Salto de fe

Disclaimer: Kimetsu no Yaiba claramente no es mío, sean bienvenidos a mi momento creativo.

Capítulo III: Salta, ¡salta!

- Oye, Nezuko ¿Dónde quieres esto?

La voz gruesa de Inosuke sacó a la nombrada de su estado de ensimismamiento. La menor llevaba un par de horas encerrada en el laboratorio de la finca fabricando ungüentos para quemaduras relativamente graves. El muchacho cargaba entre sus brazos dos cajas pequeñas que la sanadora en entrenamiento sabía eran los recipientes solicitados para albergar el remedio.

Esas eran las últimas cajas de las entregas del día, la única que no tenía nada que ver con la ceremonia que se realizó en unas horas. Nezuko había aprovechado la mañana terminando el ungüento que había dejado concentrarse durante la noche para poder, de una buena vez, abocarse a ayudar a su amiga y maestra.

—Déjalo junto al hornillo. - Pidió, quitándose el delantal.

Inosuke hizo lo que le pedía, depositando con la mayor suavidad posible aquellas pequeñas cajitas de madera sobre la mesada junto al hornillo indicado. Nezuko sonrió; con el tiempo y los años el joven que acarreaba consigo su cabeza de jabalí había dominado el arte de "manipular las cosas con cuidado". Estaba lejos de la delicadeza, pero era mejor que sus primeros momentos dentro de la finca.

- ¿Sabes si ya volvieron las chicas? - Consultó, colgando su delantal en un perchero junto a la puerta. - Deberían haber demorado poco más de media hora en ir y volver por azúcar al pueblo.

Porque de todas las cosas posibles de olvidar comprar, el azúcar parecía el menos obvio. No terminar los postres sin ella, y no quería que Aoi se enterara y entrase en otro momento de estrés antes de la boda.

—Sí, ya están en las cocinas. - Informó, estirándose.

—Bien, ¡ve a bañarte, entonces! A partir de ahora, eres el novio y sólo debes preocuparte por no hacer enojar a tu prometida.

La menor lo empujó hacia dónde los baños estaban y en un rápido movimiento le quitó la cabeza de jabalí.

—No puede casarte con esto. - Determinó - Te la devolveré mañana.

Inosuke se planteó recuperar su cabeza en ese mismo momento, pero estaba seguro de que Aoi preferiría que la ceremonia se desarrollara sin su cabeza de jabalí. Ligeramente fastidiado, se giró y encaminó hacia los baños dónde ya le esperaban sus amigos. En el camino se encontró con Kanao quién asintió en reconocimiento antes de darle paso.

—Ya solucionamos el asunto de los postres. - Ella sonrió dulcemente. - Así que ahora sólo falta dejar que el cordero acabé de cocinarse, y ayudar a vestirse a Aoi.

Nezuko asintió. Habían decidido que ambas, como hermanas cada una a su manera de la novia, la asistirían en esa ocasión. Aoi había pedido que la dejaran bañarse sola, tranquila; pero se negado a ello. Kanao sería quién la acompañaría y le lavaría el cabello con dulzura. Acababa de terminar con ello, afirmó.

—El sacerdote vendrá en poco más de una hora y media. - Anunció ella. - Pude terminar con los ungüentos antes de lo pensado.

Tomando a su cuñada de la mano se retiró a la habitación de la novia. Aoi estaba de pie contemplando su shiromuku * de un blanco impecable. Parecía absorta en trazar los pliegues del mismo con las yemas de sus dedos. Era casi irreal para ella.

¿Quién habría pensado que terminaría allí, con un vestido de novia, a punto de casarse con Inosuke?

El sonido de la puerta de su habitación abriéndose no la motivó a sacar la vista de la tela suave y almidonada que se hallaba frente a ella. Nezuko se detuvo detrás de ella con un cepillo en su mano.

—Vamos, vamos ¿No querrás llegar tarde y hacer esperar al sacerdote, no es cierto?

Ella sonrió y Nezuko se encargó de relajarla con la conversación; era su don: la elocuencia. La menor de los Kamado siempre tenía algo para decir, narraba historias de la manera más entretenida y maravillosa; con una voz envolvente y amable. Mientras la joven le contaba un relato sobre el nacimiento de las trenzas en los días de matrimonios Aoi se concentró en observarla.

Alguien que no la conocía lo suficiente no podría diferenciar cuando la más joven hablaba porque sí, y cuándo lo hacía para ocultar que algo iba mal con ella. Para su buena fortuna, o su desgracia, Aoi la conocía como si hubieran vivido juntas toda la vida. Levantó la mano para señalarle a Kanao, quien masajeaba su pantorrilla con aceites aromáticos, que se detuviera.

—Nezuko ¿Qué te tiene tan alterada?

Se hizo el silencio. Kanao le dio un instante de silencio a la sanadora en entrenamiento para responder a su pregunta, pero al ver que los labios entreabiertos se mostraban dubitativos; volvió a su tarea. Con las manos masajeando la piel blanca de Aoi añadió:

—Tiene estado rara estos días.

—Algo te pasa, Nezuko. - Aseguró la novia en ciernes.

Ella se mordió los labios pero continúa con su tarea de desenredar el cabello oscuro y lacio de su maestra. Apretó la boca en una clara señal de que estaba buscando las palabras en su mente. Salir de allí no era una opción; Probablemente Aoi hubiera esperado a estar solas para soltarle la pregunta. Dejó el cepillo a un costado en el suelo y deslizó sus finos dedos entre las hebras oscuras.

—Les advierto que, si se ríen de mí, probablemente no se los perdone… o, bueno, llore.

Kanao y su hermana del corazón se miraron preocupadas por lo que duró un latido antes de asegurarle que jamás de burlarían de ella ni de su sentir. Aoi observo a Nezuko mediante el espejo que se hallaba frente a ellas. De repente ella parecía más joven ya la vez, más madura. Era contradictorio, pero así la percibía.

A pesar de que le aseguraron que sus declaraciones estarían en buenas manos y materias del mayor secreto de hermandad, a Nezuko le tomó varios minutos más formulario por primera vez la idea que llevaba meses dándole vueltas la cabeza.

—Estoy enamorada de Shinazugawa.

Los ojos cálidos de la sanadora más joven se llenaron de lágrimas que no podía gestionar. El rostro de la novia era un poema, aunque quizá fuera de los trágicos. Kanao mantenía el rostro sereno, pero miraba fijamente a Aoi esperando un gesto sobre cómo actuar o qué decir.

—Tranquilas, sé que no tiene futuro. - Aclaró Nezuko y separó el cabello de Aoi en cuatro secciones para comenzar su tarea. - Lo sé, soy mucho menor, inmadura y jamás va a mirarme de esa manera… sólo…

Con las manos agiles que siempre había tenido, y sin ejercer más presión de la necesaria, trenzó bellamente la primera sección de cabello.

—Eres menor, sí. - Declaró la novia, recompuesta de la sorpresa inicial. - Pero no es como si fuera un anciano, no es eso lo que los separa.

Kanao terminó su tarea de pulir la piel de Aoi, ya lo antes dicho por ésta, agregó:

—Sólo importa la opinión de ustedes dos.

Cuando la confesión de Nezuko finalmente rompió la limitación de su mente y llegó a la realidad material el aire por unos instantes se hizo más espeso. Esa sí que había sido una forma rápida de descolocar a sus amigas. Se arrepintió casi al instante de aquello, dado que decirlo en voz alta y contárselo a alguien le significaba aceptar sus sentimientos como algo casi tangible. Pero sobre todo, la obligaba a afrontarlos.

Aoi se giró hacia ella apenas Nezuko afirmó haber terminado con su intrincada red de trenzas nupciales. La mayor de las tres le tomó ambas mejillas y tras besarla con una ternura abrumadora le sonrió.

—¿Le quieres? ¡Ve por él, entonces! - Animó.

Nezuko abrió los ojos como dos lunas llenas, levantando las cejas exageradamente por la sorpresa que le causó tal afirmación por parte de la novia. De las tres presentes Aoi se caracterizaba por ser la más sensata y lógica; se lo había contado casi esperando que subestimara sus afectos como un mero enamoramiento infantil. No lo era, y lo sabía. Shinazugawa le causaba sentimientos y emociones que nadie más podía, ni siquiera su enamoramiento con Zenitsu podía ser objeto de comparación.

Sí, Zenitsu había sido encantador, risueño y amoroso. Nezuko probablemente había vestido ella misma un shiromuku para casarse con él si las cosas hubieran sido de forma diferente. Sí, absolutamente. Pero Sanemi le generaba una vibración dentro de sí que le hacía arder por dentro en algo que terminó encuadrando como puro deseo. Era extraño dado que él era muchas cosas, pero no precisamente una belleza sencilla de llevar.

Pero las cicatrices marcadas no le intimidaban, mucho menos cuando su mirada se entibiaba al hablar con ella. El tono de voz rudo y discursos escuetos que normalmente predominaban en el antiguo pilar del viento se diluían en sonrisas suaves y largas que lograban hacerla sonrojar.

Porque si bien reconocía sentirse sexualmente atraída hacia él, podía asumir sin vergüenza para sí misma que el tiempo que pasaba con él se había convertido en el objeto de su añoranzas cuando tenía tiempo para sí misma.

Ella había esperado un comentario más disciplinario por parte de su maestra, quizá que la orientación para abandonar esos que tan conflictuada la tenían.

—Mira, Nezuko: sólo tú sabes lo que sientes y ya no eres una cría. - Declaró, adornando su peinado con un broche de jade. - ¿Lo quieres? Pues dicelo, si Sanemi Shinazugawa no sabe ver lo valiosa, amable y dulce que eres ¡Allá él!

Con el kimono a medio poner, los brazos en jarra y los ojos ardiendo en determinación Aoi enfrentó a su aprendiz.

—Este año culminaste tu entrenamiento, tienes casi diecisiete años y eres más madura de lo que crees. - Enumeró enfatizando con sus dedos. - No te rindas sin pelear.

—Las envidió, de cierto modo. - Murmuró ella. - Tanjiro y Kanao fueron tan suaves juntos como la leche tibia para llegar; tú e Inosuke son tan magnéticos que no podrían no acabar juntos… yo, por otro lado…

—Me cuesta entender mis sentimientos— Acotó Kanao. - Y Tanjiro es todo sentimiento; es difícil a veces entendernos: debemos esforzarnos.

Aoi entendió a dónde apuntaba su hermana.

—Inosuke es un cabeza dura, idiota, que no tiene el más mínimo sentido de las normas sociales. - La novia se levantó. - Y yo misma a veces soy demasiado rigurosa… ah, no: no es sencillo siempre. Siempre que manifiestas tus sentimientos esperando que el otro te corresponda, es un acto de fe. Un salto de fe, que esperas que no signifique un salto al vacío.

Kanao acomodó el wataboshi sobre el cabello ya oculto de Aoi con sumo cuidado, antes de ocuparse de maquillarla.

—Nadie que tema sentir alguna vez ha amado con todo su ser plenamente.

Aoi miró a sus hermanas y pensó si debía o no soltar un secreto que a pesar de que nadie le hubiera pedido guardar, lo había ahecho durante años.

—La señorita Shinobu murió sin poder hacerlo. - Susurró.

Kanao inclinó la cabeza en una muestra exterior de confusión.

—¿La maestra estaba enamorada? - Preguntó terminando con el labial de la novia.

—Oh, sí.

Aoi contempló la imagen de sí misma en el espejo. Lucía hermosa; había hecho una buena elección de kimono para ese día. Miró el segundo que llevaría en unas horas, rojo y dorado con negro, y se volvió hacía las dos menores.

—Antes de partir a la pelea le pregunté si partía con algún arrepentimiento. - Aoi comprendió más tarde, que cargaría con la culpa de dejarlas solas. - Ella me dijo que su segundo mayor arrepentimiento fue no robarle un beso aunque fuere a Tomioka; aunque fuera sólo para fastidiarlo.

—Oh, oh. Entonces no fue casualidad. - Razonó Kanao. - La noche que nos encontramos en el bosque del demonio Rui la maestra le dijo al pilar del agua "La luna se ve hermosa ¿no?"

Aoi soltó un pequeño chillido.

—¿Qué le respondió?

Y allí estaba ella, enterándose del chisme años después ¡Que malas eran para comunicarse, Dios Santo!

—No lo hizo.

—Bastardo insensible. - Insultó a la muchacha de blanco.

Kanao les había dicho que hasta que tiempo después Tanjiro le dijo lo mismo, y solicitó una explicación dado que la luna ni siquiera estaba llena, él avergonzado se lo comento: es una forma sutil de hacer saber a alguien que le amas; con cierta timidez. Nezuko sonrió con tristeza.

—A lo mejor ni siquiera lo haya sabido. - Especuló ella.

—Tomioka es obtuso, después de todo. —Se rió la sanadora.

Las risas se callaron, llevándose consigo recuerdos agridulces cuando la puerta fue tocada y posteriormente a Sumi en search de las tres muchachas.

—El sacerdote ya viene, ¡podemos verlo al final del camino! —Acusó ella. - ¡Y ustedes dos no están listas!

Nezuko le sacó la lengua, Kanao se apresuró a vestir su kimono.

La ceremonia en el templo fue muy tradicional.

Cuando los novios se encontraron en la puerta de la finca de las mariposas ambos se miraron unos breves instantes; disfrutando de la presencia del otro. Aoi nunca había pensado que habría alguna manera de que su novio se viera más guapo de lo que se veía en uniforme. Pero sí que el traje negro, los pantalones de kimono anchos y su cabello inusualmente bien peinado le sentaban bien.

Él le soltó una sonrisa socarrona, casi burlesca, y ella le guiñó un a sabiendas de que nadie podría ojo verlos.

El templo más cercano quedaba a unos diez minutos caminando; y como estado practicado - porque con él era necesario- Inosuke le tendió el brazo para que ella pudiera apoyarse en él y de esa manera escoltarla hasta lo alto del altar. Una vez allí el sacerdote los purificó; Inosuke estaba instruido de soportar el incienso y el humo; pero la experiencia no había sido agradable. Estuvo feliz cuando después de varias incesantes oraciones por ellos llegaron a la etapa de compartir sake.

Tres sorbos después, algunas oraciones más y el sacerdote los declaró finalmente casados como correspondía. Se tragó el ruido de satisfacción por haber atravesado toda esa ceremonia sin sentido para él; pero por alguna razón Aoi lo creía necesario. Así que ahí estaba: embutido en ropa pesada e innecesaria, respirando ese humo gris y excesivamente perfumado bebiendo de aquel licor amargo.

Pero ella parecía contenta; se veía muy rara con esas ropas blancas y holgadas pero Tanjiro le había suplicado soportar esta parte del casamiento en buen tono. Más tarde vendría la celebración de verdad, prometió; dónde abundaría comida y amigos.

- Oye Inosuke - Le había llamado mientras se bañaban, señalándolo - No vayas a arruinar la ceremonia en el templo ¡Es muy importante para Aoi! ¡Este debe ser un buen recuerdo para ambos!

Había tenido razón. El regreso al hogar vino acompañado de cantos y coros de felicitaciones. Al llegar a la finca, al cual las niñas se han adelantado para tener todo listo, el resto de los invitados se apresuraron a felicitarlos. Entre los invitados se hallaban los dos ex pilares; las tres mujeres de Tengen a punto de parir, incluso hasta el antiguo cultivador de Tanjiro estaba allí; Urokodaki aún con su máscara ceñida a su rostro.

Aoi se disculpó para ir a cambiarse, esta vez acompañada por las tres más jóvenes, y regresó como una diosa de fuego ataviada en el kimono más lujoso y atractivo que nunca la hubiera visto llevar. Sumi lloraba de alegría detrás de ella y fue entonces cuando Makio levantó la primera copa para brindar por los recién casados. Claramente, el discurso más extravagante lo dio su propio esposo al desearles tantísimos hijos.

Lo que menos faltó fue la bebida. La fiesta si bien era pequeña había sido más que exitoso. Todos los invitados se encontraban contentos, algunos más demostrativamente que otros, pero todo parecía ir bien. Los novios se hallaban sentados uno junto al otro en medio de la mesa recibiendo toda la atención. Los brindis fueron uno tras otro; ya pesar de que a ninguno de los dos se le daba demasiado el alcohol Tengen los instaba a brindar una y otra vez.

Entre un trago y otro, y sólo después de llenarse la boca de comida hasta la saciedad, Inosuke dejó su mano descansar sobre el muslo cubierto de su mujer. Eso sonaba muy bien en su boca, su mujer. Sería increíble poder emplearlo para patear a los idiotas que rondaban a su esposa como malditas moscas a la fruta. Apretó suavemente la carne de ella y Aoi no lo miró para evitar que los colores se le subieran al rostro.

Inosuke había esperado tan pacientemente como pudo, a pesar de haberle provocado hasta los extremos. Aoi se sintió mareada súbitamente, pero nada tenía que ver con el alcohol.

O tal vez un poco.

La fiesta avanzó niveles que nunca pensó. Mientras ella conversaba animadamente con el resto de los invitados su marido estaba entretenido midiendo fuerzas con el ex pilar del viento; por insistencia de Tengen Uzui y con Tomioka como jurado. Todos los presentes en aquel teatro estaban ebrios, temió.

Incluido el novio.

Aoi estuve al resto de sus invitados: Sumi y Kiyo estaban sentadas cada una a un lado de Senjuro Rengoku - Dios, esperaba que eso sí que no progresara. - La mano de Naho respondió su incógnita sobre dónde estaría. La sacó a bailar, y todos empezaron a hacer palmas para acompañarlas, y luego de a poco se les unieron. Para cuando el sol comenzaba a esconderse casi todo el mundo estaba borracho como una cuba, muchos de ellos apoyados contra paredes para sostenerse, y otros ya comenzaba a ayudar a levantar la fiesta.

Una de ellas era Hinatsuru, la esposa más joven de Tengen; quién camino a la cocina se detuvo en seco con el ceño fruncido. Aoi, quien había logrado sacar a su marido a rastras de otra competencia absurda con Zenitsu ayudada por la dulce Asuka, soltó al hombre dejándolo caer al suelo en un ruidoso tumbo.

—¡Eh, qué demonios, Aoi! - Bufó, enojado por el golpe.

Aoi no le contestó, estaba demasiado ocupada mirando el charco a los pies de la mujer. Inosuke frunció el ceño y tras un quejido por parte de la esposa del ex pilar del sonido; reaccionó.

Fue como si el alcohol se disipara en un suspiro.

—¡Todos fuera! - Comandó la novia, arremangándose le vestido.

No fue necesario que le diera indicaciones a recién casado, pues antes de que el resto de los invitados reaccionaran a sus órdenes él ya tenía a la mujer entre los brazos.

—¡No, no, Inosuke! Voy a manchar tu preciosa ropa— Lloriqueó, adolorida. - Puedo caminar, de verdad que sí.

—Ni hablar. - La cortó, acomodándola y encaminándose a la habitación que las muchachas empleaban para parturientas.

—Oye, suelta a mi mujer. - Tengen tomó lo más cuidadosamente que pudo a Hinatsuru.

Si bien su brazo cortado no era útil aún podía tomar a su esposa en brazos. Inosuke la acomodó entre los brazos del ex pilar y lo guio hasta dónde la atenderían. Makio y Suma corrieron detrás de su esposo y amiga, la última llorando y la primera gritándole para que mantuviera la calma.

—Ahora sólo no te pongas tú de parto.

—No seal mala conmigo, Makio— Sollozó.

Las hormonas no hacían nada por el carácter frágil de Suma, mucho menos cuando Makio no paraba de darle lata al respecto según ella. Contrario a lo afirmado, la susodicha procuraba malcriarla y mimarla en todo lo posible pero su forma de ser tenía un límite.

—¡Nezuko, agua hervida…! - La solicitud de Aoi cayó en oídos sordos pues la mencionada no sólo no respondió sino que ni siquiera estaba allí.

Aoi miró el techo y respiró profundo buscando fuerzas para afrontar lo que se le venía encima. El problema no iba a ser le parto, si todo iba bien, sino la familia extraordinaria y extravagante que afrontaba el nacimiento. Dado que su aprendiz parece haber hecho humo y disipado como el incienso de esa misma mañana, decidió ocupar las otras dos esposas de Tengen Uzui.

—¡Suma, busca toallas limpias en la enfermería! ¡Makio, necesito que pongas agua a hervir y la lleves a la enfermería!

Tomioka realiza a la muchacha de dieciocho años, aún con su kimono nupcial, conviértete en mandamás en un momento. Kocho había tenido razón cuando le expresó que probablemente la más subestimada de su niñas era Aoi.

—Kiyo; desinfecta el material. - Ordenó, quitándose las sandalias que había tolerado todo el día. - Sumi, asegúrate de que funcionen las lamparas porque pronto oscurecerá.

Naho entró corriendo al recinto que en un instante se había alborotado.

—Ya acomodé la tira de parto. - indico.

—¿Tira de parto? - Confusa, preguntó Asuka.

—¿Tienes madera para llevar un parto, chica? - Aoi consultó, la chica de ojos verdes se puso pálida. - Entonces no preguntes.

Evaluar a Hinatsuru implicó quedar a solar con ella y eso fue, quizás, lo más duro de lograr. Tengen no se tomó bien que lo sacara de la habitación, pero la voz adolorida de su mujer logró que accediera.

—Tienes poco de dilatación. - Anunció. - Te revisaré periódicamente, pero puede demorar que tu cuerpo esté listo.

—¿Dilatación…?

—Tu cuerpo "se abre" para dejarle la salida más fácil al bebé. - Explicó. - ¿Los dejo pasar?

Hinatsuru asintió, dándole las gracias.

La habitación se llenó de gente de nuevo y ella salió al pasillo. Ya había atardecido. Inosuke la esperaba allí, le ofreció un té. Se paró a su lado, apoyándose en su hombro y la pared. Estaba implícito, pero de todas maneras lo manifestó:

—No creo que podamos, ah…, "acoplarnos" hoy. - Gimió, echando su cabeza hacia atrás. - Hinatsuru parece tener para largo rato.

Su marido suspiró con cansancio, bastante molesto por postergar el apareamiento que tanto había deseado. Pero se limitó a pasar su brazo por sobre los hombros de Aoi y acercarla a su cuerpo. Pensando en las palabras de Tengen, quien estaba dentro con su esposa en labor de parto, se las susurró a su mujer:

—Ya tendremos el resto de nuestras vidas.

Aoi se sonrojó y se hundió en su abrazo; Inosuke olía a brazas, montaña y sol. Disfrutó la cercanía y las voces en la habitación de enfrente se convirtieron en ruidos de fondo, casi sordos. Ese momento, juntos en silencio, fue quizá el más íntimo de la noche y se sintió bien sólo estar allí, abrazados. Absorbió el calor del cuerpo masculino, intoxicándose de su perfume masculino y buscó sus labios.

Sí, tenían el resto de sus vidas.


¿Ustedes querían limones? Pues no, aún no; el próximo capítulo.

Traigo esto mucho más pronto de lo que pensaba, y quizás se me hayan pasado algunos errores así que sean benevolentes conmigo.

De esto, con toda seguridad, saldrá otra historia diferente - porque aunque no sean canon, Shinobu y Giyuu merecen más y mejor.

Espero que les haya gustado, paz y amor. Gracias por sus Reseñas; me dan ganas de seguir.

Aclaraciones:

Watabochi: es una suerte de "sobrero nupcial" dentro de la vestimenta tradicional y acompaña al Shiromuku que es el kimono nupcial propiamente dicho, también de color blanco.

El segundo kimono que Aoi usa es para la fiesta en la finca, menos tradicional pero mucho más cómodo. El hecho de que tenga dos kimonos también quiere marcar básicamente que puede pagarlo, es decir, es una suntuosidad que puede permitirse.