Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 14
Edward
Me quedé sin aliento y casi al borde del colapso al verla desplazarse con facilidad en la gran montaña de nieve.
Era Bella montada en una simple tabla hecha por mis sobrinos y sin ningún tipo de protección. Ella había querido aventurarse jugando con ellos. Ahora estaba como una niña sin poder detenerse.
Corriendo hacia un lado y otro. No parecía importarle su apariencia, pues llevaba días sin arreglarse el cabello y sin usar siquiera maquillaje, era simplemente una mujer disfrutando de la estadía que le ofrecía el pueblo.
La vi deslizarse con las manos en alto, gritar y luego caer de la tabla para quedar con la cara enterrada en la nieve.
Mi corazón se aceleró.
— ¡Bella! —Grité corriendo hacia ella.
Mis sobrinos también corrieron a verla sin importar que nuestras botas se enterraban en la nieve volviendo nuestros pasos pesados.
— ¿Está muerta? —preguntó Allie.
No pude contestar como debería porque me preocupé por Bella, la tomé lentamente y la ayudé a levantar su rostro; primero le quité algunos mechones rubios de su cara.
— Bella, ¿estás bien?
Ella parecía aturdida, luego de mirar hacia todos lados sonrió ampliamente.
— Eso fue genial —respondió sin enfocar sus ojos en mí—. Vayamos otra vez.
— ¡Síí! Los chicos gritaron.
— No, Bella —negué ayudándola a incorporarse—. La fogata está hecha y prefiero que comas malvaviscos asados, que verte de nuevo deslizarte por la montaña.
Ella no podía apoyar su pie y empezó a cojear mientras se aferraba de mi brazo.
— Es divertido —articuló— tenía tiempo sin hacer grandes hazañas. ¿Me viste?
Asentí.
Le ayudé a sentarse sobre una roca y examiné con cuidado su pie al quitar su bota. Ella se quejó cuando empecé a moverlo con suavidad.
Su tobillo estaba rojo y empezaba a hincharse.
— ¿Te duele? —pregunté.
Fue que sus ojos se enfocaron en los míos; sus dientes habían apresado su labio inferior con fuerza.
— Dime la verdad —insistí.
— Sí, me duele —respondió—. Ya pasará el dolor mañana.
Suspiré. Debería llevarla en brazos hasta el hospital.
— ¿Sabes lo que haré si no pasa el dolor?
— No te atreverás —me retó—. Es solo una ligera molestia, seguramente mañana estaré mejor, anda deja de ser un amargado y dame un malvavisco.
Bella tenía el tino para hacerme encabronar y amarla al mismo tiempo.
Allie fue quien la ayudó y le mostró cómo asar los malvaviscos. Nos sentamos todos alrededor de la fogata que había hecho minutos antes.
— ¿Cuándo nacerá el bebé? —preguntó Jared, manteniendo sus cejas muy juntas mientras nos miraba en espera de una respuesta.
— ¿De qué bebé hablas? —inquirí.
Bella no respondería porque estaba entretenida con el fuego y su malvavisco. Y también porque cuando se hablaba de un tema sobre nosotros ella prefería hacerse la desentendida dejando que yo me hiciera cargo.
— Todos dicen que tendrán un bebé —aseguró Jair sintiéndose en confianza.
— Es cierto —se entrometió Allie al tiempo que mordía una galleta—. Sue dijo que por eso Bella estaba engordando.
— ¡Qué demonios! —Reaccionó Bella demasiado indignada, reí—. Esa mujer se ha vuelto loca, ¡yo no estoy engordando!
— Dijo que tus careras estaban más anchas —insistió Allie mientras sus hermanos reían de su mala pronunciación.
Bella intentó ponerse de pie y demostrar que ella seguía perfecta, pero su dolor fue evidente al hacer una mueca y no lograrlo. Ella trastabilló y fue que la sostuve por su pequeña cintura.
— ¿Estás bien? —quise saber.
— Sí… yo solo —dudó—, tengo frío.
Rodé los ojos. Era tan terca que estaba convencido necesitaría toneladas de paciencia con ella.
La abracé, cobijando su cuerpo con mi cazadora.
— ¿Quieres que vayamos a casa?
Levantó su mirada; sabía que no quería irse, sus ojos no mentían.
— Lo siento, nena —la cargué en brazos estilo novia. Ella no se quejó en ningún momento, al contrario se refugió en mi pecho—. Vámonos, chicos. Ayúdenme a apagar la fogata.
Nadie protestó. Los copos de nieve empezaban a caer en forma de llovizna tupida sobre nosotros. Una vez que me ayudaron a levantar todo volvimos de nuevo a casa.
Una vez que me cercioré de que mis sobrinos volvieran con mi hermana sanos y salvos, llevé a Bella a casa, directamente a su habitación.
La dejé sobre la cama y empecé a quitar su calzado. Necesitaba confirmar que estaba bien, en ello estaba cuando empezó a removerse.
— ¿Empezarás a quitarme la ropa? —su pregunta sonó más a invitación.
— ¿Quieres que lo haga? —le seguí el juego.
Se removió en la cama sensualmente y deslizó lentamente el cierre de su cazadora sin quitar sus ojos de mí.
— Creo que los dos queremos, Edward.
Me incorporé y sin dejar de ver su cara de sorpresa me empecé a desvestir delante de ella. Sabía que le gustaban mis tatuajes y por ello me deleitaba mostrárselos para tentarla.
Me devoró con su mirada y sabía lo que esperaba ver, pero hoy no fue posible.
— No te rías —fingí enojo.
— Esperé ver esos calzoncillos con estampado de jengibre en pleno mes de junio —se burló.
Solo que ahora no quería bromear, quería enterrarme en ella.
Tiré fuertemente de sus piernas y la arrastré por en medio de la cama, ella había soltado un grito de sorpresa.
Desabotoné su pantalón y lo bajé por sus piernas hasta dejarla libre de tela, luego sin esperar deslicé sus bragas de encaje por sus muslos.
— Eres demasiado brusco —dijo al mismo tiempo que le quitaba la bonita blusa que vestía.
— Así te gusto, ¿no?
Tiró de mi rostro y me besó logrando que cayera sobre su cuerpo, sus piernas abiertas me recibieron.
Me deleité con sus senos los cuales apreté con mis manos escuchándola jadear al probarlos. Bella se retorció debajo de mí.
— Por favor, Edward —rogó.
Elevé mis ojos, mirándola. Su rostro estaba sonrojado y su semblante parecía gritar que necesitaba ser follada.
— Sabes lo que pasará si terminamos teniendo sexo —dije—, romperémos la burbuja que hemos creado, Bella.
Ella comprendió porque sus manos estuvieron en mis mejillas.
— No importa. Estoy lista para crear otra burbuja contigo.
— ¿Estás segura?
Sus piernas se abrieron lo más posible.
— Maldita sea —exhalé, llevando mi polla erecta a su entrada— no puedo negarte nada, Bella.
No hubo demoras ni alargamos el momento, tan solo me enterré en su centro llenándola de mí y embriagándome con su calor. Juntos empezamos un vaivén mientras su estrechez me abrazaba con fuerza queriendo todo de mí.
Su lengua recorrió mis hombros haciéndome estremecer, no iba a durar y sería vergonzoso. Casi como la primera vez que estuvimos juntos.
— Ahh, Edward, no te detengas —gimió.
Mis embestidas fueron más certeras, más vigorosas y fuertes al igual que mis jadeos. Ella seguía rogando debajo de mí, quería más fuerte.
— Edward, necesito más rápido.
Mis caderas obedecieron por sí solas.
Gemí.
Llevé mis dedos a su clitoris, jugué y pellizqué haciéndola gritar como poseída.
Y maldita sea. Iba a terminar... lo hice.
Descargué dentro de ella y en seguida miles de dudas asaltaron mi mente.
— Bella, ¿te estás cuidando?
Su semblante palideció saliendo del trance orgásmico en el que estaba.
— Mierda —maldijo y juré que iba a patearme lejos. Llevó una mano a su pecho y miró mis ojos—. No estoy tomando anticonceptivos.
No. Ella no podía estar hablando en serio.
Bueno, ninguno pensó en protección y reaccionaron algo tarde, ya veremos lo que harán. ¿Quieren leer el siguiente? Ojalá y si para volver mañana.
Infinitamente agradecida con su apoyo; favor, follows, reviews y lectoras silenciosas, todo cuenta y es una gran aliciente para seguir escribiendo.
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