10 años antes, 5 curso en Hogwarts

«Solo hasta después del almuerzo» era la frase que se estaba repitiendo Draco Malfoy desde hace aproximadamente dos horas, desde que salió de la clase de transformación. No podía esperar para ir en busca de Luna y contarle.

Había sucedido otra vez.

Desde el inicio del curso alguien le dejaba notas escondidas en sus libros y aunque ya estaban a medio curso aún no descubre quién era el o la responsable ya que aparecían en diferentes horarios, siempre cuando estaba en compañía de personas de diferentes casas.

Sinceramente no sabía si quería o no saber la identidad de quién le enviaba esas notas, pero no podía dejar de compartir su emoción con su mejor amiga.

Muchos decían que era una amistad extraña ya que iban en casas diferentes, él en Slytherin y ella en Ravenclaw, además, ella iba un año por debajo de su curso. Por si fuera poco, la excentricidad de su amiga no ayudaba mucho que digamos. Pero con ella se sentía él mismo, desde que la conoció en segundo año habían labrado una amistad muy linda y solo ella sabía todos sus secretos, secretos que ni sus compañeros de casa ni sus padres imaginaban.

Luna Lovegood era la única persona con la que podía sentirse completamente libre y por eso compartía con ella el contenido de cada una de las notas que aparecían escondidas entre sus libros, aún recordaba la primera.

«Tienes los ojos más lindos que he visto»

Esa y todas las notas que le siguieron estaban fielmente guardadas en un compartimento de su baúl escolar, hechizado para que solo él pudiera acceder a su interior.

Quince minutos después del almuerzo por fin pudo reunirse con su mejor amiga. Estaba donde siempre se reunían, a orillas del lago negro, bajo un gran roble situado cerca de la entrada del bosque prohibido.

Ese lugar era muy especial para ellos, fue donde tuvieron su primera conversación real hace ya varios años y desde entonces no habían parado. Estaban a la vista de todos, pero a la vez lo suficientemente alejados para que pudieran hablar con total libertad sin temor a ser escuchados.

—Tengo una nota nueva —fue lo que dijo Draco con una gran sonrisa en la cara a manera de saludo.

—Como todos los días desde que inició el año escolar —contestó la rubia igualmente sonriente.

—Estaba esperando a verte para leerla juntos —continuó Draco sentándose junto a Luna mientras rebuscaba en su mochila –. Aquí estás —exclamó sacando un pedazo de pergamino cuidadosamente doblado.

« Querido Draco, se siente tan bien decir tu nombre, aunque solo sea por escrito, y en mi cabeza, ya que si lo hago en voz alta me tacharán de loco.

Te vi jugar este fin de semana, lamento que tu equipo haya perdido. Cuando vi tu expresión al darte cuenta que el buscador de Ravenclaw había atrapado la snitch solo quise acercarme a ti, abrazarte y cobijarte entre mis brazos, aunque eso hubiera sido un poco imprudente de mi parte.

No hay día en el que no quiera estar contigo, pero aún no sé cómo reaccionarías si supieras quién soy.

Siempre tuyo, H.»

Ambos leyeron la nota en silencio, inclinados uno sobre el otro, al terminar, Luna levantó un poco la cabeza para poder ver a Draco a la cara.

El rubio estaba mirando el pergamino fijamente con cara de ensimismado, dos cosas se quedaron grabadas en su mente: «me tacharían de loco» y «H».

—Es un chico —susurró.

Un misterio que lo había estado acechando era por fin revelado. Era un chico quien todo este tiempo estuvo enviándole notas durante el curso, no sabía si sentirse feliz o aterrado. Era un chico.

«H», era la primera vez que dejan algo parecido a una firma. ¿Quién sería «H»? ¿Era la inicial de un nombre? ¿Un apellido? ¿Cuántos chicos habría con nombres o apellidos que iniciaran con una H?

Estaba hecho un lío, tanto que no se dio cuenta que Luna le estaba hablando hasta que ella lo sacudió un poco por el hombro.

—¿Estás bien?

—Es un chico —dijo nuevamente aún un poco aturdido.

—Lo sé, también lo leí —lo miró con una leve sonrisa en su rostro —, pero eso es bueno ¿no? Te gustan los chicos, ¿no estás feliz de poder tener la posibilidad de corresponder?

—No lo sé, Luna, me gustan los chicos, pero eso no quiere decir que pueda corresponderle… ¿y si se enteran mis padres?

—Draco, ellos te quieren, lo entenderán.

—No puedes saber eso, ellos son Sangre Pura, para ellos las relaciones homosexuales no son muy bien vistas que digamos, he escuchado a varios de sus amigos diciendo cosas horribles, y ellos no dicen nada. ¿Y si ya no me quieren por esto?

—Draco, relájate, ya veremos cómo resolverlo si es que llegas a tener una relación con este chico…

—Es mejor que regresemos al castillo —la interrumpió y se levantó de repente—, aun nos quedan algunas clases. Mañana nos vemos.

Se dirigió al castillo dejando a la rubia con la palabra en la boca.

No sabía qué pensar, estaba tan confundido. Era la primera vez que un chico se interesaba en él, y aunque no supiera quién era ya sentía que lo conocía debido a las innumerables notas que le enviaba.

Pero algunas personas no estaban dispuestos a aceptar a las personas como él, tenía miedo de eso, del rechazo de aquellos a quienes amaba.

Por primera vez en cinco años que llevaba en Hogwarts no prestó atención a sus clases, casi hace que su poción explote, de no ser porque Potter lo detuvo a tiempo antes de echar un ingrediente equivocado, ahora estaría en la enfermería.

Lo que restó del día y toda la noche se la pasó pensando en la nota, en él «el chico». No, pensando en «H».

La mañana siguiente tenía ojeras. ¿Cuándo se había visto a un Malfoy con ojeras? ¡Nunca! Pero no pudo, o no quiso hacer nada al respecto, aún estaba con la cabeza, el estómago y el corazón todos revueltos.

Tuvo una nueva nota, está vez en la clase de encantamientos. La revisó con Luna y estaba firmada por «H». Básicamente decía que lo había notado diferente y que esperaba que se sintiera mejor.

—No sé qué hacer Luna, me siento emocionado por «H», pero a la vez no creo que sea correcto.

—Bueno, como no sabemos quién es, ni en qué casa está, es un poco difícil hacerle frente, ¿Quieres seguir recibiendo sus notas?

—No lo sé, una parte de mí si quiere, pero otra me dice que no es correcto.

—La única forma que se me ocurre para hacerle saber que no las quieres más es que cuando te des cuenta que hay una nota en tus libros te deshagas de ella, preferentemente a la vista. Es algo cruel, pero al no saber ni de qué casa es, es difícil hacerlo de manera sutil.

—Lo pensaré, Luna. Lo prometo.

No se deshizo de las nuevas notas, las recibió todas y cada una de ellas y las seguía leyendo junto con su amiga.

Con el paso de las semanas se emocionaba más, «H» siempre sabía qué decirle y se había ganado una parte de su corazón.

Pronto se acercó el fin del curso y su ánimo decayó, ¿seguiría recibiendo notas en el verano? No lo creía posible, la única manera de hacérselas llegar sería por lechuza, y solo unas pocas tenían permitido el acceso a la mansión.

Tal vez era mejor así, a lo mejor con la distancia «H» perdería el interés y se olvidaría de él. Ese pensamiento hizo que su corazón doliera.

Dos días antes de finalizar el curso recibió una nota, de la manera más inusual posible. Luna se la entregó en la mano, con una sonrisa iluminando su cara. Nunca había recibido las notas de manos de alguien. ¿Luna sabía quién era «H»?

« Querido Draco.

Casi puedo ver tu cara de confusión, Luna no lo supo hasta ayer y le pedí que no te dijera quién soy, no te enfades con ella.

Síguela por favor, tengo una sorpresa para ti y no conozco otra manera de hacértela llegar.

Siempre tuyo, H.»

Draco siguió a su amiga, parecía que iban hacia el árbol en el que siempre se sentaban a conversar. Durante el camino le hizo varias preguntas sobre «H», pero ella se negó a contestarlas.

Llegaron a su árbol y siguieron de largo, el rubio se empezó a preocupar, estaban ya en la entrada del bosque prohibido. No lo llevaría ahí, ¿o sí?

Si lo hizo, apenas unos dos metros dentro de ese lugar al que se suponía no podían entrar sin supervisión de un profesor.

—No te puedo acompañar todo el camino, Draco. Yo te esperaré aquí.

—¿Qué? No esperarás que me adentre en el bosque solo, no estoy loco, Luna.

—Solo un par de metros, Draco. Me tendrás a la vista, lo prometo, pero debes de conocerlo a solas. Camina hasta ese sauce llorón, justo detrás, él está esperando.

Miró el árbol al que se suponía debía caminar y luego a su amiga.

—Prométeme que me esperarás.

—Lo prometo, Draco, nunca te dejaría.

Tomó valor de no sabía dónde y se dirigió al encuentro de «H». Apenas rodeó aquel sauce se quedó petrificado.

—Hola, Draco.

No lo podía creer, ahí estaba Potter. Potter. Tenía que ser una broma, cómo «H» podría ser Potter.

Su cerebro por fin pareció volver a funcionar y se sintió estúpido, ¿Cómo no se dio cuenta antes? Potter, Harry Potter era «H». Harry Potter, el único chico en todo Hogwarts que era abiertamente gay.

Claro que había rumores sobre otros chicos, pero Harry era el único del que todos estaban completamente seguros, luego que durante el baile de Yule de cuarto año se besara con un chico de Beauxbatons. Hubo un gran alboroto en la prensa cuando se enteraron que el chico que derrotó a Voldemort cuando solo era un bebé era homosexual.

Pasaron varios meses hasta que su situación se calmó y ahora todo mundo conocía sus preferencias. Pero su familia lo aceptaba y aprobaba. Cómo no hacerlo si su padrino, casi padre, ya que se había hecho cargo de él cuando sus padres murieron a manos de Voldemort, mantenía una relación nada más y nada menos que con el profesor de pociones. Igualmente su «tío Lupín» lo aceptaba. Todos sus conocidos y a quienes apreciaba estaban bien con eso.

Ese mismo Harry Potter era quien durante todo el curso le envió notas y se ganó su corazón. Estaba catatónico.

—Draco, ¿te encuentras bien? —dijo Harry posando una mano sobre su hombro.

¿En qué momento se había acercado tanto? Hace unos segundos estaba a una distancia mayor.

—Disculpa ¿Qué fue lo que dijiste?

—De repente te pusiste muy pálido, ¿estás bien?

—Sí, no, sí —el rubio balbuceó —. Sí, me encuentro bien —logró decir luego de inspirarme profundamente —. ¿Pará qué querías que viniera aquí, Potter?

—Harry, puedes llamarme Harry. Y… supongo que te lo imaginas, pero quería decirte que soy yo quien te ha estado mandando notas durante todo el año.

El moreno bajó la cara y su voz se hizo más suave demostrando que estaba un poco avergonzado por la situación, incluso se sonrojó.

Por supuesto que Draco lo sabía, bueno, desde hace solo unos minutos, pero lo sabía, solo quería confirmarlo.

—Yo… no sé qué decirte al respecto.

—Entiendo… solo quería que lo sepas, y no sé, saber si crees que podamos tener una relación. No de inmediato, quiero decir…. Ahhhhh —el moreno de ojos verdes se dio la vuelta mientras pasaba sus manos por su cara y cabello —. No está saliendo como imaginé.

El rubio estaba serio, no decía ni una palabra, pero pese a su seriedad se le notaba turbado, su mirada lo reflejaba; escuchaba lo que le decía el moreno mientras trataba de poner en orden sus sentimientos. Si bien, le sorprendió que fuera justamente Harry Potter su chico, su «H», una parte de él estaba completamente feliz de haberlo visto en persona.

Y sí, ya pensaba en él como suyo, aunque no estaba seguro de corresponder en voz alta.

—Lo que quiero decir es que —continuó Harry —me gustaría que nos conociéramos, de verdad. Poder platicar y tal vez, con el tiempo, si sientes lo mismo que yo siento por ti, entablar una relación… ser pareja.

Dicho esto, el pelinegro miró a Draco a los ojos, y en su expresión se veía la esperanza que sentía de que le dijera que sí, que lo intentarían.

El rubio abrió la boca, pero no dijo nada, no le salían las palabras. Quería decir que sí, que lo quería, que todas las notas que le había mandado durante el curso lo enamoraron incluso aún sin conocerlo. Quería pasar tiempo con él y saber si podían ser una pareja, quería que fueran una pareja.

Pero, ¿qué diría su familia? ¿Sus amigos? Estaba seguro que Luna lo apoyaría en todo, pero, ¿y los demás? ¿Sus padres lo desheresarían? ¿Lo querrían incluso? ¿Qué sería de su futuro? Los Sangre Pura no solían aceptar esto, claro que había una que otra excepción, pero no era lo más común.

No, se dio cuenta de que por más que quisiera no podía hacerlo, eran demasiadas cosas en duda. Respiró profundamente y por fin habló.

—Lo siento, yo no soy así, Potter —estaba mal—, no tenía idea que era un chico quien me escribía —se sentía terriblemente mal —, yo… A mí no me gustan los hombres —quería vomitar —. No soy gay —cómo podía estar diciendo tantas mentiras y aún seguir en pie, esto no estaba para nada bien —y, aunque me siento alagado por todo esto, no puedo aceptar.

—Oh… —en el rostro del moreno se veía claramente la confusión, en las últimas notas se había asegurado de insinuar y sugerir que era un hombre, no fue lo suficientemente claro, o era que el rubio no quería hacerlo sentir más mal de lo necesario al rechazarlo —oh, yo… yo no, lo siento, creí que, creí que lo sabías, quiero decir… creí que tú también… Merlín…

—Lo siento, Potter, yo no sé qué más decirte.

—No, no digas nada más, yo… entiendo. Me disculpo por haberte hecho sentir incómodo con mis notas, de haber sabido yo nunca… En fin, lo siento. No volveré a enviarte notas.

Dijo las últimas palabras en voz más baja, y agachando la mirada, sus ojos se notaron por un instante más brillantes, como si quisiera contener las lágrimas, pero el rubio no estaba seguro de haber visto bien aquello.

—Yo… entonces me retiraré.

No había dado ni dos pasos cuando sintió una mano sujetándolo de un brazo.

—Draco, quiero decir, Malfoy —habló Harry —solo una cosa más. Por favor no te enojes con Luna, ella no lo sabía hasta hace poco y le rogué que no te dijera nada hasta que pudiéramos encontrarnos, ella no te mintió, lo prometo.

El rubio asintió, se zafó del leve agarre y continúo su camino, le pareció escuchar un «Draco, te quiero» con la voz cortada seguida de un sollozo, pero a pesar de eso no se detuvo y continuó caminando hacia su amiga.

Con cada paso que daba las lágrimas iban llenando sus ojos, un dolor se asentaba en su pecho y se formaba un nudo en su garganta. Al llegar hasta Luna, apenas pudo controlarse para decirle que fueran a un lugar privado. No a su árbol, estaban demasiado cerca de Harry, su «H». No, ya no era más suyo, acababa de terminar con eso.

No supo muy bien cómo, pero llegaron al castillo, se metieron a una aula vacía y por fin pudo dejar de contenerse y llorar abrazado de su mejor amiga. Le explicó lo que pasó, que aunque quería intentar estar con Harry no podía, no podía arriesgarse a perderlo todo.

Ella lo entendió, no estaba de acuerdo con él, pero lo entendió y aceptó su decisión, estaría con él para sostenerlo las veces que lo necesitara, porque sabía que lo que acababa de hacer Draco lo quebraría por dentro, y ella estaría ahí para juntar los pedazos cada vez que la necesitara.

En el banquete de fin de curso el rubio ya estaba más tranquilo, a la vista de los demás nada le sucedía, pero internamente sufría. No podía dejar de mirar hacia la mesa de Gryffindor y se percató que el moreno de ojos verdes que casi siempre se sentaban orientado hacia él, en esta ocasión le estaba dando la espalda. Jugaba con la comida e ignoraba a los de su alrededor. Draco no podía hacer eso, debía mantener las apariencias, un Malfoy no se derrumbaba en público.

Al día siguiente no se lo topó en el tren, ni tampoco al bajar en la estación de King's Cross. No tuvo noticias de él en el verano, lo que no era inusual ya que no frecuentaban los mismos lugares ni compañías, pero al inicio del siguiente curso, su corazón se volvió a romper.

Harry Potter no regresó a Hogwarts, había pedido un intercambio, los rumores no se ponían de acuerdo, unos decían que se fue a Beubatonxs, otros al instituto de Salem, otros que estudiaría desde su casa, pero lo cierto es que Harry no regresó ese año, ni el siguiente. De hecho no se le vio en la comunidad mágica inglesa durante mucho mucho tiempo.

Draco supo que fue por él. No tuvo valor y perdió a «H», perdió a Harry.