A Bill le tocaba guardia en la farmacia, era fin de semana y para rematarlo el turno de noche.
El combo completo para una noche de yonkis, polvos improvisados y padres primerizos.
Pero con lo que no contó fue con un robo.
Mientras uno lo distraía por la pequeña ventanilla situada en la fachada principal fue demasiado tarde para poder bloquear la puerta trasera.
Alguien se había colado y Bill corrió a la trastienda.
Lo que vio fue a un tipo enorme, con cazadora de cuero y con una pinta de salvaje que le hizo replantearse mucho si intervenir o no por la mierda que le pagaban.
—Voy a llamar a la policía —dijo agarrando lo primero que pilló, por suerte fue un cutter con el que cortaba los códigos de barra de los medicamentos.
Pero al tiarrón delante de él el gesto solo le resultó gracioso, y se giró hacia él con una sonrisa que le hizo algo a Bill.
"Te están robando, desgraciado" se dijo a sí mismo.
Pero el ladrón era uno de esos tipos calientes como los que salían en las pelis pornos gay que veía, todo músculo y pelo, todo pose de gran follador.
Bill levantó más el cutter, pero a quién iba a engañar, no se iba a meter en el lío de herir a un ladrón por el que le caerían más cargos a él que al ladrón.
De todas maneras Slughorn era un jefe malísimo que le ponía los peores turnos y le pagaba una miseria.
—Pensaba que hoy no trabajabas tú, rojito — Puta maldita voz, ¿tenía afrodisiaco en ella?
Lo malo fue que captó el mensaje, los tenían controlado, y sí, era cierto, ese no le tocaba trabajar a él, se lo habían cambiado en último momento.
Su cara de pavor tuvo que ser impresionante.
—Mira —dijo don ladrón cachondo—, vas y atiendes a mi colega, y yo me llevo a por lo que he venido.
Bill no era un crío, y le jodía que le hubiera acojonado un poco, así que no le hizo caso y se quedó allí.
—No seas imbécil —dijo con un tono más amenazante y más cerca— no quieres esto, no quieres irte con una paliza, me daría pena romperte esa cara tan bonita que tienes.
La bestia parda que ya estaba sobre él le había quitado el cutter como el que le quita un dulce a un niño y lo había acorralado contra una estantería llena de supositorios.
Bill no era bajo precisamente, pero el ladrón sobre él le sobrepasaba con mucha facilidad, su aroma era intenso y sus palabras desconcertantes. Desde que había tenido el accidente de moto, le cruzaba la cara una cicatriz que le acomplejaba un poco aunque intentara hacer como si nada.
Antes de eso, sí que había tenido una cara realmente "bonita".
Pero hasta eso le daba igual en esos momentos, porque aunque lo que debería era sentir miedo, y no lo sentía para nada.
De hecho, se sentía demasiado bien cuando el ladrón comenzó a olisquear en su cuello, el cosquilleó de su nariz le hizo reír mientras un jadeo se le escapaba por los labios entreabiertos.
—Hazte a un lado, rojito. —Le lamió el cuello, y Bill se arqueó enajenado por un placer sórdido— Hazte a un lado, y vendré cuando salgas a por ti a que acabemos esto.
Bill abrió lo ojos que había cerrado, ¿acabar lo que habían empezado? Y se dio cuenta de la postura en la que estaban, de sus manos en su espalda musculosa, de sus cuerpos pegados.
¿Cuándo era la última vez que se había acostado con un desconocido? Antes del accidente.
¿Cuándo se había acostado con alguien que le estaba a punto de robar? Nunca, pero era una obviedad que eso iba a pasar.
Bill bajó los brazos y el ladrón se separó de él, no sin antes robarle el beso más caliente que le habían dado en su maldita vida.
Lo vio moverse por allí con agilidad a pesar de su enorme cuerpo, como si supiera exactamente donde estaba lo que había ido a buscar.
Antes de poder arrepentirse ya se estaba yendo, y sí, cuando cerró la puerta se dio cuenta de que le habían robado en toda su cara y encima le habían dejado cachondo y con cara de gilipollas.
Cuando volvió a la ventanilla el "colega" había desaparecido y Bill aún alucinaba con lo que había pasado.
Si el ladrón le hubiera dicho, ponte de rodillas y chúpamela, el muy imbécil lo hubiera hecho, ¿qué exudaba ese tío?
Lo que Bill tenía claro era que se había burlado de él y que Slughorn encima le echaría por no llamar a la policía.
Eran las 7 de la mañana y estaba esperando a Tonks, que siempre llegaba tarde, cuando sintió a alguien en la esquina delante de la farmacia.
Grande, muy grande, y con la misma pinta de empotrador que en la madrugada. Había alguien que le estaba esperando, y Bill se puso más nervioso que cuando le estaba robando.
La joven punk de pelo rosa entró pidiendo unas disculpas que sonaban a si me dices algo, te corto un huevo.
Pero Bill dudaba en sí retrasar lo inevitable dándole conversación a Tonks o salir huyendo por la puerta trasera.
Pero ganó el hecho de que sus padres no habían criado a un cobarde, también que la polla le palpitaba en el pantalón mientras el ladrón no le quitaba los ojos fieros de encima.
Se despidió a la nada porque Tonks no contestaba nunca, y salió, iba a ir directo al tipo y decirle que cada uno por su lado. Pero este comenzó a andar esperando que Bill le siguiera, y como un corderito detrás de un lobo fue hasta su trampa.
Una que era un jodido callejón dos calles más lejanas a la farmacia y olía a todo lo que huele un callejón oscuro.
Pero ni tiempo a sentir asco le dio, lo tenía encima comiéndole la boca, apretándolo contra la pared, y clavándole una polla tan dura como la suya.
—Has tardado mucho, rojito, me tenías esperándote cachondo perdido —le jodió a la oreja, mientras su cadera le dejaba claro lo que le iba a joder a continuación.
—Cállate —le pidió Bill, porque si se iba a poner de charlita sucia se iba a correr en los pantalones y tenía un mínimo de orgullo que mantener.
El ladrón lo giró de cara a la pared, y lo clavó duro, a la mierda, lo de no correrse pronto a ese ritmo iba a estar complicado.
Que le bajara el pantalón, le metiera un dedo por el culo demasiado fácilmente y que le siguiera otro poco después, le tenía jadeando como loco.
El tipo tapó su boca con la otra mano, y a Bill se le empezaba a ir la cabeza, un sonido de plástico rasgado, y la sensación lubrica y cálida de una polla de tamaño más que por encima de la media hicieron que Bill mordiera esa mano que le amordazaba.
El ladrón apartó su melena rojiza que en algún punto había perdido la goma que lo ataba para besarle el cuello, y jadearle al oído lo cachondo que le ponía follárselo.
Como Bill había previsto, esa pared recibió rápidamente una nueva sustancia que sumar a las ya existentes en el callejón inmundo.
Un par de sacudidas más dentro de su culo, lo notó desplomarse sobre su cuerpo.
Había sido un polvazo brutal, aún le temblaban las piernas cuando se salió de él.
El sonido de una cremallera subiéndose le puso en marcha para subirse sus propios pantalones.
Miró al final del callejón, la ciudad estaba volviendo a la vida, y a él le estaba volviendo el raciocinio, al menos suspiró aliviado al ver como el tipo tiraba un condón usado a un montón de basura cercano.
—Un placer hacer tratos contigo, rojito —dijo tomándolo de la nuca y dándole un último beso todo lleno de labios húmedos.
Lo vio irse, y salir de ese callejón fue más una necesidad higiénica que las ganas de irse a su vida real.
¿Qué carajos acababa de hacer? Echar un polvo brutal con un criminal que además le había dejado claro que aquello había sido un "trato" justo.
Una semana después se enteró de que Barty Jr. tenía tratos muy ventajosos con una banda criminal que vendía el oxi robado en la farmacia.
También que Barty había cerrado algunos tratos en el callejón con Fenrir, como se enteró que se llamaba el ladrón.
Vamos, todo una puta mierda que no le hacía sentir nada orgulloso de sí mismo, y porqué negarlo, un poco desilusionado.
No es que esperara mucho más, pero joder, ¿con Barty? Ese Fenrir se hubiera follado incluso a Slughorn si hubiera estado allí esa noche.
Cambió turnos que le debían, no iba a hacer una puta guardia de noche en un buen tiempo.
Por eso, ver a don follador en la puerta de la farmacia a las 3 de la tarde ese día le sorprendió.
Bill se cambió de acera y le ignoró, pero notó como le seguía.
—¿Vas a robarme? Te informo de que no llevo oxicodona encima —dijo Bill un pelín rencoroso.
—Ayer te tocaba guardia —dijo Fenrir alcanzándole con facilidad, puto olor que le hizo recordar cosas demasiado buenas en callejones asquerosos — y la semana pasada tampoco la hiciste.
—¿Me acosas? ¿Te gusta más robarme a mí que a Barty? ¿Os que te gusta más el trato de después conmigo?
Menudo resentimiento que no sabía que se gastaba, tampoco ese era él, no tanto como creía. Ni que tuviera nada con ese criminal.
—Sí, me gusta más contigo —dijo llanamente Fenrir, de un modo que Bill no podía negar que era cierto.
Eso sí le hizo pararse.
—A Barty lo conocí en un club, fue él que me ofreció el trato después de follármelo en el baño.
—Mucha información que no me interesa —dijo Bill, pero un poquito sí le interesaba.
—No te voy a pedir salir, rojito, sino follar todo lo que podamos —le dijo poniéndosele por delante.
Un puto armario empotrado salvaje y erótico, eso era lo que era Fenrir. Bueno y un criminal también.
No fue un callejón sino el apartamento de Bill, tampoco fue un par de polvos brutales, sino una rutina que también incluía paseitos en moto con una banda que daba miedo de cojones.
Pero los colegas de Fenrir sabían que al pelirrojo no tenían permiso ni de mirarle mal porque les rompería el cuello a cualquiera que le respirara tan siquiera un poquito fuerte.
Que todos supieran que Bill era el novio de Fenrir menos el propio Bill, eran cosas de moteros de las que él no se enteraría hasta mucho después.
FIN
Regalito de cumpleaños para mi querida saramedina35
Muchas felicidades, por más años disfrutando de este vicio juntas.
¿Y qué mejor que un fenbill tonto y guarrón?
Pues nada, jajajajja
Ya de paso os recomiendo su fic Nueva piel, que es de lo poco fenbill que existe y es una joyita.
Gracias por leer estas locuras de parejas cracks, pero los amo y siempre los amaré.
Nos vemos en otras historias.
Besos
Shimi
