Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 13

Edward

Reí.

Bella miraba las luces navideñas con el ceño fruncido. Como si no conociera el uso exacto o función de ellas, también observaba las decoraciones inflables con mucha curiosidad.

— ¿Qué haremos? —preguntó—. No se supone que las casas ya tienen luces navideñas, ¿qué caso tiene añadir más?

— Esto consiste en ser ingenioso —respondí— entre más luces y decoraciones tenga la casa, más probabilidades hay de ganar.

Se mantuvo pensativa sin quitar la vista de todo el desorden del ático.

— Mamá contrata profesionales para decorar —articuló muy bajo mientras sus hombros se alzaban y se hundían— ahora entiendo el porqué.

— No pienses que haremos lo mismo, no podemos hacer trampa.

— Bien, no la haremos ¿por dónde empezamos?

— Por desempolvar los inflables.

Se puso de puntillas y alargó sus brazos removiendo unas cajas de los estantes que estaban frente a ella; el polvo cayó en forma de llovizna sobre su rostro, arrugó la frente y quizá maldijo, mas se mantuvo firme con mucha paciencia a pesar de estar desaliñada y sucia.

Corrí hacia ella y limpié rápidamente su bonita cara, mas nunca me fijé que el trapo estaba sucio y húmedo, así que grandes manchas de barro se atenuaron en su piel.

— Oh, lo siento —me disculpe intentando borrar las manchas con mis dedos sucios.

— Déjalo, sé que me veo ridícula.

Negué.

Era sumamente adorable con su mal humor. Tanto, que besé la punta de su nariz y ella sonrió al tiempo que envolvía sus brazos alrededor de mi cadera.

Podíamos pasar el día abrazados, sin hacer nada más que besarnos, acariciarnos y estar tumbarnos en un sofá conociendo nuestros cuerpos y conectando con nuestra piel. Sin embargo, por extraño que pareciera nosotros seguíamos sin tener relaciones sexuales y no es que no hubiese ganas, era más bien una especie de burbuja que ambos no queríamos romper.

Estábamos en un juego de cachondeo donde por el momento los dos nos encontrábamos bien y disfrutando.

— Vayamos —tiré de su mano.

El día lo pasamos entre el ático, el patio y la fachada de la casa aprovechando que había dejado de nevar.

Me divertí internamente con Bella y su mal carácter a punto de explotar porque era la mujer más impaciente que había conocido y simplemente las decoraciones navideñas no eran su fuerte.

Porque no concebía que ella solo tomara las luces entre sus manos y las dejara sobre el pasto sin intención de ponerlas en ningún lugar. La vi poner las manos en sus caderas y observar como si fuese el logro más grande que hubiese hecho en decoraciones.

También estaba el hecho de que usara los caramelos en forma de bastón y los colgara de los árboles como si fueran manzanas. Era inconcebible cuando las instrucciones decían que eran para adornan el camino a la entrada principal porque eran solares y por ende en la noche servirían de linterna. Pero no, ella no seguiría unas malditas instrucciones de fábrica, ¿por qué habría de hacerlo? Ella pondría los jodidos bastones donde le diera su gana.

¿Y los inflables? Bueno, esos al menos tenían un lugar en el patio delantero. Aunque hubiera monos de nieve, renos y Santas a dos céntimos de distancia, uno encima de otro y no se pudiera caminar. Era lo de menos cuando existía el espíritu navideño en el patio y las ganas de competir.

Por mi parte seguía en el tejado, alineando cada lucecita en el techo cuando la algarabía irrumpió mi concentración: eran Angela y Ben que gritaban felices junto a sus hijos; aplaudían y silbaban por haber finalizado sus decoraciones.

La iluminación era buena. Mejor que el año pasado con un inflable de oso navideño que doblaba el tamaño de los nuestros.

— ¡Ellos no han ganado!, ¿verdad? —Bella gritó desde su lugar, apenas y apreciaba su silueta perdida entre los grandes inflables.

— No, pero es obvio que nos llevan ventaja porque pueden añadir más cosas.

Se cruzó de brazos con ese gesto de molestia. Odiaba ir en desventaja, era un hecho que le gustaba competir, pero detestaba perder.

— ¿Cuánto tiempo tenemos?

— Debe estar terminado para el siguiente sábado y los ganadores saldrán un día antes de Navidad —respondí.

— ¡Tenemos tiempo! —Exclamó convencida.

— ¡Hola, Bella! —Allie, mi sobrina saludó mientras adentraba en el patio. Había dejado de llamarla señora tacaña gracias a que yo se lo pedí—. ¿Por qué los bastones están en los árboles?

— Hola, Blancanieves —respondió Bella con una sonrisa— porque se ven más divertidos y bonitos, ¿no te parece?

— Pero esos van en el patio, mami los pone en el camino a la entrada —Allie aseveró señalando su casa, luego rascó su corta melena oscura y frunció los labios—. Papi está encargando muchas decoraciones en Internet, dijo que está vez ganaremos.

— ¿Más decoraciones? —Indagó Bella—. ¿Eso está permitido?

Encogí mis hombros porque tampoco sabía.

— ¡Sí está permitido! —respondieron al unísono mis otros sobrinos. Jair y Jared, hermanos de Allie.

— ¿Por qué todo está tan… extraño? —preguntó Jared siendo el más hablador— tienen poco sentido esos bastones colgando de los árboles, no son manzanas.

Bella suspiró viendo hacia todos lados. La mayoría de los vecinos habían encendido sus nuevas luces navideñas y demás decoraciones, eran cientos de luces iluminando los hogares y patios de nuestro alrededor, por supuesto menos nosotros que habíamos iniciado de nuevo por tercera vez.

Tal vez para una persona que no tiene idea de cómo se decora un patio es demasiado para soportar.

Decidí bajar del tejado y acercarme.

— No soy muy buena para decorar —Bella aceptó— llevo años lejos de toda esta época.

— ¿Por qué? —preguntaron los niños más interesados en saber de ella.

— Cuando te vuelves adulto —Bella respondió en voz baja— hay cosas que olvidas; un día no volví a interesarme en decorar un árbol y perdí la ilusión de desenvolver un regalo. No celebro nada de esto, bueno, llevo tiempo sin hacerlo.

— Wow… tu vida suena muy aburrida —expresó Jared—. Seguramente nunca has asado malvaviscos al calor de una fogata, ¿a qué no?

Llevé un brazo a los hombros de Bella y la abracé con fuerza.

— No, no lo he hecho —admitió ella.

— ¿Qué estás esperando? —Jair preguntó siendo más tímido—. Podemos enseñarte si quieres, también puedes ir con nosotros al bosque y jugar carreras en la nieve.

— ¡Síí! —chilló Allie—. ¡Vamos, Bella!

Entre los tres tiraron de las manos de mi novia queriendo arrebatarla de mi lado, pero no se los permití.

Bella sonrió. En su mirada había indecisión, posiblemente se debatía entre dejarse llevar y no.

— Lo siento, niños —comentó—. Debo seguir decorando el patio, le prometí un televisor a su tío.

Quise rodar los ojos. Ella no se quedaría con las ganas de deslizarse en la montaña de nieve, no lo haría y menos se perdería la experiencia de asar malvaviscos en una fogata mientras soportas el intenso frío que sientes quema tu piel.

— ¿Quieren que los lleve? —me ofrecí como buen tío.

Bella de inmediato se lanzó a mi espalda y se colgó de mí envolviendo sus piernas en mi cadera.

Lo dije, ella no quería perderse una nueva aventura.


Hola, espero que les guste el capítulo y tengan ganas de seguir leyendo, prometo regresar pronto con otro capítulo más.

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