija. Hanabi, por otro lado, observaba la situación en silencio. Le daba mucho gusto ver al fin a su hermana así de alegre, pero… ¿por una amistad o por algo más?

-Bueno, eso Salió muy bien. – dijo Sakura, en la puerta del distrito Hyuga.

-Salió excelente. ¡Le caíste muy bien! – dijo Hinata con alegría. No era que necesitara la aprobación de su padre para su amistad con Sakura, pero se había sentido orgullosa de que su padre reconociera las habilidades de su amiga.

-Qué gusto. Mañana me cuentas qué te dice tu padre. Quizás no fue muy prudente que retara a Hanabi a que me golpeara para usar el sello. – dijo señalando su joya. Hinata rió.

-No lo fue pero a todos nos divirtió que Hanabi lo intentara. – dijo y ambas rieron.

Sakura se avergonzó después de hacer semejante reto, pero Hanabi aceptó al instante y Sakura, aunque se sintió un poco presumida, también se enorgulleció de estar ilesa después de un golpe con un gran chakra. Ella era impulsiva, pero nunca tanto y se preguntó por qué había querido lucirse así.

-Bueno, mañana es tu turno. Mis padres te invitan a cenar. – dijo Sakura sonriendo, como si quisiera cobrarse la vergüenza.

-¡Oh! No me habías dicho nada. – la acusó Hinata. – De acuerdo, ¿qué debo llevar? ¿Qué me pongo? ¿A qué hora llego? – preguntó Hinata, repasando mentalmente su ropa para encontrar algo lindo.

-¿Quién es la nerviosa ahora? – se burló Sakura. Hinata se sonrojó, agachando el rostro. – Podrías traer un postre, a mi familia le gustan. Cualquier cosa que te pongas estará bien, siempre te ves linda. Y te veré allá a las 5. – dijo Sakura, mientras le daba la espalda para irse. Hinata seguía sonrojada, sin mirarla. – Gracias por la cena. ¡Hasta mañana! – le gritó Sakura, al empezar a caminar rumbo a su hogar.

Hinata se despidió con la mano, viendo a la joven perderse en el camino. Suspiró. Sintió sus manos hormiguear de nervios, por cenar con la familia Haruno al día siguiente. Se preguntó lo que pensarían de ella y supo que quería dar una muy buena impresión.

Al llegar la cena, Hinata iba con un vestido lila, con el símbolo de los Hyuga en la espalda. Llevó un pastel que ella misma había hecho, se arregló el cabello y practicó un par de frases frente al espejo, esperando quitarse el tartamudeo de su adolescencia.

-¡Qué gusto! ¡Pasa por favor! Oh, ¡qué linda te ves! ¡Ah y nos trajiste un pastel! ¡Se ve tan rico! ¿Verdad que sí? – dijo la madre de Sakura, sonriéndole a su esposo.

-Gracias por venir, Hinata. Nos sentimos muy honrados con la amistad que le has brindado a nuestra hija. – dijo el padre de Sakura. – Cuídala siempre. Cuídense mutuamente. – dijo, alzando su vaso. Hinata se sonrojó, solo pudo asentir con la cabeza y beber su trago. Sakura le sonrió a través de la mesa.

La joven Haruno se alegró, sin entender muy bien, al ver que Hinata se había arreglado tanto. Se veía realmente muy bonita. Se preguntó por qué nunca antes había notado lo bonita que era Hinata y se sintió culpable por no haberla conocido tanto antes.

-Te quedó delicioso el pastel, Hinata. Tienes un gran sazón. – dijo Sakura, comiendo su segunda rebanada de pastel. Sus padres asintieron, mientras seguían comiendo.

–Un día serás una gran esposa. – dijo el padre de Sakura.

La Haruno se sintió un poco molesta de pensar en quién sería el infeliz suertudo que se casara con Hinata. Hinata, por otro lado, se quedó muda, recordando que esas mismas palabras se las había dicho Naruto hacía ya muchos años atrás. Se sonrojó como en aquel momento pero, también sintió cierta tristeza, al pensar que casarse ya no era un anhelo suyo.

La noche siguió y Sakura se ofreció, como siempre, a acompañar a Hinata a su casa.

-¿Sabes? Lo que me dijo tu padre… so so sobre ser una… gran esp esp esposa… - dijo, maldiciendo su tartamudeo. – Me lo dijo Naruto, cuando éramos niños. – le confesó. La miró atenta, esperando una reacción.

-Idiota. – dijo Sakura, apretando su puño. – Lo siento, Hinata. Mi padre no lo dijo con mala intención, yo también creo que es verdad. Naruto es un idiota. – dijo, y seguía sintiendo un gran enojo.

-No te preocupes. No creo que sea… idiota. Solo pues… no soy su tipo. – dijo, sonriendo.

Sakura sonrió.

-Tienes razón. Aunque Sasuke kun y tú se parecen un poco. – dijo Sakura, mirando al cielo. Intentaba recordar la cara del Uchiha. – Ambos tienen el cabello oscuro, la piel blanca como la nieve, ojos un poco… melancólicos. Como la luna. – dijo, señalando al satélite natural, que brillaba iluminando toda la aldea. – Esa noche que te apareciste en mi casa… eso pensé. Yo estaba tan triste y tú… brillaste.

Hinata se sonrojó fuertemente. No recordaba la ultima vez que alguien la había descrito de una forma tan bonita.

-Gr… gracias, Sakura san. Ahora que lo mencionas… yo creo que Naruto kun y tú son como el sol. Ambos… iluminaron mi día cuando más lo necesitaba. Naruto kun… fue mi primer amor y sentí que nunca lo olvidaría. Agradezco todo lo que me hizo sentir para superarme pero… tú eres realmente el sol porque en el momento más triste, en mi día a día, me hiciste sentir mejor. Me salvaste la vida… – dijo apenada. Lo había dicho en voz tan baja que ninguna persona a 3 metros hubiera escuchado. – La luna… no podría brillar… sin el sol. Y tampoco yo….

Fue el turno de Sakura de sentir arder sus mejillas. Jamás había recibido un alago así, y lo sentía más intenso porque sentía que Hinata le decía la verdad.

-Hinata… yo… - empezó a hablar Sakura. Hinata seguía muy sonrojada por lo que había dicho, aun no estaba segura de cómo había podido decir algo así.

-¡Llegamos! – dijo, intentando no verla a los ojos. – Gracias por todo, Sakura Chan. – empezó a entrar al distrito, aun en la entrada.

-Gracias a ti. ¿Te veré mañana?

-No, mañana tengo una misión de reconocimiento. Pero volveré en dos días.

-Oh, cierto. De acuerdo, entonces… mucha suerte mañana. Espero vuelvas bien, recuerda lo que practicamos. – dijo Sakura, despidiéndose con la mano.

-¡Gracias! – dijo Hinata, entrando ya de lleno a su hogar. Corrió a su habitación y se quedó recargada en la puerta con los ojos cerrados. ¿Por qué había cortado lo que Sakura quería decirle? ¿Por qué había dicho cosas así? Ella no era así. Se tocó el pecho, sintiendo su corazón latir a un ritmo mucho más rápido de lo normal. ¿Por qué se sentía así?

Sakura caminaba a paso lento a su casa. Se metió las manos a los bolsillos. ¿Así es como Hinata la veía? Miró el cielo y sonrió, pensando en que era cierto, Hinata era como la luna. Su corazón latió muy fuerte, escuchando en su mente las palabras de Hinata. Se sonrojó, alguien en el mundo pensaba que ella era como el sol. ¿Alguna vez había recibido un mejor alago? Sonrió, pensando en que ella "iluminaba" a Hinata. ¿Qué había querido decirle a Hinata? Ni ella misma estaba segura. Si la Hyuga no la hubiera interrumpido, ¿qué le hubiera dicho? Los nervios se le juntaron en el estómago y de pronto, pensando en que Hinata se iría de misión, la empezó a extrañar.

-¡Hinata! ¿Qué haces aquí? ¿Pasó algo? Pensé que volvías mañana. – preguntó Sakura al abrir la puerta de su hogar.

Sus padres habían salido a una segunda luna de miel ahora que veían a su hija mejor, así que Sakura estaba sola. Eran las 3 de la mañana.

Hinata se veía preocupada y algo cansada.

-Tengo que hablar contigo.

-Claro, pasa.

Hinata entró y se sentó en la sala de la joven. Suspiró, tomando valor, sujetando sus rodillas con sus manos.

-Naruto y Sasuke ya vienen. – Sakura abrió los ojos de sorpresa. Se sentó a su lado.

-¿Qué? ¿Cómo lo sabes? – le preguntó.

-Los he visto con el Byakugan, a veces se acercaban y volvían a irse, supongo que comprobando que todo estuviera bien con la aldea. Pero esta noche, cuando veníamos de vuelta de la misión, seguían avanzando sin irse. Estaban en la entrada cuando dejé de verlos y vine hacia acá.

-¿Puedes ver dónde están ahora? – le preguntó Sakura, pensando que quizás se habían vuelto a ir. Hinata activó el Byakugan.

-Están en el distrito de los Uchiha. Parece que… están dormidos. – dijo y miró hacia otro lado.

Sakura suspiró. Unas lágrimas querían salir, sin saber exactamente por qué, cuando miró a Hinata.

-No llores, Hinata. – le dijo, abrazándola. La Hyuga lloraba y temblaba como una hoja.

-No sé por qué me siento así, tan nerviosa, no puedo dejar de temblar. – dijo llorando en su hombro.

Sakura la entendía y la abrazó más fuerte.

-Te entiendo. Hace mucho tiempo no los vemos, pero no pasará nada malo. Yo estoy contigo. – le susurró al oído, apartando el largo cabello oscuro. Tenía miedo de invadir la intimidad de la joven, pero supuso que, por la ocasión, lo permitiría.

-No sé qué haría sin ti… no sabes cómo me has ayudado. – le confesó Hinata entrecortado por el llanto.

-Siempre estaré contigo. No permitiré que te pase nada. – dijo Sakura, abrazándola cada vez más fuerte. Su corazón crecía, sintiendo una enorme necesidad de Hinata, de cuidarla y protegerla, mataría con un puñetazo a quien la lastimara. – Te lo prometo. – dijo y le besó la mejilla.

Hinata se quedó en shock con el beso. Se sonrojó de pies a cabeza y se cubrió la cara con las manos. Sakura se dio cuenta de su atrevimiento y se separó de ella.

-Perdóname. Yo… no sé qué pasó. Fue… - dijo Sakura, dándole la espalda a Hinata. Se regañó por ser tan idiota y haber hecho sentir incomoda a Hinata. – No sé qué fue. Lo siento.

-Sakura, yo… - empezó a hablar Hinata, pero se cayó. No sabía exactamente qué decirle y su sonrojo no se había ido por completo. Intentó actuar normal. – No fue nada, es solo que nos… nos… nos tenemos mucho cariño. – se sintió tonta, mal momento para su tartamudeo.

Sakura sonrió.

-Sí, eso es. Aun así, lo siento.

-Ven, siéntate conmigo. – le pidió Hinata, sonriendo.

Su rostro seguía ardiendo, pero ya estaba un poco menos nerviosa, por lo menos ya no se desmayaría. Sakura le sonrió y le hizo caso, sentándose a su lado. Hinata tomó su mano, entrelazándola.

-Sakura Chan… yo…

Sakura interrumpió a Hinata. Miró los ojos color lila y, por un segundo, toda su mente se aclaró. Se preguntó en si se veía siendo pareja de alguien y Hinata fue quien apareció en su cerebro. Pensó en la gran esposa que Hinata sería, pero quería que fuera su esposa, solo suya. Se había enamorado de ella. En el calor de su revelación, decidió darle un beso a Hinata de nuevo, pero esta vez en los labios. Hinata se quedó inmóvil, sin reaccionar, hasta que, sin romper el beso, abrazó a Sakura.

-Estoy enamorada de ti. – le confesó Sakura al terminar el beso, sin dejar de abrazar a Hinata por la cintura.

-Yo… yo… - Hinata maldijo su timidez.

-No sé cómo pasó, en qué momento… solo sé que eres lo mejor que me ha pasado. El día que te vi herida… sentí que moriría. Nunca podría vivir sin ti. No quiero separarme de ti, no quiero dejarte sola nunca. – Sakura se refugió en el pecho de Hinata. No quería darle la cara por miedo al rechazo. Ni siquiera con Sasuke había tenido tanto miedo al confesar sus sentimientos. Empezó a llorar un poco, no quería saber que Hinata no le correspondía y que había arruinado su amistad.

-Yo… yo… tampoco quiero separarme de ti. Quiero que… estemos juntas. – dijo Hinata, con una voz que sonaba como un susurro.

-¿Qué dijiste? – preguntó Sakura, mirándola a los ojos, confirmando la confesión que le acababa de hacer.

-Yo… estoy enamorada de ti, Sakura Chan. – dijo Hinata, cerrando los ojos por la vergüenza, con la cara roja. Sakura abrió la boca por la sorpresa, sus lágrimas seguían pero el motivo ahora era felicidad.

-¿En verdad? – le preguntó la joven. Hinata solo pudo asentir con la cabeza. -Oh Hinata… - dijo, sin poder dejar de sonreír, y la abrazó.

Le tomó las mejillas, la observó con sus ojos cerrados, y la besó, mientras su mente solo podía sentir que esto era lo más tierno que había hecho nunca antes. Ambas eran inexpertas, nunca habían besado realmente y Hinata apenas si podía moverse por los nervios y la vergüenza.

De pronto, Hinata sintió cómo Sakura la sentaba en su regazo, mientras seguía besándola. Hinata seguía inmóvil, con su cerebro y corazón a mil por hora. Juntó valor para poder separarse un poco y tomar aire.

-Sakura… yo… tus padres… - dijo al oído de la Haruno. Sakura sonrió, dándole pequeños besos en las mejillas y orejas.

-No están. Estamos… solas. – dijo, volviendo a besarla en los labios.

Hinata sintió arder más su rostro, mientras seguía besando a Sakura, con un poco más de libertad pero también más miedo, por lo que poco a poco empezaba a sentir.

Despertaron juntas, luego de una larga noche de palabras de amor y besos inocentes. Ambas sabían que se amaban y querían tener algo formal, como Naruto y Sasuke, antes de pasar al siguiente nivel.

-Buenos días, novia. – dijo Sakura, provocando que Hinata se escondiera debajo de las cobijas.

-Buenos días, Sakura Chan.

-¿Cómo que Sakura Chan? ¿Qué hay de "novia"? – le dijo Sakura regañándola entre broma.

-Digo… buenos días… novia. – dijo Hinata, aun escondida.

-Eso esta mejor. – dijo Sakura, con una enorme sonrisa en su rostro. Miró el reloj. – Hinata, tu padre debe estar preocupado. – dijo, saliendo de la cama para cambiarse de ropa. Hinata se sonrojó al mirarla. La noche anterior no habían hecho realmente mucho, de hecho se habían quedado dormidas con la ropa que traían, y ya había visto a Sakura en alguna ocasión sin ropa, pero se sentía avergonzada de verla y sentir… deseo. Se sonrojó más. ¿Cómo podía sentir deseo si Sakura ni siquiera estaba desnuda? Ese pensamiento la sonrojó aun más.

-Re re recuerda que… estaba de misión. Mi padre cree que vuelvo hoy. – confesó, mientras salía de la cama. Se preguntó si sería bueno cambiarse de ropa o mejor quedarse así. Le daría mucha vergüenza cambiarse frente a Sakura.

-Es cierto. Bueno, estoy lista. ¿Quieres desayunar? – le preguntó sonriendo. - ¿Qué pasa?

-Sakura… lo de anoche… ¿qué haremos? ¿Cómo… cómo le diremos a nuestra familia? – preguntó Hinata, un poco asustada.

-¿Tú te… arrepientes de lo qué pasó anoche? – le preguntó Sakura. Se moriría si Hinata respondía afirmativamente pero tenía que saber.

-¡No! Lo que dije anoche… es cierto. Es lo que siento. – dijo, sonrojada. – Pero… no sé cómo reaccionen los demás.

-¿Y qué importa lo que ellos digan? Que se vayan al diablo. – dijo Sakura, haciendo un ademán con el puño.

-Sakura, yo…

-¿Quieres que lo ocultemos? ¿Te avergüenza? – dijo Sakura, un poco decepcionada y triste.

-No. Quiero poder estar contigo libremente. Como Naruto kun y Sasuke kun. Es solo que… temo la reacción de mi clan. – confesó. Sakura suspiró y se sentó a su lado en la cama.

-¿Por qué no… hablamos con Naruto y Sasuke? Quizás ellos… tengan algún consejo o nos apoyen. – propuso Sakura. – Eso si… si es que ya no sientes nada por Naruto. – dijo, mirando a la Hyuga en sus ojos lilas, queriendo leer su mente. Hinata sonrió.

-Claro que siento algo por él. Fue mi primer amor y siempre lo querré de cierta forma. – dijo sonriendo. Sakura se volteó, dándole la espalda y cruzando los brazos, pensando en golpear más que nunca a aquel rubio. – Pero… - dijo, abrazando a Sakura por la espalda. – Ahora mi corazón le pertenece a una chica.

Sakura sonrió y acarició los brazos de Hinata, que la rodeaban por la espalda y se detenían en su pecho.

-Más le vale a Naruto no intentar nada contigo. – dijo, mirándola muy seriamente. Hinata sonrió.

-¿Celosa? ¿Qué hay de ti? ¿No… no sentirás algo al ver a Sasuke kun? – preguntó Hinata, soltando el abrazo.

-¡No! Solo le agradeceré porque por él me gustan las de cabello oscuro. – dijo, dándole un beso en la mejilla. – Entonces, ¿vamos?

-Vamos. – dijo Hinata, con un guiño y otro abrazo. Se preguntó desde cuándo era tan efusiva.

-¡Sakura chan, Hinata chan! – exclamó Naruto, alzando las cejas y abriendo los ojos con gran sorpresa. - ¿Cómo supieron que estábamos aquí? – preguntó sonrojado. Miró hacia dentro del departamento donde estaba, buscando a Sasuke.

-Primero que nada, tengo algo para ti. – dijo Sakura, golpéandolo en la cabeza, mientras Naruto ponía cara de dolor y hacia una mueca.

-¡Oye! Eso no era necesario. – dijo él, aun apenado. Hinata rio un poco con la escena.

-Eso fue por ocultármelo. – dijo Sakura. Después, le dio un golpe en el estómago, que tiró a Naruto. – Y eso fue… por romperle el corazón a Hinata. – Hinata se sonrojó mucho, mirando a Sakura. Naruto también se sonrojó, evadiendo la mirada de las dos chicas.

-Los encontramos con el Byakugan. Perdón por espiarlos, pero queríamos hablar con ustedes. Trajimos algo. – dijo Hinata, mientras mostraba la canasta que tenía en los brazos. Naruto sonrió.

-Pasen, pasen. Déjenme llamar a Sasuke. ¡Sasuke! ¡Sakura chan y Hinata chan vinieron! ¡Sal! – gritó el rubio. Sasuke llegó tan serio como siempre y se sentaron todos en la sala de la que fue la casa de Sasuke, se encontraban en el distrito de los Uchiha.

-Sakura chan… Lamento mucho que… yo quería decirte antes pero… - empezó a disculparse Naruto.

-Lo sé, no te preocupes. Lo entiendo. – lo cortó Sakura. – Sasuke yo…

-Lamento si… lo que pasó te lastimó de alguna forma. Nosotros no… no lo planeamos así. – dijo Sasuke, manteniendo su inexpresividad.

-Gracias, Sasuke. Eso significa mucho para mí. – dijo Sakura, sonriendo al saber que su primer amor estaba finalmente con alguien que lo haría muy feliz. Sintió como Hinata le tomaba la mano. – Nosotras… tenemos algo que queremos compartir con ustedes.

-Sakura chan y yo… somos pareja. – dijo Hinata, sonriendo mientras miraba a Sakura y le ponía un mechón de cabello detrás de la oreja.

-¡Wow! ¿En serio? ¡Ustedes! ¡Qué sorpresa! – dijo Naruto, poniéndose de pie y sin borrar su gran sonrisa. - ¡Me da mucho gusto! Sakura chan, más te vale portarte bien con Hinata, eres demasiado brusca para ella.

-¡Oye! Dilo de nuevo y te volveré a golpear. – dijo Sakura amenazando con su puño.

Sasuke se levantó de su lugar, para estrechar la mano de Hinata en un apretón. Esto de expresarse le costaba trabajo.

-Felicidades. Necesitarás mucha paciencia, pero seguro valdrá la pena. – dijo Sasuke, mirando a Hinata. Sakura lo abrazó, sabía que la quería, solo de una forma diferente.

Naruto abrazó a Hinata, mientras ella mentalmente se despedía de ese amor que había sido tan importante para ella.

-Naruto kun… yo… gracias por haber sido mi primer amor. – confesó la Hyuga, dándole la mano a Sakura. – Me da mucha felicidad verte con Sasuke kun, sé que serán muy felices juntos. – dijo, secándose un par de lágrimas.

-Solo que… queríamos su consejo para hablar con la familia de Hinata. – dijo Sakura, apretando la mano de Hinata.

-Mmh eso sí que es complicado. – dijo Naruto, suspirando.

-Será mejor que lo hablen con Kakashi. Necesitarán su apoyo también.

-¡Cierto! Eso fue lo primero que hicimos nosotros. – dijo Naruto, recordando la escena. – Lo hubieran visto. Primero estaba seguro que era una broma, después nos dijo que siempre fue obvio. – rió y su risa contagió a Sasuke, quien también sonrió.

-El clan Hyuga es muy tradicionalista. Pero con el apoyo del Hokage y como tú no eres la heredera del clan…

-Nosotros también las apoyaremos, dattebayo. – dijo Naruto, sonriendo. – Además con tu sello, no podrán matarte de cualquier manera.

-Pero no queremos que llegue a eso. – dijo Sakura, enseñando su puño.

-No es una decisión sencilla. Para nosotros fue más fácil porque sabíamos que nadie se opondría. Hinata, tienes que estar dispuesta a luchar por eso. – dijo Sasuke, mirando a ambas.

-Lo… lo haré. – dijo la joven Hyuga. – Gracias a ambos.

-Entonces creo que lo mejor será ir con Kakashi y quizás mañana con tu familia. – dijo Sakura. – Gracias.

-Bueno, entonces vamos todos. Nosotros también tenemos que ir con él para retomar responsabilidades. Y podríamos ir a comer ramen para celebrar mañana o pasado mañana.

-Vamos. – dijo Sakura. Las dos parejas salieron del distrito Uchiha. Hinata era la más nerviosa, pero el apoyo de ellos 3 la hacia sentir mucho más tranquila. No estaba sola después de todo.

-Bueno, ¡buena suerte! Nos vemos mañana o pasado en el ramen. – dijo Naruto, sonriendo. Sasuke asintió con la cabeza, mientras ambos entraban al despacho de Kakashi.

La pareja Hyuga Haruno acababa de salir. Les había ido muy bien con Kakashi, quien le dijo que no le sorprendía su declaración y, desde Naruto y Sasuke, se imaginaba que vendrían muchas más así.

-Hay muchas parejas así en Konoha, pero siempre han estado ocultos por los prejuicios actuales. Espero que esto cambie un poco gracias a Naruto y Sasuke. No tienen por qué seguir escondidos. Tienen todo mi apoyo. Mañana las acompañaré con Hiashi Hyuga y el resto del clan. Quizás sería bueno que tus padres estuvieran al margen, Sakura. También le pediré a Tsunade sama que nos acompañe.

-¿Cree que Tsunade sama esté de acuerdo? ¿Será necesario? – pregunto Sakura, un poco temerosa.

-No es necesario, pero ella fue tu maestra. Y claro que estará de acuerdo. Yo hablaré con ella hoy. Le diría a Kurenai, pero temo que el clan Hyuga piense que llevamos un equipo para pelear.

-De… de… de acuerdo. – dijo Hinata. – Gracias, Hokage sama. – dijo, haciendo una reverencia.

-No hay problema. – dijo Kakashi, con un guiño. – Nos veremos mañana en el distrito Hyuga. Una cosa más. – dijo, escribiendo algo en un papel. – Toma, llévaselo a tu padre. Para que sepa que iremos y no lo tomemos por sorpresa. – Hinata tomó el papel y lo guardó en sus bolsillos.

-Gracias, Kakashi sensei. Nunca le podremos pagar esta ayuda. – dijo Haruno y ambas reverenciaron. – Ahí nos vemos.

-Mmh. Díganle a Naruto y Sasuke que pasen.

-¿Estás nerviosa? – le preguntó Sakura a la Hyuga, mientras caminaban al distrito de la segunda. Hinata asintió con su cabeza.

-Yo… te prometo que… lucharé por nosotras. – dijo, secando sus lágrimas.

-No llores. – dijo Sakura, abrazando a la joven. – Todo saldrá bien. Lo prometo. – le dio un beso en la mejilla.

Ese día las jóvenes se despidieron temprano. Hinata sabía que sería mejor que su padre recibiera la nota lo antes posible. Además, quería contarle a una persona muy especial.

-Nunca creí enamorarme así, Nejinissan. Me pregunto qué pensarías tú. – dijo Hinata, mientras se sentaba cerca de la tumba. – Quizás no hubieras estado de acuerdo en un principio pero… no te imagino en mi contra. – dijo y sonrió, pensando en lo gracioso que hubiera sido contarle a su primo. Seguro le hubiera hecho una gran escena pero la hubiera apoyado frente a su padre. De eso no tenía dudas.

Sakura, por otro lado, no lograba concentrarse en su turno en el hospital, por lo que pidió permiso para irse temprano. Agradeció que no estuvieran sus padres en la aldea. Era mejor que ellos supieran después. Suspiró, recostada en su cama. Sonrió pensando que Hinata era perfecta, algún defecto debía tener, y ese defecto era su familia. Se tocó el sello en la frente, recordándose a sí misma que no le harían daño a ella, pero la que realmente le preocupaba era su novia.

-¿Lista? – dijo Sakura, en la entrada del distrito Hyuga. Llevaba su ropa de diario y se veía nerviosa, pasando su mano por sus cabellos constantemente. Su novia se veía mucho más pálida que de costumbre.

-Li… lista. – dijo, esforzándose por sonreír. Temblaba por todo su cuerpo, no había podido dormir por la ansiedad y se abrazó fuertemente a Sakura. – Todo saldrá bi bi bien. – dijo, tartamudeando más.

-Así es. – dijo la Haruno, sobando la mano de Hinata para demostrarle su apoyo. Pasarían por eso, pero lo harían juntas. - ¿Ya llegó Kakashi sensei?

-Aún no. Supongo no debe tardar. Ven, pasa.

Las jóvenes se quedaron hablando en el patio. Los Hyuga estaban terminando de limpiar el distrito para recibir al Hokage, aunque aun no tenían claro a qué se debía su visita.

-Kakashi sensei. – dijo Sakura, haciendo una pequeña reverencia al verlo en la entrada. – Tsunade sama, yo… gracias. – dijo, mientras continuaba con la reverencia.

Sakura y Hinata sonrieron al ver que ambos estaban dispuestos a apoyarlas.

-Bien. No perdamos más tiempo. Vamos. – dijo Tsunade, abrazando a Sakura.

La joven se sintió en confianza, con la protección y aceptación de su maestra. Le sonrió y limpió un par de lágrimas de su rostro, sintiéndose la niña que le rogó un día entrenarla. Hinata pensó en Kurenai, pero ya que todo esto acabara, ella iría a su casa para contarle todo. Solo esperaba que reaccionara igual que Tsunade. También pensó en Neji, le hubiera gustado que estuviera ahí. Sonrió con melancolía al ver a Sakura, y suspiró, dándose valor.

-Gracias por su visita, Hokage sama y Hime Tsunade, que es un honor tenerlos aquí. Pero quisiéramos saber a qué debemos este gran honor. – dijo Hiashi, una vez que todos se reunieron en la sala de reuniones de los Hyuga. Había un pequeño banquete junto con sake para todos los invitados, pues en su nota Kakashi dijo que iría con otra persona.

Kakashi miró a Sakura, para que ella pudiera hablar.

-Hyuga san, Hinata y yo queremos darle una noticia. – dijo, palmeando ligeramente la espalda de Hinata. Hanabi no podía hablar por la enorme curiosidad que sentía por la situación.

-Padre… Sakura y yo… - dijo, pero empezó a dudar. Miró a Sakura, quien le sonrió. Tenía a su sol a lado, ¿cómo podía dudar? Sonrió. – Sakura y yo nos amamos y queremos estar juntas.

Todo el salón se quedó en silencio unos segundos. Hiashi mantenía su inexpresividad, mientras Sakura deseó tener el Rinnegan para leer la situación. Kakashi decidió romper el silencio.

-Nosotros hemos venido en muestra de apoyo a ambas.

-Confiamos en que ustedes les brindarán el mismo apoyo. – dijo Tsunade, con un guiño a Sakura.

Todos miraban atentos la reacción de Hiashi, quien seguía callado, cuando de pronto miró a su hija.

-¿La amas?

-Con toda mi vida, padre. – dijo Hinata, sosteniendo la mirada. Hiashi se levantó y caminó lentamente a la ventana.

-Vaya vaya… nunca me imaginé que algo así sucedería. El… el consejo será un dolor de cabeza. Pero… si se aman… - dijo, mirando a su hija. Hinata sonrió, comenzó a llorar y se levantó a abrazar a su padre.

-Gracias. – dijo, permitiéndose llorar un poco más en su pecho. Hiashi se conmovió. Se separó de Hinata y volvieron a sentarse.

-Debo admitir que… no era lo que tenia en mente. Y tampoco el consejo.

-Sakura Haruno es mi mejor discípula, tiene uno de los mayores cargos en el hospital y logró despertar el sello de Yin. Ella es un gran partido. – dijo Tsunade, dando un trago a su bebida.

-Claro. Eso es cierto. Cuando se casen, ¿llevarás el apellido Hyuga? – le preguntó Hiashi a Sakura. Sakura y Hinata se sonrojaron. No habían hablado de casarse, mucho menos de apellidos.

-Yo… haré lo que Hinata me pida.

-Bien. En ese caso, esta arreglado. Llevarás el apellido Hyuga cuando contraigan matrimonio. Si alguna vez… adoptaran hijos… ellos también llevarían ese apellido y serían entrenados aquí, con Hanabi como la líder del clan. Hinata, debido a que tu pareja se une a tu clan, deberás apoyar a Hanabi. Yo hablaré con el consejo primero. Después, querrán conocer a la joven Haruno, podríamos hacer un combate de demostración. Será bueno que para ese momento… ya tengan una fecha para la boda.

Sakura y Hinata estaban impresionadas con la reacción de Hiashi. Había mucho por hacer, pero parecía que él también las apoyaba.

-Excelente. Cuando sea la presentación de Sakura frente al consejo, yo la acompañaré. – dijo Tsunade.

-Parece que todos estamos de acuerdo. – dijo Hiashi de nuevo. Seguía serio, sobretodo por el gran trabajo que representaba hablar con el consejo. Pero… ya había perdido a mucha gente valiosa, que no había sabido valorar, como su sobrino Neji. No quería perder a su hija. Haría todo lo posible para convencer a los ancianos y, si no, sabía que a Hinata poco le importaría renunciar al clan mientras él la apoyara. Y la apoyaría siempre.

-¡Felicidades! ¡Y bienvenida a la familia! – dijo Hanabi, alzando su vaso.

Sakura y Hinata rieron, llorando un poco. Estaban tan felices, que no podían dejar de sonreír ni llorar.

-Hyuga san… yo quisiera… pedirle permiso para… - Sakura tomó aire, tomando la mano de Hinata. – Casarme con su hija. Le juro que seré la mejor esposa para ella. – dijo, tratando de mirar a los ojos a Hiashi.

Hiashi sonrió. Se sentía conmovido. Ni en sus sueños más locos imaginó que una mujer diría eso por su hija, pero vaya, cosas más extrañas pasaban todos los días.

-Daré mi consentimiento. Por el del consejo no respondo. Pero el mío lo tienen. Siempre y cuando se cumpla con los acuerdos que dijimos.

-Claro. Muchas gracias. Nunca podré agradecerle suficiente. – dijo Sakura. Hinata le sonrió a su padre y sintió su corazón llenarse de orgullo.

-Vaya, eso fue… increíble. – dijo Sakura, caminando a la tumba de Neji de la mano de Hinata.

-Estoy tan contenta. – dijo Hinata, balanceando la mano de la Haruno.

-Nunca pensé que sería una Hyuga. – dijo, mirando el símbolo de Hinata. – Así que… ¿casarnos, eh?

Hinata se sonrojó, cubriendo su rostro con las manos.

-Si tú no… - Sakura la detuvo. Ya habían llegado a su destino.

-Quería pedirlo… frente a Neji. Quiero que él nos de su bendición. – dijo Sakura, arrodillándose. – Hinata, ¿te casarías conmigo? Te prometo que siempre te cuidaré y curaré tus heridas y comeré todo lo que me prepares. Siempre protegeré a mi luna. – dijo, sacando un pequeño anillo con el símbolo de los Haruno. Sakura lo había llevado para representar a su clan pero le parecía el anillo perfecto para la propuesta.

Hinata comenzó a llorar, mirando el anillo.

-Sí… - dijo, mirando a Sakura y sonriendo. Se probó el anillo, y abrazó a su novia. – Te amo.

-Te amo, novia.

-Yo te amo más, novia.

Años más tarde, con el séptimo Hokage tomando su lugar, muchas parejas del mismo sexo pudieron expresar su amor libremente. Al principio, cuando Naruto llegó al puesto, varios ancianos se opusieron, incluyendo a los señores feudales. Pero después de la unión de los demás kages como Gaara, decidieron que lo mejor era no crear una guerra por esto. Seguían existiendo personas en contra, pero los que lo expresaban o tenían actos violentos contra las parejas, eran expulsados de la aldea. Sasuke comprobaba que se mantuvieran al margen y, de esta manera, seguir cada quien con sus vidas.

Las bodas de ambas parejas fueron muy discretas y privadas, sin embargo en compañía de los seres queridos y muchas felicitaciones.

Naruto y Sasuke habían decidido vivir en el distrito Uchiha, y también habían adoptado a un joven llamado Kawaki. Un día, Orochimaru se presentó en la oficina del Hokage.

-Qué gusto verte, Sasuke kun. – dijo, sonriéndole a su antiguo aprendiz.

-Es una sorpresa que estés aquí. Dinos, ¿qué pasa? – dijo Naruto. Desde la cuarta guerra ninja, Orochimaru había sido perdonado por sus crímenes pero vivía fuera de la aldea, vigilado por Yamato.

-Les tengo una propuesta. Más bien… un regalo de bodas. – dijo, sonriendo. – Muy atrasado, pero sé que les gustará. Verán… creo que podría hacer que tengan un hijo.

Sasuke y Naruto se quedaron mudos, abriendo la boca en gran asombro.

-¡¿Qué?! ¿Cómo? ¿De qué hablas? – preguntó Naruto. Sasuke lo vigilaba en silencio, tratando de adivinar si es que acaso mentía.

-Puedo intentarlo. Si quieren, claro.

Naruto miró a Sasuke. Tenían un nivel de compenetración en el que, con la mirada, sabían lo que pensaba el otro.

-No quiero a un niño monstruo o algo así. – dijo Naruto. Orochimaru rió.

-Nada de eso. Sería un niño común y corriente… tan común y corriente como se puede ser con ustedes como padres.

-Yo te vigilaré. Empezarás mañana. – dijo Sasuke.

-¡Himawari! ¡Se te hace tarde! – gritó Hinata desde la cocina. Estaba preparando el almuerzo de su hija, ya que hoy sería su primer día en el colegio. - ¡Baja!

-¿Aun no están listas? – preguntó Sakura, dándole un beso a su esposa, mientras tomaba su desayuno.

-No entiendo por qué siempre son impuntuales las dos. – dijo Hinata. – Se parecen a tu sensei. – dijo, con una sonrisa. Sakura, que ya estaba sentada en su comedor, se giró para verla.

-Se perdieron en el sendero de la vida. Por cierto, hoy nos invitaron Naruto y Sasuke al cumpleaños de Boruto. Yo no tengo turno completo, entonces puedo pasar por ti e irnos todos juntos.

-Excelente. Más tarde iré a comprar el regalo de Boruto. Es increíble lo parecido que es a su padre.

-Más el sharingan.

-Ya estamos listas. – dijo Memory, la hija mayor de la pareja. Tenía el cabello rosa, como Sakura, y el Byakugan de la familia de Hinata. Era alta y esbelta, con el cabello tan largo como Hinata en su adolescencia. Todos comentaban que era idéntica a Hinata, excepto por el color de cabello.

-Yo también. – dijo Himawari, quien tenía el cabello negro y los ojos jade de Sakura. Ella era su hija menor. Se acomodó los listones del cabello, mientras abrazaba a Hinata.

-Recuerda que estará ahí Sarada, para que le ayudes en sus deberes. – dijo la joven madre. – Al menos ya tendrás una amiga en el colegio.

-¡Sí! – dijo Himawari, brincando hacia Sakura, para sentarse en sus piernas y abrazarla.

-Bueno, debo irme al hospital. Pero vendré temprano para lo de Boruto. – dijo Sakura, poniéndose una chaqueta encima con el escudo Hyuga. Después de su boda, había cambiado su nombre a Sakura Hyuga y usaba el escudo en su ropa. – Las veré más tarde, tengan un gran día y aprendan mucho. – dijo, abrazando a Himawari y despeinando un poco a Memory. – Suerte con Hanabi. – dijo, dándole un beso a Hinata.

-¡Suerte! – dijo Hinata, despidiendo desde la puerta a su esposa y a sus dos hijas.

Hinata sonrió. Sakura era la directora del hospital y ella lideraba el clan junto con Hanabi, ya que habían desaparecido el tema de la rama principal y secundaria. La familia vivía en el distrito Hyuga y así podía atender a su familia y mantener su trabajo con el clan. Estaba contenta por el cumpleaños de Boruto, el segundo hijo de Naruto y Sasuke. Ellos habían tenido tres, Kawaki el mayor, que habían adoptado, Boruto y Sarada, también se alegraba mucho por la amistad entre las dos familias.

-Olvidé algo. – dijo Sakura, entrando a su casa. Tomó su almuerzo y le robó otro beso a Hinata. – No quiero olvidar nunca tus besos. – dijo, mientras la besaba un poco más. Hinata estaba demasiado sonrojada para hablar. No importaba que ya tuvieran varios años de casada, se seguía avergonzando como cuando eran adolescentes. – Te amo, Luna.

-Te amo más, sol. – le dijo Hinata, despidiéndola con la mano en la puerta de su casa.

Fin…

No puedo creer que me animara a escribir esta historia. Quería mantener la historia previa pero agregarle más detalles y al final quedó esto. Gracias al Enterrador, porque su comentario en la primera historia me inspiró para esta. Espero les gusten los ships. Díganme qué les pareció y gracias por leer!