UN DÍA CUALQUIERA DE MEDIADOS DE ABRIL DEL AÑO 2013

-¡Maldita sea!- exclamó Lilian con fuerza tratando de contener su rabia -¡Parece ser que ese trabajo siempre me perseguirá!

Otra vez, un Director de Agencia de Modelaje la reconocía por su actividad como Dama de Compañía, y solo le permitía acceder a la Academía si pasaba "La Prueba"

Contuvo sus lágrimas y secó rápidamente aquellas que pudieron escapar para no llamar la atención de los transeúntes.

La joven de tez trigueña y cabello rizado caminaba por San Telmo, en la capital de Argentina: el barrio más antiguo de Buenos Aires y el más pequeño de la ciudad, en donde siempre se escuchaba al final de la tarde tangos en un volumen adecuado en zonas comerciales. Aceleró el paso para llegar a su destino antes de que oscureciera cuando encontró en el suelo una fotografía. La tomó con interés y observó con detenimiento que en la imagen aparecían varios muchachos en sudadera blanca y verde claro; claramente eran todos asiáticos. Le dió la vuelta y en su reverso habían figuras extrañas, eran kanjis japoneses, habían varios mensajes en ese idioma y la chica de tez trigueña frunció el ceño denotando que no entendía lo que ahí estaba plasmado.

-¡Genial!- se dijo para sí misma -A algún extranjero se le habrá caído esta fotografía.

Le dió la vuelta nuevamente y miró con atención a quienes estaban en ella. Lilian Reis no los conocía, pero en esa fotografía posando de forma coloquial estaban Hajime Iwaizumi, Shigeru Yahaba, Shinji Watari, Yutaro Kindaichi, Akira Kunimi, Kentaro Kyotani… y Oikawa Tooru: los integrantes del equipo de voleibol masculino de la Preparatoria Aoba Johsai del año 2012-2013.

-La conservaré, quizá mi suerte cambie y de pronto me encuentre al dueño más adelante- se dijo para sí misma -Ya sabes Lilian, lo que dicen de los chinos, que traen suerte – sonríe con un dejo de malicia.

En ese instante, unas calles más adelante, un egresado de la escuela preparatoria Seijoh conversaba por teléfono con un amigo en su idioma natal.

-¡Ay! Pero tu no soportas ni un saludo en la distancia, Iwa-chan- le recrimina al chico de alta estatura buscando donde sentarse.

-Cuando llamas así de imprevisto no es para nada bueno- se defendió su interlocutor -¿Qué quieres?

Oikawa Tooru hizo un puchero de incomodidad.

-Necesito un consejo.

Hajime Iwaizumi pareció incorporarse para darle una respuesta. Estaba recostado en la cama de su apartaestudio leyendo un libro de texto sobre Principios de Anatomía Básica.

-¿Tú? ¿Un consejo?

-¿Qué tiene de malo?

-Pues espero que la sugerencia que te dé si la vayas a escuchar porque en otras ocasiones prefieres hacer tu voluntad.

Oikawa colocó gesto de incomodidad ante el regaño de su amigo, para luego suspirar.

-¿Qué sucede?

-Se me ha hecho algo difícil aprender el español acá en Argentina.

-¿Por qué? ¿Es que acaso no estás pagando un curso del idioma?

-Ese es el problema: no lo estoy haciendo.

-¿Y puedo saber por qué?

-Los cursos de idiomas para extranjeros son algo caros, era eso o la pensión donde estoy hospedado.

-¿Y no les has dicho a tus nuevos compañeros?

-Cada quien anda en lo suyo y parecen no tenerme paciencia.

-¿Y es que acaso alguien te tiene paciencia aparte de mí?

-¡Iwachan!

-¡Es la verdad, Shittikawa!- le exclamó Hajime -Tienes que controlar esa arrogancia y prepotencia que a veces demuestras, recuerda que estás lejos de Japón en una cultura diferente y en un idioma diferente. Ahora, y con respecto al idioma, esos países tienen modismos y expresiones muy autóctonas que si llegaras a viajar de Argentina a Chile o pasarte a Uruguay o Paraguay no vas a entender nada. ¡Y ni hablemos de Brasil! Ese es otro nivel y otro idioma.

Oikawa Tooru suspiró resignado.

-Debí haber tomado un curso de español en Japón- se quejó resignado.

-Tomaste la decisión repentina de querer viajar a América sin prepararte antes.

-¿Qué me recomiendas, entonces?

-No lo sé… si no quieres pagar un curso grupal intenta practicar el español con los inquilinos de la pensión o alguien "cercano"; tal vez, de esa forma, encuentres a quien te podría enseñar negociando un buen precio.

-Eso intentaré- le contestó con serenidad -Gracias, Iwachan.

-Que te vaya bien.

Los dos amigos colgaron al instante, y cuando el japonés se fue a llevar el teléfono móvil al bolsillo de su gabardina, se dió cuenta que no palpaba algo que guardaba ahí: una fotografía grupal.

Se descolocó inmediatamente y buscó en sus alrededores el papel, de forma infructuosa.

-¡Maldita sea!- espetó y se sentó en una banca entre las calles Chile y Defensa -¡Lo que me faltaba!

Oikawa Tooru había perdido la fotografía que le había entregado Hajime antes de su viaje a Buenos Aires.

-Solo a mi se me ocurre traerme esa foto entre mi saco- se decía con crudeza y se echó hacia adelante en la banca, notando la escultura de una pequeña niña unos metros enfrente de él.

Unos minutos antes, una chica lo había detallado con atención en la distancia; pudo notar que su rostro era asiático, logró oír que él no hablaba español y que podía ser el dueño del papel que se había encontrado unos metros antes de llegar a aquella intersección.

Además, su rostro era uno de los que estaban en la fotografía que había encontrado.

-"Disculpa"- le habló la mujer de tez trigueña, sin saber si él hablaba o entendía el español, y le extendió un papel -"¿Es tuya?"

Oikawa observó con recelo lo que la joven le entregaba, y reconoció la fotografía perdida. Sus ojos se iluminaron y tomó la imagen con gratitud.

-"Si… Este… Muchas gracias"- le agradeció con respeto, intentando hablar español y cambiando su semblante.

-"Esta bien"- le contestó ella -"¿Me puedo sentar a tu lado?"

Oikawa pareció entenderle pero puso cara de extrañeza.

-"Sentar… eh…"- le repitió la chica, buscando otra forma de comunicarle su intención -¡Ah!- exclamó -¿Entiendes inglés?- le preguntó en ese idioma.

Tooru asintió. Era el mejor de su salón en ese idioma "universal".

-¿Me puedo sentar a tu lado?- le preguntó ella con más claridad.

Tooru asintió y se rodó hacia un costado para que la mujer se acomodara en la banca.

Lilian Reis había encontrado al dueño de la fotografía.

-¿Eres chino?- le preguntó la mujer adivinando el país.

-No- le contestó moviendo la cabeza -" yo…ser japonés"- le contestó en Español.

-"Te entiendo"- le dijo ella -¿Viniste de paseo?- le preguntó en inglés, intentando mezclar las dos lenguas para que el muchacho se sintiera cómodo.

-No. Yo vivo aquí

-¿Hace cuanto?

-Hace ya dos meses.

Lilian se sorprendió. Oikawa se dió cuenta del asombro de la chica, y también de su belleza.

-¿Qué?

-¿Llevas dos meses y no has podido aprender español?

Oikawa se apenó.

-"Español no es fácil"- le contestó haciendo un puchero.

Ella le sonrió.

-"Lo siento. No quise incomodarte"- se excusó -"¿Cómo te llamas?"- le preguntó Lili, haciendo las pausas que se suelen aprender cuando se dictan lecciones de idiomas.

El japonés intentó responder en el mismo idioma.

-"Yo soy Tooru Oikawa"- le dijo -"¿Tú cómo te llamas?"

-"Lilian… Yo me llamo Lilian Reis"

-"Mucho gusto"

-"Mucho gusto"

-"Pero haces bien las entonaciones en el lenguaje"- le halaga la mujer. El chico no le entendió lo que había comentado y la mujer negó con la cabeza -¡No es nada! ¡No es nada!

-¿Lo hice bien?

-Si. Si está bien- le dijo ella y le extendió la mano -"¿Quieres ser mi amigo?"

Oikawa frunció levemente el ceño.

-Disculpame. No te entiendo- le dijo en inglés.

-¿Quieres ser mi amigo?- le volvió a repetir ella de una forma amable.

Sabía que para el extranjero le era difícil entablar una conversación, y aún así estaba haciendo lo posible por conversar con ella.

El tío de Takeru respondió su saludo para no parecer descortés; aún no se acostumbraba a ese tipo de gestos.

-"Si"- le contestó el chico con amabilidad

En ese momento, miró las estatuas de los tres pequeños infantes al frente de ellos.

-¿Quiénes son?- le preguntó Oikawa a su nueva amiga apuntando hacia las esculturas.

Lilian observó hacia el lugar que apuntaba y sonrió.

-"Ella se llama Mafalda".

-"¿Ma…faru… da?"- repitió el japonés en sílabas.

-Es una caricatura de un humorista argentino llamado Quino- le respondió en inglés -Es muy famosa en Argentina.

-Oh. ¿Quiénes son los que están a su lado?

-Son personajes secundarios- le aclaró -La estatua de la izquierda es Susanita y la estatua de la derecha es Manolito.

-Oh.

En ese momento, Oikawa reaccionó al darse cuenta de que la chica podía conversar con él en inglés.

-Disculpa, ¿dónde aprendiste inglés?- le consultó con inquietud.

Esa pregunta era una consulta de doble filo para la mujer de tez trigueña. ¿Cómo le explicaba a la persona que recién acababa de conocer que lo aprendió por su oficio clandestino y que la gran mayoría de los clientes eran extranjeros?

-En mi escuela hacen énfasis en ese idioma- le mintió con cierta inquietud -Puedo entenderlo.

-Ya veo- le contestó Oikawa agudizando su mirada.

-¿Eres estudiante universitario?- le preguntó ella.

-No, soy deportista.

-¿Deportista?

-Estoy jugando voleibol en un equipo profesional de Buenos Aires.

-¿Voleibol?

-Si.

-Vaya. Parece que ese deporte me persigue- pensó la chica

-¿Y tú?- le preguntó Oikawa -¿A qué te dedicas?

Nuevamente, una pregunta sacudía la mente de la mujer brasileña, había recordado lo que le había pasado unas horas antes.

-Bueno… - meditó unos instantes -yo intento ingresar a una escuela de modelaje.

-¿Modelaje?

-"Si"- contestó algo avergonzada cuando se acordó de lo que iba a hacer y se levantó de la banca -"Disculpame, tengo que irme".

Oikawa reaccionó.

-"Gracias por hablar conmigo"- le agradeció.

Ella negó.

-"No es nada"

Se despidió del muchacho extranjero, cuando de repente este la llamó por su nombre de forma instintiva. Ella se volteó para verlo.

-"¿Si?"

Oikawa recordó el consejo de su amigo, y buscó su teléfono móvil para agitarlo.

-¿Puedo tener tu número telefónico?- le preguntó el joven en inglés.

Ella elevó sus cejas sorprendida, a lo que Tooru se dió cuenta.

-¡No es por nada malo!- se defendió -Eres mi amiga, ¿no?.

Hubo un breve silenció. Él desvió la mirada.

-Si no es mucha molestia- susurró algo apenado.

En ese momento, escuchó que la joven le dictó una serie de varios números y se volteó a verla con asombro.

-"Escribelos, por favor"- le pidió la chica.

-"Por favor… repetir"- le solicitó Oikawa mientras ubicaba la opción en su teléfono para registrar contactos.

La chica nuevamente le dictó los números en español con lentitud mientras él trataba de ubicarlos en su teléfono. Una vez lo anotó, se lo mostró a la chica para validar que lo había hecho bien.

-"Buen trabajo"- le halagó -"Entiendes los números en español"

-"Si… fue sencillo aprender…los"

-"Ahora dame tu número telefónico"- le pidió la chica para que él hiciera la misma tarea en sentido contrario.

Oikawa mencionó los dígitos de una forma pausada mientras la chica iba guardando la información en su móvil. Al igual que él, le mostró la pantalla para que le constatara que lo había escrito correctamente.

-"Si… es correcto"

La mujer se despidió con una pequeña reverencia, recordando que los japoneses eran de ese tipo de gestos y tomó la calle contraria, perdiéndose en el horizonte.

-Esa chica es muy simpática- se dijo para sí mismo el egresado de la preparatoria Seijoh -¿Y si le pido a ella que me ayude con el idioma? ¿Será que me ayuda?

-¡Eh! ¡Oikawa!- le saludó un muchacho en la distancia.

El aludido reaccionó y miró a la persona que lo estaba llamando por su apellido.

-Mateus- le saludó el japonés.

Ambos se chocaron los puños.

-¿Llevas tiempo esperando?- le preguntó el argentino en inglés, conociendo de antemano que en ese idioma era la manera de poder dialogar con el japonés.

-No.. no en realidad.

-Pasó algo interesante antes de que llegara?

Tooru sonrió recordando a la chica.

-Si… muy interesante.

OOOOOOOOOO

Unos días después, Oikawa llamó a la chica para saludarla.

Lilian esperaba su turno para una audición de fotografía de una revista de moda nacional en un pasillo donde lo que imperaba eran jóvenes de una delgadez enfermiza y unos patrones de conducta similares.

-Son demasiado delgadas- pensó la joven trigueña que en esa oportunidad llevaba su cabello recogido en un turbante de tono rojo y se tocó su estómago -¿O será que estoy algo pasada de kilos?

Su teléfono vibró varias veces, y cuando ella revisó la pantalla para ver quien le llamaba se sorprendió.

Era el chico japonés de hace unos días.

Buscó sus auriculares inalámbricos y contestó la llamada.

-¿Hola?- le saludó.

-"Hola, Reis-san… Buenos días".

Ella sonrió.

-"Lilian… puedes llamarme Lilian".

-"Esta bien"

-"Buenos días, ¿cómo estás?"

-"Bien. ¿Tú cómo estás?"

-"Bien. Esperando un turno de audición".

-¿Audición?

-Si. Están buscando un rostro para una portada mensual de una revista local- le mencionó emocionada en español -Quien quede seleccionada recibirá un buen pago y podrá continuar con fotografías ilustrativas para la revista por un año…

Lilian se detuvo. En ese instante, recordó que no le estaba hablando en inglés y que el chico debió haber quedado confundido.

-Discúlpame- se excusó en inglés -Se me olvidó por completo. No suelo hablar en inglés con mucha frecuencia.

-Esta bien. Sé que debiste haber mencionado algo con respecto a lo que estabas haciendo.

Lilian se avergonzó a ella misma.

-"Lo siento".

-Quiero conversar contigo hoy. ¿Estás libre?

Lilian abrió los ojos asombrada.

-¡Sí!- exclamó emocionada -¿A qué hora?

-¿A las 7 de la noche?

-¡Claro! ¿Dónde?

El chico le mencionó un lugar cerca de su apartaestudio y Lilian accedió.

-Ahí estaré. Nos vemos.

La chica colgó la llamada, y en ese instante escuchó su nombre para audicionar.

Su semblante ahora rebosaba alegría: volvería a encontrarse con el chico japonés con el que conversó unos días atrás.

Los dos se encontraron en un pequeño café cerca de donde estaba hospedado el japonés. Este se sorprendió cuando notó que el cabello de la chica estaba pulcramente arreglado dentro de un turbante rojo, ya que percibía que sin ese accesorio de cabello sus rasgos se veían más bonitos.

-¿Cenaste?- le preguntó él en inglés.

-No- contestó ella -Pidamos algo.

-¿Me ayudas?

-Si, claro.

La joven trigueña llamó a la mesera y ordenó un plato típico ligero con una bebida de fruta sin azúcar. Oikawa solo la observaba con atención, prestando cuidado de las frases que ella decía para aprender a mencionarlas.

Gran parte de la conversación que sostuvieron en ese momento fue en inglés: ella tenía que tener presente que el chico japonés estaba más cómodo conversando en ese idioma mientras aprendía español.

-Desde hace rato observas mi turbante con interés- le dijo la chica una vez la mesera se fue de la mesa -¿Qué tiene?

Tooru reaccionó.

-Es que me sorprende que tu cabello esté recogido en ese turbante- le comentó el muchacho -¿No se deshacen tu rizos?

-¡Ah! Era eso- dijo la chica y colocó una mano sobre su accesorio de tela en la cabeza -Un poco, pero no hay problema. Los vuelvo a peinar nuevamente.

-Tu cabello me parece muy bonito- le halagó el amigo de Hajime Iwaizumi -No deberías esconderlo.

-No lo escondo- se defendió Lilian -Es una forma de llevarlo.

-En Japón no es común ver cabellos así de rizados- recordó el chico.

-No todos los cabellos rizados tienen mi textura- le comentó.

-¿Eh?

-Los cabellos con ondulaciones tienen diferentes texturas, y de acuerdo a la textura se debe cuidar para que se mantengan bonitos.

-¿De verdad?

Reis asintió y buscó una imagen en su teléfono móvil para mostrársela.

-¿Te das cuenta?

-Si, ahora entiendo.

-Mi textura es la 3C- le dijo la chica -Pero… no viniste a hablar sobre mi cabello, ¿verdad?

Oikawa se apenó.

-Lo siento.

-¿En qué te puedo ayudar?

-Verás: necesito tu ayuda.

-¿Mi ayuda?

-Si, lo que pasa es que necesito continuar con clases de español y no cuento con suficiente efectivo para costear un curso.

Su interlocutora agudizó su mirada.

-¿Puedes ser mi maestra?

Lilian se asombró.

-¡¿YO?!

-"Si… por favor"- se lo pidió haciendo una reverencia y bajando la mirada.

-No creo que sea la persona apropiada, Oikawa- le comentó Lilian.

-Eres la única persona que conozco, aparte de Mateus, a la que puedo pedirle este favor- le indicó el japonés -Seré feliz con lo que puedas enseñarme.

-¿Cuánto pagabas por el curso de forma mensual?

Oikawa le mencionó el valor en dólares y la mujer se asustó.

-¿Tanto?

-Es muy costoso, ¿cierto?

-Si. Con razón mencionas que ya no te queda suficiente efectivo.

La joven mujer suspiró lentamente y apoyó sus antebrazos en la mesa.

-Hagamos algo- le dijo de forma más calmada -Yo te enseño las lecciones de español que te hacen falta y te ayudo con la lectura.

El hombre de alta estatura se emocionó.

-¿De verdad?

Su cita asintió.

-No te cobraré por ello.

El deportista quedó confundido.

-¿No me vas a cobrar?

Lilian negó.

-Enséñame japonés- le dijo ella con una sonrisa en el rostro.

-¿Japonés?

Reis asintió.

-Nos enseñamos el idioma mutuamente y quedamos a mano.

Oikawa le sonrió, frunciendo el ceño levemente

-"Esta bien"- le expresó el chico relajándose en su asiento -"Yo te enseño japonés"

-¡Suggoi!- expresó la chica recordando una frase que escuchó de Zoe la última vez que conversó con ella -Arigato, Oikawa-kun.

-Ie ie- le contestó el chico.

Cuando su pedido llegó a la mesa.

Cenaron los sorrentinos rellenos de verduras y unas horas más tarde se despidieron en una estación de autobuses.

Y así, todas las tardes a las 3 en punto, se veían en un parque cercano para distribuir las horas entre la enseñanza de ambos idiomas.

OOOOOOOOOO

17 de Julio de 2013.

Polideportivo Islas Malvinas - Mar de Plata (Argentina)

Durante varios meses,Oikawa avanzó sobremanera en el estudio del español. Su joven maestra se sorprendió de lo rápido que el extranjero había aprendido a hablar el idioma con tan solo una hora de lección cinco veces a la semana; a diferencia de ella que se le estaba haciendo complicado conversar en japonés porque no tenía la misma capacidad de retentiva que su alumno.

Le parecía más sencillo el inglés que el idioma oriental.

Una semana después de haber iniciado las clases de español con la aspirante a modelo, Oikawa se la presentó a su amigo una tarde que debían encontrarse para un entrenamiento especial en la noche.

Mateus quedó fascinado con la presencia de la mujer de tez trigueña y cabello rizado; los rasgos mulatos se perdían en sus facciones fileñas y su ojos verdes contrastaban esa belleza; por ende, cuando ella se presentó con él y le dijo que estaba estudiando en una academia de modelaje, él no se sorprendió porque en su lógica era evidente: la chica era estéticamente perfecta y explotar ese atributo sólo podía hacerlo en una profesión como lo era el modelaje y las pasarelas.

Cuando tenían recesos en los entrenamientos, Mateus preguntaba con sigilo a Tooru cómo le estaba yendo con las clases de español y Oikawa siempre desviaba la respuesta sacando un halago indirecto para su maestra; por lo que el argentino se empezó a dar cuenta que el japonés le estaba empezando a gustar esa chica aunque no lo reconociera directamente.

Para el mes de Julio del año 2013, el joven jugador del Club Muni había conseguido entradas para ver la fase final de la Liga Mundial de Voleibol Masculino en Mar de Plata; los había obtenido gracias a un amigo de escuela preparatoria que trabajaba para uno de los patrocinadores del torneo. El argentino obtuvo cuatro pases de cortesía y le obsequió una entrada doble a su compañero japonés, con el fin de que invitara a su amiga a ver el partido entre Brasil y Rusia.

-Ella te ha invitado a ver algunas pasarelas- le dijo Mateus en confianza -Es hora de que la invites a ella para que conozca eso que te apasiona.

-Gracias, Mateus; pero, no sé si a ella le guste ir a ese tipo de eventos deportivos.

-Tú solo haz la invitación- le señaló -Nunca asumas las cosas o las des por sentado sin preguntarlas, Oikawa.

Y cuál sería la sorpresa del amigo de Hajime Iwaizumi, cuando al invitar a su maestra a la justa deportiva la alegría de ella fue desbordada.

-"¿Tú querías ir?"- le preguntó Tooru en español, sin salir de su conmoción.

Su joven pareja asintió.

Y una vez estando en Mar de Plata, el japonés entendería el motivo.

Los dos viajaron varios kilómetros hasta llegar a esa provincia de Buenos Aires, y antes de llegar al estadio Polideportivo la joven pareja llegó a un sitio turístico para conservar una fotografía de su visita en esa ciudad.

Un vez llegaron al coliseo de las canchas de voleibol, y sentandose en las graderías del estadio, los dos jóvenes miraron con atención la cancha en tonos amarillos y azules para observar a los jugadores que hacían calentamiento previo.

–"Será un partido interesante"- le dijo el japonés a la chica de cabello rizado.

-"Así es"- le comentó la chica -"En el partido jugará mi amigo"

Oikawa le miró extrañado.

-"¿Tú… amigo?"

"Si"- ella le asintió -"Él juega con la selección de Brasil"

-"¿Quién es?"- le preguntó el chico con interés.

-"El número 8"

Reis apuntó al jugador que saludaba junto con el equipo a los espectadores, y el hombre de alta estatura y ojos del mismo color de ella la reconoció, haciendo un gesto de enviarle un beso con su mano derecha.

El asombro del egresado del Aoba Johsai fue más marcado en ese instante.

-"¿Tú Conoces a Jasper Rivan?"- le preguntó Oikawa.

-"Si"- le contestó ella haciendo el gesto de atrapar el beso en el aire.

El amigo de Hajime Iwaizumi había estudiado a los jugadores de los seleccionados del Cono de Sur para conocer la calidad de deportistas que tenía América del Sur; y había leído que Jasper Rivan, un fichado reciente de la SUB19 de Brasil, había viajado hacia su país natal por cuestiones de trabajo de su progenitor.

-"Él estudia en Japón"- recordó Oikawa -"¿Cómo puede ser jugador titular?"

-"Fue escogido antes de mudarse a Japón"- le puntualizó Lilian -"Por eso lo convocan. ¿Me entendiste"

-"Si"

-"El y su padre se mudaron a Japón hace cuatro meses"- le dijo la chica -"Viven en una prefectura que se llama Sendai"

-"Miyagi".

-¿Eh?

-"La prefectura se llama Miyagi"- le corrigió Oikawa -"Su capital es Sendai".

-"Gracias por corregirme"

-"Por nada. ¿Viven en Sendai?"

-"No: vive en una provincia pero no recuerdo su nombre"

Ambos se miraron con atención.

-"¿Te diste cuenta?"

Tooru pestañeó dos veces confundido.

-"¿De qué?"

-"Estás conversando un poco más"- le halaga la joven de tez trigueña -"Que bien"

El se apenó.

-"Tengo una buena maestra"- le halagó.

-"Tengo un buen alumno"- le contestó la chica.

De repente, Tooru se alertó. ¿Había dicho Sendai? ¿Había dicho que vivía en una zona rural cercana a Sendai?

-"¿Cómo se llama la escuela donde estudia Jasper Rivan?"

-"No la recuerdo… "- hizo un pequeño gesto sacudiendo su cabello rizado.

-¿Shiratorizawa?- le consultó el japonés a la chica de forma muy fluida a manera de recordación.

El, al igual que muchos estudiantes de su provincia, sabían que los alumnos extranjeros siempre se inscriben en esa escuela porque es la academía que usualmente escogen las familias extranjeras trasladadas por la facilidad de aprendizaje; por eso, fue la primera que le mencionó a su acompañante.

-"No, esa no es"- le dijo la chica.

Tooru se extrañó. ¿No estudiaba en el Shiratorizaba?

-"¿Aoba Johsai?"- le preguntó por su escuela, para ir descartando.

-"No, tampoco es tu escuela"- le dijo ella, recordando que habían sostenido una conversación previa de práctica del lenguaje en donde conoció el nombre del colegio del chico japonés.

-"¿High Tech Datte?"

-"No"

Oikawa sospechó. ¿No estaba matriculado en una escuela privada? Entonces fue cuando inició con los nombres de las escuelas públicas.

-"¿Karasuno?"

-"¡Si! Esa es: Karasuno"

El oriental quedó anonadado. Sin planearlo previamente y coincidencialmente, Oikawa encontró la manera de poder mandar un mensaje escrito a sus antiguos compañeros de escuela, a su madre y a su hermana.

-Lilian…

-"¿Si?"

-"¿Vas a saludar a tu amigo?"

-"Si. Cuando termine el partido"

-"Entiendo"- le mencionó algo desmotivado.

-"¿Por qué?"

Tooru permaneció en silencio.

-"¿Querías estar conmigo?"

El chico se ruborizó de la vergüenza, cuando escucharon el pitido inicial del set del partido entre Rusia y Brasil.

Reis rió divertida.

-"Veamos el partido"- le sugirió -Luego conversamos sobre eso.

En el receso del primer set, Oikawa aprovechó para escribir las cartas que quería enviar. Lo tenía previsto desde hacía varios días, porque quería mandarles a cada uno de sus amigos de escuela unas postales que consiguió en un mercado local muy artesanal. Dichas postales siempre las llevaba consigo dentro de un libro de texto: las consideraba como una especie de amuleto de buena suerte, porque le parecían algo muy "antiguo" de "gran valor"

Justamente, antes de llegar al Estadio Polideportivo de Las Malvinas, la chica y él habían ingresado a una papelería para conseguir los sobres en donde pensaba introducir los papeles para enviar las cartas por correo certificado. Nunca pensó que usaría los sobres ese mismo día, de forma muy "improvisada"

Lilian no lo interrumpió mientras escribía: lo miraba con atención y veía su semblante serio al usar unas gafas de aumento regular, y fue ella en esa oportunidad la que se ruborizó al notar que en esa quietud y en esa serenidad el japonés mostraba altivez y elegancia.

Desvió la mirada rápidamente y absorbió un poco de bebida enlatada.

-¿Qué te pasa, Lili?- se preguntó para sí misma mientras veía el marcador en la pantalla del primer set -Es Oikawa: has compartido con él varios días. ¿Por qué te pones de esa manera?

Reis notó que finalizaba un escrito escribiendo en kanjis y le unió una de las postales que había comprado. No imaginaba que siempre las llevaba consigo y eso le sorprendió. Vió como dobló el papel, le unió la postal y la engrapo, para continuar con otra carta escrita en una libreta de tamaño media carta.

-No sabía que llevaba sus artículos de oficina en la maleta- pensó con sorpresa -Es muy precavido.

En ese instante, él se detuvo al notar que ella lo veía con atención. Lilian se alertó.

-"No pasa nada"- le indicó algo apenada -"Escribir en japonés es interesante"- le halagó.

Oikawa sonrió.

El mismo estaba sorprendido de que ahora sí podía entender el idioma, y que la joven hablaba de forma pausada y concisa para que él pudiera entenderla; aspecto que le agradecía porque le era muy complicado en los entrenamientos seguir las conversaciones de sus compañeros ya que se expresaban con modismos y jergas argentinas que no le eran sencillas de asimilar, pero que iba entendiendo de a poco cuando se las preguntaba a ella en las horas de tutoría.

Durante el lapso de los cuatro sets del partido de Brasil contra Rusia, escribió cada carta con una concentración inexplicable. Una vez las tuvo completas y correctamente engrapadas a una postal en especial, las insertó en un sobre de manila tamaño carta sellado, a excepción de una en la que sólo habían unas cuantas frases y la selló de tal manera que no hacía parte del grupo principal.

Iba para un destinatario diferente.

Dos horas fueron suficientes para que entre intervalos escribiera lo que quería transmitirle a sus amigos en Japón. Era capaz de concentrarse en redactar una misiva con un partido de categoría internacional frente a sus narices.

Cuando finalizó el encuentro Brasil-Rusia, dejando como ganador a la antigua Unión Soviética con un resultado 2:3 marcador de 97:110, el japonés acompañó a su maestra a encontrarse con su amigo "carioca".

Los dos amigos se encontraron a la salida y se dieron un abrazo efusivo, aspecto que incomodó al oriental porque aún se estaba "acostumbrando" a esas manifestaciones de afecto tan abiertas. Una vez percibió que los chicos se estaban demorando más de la cuenta, los interrumpió con un ligero carraspeó de garganta.

Lilian reaccionó y se separó de su amigo brasilero.

-"Lo siento, Oikawa"- le dijo Lilian y los presentó -Jasper, ele é Tooru Oikawa: "Oikawa, él es Jasper Rivan".

Ambos se estrecharon la mano derecha.

-Quería conocerte, Oikawa-san- le habló Jasper en japonés para romper el hielo.

El aludido se sorprendió. No pensaba que el chico le hablara en japonés.

-¿En serio?- le continuó en el mismo idioma.

-Si: en el Karasuno hablan mucho sobre ti… "Gran Rey"

Oikawa chistó.

-Por lo menos me recuerdan- dijo con desdén.

-¿Cómo te va en Argentina?

-El estilo de entrenamiento es diferente que en Japón- le contestó No es sencillo, pero ahí voy.

-¿Ya estás jugando en algún equipo profesional?

-Si: Se llama Club Muni.

-Es el equipo principal de la capital -¿Te ayudaron a ingresar desde el Aoba Johsai?

Oikawa asintió.

-El entrenador Irihata de la preparatoria Aoba Johsai conoce a José Blanco.

Jasper se sorprendió.

-¿José Blanco? ¿El antiguo colocador del seleccionado argentino?

El japonés volvió a asentir.

-¡Vaya! Este mundo es pequeño- comentó de forma divertida.

Mientras tanto, la chica solo les veía conversar en silencio. Sabía que debían estar hablando de voleibol porque en sus expresiones y en sus semblantes había un brillo característico. En ese momento, observó su reloj de pulso para darse cuenta de la hora.

-Hay buenos jugadores en este país- le decía el deportista brasilero a su homólogo japonés mientras se acomodaba su zapato deportivo -Si los sabes identificar y aprendes de ellos, te irá muy bien.

-Lo tendré en cuenta.

El hijo de George Rivan observó de reojo a su amiga que los veía en silencio como tratando de leer los labios de los dos muchachos intentando entender lo que decían, y se volteó a verla con una sonrisa maliciosa.

-No entendiste, ¿verdad?- le preguntó en español.

-No- contestó resignada cruzándose de brazos.

-Dile a Oikawa que te enseñe- le dijo Jasper y el aludido hace un gesto de sorpresa al escuchar su apellido.

-"Le estoy enseñando japonés"- intervino de forma tímida y el carioca sonrió.

-Entonces no has avanzado mucho, ¿eh, Lili?- le consultó encocorándola de buena manera.

-No me molestes- se quejó ella -Oikawa quiere entregarte un sobre.

-¿Qué sobre?- preguntó Rivan extrañado.

El egresado del Seijoh sacó de su morral el empaque de papel grueso.

-"¿Puedo pedirte un favor?"

-"Si"- le respondió Jasper a Oikawa en español.

-"Quiero que te lleves este sobre y lo entregues en la dirección que está ahí escrita".

Oikawa le extendió el sobre de manila y su interlocutor lo recibió inmediatamente; Jasper ojeó los kanjis con atención para entenderlos.

-"¿Entiendes hiragana?"- le preguntó con interés.

-"Sigo aprendiendo"- le contestó -Pero ¡Descuida!- continuó la frase en japonés -Haré llegar el sobre a… Iwaizumi Hajime- le dijo Jasper leyendo el nombre del remitente.

-¡Ah!- exclamó Tooru y sacó un pequeño sobre blanco en el que había escrito otra carta -Entregale esta carta a Kageyama Tobio.

Jasper se sorprendió, recibiendo el sobre más pequeño.

-¿Lo conoces, cierto?

Jasper asintió.

-Jugamos en el mismo equipo de la preparatoria.

-¿Sigue siendo colocador?

-Si.

-¿Sigue siendo muy serio?

-Siempre permanece serio- le contestó el carioca -Pero es un buen tipo.

-Ya veo- susurró e hizo una ligera reverencia -Muchas gracias, Rivan-san.

-Jasper, Oikawa…- le aclaró el chico -Jasper: Puedes llamarme por mi nombre.

-"Gracias, Jasper".

Lili sonrió y tomó del brazo a su amigo del seleccionado brasilero.

-¿Nos vamos, Jasper?

-Eh… - el chico observó al japonés -¿No estás con Oikawa?

-El sabe que vamos a cenar- le contestó ella en portugues -No te preocupes.

-OK.

-"Que les vaya bien, Lilian"- se despidió Tooru de ella -"Te espero en el hotel"

Ella asintió con una sonrisa; Jasper colocó una cara de malicia ante la última frase del chico japonés, pero no le comentó aspecto alguno. Sabía que no entendería la connotación de esa última oración porque estaba aprendiendo.

-"¿Puedes llegar?"- le volvió a preguntar la chica a su alumno.

-"Si, no hay problema"- le indicó Tooru levantándole la mano en señal de despedida mientras le daba la espalda.

La pareja de amigos vieron alejarse al japonés de alta estatura.

-¿Sales con él, Lili?- le preguntó Jasper a su amiga con ligera suspicacia.

-No: solo le estoy enseñando "español"

Rivan levantó una ceja de incredulidad.

-¿Tú? ¿Enseñando español?

-¿Qué tiene de malo?

-Me sorprende que tengas paciencia para enseñar.

-Soy buena maestra.

-Ya me di cuenta hace unos años- le mencionó, recordando lo ocurrido con otra amiga en común -No te estás acostando con él, ¿verdad?

Lilian reaccionó ante la pregunta para ver al chico que aún se divisaba en la distancia.

-¡No!- exclamó avergonzada y con la cara colorada -Oikawa no es ese tipo de personas.

Jasper le miró de reojo con recelo.

-Lilian Reis… no me digas que…

Ella lo observó.

-¿Te está gustando Tooru Oikawa?

-¡¿AH!?- gritó espantada.

-Yo te conozco, Lili- le dijo Jasper con sinceridad -Sabes que conmigo no tienes tapujos para hablar de sexo.

-Si, pero… ¿a qué viene el comentario?

-¿Estás acompañada de un hombre y no te has acostado con él todavía?

La mujer desvió la mirada, y apretó el brazo de su amigo con fuerza.

-¿Lili? ¿Qué pasa?

Ella permaneció callada.

-Discúlpame, no quise sonar grosero.

Lilian negó dos veces con su cabeza.

-¿Qué pasa?

-Tengo TCS, Jasper- le mencionó la chica.

-¿TCS?- le preguntó él aún más confundido.

Ella se acercó al oído para decirle que diagnóstico médico era.

-¡Oh!- exclamó sorprendido -Entonces a eso se debía todo.

La chica asintió con vergüenza y cierto rubor en sus mejillas.

-¿Estás en tratamiento?

-Si.

-¿Y cómo vas?

-Bien, estoy tomando medicación.

-Que bueno.

-Pero…

-¿Pero?

-Me pasa algo "extraño" con él…

-¿Con quien? ¿Con Oikawa?

Ella asintió.

-No sé si es el impulso del TCS, o es algo que siento de forma sincera.

-Ve con mi tío, Lili- le dijo Jasper -Tiene su consultorio en la capital.

La chica no se acordaba de que el hermano mayor del padre de su amigo era profesional en psiquiatría.

-¡Es cierto!- exclamó emocionada.

-Si quieres una segunda opinión vé con él. Yo le digo que no te vaya a cobrar la consulta.

-Gracias por eso, Jas- le agradeció la chica de cabello rizado aferrandose con fuerza al brazo de su amigo -¿Sabes? Ustedes dos me hacen mucha falta- le dijo la mujer con nostalgia, recordando que él y su otra amiga vivían muy lejos.

Jasper atrajo la cabeza de ella a su hombro derecho con la mano izquierda en señal de afecto.

-Lo sé, Lili- le dijo con ternura -Nosotros también extrañamos conversar contigo como lo solíamos hacer en Río.

Ambos se quedaron en esa posición por varios segundos.

-Vayamos a cenar- le recordó el carioca cambiando inmediatamente su gesto en el rostro -Me está gruñendo el estómago.

-¿No comiste algo antes del partido?- le preguntó Lilian.

-Si, pero no pensé que se iba a demorar dos horas- se quejó el muchacho -¡Rusia es un hueso duro de roer!

Lilian sonrió.

-¿Tú pagas?- le preguntó la chica con seriedad.

-Si- le respondió -Sabes que siempre lo hago cuando te invito.

-¡Ah!

-A menos que quieras invitar tu esta noche.

-¡No!- exclamó preocupada -No tengo mucho dinero ahora.

-¡Vamos!

Ambos sonrieron y se alejaron de aquel estadio deportivo.

OOOOOOOOOO

Ese viernes 19 de Julio, Mateus Sachez fue capaz de preguntarle a su amigo japonés sobre lo que pensaba de su maestra de español.

-"Es una chica muy bella"- contestó Tooru rascando con delicadeza su rostro -"Ella me tiene paciencia"

-"¿Solo eso?"

-¿Eh?

-"Que si sólo piensas eso sobre ella"

-"Si… ¿qué más debo decir?"

-"Que es muy hermosa y te la quieres ligar"

-"¿La quiero qué?"

-"Ligar, Toto… Ligar"

Oikawa negó dos veces no entendiendo lo que le decía su amigo.

-¡Fuck her!- le tuvo que expresar en inglés para que entendiera.

Oikawa se asombró tanto, que involuntariamente hizo un movimiento con su rodilla izquierda que lo dejó con un tendón sentido. Se agarró a manera de presión sobre su articulación, esperando que ese movimiento no fuese algo grave.

-"¡Vamos, Toto!"- exclamó Mateus y le ayudó para que distencionara la pierna -"¿No has tenido sexo antes?"

Oikawa Tooru no pudo ocultar a su compañero de equipo aquella verdad y negó con su cabeza, manteniendo sus mejillas coloradas. Sachez se río de forma estrepitosa.

-"¿Es en serio?"- le preguntó Mateus tratando de no sollozar ante lo que había escuchado, pero la risa no se lo permitía.

El japonés asintió haciendo un puchero de incomodidad.

-"¡Vamos, tío!"- exclamó el argentino -"¡Es hora de que despiertes!"

-"¿Despertar?"- preguntó confundido Oikawa.

-"Quiere decir que es tiempo de que reacciones"

-¡Oh!- exclamó el japonés entendiendo el contexto -"¿Y tú qué vas a hacer sobre eso?"

-"Vamos a buscar el momento para que "cojas""

-"¿Cojas?"

-"Tener sexo, Toto… tener sexo".

-¿¡Ah!?- gritó Oikawa espantado y con las mejillas completamente coloradas.

-"¿Qué?" "¿En Japón no tienen sexo?"

-"No me refiero a eso"

-"¿Entonces?"

Oikawa se mantuvo en silencio. Mateus suspiró resignado, terminando de ayudarle con el estiramiento de la rodilla.

-"Te falta calle, Toto"- se sinceró el joven deportista, sin interesarse porque su amigo entendiera esa expresión -"¿Qué quieres decir?"

Oikawa se apenó ante lo que iba a comentarle, pensando que otra vez podía reírse de su comentario.

-"Yo aún no le digo que ella es hermosa"- se sinceró -"No puedo tener sexo sin decirle lo que siento"

El argentino agudizó su mirada.

-"¿Sientes algo por ella?"

Su interlocutor asintió.

-"No dejas de ser un "salame", Toto"- le dijo Mateus sin ser grosero.

-¨¿Salame?"- le preguntó el amigo de Iwaizumi confundido.

-"Tonto"- le explicó Mateus -"De una forma amable"

Tooru frunció el ceño.

-"¡Díselo!"- exclamó su compañero de equipo y su interlocutor se asustó.

-"¡Ni en pedo, boludo!"- exclamó Oikawa con un ligero acento argentino.

-"¡Ah! Esa si la aprendes rápido"- le ironizó Sachez en forma divertida.

-"Ustedes la repiten mucho"- se defendió Tooru -"Fue sencillo saber de qué trata"

-"¿Nos están llamando mal hablados?"- le preguntó Sachez agudizando su mirada.

-"No"- negó el japonés -"Al repetir mucho la frase entiendo cómo la usan"

-"Ya veo"- le dijo el argentino y se sentó en el piso de madera -"¿Por qué no se lo dices?" le preguntó retomando el tema.

-"No quiero ser irrespetuoso"- murmuró el japonés pensativo

-"No serás irrespetuoso"- le aclaró Mateus -"Le estás diciendo una verdad"

El egresado de la preparatoria Seijoh no le contestó y el joven bonarense no tuvo más remedio que suspirar con paciencia. Hablar con el extranjero le estaba costando un poco más de la cuenta pero era su manera de ayudarlo a que practicara el español.

-"¿Sabes que es una frase célebre?"

-"Si. Es una expresión propia de un país para referirse a una situación"

-"Bien"- le felicitó Mateus -"Te voy a enseñar una: El que menos corre vuela, Toto"- le indicó Mateus -"No pierdas la oportunidad con la mina, ¿viste?"

El chico colocó un gesto de preocupación. Entendía el concepto de "mina" pero no alcanzaba a comprender el contexto del consejo del punta receptor del equipo.

-"Ella es modelo"- le dijo mientras buscaba un balón de voleibol en la canasta donde se guardaban los balones -"El modelaje es un mundo de ambiciones y decisiones rápidas"

-"No te entiendo"

-"Intentaré ser claro"- le mencionó "Si no entiendes, por favor me dices. Si entiendes, asiente con tu cabeza a cada frase que te diga."

Oikawa frunció el ceño. Mateus levantó el balón.

-"Las modelos son como un balón de voleibol"- le dijo y Oikawa asintió -"Van de mano en mano"- continuó y el japonés vuelve a asentir, pero no le gustó la comparación -"Alguna jugada puede hacer que caiga al piso"- prosigue y Tooru asiente -"Pero debe volver al juego"- finalizó y el extranjero vuelve a asentir.

-"¿Entendiste?"

-"Si"- le contestó el tío de Takeru Oikawa.

-"Ellas soportan malas jugadas pero siempre serán el objetivo de cada equipo"- agregó Mateus -"Y solo hay una posición, que puede marcarle la diferencia"- le concluyó el argentino -"¿Cual es?"

El muchacho de 19 años, quien en unos días cumplía 20 años, alzó las cejas analizando la pregunta, cuando Mateus hizo una elevación, espero que el balón cayera por efecto de la gravedad e hizo la recepción para que su acompañante de práctica hiciera lo suyo.

Oikawa analizó la energía con la que descendía la esfera de color amarillo con azul al ver cómo el argentino se disponía a saltar para hacer un remate, y ambos terminaron la jugada con el balón en la cancha contraria, en toda la esquina superior derecha, en un ángulo de difícil recepción para el contrario.

-"Ahí… es donde toma la mayor importancia"- finalizó Mateus y apoyo sus manos sobre la altura de su cintura.

Oikawa Tooru alzó una ceja algo incrédulo.

-Creo que eres algo malo para las alegorías, ¿eh Mateus?- pensó en japonés.

-"Tu puedes marcarle esa diferencia"- le dijo el chico buscando el balón del lado contrario -"Díselo… y verás que se crea el momento"

Oikawa quedó pensativo.

-Tal ves tenga razón- meditó -Si le digo que me gusta, es posible que ella pueda sentir lo mismo y tengamos relaciones sexuales.

-Ya quisiera yo que una "morena" como ella me prestara atención… ¡Esa tipa es divina!- se dijo para si mismo el jugador de voleibol mientras Oikawa estaba absorto en sus pensamientos.

-Mateus- le llamó el japonés.

-¿Si?

-"¿Hay algún lugar bonito en Buenos Aires para tener una cita?- le preguntó Oikawa.

Su interlocutor sonrió con malicia.

-"Sos Gardel, amigo"- le dijo el chico y Oikawa quedó dubitativo.

A la salida de la práctica, Mateus sacó de su maleta unas llaves y se las entregó a su compañero extranjero. Este observó el llavero dorado con una sola llave confundido.

-"¿Qué es esto?"

-"Es una llave"- le contestó Sachez de forma muy puntual.

Oikawa se molestó.

-"Sé que es una llave"- le dijo disgustado.

-"Entonces no formulaste bien la pregunta"- se defendió el porteño.

-"¿De dónde es esta llave?"- estructuró Oikawa la pregunta.

-"Del apartamento en La Recoleta"

Oikawa se sorprendió y devolvió el llavero.

-"¡No, Mateus!"- se excusó -"Ese apartamento es de tus padres: ¿Cómo se te ocurre que me lo vas a prestar para una cita?"

-"¡Ah! ¿Ya sabes hacer oraciones más extensas"- le halago el chico y sonrió divertido -"Tranquilo, che: mis padres están de viaje y no regresan pronto"- le explicó el chico y se las devolvió lanzándoselas.

El japonés las atrapó en el aire.

-"Sos un bacán"- le mencionó Tooru recordando esa expresión que se la había escuchado a otro compañero.

-""Un bacán que apoya tus vagabunderias".

-"¿Vagabunderias?"- le preguntó Oikawa extrañado.

Mateus sonrió.

-"Sólo te pido un favor"- le indicó el argentino.

-"En tu habitación"- le dijo Oikawa.

-"¡Ah! ¡No eres tan santurrón"

Tooru chistó incómodo, cuando su amigo le abrazó de lado.

-Este fin de semana… "te convertís en héroe"

OOOOOOOOOO

Lilian aceptó la cita de Oikawa ese sábado 20 julio por la noche.

La esperó en una esquina del barrio La Recoleta, mirando con insistencia su reloj de pulso.

-¿Por qué los latinos serán tan impuntuales?- se quejó para si mismo, cuando la chica le llamó por su nombre.

Oikawa volteó ante el llamado, y no pudo ocultar el rubor en sus mejillas.

Ese día, la chica estaba más preciosa que nunca en un vestido de colores vivos que hacían resaltar tu tono de piel.

-"Discúlpame: había mucho tráfico".

Tooru reaccionó, volviendo en sí.

-"Esta bien"- le extendió su brazo -"¡Vamos! Una reserva nos espera"

Los dos cenaron en un restaurante cercano y conversaron un poco mientras él le explicaba algunas frases básicas de japonés. Minutos después, tocando un tema de las experiencias escolares, le mostró una foto de sus amigos de preparatoria.

-"¿Este que está aquí es tu amigo Hajime?"- le dijo ella mostrándole las fotos que veía en su red social.

-"Si: es el Iwaizumi"

-"¿Qué significa su nombre?"- le preguntó ella, para que practicara un poco la traducción de los nombres y apellidos japoneses al español.

-"Sería "La primera roca de la primavera""

-"Qué interesante"- dijo la chica -"¿Y qué significa el tuyo?"

-"Mmmm…. es algo difícil de traducir…"- pensó el chico mientras miraba hacía arriba -"Pienso que sería "Cruzar el río""

-"Tú no cruzaste un río"- le aclaró Lilian, jugando con las palabras -"Cruzaste continentes y mares"

El chico sonrió y probó un bocado de su plato de comida.

-"¿Qué significa tu nombre, Lili?"

-"Bueno… sé que mi nombre deriva del latín y significa "casta", pero…"

El chico dejó de mascar para mirarla con atención.

-"...Creo que ni nombre no refleja lo que soy realmente".

El joven pestañeó dos veces.

-"¡Es una larga historia!"- se defendió ella y miró nuevamente las fotos que su compañero de cita tenía en su red social -"¿Qué está estudiando tu amigo Hajime?"

-"Iwa-chan estudia Ciencias del Deporte".

-"¿Por qué estudia Ciencias del Deporte?"

Oikawa lo pensó unos instantes.

-"No lo sé"- contestó con sinceridad -"A todos nos tomó por sorpresa esa decisión"

-"¿Se conocen desde hace mucho tiempo?"

-"Desde que eramos pequeños".

-"¿En serio?"

-"Si"- contestó Oikawa y se le vino a la mente una idea -"¿Quieres saludarlo?"

-¿Eh?

-"¿Que si quieres saludarlo?"

-"¿Ahora?"

-"¡Si!"

-"Pero…"

-"Es domingo por la mañana"- le dijo, recordando que entre Argentina y Japón hay doces horas de diferencia -"Debe estar despierto"

-"Bueno… si tu lo dices"

Tooru emocionado tomó su teléfono móvil y realizó la videollamada a Iwaizumi. Después de unos segundos, este le contestó.

-¡Más vale que sea para algo importante, Assika…- le contestó Hajime con seriedad e inmediatamente detuvo su comentario al notar que al lado de su amigo había una joven de tez trigueña y cabello rizado muy llamativa -Eh… "Hola, señorita"- saludó el japonés en español.

Lilian le saludó tímidamente con la mano.

-"Konnichiwa, Iwaizumi-kun"- le saludó esta en japonés.

-¡Hola, Iwa-chan!- le saludó Tooru en japonés.

-¿Estás en una cita?- le preguntó Hajime con la vista semicerrada.

-¡Bingo!- exclamó su amigo -Ella se llama Reis Lilian: "Lili, él es Hajime Iwaizumi"

-"Mucho gusto"- le dijo Iwaizumi.

-"Mucho gusto"- le respondió Lilian.

-No deberías estar conversando conmigo si tienes una cita- le aclaró Hajime -Aprovecha bien el tiempo con ella.

-¡No me estés regañando!- se le quejó el chico de cabello castaño claro -Solo quería presentársela.

-Debe ser alguien importante para tí- le dijo su amigo y Tooru cambió de semblante -Si no lo fuera… no me la presentarías.

Oikawa meditó sobre las palabras de su amigo y era cierto: era la primera vez que él le presentaba una chica con la formalidad en la que lo hacía. Cuando tuvo su novia en la preparatoria, Hajime solo la conoció días después de haberse enterado de que él estaba en una relación formal, ya que nunca le había dicho que le gustaba alguien y que quería algo formal con alguna mujer. Solo unos meses después, cuando se dió la ruptura entre ellos porque la joven no soportaba que Oikawa estuviera tan metido en las actividades extracurriculares del club de voleibol masculino, fue cuando el colocador del equipo de voleibol masculino llegó a la conclusión de que que si se llegaba a presentar una oportunidad parecida con alguien especial, su amigo la conocería formalmente para que le diera una opinión constructiva.

A pesar de que entre ellos se molestaban crudamente, eran terriblemente honestos entre sí.

-No puedo demorar mucho tiempo- se excusó -Estoy en una reunión familiar- se disculpó Iwaizumi con su amigo -Que la pasen bien, Oi-chan.

Tooru se sorprendió: hacía mucho tiempo que su amigo no le llamaba de esa manera.

-OK. Iwa-chan.

-"Hasta luego, Reis-chan"

-"Mata ne, Iwaizumi-kun"

Y se colgó la llamada.

-"Qué amigo tan agradable tienes, Tooru"- le dijo Lilian y tomó un poco de bebida.

-"Es muy especial"- le confesó con nostalgia y guardó su teléfono móvil -"Así como lo es Rivan-kun contigo"

-¿Jasper?

-"Si"

-"¡Ese tonto no es tan especial!"

-"No lo parece"- le mencionó Oikawa -"Envidio esa amistad"

La joven de cabello rizado se sorprendió.

-"¿Por qué?"

-"Porque muestran que entre un chico y una chica pueden demostrarse afecto sin parecer novios"- le contestó tratando de buscar las palabras correctas -"En Japón podemos conversar con las chicas pero no ser así de cercanos"

-"Somos culturas diferentes"- le recordó Reis -"Mientras haya respeto todo se puede dar"

-"Entiendo"

Una vez salieron del restaurante, Tooru no sabía cómo decirle que llegaran hasta el apartamento; aún no se inventaba una excusa para llevarla hasta allá. Pero no hubo necesidad de inventar el pretexto, porque algo fuera de los planes hizo que diera un giro inesperado.

Había cierta zona por la que ambos tenían que pasar para tomar el trayecto de regreso a sus hogares: era un largo trayendo de cuadras en las que la venta de alucinógenos era evidente, las negociaciones de sexo casual no se tapaban a la vista del público y las discotecas emanaban olores de sustancias embriagantes y sonidos que incitaban a bajos instintos.

En una esquina de ese ambiente de lujuria, alcohol y drogas, un hombre reconoció a la mujer que estaba acompañada del muchacho de alta estatura y lentes, y la llamó por su nombre.

Ella se detuvo para verlo, sin dejar de sostener el brazo de su amigo japonés.

-¿Así que estás en Buenos Aires, "Carioquita"?- le dijo el hombre que estaba pasado de tragos.

Oikawa frunció el ceño bastante incómodo con la presencia del tipo de mediana edad que los había detenido en su marcha.

-"¿Lo conoces, Lili?"- le preguntó Tooru a su acompañante con un tono serio, sin quitarle la mirada de encima al desconocido.

Ella no sabía qué responderle porque sí lo conocía, ya que fue un antiguo "cliente"; pero no podía decirle que sí.

-¿Y ahora andas con orientales? ¿y de tu misma edad?- le fue recriminando el borracho sin indulgencia -¡Pfff!

-"Vamonos, Oikawa"- le pidió la chica asustada.

El aludido miró de reojo a la joven, notando que se aferraba aún más a su brazo.

-"Permiso, señor"- le contestó ek japonés sin perder seriedad, y le pasaron a un costado.

El tipo se molestó ante lo que había ocurrido.

-¿Y desde cuando te escondes detrás de un desconocido?- le preguntó el tipo -¿O es que lo hace mejor que los que te conocemos?

Lilian abrió los ojos absorta con el comentario, y su alumno detuvo su caminar. ¿Será que había entendido lo que el hombre entre tragos había mencionado?

-"No has contestado mi pregunta, Lili"- le dijo Oikawa, manteniendo su mirada al frente -"¿Tú conoces a ese hombre?"

-Ella le miró con inquietud.

-"No"- le mintió.

-"Disculpe, caballero"- se volteó el chico cambiando el tono de su voz al que siempre gesticulaba cuando molestaba a sus compañeros o conocidos -"Mi esposa no lo conoce y la tiene nerviosa. La está confundiendo"

El tipo quedó confundido.

-¿Qué?

-"Perdone mi español"- se excusó mofándose -"Que pase buena noche"

-"No te hagas el ridículo"- le insultó el hombre de mediana edad y Oikawa le volvió a dar la espalda.

-"¿Sabes correr?"- le preguntó con seriedad a la joven de tez trigueña y esta asintió -"¡Vamos!"

Ambos iniciaron la marcha constante unas calles hacia abajo, esquivando a las personas que a su frente se encontraban, y dejando al hombre embriagado despotricando a su suerte.

Ante la gravedad de un descenso, ella no pudo esquivar a una persona que llevaba una bebida en sus manos, mojando su vestido casi por completo.

-¡Lo siento!- se excusó bastante apenada y siguió descendiendo, mientras ubicaba a su pareja una calle más abajo.

Ese día, había tenido la suerte de que estaba calzando unos zapatos deportivos de suela cómoda para tratar de seguirle el paso a su acompañante, que al ser un deportista de alto rendimiento tenía mejor condición física que ella.

Oikawa la recibió con los brazos abiertos deteniendo su marcha en una esquina de aquel descenso, notando que ella respiraba con agitación.

-"¿Estás bien?"- le preguntó Oikawa sin dejar de sostenerla.

-"No"- le contestó ella de forma entrecortada -"Mi vestido está mojado. Tropecé con alguien y derramé su bebida"

El chico miró con atención el lugar a donde habían llegado, y reconoció frente a él el edificio donde estaba el apartamento de los padres de su amigo.

-"Tenemos suerte"- le indicó y le señaló la estructura -"Ahí vive Mateus"

Llegaron a la recepción principal y el conserje reconoció al muchacho.

-"¿Usted es Tooru Oikawa?"- le preguntó el hombre y el aludido asintió.

Estaba extrañado de que ese trabajador se acordara de él, ya que solo había asistido una sola vez a conocer aquel lugar.

-"El señor Mateus no se encuentra. Dejó dicho que si venía a visitarlo lo dejara ingresar"

El japonés se enredó un poco para entender las palabras de aquel gaucho, y miró a su compañera para que le ayudara a interpretar lo que le había dicho.

-"El apartamento está sólo. Puedes pasar"- le resumió ella.

-"Tome las llaves"- le indicó el conserje entregándole un juego de piezas de metal -"Piso décimo el apartamento del lado derecho"

Oikawa tomó el objeto entre sus manos cortésmente, sin mencionarle que ya tenía un juego con él, y se acercó al ascensor con su acompañante.

-"¿Qué piso es?"

-Jyuuban desu- le contestó ella en japonés y Oikawa entendió enseguida -"Él dijo el número del piso de forma ordinal"

-"Oh"

Ambos ingresaron al ascensor y este empezó a ascender.

-"Repite después de mi"- le dijo ella para que practicara un poco.

Con cada número que pasaba, el repetía la manera cómo se decían los números ordinales en español: "primero, segundo, tercero, cuarto, quinto, sexto, séptimo, octavo, noveno, décimo"

El ascensor se abrió y los dos salieron para doblar a la derecha.

-"¿Y en japonés?"- le preguntó él.

-Ichiban, Niban, Sanban, Yonban, Goban, Rokuban, Nanaban, Hachiban, Kyuban y Jyuuban.

-"Correcto"

Ella sonrió.

Al frente de la puerta, el chico abrió el gran portón con cuidado, para que ambos ingresaran al apartamento. Todo estaba oscuro, y los dos trataron de ubicar el suiche que encendía las luces principales.

Una vez que el chico lo hizo, se sorprendió de lo amplio que era ese apartamento y de la hermosa vista que se vislumbraba frente a ellos de esa zona de la capital argentina.

-No me acordaba que fuese así de espacioso- pensó para sí mismo, y dejó las llaves en una pequeña mesita en la entrada principal.

Conservando la costumbre de su país de origen, se descalzó antes de continuar caminando sobre el piso alfombrado y le indicó a Lilian que repitiera lo que estaba haciendo, a lo que ella obedeció.

-"Es cierto"

Una vez se descalzaron, avanzaron por la amplia sala de muebles estilo colonial mientras ella ubicaba el baño de acceso público, dejando su bolso sobre una de las sillas del juego de sala.

Oikawa reparaba con atención aquel lujoso apartamento, buscando entre las habitaciones cuál era la de su amigo de equipo, hasta que una pequeña calcomanía de un balón de voleibol sobre el pestillo de la puerta delató cuál era su recámara. Abrió la puerta con lentitud y encendió las luces para observar su interior: Mateus tenía un cuarto demasiado minimalista con una gran cama doble de edredones azules y amarillos.

Sobre la pared de acceso a las habitaciones, habían fotografías de grupos de personas con el padre de Mateus. Oikawa claramente no reconocía a ninguna de esas personas.

-¡Oh, Dios!- exclamó Lilian quien había salido del baño y se emocionó al ver las fotografías sobre la pared -"¡Ese es el Gran Combo de Puerto Rico!"

-"¿El Gran Combo de Puerto Rico?"

-"Es un grupo musical de salsa"- le contestó Lilian -"Es muy famoso"

-Oh.

La chica apuntó a otras fotografías.

-"Esta es la Fania All Stars"- dijo emocionada al reconocer a cada uno de los integrantes del grupo -"¡Y él es Frankie Ruiz!"

Oikawa notó el semblante de alegría de la chica y sonrió al verla contenta, olvidando lo que le había pasado unos minutos en la zona roja.

-"¡Qué envidia!"- exclamó emocionada reconociendo al resto de artistas en cada fotografía -"No sabía que el padre de Mateus conocía a todas estas personas"

-"¿Te gusta la salsa?"- le preguntó él.

-"¡Si!"- exclamó ella con una amplia sonrisa.

-"¿Tú sabes bailar salsa?"- le preguntó Oikawa a su maestra.

-"Si. Yo sé bailar"- le contestó -"¿Tú sabes bailar?"

-"La Macarena"- contestó el japonés y Lilian rió divertida.

-"La Maracena no es salsa, Oikawa"- le aclaró ella -"Ven conmigo"- le indicó tomándole una mano, y se dirigieron a la sala.

La chica buscó una melodía en su teléfono, y dejó su móvil sobre el sofá para acercarse al chico de alta estatura y tomar sus manos.

-"Sigue mis pasos, por favor"

-"Esta bien"

Durante el lapso de la melodía que ella había colocado en un ritmo suave, le fue enseñando el paso a paso básico para que él se guiará.

Pero fue con cada minuto que pasaba, que ambos se estaban acercando demasiado: ella se dio cuenta que su alumno aprendía rápidamente y le llevaba el compás muy bien.

Regalame una noche

Donde te entregues toda

Que solo sea la luna

La que acompañe la pasión.

Que el fuego de tu cuerpo

Caliente aqui en mi pecho

Y con tus furias ganas

Perdamos la razón.

Regalame una noche

Que no termine nunca

Donde el cansancio sea

Solo el vencedor.

Saciandonos de ganas

De pasion y locuras

Cubriendonos la piel

Solo con el amor.

Que el dulce néctar de

Tus labios me embriague

Y añejes como el vino

Tu amor para mi.

Y te entregues

Como una fiera salvaje

Y rompas las cadenas

Del amor con loco frenesi.

Regalame una noche.

Regalame una noche

Que solo sea derroche

Qu el tiempo se detenga

Solo para los dos.

Y cuando nos amemos

Y todo alla acabado

Sellemos con un beso

Esta entrega de amor.

Regalame una noche

Que no termine nunca

Donde el cansancio sea

Solo el vencedor.

Saciandonos de ganas

De pasion y locuras

Cubriendonos la piel

Solo con el amor.

Que el dulce néctar de

tus labios me embriague

Y añejes como el vino

Tu amor para mi.

Y te entregues

Como una fiera salvaje

Y rompas las cadenas

Del amor con loco frenesí.

Regalame una noche.

Que solo sea derroche

Donde te entregues

Que solo sea la luna

La que acompañe la pasión.

Regalame una noche

Que solo sea derroche

Que el fuego de tu cuerpo

Caliente aqui en mi pecho

Y con tus furias ganas

Y perdamos la razón.

Regalame una noche.

Regalame una noche

Que solo sea derroche

Donde el cansancio

Sea solo el vencedor

Saciandonos de ganas

De pasión y locura.

Regalame una noche

Que solo sea derroche

Que el dulce néctar

De tus labios añeje

El vino tu amor

Para mi.

Regalame una noche.

Ambos se miraron con atención, respirando agitadamente. Lilian se separó un poco del chico y le hizo una ligera reverencia.

-"Bien hecho"- le mencionó halagándolo.

-"Tengo una buena maestra"- le contestó quitándose los lentes, y peinando su cabello hacia un lado.

En ese momento, la chica se acordó de lo que llevaba dentro de su bolso y rápidamente buscó el paquete que traía consigo.

-¿Por qué escogió esa canción?- se preguntó para si mismo desabrochándose un botón de su camisa manga larga -Tiene una letra interesante- concluyó mordiéndose los labios al recordar algunas estrofas -"Regalame una noche que no termine nunca, donde el cansancio sea solo el vencedor"

Iba a aprovechar para que ese ligero ambiente le dijera lo que sentía por ella, cuando notó que ella empezó a cantar una tonada que se le hacía familiar aunque fuese en otro idioma.

"Parabens pra vocé

Nesta data querida

Muitas felicidades

Muitos anos de vida"

Oikawa se sorprendió.

-"¡Feliz cumpleaños, Tooru!"- le felicitó Lilian, acercándose a él para entregarle el pequeño detalle.

El japonés tomó el presente entre sus manos y lo observó con atención para luego mirarla a ella.

Fue la primera vez que su maestra le llamaba por su nombre.

-"¿Cómo lo supiste?"

-"Mateus me lo dijo"- le respondió ella -"Espero te agrade".

El chico dejó el presente sobre el sofá, y se atrevió a acercarse un poco más.

-"A mi me agrada algo más"- le dijo con sigilo.

Y repentinamente, la besó con frenesí en la oscuridad de aquel amplio recinto.

El tomó con fuerza el mentón de ella para atraerlo hacia su cercanía de forma apasionada, mientras la chica se dejaba llevar. Después de unos segundos, se separaron respirando con la agitación característica de dos personas con la líbido elevada.

-"Perdón… A mi me agrada alguien más"- le susurró Oikawa aún respirando con rapidez.

-"Tooru, yo…"

Él la siseó y puso su dedo índice sobre sus labios.

-"Déjame estar cerca"- le dijo apoyando su frente en la de ella -"Solo quiero estar cerca de tí".

Lili permaneció en silencio unos segundos, mientras las palpitaciones de ambos volvían a la "normalidad"

-"Eres una chica muy bella"- le dijo con ternura manteniendo sus ojos cerrados -"Soy afortunado de tener a una maestra muy linda"

¿Esa era una confesión? ¿El extranjero estaba mostrando sus sentimientos?

-"¿Puedo estar contigo esta noche?"

A la chica de tez trigueña le sorprendió semejante pregunta. ¿Acaso podía existir alguien tan formal en un momento previo al sexo? ¡Claro! Debido a su condición TSC, ese aspecto nunca lo tuvo en cuenta.

Con cierto recelo, el japonés fue bajando lentamente sus manos por el cuello y el torso de la chica, hasta encontrarse con sus pechos… y tomando valentía para continuar, posó sus manos sobre ellos delicadamente para luego seguir bajando hasta su cintura y atraerla hacia él.

-"No me has dado una respuesta"- le enfatizó él en un tono de voz más grave de lo habitual.

-"Mi beso es la respuesta"- le contestó ella y le devolvió el afecto para que el idioma de un encuentro íntimo hablara y se entendiera por los dos.

Esa noche… Fue la primera vez de Oikawa Tooru.

Esa noche… fue la "primera" vez de Lilian Reis

OOOOOOOOOO

Mateus Sachez esperaba en aquel parque a su compañero de entrenamiento. Eran las 6 de la mañana de un inicio de semana frío por lo que todos los que estaban despiertos a esa hora debían estar abrigados.

El chico notó en la distancia al joven japonés, que lo saludó con energía y con las mejillas rojas.

Ambos se chocaron los puños a manera de saludo, y Oikawa le devolvió las llaves.

-"¿Cómo les fue?"

-"Muy bien"- respondió el muchacho, iniciando su estiramiento de tren superior.

-"¿Cómo te fue?"

Tooru le sonrió mostrándole los dientes en una ligera expresión de malicia.

-"Ya soy un héroe"

-"Ahora no te vayas a pasar de "recaliente", ¿eh Toto?- le aclaró Mateus estirando sus brazos hacia arriba

-"¿Recaliente?"

-"Que estés pensando en tener sexo de forma constante"

-¡Ah!- exclamó algo avergonzado.

-"¿Se quedaron a dormir?"

El chico asintió.

-"¡Qué pasada, che!"

-"Tu habitación es muy cómoda".

-"Espero que hayas mandado a lavar las sábanas".

-"Obviamente"

Una vez finalizaron su entrenamiento matutino, el japonés regresó a su pequeño apartaestudio para darse una ducha. Una vez salió del baño, se cambió y en ese momento recibió una llamada telefónica.

Era su amigo Iwaizumi.

Contestó la llamada dejando el teléfono celular en altavoz y colocándolo en una base sobre un escritorio.

-¡Hola!.

-¿Te acostaste con ella, verdad?- le preguntó de entrada Hajime con un gesto de suspicacia.

-Buenos días, amigo Oikawa. ¿Cómo estás? ¿Cómo empieza tu día en la bella capital Argentina?- le contestó Tooru con cierto sarcasmo.

-¡No me evadas la pregunta!

-A mí me enseñaron a saludar primero, Iwa-chan.

-No te las des de formal conmigo ahora, "Assikawa".

-¡Ay! ¡Está bien!- le dijo con incomodidad mientras se secaba con una toalla adicional el cabello -Contigo definitivamente no se puede.

-Mira quien lo dice.

Tooru hizo un puchero de incomodidad.

-Te acostaste con esa chica, ¿verdad?

Su interlocutor suspiró hondo.

-Si: si me acosté con ella. Tuvimos sexo.

-¿De verdad?

-Si.

Hubo un silencio incómodo. Tooru dejó de secarse el cabello.

-¿Iwa-chan?

-Me sorprende que lo hayas hecho.

-¿Por qué?

-Porque una chica tan hermosa como ella no se fijaría en alguien tan engreído como tú.

-Para tu información, Lilian no cree que sea una persona engreída.

-Porque no estas en tu "zona de confort"

Oikawa reaccionó ante ese comentario.

-Si ella viviera acá y te conociera como realmente eres, te tendría en otro concepto.

El chico japonés radicado en Buenos Aires suspiró resignado.

-¿Me estás llamando para decirme eso? ¿Que no merezco estar con alguien o tener intimidad con alguien sólo porque en Japón me comportaba de esa manera y que ahora que estoy lejos no merezco reinvindicarme y ser más humilde y menos arrogante?

Su amigo no le contestó.

-Tuve que salir de mi zona de confort para darme cuenta que no soy nadie, que solo soy un "extraño" que quiere superarse a sí mismo, que se arriesgó a viajar lejos tan solo para darse cuenta que del otro lado hay obstáculos que superar, pero que ninguno es difícil e inalcanzable.

Hajime permanecía en silencio.

-¿Sabes algo? Tal vez tengas razón: Lilian no merece estar con alguien como yo.

Dejó la toalla con la que se secaba el cabello abierta sobre un soporte horizontal cerca de la ventana, para regresar a donde estaba el teléfono móvil.

-Tú mismo me dijiste que buscara alguien que me enseñara español y eso hice: ella llegó a mi por coincidencias de la vida y nos hemos conocido durante estos pocos meses. Es una mujer muy amable conmigo y me ha acompañado durante todo este tiempo a conocer esta cultura… y ¿sabes qué?

El silencio aún permanecía en su interlocutor.

-¡Si! ¡Me volvía a enamorar de alguien! Tal vez no de alguien que usualmente la gente que me conoce esperaría; pero es una persona que me hace sentir bien, que entiende que no debe ser fácil separarse de lo que haz crecido para probar suerte tan lejos.

El chico se tumbó en su cama boca arriba.

-¡Y si! Anoche se dieron las cosas… y es una sensación extraña… extraña pero fascinante.

-Oikawa…

-¿Qué?- le preguntó con seriedad.

Hubo un silencio incómodo.

-Disculpame- Hajime se excusó -No era mi intención dudar de lo que sientes por ella. Es que percibo que no eres tú.

-Es que hace tiempo dejé de ser el Oikawa que la preparatoria Seijoh conocía.

-¿Qué tan diferente eres ahora que vas a cambiar la forma en la que tratas a tus amigos?

Oikawa sonrió.

-Eso no lo cambiaré- le contestó -Ustedes siempre serán los únicos que me soportan.

Hajime sonrió del otro lado.

-Ahora que hablas así, no eres el único que está teniendo sentimientos por alguien.

Oikawa abrió los ojos sorprendido y ladeó su cabeza en dirección a su teléfono móvil.

-Hay una chica en la Universidad que me llama la atención. Va a la escuela de Diseño y también es de primer año.

-¿De verdad, Iwa-chan?

Se le escuchó asentir a su interlocutor.

-Nuestros horarios coinciden en la jornada de la mañana y la veo seguido en los tiempos de receso.

Tooru sonrió divertido.

-¿Es hermosa?

-Si… es bella.

-¿igual que Lilian?

-No: son bellezas diferentes.

-Dejame adivinar: es de mediana estatura, tiene su cabello lacio, ni tan largo ni tan corto pero con algún toque de color y puede tener algo de "gyaru" en su vestimenta.

Hajime no le contestó.

-¿Acerté?

-Si. En todo.

Tooru sonrió.

-¿Ya la invitaste a salir?

-No… aún no cruzamos palabras.

-¿Y qué esperas para hacerlo?

-Siento que podría rechazarme.

-¿Por qué? Eres un tipo interesante y deportista: una chica no rechaza a los deportistas.

-¡Si, claro!

-Háblale, Iwa-chan- le ordenó su amigo de forma serena -Si no das el primer paso, no sabrás si puede suceder.

-¿Cómo lo hiciste tú?

Oikama suspiró.

-Cómo lo hice yo.

-Por cierto, te protegiste, ¿verdad?

El egresado del Aoba Johsai quedó petrificado y con una cara de nervios.

-Oikawa Tooru ¿Te protegiste?

El chico empezó a sudar frío.

-No, no lo hice.

-¿Eh?

-No pensé en eso.

-¡Si serás "Bakawa"!- le insultó Iwaizumi levantando el tono de su voz -Cuando la vuelvas a ver, pregúntale con sutileza si ella está usando algún método de planificación.

-No lo creo. Se supone que no tiene pareja.

-¿No tiene pareja?- le enfatizó Hajime la última frase del comentario de su amigo -Ahora eres tú su pareja.

Oikawa se incorporó de la cama y tomó el celular para desactivarle el altavoz y llevarlo a su oído derecho.

-¿Y ahora?

-Solo cerciorate de que ella esté bien y que se encuentre fuera de su ciclo fértil. ¿Si recuerdas eso, no?

-Si: debe estar entre los días después del 17 y el 27 si es para un ciclo regular, y entre los días 17 y 22 para los ciclos irregulares.

-Correcto.

-Conversaré con ella más tarde- le mencionó el tío de Takeru -Hoy continúo clases de español en horas de la tarde.

-¿No se han visto desde el domingo?

-No.

-¿No te ha llamado?

-Tampoco.

-También debe ser algo "nuevo" para ella estar con un extranjero- dedujo Hajime -O fuiste un mal compañero sexual.

-¡Oye! No creo que me haya ido tan mal.

-¿Cómo estás tan seguro?

El chico se ruborizó al recordarlo.

-Estaba… - se detuvo mientras meditaba si podía mencionarlo.

-¿Estaba?

Oikawa no respondió.

-¡Vamos! ¿Te vas a cohibir conmigo sobre esos temas?

-No es sencillo.

-Claro que puede ser sencillo, no tienes por qué ocultarme ese tipo de cosas. Me quieres decir que ella estaba mojada, ¿cierto?

-Mmm.

-Entonces no te fue mal. Retiro mis palabras.

En ese momento, se escuchó el timbre del lugar donde estaba hospedado Iwaizumi y este miró el reloj de pared ubicado en su dormitorio.

-Tengo que colgar. Quedé de reunirme con unos compañeros para estudiar un examen que tenemos el jueves.

-Esta bien. Gracias por la llamada.

-Ya sabes.

La llamada fue finalizada por el egresado del Seijoh que estudiaba Ciencias del Deporte. Oikawa revisó la pantalla de su teléfono móvil y notó que había un mensaje de texto de Lilian.

-Hola. Buenos días.

El chico le contestó inmediatamente.

-Buenos días, Lili.

-¿Vas a programar tu clase el día de hoy?

-Si, por favor.

Esperó unos segundos, y recibió el mensaje de respuesta.

-Esta bien. Por favor: intenta leer la lección sobre la acentuación.

-Listo.

Tooru dejó el teléfono a un costado de la cama y se volvió a tumbar en ella.

-¿Acentuación?- se preguntó a sí mismo -¿Por qué me mandó a leer si usualmente las lecciones las estudiamos en la hora de tutoría?

El chico se levantó de la cama para revisar el libro de texto donde estaba aprendiendo el idioma, y buscó la lección correspondiente para leer con atención los párrafos y buscar la respuesta a su inquietud.

Unos segundos después, se dió cuenta del motivo por el cual ella le pidió que se preparara para la lección.

-¡Lo que faltaba!- exclamó con algo de molestia -En Argentina no hacen la acentuación de forma correcta.

OOOOOOOOOO

Su saludo esa tarde fue algo extraño. A pesar de haber estado tan juntos esa noche del sábado, se hablaron como si nada hubiese ocurrido.

Una vez que la joven se sentó en la mesa para iniciar la lección, este se sentó a su lado pero no le daba la cara, mantenía la vista desviada y la chica se dió cuenta.

-"Tooru… ¿estás bien?"- le preguntó Lilian con inquietud.

Este negó.

-"¿Qué pasa?"

Su interlocutor le miró con atención.

-"¿Tú estás bien?"

Reis se extrañó.

-"Si… ¿Por qué lo preguntas?"

El chico desvió la mirada y se tapó la boca con una mano, buscando las palabras para expresar lo que quería decir, pero no las hallaba.

-"Bueno… es que… en la noche del sábado…"- balbuceó tratando de hilvanar una frase concisa.

La chica pestañeó dos veces confundida.

-"¿Qué pasó en nuestra noche?"

-"No sé cómo explicarlo"

-"Dibújalo o muéstrame un objeto que exprese tu pregunta"- le sugirió la chica.

Oikawa, con algo de vergüenza, buscó entre sus pertenencias, un preservativo. El método de protección que Mateus le regaló el día anterior a su cita y que en la efervescencia del momento se le olvidó usar. Volvió a sentarse en la mesa, y manteniendo la pena y las mejillas sonrojadas, se lo mostró con nerviosismo.

-"Yo no lo usé"- contestó en un susurro sin mirarla directamente.

-"¡Ah! ¿Era eso?"- le preguntó ella de forma descomplicada y eso asombró al japonés, mirándola con desconcierto.

-"¿No estás preocupada?"- le preguntó Oikawa anonadado.

En ese momento, ella acarició su mejilla izquierda con delicadeza.

-"No te preocupes"- le tranquilizó -"Yo uso DIU".

-¿DIU?- repitió Oikawa.

-"Dispositivo Intra Uterino: DIU. También se le llama "T de Cobre"

-"No te entiendo"

Lilian buscó una hoja de papel, y rápidamente dibujó un bosquejo del útero e hizo una T en el interior de la matríz.

-"DIU"

-¡Ah! El método de barrera de cobre hormonal- pensó el japonés y suspiró tranquilo, mientras tomaba la mano de la joven modelo y la besaba con ternura, volviéndose a preocupar.

-"¿Por qué usas ese método de protección?"- le preguntó con inquietud.

Ella frunció levemente el ceño y cerró el libro de texto momentáneamente.

-"Mereces conocer esa verdad"- le dijo la chica -"¿Me puedes traer un vaso de agua, por favor?"

El japonés buscó la bebida para traerla y volverse a sentar.

-"Te hablaré en inglés para que me puedas entender mejor"

-"Esta bien"

-Es un método alterno para el control de un trastorno- le dijo ella manteniendo la calma.

-¿Trastorno?

Lilian asintió.

-No es fácil contarle a las personas que estimas que durante varios años "sufriste" de manera indirecta una condición que se camufló en un oficio en el que eso pasa desapercibido.

-No te entiendo.

Lilian suspiró.

-Oikawa… es posible que después de lo que te cuente, ya no me veas de la misma forma.

-Eso lo decido yo- le comentó con seriedad -¿Qué te sucedió?

Durante varios minutos, solo se escuchó la voz de la chica. Le contó que desde los 12 años empezó a sufrir de Trastorno Sexual Compulsivo, o bien llamado TSC. Eso la llevó a conocer proxenetas que la tenían de catálogo para ser "Dama de Compañía". Cada vez las salidas eran más frecuentes porque prestaba un "buen servicio" a los clientes y se hizo famosa en ese espacio. Nunca pensó que el comportamiento compulsivo fuese a raíz de ese trastorno porque lo ligaba al hecho de que tenía un trabajo y podía costearse los lujos de una buena vida sin que sus padres lo supieran. Cuando conoció a Jasper y a Zoe, empezó a "alejarse" un poco de ese oficio porque encontró en ellos una amistad sincera, una amistad que intentó cuestionarle lo que hacía pero que tampoco sabían que era a raíz de TSC.

Cuando ellos se mudaron a Japón, ella volvió a quedarse sola. Y fue cuando buscó ayuda psicológica para determinar su condición de TSC. Se enfocó en seguir una carrera para mantener su mente distraída del oficio, cuidar su medicación y ser disciplinada con la toma de los comprimidos. A su vez, y para evitar sinsabores de una recaída, decidió usar la DIU en vez de un método inyectable, que era el que usaba cuando inició en los servicios de Dama de Compañía.

Oikawa solo escuchaba con atención, mientras sus pensamientos ordenaban las ideas. Le miraba con recelo pero sin juzgamientos.

Una vez ella terminó de contarle la historia, suspiró hondo.

-Eso es todo lo que te puedo contar de mi persona.

-¡Claro! Ahora entiendo por qué ese tipo te conocía- le dijo Tooru recordando al borracho del sábado.

La joven se avergonzó bajando la mirada.

-¡Vaya!- exclamó consternado -Yo… yo nunca pensé que algo así pudiese ser tan delicado.

-Lamento que no sea la persona que esperabas- se excusó la chica con algo de timidez.

Él la observó con seriedad.

-¿Quién te dijo que no eres la persona que espero?

-¿Eh?

-A mi no me interesa esa mujer del pasado- le mencionó con seguridad -Me interesa la chica que está conmigo en estos momentos.

Se incorporó en su asiento, y recordó la discusión que tuvo con Hajime esa mañana.

-Si así fuera, Lilian no hubiese gustado del Oikawa Tooru que estudió en la preparatoria Seijoh: engreído, indiferente y "casanova"

Reis sonrió levemente.

-Tal vez esa Lilian lo hubiese conquistado fácil si dices que era todo un casanova- le comentó con algo de picardía.

-Tal vez, pero te hubiese rechazado por el simple hecho de que eras diferente y no eras japonesa- le dijo él con un tono de altivez, siguiéndole el juego.

-Es cierto.

En ese momento, fue él quien acarició su rostro tiernamente.

-Me alegra saber que ahora estás viviendo tu vida de otra manera- le indicó el chico de alta estatura -¡Mirate! Le estás enseñando español a un pelmazo. ¿Alguna vez pensaste que podías ser una buena maestra enseñando tu idioma nativo?

-No.

-Puedes hacer grandes cosas.

-Puedo "engrandecer" cosas- le dijo de forma pícara y el chico se ruborizó, recordando la noche del sábado -Continuemos con la lección- le indicó, para cambiar un poco de tema.

-Me sorprende que cambies de tema así tan rápido.

-¿Quieres continuar con la lección del sábado?

Oikawa se petrificó ante lo que había escuchado, y la mujer rió a carcajadas.

-Se te está pasando la hora de tutoría. Escoge el tema- le dijo ella tratando de que no se sintiera tan abochornado.

-Escojo la lección de español- contestó Oikawa -No puedo "abusar" de ese tipo de lecciones.

-"Excelente decisión"- le manifestó la joven de cabello rizado volviendo al idioma español -"¿Leíste el tema de la acentuación?"

-"Si"- dijo volviendo en sí mismo -"Pero Argentina no es el ejemplo más adecuado de acentuación".

-"Porque Latinoamérica tiene acentos diferentes aunque los países hablen el mismo idioma".

-Claro. A eso se refería Iwachan cuando me dijo aquella vez de que tenía que cuidar mis palabras si en algún momento viajaba entre países del mismo idioma- pensó el japonés observando la lección en el texto.

-"Vamos a practicar unos ejemplos"- le indicó la chica.

La joven pareja continuó conversando esa tarde del lunes 22 de Julio. Y desde ese momento, los dos se volvieron muy unidos e "incondicionales": se apoyaban mutuamente cuando tenían problemas y salían juntos a conocer sitios cercanos como una manera de distraer la mente en asuntos que no fueran profesionales.

OOOOOOOOOO

Flashback -

-"Merezco saber el día que cumples".

-"No es para tanto, Toto. No es de importancia".

-"¡Si lo es!"- exclamó Oikawa -"Yo no puedo dejar pasar tu cumpleaños".

-"¡Vaya que eres insistente!"

-"Debes responder las preguntas del Gran Rey".

-"Esta bien, "Su Majestad""- le hizo Lilian una ligera reverencia -"Esta humilde cortesana cumple un 22 de Agosto, Día de Santa María Reina"

-Qué día tan interesante.

-¿Por qué?

-"Porque yo cumplo el día que nació Alejandro Magno".

-Un gran Emperador.

- Final del Flashback -

-¡Rayos! ¡Rayos! ¡Rayos!- exclamaba Oikawa corriendo a marcha constante sobre aquel sendero peatonal en el que ya no había mucha gente transitando.

Su entrenamiento se había extendido más de la cuenta por la visita inesperada de un partido amistoso que los tomó por sorpresa: una contienda contra el UPCN San Juan.

-¡Me va a matar! ¡Me va a matar!- seguía pensando con desesperación, hasta que llegó al lugar donde se habían citado.

Ya el local estaba cerrado.

Suspiró resignado y buscó su teléfono móvil para llamarla, pero fue infructuoso: su línea telefónica se descolgaba.

Quiso contener las lágrimas y miró en ambas direcciones tratando de hallarla pero ya no habían muchas personas a esa hora: solo algunos oficinistas que salían de turnos laborales nocturnos de regreso a sus hogares.

-¡Maldita sea!- espetó con rudeza, y regresó a su apartaestudio frustrado.

Había incumplido una cita… ¡y justamente la del día en el que ella cumplía años!

Unos minutos más tarde, cuando ingresó al pequeño apartamento y encendió las luces, se sorprendió ante lo que estaba viendo.

Era ella, dormida sobre la pequeña mesa del comedor. Sus brazos cruzados acomodaban su cabeza que estaba ladeada. A un costado de ella había una bolsa en color blanco con unos portacomidas en su interior, y junto a esa empaque había un pequeño cupcake con crema blanca y papel protector rojo en el que aún una delgada vela se mantenía encendida ya con el último fulgor que le quedaba de mecha.

Oikawa frunció el ceño en un gesto de desconcierto y a la vez de vergüenza. No merecía que ella le esperará en su hogar.

Se le acercó con sigilo, para sentarse a su lado, y le llamó por su nombre con suavidad.

-¿Lili?- le tocó su hombro con delicadeza -¿Lilian?

La chica reaccionó al llamado y se incorporó, frotándose uno de sus ojos.

-Buenas noches- le saludó afablemente -Bienvenido.

-Disculpame, yo…

-"Pedí tu reservación para llevar"- le interrumpió la chica -"Hay que calentarla porque debe estar fría. ¡Ah! ¡Y me dieron este pequeño cupcake!"- le comentó emocionada tomando el pequeño postre de harina -"No me lo quise comer sola porque quiero compartirlo contigo"

Oikawa no pudo contener las lágrimas: bajó la mirada avergonzado y se apretó fuertemente las rodillas con sus manos.

-"No pude llegar a tiempo"- finalizó lo que iba a decir -"Intenté llamarte pero no me contestabas".

La joven reaccionó ante lo que dijo y dejando el ponquecito en la mesa revisó inmediatamente su teléfono móvil. En efecto, estaba descargado y se lamentó en un suspiró de desahogo.

La chica colocó el teléfono de gama media sobre la mesa junto al lado del cupcake.

-"Levanta tu mirada, Tooru Oikawa"- le ordenó con seriedad, y el chico ante el tono de voz de la mujer obedeció levantando su cabeza lentamente -"¿Pasó algo importante, verdad?- le preguntó y acercó sus manos para secarle las lágrimas.

El chico asintió.

-"Hubo un partido sorpresa contra el UPCN San Juan"- le contestó con el rostro compungido.

-"Entiendo"- le dijo con serenidad para luego chocar las manos -"¡Debes tener hambre!"- exclamó recordando la comida y se levantó del asiento -"¡Vi que conseguiste un horno microondas y está en la cocineta! Calentemos lo que compraste".

-Lili.

La chica lo miró con atención.

-"¿Por qué no estás molesta?"- le preguntó con consternación.

Reis suspiró hondo para nuevamente sentarse.

-"¿Quieres verme molesta?"- le preguntó cambiando de semblante a uno más sombrío, y su interlocutor negó rápidamente con la cabeza -"¡Perfecto! No ha pasado nada".

Se volvió a levantar del asiento para llevar la comida hasta un pequeño mesón e ir sacando cada empaque de comida y ubicarlo en un plato de cerámica.

-"Conectaré tu equipo para que se cargue"- le comentó el japonés buscando su cargador en el morral deportivo que llevaba consigo.

-"Gracias".

Hubo un silencio entre ambos por varios minutos.

-"Estuve acostumbrada a que mi cumpleaños era otro día más en el calendario"- le dijo la chica desde la cocina.

Oikawa la observó desde el comedor mientras conectaba el teléfono móvil a un cargador portátil de color negro.

-"Pero desde que cumplí 15 años, ese día se volvió muy especial porque solo necesitaba escucharlos a ellos para que mi día fuese diferente".

-"Cuando te refieres a ellos, son Rivan-san… y tu otra amiga"

-"Si, ella: se llama Zoe Taracena".

-"Zoe. Ella tiene un nombre muy bonito".

Lilian reaccionó.

-"¿Me estás entendiendo?"

-"Si. Te entiendo"

-"Has progresado bastante, Toto"- le ovacionó la mujer -"Me alegra"

-"Gracias"

Reis se acercó a donde estaba el japonés trayendo los dos platos de comida y los ubicó sobre la mesa.

-"¿Zoe es tan hermosa como tú?"

-"Eso no lo sé. Va en quienes la conocen"

La chica unió sus manos en señal de agradecimiento por la cena.

-"Itadakimasu"- expresó la joven en correcto japonés.

-"Itadakimasu"- le siguió Tooru también uniendo sus manos.

Lilian probó el primer bocado de aquel plato de comida, y el chico se detuvo antes de poner los cubiertos sobre la comida.

-"No quería que el primer año que celebro tu cumpleaños hubiese sido de esta manera"- comentó meditabundo y con la vista cansada.

-"¿Cómo?"

-"Con un desplante en un restaurante".

-"Sabes que fue por una fuerza mayor"- le recordó tomando un poco de agua que también había traído consigo junto con los platos de comida -"También tengo algo de culpa: no me dí cuenta que mi teléfono estaba descargado para saber que llegarías tarde".

El joven de 19 años volteó a mirar la cena, y sonrió levemente.

-Definitivamente, uno no alcanza a conocer a las personas- pensó con serenidad y tomó con su tenedor un trozo de proteína -"¿Te gusta lo que ordené?"

-"¡Si! Está delicioso".

Unos minutos después, llegando la medianoche, el japonés buscó otra pequeña velita de cumpleaños que había conservado de un paquete previo. La colocó sobre el pequeño cupcake y encendió el pequeño objeto.

-"Canta en tu idioma"- le dijo Lilian.

-¿Eh?

-"Canta en tu idioma"- le volvió a repetir la mujer.

El chico sonrió mirando la vela, y suspiró lentamente.

"Omedetto otanjoubi

Omedetto otanjoubi

Otanjoubi omedetto

Omedetto otanjoubi"

Lilian sopló delicadamente la velita, sonriendo.

-"¿Pediste un deseo?"- le preguntó Oikawa.

-"Si".

-"Espero se cumpla algún día".

-"Ya se cumplió".

El la miró asombrado.

-"Te tengo aquí… a mi lado".

Oikawa le miró con ternura y la atrajo hacia él, abrazándola fuertemente.

-"Que dicha haberte conocido"- comentó acariciando con sus dedos el cuello de la chica.

Esa noche la pasó a su lado, sin saber que esa misma semana, sería la última que estarían así de cerca.

OOOOOOOOOO

-¡Sachez! ¡Oikawa!- les llamó su preparador físico una vez finalizada la práctica del día sábado.

Los dos chicos miraron a su superior.

-El director del club los llama- les manifestó, y los dos hombres se miraron entre ellos.

Avanzaron unos pasos para ingresar al despacho de la Gerencia del Club Muni, cuando vieron salir a su entrenador.

-Roderici- le llamó Mateus con admiración -¿Qué sucede?

El hombre se incorporó cruzándose de brazos y esbozó una ligera sonrisa.

-Ingresen- les indicó -El Gerente los está esperando.

Unos minutos después, estaban en el despacho del Gerente del Club.

-No es fácil para mí dar esta noticia- les dijo a los dos chicos de 19 y 20 años que esperaban la información de pie frente al gran escritorio -Pero los momentos tienen su ciclo y debemos aceptar las decisiones tal como están escritas.

El hombre sacó de su despacho dos sobres blancos cerrados. Cogió uno de ellos y se lo extendió al deportista de mayor edad.

-Mateus Sachez- dijo el hombre de mediana edad y el joven contestó afirmativamente -Fuiste convocado por la Selección UPCN San Juan para ser titular en el Campeonato Mundial de Clubes en Brasil en el mes de Octubre.

Al muchacho se le iluminaron los ojos con semejante sorpresa, y al igual que al chico argentino Oikawa estaba bastante emocionado también.

-¡Felicidades, Mateus!- le ovacionó Tooru -¡Enhorabuena!

El joven contuvo las lágrimas de la emoción e hizo una pequeña reverencia a su superior.

-Muchas gracias, señor.

-Agradecele a Mendoza, Mateus- le indicó el hombre -No lo vayas a defraudar.

-¡No señor!

Oikawa sonrió, cuando recibió su sobre y miró con atención a su superior.

-Tooru Oikawa- le dijo el dueño del equipo en el que jugaba, extendiendo su empaque de papel -También hemos recibido tu fichaje para el UPCN San Juan.

El japonés también se sorprendió con la noticia. Mateus esbozó una amplia sonrisa por la buena nueva de su amigo japonés.

-En quince días ya deben estar trasladados en San Juan, la capital de la provincia del mismo nombre. Hemos accedido a que entrenen con ese equipo a partir del próximo més. Tampoco vayas a defraudar a Mendoza, Oikawa. Te ha recomendado con Fabius Armentero, el capitán del equipo para que hagas parte de sus filas.

-¡No, señor!- exclamó Tooru haciendo su reverencia cultural.

-Pueden retirarse- les indicó el dueño del equipo, y los dos muchachos se marcharon inmediatamente.

Una vez salieron del despacho, se miraron con alegría y se abrazaron mutuamente. Gritaron emocionados cuando se acordaron que estaban en oficinas administrativas, y rápidamente se alejaron del sitio para no aguantar su emoción frente a la noticia que ambos habían recibido.

-"¡Somos cóndores, Toto!"- exclamó el argentino de cabello castaño claro y ojos de la misma tonalidad -¡No me lo creo, boludo!

-"¡Que pasada, Mateus"!- exclamó Oikawa emocionado -"¡Vas a jugar con los mejores equipos del mundo en Brasil! ¡Qué envidia!"

-"¡Ya quiero sacarme una espinita que tengo con el Sada Cruzeiro!"- le comentó el chico chocando su puño derecho cerrado contra su palma izquierda.

-"¿Sacar una espinita?"

-"Desquitarme, Toto. Desquitarme"

-"Oh. ¿Y están en el mismo grupo?"

-"No: El Sada Cruzeiro quedó en el grupo B, con el VKL Ruso, Sfaxien Turco y La Romana, un equipo Centroamericano".

-"¿Quiénes están en el grupo A?"

-"Trentino de Brasil, El-Kalleh Iraní … y los Black Jackals Japoneses"

-¿Black… Jackals?

-"Es un equipo de la primera división de la V-League Japonesa. ¿Lo conoces?"

-"Si… si lo conozco".

-"Hace unos meses ficharon a un jugador que tiene tu misma edad"- le comentó Mateus -"El tipo se ve algo "excéntrico" pero tiene una buena técnica"

Oikawa le miró confundido.

-"¿Excéntrico?"

-"Que no se comporta de forma usual"

-"Oh, ya entiendo"- puntualizó el japonés -"No se comporta de forma común"

-"Así es"

-"¿Cómo se llama?"

-Kotaro Bokuto.

-Kotaro… Bokuto- repitió Oikawa.

-"Por cierto…"- meditó un momento el argentino y miró con atención a su amigo -"¿Qué va a pasar ahora con tu relación?"

Oikawa se acordó de Lilian.

Ante su felicidad de un fichaje y un traslado, no se acordaba de que se alejaría de quien actualmente era su pareja sentimental y que estaba iniciando una carrera en la capital Argentina.

Debía conversar con ella.

OOOOOOOOOO

Oikawa citó a la joven modelo a su pequeño apartaestudio para darle la noticia de su traslado. Por un lado estaba feliz: los frutos de su esfuerzo estaban dando resultados en poco tiempo, pero por el otro su corazón se arrugaba porque se alejaba de ella: la persona que lo ha acompañado en todo el proceso de aprendizaje del idioma.

¡Y la amaba! ¡Estaba enamorado de ella! ¡Y la vida los separaba!

La abrazó con fuerza una vez llegó y le contó de entrada lo de su traslado a San Juan: Lilian lo felicitó por ese gran logro y le recomendó que siguiera confiando en su disciplina y sus ganas de hacer amistades.

-"Pero…"

-"¿Pero?"- le preguntó ella sosteniéndole las manos.

Ambos estaban de pie.

-"Debo vivir en San Juan".

-"Si… lo sé".

-"¿Y tú?"

-"¿Yo qué?"

-"Estaremos lejos"- le recordó -"No estaremos juntos como lo estamos ahora"

-"Eso lo sé, Tooru"- le indicó Reis apretándole las manos con fuerza -"Yo no puedo detener tus ascensos: tú debes seguir escalando".

-"¿Y tú?"

-"Yo debo seguir escalando los míos en Buenos Aires"- le contestó con seguridad -"Tú estarás bien sin mi: ya sabes más español y entiendes mucho más que antes"

Oikawa frunció el ceño y le miró con sigilo.

-"Yo también estaré bien"

-"Mentirosa".

La chica reaccionó.

-"¿Por qué te mientes?"

La joven frunció el ceño.

-"¿Por qué quieres demostrar ser fuerte?"- le preguntó -"¡Tu novio se va lejos de ti!"- le exclamó consternado.

Lilian levantó sus cejas permaneciendo en silencio.

-"¿No debes estar triste? ¿Es que no te duele separarte de la persona que amas?"

Lilian se mordió los labios.

-"¿Acaso debo ser yo el único que demuestre que esta triste porque se aleja de la persona que está amando?"

La joven de piel trigueña bajó la mirada, y empezó a derramar unas lágrimas. Oikawa se acercó aún más para abrazarla.

-"No te vayas, Toto""- balbuceó Lili entre sollozos, sacando ese sentimiento que intentaba ocultarle para no preocuparlo -"No me dejes sola".

-"¿Te das cuenta que si tienes sentimientos?"- le dijo el japonés acariciando su cabeza.

-"¿Quién me va a acompañar a mis sesiones y a mis pasarelas? ¿Quién me va a seguir enseñando japonés? ¿Con quién voy a cenar todas las noches?"

Su pareja la abrazó más fuerte. No estaba comprendiendo del todo lo que ella estaba expresando en ese momento, pero creía entender que le preguntaba sobre su compañía y sus buenos momentos. Oikawa también se sentía triste porque ya no estaría con ella así de cerca.

-"Necesito que ahora seas fuerte, Lilian"- le dijo Oikawa -"¡No me decepciones!"

La chica levantó sus brazos para abrazarlo por el cuello.

-"¿Me puedo quedar esta noche?"- le preguntó ella en un ligero susurro.

Él sonrió, besando su mejilla.

-"Tu sabes que eso no me lo debes preguntar".

Hubo un largo silencio entre los dos, que ella cortó.

-"¿Cuándo debes estar en San Juan?"

-"En quince días".

-"¿Ya es oficial?"

-"Si".

Le escuchó suspirar.

-"Iré a visitarte"- le murmuró sin dejar de sollozar -"Es una promesa"

Oikawa tomó suavemente su cabeza y la separó de su pecho para ver su rostro.

-"Gracias por eso, Lili".

Le secó las lágrimas, para luego regalarle una sonrisa.

-"Íbamos a salir, ¿recuerdas?"- le mencionó emocionado, tratando de animarla -"Salgamos"

Lili asintió, resoplando varias veces.

-¿Estarás bien?- le preguntó ella sin dejar la tristeza a un lado.

-"Si"- respondió con seguridad -"Dónde yo viaje, tú estarás conmigo"

OOOOOOOOOO

Sábado 5 de Octubre de 2013. 3 de la madrugada.

El viernes 4 de Octubre Lilian Reis había llegado a altas horas de la noche al apartaestudio de Oikawa.

Después de que este se trasladó a la ciudad de San Juan, ella decidió acomodarse en ese pequeño espacio porque le parecía cómodo, central, a un precio accesible y le recordaba a él.

Se tumbó en la cama a descansar después de un día bastante ajetreado.

-¡No quiero volver a saber de tacones stilettos en mi vida!- se quejó adolorida y cayó rendida en el suave edredón.

Cuando escuchó que su teléfono móvil sonaba a esa hora de la madrugada.

La joven, que yacía boca arriba, frunció el ceño algo molesta y ladeó su cabeza en dirección a donde había dejado su celular.

-¿Una llamada? ¿A esta hora?

Alcanzó el aparato con su mano izquierda y miró en la pantalla el nombre de quien le llamaba, y se extrañó.

-¿Zoe?- se preguntó con extrañeza, y contestó la llamada de larga distancia -Debe ser un chisme muy bueno para que no hubieses esperado a que yo me levantara unas horas más tarde- le dijo a su interlocutora con un tono de voz grave pero respetuoso.

-Me le declaré a un chico- le escuchó decir a su amiga del otro lado del teléfono.

La chica de cabello rizado se incorporó en su cama de la sorpresa y prendió la luz tenue de su mesita de noche.

-¿Cómo así que te le declaraste a un chico?- le preguntó Lilian con asombro -¿Tú?

-Bueno… no precisamente. Le dediqué una canción.

-¿Cuál?

-"Aléjate de mí"

Lilian ubicó en sus recuerdos musicales esa canción del dueto y se quejó.

-¡Uy, no, Zoe!- exclamó con malicia -¡Que mala eres!

-No pude evitarlo.

-Es una melodía muy ambigua. ¿Por qué lo estás evitando?

Hubo un ligero silencio.

-¿Zoe?

-Tuvimos una diferencia. Quería dejarle las cosas claras.

-Pues con esa canción lo dudo mucho- le enfatizó Reis -¿Por casualidad tendrás una imagen del muchacho?

-Déjame ver…

Se escuchaba que la chica presionaba varios botones para ubicar en las carpetas digitales una imagen de la persona en referencia.

-No, no la tengo- se excusó su interlocutora -Supongo que la borré junto con el resto de fotos de otros miembros de los equipos de voleibol.

-Que mal. Así te puedo orientar en cómo debes proceder.

-Si claro: si lo ves apuesto me dirás "Zoe, dale una oportunidad"; en cambio si lo ves nada agraciado me vas a decir "¡Bien hecho! ¡Aléjalo!"

Lilianrió con el comentario de su amiga.

-Ya me conoces.

En ese momento la joven carioca escuchó que golpeaban una puerta al fondo de la llamada.

-Te dejo, Lili- le comentó Zoe despidiéndose -Sigue descansando.

-Gracias. Seguimos después.

-Claro.

Su amiga fue la primera en colgar. Lili miró la pantalla que nuevamente se ponía en color oscuro y mostraba la hora en color blanco. En ese momento chistó e hizo un puchero.

-Estás cambiando, Zoe- comentó de forma jocosa -No me digas que encontraste alguien "especial" y ahora lo estás evitando porque te da miedo experimentar amor- dedujo al escuchar las palabras de su pequeña amiga.

Volvió a dejar el teléfono en su lugar, y se acomodó en la cama tapándose con la sábana.

-La llamaré después para saber un poco más.

Pero nunca lo hizo: unas horas mas tarde la volvieron a llamar para continuar con otro contrato.

Estaba notando que su esfuerzo y disciplina también estaba dando resultados. Y dichos trabajos… ya le estaban restando tiempo para poder encontrarse con él

Los días venideros entre ellos serían confusos.

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NOTAS DE AUTORÍA (10-5-2022) Cualquier parecido con la realidad es mera conicidencia; los nombres y algunos aspectos han cambiado por modo licencia creativa. Es una obra de ficción! Gracias por seguir este oneshot hasta el final. Como siempre lo he mencionado, no soy buena con los finales.