Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 15

Bella

El aire empezó a faltar.

Caminé en círculos por la habitación, no podía respirar. Tampoco soportaba el dolor del tobillo. Vaya, no podía caminar bien.y para colmo estaba desnuda, enredada con una manta a cuadros.

— Bella, tranquilízate —Edward sujetó mi mano—. Inhala y exhala, nena, hazlo lentamente.

Hice lo que me pidió. Traté de tranquilizarme porque si no lo hacía sabía que vendría un ataque de asma. En todos los años había aprendido a manejar y controlar cada ataque que surgía.

Edward me acercó el inhalador y yo lo puse en mi boca.

Había sido tan idiota, realmente estúpida en no pensar, en dejarme llevar y cometer la infamia de no usar protección. Era imperdonable que a mis años ocurriera, era imposible de creer de una persona como yo.

Sacudí la cabeza.

— ¿Estás bien?

Miré sus ojos y asentí.

— Quiero ir a una farmacia —susurré agitada—. Necesito… comprar…

— Calma —me interrumpió Edward sosteniendo mi rostro en sus manos—. Primero vamos a tranquilizarnos, respira nena.

Necesitaba comprar la pastilla del día después. Tenía que hacerlo y mi desesperación por gritarlo era evidente, me sostuve de sus fuertes bíceps y boqueé.

— Respira lentamente —insistió—. Uno, dos, tres, cuatro, cinco…

Empezó a contar de diez en diez hasta que estuve bien. Para eso quizá pasaron algunos veinte minutos cuando me relajé por completo.

— Necesito comprar la pastilla del día después —al fin lo dije.

— Bella, de verdad discúlpame, yo pensé… qué… —exhaló— ni siquiera pensé. Fui un imbécil que me dejé llevar.

— Los dos lo hicimos, fuimos irresponsables, pero no me arrepiento de lo que sucedió. —No sabía de dónde habían salido esas palabras, tal vez eran lo más real que podía decir por el momento.

Edward me dio una sonrisa socarrona.

— Yo tampoco me arrepiento —admitió—. ¿Cómo sigue tu pie?

— Créeme que por ahora es lo de menos, necesito una farmacia.

Besó mis labios y las mariposas se sintieron aletear en mi vientre bajo. ¿Qué me pasaba?

— Bien, vamos.

Entrelazados nuestros dedos y soportando el dolor del maldito tobillo no dije nada solo me detuve abruptamente recordando que estaba desnuda y que Edward solo vestía un bóxer.

— Lo mejor sería vestirnos —le recordé. Ambos reímos.

.

Tardamos cuarenta y cinco minutos en llegar a la farmacia del pueblo. La chica pelirroja llamada Kate, así decía la tarjeta con su nombre. Abrió la boca apenas vio a Edward ingresar al lugar, fui testigo de cómo disimuladamente desobotonó dos botones de su blusa y asomó medio cuerpo por el mostrador.

Nefasta.

— ¡Hola, Ed! —saludó mostrando sus grandes dientes color perla, ah, y también sus tetas que estaban por salir de su blusa—. ¿Qué te trae por acá?

Edward suspiró sin dejar de tirar de su pelo cobrizo.

— A ver… Kate —pronuncié el nombre con suficiente enfado— quiero una pastilla del día después.

La pelirroja pestañeó hacia mí dándose cuenta de mi presencia, apenas logró darme una mala mirada y continuó masticando de forma vulgar su goma de mascar mientras seguía babeando por Edward.

— Kate —dijo Edward— ¿puedes poner atención? Necesitamos la maldita píldora del día después. Es urgente —siseó.

La chica parpadeó.

— ¿Vienen juntos? —preguntó.

Mi paciencia estalló y dejé caer un puñetazo en el mostrador. ¿Qué parte de que necesitábamos una pastilla no entendía?

— ¿Hay o no? —Logré preguntar, la mujer era exasperante en todos los sentidos.

Frunció los labios y dejó frente a mí la caja color blanco con morado.

— También dame una botella de agua —pidió Edward—, y cobrame todo junto.

Caminé primero saliendo de la claustrofóbico lugar; la nieve seguía cayendo y el frío calaba en la cara, me abracé. Edward llegó y torpemente abrió la caja tendiendo para mí la pequeña píldora que tomé en mis dedos.

Estaba celosa. Jodidamente celosa de solo pensar que Edward pudo estar… Negué.

Dios. Me estaba volviendo loca, ¿cómo puedo llenarme de celos por una simple mujer tetona?

— ¿Dime que no has estado con ella? —pregunté.

Edward enarcó las cejas, mirándome divertido. ¿De qué se reía?

— ¿No leerás las instrucciones?

Su cambio de tema me hizo enojar.

— Edward, te hice una pregunta.

Levantó sus palmas y negó.

— No. Nunca he salido con Kate. Ella es solo una vieja amiga que está confundida porque una vez le ayudé con un neumático de su coche, pero sabe perfectamente que no hay interés alguno por ella, ¿contenta?

Arrugué la nariz mientras observaba la minúscula pastilla en mis dedos.

No estaba contenta, para nada. Estaba que reventaba de celos de solo pensar con cuántas mujeres se ha relacionado. Odiaba imaginar que seguramente existían muchas en su lista. Y que ellas al igual que yo, tuvimos la bendita dicha de haber disfrutado su cuerpo y sus jodidos movimientos y ni hablar de sus jadeos que todavía prevalecían en mis oídos como un jodido recordatorio de lo buen amante que era.

Lo observé. Edward solo me miraba sin comprender absolutamente nada.

Nunca he hecho nada arriesgado. Bueno, ese monólogo ya lo hablé, pero estaba el hecho de que algo dentro de mí me decía que no tomara la pastilla.

Era estúpido, por supuesto.

Entonces, antes de dejarme llevar por estupideces abrí la boca dispuesta a tragar la pastilla.

— ¡Hola muchachos!

Me estremecí por el gritó de la señora Sue, había dejado una palmada en mi espalda con demasiada fuerza como si tratase de extraer un pulmón. La pastilla cayó de mis dedos en la blancura de la nieve acumulada.

Edward miró lo que acababa de ocurrir y sus ojos estaban en mis pies, buscando la maldita pastilla, inclusive se acuclilló para encontrarla.

— ¿Qué buscan? —preguntó la señora Sue uniéndose a Edward sin importar que sus rodillas hicieran unos ruidos extraños, como si sus huesos estuvieran por desarmarse—. ¿Qué se perdió?

— Una pastilla —articuló Edward.

— ¿No es más fácil comprar más? —inquirió Sue buscando entre la nieve.

Suspiré.

No iba a enojarme.

— Vámonos, Edward —susurré.

— Nena, iré a comprar otra —se incorporó, pero yo sujeté su mano.

— Con una vez no pasará nada —aseguré encogiendo mis hombros—. Vámonos, debemos terminar la decoración.

Los ojos de Edward me escudriñaron. Su confusión era evidente ante mi negativa de comprar otra pastilla.

— Iré con ustedes —Sue enganchó su mano en mi brazo, le sonreí—. ¿Cómo están muchachos? —preguntó confianzuda— ¿cómo va ese bebé?

— ¿Quieres chocolate caliente? —ofrecí. Ella asintió sonriente.

¡Al diablo la maldita píldora!


Bueno, una de ustedes mencionó que a Bella todo le salía mal. Aún así ella está pasando un buen tiempo con Edward y parece que quiere mantenerse así de feliz. Infinitas gracias por dejarme llegar a los 700 reviews este capítulo es en agradecimiento.

Gracias siempre:Kasslpz, Torrespera172, Lizzye Masen, Valeria Sinai Cullen, ALBANIDIA, Smedina, Adriana Molina, aliceforever85, Lily Pattinson Stewart, OnlyRobPatti, Noelia, Adriana Molina, Diannita Robles, Dulce Carolina, NaNYs SANZ, Gabby352, LOQUIBELL, Pepita GY, NarMaVeg, Daniela Masen, Patty, lilibeth2013,Ary Cullen 85, Flor McCarty-Cullen, marisolpattinson, Cassandra Cantu, Noriitha, EmilyChase, karo29, tulgarita, jupy, Rosemarie28, Cary, Edbell Mansen, maries24, somas, Estefania Rivera, saraipineda44, Lili Cullen-Swan, mrs puff, rociolujan y comentarios Guest.

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