Á𝓷𝓰𝓮𝓵𝓮𝓼

OOC • Canon alternativo• Narración trepidante


—Entonces, ella dijo que había 'ángeles' en nuestro jardín.

Nadeshiko aseguró con una sonrisa de estrellas, una que fue correspondida por su afable cónyuge, el cual elevó su brazo a fin de aprehender el de la jovencita y atraerla hacia sí, depositando un besito en su nariz. Ella río, dio un suspiro y se inclinó a besar el rostro del hombre por el que su alma suplicaba aún antes de conocerlo.

La luz matinal ingresaba al apartamento, los hot cakes se encontraban tostándose demasiado y a ninguno parecía importarle, inmersos en su burbuja de dicha hogareña.

—¿Quién, cariño? ¿La señorita Kotobuki?

—No, tontito— La joven reclamó y alzó la pala con la que se dirigía a voltear las panquecas—. La señorita Tsuyuri, la chica que habita en la casa al final de la calle.

El hombre ladeó el rostro, llevó las hábiles falanges a la barbilla.

Él no recordaba aquel hogar, mucho menos bajo la descripción que su amada le prodigó: una fachada colmada de flores, con aroma a té y un cartel que promocionaba la lectura de la fortuna. De hecho, el profesor creía que en aquel emplazamiento se situaba un edificio de oficinas; sin embargo, estaba abierto a la posibilidad de que su miopía le jugara una mala pasada.

Así que, Kinomoto simplemente asintió y siguió escuchando a su mujer.

—¿Te imaginas? ¡Ángeles! — exclamó, imaginando churumbeles gorditos como el que se estaba gestando en su interior—. Con sus diminutas alitas y…

Fujitaka sonrío.

El término: «ángel» no era común en Japón.

Y, si acaso Nadeshiko estaba emocionada era porque solía ver algunos programas extranjeros acompañado de su prima favorita, la única. Emisiones acerca de criaturas que brindaban buena fortuna a dónde iban, pero eso no evitaba que el profesor experimentara cierta reticencia al escuchar tal vocablo, como si la palabra tuviese un regusto amargo.

—Tsuyuri-chan dijo que 'ellos' siempre me acompañan en este apartamento— La muchacha sirvió con beneplácito el desayuno calientito y tomó asiento junto a su marido, en el estrecho sillón que servía de sala y comedor—. Lo dijo con una cara muy seria…— Llevó sus índices a enmarcar sus cejas, comportándose como la niña que siempre sería en los recuerdos de su amado abuelo.

—Bueno, entonces pronto tendremos que decirles: adiós— razonó el hombre—. Porque nuestro hogar pronto estará listo para los tres— cortó un pedacito de la tortita requemada y otorgó el primer bocado de ésta a su mujer, quién sonrío por el acto—¿Más mermelada, cariño? — Río suavemente al notar la gama de expresiones en el rostro de su amada.

Con vergüenza, la fémina pronto admitió que había vuelto a confundir los ingredientes, por lo que su marido se levantó a arreglar el resto de la mezcla. Kinomoto no recriminó ni señaló tal ordinaria equivocación, puesto que la adorable Nadeshiko no experimentó por su cuenta en la cocina hasta después de mudarse con su atento amante.

Dado que, la ex-modelo siempre fue un ave enjaulada.

Un espíritu libre al cual el amor la restringió.

A pesar de que su glamourosa experiencia laboral o los viajes a Gran Bretaña simularon aires de independencia, pero no le proporcionaron las habilidades para cuidar de sí misma o de sus seres queridos. Empero, ella se esforzaba y a pesar de su yerro durante el desayuno: también preparó un ligero almuerzo para el marido al que ahora abrazaba.

—¡Hace un día estupendo! — Ella comentó con la tentación bailándole en los labios, en las intenciones.

—Lo sé, pero no puedo pedir otro día libre— Fujitaka cerró su portafolios—. El colegio no me brindará el permiso por paternidad, así que tengo que guardar todas mis notas buenas para cuando el bebé…

—Touya— Con dulzura, la agraciada muchacha corrigió de inmediato—. Nuestro bebé se llama: Touya, ¿recuerdas? — recitó con orgullo, porque ambos escogieron el nombre con base en la novela predilecta del hombre que apartó su maletín con el propósito de estrechar de nueva cuenta a su mujer, acariciar sus cabellos y depositar un dulce beso en su tersa mejilla.

—Touya, «el guardián»— reiteró el docente con renovado entusiasmo, porque su hijo ya poseía un nombre, un lugar en su corazón—. ¿P-puedo? — cuestionó con ilusión, a lo cual su esposa le llevó las manos a su vientre henchido, dónde su primogénito ha de reposar por dos meses y un poco más antes de que ambos lo conozcan.

—Me preocupa un poco— Ella mordió su labio inferior, porque quizá no fue el mejor momento para externar su ligera inquietud—. Es un bebé muy tranquilo.

—Touya estará bien.

Aseguró el varón de cabellera castaña con sosiego, porque los controles médicos no indicaban lo contrario y, sin embargo, le prometió a su esposa que programarían una cita extra, a fin de corroborar el estado de su primogénito, aquel cuyo destino sería «permanecer» como un risco inquebrantable ante las futuras dificultades que sus seres queridos experimentarían.

Entre tanto, la parejita se abrazó y caminó de la mano a la parada del autobús.

En el camino, Fujitaka aguardó por la aparición de Tsuyuri-chan y su vivienda, sin embargo, pronto se distrajo al contemplar a Nadeshiko detenerse bajo un árbol de cerezos, con el propósito de arrullar a un par de inquietos polluelos. Sin duda, ella era adorable, y él era muy afortunado de tenerla; tanto, que el profesor se sintió culpable de haberla arrebatado de su propio nido.

Y la melodía acompañó al profesor hasta que éste ingresó a su aula, de tan buen humor como de costumbre.

Si bien, con el paso del tiempo, el varón rememoró el diálogo de esa mañana y éste fue tomando más y más importancia en su atribulada mente.

Así que, al término de su jornada, el atlético varón se dirigió a la biblioteca en búsqueda de información acerca de los ángeles. Encontró lo habitual: ellos son seres celestiales, mensajeros y, en ocasiones, los espíritus humanos adoptan los elementos otorgados por la cultura católica —alas, hálito…— porque de otra forma las almas ingresarían al ciclo de la reencarnación y se alejarían de sus seres queridos.

Tras horas de búsqueda, Fujitaka hundió el rostro entre las macilentas páginas, frustrado porque no encontró «algo» que motivase el sabor de las cerezas amargas en su paladar; un regusto ácido que no le permitió disfrutar de la sorpresiva merienda que su mujer llevó al campus o de la cena que ambos compartieron entre risas.

Más adelante, aquél desagradable resabio también lo acompañó a sus sueños.

Realidades oníricas en las que él descendió por las escaleras del complejo apartamental en dirección al rellano próximo a la azotea, área dónde Nadeshiko colocó unas cuantas plantas a las cuales mimaba con esmero. Apenas unas cuantas violetas y camelias que daban vista a la ventana de un vecino que se encontraba en silla de ruedas.

Flores marchitas, flores que se negaban a crecer.

Y Fujitaka se preguntó si en verdad se encontraba ahí, dado que podía sentir cómo el gélido viento le despeinaba los cabellos y le murmuraba confidencias sobre peligros al acecho.

—No, amor— La joven negó profusamente—. Si caminases dormido: lo habría notado, porque en las noches suelo levantarme al baño y…

Nadeshiko tropezó en su camino a la estantería de especies.

Afortunadamente, su marido —el encargado del desayuno en esa ocasión— alcanzó a aprehenderla con cuidado y la guío al sofá, a fin de que tomase asiento. Una dulce cortesía que fue recompensada con un besito al aire que ella sopló en dirección a su encantador cónyuge, al cual con el imprevisto se le olvidó continuar indagando acerca de su particular dilema nocturno.

—Quería un poco de wasabi para el okonomiyaki…—Ella confesó, ligeramente avergonzada por su natural torpeza; característica que la llevó a conocer a su otra mitad en toda dimensión.

—No tenemos wasabi— Fujitaka echó la cabeza hacia atrás y se desamarró el mandil, porque quizá el señor Nakamura de la puerta de a lado podría prestarles un tallo a rayar—. Permíteme.

—¡No! — La jovencita protestó de inmediato y se levantó para sujetar a su veloz esposo, quién estaba por abrir la puerta—. ¡Desayuna conmigo, por favor!

Ella solicitó con afán, dado que le preocupaban las ojeras en el rostro ajeno.

Además, la ex-modelo pensó que sería mejor si ambos colmaban sus estómagos antes de seguir hablando; aunque, pronto lo olvidó.

Y, también al otro día, incluso si Fujitaka Kinomoto menguó lentamente debido a las noches en las que 'dormía' sin descansar; noches infinitas en las que visitó el rellano, una y otra vez. E intentó relatar su experiencia a Nadeshiko, a sus colegas, mas, siempre «algo» lo interrumpió y el tiempo continuó escapándosele entre las trémulas falanges.

Hasta que el varón llegó a su limite y se vio obligado a brindar la clase libre a sus alumnos, con el propósito de reposar sobre su escritorio.

Apartó las gafas, se cruzó de brazos y acomodó su cabeza.

Un parpadeo, los mesabancos al frente no tardaron en ser sustituidos por las escaleras que daban a la azotea del edificio de apartamentos. El sol era cálido, al igual que las voces que provenían de las diminutas viviendas. Intentó girarse, pero su andar estaba predestinado a ser el de costumbre y acompañar al de la hermosa dama que apareció a su izquierda.

Nadeshiko Kinomoto se aproximó al rellano, portando un frondoso vestido y una resplandeciente sonrisa. Y toda ella resultaba un deleite a la visión de un enamorado Fujitaka, quién tenía memorizadas las dulces facciones de su esposa, así como su melodiosa voz y su particular andar, como el de un patito respingón.

"Touya, ¿qué haremos hoy de comer? ¿Qué le gustará a papá?", la joven se echó el cabello hacia atrás y la regadera en su mano tintineó, al igual que el corazón ajeno.

Después de todo, Fujitaka la amaba tanto.

Tanto que su primer instinto fue correr a interponerse entre ella y las abyectas sombras que no tardaron en rodearla, criaturas de humo y sangre. Seres que abrieron suntuosamente sus fauces al tenerla al alcance de sus amorfas extremidades; seres hambrientos de su energía, de su vivacidad que se extinguía conforme se encontraba más cerca de aquellos lúgubres entes.

Mensajeros de la muerte.
(Ángeles)

—Profesor…— Una alumna se aproximó, preocupada por la expresión de pánico en el rostro del hombre que de inmediato se irguió de su asiento—. ¿Está…?

El docente intentó sonreír, una mueca teatral que dejó atónita a la muchacha, quién al final lo atribuyó a su imaginación. Al igual que la intempestiva salida del responsable profesor, el cual partió a la mitad de la jornada escolar, porque aún si el 'sueño' —la visión— se difuminaba con rapidez: Fujitaka era consciente del peligro en torno a su amada.

Protegida tan sólo por el leve fulgor proveniente de su vientre, proveniente del espíritu que salvaguardaba a su madre de la maldición que perseguirá a todo ser amado por Clow Reed y los fragmentos de su alma.

Kohane Tsuyuri vio pasar al afligido mortal.

En esa ocasión, él sí llegaría a salvar a su amada del aneurisma en formación; razón por la cual su primogénito llegaría al mundo unas semanas antes de lo esperado.

Y su segunda hija —la elegida—, nacería hasta años después, cuando el vientre de Nadeshiko hubiese sanado.

—Entonces…— Shizuka Domeki se aproximó al ventanal dónde su futura esposa contemplaba el pasado, la historia entretejida por las moiras en la que (supuestamente) nadie habría de intervenir—. ¿Nacerá la madre de Watanuki? — Dio un mordisco al onigiri que sustrajo de la canasta de picnic que el mencionado envío a la dulce doncella que exhaló con desasosiego.

—Sí, ella nacerá— Forzó una sonrisa para el hombre que no amaba, pero que la acompañaría por el resto de su breve existencia—. Y, ahora, ellos están aquí…

Anunció antes de dirigirse a la otra ala de la vivienda cautiva entre los caminos del tiempo.

El norte para el pasado y el sur para el futuro.

Y la joven adivina no se extrañó acerca de quiénes eran sus visitantes: un hombre alto y encanecido de sonrisa gentil y un ángel a su espalda, el espíritu de una mujer que se arrepentía de haber confiado en una bruja de más allá del mar. Y, a diferencia del pasado, ambos parecían por demás serios —acongojados—, puesto que su ángel, su hija, se encontraba en peligro.


𝓗𝓲!( •)

Este fanfic es un cutre regalo para Rahzel Everlasting, a quién le encanta la parejita y hace uhhhh solicitó un drabblecin de ellos en un evento del Club de Lectura de Fanfiction (Fb) y bueh, lo intenté. No es totalmente fluff como ella solicitó porque en el transcurso de la redacción vinieron a mí ideas macabras que tuve que contener~

So, ¡muchísimas gracias por leer!