El post-it verde fosforescente adherido a una de las esquinas de la computadora de escritorio, había sido puesto ahí con un solo propósito: Recordarle a Naruto la fecha y hora exacta en la que se llevaría a cabo la reunión virtual de su departamento de trabajo.
Nada más y nada menos.
Sakura fue la que eligió ese llamativo color, convencida de que captaría su atención de manera constante y así, él no olvidaría tal compromiso. Constantemente, ella actuaba como su agenda personal sin tener ninguna necesidad de hacerlo. Era su amiga de la infancia, la mejor, de hecho. Pero también se había convertido en su vecina desde hacía ya tres años.
Una semana antes fue cuando la chica le escribió los datos necesarios sobre la notita, todo esto luego de hallarlo discutiendo acaloradamente por teléfono, ignorante del parloteo de sus superiores en la videoconferencia. Tuvo suerte de que Sakura hubiera ido a pedirle un poco de azúcar para su café de la mañana, y que, como de costumbre, ella terminara salvándole el día.
Sin embargo, habiendo transcurrido varios días desde aquello, y tomando en cuenta lo que hacía Naruto justo la mañana de la reunión, el post-it verde no sería suficiente. Definitivamente no cumpliría con su único objetivo y quizás, en algunos meses, cuando recordara limpiar, el post-it terminaría en el bote de basura ubicado en un rincón de la habitación.
¿La razón? Muy simple: Naruto se hallaba enfrascado en otro tipo de actividades. Actividades que no tenían nada que ver con la cuestión laboral.
—¿Otra o qué? —preguntó entusiasmado, llevándose un puñado de cacahuates enchilados a la boca.
—Naruto, llevamos tres horas en esto. Dos de ellas perdiendo cada una de las partidas. No doy más —la voz de Shikamaru se escuchó fastidiada a través de los enormes audífonos gamer que reposaban sobre sus orejas—. Me iré a dormir antes de que sea mi hora de trabajo.
—Oh, está bien —respondió, fingiendo decepción en su tono—. Creí que éramos amigos, pero no hay problema, Shikamaru. De veras.
—Oye, no empieces. Te digo que llevamos…
—No, de verdad no hay problema —lo interrumpió, dejando el mando a un lado y con la mirada hacia sus pies, como si su amigo pudiese verlo—. Igual y te escribo el domingo para terminar la serie que tenemos a medias. Si es que no estás ocupado, claro.
—¿En serio te vas a poner en ese plan? ¿Si quiera has visto la hora? Son las 7:45 de la mañana y no he dormido nada.
Naruto rodó los ojos ante las quejas porque Shikamaru estaba exagerando. Qué más daba si se quedaban jugando una hora más o dos, si ya se habían despertado de madrugada solo para ello. Ni que tuvieran algo importante qué hacer en un lunes por la mañana.
Al pensarlo por un momento, le dio la impresión de que sí. Al menos en su caso.
—¿Las 7:45? —le preguntó, girándose de golpe hacia su vieja computadora. Sí, en definitiva, él tenía que estar haciendo algo importante.
—Sí, eso dije, ¿por qué?
—¡En la torre!
Se levantó de un salto, aventó los audífonos y corrió a desconectar todo su equipo de juegos de la corriente eléctrica. Luego, se echó a correr hacia su habitación hecha un desastre. En el trayecto, tropezó con la orilla de un mueble y casi resbala con una envoltura de papas fritas que estaba en el suelo. Mantuvo el equilibrio a duras penas, consiguiendo llegar hasta su closet para sacar ropa de trabajo bastante arrugada, por cierto.
Si se ponía a plancharla, se le haría todavía más tarde y tendría que irse despidiendo de su puesto, así que rogó al cielo que no se le notaran las arrugas a través de la pantalla. De todas maneras, ni que las videoconferencias fueran en alta definición, sobre todo si tomaba en cuenta el internet basura que había contratado.
Su madre lo regañaría por lo que estaba a punto de hacer, pero gracias a todos los dioses que ya no vivía con ella.
A toda prisa, se colocó el traje solo de la cintura para arriba, daba igual que el saco fuera el mismo de ayer, nadie le prestaría atención a esos detalles. La computadora tardó alrededor de 5 minutos en encender y Naruto aprovechó el tiempo para lavarse la cara y los dientes.
Perfecto.
En unos cuantos clics estuvo ingresando al link de la reunión. Sí, media hora tarde, pero vamos, siempre hay una primera vez.
Kakashi estaba ahí, con esa mirada aburrida traspasándolo por la pantalla. Y el otro participante desconocido para él, no era un caso distinto.
¿Dónde estaba el resto de sus compañeros? No tenía idea, pero se abstendría de preguntar. Con un poco de suerte no sería el único que se unía tarde.
—Buenos días —saludó, sonriente y relajado, cuidando no rayar en lo descarado—. Lamento la tardanza, es que…
—La reunión terminó hace cinco minutos, Naruto.
El cuerpo se le congeló al escuchar eso. Maldijo al post-it verde y a su pésima memoria.
—¿Ah sí? —preguntó casual, todavía digiriendo lo anterior—. No tardaron nada, eh.
Su risa nerviosa dio paso a un incómodo silencio que se extendió por varios minutos. Se aclaró la garganta para ver si de esa forma podía cortar la tensión, o motivar a su jefe de departamento a hablar.
La cosa no varió, la imagen de Kakashi seguía ahí en la pantalla como si en cualquier momento fuera a quedarse dormido. Naruto desvió la mirada hacia el otro participante, encontrándose con un par de ojos negros y un ceño medio fruncido.
Diablos, ese tipo debía estar estreñido.
—Vayamos al grano. Naruto, quiero presentarte a Sasuke Uchiha —su atención fue captada por Kakashi nuevamente, quien al fin se había decidido a abrir la boca—. Sasuke, él es Naruto Uzumaki. Espero que se lleven bien ya que-
—No pienso trabajar con él.
De la nada, el tal Sasuke había interrumpido la presentación del jefe solo para decir aquello sin variar su expresión.
—¡¿Qué?! —Naruto exclamó sin entender nada—. Pero… ¿Por qué? Si yo no he hecho nada.
Tenía toda la razón. Ni siquiera lo había saludado aun y él joven ya lo estaba atacando. O bueno, no había sido insultado y eso ya era algo. Sin embargo, no era el momento adecuado para empezar una discusión con otro empleado. Sería estúpido.
—Esperen un momento —solicitó—. ¿Trabajar en qué?
Un resoplido se escuchó a través del micrófono de Kakashi.
—A ver —comenzó, sin quitar esa cara de qué flojera me dan los dos antes de explicar—. Son órdenes de arriba. Trabajarán juntos en la planificación de la campaña con base en el presupuesto que les hice llegar por correo. Sasuke conoce el resto de los detalles porque él si estuvo a la hora acordada junto con el resto del equipo —Kakashi hizo énfasis en eso último—. Así que los dejo para que trabajen a gusto.
—Pero…
En un instante, su jefe se desconectó de la reunión. Dejándolo ahí con su nuevo compañero cero amigable y mil palabras en la boca. Naruto se quería lanzar por la ventana del edificio para escapar de la incomodidad.
Tomó su pluma de tinta negra que tenía a un lado del teclado y comenzó a hacer rayones en una hoja blanca, necesitaba pensar qué hacer. Conocía la respuesta: actuar como un hombre maduro, eso es lo que le aconsejaría su padre si lo tuviera a un lado.
Suspiró.
Tal vez debió empezar por abrir su cuenta de correo para enterarse un poco del asunto. Así no seguiría quedando como un gran tonto.
Cuando levantó la vista para hacerlo, se dio cuenta de que en la pantalla Sasuke había comenzado a presentar el documento en cuestión. Se trataba de una tabla llena de números que, de solo verlos, hicieron que su cabeza diera vueltas.
Sasuke tomó la palabra para explicarle, no de muy buena gana, de qué se trataba cada sección junto con las especificaciones del cliente. Escuchó todo lo que su compañero decía mientras en su cabeza se reproducía una y otra vez la música de su videojuego favorito.
—¿Y bien?
La pregunta de su compañero lo tomó por sorpresa, pero lo disimuló perfectamente. O casi.
—¿Y bien qué? —replicó sin dejar de mirar a la tabla.
—¿Qué propones?
Oh. Con que era eso. En casos como ese solo había una cosa qué hacer: Nada.
—No tienes idea de lo que hay que hacer, ¿cierto?
—Pues… —rascó su cabeza. ¿Sincerarse o mentir?
—No entiendo, ¿cómo diablos conseguiste el trabajo entonces?
—Igual que la mayoría.
—¿Con palancas?
—¡Claro que no! —contestó ofendido. Su trabajo lo había obtenido con mucho esfuerzo, luego de asistir a diez entrevistas de las que no obtuvo buenos resultados. Lo malo era que lo habían cambiado de área de trabajo recientemente, debido a la falta de personal a raíz de la pandemia.
—¿Y bien? —Sasuke estaba cruzado de brazos del otro lado de la pantalla—. ¿Cómo le haces para cumplir con lo que Kakashi te solicita?
—No voy a contarte mi secreto, a menos que tú me cuentes uno tuyo —propuso. Lo consideraría un intercambio justo.
—Yo no tengo secretos.
—Si claro —murmuró incrédulo.
—Calla y presta atención, mejor.
En los días siguientes, comenzaron a reunirse de manera remota para trabajar. O bueno, era Sasuke el de las ideas millonarias y él se limitaba a seguir sus instrucciones para conservar el empleo. De vez en cuando soltaba algún chiste que no venía al caso ni parecía surtir efecto en el semblante estoico del otro. Sin embargo, lo suyo era la constancia.
Luego de cinco días intentándolo, logró hacer que los labios de Sasuke se curvarán apenas un par de grados hacia arriba. Aunque también podía tratarse de una mueca, pero Naruto prefería ser optimista.
Se dio cuenta de que su nuevo compañero no era tan malo, por decirlo de algún modo. Era exigente y cuidadoso con su trabajo, pero tolerable. Sin darse cuenta terminó aprendiendo de él.
Cuando cada quien estaba en lo suyo, Naruto se apropiaba de los silencios para tocar otros temas, pues era fiel creyente de que no todo puede ser trabajo. Cuando le preguntó si no se sentía harto por la situación pandémica, Sasuke aseguró que estaba muy a gusto sin tener que salir a diario ni abordar el transporte público a la hora pico. Claro que este no siempre le respondía sus preguntas, la mayoría de las veces solo lo mandaba a callar o le metía presión para que trabajara más rápido.
Casi siempre eran solo ellos dos, ya que Kakashi se integraba rara vez para que le reportaran avances. Tratándose del jefe de departamento, imaginó que tenían otros asuntos que atender.
Una tarde, mientras prestaba atención a algo que Sasuke presentaba en la pantalla, una segunda voz interrumpió la explicación. Enseguida vio a un joven de cabello blanco asomarse, eclipsando la imagen de Sasuke por unos segundos. Así fue como se enteró de que no vivía solo, sino que alquilaba un departamento en una zona cercana al centro de la ciudad, junto a otros dos chicos que fueron sus compañeros en la universidad.
Eventualmente, el entrometido volvió a aparecerse solo para presentarse y hacer enojar a Sasuke. Su nombre era Zenitsu o Suigetsu, alguno de esos dos.
Los días siguieron pasando, días que Naruto aprovechó para compartirle más información suya -no solicitada por supuesto-, como su enorme gusto por el ramen instantáneo.
—Naruto, eso no es comida —le había dicho Sasuke, luego de que le mostrara un paquete entero que compró para la semana.
—Con que me mantenga vivo es suficiente.
Si él se amoldó a las exigencias de su compañero o fue al revés, qué importaba. Al cabo de un tiempo más, habían sacado el trabajo adelante más lo que Kakashi les fue agregando después, dejando atrás todas las dificultades que hubo en un principio.
Una vez que todo estuviera listo, ya no sería necesario que siguieran haciendo equipo. Naruto volvería a lo suyo y Sasuke… no tenía idea. Olvidó preguntarle qué tipo de responsabilidades tendría dentro de la empresa.
—No hace falta que nos mantengamos en la videollamada hoy. Solo envíame los documentos en cuanto termines.
—¿Y si no entiendo algo? —se apresuró a preguntar al ver que Sasuke tenía toda la intención de desconectarse temprano. O sea, él también, pero era divertido tener con quien hablar en medio de todo ese encierro, así fuera solo para asuntos relativos al trabajo.
—Entonces me envías un mail.
—Qué formal eres —se quejó, cruzando los brazos y desviando la mirada hacia la ventana—. Solo dame tu número y te llamaré si te necesito.
Sasuke arqueó una ceja. Aquello había sonado extraño.
—Vaya forma de coquetear la tuya.
—¡¿Eh?! No, no, no. Yo no.
Fue en vano que tratara de aclarar el malentendido porque la videollamada terminó de un momento a otro.
Naruto pensó que había quedado mal con su compañero por haber sonado insinuante al pedirle su teléfono, fue sin querer y casi podía jurarlo. No obstante, al hacer el clic sobre la pestaña que contenía su correo abierto, se encontró con un nuevo mensaje recibido por parte de Sasuke.
—Era su número —reveló, dando por concluido su relato. Naruto todavía no lo superaba y eso que ya había terminado la pandemia. El home office era parte de sus memorias y cada mañana partía con dirección al trabajo sabiendo que lo vería en persona.
Era la primera vez que le contaba la historia a sus amigos, aprovechando una reunión en su departamento. Ellos le preguntaron muchas veces anteriormente, pero solo hasta ese momento tuvo tiempo suficiente para explayarse en su relato.
Sostenía una relación amorosa con Sasuke desde meses atrás, ya estaban en la etapa en la que se quedaban a dormir en casa del otro de vez en cuando. Por tal razón, se valió de ese día para presentárselos a todos, aunque su pareja escapó de la sala en cuanto tuvo oportunidad.
—¿Y eso es todo? —Shikamaru lo miró con duda. Y no solo él, también el resto de sus amistades presentes.
—Sí, ¿no les parece una historia increíble? —preguntó emocionado. Sus ojos brillaban y la sonrisa no se borraba de su rostro.
Hablar de cómo conoció a su actual novio era algo que podía hacer una y otra vez sin aburrirse. Su madre lo había escuchado ya más de tres veces cuando la llamaba.
Sin embargo, la expresión de sus amigos no variaba. Ellos intercambiaron miradas antes de devolver la vista hacia él.
—Pues así que digas ¡Joder, qué gran historia! La verdad no —habló Kiba en nombre de todos.
—Pero es… interesante —agregó Sai, acariciándose el mentón en un gesto reflexivo— Ya era hora de que pescaras algo más una gripa. O Covid.
Sakura e Ino se soltaron a reír mientras él solo pudo cruzar los brazos y hacer un mohín.
Si lo pensaba mejor, ellos tenían un punto. Cuando la pandemia se desató, Naruto ya llevaba un tiempo sin salir con alguien por lo menos en plan casual. Entonces, una vez cerraron en casi todas partes, ya no tuvo oportunidad de ir por ahí a conocer gente. Además, el trabajo le consumía tiempo y lo que le quedaba lo ocupaba para salir por la despensa, pagar los servicios y jugar videojuegos.
Si le hubieran dicho que encontraría a su media naranja en medio de una reunión de trabajo, habría entrado más temprano.
—Bueno, vean el lado positivo de todo esto —intervino Shikamaru, estirando los brazos solo para desparramarse de nuevo en su lugar—. Al menos mientras tenga pareja, ya no tenemos que preocuparnos por mantenerlo vigilado, recordarle limpiar o alimentarse sanamente.
—¡No hables como si lo necesitara! —exclamó picado, apuntando en dirección a su amigo—. Yo soy un adulto funcional desde hace mucho tiempo.
Shikamaru rodó los ojos con fastidio.
Posteriormente, se escuchó el sonido de una puerta abrirse y…
—Naruto, ¿cuántas veces tengo que decirte que separes la ropa blanca de la de color antes de meterla a la lavadora? Mira cómo quedaron tus camisas del trabajo.
Sasuke llegó hasta la sala trayendo consigo unas camisas color flamenco, camisas que hasta hace quince minutos eran tan blancas como la nieve.
—¿Adulto funcional dices? —se burló Kiba.
Naruto agachó la cabeza como niño regañado y se levantó para llevarse a su pareja de regreso al cuarto de lavado.
Sasuke siempre sería lo mejor que la pandemia le había dejado, pero venía con algunos detalles extras. Detalles con los que todavía no aprendía a lidiar del todo, y estaba más que claro que el sentimiento era mutuo.
No había manera. Quizás otro día podría alardear frente a sus amistades.
Fin
Comentarios finales:
Imaginemos un mundo en el que sí logramos derrotar al covid y todas sus transformaciones.
Neblina, espero que te haya gustado. No es mucho, pero es trabajo honesto
Saludos.
