II
Afuera, la música suena.
Los abanicos danzan, se arremolinan entre sí, dibujan siluetas y vuelan entre el espacio para descansar en sus manos. Oculto detrás de sus pliegues, se devela el rostro pálido de la joven pelinegra que baila en el centro de la habitación. Sus pies se mueven suavemente sobre el Tatami, y mientras cubre de nuevo parte de su rostro con el abanico, deja caer levemente su manga para mostrar su muñeca.
La excitación de aquel hombre se ha delatado en sus pupilas dilatadas y en su respiración agitada.
— Sukides— me gustas.
Mito sonríe.
Deteniendo su baile, toma una copa de Sake y se acerca sensualmente al hombre. El aliento a licor le golpea el rostro, le molesta, aunque no lo demuestra.
— Anatawo shiawaseni shitaides — Quiero hacerte feliz. Tan solo unos centímetros de distancia separan sus labios, y estando a punto de juntarse, Mito bajó el rostro y le ofreció con falsa timidez la copa de alcohol.
— Kanpai shimashou — Brindemos por nosotros. Susurra contra su cabello, mientras su víctima toma de aquel brebaje.
Uno.
Su garganta se cierra y comienza a toser.
Dos.
La piel se torna lila y las venas se brotan.
Tres.
— ¡Kuso! — ¡Mierda!
El hombre del clan Hagoromo yace muerto a sus pies.
Si bien Uzumaki Mito pertenece a la élite de su clan, muchos obvian que está entrenada para matar. Tras los augurios de traición por parte de los Hagoromo, el consejo de ancianos puso en marcha su plan para infiltrarse y desentrañar la red de mentiras y alianzas que se entretejen en su contra.
El espionaje debía desarrollarse con alguien a quien jamás vinculasen a dicho caso. Por eso, aquella madrugada en el viejo salón, la propuesta de Lord Uzumaki escandalizó a los allí presentes, pues poner en primera fila a Uzumaki Hime no solo ponía en riesgo la vida de la única descendiente viva de los líderes, sino también su honra.
¿Qué si tenía las habilidades para actuar de incognito? Por supuesto, fue la mejor Kunoichi de su generación.
¿Cómo iba a mantener por tanto tiempo un jutsu de transformación que ocultase sus rasgos? No hay problema, sus reservas de chakra están por encima del promedio, incluso de los Uzumaki.
¿Quién iba a ocupar su lugar en sus responsabilidades ante el clan? Hekima, una leal vasalla.
El contrapunteo entre el consejo y líder no se detiene.
¿Y qué pasa con aquel error letal cometido tiempo atrás? Silencio.
La sala se sumerge en el mutismo y la tensión.
Entre las figuras surge la pelirroja en cuestión; ser mujer le anularía opinión alguna sobre cualquier situación, no obstante, ser la hija del líder del clan le brinda ciertas excepciones. Serenamente interviene en este ajedrez de poder. Si han de moverla como un peón, no lo harán con una mujer sumisa, les dejará en claro quién es.
Inclinada ante el poder personificado, inicia su arremetida. — Mi señor, respetuosamente pido la palabra —. Tras el asentimiento de su padre, continuó. — Honorable consejo, tras aquí expuesta vuestra preocupación, os pido me permitáis defender mi orgullo de Uzumaki. El trasfondo de esta situación no son las problemáticas burocráticas o de capacidad, pues aquí han sido rebatidas cada una de ellas. Por ello, abordemos la verdadera razón que os impide que tengáis confianza en mí.
» La desafortunada muerte del heredero ocurrida tiempo atrás, es un hecho que ha marcado la historia y el trayecto de nuestra aldea. Sin embargo, durante estos años me habéis culpado ante la inoperancia de aquel suceso, por ello, os invito a poner a prueba mis habilidades.
— Hime-sama, vuestro valor es innegable. Empero, aunque hayáis mejorado las falencias y superado vuestros límites de antaño, esta misión no es apropiada para una señorita de vuestra posición—. Contraatacó uno de los mayores.
— Amida- Kōhai tiene razón, Hime –sama — Continuó otro. — ¿Suponéis que pasaría si fracasara la misión y os descubren? Si han de ser ciertas nuestras sospechas con los Hagomoro, podríamos en alerta todas sus defensas y sería cuestión de minutos en tornar su artillería hacia nosotros.
Los negros ojos de Mito se clavan en los mayores. Ahí viene su estocada final.
— Tenéis que ser consciente que ante este hipotético escenario, estos hombres no se saciarían con tan solo la tortura, sino que antes de arrebatar vuestra vida os robarían el honor y os rebajarían al nivel de sus barrios del placer. ¡Estos hombres no tienen lealtad al Bushido!
Uzumaki Mito conoce muy bien el protocolo, rayos, sí que lo conoce; pero ella no es precisamente una mujer que sigue ordenes sin analizarlas primero. Contundentemente, aunque apacible, la pelirroja habló. — Recordad, honorables maestros, que ha sido nuestro clan el elegido para ejecutar el talento en Fuinjutsu, no subestiméis la convicción de las nuevas generaciones—. y fijando sus pupilas en ellos, dijo: — Si he de fallar, protegeré mi honor y a mi aldea tomando mi vida; pero que os quede claro, no esperaré pasiblemente el asecho de los Hagomoro.
Aquella madrugada en que finalmente se concedió el permiso para salir en la actual misión, Mito soltó entre líneas parte de su reciente secreto, aunque nadie le comprendió. Ha sido nuestro clan el elegido para ejecutar el talento en Fuinjutsu. Y es que, tras la muerte de su hermano, se consagró en cuerpo y alma al estudio de todas las artes Shinobi, descubriendo así su gran reserva de Chakra, y por supuesto su reciente creación: El sello Yin.
Y por ello, cuatro meses después vedla allí, con una cara que no es suya, con un cabello que no es el suyo, con la voz y características otorgadas por un sello que le cubrió con la apariencia de aquella fallecida mujer con la que se cruzó tiempo atrás.
El cuerpo inerte yace a sus pies y en las manos de Mito descansa aquel pergamino contenedor de información. Su ceño fruncido y su corazón latente de ansiedad denotan su preocupación. ¿Desde cuándo su clan tenía tantos enemigos? Ahora no solo eran los Hagomoro quienes se volcaron en su contra, sino a su creciente sentimiento de enemistad se le iban sumando unos cuantos que ni bien conocían. ¿Acaso era la insaciable sed de poder lo que les motivaba a organizar un ataque a Uzushiogakure? No. Debía de haber algo más, si tantos clanes se unían en su contra no es solo en búsqueda de dominación, era miedo, miedo de ellos.
A Uzushiogakure le convenía armarse pronto, pensó.
Guardando la prueba de deslealtad en su Kimono, el mal sabor de boca le indicaba una sola cosa: Podrían ser fuertes, ¡por supuesto que lo eran!, pero no podrían contra tantos.
Tragó en seco.
La desgracia estaba a las puertas de su clan.
Muchas gracias a cada una de las personas que agregaron esta historia a sus favoritos y también a aquellas que comentaron. No llegan a imaginar lo mucho que alegra a mi corazón y me motiva.
He demorado un buen rato en actualizar dado que estoy estudiando más este período histórico y a su vez sigo con mi deberes laborales jaja.
Muchas gracias por leer.
Un abrazo.
