Hola de nuevo, esta ocasión les he traído un relato que hice. Disfruten.
Lazo Impropio: Una Relación Floreciente
Sam era un entrenador Pokémon con grandes sueños a alcanzar, entre ellos estaba llegar a la liga Pokémon y ganar hasta ser campeón. Desde pequeño siempre le fascinaban los Pokémon, de niño quiso empezar su propio viaje con uno como compañero por la vasta región en donde vivía, inclusive viajar por otras regiones. Al joven le gustaba el hecho de trasladarse de una localidad a otra, capturar Pokémon, entrenarlos paran hacerlos más fuerte, vencer a otros entrenadores con los mismos sueños que él, hacer amistades por el camino, ganar medallas de gimnasio, competir en grandes torneos y llegar a ser el campeón de la región. Era una meta larga y difícil de lograr, pero si esforzaba lo suficiente podría conseguirlo. Esperó por varios años para tener esa oportunidad de viajar de forma independiente, con el paso del tiempo aumentaba sus ansias, pero tenía que mantener la mente fría si quería llegar al éxito.
Una vez creció hasta ser a un adolecente, le dieron la tan esperada oportunidad de tener un compañero Pokémon. Sam hacia el laboratorio de la profesora, en donde se hacían investigaciones sobre los Pokémon. Ella le iba a entregar su primer Pokémon para iniciar su aventura como lo hacía con cada joven. La profesora le dio a elegir entre tres Pokémon, solo tenía que escoger uno. Estaba Snivy, un tipo planta; Tepig, un tipo fuego; y Oshawott, un tipo agua. Los tres se presentaron y se formaron delante de Sam, esperando su elección. El joven estaba indeciso, estaba preparado para ser entrenador, pero no se dio cuenta del difícil primer paso que había que dar. Después de pensar con mucha intensidad y con muchas dudas, pudo hacer su elección: escogió a Snivy. El Pokémon se sintió feliz mientras que los demás dos se sintieron decepcionados. Sam eligió lo que sería su acompañante por todo su viaje. La profesora le entregó una Pokédex para buscar información de los Pokémon en su aventura. Lo usó para escanear a su Snivy, vio la información del Pokémon, entre ellas estaba el nivel, sus movimientos, incluso su género, el cual era hembra. La profesora también le entregó unas Pokébolas/Pokéballs para capturar otros Pokémon. Todo estaba listo y preparado.
Salió del laboratorio con su primer Pokémon. Estaba tan emocionado de iniciar su viaje para convertirse en campeón. Antes de salir del pueblo, quiso darle un mote a su Snivy. Sam pensó por un buen rato en tratar de buscar el mote adecuado para su Pokémon. No quiso calentarse demasiado la cabeza, por lo que eligió algo simple: Ivy. A la serpiente hierba le gusto escuchar ese nombre. Desde ese momento en adelante el Snivy de Sam se llamaría Ivy. Los dos se fueron del pueblo con muchas expectativas y sueños por delante, iniciando así su viaje, y el comienzo de una valiosa amistad entre Sam e Ivy.
El tiempo pasó desde aquel día donde le ofrecieron la oportunidad de viajar con un Pokémon de compañero. Los dos se iban haciéndose más fuertes y ganando experiencia por cada combate y momento que estaban juntos. Sam tenía en mente que, para que haya éxito en batalla, se tenía que formar un lazo estrecho entre entrenador y Pokémon, y así lo hicieron. Al principio fue un poco complicada la relación, pero con el pasar del tiempo se fue mejorando cada vez más. Los dos habían ganado varias batallas, y habían perdido unas cuantas. Ellos aprendieron de los errores y fueron esforzándose más cada pelea que daban. Al inicio estaban ellos dos solos, sabía que tenía que formar un equipo para estar preparado ante cualquier situación, por lo que fue capturando Pokémon a lo largo del viaje y los había ido entrenando. Los compañeros se iban relacionándose entre ellos y se hacían cada vez más amigos, y cooperaban en todo. Sam quería, cuidaba y se preocupaba mucho de sus Pokémon, y ellos le devolvían el gesto, uno de ellos incluso le ganó más cariño y afecto que los demás.
Ivy parecía encariñarse bastante de su entrenador tiempo después de ser elegida como compañera de su viaje. Al inicio se enfocaban en entrenar duro para futuros combates, se esforzaban muchísimo para hacerse más fuertes. Terminaban muy cansados cada que entrenaban de forma intensa.
—¡Muy bien, Ivy, usa Hoja Aguda en esa roca!
El Snivy de Sam dio un gran salto y dio unas vueltas en el aire, para atinarle a la roca con su cola. La fuerza fue tal que lo dejó hecho añicos.
—¡Bien hecho!
Él se dio cuenta que Ivy estaba exhausta por los jadeos que daba.
—Bueno, descansemos por ahora.
—Vy…
—Has hecho un buen trabajo, ¿qué tal si comemos algo para recuperar fuerzas?
—¡Snivy! —dijo alegre.
Sam sacó su mochila para buscar comida. Desde el inicio de su aventura que llevaba su mochila, ahí guardaba lo esencial, entre esas cosas estaba la comida. El joven sacó unos sándwiches envueltos en papel y comida Pokémon para Ivy. Se la dio en un tazón y lo dejó el suelo. Ambos comenzaron a comer los alimentos. Estaban deliciosos, disfrutaron la comida como siempre. Pero a veces no tenían y recurrían a buscar bayas o frutas en el bosque, hasta que llegasen a un pueblo o una ciudad. A Ivy le gustaba estar al lado de su entrenador, especialmente comiendo, porque era un momento en donde los dos podían disfrutar juntos. Una vez terminado de comer, descansaban por un rato y luego regresaban a entrenar.
Se esforzaban mucho en los combates, ganaban bastante pero a veces salían perdiendo; sin embargo, el enorme vínculo que tenían Sam e Ivy los hacía fortalecerse y salir adelante, sin importar la dificultad que sea.
—¡Tranquill, Ataque rápido, ahora!
El Pokémon del rival fue a toda velocidad hacia el Snivy de Sam.
—¡Ivy, salta y atrápalo con Látigo cepa!
El Pokémon serpiente hierba obedeció a su orden. Cuando estaban a cierta distancia, dio un salto para esquivarlo, Tranquill pasó por debajo de ella. Después de dar media vuelta en el aire, con sus cepas agarró el cuerpo del Pokémon torcaz.
—¡Ahora mándalo al suelo!
Con todas sus fuerzas en sus vainas, llevó a Tranquill hacia arriba, haciendo una curva. Estuvo por un momento arriba suyo. Para terminar lo llevó hacia atrás de ella y haciéndolo chocar a toda velocidad contra el suelo. Lo que hizo Ivy fue atrapar con sus lianas al Pokémon de tipo normal y volador, hacer un giro de ciento ochenta grados hacia arriba y estamparlo contra el suelo, aprovechando la velocidad del Pokémon pájaro y la fuerza centrífuga para que el aterrizaje causara más daño. Una maniobra increíble para el entrenador oponente. El duro golpe fue tanto que Tranquill cayó debilitado, por lo que la victoria era para Sam y su Snivy. Dijeron felices:
—¡Ganamos!
—¡Vy!
En eso Ivy saltó hacia al pecho de su entrenador, lo tomó desprevenido. Sobresaltado, el joven agarró a su Pokémon con los brazos para que no se cayera. Sintió como Snivy lo abrazaba con sus manitas verdes y acariciaba el pecho con su cabeza felizmente. Primera vez que pasaba eso, pero se sentía agradable para él. El entrenador rival del combate devolvió a Tranquill a su Pokébola/Pokéball antes de acercarse a Sam y decirle:
—Felicidades por ganarme, hace mucho que nadie me vencía.
—Muchas gracias.
—Tu Snivy es muy fuerte. Me tomó por sorpresa el movimiento circular, nunca vi algo parecido.
—Sí, es una técnica gracias al trabajo duro del entrenamiento. ¿Verdad, Ivy?
—¡Snivy! —dijo contenta mientras todavía estaba en los brazos de Sam.
—Tú Pokémon se ve muy feliz. Ustedes hacen un gran equipo.
—Gracias de nuevo.
—No hay de qué. Bueno, me toca irme a sanar a mi Tranquill, así que adiós, amigo.
—Adiós, compañero.
Sam y Ivy se despidieron del entrenador mientras este se iba a la cuidad. Andaban en el bosque pero se veía una ciudad cerca de donde estaban. Una vez solos, el joven dijo a su Snivy:
—Hemos ganado muchas batallas, esto merita celebrarlo. ¡Vamos a ir a un restaurante a comer comida deliciosa! ¿Qué me dices, Ivy?
—¡Sni-vy!
—De acuerdo, ahora regresa a tu Pokébola/Pokéball.
De forma inesperada, Snivy esquivó el haz de luz de la Pokébola/Pokéball. Sam quedó sorprendido por esa reacción. Primera vez que ocurría algo así. Preguntó confundido:
—¿Qué pasa?, ¿No quieres entrar en tu Pokébola/Pokéball?
El Pokémon negó con la cabeza.
—¿Por qué?
En eso Ivy saltó hacia su pecho nuevamente, él lo tomó con sus brazos y ella se puso en su hombro izquierdo.
—¿Acaso quieres estar arriba de mi hombro?
—Vy —diciendo con una sonrisa.
—Bueno, estamos cerca de la ciudad, no estaría mal acompañarme afuera por un rato. Así que vamos a comer algo rico.
—¡Sni-vy!
Iniciaron su marcha hacia la ciudad cercana. También era la primera vez que su Snivy quería estar acompañando a Sam fuera de su Pokébola/Pokéball, y si eso no fuera suficiente, también quería estar arriba de su hombro. El entrenador pensó que ella fue tomándole mucho cariño y confianza para hacer eso. Pensó que no hubo nada malo en eso, así se haría más fuerte por el estrecho vínculo que tenían, por lo que continuó caminando con normalidad.
Llegaba a ser cansador ser entrenador Pokémon: entrenar, combatir a otros, trasladarse de una población a otra, era muy agotador. Por lo general cuando iba a una ciudad o pueblo, iba al centro Pokémon sin más espera para curar a sus Pokémon, y descansar después de un largo día de caminata. En ese establecimiento había comida y camas, para hospedarse y continuar luego con su viaje.
Sam e Ivy, quien todavía estaba fuera de su Pokébola/Pokéball desde hace varios días; después de que sus Pokémon fueran curados en manos de la enfermera, se fueron a las habitaciones. Era de noche y ambos estaban cansados de tanto caminar. El joven dio un fuerte bostezo.
—Bueno, ya es hora que me duerma.
Su Snivy bostezo también.
—Tú también, ¿eh? Ha sido un largo día, mañana será mejor. Hay que descansar. Ahora regresa a tu Pokébola/Pokéball.
—Snivy —diciendo "no" con la cabeza.
—¿Eh? ¿Por qué no quieres entrar a tu Pokébola/Pokéball?
En eso Ivy se subió a la cama, se acostó y se acurrucó.
—¿Acaso… quieres dormir conmigo?
Ella asintió. Sam se puso incómodo por lo que quería su compañera Pokémon.
—Emm… no lo sé realmente. Déjame pensar.
Se sentó en la cama al lado de su Pokémon y comenzó a meditarlo por un rato. Ivy quería dormir con él, el cual sería raro en sus propias palabras; no obstante, pensó que no vendría mal un poco de compañía cuando estuviera dormido, Sam sentía un poco solo cuando se quedaba dormido sin sus compañeros. No tenía idea si eso estaba permitido en ese lugar. Deseaba que pudiera dormir con todos sus Pokémon, pero no quiso arriesgarse a cometer una falta. Snivy podría dormir en al lado de sus pies y no lo molestaría en absoluto. Sí, eso estaría bien.
—Está bien, puedes dormir conmigo. Puedes hacerlo al otro extremo de la cama.
—Vy.
Ella aceptó el trato. Antes de irse a dormir, Sam fue al baño a sacarse la ropa y ponerse el piyama. Una vez con el piyama puesto, se fue a la cama y se acostó para dormir.
—Buenas noches, Ivy.
—Snivy…
Y los dos se quedaron dormidos minutos después. No era la única vez que ocurría eso. Cuando llegaban a un pueblo o una ciudad con un centro Pokémon, iban a dormir en una habitación. Desde aquel día Ivy siempre quería dormir junto a su entrenador en vez de dormir en su Pokébola/Pokéball. En los primeros días Snivy se acostaba a los pies de la cama, tiempo más tarde él la dejaba dormir al lado de sus piernas, y finalmente se acostaba más arriba. Ella tendía su pequeña cabeza en la misma almohada del joven y ponía el resto del cuerpo bajo las sábanas, como lo hacía el entrenador.
Luego de unas semanas, el chico consiguió varias victorias, unas medallas de gimnasio y varios compañeros Pokémon que atrapó durante su viaje. El lazo que los unían se hacía cada vez más estrecho. Entrenaron con mucho esfuerzo para que todos se hicieran más fuertes. Al tener varios Pokémon en el equipo, lo ideal, según Sam, era que en un momento del día entrenar uno y entrenar el otro en otra ocasión. Así podían fortalecerse equitativamente. Sus Pokémon se hacían más amigos del uno al otro, pero para Ivy no se sentía contenta con eso.
Desde que se unió un nuevo integrante al equipo, Snivy quería que su entrenador tuviera más atención en ella, porque siempre lo veía entrenando con el nuevo para que estuviera al nivel del Pokémon inicial. Ivy sentía celos. Pensaba que no estaba recibiendo tanta atención como lo hacía antes. Siempre quería que él lo eligiera para entrenar o combatir. La serpiente hierba no podía hacer mucho con los demás compañeros, porque si les hacía algo malo, Sam podía pensar mal de Ivy, por lo que trató de ser amigable con los otros Pokémon de su entrenador.
Un día Sam estaba buscando a su Snivy porque no lo veía por ningún lado. Él estaba muy preocupado, no la había visto por varios minutos.
—¡¿Ivy, en dónde estás?!
Él lo llamaba a todo pulmón, sin embargo, no había respuesta en los alrededores. Pensaba que su Pokémon se había perdido o que fue atacado por otro, incluso que unos rufianes la habían secuestrado; pensaba en lo peor. Después de mucha angustia, Sam pudo encontrar a su Snivy. Se sintió muy aliviado después de mucha búsqueda.
—¡Ahí estás! ¡Fiu! Me tenías muy preocupado, Ivy.
—Snivy…
Ella se sentía alegre de ver a su entrenador nuevamente. No le gustaba verlo alterado por su ausencia.
—¿En dónde estabas?
—Snivy vy.
En eso notó algo: Ivy tenía unas flores en sus manos. Era extraño para él que un Pokémon tuviera flores. Le preguntó:
—¿Y esas flores? ¿Para qué son?
—Vy.
Ella después quiso entregar las flores hacia su entrenador, él todavía estaba muy confundido por la situación.
—¿Son… son para mí?
—Snivy vy —diciendo en un tono alegre.
—Umm… Bueno… Muchas gracias… supongo…
Sam solo se dedicó a aceptar y tomar las flores de su Pokémon. Estas se veían muy bonitas. La tremenda confusión no dejaba su mente en paz. Notó después en Ivy que estaba sonrojada, sus manos estaban juntas delante de ella y tenía una linda sonrisa en su rostro. Algo andaba raro, pero no le importó en ese momento, lo importante era que encontró a su Snivy sana y salva.
—Muy bien —dijo aliviado—, gracias por las flores. Ahora continuemos con nuestro camino.
—¡Vy! —expresó con alegría.
Y ellos reanudaron su marcha hasta llegar a la siguiente población.
Llegó un momento en que Sam se cuestionó algo sobre Ivy, Su Snivy se estaba comportando de manera extraña últimamente. Ella se ponía muy afectiva y agradable con él. Recordó las cosas que ella hacía. No dormía dentro de su Pokébola/Pokéball como lo hacían sus compañeros, sino que dormía con el joven. Era una extrañeza que un Pokémon durmiera con su dueño en la misma cama; por una noche estaba bien, pero varias veces era raro. Pensaba que ella tenía muchísima confianza y cariño para que durmiera junto con él. Sam no quería decirle que no, él quería mucho a Ivy y no quería verla triste.
Al dormir al lado del Pokémon, se veía muy linda y calmada como para decirle lo contrario. En unas contadas ocasiones se quedaba dormida sobre la cama después de un largo día, y antes de que Sam se fuera a dormir. Con sus manos, de forma cuidadosa, para no despertarla, la movía de lugar. Ponía su cabeza sobre la almohada y después tapaba el resto del cuerpo con la sábana. Por último, con el piyama puesto, trataba de ir a acostarse, acomodarse y dormir al lado de ella. Todo lo hacía delicadamente. Tan pequeña, tan frágil, pensaba.
Sam no se sentía solo al dormir, se sentía muy acompañado de alguien que lo quería muchísimo. Dormía mejor y de vez en cuando soñaba con algo lindo. Además, era agradable despertar con alguien a su lado, era una buena forma de empezar el día. Le hacía complicado decirle que no. A la final tuvo que conformase con lo que estaba pasando. Después se volvió una costumbre dormir al lado de su Pokémon inicial que comenzó su viaje como entrenador.
Sam recordó sobre otra cosa que le pasó: esa vez que Ivy le entregó unas flores preciosas. En aquel momento solo estaba enfocado en saber que encontró a su Pokémon, pero le dijo que gracias de todos modos. Ahora se preguntaba por qué un Pokémon querría entregar flores a su entrenador. ¿Quizás… era una especie de obsequio? ¿Un regalo para él? ¿Por qué lo haría? En eso recordó que su Snivy se encariñó mucho con Sam, todos esos bonitos momentos desde el inicio de su aventura como entrenador. ¿Lo hacía para darle las gracias por todo lo que el joven había hecho por ella? Puede ser eso. ¿O tal vez acaso fuera porque...? no sabía. ¿Quizás todas las muestras de afecto que Ivy hizo a Sam eran porque… ella estaba enamorada de él?
Esa pregunta lo dejó muy pensativo y extrañado. Que un Pokémon se enamore de su entrenador… era algo que no lo había visto venir, ni que se habría puesto a pensar, ni que nunca había visto antes. Era raro. Sabía que si dos personas se querían mucho llegan a enamorarse, ¿pero que un Pokémon le tuviera tanto cariño a su dueño? Sam no tenía certeza cómo reaccionar a eso. Podría expresar tristeza, rabia, miedo, sorpresa, disgusto, pero en el fondo se sentía… feliz, aunque sea un poco.
Sam cuidó a su Snivy por mucho tiempo y lo quiso con tanto amor. Se preocupaba por ella, la cuidaba, la ayudaba a fortalecerse y a hacerse más fuerte. Supuso que era natural que, por todo lo que había hecho, Ivy se encariñara profundamente de Sam, hasta el punto de enamorarse. Sentía, en parte, que él hizo las cosas correctas como todo entrenador debería hacer: cuidar y querer a sus Pokémon en todo momento. Era muy extraño saber que su Snivy se enamorara de él. Otra cosa que sabía era que, con ese lazo inseparable, tendría un futuro exitoso como entrenador. Con un vínculo así de fuerte podrían trabajar mejor en equipo, incluso podría llegar a la liga y convertirse en campeón si seguía así. Era maravilloso; pero, por todo ese largo pensamiento, ya se había hecho de noche. El tiempo vuela cuando piensas por mucho rato. Era hora de irse a un centro Pokémon e ir a dormir con su querida Ivy.
Al llegar y después de curar a sus Pokémon, fueron a una habitación a descansar por toda la noche. Ivy, quien acompañaba a su entrenador fuera de su Pokébola/Pokéball, fue a la cama a recostarse. Una vez que Sam fue al baño y se cambiara de ropa por un piyama, se dirigió hacia la cama, en donde su Snivy la estaba esperando para dormir juntos nuevamente. La vio muy cansada como para moverse, por lo que trató de moverla con cuidado. Puso su cabeza en la almohada y tapó el resto de su cuerpo con las sábanas. Luego se él se metió entre las sábanas y se acomodó. Antes de dormir, le dijo su Pokémon:
—Buenas noches, Ivy. Qué tengas dulces sueños.
—Vy… —respondiendo en voz baja y de forma plácida, además de mostrar una suave sonrisa en su rostro.
En espera de un nuevo día, minutos después, los dos quedaron profundamente dormidos.
Eso sería todo. Lo que quise hacer aquí fue retratar el lado bonito de un romance entre entrenador y Pokémon, simple, inocente, agradable. Espero que les haya gustado y nos vemos a la próxima.
Edit: tuve que eliminar las otras partes porque había un detalle que no me gustó en absoluto. Lo siento por eso.
