Una vez en la posada, los mayores acomodaron sus respectivos futones, para aumentar la molestía de Sabito.
Pues las constantes pesadillas del omega, desde que vivían con Urokodaki tenían la costumbre de dormir juntos, algo que el hombre mayor les reñía, argumentando que al crecer, lo mejor sería que empezarán a mantener una distancia entre ellos, más a la hora de dormir.
Tanto Sabito como Giyū hacían oídos sordos, preparando un solo futón sin entender lo más mínimo la molestía de Sakonji.
Pero ahora su compañero parecía haber olvidado sus costumbres, pues colocaba uno más grande para él y Senjurō, bajo las escusas de; no querer alterar al cachorro en su primer día lejos de su familia, también argumento que sí ahora es mamá no podía tener miedo a dormir solo, no cuando necesitaba infundir valor a su cachorro.
—Vamos cachorro _Giyū liberó su aroma atrayendo con esté al rubio, que con una gran sonrisa se incorporó, casi tropezando con sus propios pies corrió hasta el omega para abrazarlo.
Sabito se tapó la cara con una almohada amortiguando leves gruñidos que salían de sus labios, si no fuera porque su aroma era atenuado por el dulce de Giyū, ahora mismo la habitación estaría llena de un amargó olor a durazno en descomposición.
Con cuidado, Tomioka fue el primero en acomodarse en el futón, haciendo espacio para que Senjurō se acueste sobre su pecho, en su experiencia personal con su hermana, sabía que los cachorros preferían el lado izquierdo, los latidos del corazón de un omega sumado a uno que otro ronroneó que soltaban en su estado adormilado, era suficiente para calmar a un cachorro alterado.
Senjurō se acomodó en el lugar preparado solo para él y cerró los ojos, dejándose arrullar por el ambiente, generalmente no dormía a estas horas de la tarde, su siesta estaba programada para unas horas después, y solo duraba un par de horas antes que las sirvientas lo despierten. Pero si su mamá le pedía que durmiera, él felizmente se adaptaría al nuevo horario.
Giyū liberó feromonas calmantes tarareando una canción de cuna mientras deslizaba sus dedos por las rubias hebras, peinando el esponjado cabello del cachorro, sus ojos estaban fijos en la cabeza sobre su pecho, en su interior, su omega se encontraba maravillado, ronroneando y girando.
Nunca en su vida creyó tener la oportunidad de que un cachorro se acercará tanto a él, tal vez se veía y era menos agresivo que Sabito, pero los cachorros de alguna manera se sentían más afín con su compañero, tal vez era su actitud protectora, su aspecto rudo de alfa (Que lograba impresionar a más de un cachorro) y su aroma a durazno perfecto para atraer pequeños omegas era la razón de tal magnetismo, también podía atribuirlo que Giyū al momento de hablar era demasiado tímido para relacionarse con desconocidos, tanto así, que el de cabello salmón recopilaba información cada que llegaban a una ciudad con demonios.
Por eso era sorpréndete como ahora un cachorro no solo se sintiera seguro con él, sino que también lo considerará su madre, en las pocas horas que llevaban juntos, notó que Senjurō era tímido, tanto o más que él, y por eso encajaban de forma tan perfecta, sea como sea, se alegraba infinitamente de que fueran ellos los que encontrarán al cachorro, no quería ni pensar lo que le ocurriría si continuaba todo el día hasta la noche perdido, un cachorro con un demonio suelto era presa fácil.
Alejó esos pensamientos centrándose en el ahora, debía comprarle ropa a su cachorro, no podía dejarlo siempre con ese hakama, tal vez algo azul le quedaría bien, haría resaltar sus ojos y hermoso cabello. También tenía que pensar en su entrenamiento, ahora que tenía a su bebé, no podía dejarle toda la carga a Sabito.
Con esos pensamientos, cerró los ojos quedándose dormido.
Cuando el atardecer llegó se levantó con cuidado de no despertar a Senjurō. Con ayuda de las mantas envolvió al pequeño con el fin de hacerlo sentir seguro y cálido mientras él y Sabito se alistan. Con una pequeña sonrisa camino hasta su mejor amigo.
—Sabito _Susurro con cuidado de no levantar a su cachorro, al no ver respuesta volvió a intentar— Sabito tenemos demonios que cazar _Sacudió el hombro de su mejor amigo.
Sabito dejó escapar un tarareo antes de sacar su mano del futón, tomó a Giyū, atrayendolo al futón.
—Cinco minutos más _Sabito adentro su rostro en el pecho de Giyū inhalando el suave aroma a orquídea.
—Tenemos trabajo _Pese a sus palabras los dedos de Tomioka se adentraron en el cabello salmón acariciando con suavidad.
Sabito enredó sus manos en la cintura de Giyū, si en todas las horas que llevaba recostado en el futón no pudo pegar el ojo era algo que no diría en voz alta, mucho menos mencionaría el berrinche que armó en su mente cuando el pequeño Senjurō se despertó a los pocos minutos y Giyū fue a socorrerlo, como si de un recién nacido se tratará.
Kyōjurō se sentía exhausto, el día anterior salió de la selección final y a pesar que quería regresar con la mayor rapidez a la finca de la flama para darle en persona la noticia a su hermano, por su lesión auto-inflingida en el oído tuvo que esperar más tiempo del necesario en la enfermería, muchos insistieron que debía tener más tiempo de reposo, sin embargo él no aguantaría estar recluido tanto tiempo lejos de su querido Senjurō.
Decir que estaba ansioso era poco, a lo largo del viaje aumento su velocidad en cinco ocasiones diferentes, regulando su respiración para no cansarse.
Cuando sus ojos se toparon con la finca de la flama aceleró por última vez sus pasos, traspasando los silenciosos pasillos del lugar con rapidez.
Por la hora, su principal objetivo era el cuarto de su hermano menor, al cual despertaría estrechandolo entres sus brazos y llenándolo con los mimos que en todos esos días no pudo darle.
—Rengoku-san _Sus pasos se vieron interrumpidos por una de las cuidadoras de la finca de flama que se veía demasiado preocupada.
—¡¿Pasa algo?! _Su voz salió varios decibeles más arriba de lo normal, lo cual era completamente justificable pues aún no se adapta del todo a modular su voz, solo que ese detalle logró exaltar a la beta.
—Tiene que saber algo _La mujer bajo la vista apenada.
Su compañera pasó varias horas en el mercado buscando al pequeño Senjurō, lo primero que hizo fue preguntarle a los niños si lo habían visto, al no obtener más que negativas, fue de puesto en puesto dando la descripción del niño, pero nadie parecía haber notado al pequeño cachorro solo.
Era como si la tierra se lo hubiese tragado.
Cuando las horas pasaron la beta regreso y pidió ayuda al resto de los cuidadores de la finca, que no dudaron en correr a buscar.
Los peligros que corría un cachorro solo eran demasiados, que aumentaban cuando en unas horas las calles terminan inundadas en penumbra, creando el escenario perfecto para los demonios salir a cazar.
Shinjurō se enteró de la desaparición de su hijo menor a las dos de la tarde, y fue como si toda la borrachera se esfumará de su cuerpo, el ceño se frunció al instante a la par que dejaba escapar un gritó de disgusto, usando su nariz para buscar a su cachorro.
Sin embargo, Senjurō era muy pequeño para tener su propio aroma, y su convivencia se limitaba a Betas, los cuales carecen de aroma, por lo que, sin un rastro que buscar es difícil rastrear al menor.
Durante lo que restaba de día y noche los sirvientes y el mismo Shinjurō se encargaron de peinar la zona, buscando una aguja en un pajar.
Ninguno querría imaginar el peor escenario, donde los rasgos tan marcados en la familia Rengoku crearán una diana sobre el niño.
Al momento que le dieron la noticia, el cambio en la expresión de Kyōjurō fue instantánea, la preocupación inundaron las facciones del Rengoku sintió como todo su mundo se paralizaba,
y el "Senjurō desaparecido" no dejaba de repetirse en su cabeza.
Su hermano tenía que estar bien, nada malo tendría que pasarle, Senjurō era lo más inocente y bueno del mundo, no podría pasarle nada.
Lo que empezó como un día lleno de felicidad y planes especiales para un par de hermanos, ahora se desmoronaba sin darle la posibilidad a Kyōjurō de atrapar los pedazos.
Sí tan solo hubiera llegado antes, como estaba planeado, su pequeño hermano estaría entre sus brazos riendo, y no perdido en quién sabe dónde.
La bilis subió hasta la garganta de Kyōjurō, al tiempo que corría fuera de la finca.
No importa donde estuviera Senjurō, él lo encontraría y lo traerá de regreso sano y salvo. Era una promesa de hermano mayor.
Continuará.
Hola, primero que nada, lamentó la demora, olvidé por completo avisarles que me iría de mi país, por lo que el tiempo que estuve fuera fue por: acomodar todas las cosas, viaje, llegar a un lugar nuevo, buscar trabajo, conseguí trabajo e irme adaptando poco a poco.
Mi horario de trabajo solo me deja una hora de comida y salgo en la noche, por lo que el domingo y en mis cortos ratos libres trataré de escribir mis historias pendientes.
Ya Kyōjurō sabe de su hermanito, así que la búsqueda de Senjurō está abierta, así que ya veremos como se desarrolla dicha búsqueda.
Shinjurō a pesar del resentimiento que carga y su negligencia, quiere a sus hijos, solo que no sabe manejar sus emociones y necesita cabeza dura (literal) para reflexionar.
Dato: Shinjurō pensó en usar su cuervo para dar aviso al cuerpo de cazadores de demonios, más por su enojo contra el sistema de enviar niños a la prueba final, desistió de esa idea y decidió buscar por si mismo.
Espero que disfrutarán el capítulo.
Gracias a todos por sus comentarios.
Sin más que decir.
Nos leemos luego.
Angel sin Luz/Blekk-Universe.
