Salto de Fe

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Disclaimer: Kimetsu no Yaiba no me pertenece, bienvenidos a mi momento creativo.

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Capítulo VI:Un lugar feliz.

Nezuko tenía muy en claro sus objetivos: convertirse en una sanadora en toda la palabra por mérito propio. Para ello había abandonado su hogar de toda la vida y se había instalado en la Finca de la Mariposas. Aoi lo había convertido en un hospital luego de la guerra, y los antiguos cazadores aún la visitaban de vez en cuando. Bajo su guardia exigente y vigilante pasó de pincharse con las agujas a ser la mejor suturando heridas.

Los principios eran difíciles, se reconfortaba a sí misma. Aquella época fue dura, Aoi era maternal pero firme. Permitía equivocarse mas no la impericia. Nezuko asentía, pero por las noches se ovillaba en la seguridad de la noche y lloraba de frustración cuando finalmente la parte práctica la superaba. Mientras a ella la sangre le daba pánico observaba a su maestra abrir la carne con un instrumento filoso que llamaba "bisturí" con un semblante impávido y sereno.

Más de una vez consideró que su resolución había sido apresurada, que a lo mejor aprender lo básico era suficiente para su pequeño poblado entre las montañas. Pero persistió. Superó su repulsión a la sangre y fluidos humanos, aprendió a controlar el temblor de sus manos ante el dolor ajeno y a respirar por la boca cuando el hedor le daba arcadas.

Su maestra la palmeaba la espalda cada vez que terminaban una intervención poco agradable.

"¿Alguna vez seré como tú?", le había preguntado a la sanadora tras un día especialmente arduo de trabajo."Absolutamente no, como yo nunca seré como Shinobu. No, tú serás tú misma pero mejor. Capacitada. No vivas en la comparación, es absurdo."

Antes de siquiera entrar a la enfermería su maestra la había sentado en la biblioteca y había separado para ella material de lectura. Abundante, vasto y complejo material de lectura. La mayor le había expresado que estaba muy ocupada para enseñarle lo básico de anatomía; y que podía empezar por las nociones básicas por su cuenta. Ante cualquier duda, podía acudir a ella.

Sin embargo, Aoi le llevaba té cada pocas horas y se tomaba un tiempo para resolver sus consultas. Le sonrió, y después de las cenas le explicaba con detalle lo que hubiera avanzado con la teoría.

Lo básico, como bien había mencionado, no era demasiado complicado: la importancia de la higiene, como esterilizar los instrumentos, los nombres de todos los enseres necesarios para la curación, entre otras cosas. La anatomía propiamente dicha vino luego, y Nezuko gemía de frustración cuando no podía recordar el nombre de las principales venas y arterias.

"Coser un corte no es lo mismo que extraer un apéndice ¡Necesitas saber esto, Nezuko!", la reprendía Aoi.

Lo aprendió, finalmente. Aoi aprovechaba cualquier oportunidad práctica para enseñarle mientras tomaba manos en el asunto. Pasó mucho tiempo antes de que le permitiera asistirla en cualquier asunto más demandante.

Más allá de su entrenamiento, había disfrutado cada día en la Finca. Allí volvió a ser hermana mayor con las niñas revoloteando por la casa. Un lugar lleno de gente, de ruido y de risas. En aquellos pasillos pulidos y limpios, entre el olor del antiséptico y el té, halló un lugar en el mundo. Nezuko observó la escena que se desarrollaba en esos mismos pasillos: Inosuke le apretaba las mejillas a su esposa, su maestra, mientras se burlaba de ella entre risas.

Sí, estaba todo dónde debía estar. Aunque tuviera el corazón herido ese en todo el mundo era su lugar para sanar.

— Aoi, lamento interrumpir — Se burló — Pero Tengen ha enviado un cuervo avisando que Suma entró en labor de parto.

—¡Estúpendo, toma todo lo necesario, irémos a su casa! — Indicó.

—No será necesario, están viniendo.

—¿Con ella en plena labor? — Inquirió, poniendo los brazos en jarra. — Bueno, no queda tan lejos y le ayudará caminar si aún no está del todo dilatada.

—¿Dilatada? Ya está bastante gorda si me preguntas. — Interrumpió Inosuke, con su máscara de jabalí de nuevo puesta.

—Dila… Ah, no importa.

Aoi pareció pensarlo mejor, no tenía tiempo que perder para preparar todo. Nezuko se rió ante el quejido de molestia a viva voz que dio Inosuke, mientras defendía que Suma estaba gorda a reventar provocando a su mujer. Ella quería golpearlo con irritación, pero en cambió hizo lo único que podía para desviar su atención: le dio tareas.

—¿Y tú qué haces aquí? ¡Ve a traer agua hervida! Yo no puedo cargarla hasta la enfermería,es demasiado pesada para mí.

E hizo su magia: con el pecho lleno de orgullo Inosuke fue a las cocinas a buscar agua caliente. Nezuko observó el desarrollo de los acontecimientos y estalló en risas. Le causaba infinita gracia la manera en que la sanadora había aprendido a lidiar y manejar el temperamento finito de su compañero. Ella por su parte se sonrojó al ser descubierta y se rascó la nuca, un poco cohibida. Su aprendiz se cubrió la boca y continuó riéndose a su costa.

—Sólo tú puedes hacer que Inosuke sea tan solícito. — La menor señaló.

—Cállate, vamos a despejarle un cuarto ¿Quieres? Aun es temprano, seguro apreciará la privacidad.

—Aoi, sé que sólo he observado tres partos pero me gustaría que me permitieras ayudar un poco más esta vez.

Aoi se paró en seco en medio de su caminata y sin volverse a mirarla asintió. Nezuko sintió que el ambiente entre ambas cambiaba brevemente, quizá aún no le perdonara haber estado ausente en el parto de Hinatsuru. No tuvo demasiado tiempo para pensar, pues entre parpadeos se diluyó la tensión y pronto su maestra y ella misma estaban dejando una habitación lista para Suma y su numerosa familia.

—¿Está todo bien, Aoi? — Decidió preguntar tras pensarlo un poco.

Ella le devolvió la vista luego de ordenar una serie de viales médicos en una mesita auxiliar en un costado de la habitación. Aoi miró al techo unos segundos buscando inspiración en los defectos de la madera barnizada sobre sus cabezas. Ella se volvió para encontrar los suaves ojos de Nezuko observándola con nerviosismo como un cervatillo al anochecer.

Era tan dulce y dedicada.

—Voy a ser sincera contigo— Introdujo, cerrando las distancias con un paso cauteloso — Aunque somos sanadoras, a pesar de nuestro conocimiento y habilidad, hay casos que están fuera de nuestro alcance como parteras.

—¿Temes por Suma, por qué?

Ella apretó una toalla entre sus manos, retorciéndola con incertidumbre.

—No, no es Suma; aunque siempre es un riesgo.

Aoi levantó la vista tras escanear rápidamente la habitación y cerciorarse de que nadie estuviera cerca, declaró:

—Es por mí.

Sin una palabra de por medio, volvió a los viales. Contó las vendas y las ordenó junto a los viales antes de seguir hablando. Necesitaba ocupar sus manos.

—Eventualmente demandaré una partera. Llevó poco más de un mes casada, pero tarde o temprano podría necesitarte. — Le aclaró. — Siendo franca,necesitoque te involucres esta vez, y todas las que vengan.

Nezuko perdió el color por un instante y un momento después, se llenó de euforia y las mejillas se le arrebolaron.

—¡No voy a fallarle, maestra! — Los ojos brillantes tenían una determinación abrumadora.

Aoi le sonrió, riendo.

—No seas tan dramática ¡Falta para eso! —Le recordó, pero de todos modos le dio un beso en la mejilla. — Tu nunca me has fallado, Nezuko. Eres una abnegada aprendiz, y pronto podré decir que no tengo nada más para enseñarte.

—¿Dónde les dejo esto? — Inosuke preguntó, llevando entre sus manos un recipiente gigante entre sus brazos.

Era tan grande que sus brazos no lograban rodear la circunferencia del mismo y ambas se preguntaron de dónde había sacado el tacho metálico que llevaba a cuestas. Aoi gimió, llevándose una mano al rostro. Nezukó rió. Sí, todo estaba bien tal y como estaba.

—Puedes dejarlo junto a la mesita de allá— Señaló ella. — ¡Muchas gracias! No sé qué haríamos sin ti a veces.

Era honesta. A medida que Inosuke se había instalado en la Finca poco a poco había comenzado a tomar las tareas que a ellas se le dificultaban: él hacía en minutos lo que a ellas le tomaría horas. Descargar los insumos médicos – ahora podía hacerlo con algo que casi podrían llamardelicadeza- cargar los enfermos hasta sus camas y se hacía cargo de los más revoltosos a veces tan solo con asomar su presencia en una habitación.

Su dotación propia de plantas medicinales había mejorado muchísimo entre sus manos. Nezuko casi se cae de bruces cuando las más jóvenes le habían comentado lo bueno que era Inosuke con las plantas. Habiendo crecido en la montaña entendía que se sintiera cómodo con la vegetación, pero aparentemente había desarrollado devoción por la hierbabuena y la manzanilla.

"Oh, sí, cuando le expliqué qué es un invernadero averiguó – no me preguntes cómo- cómo hacer uno y allí está; entusiasmado porque ahora no tendrá que esperar al verano para plantar tomates."

Inosuke presumió que sus tomates eran los más rojos, preciosos, redondos y lisos de todo el pueblo. Tenía razón, pero aún les resultaba extraño la felicidad que vibraba en sus ojos cuando hablaba de, bueno, su planta de tomates. Aoi no demoró en darle utilidad a su amor por la naturaleza y tras enseñarle qué cuidados requería cada planta medicinal, y los procesos que requería su aprovechamiento obtuvieron el mejor boticario que podrían haber pedido.

Aoi había sido paciente todo ese mes para enseñarle, Nezuko sospechaba que ella negociaba favores conyugales como incentivo por su aprendizaje. Ella sabía que a veces le costaba concentrase, siempre en movimiento. Pero se había mostrado genuinamente interesado por los secretos de la herbología y los misterios de sus providencias medicinales.

—¿O sea que si tomas este té todos los días, te deja de doler el estómago?

—Ajá.

—Y esto, en pasta, evita que queden cicatrices.

—Depende de la piel de cada persona, pero disminuye lo feo de la cicatriz, en el peor de los casos.

—Ajá. — Inosuke entrecerraba los ojos, sospechando si su mujer le mentía o jugaba con él. — ¿Y esta?

—Oh, no, esa es para la cocina ¡No las mezcles, Inosuke!

Se había entusiasmado a tal punto que habían tenido que darle una habitación propia, dado que la botica que tenían, pues, bueno, le había quedado pequeña. Todos estaban sorprendidos de la ligereza con la que trataba sus plantines, y lo furioso que se ponían si arruinaban su abono.

Pero todos estaban contentos, especialmente Inosuke con sus tomates.

"Los más lindos del pueblo, se los juro."

El ruido de una voces a lo lejos la perturbó de sus pensamientos y saliendo de su ensimismamiento acudió a la entrada al reconocer las voces. El llanto a viva voz de Suma podía escucharse mucho antes de que cruzara el umbral de las puertas dobles de la Finca de las Mariposas. Su maestra ya estaba allí cuando llegó y cuando cruzaron miradas ella giró los ojos causando una risilla. Sí, ese iba a ser un día largo.

Tengen la traía en brazos, mientras ella lloraba a gritos que le dolía muchísimo. Hinatsuru venía detrás de ellos con su bebé en brazos, Makio traía mal genio encima pero no reprendió a la parturienta ni una sola vez: aquello era un mérito en sí mismo. Suma era exagerada por definición, aunque era una verdad indiscutible que dar a luz era un proceso doloroso para todas las mujeres. Era literalmente empujar fuera un bebé rechoncho. Aoi se armó de paciencia pero antes de hacer algo miró a su aprendiz, asintió y se hizo a un lado. El pánico atravesó los ojos de Kamado por un instante pero se recompusó.

—Tengen, por favor, sígame. — Pidió.

Guiando a la familia por el pasillo central que daba al patio y a las habitaciones de uso clínico giró a su izquierda y allí, en los espacios para invitados, habían instalado lo necesario. En esta ocasión habían tenido tiempo de trasladar todo a una habitación privada en lugar de llevarla a la sala de partos estándar. Sabían que Suma estaría aterrada y quizá un lugar más conocido y cotidiano le diera un poco de tranquilidad.

Sabían que llevarla a la sala de partos dónde había visto sufrir a su amiga sólo le generaría estrés y ansiedad.

—Me duele muchísimo. — Lloro, esta vez en voz muy baja.

—Lo sé, Suma. Dar a luz es un proceso doloroso, pero en lo que canta un gallo tendrás un bebito o bebita en brazos. — Nezuko consoló. — ¿A quién quieres que se parezca?

—¡A mi marido, por supuesto! —Respondió, sonriendo aunque tenía los ojos llenos de lágrimas.

Nezuko la distrajo con su elocuente discurso, preguntando cosas sobre su vida, y sus ideas sobre el bebé entre una contracción y otra. Aoi desde su lugar apoyada en la pared pudo observar que ella en realidad miraba a un reloj en la pared constantemente. Estaba controlando el ritmo de las contracciones.

La aprendiz revisó a la mujer y le informó que le faltaba mucho tramo por recorrer, pues las contracciones estaban muy dispersas y su cuerpo aún no había dilatado lo suficiente. Suma lloriqueo, pero Nezuko no perdió el buen ánimo. Ocupó el tiempo entre contracciones para describirle el proceso con toda claridad, omitiendo detalles escabrosos o poco elegantes, y despejó sus dudas.

—Pero las mujeres se mueren dando a luz, no quiero dejar a mi bebé sin madre. — Gimió Suma. — ¡Se mueren, mi madre se murió teniéndome!

Luego de esa declaración Suma entró en un episodio de llanto con una intensidad inconmensurable. Tengen entró en acción recordándole qué todo iría bien.

—Tienes las mejores parteras disponibles, amor. Ellas sabrán qué hacer.

—¡Y tu eres enorme! — Le acusó — ¿Y si tu bebé me desgarra?

Nezuko aplaudió para volver la atención hacia ella.

—Suma, nos tienes a Aoi, a mí, a Sumi, Naho, Kiyo y a tus propias hermanas para darte apoyo. — Enumeró, extendiendo su brazo— Tienes una familia que te ama, dos parteras para guiarte en el proceso y más comodidades que la mayoría de las mujeres. Además, si el bebé es demasiado grande- que no lo es acorde al tamaño de tu vientre- y tu cuerpo no puede con ello sólo; podemos hacerte una cesárea.

Nunca había hecho una, pero Aoi sí. Era sólo para casos de extrema urgencia ya que a veces las mujeres morían igual por la pérdida de sangre o infecciones.

Aoi había hecho dos bajo la mirada de su maestra y una en solitario; aún le daba miedo así que esperaba no tener que recurrir a ello pero no quiso contradecir a su aprendiz. Sí, podían hacerlo si la situación llegaba a esos límites.

—Te dormiremos y abriremos tu vientre para que el bebé pueda salir, te despertarás con un bebé y una herida suturada. — Aoi respondió desde su lugar.

Una contracción cortó el discurso y apareció Kiyo con una bandeja de té para todos. Suma bebió dos tazas antes de su siguiente episodio. Makio se sentó tras ella y la abrazó con un afecto fraternal que brindó confort.

Su marido le había suplicado paciencia, y si no tenía nada que decir para ayudar a calmar a su amiga, que no dijera nada. Era verdad que solía ser ruda con ella, porque con sinceridad Suma la exasperaba como nadie con su constante lloriqueo, pero la amaba. De modo que la acarició, le acomodó el cabello y cada vez que la surcaba una contracción le agarraba la mano que su esposo no tenía entre las suyas. Suma lo agradeció y le pidió perdón por llorar tanto.

—Estás adolorida, puedes llorar. — Reconoció.

—¿No vas a bofetearme? — Preguntó, y pareció una niña pequeña a pesar de ser una mujer.

—No me comprometo. — Se burló ella, pero le besó la coronilla.

—¡Tengen! — Lloriqueó.

—Está burlándose de ti, cariño. No va a abofetearte. — Prometió, sonriente.

El labor de parto de Suma fue muy largo, especialmente en comparación con el de su hermana Hinatsuru. Convencer a Suma de que no se iba a morir cada pocas horas se convirtió en la principal tarea de Tengen Uzui. Era un trabajo que requería mucha dulzura, una voz rasposa para transmitirle serenidad y ante todo, mucha paciencia.

Teniendo en cuenta que habían llegado a media mañana y ya estaba atardeciendo Uzui comenzaba a preocuparse. Abandonó a su esposa unos instantes y buscó a Aoi, quien se había ubicado en la cocina para ocuparse de la cena. A su lado Inosuke cortaba un pollo en porciones según la instrucción de la antes nombrada.

—Aoi— La llamó, atrayendo su atención. — ¿Es normal que demore tanto? Hinatsuru tuvo a Akane en menos de dos horas.

—Eso fue porque Hinatsuru aguantó las contraccionespor todo el casamiento— Le recordó. — Sí, puede demorar. Confía en Nezuko. Si vemos que las cosas se complicas, serás el primero en saberlo.

Tengen exhaló con fuerza, viéndose exhausto y preocupado.

—Tengen. — Con toda la firmeza de su voz afirmo que: — Ella no se va a morir, el cuerpo tiene sus tiempos. A algunas mujeres les toma mucho tiempo, y sus contracciones apenas si están regularizándose.

Él asintió con una seriedad que era extraña en su rostro en general jovial y lleno de vida. Aoi suspiró, lo cierto es que sí que estaba un poco preocupada. Pero no tenía sentido estarlo, era normal en cada alumbramiento tener ciertas dudas. Había terminado de armar los bocaditos de pollo cuando Naho apareció en la cocina.

—Nezuko dice que ya tiene siete centímetros de dilatación. — Transmitió. — Yo me ocuparé de la cena.

Al llegar a la habitación de Suma la encontró en medio de una dolorosa contracción.

—Vas bien, Suma ¡apenas tres minutos entre contracciones, ya casi es hora! — Animó Nezuko.

Si las primeras contracciones de la mañana ocurrían con más de una hora de diferencia, Suma parecía todo menos alegre por la aproximación del proceso de puja. Aoi no podía culparla, había tenido todo el tiempo del mundo para tener siete episodios de lágrimas y sollozos ansiosos.

—¿Va todo bien? — Le preguntó a su aprendiz, inclinándose a su lado.

—Oh, sí. En poco tiempo podrá empezar a pujar. Tiene buena tensión sanguínea, pero mandé a avisarte por si querías controlarla tú.

—Claro.

Aoi le tomó las pulsaciones, revisó su dilatación, le hizo comentarios felices para darle paz, y una revisión general. Todo parecía ir bien.

Y lo fue. Un largo proceso de dilatación se compensó con un proceso de expulsión breve y sin complicaciones. Suma se enredó en la tela de partos y terminó por dar a luz de rodillas vencida y sin fuerzas pero aferrada al lienzo. Ella gritó ruidosamente, lloró, y tiró de la tela sin contemplaciones. Nezuko recibió a la criatura con una sonrisa y Tengen casi lloró de alivio.

—Es una niña. — Informó, mientras Aoi le ayudaba a limpiar al bebé.

El proceso de expulsión continuó mientras le entregaron el bebé a Makio. Tengen sostenía a Suma, casi desvanecida en el suelo pegajoso. Ella espabiló y pidió a su niña con sus brazos trémulos. Makio acomodó la bebé entre ellos, Tengen la abrazó para darle firmeza mientras miraba por sobre su hombro a la recién nacida.

—Se parece a ti, cariño, lamento decepcionarte. — Reconoció él.

—¿Decepcionarme? No, pero si es preciosa. — Gimoteó.

Hinatsuru regresó a la sala con su propia hija en brazos, puesto que Akane no podía soportar los gritos intensos de Suma. Ella, emocionada hasta las lágrimas fue abrazada por Makio y todos rieron. Nezuko se lavó las manos y se estacionó junto a su maestra a un lado de la puerta para darles intimidad.

—¿Crees que pronto tengamos a Makio aquí? — Bromeó.

—En un año, quizá. —Rió la mayor. —Lo hiciste bien.

Nezuko se sonrojó y le sonrió con sus enormes ojos rosados.

Limpiar a Suma, auparla hasta la cama y acomodar a todos para pasar la noche se hizo antes de cenar finalmente. Inosuke había estado enfurruñado todo el día, odiaba escuchar llorar a Suma en un día común y en su labor de parto probablemente lo hubiera puesto de los nervios. Pero se había mantenido cerca, cambiando el agua para Nezuko y teniendo siempre una tanda en la cocina por si necesitaba incluso más. Aoi lo sabía.

Ella lo atrapó en un rincón de la cocina luego de comer y le dio un suave beso en la mejilla.

—¿Sigues de malas? — Preguntó con suavidad.

Ella se había ablandado a su alrededor, siendo más tierna y dulce de lo que normalmente se permitió. El matrimonio los había acercado incluso más en un plano físico y emocional, pues ya no le avergonzaba las muestras de afecto que devenían en vulnerabilidad. Él, por su lado, había sido mucho más práctico y honesto consigo mismo y con ella. Le era todo tan natural y sin prejuicios que en ocasiones la descolocaba.

—No estoy de malas. — Repuso, aunque sus brazos seguían cruzados contra su pecho.

Cubiertos por las penumbras de una casa que lentamente caía en el letargo Aoi le separó los brazos cruzados y toqueteó la punta de su nariz con la propia. Eso le sacó una pequeña sonrisa y un suspiró.

—No estoy de malas. — Repitió y luego le acomodó con amabilidad el flequillo. — ¿Vas a sufrir así cuando tengas mis jabatos?

—Sí.

Inosuke la distrajo pasándole la mano por la espalda con mimo.

—Pero eso ya lo sabías, Inosuke. Si un día tengo un bebé, sufriré los dolores de parto como cualquier otra mujer. Y lo superaré, y luego lloraré con el niño en brazos. Como todas.

—Cuando.

—¿Ah?

—No "si un día"; sino "cuando".

Aoi le sacó la lengua.

—Y no los llames jabatos, serán bebés muy humanos. — Lo regañó, pero lo abrazó por la cintura. — Ahora, ¿vamos a la cama? Hoy el día se hizo eterno.

—Cuando. — Le recordó y un instante luego la cargó entre sus brazos para llevarla a su habitación.

Aoi ni siquiera fingió pudor ni modestia, se abrazó a su cuello y contuvo la risa para no llamar la atención sobre ellos. Si alguien le hubiera dicho al conocerlo que terminaría encantada de desparramarse bajo su peso en las noches, lo habría golpeado. Pero ahí estaba, casi bailando en la habitación mientras se desnudaba.

Si algo había aprendido de la mano de ese hombre había sido sentirse una diosa en toda su gloria. Perder el pudor le había tomado varios días, pero seis semanas después estaba cómoda con su cuerpo al desnudo tras puertas cerradas. El proceso de desnudarse se había vuelto casi un juego cuando el ánimo lo permitía. Había sido un día eterno, sí, pero Inosuke no tenía deseos de que la noche fuera efímera.

Aoi se rió, apenas cubierta por su hakama que rara vez usaba abierta. Sus pechos llenos cubiertos con la holgada prenda, pero siempre al borde de volver a la vista de su marido. Ella se burlaba de él, escapándose de su abrazo sólo para abrazarse a sí misma.

—Si no lo usas tú, pues lo usaré yo. — Le tomó el pelo.

Inosuke la agarró en un momento inadvertido y Aoi dejó su cabello volar suelto derretirse en sedosas cortinas oscura contra el blanco tenor del futón. Su marido la besó hasta dejarla sin aliento con su intensidad usual. Una de sus manos masculinas buscando su pecho para apretarlo gozosamente.

—Ninguno de los dos va a usar esa rompa innecesaria — Declaró y dicho eso, besó su hombro.

Oh, sí. Habría golpeado al idiota que le hubiera dicho que abrazaría a ese hombre hasta quedarse dormida en su pecho. Pero nadie lo hizo, y ella sí que se hundía en él buscando el sueño.

La familia Uzui se quedó con ellos dos días más, a insistencia de Makio quién encontraba a Suma agotada. Fueron recibidos con gusto, y despedidos con mucho afecto. Suma había recobrado fuerzas pronto, pero de todas maneras le ordenó reposo como la puérpera que era. Nezuko les extrañaría, por supuesto, como cada vez que los visitaban. Eran una familia adorable y ruidosa; la paz de su partida sólo lograba dejarle una sensación de nostalgia en el fondo de su estómago.

—Bueno, iré a estudiar un poco ¡Avísenme si necesitan algo! — Ella instó, feliz.

Su maestra le sonrió y asintió, mencionando un libro que quería que leyera. Ella apretó los labios: sabía que Nezuko llenaba los espacios vacíos con estudio para no quedarse a solas consigo misma y un corazón roto. No podía recriminárselo, dado que ella misma le había aconsejado que se concentrara en sí misma.

Se sonrojó, con las manos en las mejillas ¿Por qué había dicho todas esas cosas vergonzosas?

Se volteó para comenzar con su rutina y encontró los ojos curiosos del "trío del mal"; como las llamaba cuando se ponían en un aura chismosa y cotilla. Aoi giró los ojos y luego las señaló:

—No se metan en líos—Pidió.

—¿No crees que a Nezuko le haría bien un novio?

—¡No se metan en líos, dije!

Sumi sonrió.

—Por supuesto que no.

Aoi la observó desconfiada.

—Buscarle novio a Nezuko no será ningún lio.

Ay, en nombre de Dios...