Capítulo III
¡El brandy hace locuras!
Muy entrada la madrugada Candice abrió los ojos poco a poco, dándose cuenta de que a su altura se encontraba el rostro de William con el tiempo había creído que no podría liberarse para nada, dado que él se lo impedía, la tenía abrazada y con tanto tiempo de no tener a nadie, Terry cuando llegaba ni siquiera la miraba y ella sentía hasta que la odiaba.
¡Deberías estar durmiendo Candice! ¡Hace frío! - respondió levantándose y dejándola libre. En un momento vuelvo, no te preocupes, voy por más brandy, tiene los pies muy fríos- comentó él, saliendo de la cama y retirándose de la habitación para volver solo unos cuantos minutos después a este.
Candice sabía que todo ese parloteo y huida de su lado era porque presentía algo extraño en él. Cuando volvió a su lado, trajo consigo una frazada en la mano, en la otra, otro vaso y una licorera llena, la cual colocó al lado de la anterior que se encontraba semi vacía sobre la cómoda de esa habitación. Después echó la frazada sobre el cuerpo de la rubia y preparó la chimenea para que quemara unos troncos que se encontraban justo al lado, en una cesta, los atizó y se echó al lado de Candice, tomando la licorera de paso y sirviendo un poco de brandy en ambos vasos, al mismo tiempo que conversaba con ella.
En realidad, Candice, has dormido poco, ¿verdad? - quiso saber William
Cuando esto no duele... sí duermo - confiesa haciendo una cara de molestia cuando se mueve.
Eso es lo que el médico quiere saber, ¿verdad? - cuestionó William medio curioso.
Sí, pero no saqué ningún papel de la casa de Terry, de hecho, los tengo en mi casa en Hertfordshire, para que nos ahorremos los exámenes- menciona ella.
¡Vaya! Que te los hagan de nueva cuenta...sabes, hay algo que me preocupa Candice, si Terry se entera de esta noche...aún estás casada, ¿recuerdas? - refiere Albert.
Extraño...como si estuviera soltera...ya no dormíamos juntos, ya no estaba más conmigo, no me ha tomado en cuenta para nada últimamente - confesó Candice.
¡No sé! Esto es muy extraño, Terry decía amarte mucho... - pensó en voz alta William, eso fue la última vez que lo vio, aunque nunca dijo de quien se trataba y que era su esposa.
Pues la verdad no lo sé, también lo pensaba - respondió un poco triste.
¿Quieres más? - preguntó William.
Me estoy sintiendo un poco ebria - soltó Candice.
¡Tomaré más, en realidad estoy helándome! - refiere él sirviendo otros dos tragos más.
Y así, de trago en trago ya casi se acababan ambas licoreras completas, los dos volvieron a quedarse dormidos entre ebrios y no ebrios, William la tomó en sus brazos, la acercó a él y quiso probar ese aliento que le llegaba; pero algo le detuvo, no, no podía hacerlo sin su permiso aunque el aliento dulce del brandy lo intentara, justo estaba por darse por vencido cuando de pronto sintió los labios de Candice sobre los suyos, tratando de buscar su calor y su forma perfecta y William no pudo soportarlo más, la aprisionó con vehemencia y la llevó a probar otros sabores que creía olvidados; una pasión desenfrenada, pronto olvidaría que sentía tanto dolor y sobre todo que aún seguía casada.
William se limitó a desvestirla, a saborear su piel y a tocar cada planicie de piel que descubría y ella, ella quería ser amada por el hombre que tenía enfrente, aun sabiendo que no era su esposo, pero entre el frenesí se enteró de que su aroma, sus manos, su posesión se parecían a los de él y justo cuando la iba a penetrar, él se detuvo, jadeando, pensándolo, añorando que ella lo dirigiese con las piernas cuando lo rodeó, adelantando su cadera como si le diese permiso de introducirse en su cuerpo, en su alma y en ese lugar que hacía tiempo que no era tan visitado delicadamente.
Candice, dime que puedo - no, no sonaba a pregunta sino a ruego.
¡Con cuidado, ámame con mucho cuidado! - le pidió encarecidamente.
Y William le dijo al oído... al tiempo que se introducía en ella
¡Oh Dios! Candice, amo el día que volviera para hacer el amor sólo contigo, sólo contigo - contestó Albert con...amor.
¡William! - gritó de repente.
Dime si te lastimo... - pidió él cuando le dio otro embate.
No, continúa - afirmó ella.
William pudo al fin entrar y salir a un ritmo cadencioso, era un recóndito lugar, tan apreciado para él, sintió que, con cada embestida, que Candice tenía dentro de sí, amor a borbotones, ¿en qué estaría pensando Terry? Era en verdad, un tonto. William sentía la pelvis de Candice, sus piernas le obligaban a continuar y así siguió por algún tiempo hasta que fue imposible contenerse, saliendo de ella por un segundo, pero al mismo tiempo Candice no quiso dejar que él hiciese eso. Candice volvió a pedirle que no saliera de ella, sabía de alguna forma que no podía embarazarse, así que, por alguna razón, supo que no era necesario que William saliera, pues peligro no corrían.
¡Por Dios, Candice! ¿Te lastimé? - le pregunto William, preocupado.
No, ya ni me acordaba… - terminó confesándole.
¡Cuánto lo siento! No pude detenerme - suspiró él dejándose caer en el hueco de su cuello.
El brandy me hace hacer cosas extrañas - susurró Candice, sonriendo. - ¡Aún sigo casada! - soltó ella riendo.
¡Cierto, aún sigues casada! - repitió él, mirándola y besándola para reclamarla.
No importa William, sólo fue una vez... - resolvió ella.
Tenemos problemas Candice... - informó William.
¿Por qué? - preguntó ella.
¡No sólo quiero una vez! ¡Quiero hacerte el amor toda la noche! - advirtió él, sorprendiéndola a ella.
¿Más? - Candice abrió los ojos al momento que William la besaba.
¡Claro que sí, más! - afirmó sonriéndose. Nunca pensé que te iba a encontrar casada, Candice - soltó el mirándola, Dios, no podía dejar de besarla.
¡William, me haces cosquillas! - respondió ella cuando con la nariz olía toda su piel.
William amó a Candice repetidamente toda la noche y cuando ya estaba amaneciendo, ambos jugaron a ver quién se vestía más rápido.
¡Te gané! - sonrió William, le había ganado por primera vez.
¡Y cómo no hacerlo, tienes menos ropa, yo visto como esquimal! ¡Esta helada! - comentó Candy abrazándose a sí misma.
Y cómo no Candy, es invierno, pero que bueno que te vestiste, no quiero que te enfermes - afirmó William mirándola como la mujer más hermosa que haya visto.
¡Qué considerado de tu parte! - respondió ella mirándolo.
¡Sólo nos falta que se nos olvide! ¿Te imaginas? - soltó suspirando. Supongo que no te cuidas - quiso saber William.
No puedo embarazarme ¿recuerdas? - le hizo saber.
Cierto, nunca le había hecho el amor a una mujer sin preservativo o mejor dicho nunca le hice el amor a una mujer. Solamente a ti - afirmó quedándose dormido de nueva cuenta.
Y yo a ti, William.
En la mañana...
¡Noooo, sólo quiero dormir! - rebatió Candice cuando William abrió las cortinas de la habitación.
Ande dormilona, ya es tarde. Tengo ropa de Rosemary, algo debe servirte, ande a bañarse - la animó quitándole las sábanas de encima.
¿Me tengo que bañar? No puedo... - dijo ella jalando las sabanas de nueva cuenta.
¿No puedes? ¿Por qué? - pregunto William sin saberlo.
Me es incómodo con esto... y si lo hago, gritaré mucho y me tardaré más... - informó ella, saliendo de la cama, por fin.
Llamaré a Mary, la cocinera te ayudará - dijo él, ya que por pudor no quiso ayudarla él.
¡Gracias, me levantaré! ¡Cielos! ¡Qué brillo! Pareciera que hubiera tomado mucho, ¡qué cruda que estoy! - dijo ella cubriéndose los ojos.
Jajaja - William soltó una carcajada.
¿Qué sucede? - pregunto ella rápidamente sin entenderlo del todo.
Sólo te tomaste dos vasos de brandy, eso no fue mucho - respondió.
No siento que hubieran sido dos, pareciera que me tomé toda esa... - Candice señala la licorera vacía y a William se le hace muy extraño que este así, vacía.
A bañarse, ande, que te traerán el almuerzo. Pasa Mary, la señora Candice está muy adolorida, puedes ayudarla a bañarse, por favor - solicitó el rubio hombre sonriendo aún por aquel descubrimiento.
Sí señor, en seguida. Vamos señora, la ayudaré a bañarse muy rápido y pronto se verá tan bonita como es - dijo Mary sin ver realmente a muchos lados, solo quería ayudarla, se veía que, con cada paso, ese rostro sufría.
Gracias, ahorita te veo... - dijo ella medio sonriendo.
William comenzó a arreglar la cama, mientras trataba de recordar lo que había sucedido la noche anterior, entonces quitó la frazada, la colcha y en una área de las sábanas encontró una mancha tan conocida para él que rebuscó en otras partes, se le hizo tan extraño que tragó en seco cuando alzó la vista a las dos licoreras vacías, se levantó y salió de la habitación bajando rápidamente a la biblioteca, entró y se dirigió a la cantina, pero no encontró nada.
Luego subió a su habitación y tampoco encontró nada, se dirigió a una cajonera ubicada en su clóset y no, todo estaba en su lugar, nada parecía haberse movido y luego recordó la sensación que tenía por la mañana. Regresó a la habitación donde se encontraba Candy, removió la ropa de cama y la arremolinó en la entrada.
¿Sucedió algo, ayer? ¡Por favor, Dios! ¡Di que sí sucedió, pero también dame una señal de que sí pasó y que lo voy a recordar! Si hubiera tomado whisky, al menos lo recordaría- susurró William, mordiéndose los labios y sonriendo ante tal pensamiento.
Continuará…
