Sabito parpadeó un par de veces, dirigiendo su mirada al cachorro que Giyū cargaba entre sus brazos como si fuera el más preciado tesoro, luego se fijó en el rostro de su compañero.

—¿Puedes repetir eso? Creo que no escuché bien.

—Él es Senjurō, mi cachorro _Sabito alzó su mano deteniendo las palabras de Giyū.

Se quedó en silencio un buen rato, esperando que su cerebro procesará correctamente la información.

La primera vez que escuchó al azabache llamar al rubio su cachorro, lo atribuyó a un error en su oído al captar el mensaje, más ahora que Giyū repitió las mismas palabras, estuvo claro para él que su amigo se había golpeado muy fuerte la cabeza en la noche anterior.

—Giyū, te he conocido casi toda mi vida, ¡Tienes solo trece años! créeme, yo sería el primero en saber que tienes un cach _Detuvo sus palabras de golpe al ver como la calidez presente en los ojos lapislázuli pasaba a un frío océano que amenazaba con usar fuertes corrientes para arrastrarlo a la profundidad.

Sus ojos se abrieron por el shock al tiempo que soltaba una exhalación exagerada.

Giyū nunca lo miró así, su mirada para él era admiración y adoración que lo hacía inflar su pecho, esa mirada que le estaba dando, estaba reservada para los demonios.

—Es mi cachorro, yo me haré cargo de él _Sin esperar una réplica, empezó su caminata, debían encontrar una posada para quedarse a dormir mientras esperaban que el manto del crepúsculo cubriera el cielo.

Sabito sintió que su mundo se desestabiliza, él que era la única persona importante para Giyū ahora estaba siendo desplazado por un desconocido cachorro.

¿Dónde estaba ese dulce niño que hasta hace unas horas lo tomaba de la mano para caminar?

Sus ojos no pudieron evitar recaer en el cachorro que insistentemente restregaba su naricita roja contra el cuello de Giyū, buscando la protección en el olor del omega.

Él que conocía casi toda su vida a Tomioka, sabía lo cuidadoso que era con su glándula de olor, respondiendo con golpes cada que alguien intentaba acercarse demasiado, pero ahí estaba ese cachorro, restregando en la cara de Sabito que esas reglas no aplicaban igual para todos.

—Mami... Yo... _Su voz se convirtió en un susurro apagado, al mismo tiempo que sus mejillas regordetas se tornaron rojizas.

Lo que menos quería era molestar a su madre con peticiones demasiado exigentes, menos cuando estaban tan cerca de un desconocido.

—Tranquilo _La mano acarició el cabello esponjoso— Puedes decirme lo que quieras, no me molestaré _Para reafirmar sus palabras, su mejilla se restregó con la de Senjurō bañandolo de forma involuntaria con su aroma.

—Gracias mami _El pequeño rubio se separó del hombro del Omega, mirándolo con ojos brillantes, que brillaron con más fuerza al ver como su madre le daba la sonrisa más hermosa que hubiera visto, casi por instinto, él regresó la cálida expresión— Yo... Tengo hambre.

Sabito se mantuvo unos minutos en su sitio, viendo fijamente la tierra debajo de sus pies, la pesadez se asentó en su cuerpo, esa sonrisa era solo para él.

—Vamos a comer entonces _Giyū acaricio el rubio cabello, reanudando su andar.

El de cabello salmón tragó saliva, toda esa situación le daba un mal sabor en la boca.

Giyū nunca lo había ignorado tanto tiempo, ni siquiera cuando accidentalmente lo hizo caer en el río del monte Sagiri, cuando Urokodaki claramente les dijo que no tenían permiso de salir.

Alzó la vista viendo la espalda de Giyū, no era justo, ellos eran mejores amigos por siempre, y el Omega ni siquiera dió cuenta que Sabito no se encontraba a su lado.

Alzó la comisura de sus labios en un notable puchero, reanudando a paso lento su andar.

Esperaba que todo esto fuera una fase, y encontrarán a la madre del cachorro rápido para que Giyū y él volvieran a estar como antes.

Cuando llegaron al local de comida, las cosas no fueron mejor para Sabito, a pesar que Giyū se sentó a su lado, toda la atención de aquellos ojos lapislázuli estaba en darle comida en la boca, (como si de un bebé se tratará) al cachorro en su regazo.

Senjurō abría la boca feliz al recibir mimos de su madre, desde que aprendió a tomar la cucharilla, las empleadas de la finca de la flama le dejaban la comida en la mesa, su hermano estaba lo suficientemente ocupado con su entrenamiento como para que él interrumpa con una solicitud que consideraba egoísta.

La suave y cantarina sonrisa dibujandose en los labios de su madre al limpiar sus mejillas con el mayor cuidado, Senjurō cerró los ojos disfrutando las atenciones restregó su mejilla en busca de un mayor contacto. Amaba a su madre y quería estar siempre con ella.

Sabito soltó un suspiro jugueteando con su comida, intentando ignorar el sentimiento de desplazamiento cada que el pequeño cachorro se pegaba más a la mano del azabache.

Giyū acomodó mejor al pequeño en su regazo, sirviendo su mano izquierda como almohada para la cabeza del cachorro, cuando estuvo satisfecho, comenzó a ingerir su comida, teniendo cuidado de mantener su atención en Senjurō, que se aferraba a él feliz.

Sabito ignoró la escena en el regazo de Giyū, dirigiendo la atención al rostro, que como costumbre terminó lleno de sobras de comida, sonrió con calidez, inclinándose y extendiendo su mano dispuesto a quitar los residuos más antes que pudiera siquiera rozar la mejilla, unas pequeñas manos se encontraban acariciando las mejillas, quitando los restos con sumo cuidado.

Sus ojos violetas giraron a otro lado, ni siquiera algo tan simple como limpiar a Giyū podía hacer sin que el cachorro lo desplazará.

—Gracias _Su voz sonó cálida antes de darle un beso en la frente al niño. Sabito recargó su cabeza en la mesa, llamando la atención de su mejor amigo— Sabito ¿Estás bien?

El de cabello melocotón se incorporó con rapidez, no podía dejar pasar la oportunidad de regresar a ser el centro de atención de Giyū, sus manos se movieron tomando los hombros del azabache, acercándolo a un abrazo, cerró los ojos sorbiendo su nariz, todavía tenía un poco de esperanza.

—¡Sabía que no me habías olvidado! _Dejó salir acercándose más al Omega que dejó salir una sonrisa.

—Sabito, ¿De qué estás hablando? _Giyū acarició el cabello de su amigo.

Sabito lo meditó por unos segundos, si hablaba de lo mucho que Giyū lo desplazó por atender al cachorro, el azabache lo tomaría como celos, algo que él no estaba sintiendo en absoluto.

Cerró los ojos metiendo su nariz más contra la parte granate del haori, teniendo cuidado de que su nariz no fuera en dirección de la glándula de olor de su amigo, no quería recibir un golpe en la cabeza, mucho menos que lo alejarán de esos brazos.

Giyū sonrió ante el abrazo tan prolongado, desde que el de cabellos salmón cumplió diez años, sus abrazos eran algo más rápido, que terminaban con una palmada en la espalda, tal vez era algo de alfas, pues él como omega prefería éste tipo de abrazos.

Un tirón en su haori lo hizo regresar su mirada a Senjurō que lo miraba con lágrimas en los ojos.

—Todo está bien, es solo tío Sabito.

Aquellas palabras calaron sobre Sabito como si fuera un balde de agua fría. Sus brazos se alejaron de Giyū, poniéndose de pie para no mostrar el dolor que sentía con esas palabras.

—Debemos irnos, por si se te olvida, tenemos trabajo que hacer, no hay tiempo de jugar a la casita _Oculto el dolor detrás de palabras rudas— No debes poner en peligro a un cachorro llevándolo contigo, mejor regresa ese cachorro a donde pertenece _Avanzó unos pasos antes de ser detenido por una mano, no se molestó en voltear más tampoco siguió su marcha.

—Solo me tiene a mí, sé lo peligroso que es, pero no lo dejaré en cualquier rincón donde alguien más puede hacerle daño, es mi cachorro y me volveré lo suficientemente fuerte, así como Sabito para protegerlo.

La determinación en sus palabras hicieron que Sabito sintiera la picazón en sus ojos, desde la muerte de su familia a manos de demonios, nunca tuvo algo que proteger hasta que llegó Giyū, si bien fueron entrenados para pelear juntos, con el fin que uno complementará al otro, el de cabello salmón se entrenaba a deshoras solo para asegurarse ser más fuerte de los dos y así proteger al Omega.

Era lo único que le quedaba no quería perderlo, y con aquellas palabras saliendo de su mejor amigo, no pudo evitar sentir como poco a poco Giyū se alejaba más de su alcance.

Continuará.

Gracias por los comentarios.

Les recuerdo que ambos son niños, por lo que sus pensamientos pueden ser algo caprichosos, para Sabito Giyū es lo único que le queda y ahora alguien más está tomando su lugar, no puede discernir que es algo diferente a su amistad con Giyū, solo sabe que ya no es prioridad.

Giyū por su parte no nota como se siente su amigo, solo sabe que alguien más vulnerable necesita su atención y los instintos omegas actúan para atender las necesidades del cachorros.

Senjurō está en una nube de felicidad, pero tiene miedo que le arrebaten otra vez a su madre.

Dato: El regreso de Kyōjurō se retraso para atenderse los tímpanos que él mismo sacrificó para vencer un demonio.

Sin más por agregar.

Nos leemos luego.

Ángel sin Luz/Blekk-Universe.