Capítulo 5

Malos entendidos

Había pasado aproximadamente una hora desde que Oscar llegó a su casa luego de que Alain le dijera que su padre había sido víctima de un atentado terrorista. Ya estaba más tranquila después de comprobar que él se recuperaría. Su madre también había llegado a la mansión, y ambas se encontraban en la habitación del general escuchando las indicaciones del doctor Lassone junto con la nana de Oscar y ama de llaves de la mansión, la cual anotaba muy atenta cada una de las recomendaciones del galeno.

André había bajado a la cocina. Pensó que sería una buena idea llevarles un té a Oscar y a su madre después del gran susto que se habían llevado.

Estando ahí se encontró con Mirelle, una doncella que desde hace unos cinco años trabajaba con los Jarjayes, y que era una buena amiga suya.

- ¡André! - le dijo emocionada - ¡Que bueno verte por acá!... Todas te hemos extrañado mucho... sobre todo Beatrice.. - bromeó Mirelle, recordándole a una de las doncellas que trabajaba para la familia, y la cual siempre repetía que desearía casarse con André, y aunque el resto de doncellas lo tomaban como un juego, había algo de verdad en sus palabras.

- Mirelle... ¡No juegues! - dijo André riendo - Aunque me alegra verte y escuchar tus ocurrencias después del agitado día que hemos tenido...

- Afortunadamente el general ya se encuentra fuera de peligro, así que hay que sonreír siempre que se pueda. - mencionó Mirelle muy optimista.

- Mirelle, ¿por qué están todas estas cosas sobre la mesa de la cocina?... - preguntó André intrigado, al notar que sobre la mesa habían varios hilos y agujas en desorden, lo cual era inusual.

- ¡André! ¡Deberías venir más seguido por la casa!... ¡Luego nos culpas porque no te enteras de nada! - reclamó ella - Aunque... bueno, dado que te encuentras junto a Lady Oscar y ustedes siempre han sido tan cercanos supongo que ya sabes lo que todo el mundo sabe: Que la señorita se opuso a la propuesta de matrimonio del Conde Gerodelle.

- ¿De verdad? - dijo André, tratando de ocultar su alegría.

- Completamente - respondió Mirelle, algo sorprendida de que no supiera nada - La hubieras visto el día que se enteró que su padre estaba en la casa... Llegó echando fuego, muy enojada. Lo había estado buscando durante días pero el general estaba lejos de Versalles, en una misión... - mencionó Mirelle.

El rostro de André iba iluminándose a medida que Mirelle hablaba.

- Lo último que escuché es que entró al despacho exigiéndole al general que rechace esa propuesta... Y luego se encerraron a conversar - dijo Mirelle - ¡Qué desperdicio! El conde es un hombre tan guapo...

- Por favor, Mirelle... - dijo André, algo enojado.

- No te pongas celoso André... - dijo riendo Mirelle - Tú eres mas guapo.

- Más te vale que lo digas... - respondió André, en tono de reclamo y broma - Sin embargo, sigues sin responderme que hacen estas cosas de costura sobre la mesa.

- ¡¿En verdad no sabes que está pasando!? - dijo ella sorprendida... - ¿Es que la señorita no te ha contado nada?

Algo nervioso, André trató de justificarse, aunque la realidad era que había estado bastante distanciado de Oscar.

- Estamos en la misma compañía pero tenemos muchas cosas que hacer y eso no nos permite conversar como antes... Además, casi nunca salgo del cuartel... - le dijo André a Mirelle - Pero, dime... ¿Qué es lo que está pasando?

- Habrá una fiesta en honor a la señorita. - respondió Mirelle - El amo quiere casarla a como de lugar. El general Boullie será el anfitrión de la fiesta, y los nobles más destacados están invitados. ¡Que suerte tiene Lady Oscar!... Tu abuela y yo estábamos terminando de confeccionar el vestido que usará cuando nos enteramos que el general llegaba herido y dejamos todo revuelto sobre la mesa...

André comenzó a reir a carcajadas.

- ¡Mirelle! ¿¡Pero que estás diciendo!?... Oscar jamás se prestaría a algo así... - dijo André, muy seguro de sus palabras.

- Estoy segura de lo que digo André. - respondió Mirelle, muy convencida - ¡Ya todo está arreglado para mañana!

- ¿Qué? ¿Mañana? - respondió él, sorprendido ante la proximidad del evento. Mirelle prosiguió.

- ¡Si que estás desconectado del mundo en ese cuartel André! La fiesta está en boca de toda la corte de Versalles, pero que digo de toda la corte... ¡De toda Francia!. Las doncellas de las casas vecinas no hablan de otra cosa... ¡Será el evento del año! - recalcó la joven.

Mirelle hablaba con tal seguridad que era imposible que estuviese mintiendo. Sin embargo, él no era capaz de imaginar a Oscar dejándose cortejar por todos los solteros de Francia... De pronto recordó que él tampoco hubiese imaginado que se pondría un vestido para ir a un baile, y sin embargo lo hizo... ¿Sería posible que después de todos esos años no la conociera tanto como pensaba, y que ella esté planeando realmente ir a esa fiesta para buscar esposo?...

André se quedó pasmado ante esa posibilidad, y Mirelle se acercó a él para tratar de sacarlo de su ensimismamiento.

- ¡André! - gritó ella, haciendo que su amigo vuelva a la realidad..

- Perdón Mirelle... - respondió él, algo aturdido - ... Estaba recordando que debo retornar pronto al cuartel. Con lo del atentado del general no me dio tiempo de solicitar la autorización de salida, y ahora debo estar metido en un gran lío.

- Seguramente Lady Oscar autorizará tu salida por la emergencia que tuvimos en casa. - dijo Mirelle, muy convencida,

- Sé que lo haría, pero no la quiero molestar con eso... - respondió André sinceramente - Ella ha tenido un día muy duro, y es mejor que permanezca aquí al lado de su padre.

De pronto, Georgette, la madre de Oscar, apareció en la cocina.

- André... - dijo ella, mirándolo conmovida.

- Madame Jarjayes, que alegría verla bien. - dijo André, mientras le sonreía a la madre de la mujer que amaba.

Muy emocionada, Georgette tomó entre sus manos las manos de André.

- Dime... ¿Cómo podría agradecerte lo que hiciste por mi esposo?... - dijo ella, y sus ojos se llenaron de lágrimas - ... El doctor nos contó que si no hubiese sido por tus rápidas acciones, Regnier no estaría en estos momentos fuera de peligro...

- Madame Jarjayes, no tiene nada que agradecerme... - dijo él - Usted sabe el gran cariño que les tengo, y aunque ya no trabaje aquí siempre van a poder contar conmigo.

- André... - dijo Georgette emocionada - Trabajes o no con nosotros, para mí tu siempre serás parte de esta familia...

Ambos se miraron con un gran cariño. Georgette apreciaba mucho a André, no solo porque lo había visto crecer ante sus ojos, sino también porque veía en él al mejor compañero que su hija hubiese podido tener, el que siempre la cuidó y la aconsejó, aún en los momentos en los que Oscar se negaba a aceptar consejos de nadie ...

- Aunque quisiera quedarme, debo regresar al palacio de Versalles... - mencionó Georgette - Por favor, André... No dejes de visitarnos - le dijo ella sinceramente.

...

Unos minutos más tarde, André subía con una jarra de té para Oscar y para su padre. Aún no asimilaba la noticia que le había dado Mirelle. Tenía que haber un error... Era imposible que la Oscar que él conocía y con la que había crecido, se preste a asistir a un evento como ese.

Mientras tanto, en la habitación del general, éste le decía a su hija que si en verdad deseaba complacerlo, antes que ir por el terrorista que lo había atacado, él prefería que se ponga un vestido y atienda al baile organizado en su honor, pero Oscar se mantenía en silencio.

De pronto sintió los pasos de André ingresando a la habitación, sin embargo, su antiguo asistente no alcanzaba a escuchar su conversación.

- Irás mañana a la fiesta organizada por el General Boullie, ¿cierto Oscar? - le preguntó el general sonriendo.

- Si... - respondió Oscar, sin dar mayores detalles. No se sentía capaz de darle un disgusto a su padre cuando acababa de ser operado, y tampoco quería hablar del tema frente a André para evitar malos entendidos, sin embargo, ella no sabía que Mirelle lo había puesto al tanto de todo.

- ¡Oye! André... - dijo Regnier, dirigiéndose al que para él era casi un hermano para su hija.

- Si - respondió André con una sonrisa.

- Asegúrate de acompañar mañana a Oscar al baile... - dijo muy emocionado el general Jarjayes - Por una vez en la vida debemos mostrar la belleza de Oscar a todos los nobles de Versalles.

Oscar volteó de inmediato a verlo. También a ella la había tomado por sorpresa la petición de su padre, y por un momento temió que André reaccionara impulsivamente y se negara a hacerlo, sin embargo, él únicamente se quedo en silencio por unos segundos y la miró fijamente esperando a que ella diga algo, pero no hubo respuesta.

- Como usted diga... - dijo finalmente, bajando la mirada... y luego, prefirió retirarse - Con su permiso, debo regresar a la cocina.

Oscar bajó la mirada ante su repentina salida. Lo había herido nuevamente, y era lo último que buscaba luego de haberse acercado de nuevo a él después de tantos días de haber estado distanciados.

- ¡Maldita sea ! - murmuró Oscar enojada, tratando de pensar como aclarar ese malentendido. Casi tuvo el impulso de salir corriendo tras él para decirle que aunque se organizaran mil fiestas en todos los rincones de Europa, ella no tenía las menores intenciones de casarse, y que sólo había aceptado para no contradecir a su padre en ese momento.

- ¿Qué te pasa Oscar? - dijo su padre, al verla preocupada.

- Nada padre... - dijo ella, tratando de disimular. Sin embargo, se sintió miserable al dejar ir así al que siempre había sido su mejor amigo.

André subió a toda prisa a la parte más alta de la mansión. Al llegar se apoyó en una de las columnas y miró al horizonte sintiéndose más solo que nunca.

- "¿Es en serio Oscar? ¿Eso es realmente lo que quieres ahora para tu vida?"- pensaba André, entre triste y confundido, y sin poder sacar de su mente su mirada cuando el general le pidió que la acompañe al baile. - ... "Si eso es lo que quieres... ¿Quién soy yo para desear lo contrario? ¿Quién soy yo para no alegrarme porque al fin vivas como la mujer que eres?..."

El viento empezó a soplar fuerte en Versalles, y de pronto, las nubes cubrieron el cielo, oscureciendo aún más la fallida visión del único ojo con el que podía ver.

- "Renunciarás a la vida militar, y ya no correrás ningún peligro... Tendrás un esposo... hijos... un hogar... El hogar que yo hubiese querido darte..." - pensó él, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

Días antes había tenido la esperanza de que desista de la propuesta de Gerodelle, y su deseo se había hecho realidad, sin embargo, Oscar había aceptado ir a esa fiesta frente a sus propios ojos. Sus lágrimas comenzaron a cubrir su rostro al convencerse, por primera vez, de que Oscar nunca lo había amado, de hacerlo, ella no hubiese sido capaz de lastimarlo como lo estaba haciendo al buscar otro hombre para compartir el resto de su vida sabiendo lo que él sentía por ella.

Durante todo ese tiempo, muy dentro de su corazón, había sentido que ella en verdad lo amaba ... pero todo había sido una fantasía. André había llegado a creer que, tarde o temprano, su amiga de la infancia se daría cuenta de que era realmente a él a quien siempre había amado, y que al hacerlo, entendería que el amor que había creído sentir por Fersen era solo una ilusión.

Cuantas veces creyó ver amor hacia él en su mirada... Cuantas veces, al permanecer abrazados sin querer soltarse el uno al otro, había creído comprender que ella también lo amaba... Cuantas veces, en la intimidad de sus conversaciones, creyó que se reconocían como dos almas que habían nacido para estar juntas... Cuantas veces había creído sentir que siempre se tendrían el uno al otro...

Pero solo se había engañado a sí mismo.

Con un profundo dolor en su corazón tuvo que aceptar que Oscar no lo amaba, pero no la culpaba, ya que por experiencia propia sabía que al amor no se le puede forzar.

- "Oscar... Probablemente mañana te permitirás elegir a la persona que habrá de compartir tu vida..." - pensó André- "Pero... así sea el más honorable de los hombres... ni él ni nadie en este mundo podría amarte tanto como yo..."

Se sintió derrotado... Iba a perder para siempre al que había sido el gran amor de su vida... ¿Sería capaz de acompañarla al baile donde buscaría a su futuro esposo, tal como se lo había pedido el general?... De atreverse, se dirigiría a esa fiesta con la misma desdicha de quien recorre el camino hacia el cadalso.

De repente, una terrible idea acaparó sus pensamientos.

- "Sería tan sencillo acabar con mi dolor ahora mismo..." - pensó él, mientras miraba al vacío, pero pronto recordó aquella horrible escena que junto con Oscar y Rosalie, había presenciado el día que la pequeña Charlotte de Polignac acabó con su vida lanzándose desde una de las torres del Palacio de Versalles.

André retrocedió, asustado por el pensamiento que había cruzado por su mente, y volvió a la realidad. Luego se sentó en el piso apoyando su cabeza entre sus manos.

- Me estoy volviendo loco... - murmuró André, ofuscado y confundido - "... No puedo seguir observando todo lo que está pasando a mi alrededor. Ya no soy capaz de soportarlo ... Debo irme... Debo irme muy lejos de aquí..." - pensó, temiendo morir de tristeza si permanecía junto a la mujer a la que había adorado desde su adolescencia, y la que había sido la mejor de sus amigas durante su infancia. Mil pensamientos sobre el pasado, el presente y el futuro se agolpaban en su mente - "Si me quedo, ¿Que pasará después ?... ¿Acaso tendré que conducir el carruaje para llevarla a la iglesia vestida de novia?... ¿Tendré que verla mientras camina hacia el altar para entregar su vida a su futuro esposo?..." - pensó.

André se levantó nuevamente del suelo y miró hacia el horizonte.

- "Te acompañaré hasta la puerta del baile Oscar, y regresaremos juntos a la mansión cuando haya terminado la fiesta... Lo haré, porque se lo debo a tu padre... " - pensó André muy decidido mientras secaba sus lágrimas - "Pero después de eso... después de eso... desapareceré para siempre de tu vida, y no volveremos a vernos... tal como lo quisiste desde un principio cuando me dijiste que ya no era necesario que te acompañe más."

Había mucho dolor en sus palabras, sin embargo, estaba muy equivocado con respecto a Oscar. Ella no deseaba casarse y tampoco deseaba lastimarlo. Todo había sido un gran malentendido.

Con respecto a la decisión que tomó cuando le dijo que no era necesario que la acompañe más, tampoco fue la intención de Oscar sacarlo de su vida, solo quería retarse a sí misma pensando erróneamente que podía vivir la vida de un hombre. Lo que no sabía André era que después de que él la besara por segunda vez y le confesara su amor, los sentimientos que estaban dormidos en el corazón de la mujer que amaba habían comenzado a despertarse, y poco a poco, iban adquiriendo la fuerza de un mar que había estado en calma pero que de pronto se veía sacudido por una gran tormenta.

Había sido tan duro para ella ver a André ser agredido por sus compañeros, y luego verlo sufrir pensando que podría casarse con Gerodelle, que no podía pensar en otra cosa cada vez que estaba sola, y luego, cuando él comenzó a evadir su mirada, lo había llegado a extrañar tanto que lo único que deseaba era poder hablar con su padre para que rechace la propuesta de su ex subordinado, ya que sabía que ese era el motivo por el que André no podía mirarla como antes. Sin embargo, ella aún no era capaz de entender completamente su propio corazón, y con ello, darse cuenta del verdadero lugar que André ocupaba en él.

...

Unos minutos después, y luego de haber buscado en su interior las fuerzas necesarias para poder calmarse, André se dirigía a su antigua habitación cuando repentinamente recordó que ya no vivía ahí.

- André... - dijo de repente Mirelle, quien se había cruzado nuevamente con él.

- Mirelle, que tonto soy... Estaba yendo hacia mi antigua habitación. - le dijo André a la joven doncella.

- Sigue siendo tuya... - le mencionó Mirelle ante su sorpresa - La señorita ordenó que nadie toque tu habitación y nos dijo a todos que siempre la tengamos lista para ti.

A André le sorprendió la indicación que le había dado Oscar a sus empleados, sin embargo, al recordar que ella había dado la misma orden con respecto a la habitación de Rosalie no le dio mayor importancia al tema, le agradeció a Mirelle por la aclaración y se dirigió a su alcoba. Estando ahí, se sentó en su escritorio, tomó una pluma y un papel, y escribió una larga carta sin poder evitar que sus lágrimas cayeran sobre las hojas mientras lo hacía

La carta estaba dirigida a Juliette, la viuda de su tío, y quien en el pasado también fue la mejor amiga de su madre. Ella siempre le había expresado un gran amor a su sobrino, lo conocía desde pequeño y lo vio dar sus primeros pasos, incluso, luego de que la madre de André muriera en un desafortunado accidente cuando él apenas acababa de cumplir los seis años, ella se ocupó de él con gran devoción, y lo cuidó como si fuera su propio hijo.

Juliette quería tanto a André que quiso evitar que su abuela lo aleje de ella y del lugar donde había crecido hasta ese entonces, pero no pudo hacerlo ya que ellos no tenían ningún parentesco sanguíneo, y si bien su esposo sí lo había tenido, éste había fallecido unos años antes de que el pequeño André quedara completamente huérfano.

Juliette y André no se habían visto en algún tiempo, pero siempre estaban en contacto ya que se escribían con frecuencia. Ella lo consideraba como a un hijo, y él confiaba en ella como lo haría con su propia madre.

En su misiva, André le pidió su ayuda para realizar algunas gestiones que había dejado pendientes, y luego de detallarle los pasos que debía seguir, se despidió de ella diciéndole que pronto iría a verla.

Luego de varios minutos, André se dirigió nuevamente a la cocina y ahí encontró a su abuela.

- André, te serviré algo de cenar... Estas muy delgado, seguro no estás comiendo bien. - le dijo la anciana.

- No Abuela, muchas gracias pero debo regresar al cuartel. La verdad es que salí sin permiso hace ya algunas horas y no quiero tener más problemas - le dijo él y luego le sonrió al verla decepcionada. - ¡Oye! No te pongas triste... Nos veremos más pronto de lo que imaginas para que me alimentes como Dios manda... - dijo André amablemente mientras se dirigía a la salida, y luego se marchó.

Apenas unos minutos después, Oscar apareció en la cocina.

- Nana, ¿dónde está André? Necesito hablar con él. - dijo Oscar.

- Se fue mi niña. Nos dijo que debía regresar y ni siquiera probó la cena que le había preparado. - respondió Marion, apesadumbrada.

- ¿Se fue? - dijo sorprendida - Pensé que se quedaría un rato más.

- Nos dijo que había salido sin permiso, señorita Oscar. - agregó Mirelle - ... Le dije que hablara con usted para que no tenga problemas, pero me dijo que no quería preocuparla con esas cosas.

La expresión de Oscar cambió repentinamente al darse cuenta de que efectivamente André iba a tener muchos problemas al regresar al cuartel.

- Debo irme de inmediato. Por favor, nana, dile a mi padre que tuve que volver al trabajo. Regresaré a ver como sigue apenas me sea posible. Mirelle, gracias por la información. - dijo Oscar preocupada y salió a toda prisa. La abuela suspiró.

- ¡Ay Mirelle! Cuanto extraño ya no poder regañarlos como cuando eran niños. - replicó la nana - Ambos se fueron sin cenar... y no pude hacer nada.

...

Habían pasado alrededor de quince minutos desde que Oscar llegó al cuartel general, pero André aún no aparecía aun habiendo salido antes que ella.

- ¿Dónde se habrá metido? - pensaba Oscar preocupada.

De pronto, escuchó el galopar de un caballo desde su despacho y miró por la ventana. Era él. Cinco minutos después, llamó a su puerta.

- Adelante... - dijo ella. Se encontraba de pie junto a la ventana y volteó a mirarlo.

- Permiso comandante. - dijo André, muy formal.

- André... no tienes que decirme comandante si estamos solos... - dijo ella, sin embargo, él no le respondió a eso.

- Vine a reportar mi llegada. - dijo André, mirándola fijamente y en el mismo tono formal que había iniciado la conversación - Me demoré un poco más porque tuve que ir por el caballo que dejé en casa del doctor Lassone. - luego hizo una breve pausa - ... Gracias por arreglar lo de mi permiso de salida.

Sin embargo, no era lo único que había hecho. Cuando iba de camino a la casa del doctor, aprovechó para detenerse en una oficina postal para solicitar el envío de la carta que había escrito a su tia Juliette.

- Gracias a ti André, por todo lo que hiciste hoy por mi padre... - dijo ella acercándose a él.

- No... - le dijo él fríamente, y retrocedió en una inconsciente reacción de autoprotección al percibir que ella podría estar acercándose a él para abrazarlo, y agradecerle así todo lo que había hecho esa tarde.

Oscar lo miró a los ojos sorprendida, no, más bien, impactada. Por primera vez desde que se conocían, André la había obligado a mantener una distancia física de él, y su rechazo le dolió tanto que si su orgullo no se hubiese interpuesto, se habría puesto a llorar ahí mismo.

André, que la conocía bien, percibió que su rostro había cambiado ante su acción, y se arrepintió de haber parecido tan duro, sin embargo, él también estaba lidiando con su propio sufrimiento.

- Oscar... ya debo regresar con los otros... - mencionó él, tratando de relajarse y ser más amable, sin embargo, ella solo lo miró tratando de no llorar - ... Con tu permiso.. - dijo finalmente André, y salió del despacho.

Mirándolo partir, Oscar sintió como sus lágrimas rodaban por sus mejillas. Había querido aclararle a André lo de la fiesta, pero su rechazo la llenó de tanta tristeza que no fue capaz de continuar, en ese momento, ni siquiera fue capaz de pensar en lo mucho que le había afectado a ese hombre que le había declarado su amor la noticia de aquel evento que estaba en boca de toda la nobleza francesa. Su propio dolor le impidió ver lo mucho que él también estaba sufriendo.

FIN DEL CAPÍTULO