Salto de fe.
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Disclaimer: Kimetsu no Yaiba claramente no me pertenece, bienvenidos a mi momento creativo.
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Capítulo II: Murmullos entre paredes.
Las bolsas le pesaban muchísimo y Nezuko se arrepintió de no haberle pedido a Inosuke que la acompañara a por la harina de arroz que les había faltado. Había pensado que era una cantidad menor, ciertamente, pero se había equivocado. Mientras avanzaba colina arriba hacia la finca vio salir a Uzui Tengen, él no pareció verla; estaba demasiado lejos. Hizo un puchero, pero continuó su camino hasta llegar a la cocina. Acomodó la compra recién hecha pasándola de un brazo al otro y saludó a las muchachas que chismeaban entre ellas.
— ¿De qué hablan ustedes tres sin mí? — Preguntó, interesada.
Se apresuró a dejar la compra sobre una pequeña mesa junto a la entrada mientras sonreía, feliz de librarse de ese peso e intrigada por el ambiente en el que se había introducido. Kiyo fue la primera en contestar, sonriente.
— Estamos discutiendo. — Informó.
La aprendiz de sanadora frunció el ceño, ellas peleaban por tonterías o se molestaban mutuamente como las hermanas que eran. Pero discutir era un término extraño en su lenguaje preadolescente, mucho más si exclamaban aquello en un tono más bien alegre.
—Ajá ¿Y por qué?
Estaba lista para mediar entre ellas. A medida que crecían sus personalidades individuales éstas llevaron a nuevas situaciones y aunque eran hermanas y amigas podían desatar el mismísimo infierno por nimiedades en la finca. Normalmente Aoi las ponía en orden, riñéndolas por pelear por cosas sin sentido, pero seguramente estaría entrenando, supuso.
—Yo digo que no se puede tener más de una esposa. — Naho se apresuró a decir, cruzando los brazos en una postura tozuda que ya conocía.
—Uzui Tengen tiene tres. — Kiyo apuntó, determinada y luciendo como la ganadora autoproclamada. —Si no podemos decidir, todas o ninguna.
—¡Pero su situación es diferente! — Sumi intervino, jugando con una de sus dos coletas. — Su clan estaba en problemas, y por eso necesitaba tres esposas…
—¿Y cuál era su problema? ¡Que su clan no tenía suficientes miembros! Pues bien, mismo caso. — Kiyo insistió, sonando convencida. — Si todos están de acuerdo no hay problema.
—¡Ve y pregúntale a Aoi si compartiría a Inosuke! — Gruñó Naho, tercamente.
La menor de los Kamado las observó pelear sin entender demasiado, le tomó un par de intentos lograr que las muchachas pararan su disputa para que le dieran aunque fuera un poco de contexto ¿Acaso Uzui les había metido alguna duda en la cabeza? No le extrañaría. El anterior pilar no tenía ningún tipo de reparo en afirmar que su extravagante estilo de vida era el mejor camino a seguir para alcanzar la felicidad. Y bueno, a lo mejor las niñas eran más impresionables de lo que pensaba.
—Se puede tener más de una esposa, porque Uzui tiene tres. — Kiyo explicó, con sus hermanas haciendo mohínes detrás. — Por lo tanto, si no podemos decidir cuál de nosotras se casará con Senjuro ¡Lo haremos las tres!
Un segundo. Nezuko se quedó con la boca abierta.
—Ah… ¿Senjuro Rengoku? — Consultó, las tres asintieron. — Oh… ¡oh!
¿Qué se suponía que debía decirles? La habían tomado por sorpresa, para empezar ¿desde cuándo les gustaba el muchacho? Bien, era un chico muy dulce y en definitiva podía entender que estuvieran enamoradas de él pero ¿las tres? No sabía qué se suponía que podía decir.
—Uh, mmmm ¿Y qué opina él? — Consultó, todavía procesándolo.
Las tres hermanas enamoradas del mismo chico, eso era absolutamente nuevo. Nuevo y un poco, bueno, escandaloso.
—Bueno, eso no es importante. — Kiyo, quien parecía en definitiva más determinada, le soltó. — Primero debemos decidir, tomar una estrategia y luego le preguntaremos.
—Eso no me parece correcto. — La interrumpió. — No pueden elegir por sobre los sentimientos de otra persona; ¿él al menos les ha dicho… no sé, algo, una señal…?
Ahora tenían una pequeña dictadora en la finca. Si no controlaban el temperamento de Kiyo terminaría por ser demasiado exigente y determinada; no era la primera vez que casi sin querer avasallaba a sus hermanas en sus afirmaciones absolutas. Sumi tendía a mediar entre la mayor y la menor, Naho. Éstas solían tener choques importantes, y entendía que tener un carácter fuerte no era malo pero debían aprender a mantener sus modales. Además, si bien Naho podía discutir con mucha emoción, era la más sensible y muchas veces la encontraba llorosa luego de haber tenido un malentendido con sus hermanas.
—Bueno… traeré té. — Sumi avisó, mientras Nezuko se preparaba para su primer asistencia emocional como hermana mayor no declarada.
No estaba preparada para lo que le vino encima. Se sorprendió que con doce años las niñas pudieran tener semejante percepción del romance ¿qué estaba haciendo ella a sus doce años? Ah… sí, era un demonio. Ciertamente no recordaba ningún enamoramiento anterior a ese periodo, sino hasta Zenitsu.
Escuchó atentamente cada uno de los relatos que las jovencitas tenían para ella, algunos eran tan tiernos que le dolían las mejillas de tanto sonreír, a veces se peleaban para contar la historia y se completaban entre sí. Aoi las encontró de esa manera, le hizo señas para que no las interrumpiera y ella pasó directamente a la cocina.
En teoría le tocaba a las más pequeñas cocinar, pero Aoi las dejó entretenerse con Nezuko: cocinar la ayudaría a ordenar sus ideas.
— Y entonces Senjuro dijo que mi pelo largo era muy bonito. — Naho murmuró, avergonzada pero luciendo muy feliz.
Aoi estiró la cabeza y llegó a ver a Nezuko que parecía estar a punto de derretirse de ternura, con la sonrisa de oreja a oreja y tan emocionada como las trillizas. La sanadora se encogió de hombros, pero desde la cocina prestaba atención a las declaraciones de las más jóvenes. Algunas de ella la hicieron sonreír, hasta que entendió a dónde iba aquello. Con cuchillo en mano, y una papa en la otra, interrumpió la conversación.
—¡Esperen! ¿Las tres están coqueteando con Senjuro Rengoku?
Del otro lado del salón Nezuko la miró como pidiendo auxilio desde su lugar en la mesita, lucía tan enternecida como conflictuada con la idea mientras tomaba lentamente su té de manzanilla.
Escandaloso.
—Miralo del otro lado, Senjuro coquetea con las tres. — Sumi avispó.
Las mayores se miraron.
Tenía un buen punto.
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—Pues déjalos— Hashibira se encogió de hombros.
—Las tres, Inosuke. — Aoi contradijo, contrariada.— ¡Las tres!
Entre ambos estaban tendiendo la ropa limpia al sol, y mientras tanto la muchacha aprovechaba para contarle el descubrimiento del día. El relato de cómo las niñas pensaban compartir al hermano menor del antiguo pilar de la flama fue contado con todo lujo de detalles, con pelos y señales. Inosuke no parecía estar escandalizado como ellas habían estado y eso de repente llamó la atención de la sanadora.
—Oyeme. — Le apuntó con el dedo. — Seré tu única esposa ¿Me escuchas? Sino no me caso.
—¿Y cuándo he dicho que quiero otra, tonta?— Inosuke aguijoneó, sin prestarle demasiada atención, levantándole una ceja.
—Dijiste que las deje planear cómo casarse las tres con Senjuro. — Puso las manos en jarra y bufó.
—Ellas, y él. Además aún son críos, da igual.
—Uhmm, puede que tengas razón. Ya entrarán en razón.
—Eso no quiere decir que no puedan casarse los cuatro.
—Cállate.
—Uzui lo hizo.
—Que te calles, Inosuke.
Él le sacó la lengua y le lanzó juguetonamente una funda de almohada húmeda al rostro. Infantil.
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Unos días antes de la ceremonia llegaron Tanjiro y Kanao para una estancia de varios días. Inosuke estaba contento de ver a su amigo, aunque no lo admitiría con palabras sino buscando pelea. Mientras ellos dos se ponían al día y festejaban entre sí, Kanao se acercó y les saludó tan afectuosamente como podía nacerle. Casarse con Tanjiro la había vuelto más receptiva y dispuesta a demostrar sus emociones, aunque era un proceso lento y progresivo. Tanjiro estaba especialmente contento de reencontrarse con su hermana, a quien abrazó largamente y con calidez.
Con casi veinte años, Tanjiro había terminado de crecer y aunque mantenía un aspecto amable y cariñoso, su rostro había perdido su aspecto aniñado. Era extraño pensar como pasaba el tiempo, Nezuko aún se sentía extraña al pensar que pronto cumpliría los dieciséis años; el tiempo corría rápido cuando los días estaban ocupados. Y Aoi era implacable para que así fuera.
Ver a su hermano tan crecido la hacía darse cuenta que efectivamente sus caminos se había bifurcado naturalmente: él había formado su propia familia y ella estaba formando una profesión para sí. Si bien en parte lo había hecho para alejarse del hogar Kamado y de Zenitsu, también lo hizo para liberar a su hermano de la permanente tarea de cuidar de ella. Nezuko podía decir que su formación estaba yendo más que bien y Aoi, siempre rigurosa y exigente, había afirmado que era naturalmente talentosa para ello.
Ella los abrazó a todos, y se dio cuenta de que había superado del todo aquel rompimiento tácito con Zenitsu cuando se sintió verdaderamente alegre de saber que llegaría en unas horas al hogar. Aoi charlaba alegremente con Kanao y ella se sintió un poco aislada; lejana. Todos estaban haciendo sus propios caminos, incluso ella ¿entonces por qué se sentía así?
—Nezuko ¡te traje unos dulces! — Su hermano recordó, tan dulce y atento como siempre, y le entregó una pequeña bolsa de tela llena de caramelos artesanales. — ¿Uh… por qué pareces triste?
Ella levantó la vista hacia su hermano y le sonrió, con los ojos llenos de lágrimas. No tenía sentido mentirle al respecto, Tanjiro podía percibirlo en el aire.
—Lo siento, es sólo que te extrañé mucho. — Dijo, y era sincera.
Tanjiro la abrazó con fuerza, con la tibieza que sólo un hermano puede tener y se sintió reconfortada. Todos hacían sus vidas, incluida, de la mano: lado a lado. Se hundió en el amplio pecho de su hermano; no podía dejar de sentirse extraña a pesar de gozar de tanto afecto. Él le pasó su mano buena por la espalda y le besó la frente.
—Tu también has crecido mucho. — Le mencionó, como si leyera sus pensamientos.
—Oh, sigo pequeñita. — Bromeó. — Me siento mal al lado de Inosuke ¿Por qué sigue creciendo y yo no? ¡Y Aoi también! ¡Y Kanao!
Hizo un pequeño berrinche, que honestamente buscaba distraer la atención hacía cosas más alegres, y todos rieron. Nezuko hizo un puchero y pasó su brazo por la cintura de su hermano. Sí, todo estaba bien, sólo estaba siendo tonta. Levantó la vista para encontrarse con la sonrisa transparente y dulce de Tanjiro; todo estaba bien.
Efectivamente, mientras cenaban Zenitsu llegó con su prometida, con quién aún no habían puesto fecha de casamiento - Esto sólo generó burlas por parte de sus dos amigos, especialmente Inosuke, por ser el último en casarse. La muchacha que venía de su brazo aún se mostraba bastante tímida frente a ellas, pero intentaron hacerla sentir en casa. Asuka se llamaba, y era pequeña y preciosa, debía admitir.
Hacían una pareja hermosa, admitió. Sí, ya no le dolía, podía ser sincera.
Se sentó junto a ella y le ofreció comida, le hizo bromas educadas y procuró incluirla. Zenitsu del otro lado de la mesa le sonrió y asintió, como si le agradeciera la atención otorgada a la una tímida Asuka. Ella sonrió de regreso, pero no pensaba que era un favor ni una atención; era decencia humana. Zenitsu era su amigo, lo apreciaba mucho, y si ella iba a ser su esposa en algún momento, entonces era su amiga por extensión.
Ya no le dolía, gracias a Dios.
La comida pasó rápido, Aoi le gritaba a Inosuke para que se bajara de la mesa. Kanao aún cubría su boca para reír quedamente. Zenitsu chillaba mientras luchaba con Inosuke por la última pieza de pollo. Asuka se reía a carcajada limpia. Era una buena noche, con todos sentados a la mesa.
Los preparativos de la boda los tenían a todos ocupados. Para intentar ayudar a la prometida a pasar mejor sus días previos, especialmente con tanto por hacer, se hizo cargo exclusivamente de la atención médica. Era bastante trabajo, a decir verdad; dado que incluía las tareas de boticario y farmacia, pero estaba bien con ello. Aún tenía tiempo para comer con su hermano y amigos.
Asuka se acercaba a ella casi sin ser notada, y se dio cuenta de que quizá la chica buscaba su aprobación. Una tontería, pero no pudo evitar sentirse importante. Le enseñó a atar vendas, y le platicó el tiempo que estuvo con ella en la enfermería. Le agradaba, aunque poseía una timidez que era muy ajena a su temperamento extrovertido.
Ese día había sido especialmente agotador, con un paciente tras otro. Nada especialmente complicado, salvo por el mal genio de la gente en general. Dos chicos intentaban invitarla a salir de forma insistente, pero estaba acostumbrada a rechazarlos haciéndose la tonta o inocente, era más sencillo y menos conflictivo.
— Deberías rechazarlos directamente o no dejarán de venir por cualquier cosa.
La voz sonó gruesa, como si atravesara el aire, unos metros detrás de ella. Un latido, y su ritmo cardiaco escaló a las nubes antes de que él terminara siquiera la frase ¿Cuándo había comenzado a tener ese efecto en ella?
—Shinazugawa. — Ella saludó, no le había escuchado entrar.
En general, no era capaz de distinguir sus pasos si no estaba concentrada estrictamente en ello. No tenía los sentidos de su hermano, lamentablemente. Sanemi estaba sentado con las piernas cruzadas sobre una de las camillas de atención temprana, y llevaba una toalla haciendo presión sobre su mano mutilada; teñida de rojo.
—¿Qué pasó? — Preguntó, manteniendo la calma pero invadida por la preocupación.
En el fondo, estaba contenta de tener la enfermería sola para ambos. Se turbó por ese pensamiento intrusivo segura de que no debería albergar tales tonterías en su mente. Sanemi no contestó de inmediato, avergonzado pero manteniendo su dignidad lo mayormente intacta posible hasta que finalmente confesó:
—Tiré un cuchillo y quise tomarlo en el aire, antes de que cayera.
Nezuko frunció los labios, comprendiendo de inmediato. Sanemi había tratado de tomar el cuchillo con la mano que contaba con dos dedos menos, y no pudo lograr agarrarlo de manera correcta. Solía ocurrir que quienes tenían una herida de ese tipo; pérdidas de miembros. Solían acostumbrarse y a veces actuar como si el miembro aún estuviera allí.
Con cuidado, y sin pedir mayores explicaciones, se sentó frente a él y procuró desenredar cuidadosamente la toalla de la herida; era bastante profunda. Suavemente tomó su mano y examinó la herida entre sus muñones.
—Bueno, esto sanará bien pero deberé coserte ¿Bien? — Con una sonrisa suave, optó por la aguja e hilo.
Shinazugawa odiaba sentirse cohibido por la situación. Si bien con el tiempo se había adaptado a la ausencia de sus dedos, e incluso había logrado tener un buen agarre sobre su espada sin ellos, seguía sintiendo que de cierto modo estaba malogrado e incompleto. La mayoría del tiempo no le importaba, pero su mano callosa y cuarteada entre las pequeñas y suaves de Nezuko le hacían sentir indigno de alguna manera.
Luchó contra su idea de ocultar la mano o pedirle a Aoi que le cosiera, porque no había ningún fundamento real para eso y sólo lograría en su vanidad lastimar los sentimientos de la muchacha que había demostrado ser una excelente aprendiz de sanadora.
Ella observó los contornos y antes de cerrar el corte lo limpió en profundidad para evitar infecciones. No podía decir que ver lo que restaba de las falanges arrancadas no le producía una sensación de dolor en el estómago. Todos ellos habían sufrido pérdidas. Su hermano y cuñada, un brazo y ojos. Tomioka también, del mismo modo. Sanemi sentado frente a ella con la extremidad mutilada le provocaba esa pesadez en el fondo de su alma de no haber hecho lo suficiente. No cargaba cicatrices siquiera.
—Nunca te agradecí por todo tu esfuerzo como cazador de demonios. — Mencionó Nezuko antes de colocar una loción anestésica en el lugar a coser. — Sé que dirás que fue tu elección, pero… bueno, yo no hice demasiado.
—Te agredí mientras eras un demonio, cuando estabas indefensa. — La interrumpió. — Ayudaste mucho, aunque no lo creas.
—Ya te perdoné por eso, no seas tonto.
La sanadora nunca le mencionaba al ex pilar que le colocaba anestesia; ya sabía que él se negaría. Sanemi alegaba tener una buena resistencia al dolor, y que otra persona podría requerir tan necesaria loción más que él. La joven sabía que no se creía digno de recibirla. Por eso no se lo mencionaba en lo absoluto, no le daba tiempo a reclamarle al respecto.
—Ahora voy a suturar. — Le informó antes de hundir la aguja en su carne mancillada.
—Te dije que no necesito anestesia — Le gruñó.
Ella levantó la cabeza para sonreírle como una niña que se había salido con la suya, y cayó en cuenta de la cercanía. Desde su lugar casi entre las piernas abiertas de Shinazugawa, con su mano entre las suyas y la intimidad de la enfermería se sintió casi abrumada por su presencia. No era Tanjiro en lo absoluto, pero Nezuko defendería a muerte la idea de que el hombre frente a ella olía como el sol*. Sus ojos se encontraron, con la puntada a medias, y se mantuvieron así varios segundos.
La mayoría de las mujeres pensaban que Sanemi era intimidante, y no podía culparlas. Las cicatrices que surcaban su rostro y gran parte de su cuerpo le daban un aire a buscapleitos. El semblante serio, de pocos amigos, no invitaba a la conversación. Y su altura imponía respeto; en general, Shinazugawa era muchas cosas pero no un galán de feria. Nezuko rió ante la idea, y dejando la puntada a medias corrigió el mechón rebelde del cabello albino.
—No hay rencor en mi corazón. — Le aclaró. — Así que tampoco debería haber culpa en el tuyo.
Sanemi no era un muchachito, de modo que ese suave contacto no le alborotó el ritmo cardíaco sino que le dió una sensación de calma. La joven que volvió a su tarea de coserle la herida le producía esa sensación: paz, tranquilidad y calma. Era como la brisa suave en los atardeceres veraniegos. En algún momento ella le recordó a Genya; pero en definitiva eran diferentes.
—No existe tal cosa como la vida sin arrepentimiento para nosotros. — Aclaró, cuando ella cortó el hilo de sutura.
Erguido frente a ella, de pie, y ésta sentada Sanemi se dio cuenta de que a pesar de haber crecido solo unas pulgadas era mucho más madura de lo que había parecido. Nezuko lo miró de una manera que no podía definir, entonces le tomó la mano herida y buscó una venda para cubrirla.
—Perdonar a otros es más fácil que perdonarnos a nosotros mismos. — Musitó, con movimientos ágiles. — Eres tu peor juez, y tu principal verdugo.
Dicho esto, ella culminó el vendaje y se levantó de la silla que había ocupado hasta entonces.
—Tu hermano no querría que vivieras con arrepentimientos; la muerte no es la única forma de hallar libertad.
Nezuko contaba con dieciséis años, había perdido dos en su etapa demoníaca; pero la pérdida, el trabajo y la vida se habían encargado de forjarla. Ella guardó todo lo ocupado y se volvió hacia él, que esperaba a un costado de la entrada. Salieron juntos del lugar, y Sanemi terminó aceptando su invitación a tomar un poco de té y al ser la puerta demasiado estrecha para ambos,dejándola pasar primero el ex pilar la empujó suavemente tomándola del hombro.
Nezuko sintió el calor de la palma del ex pilar del viento que le quemó a través de la ropa, se volvió para sonreírle ocultando otra vez el movimiento frenético de su sangre. Debía comenzar a aceptar que lo que sentía por él quizá no era sólo admiración.
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Asuka llegó al patio en busca de aire fresco, agotada de los constantes y ruidosos encuentros de su prometido y sus amigos. Al abrir suavemente las puertas corredizas se halló con Nezuko conversando alegremente con un hombre marcado por cicatrices. La sanadora parecía casi llevar toda la conversación, pero atinó a observar como él le sonreía casi de modo imperceptible. De no haberlo mirado en ese instante, se lo habría perdido.
De pronto se sintió como una fisgona, mirando lo que no debe. Se corrigió a sí misma, seguramente era un invitado de la finca y ella sólo lo estaba entreteniendo. Después de todo, ¿qué más haría una muchacha tan guapa como Nezuko Kamado con un tipo como ese?
Asuka salió de su lugar, segura de que no estaba interrumpiendo nada, y se acercó. El hombre frente a ella le frunció el ceño y sintió un escalofrío subir desde la base de su espalda hasta erizar los vellos de la nuca. Era un hombre aterrador, con sus ojos fríos y cuerpo enorme.
— ¡Asuka, ven, toma un poco de té con nosotros! — Nezuko la invitó, casi como si la presencia sobrecogedora de su acompañante no la afectara en absoluto. —Él es Shinazugawa Sanemi, también era un cazador de demonios ¡Un pilar, en realidad!
A diferencia de Zenitsu, este hombre encarnizaba lo aterrador de un cazador. Él asintió en reconocimiento y a ella le temblaron las piernas, pero no supo cómo decir que no, por lo que terminó tomando asiento lo más lejos posible de él y muy pegada a Nezuko.
Ese hombre le daba pavor. Mientras sorbía educadamente de su taza de té observó a la otra jovencita en la mesa ¿Acaso era inmune a los tipejos de terror? Dio otro sorbo, y de repente extrañó el ruido del que había huido antes.
Sanemi se mantuvo apoyado en la pared, escuchando con atención todo lo que Nezuko le relataba. La otra muchacha apenas si aportaba algunas frases y pensó que era sosa y torpe. O tal vez estar sentada al lado de la sanadora la hacía ver de esa manera; no sería poco probable que al lado de la burbujeante y dulce Nezuko cualquier otra chica perdiera encanto.
Tras darse cuenta de su tren de pensamiento, se sintió sucio ¿Qué hacía él dedicando semejantes comentarios a Nezuko? Ella era impoluta, suave y pura; él no era digno siquiera de evocarla en su mente. Se levantó.
—Debo irme, volveré para la ceremonia. — Informó.
Nezuko también abandonó su lugar junto a la mesa de té que había instalado junto al jardín y se ofreció a acompañarlo hasta la salida. Asuka se quedó en la mesita, con su tercera taza de té con una única idea girando en su cabeza ¿Nezuko estaba… interesada en ese hombre? El color se le fue del rostro.
Otro sorbo de té y alejó esa tontería de su cabeza. Absolutamente no, era un sinsentido.
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Con tanta gente en la finca, sumando los propios pacientes que iban y venían, Aoi tenía los nervios a flor de piel. Las más pequeñas habían tomado la decisión de evitarla tanto como fuera posible. Tanjiro y Kanao habían comenzado a hacerse cargo de tareas extra para aligerar la carga; y Nezuko seguía extenuada atendiendo a cada paciente que ingresaba.
Organizar el matrimonio de Aoi e Inosuke había sido mucho más complicado que el de la pareja antes mencionada.
La sanadora en jefe trataba de que todo estuviera perfecto, y faltando apenas dos días, su ansiedad incrementaba y con ella su irritabilidad. Nezuko la rehuía, las hermanas corrían en dirección contraria al verla; y hasta sus invitados procuraban darle espacio.
Aoi estaba en una habitación de depósito controlando que tuvieran suficiente bebida cuando los brazos de Inosuke la dejaron contra las cajar. Se giró sobre sí misma dispuesta a reñirlo; pero no la dejó hablar.
Los labios húmedos de su prometido se robaron cualquier tipo de queja que hubiera estado dispuesta a liberar. Arrinconándola contra las cajas del depósito, Aoi abandonó sus intentos de liberación. Hacia tiempo que se había dado cuenta de que apenas y ese hombre le ponía un dedo encima no podía volver a encaminar una idea.
El autoproclamado rey de la montaña la sentó sobre una caja apilada para que estuviera sentada a su altura, entrometiendose en la abertura de sus muslos. Suave pero feroz se acomodó entre ellas y con una mano en la espalda baja de ella la cercó a su cuerpo; Aoi gimió.
—Deja de ser un incordio, mujer. — Inosuke reclamó mientras le mordía juguetonamente el cuello. — Aquí solo importamos nosotros, y a nadie le importa una mierda si en un florero hay seis flores y en otra cinco ¿Me escuchas?
Aoi quizo abofetearlo, pero él volvió a acomodar su peso contra ella para besarla y pensó que podría hacerlo luego.
Si bien al principio Inosuke había sido quien llevaba las riendas en sus acercamientos, el tiempo le había otrogado mayor soltura e iniciativa; cosa que sólo logró emocionar al Hashibira. Aoi se apretó contra él, abrazándolo con sus piernas y le mordió el labio inferior. Empleó sus manos para recorrer su espalda, hundiendo sus dedos en zonas estratégicas que lograban que su prometido le jalara del cabello con la intención de dejar más expuesto su cuello.
Tras un par de acalorados encuentros, Aoi había concluido que casarse pronto había sido una buena iniciativa. Inosuke tenía muchas cualidades redentoras, pero la paciencia no era una de ellas. En esa ocasión puntual, mientras se aferraba a él con sus piernas y con una de sus manos apretaba lo que había descubierto era un mullido trasero, él intentaba desesperadamente desenredar su delantal.
—Tú y yo tenemos un trato, Inosuke. — Le recordó, besándole la quijada. — Nada más que esto hasta que lleve tu apellido.
—Nadie tiene por qué saberlo. — Hizo un puchero, friccionando contra ella.
—¿No eres un hombre de palabra, entonces?
Aoi sabía que lo estaba provocando adrede, pero era demasiado sencillo hacerlo. Ella bajó de la caja apilada y dejó un suave beso sobre sus labios; había sido un buen entretenimiento y había logrado relajarla con toda seguridad. Inosuke tenía razón, estaba dando demasiada importancia a las nimiedades.
—¿Y si te hago tempura, me cambias esa cara de hombre torturado?
Inosuke levantó una ceja de esa manera que hacía a Aoi apretar los muslos.
—Soy un hombre torturado. — Gruñó. — Pero acepto tu oferta.
Ella se rió, las niñas dejaron de evitarla, Nezuko volvió a cocinar con ella y nadie entendía su cambio de humor; salvo las cajas del depósito.
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Tenía esto escrito a medias hace un montón pero no podía darme tiempo para terminarlo. Espero que les haya gustado, les mando un beso. No sé ustedes, pero amo profundamente la idea de Nezuko proponiéndose conquistar a Sanemi ¡Gracias por leer!
